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Hjemlengsel (Homesickness) [Zia Caproni]

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Hjemlengsel (Homesickness) [Zia Caproni]

Mensaje por Håkon Nilsen el Miér Sep 13, 2017 3:46 pm

Por fin me habían permitido abandonar Baskerville. La verdad es que entiendo perfectamente que haya aumentando el nivel de seguridad de las diferentes regiones y ciudades por los últimos altercados, pero a veces llegan a ser demasiado lentos y te hacen perder un tiempo muy valioso lo que te hace tardar mucho más tiempo en llegar a tu destino. Pero lo importante es que ya he conseguido llegar a la Arboleda aunque sea con unas horas de retraso sobre mi tiempo planeado.

La Arboleda me gusta, toda esta cantidad de árboles y plantas me recuerdan, en una forma un poco extraña, a una especie de supermercado, bueno... hipermercado más bien, en el que mi madre habría disfrutado como un niño chico con zapatos nuevos. No me cuesta imaginármela corriendo de planta en planta, de árbol en árbol, recolectando hojas, raíces, bulbos, cortezas y semillas para luego usarlas en sus medicinas. Es curioso que hasta mi encuentro con Lestat, había olvidado casi por completo mi vida fuera de Pandora. Supongo que el estar constantemente en guardia, el trabajar con ahínco en la herrería, la lucha constante por la supervivencia consiguieron que relegara a la parte más profunda de mí los recuerdos anteriores.

Lo que está claro es que no es un sitio seguro, ni tranquilo. A saber que o quién se puede ocultar entre la vegetación. Por lo que continúo mi camino a paso lento, atento a cualquier ruido o sonido extraño, a cualquier cosa que me indique la presencia de algo o alguien para estar prevenido y poder actuar en consecuencia. Así que relego otra vez la imagen de mi madre a esa parte profunda de mis pensamientos para tener todos mis sentidos puestos en mi alrededor.

El grito que precede a un insulto bastante grosero se cuela en mi cabeza como la velocidad del rayo provocando que mi corazón dé un vuelto al instante, pero no por el sonido, ni por el grito en sí, sino por las palabras que acaban de llegar a mis oídos. Sin pensármelo mucho, detengo a mi montura y me quedo quieto, casi sin respirar. ¿Es posible que realmente haya oído lo que creo haber oído? ¿No será que creo haberlo oído por el hecho de haber estado recordando a mi madre hace unos pocos minutos?. Sacudo la cabeza para intentar aclararme mientras me digo a mí mismo que es imposible que nadie haya podido soltar ése insulto con ése acento. Sin embargo, un extraño sentimiento se empieza a apoderar de mí, algo que me empuja a acercarme al lugar del que procedía el grito.

Sin pensarlo mucho, azuzado por unas punzadas en el corazón desmonto del caballo - Venn,  al final Håkon se ha vuelto loco - le digo mientras le acaricio el cuello, antes de sujetarlo por las riendas y comenzar a andar hacia un lateral del camino, de por dónde me parece oír el susurro de alguien hablando.

Poco a poco, con cuidado, pero sin poder luchar contra la extraña sensación que se ha apoderado de mí, dejo el camino para adentrarme en un grupo de árboles. A los pocos metros, detrás de un gran olmo veo a una persona, que parece estar arrancando unas raíces y que resopla por el esfuerzo. Me la quedo mirando unos segundos desde lejos, para no asustarla, mientras la gran pregunta se forma en mi cabeza ¿Es posible que realmente esta persona hable el dialecto noruego de mi isla natal? ¿Realmente lo ha dicho o mi cerebro ha querido interpretarlo por algún motivo?. Lo que está claro es que sólo hay una forma de salir de dudas, así que me acerco un poco más, pero manteniendo una distancia prudencial de la figura que tengo agachada delante mío para no asustarla y le digo en mi dialecto nativo - Buenos días, ¿Puedo ayudarle en algo?. Tras hablar me quedo quieto, para demostrarle que no quiero hacerle ningún daño, con la incertidumbre de si entenderá el noruego bokmål propio de Svalbard.


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Re: Hjemlengsel (Homesickness) [Zia Caproni]

Mensaje por Zia Caproni el Sáb Sep 16, 2017 6:56 pm

Había salido ya hacía varias noches de Valtesi, sin nada más que un bolso con provisiones que en el establecimiento de Helena me habían otorgado, según la madame que allí atendía, debería ser lo suficiente para llegar hasta Baskerville, más allá de la frontera que delimitaba la región humana y con ello la desaparición de los guerreros alados que cual militares flanqueaban los caminos, me encontré con una hermosa arboleda, pero más que hermosa, tenía plantas, sobretodo arbustos y hierbas que no había visto nunca antes, de algunas podía especular que había visto en libros al tiempo que estudiaba el doctorado antes del viaje a la Antártida que saliera de la peor manera posible.

La noche era una enemiga natural de los humanos, más aún cuando nos encontrábamos en tierras de nadie, bien la propia dueña de la taberna en Zárkaros “sombra del edén” me lo había advertido, más no había ahondado en detalles, nada sabía de las criaturas sobrenaturales más por lo que mis ojos podían haber emitido como juicio, y menos aún de las bestias que rondaban por los terrenos de la isla; pero aquello no fue impedimento para que mi curiosidad científica, inherente e innata a mi persona me orillara del camino y me adentrase en la vegetación; pronto tropecé con una irregularidad del bosque y mi tobillo se dobló por completo, sin pensármelo dos veces vociferé en el tono más alto y agudo que el dolor me incitó un par de improperios que recientemente había aprendido en la escuela, en el mismísimo polo norte, un noruego muy propio de aquel archipiélago que albergaba la bóveda del fin del mundo.

El silencio inherente al lugar tan cercano a Baskerville me hizo olvidar los peligros, me senté a horcajadas y descalcé mi pie izquierdo; punzaba como el demonio pero igual tuve que tocarlo aguantando el dolor, pronto sentí que los huesos que unían el calcáneo, el astrágalo, la tibie y el peroné se habían movido de su lugar “Pronto todo esto se inflamará como una patata”, me dije a mi misma aguantando el dolor, dejando escapar una lágrima y tomando el valor presioné mi tobillo con toda mi fuerza hasta que escuché un clic, el crujir que indica que la articulación ha vuelto a su estado natural, sin embargo aquello no evitaría la inflamación ni el dolor propio del esguince… Detenerme por varias noches a la mitad de la tierra de nadie no era una opción así que comencé a maquinar un plan…

Calcé de nuevo el zapato en mi pie y me cercioré de que las agujetas quedasen lo más apretadas posibles, pero sabía que aquello no era suficiente “Cuanto daría por tener una venda elástica conmigo ahora…” suspiré con desasosiego mientras buscaba una alternativa para ello; pronto vi un par de matas de Asparagus officinalis, plantas suculentas hermanas de la lechuguilla, si alguna tenía tejido fibroso como para hacer un vendaje a presión improvisado a mi alrededor, seguro serían ellas; lo malo, aquel tejido solo se encontraba en las raíces… Así que lo lógico era comenzar a escarbar y halar de ellas con tanta fuerza como mi pie diestro me lo permitía.

Me encontraba tan absorta en aquella tarea que no pude notar las pisadas en la hojarasca que el olmo que cubría mi cuerpo y solo cuando escuché las palabras ajenas fue que de un reparo casi agresivo me incorporé.

Miré al dueño de la grave voz en silencio, ladeando el rostro al notar que entendía la lengua, pero no era mi natal italiano, ni siquiera el inglés que había aprendido por tantos años; se trataba del noruego bokmål al que apenas comenzaba a acostumbrarme cuando todo esto me llevó a Pandora –Buen día señor…- respondí en el mismo dialecto que me era casi ajeno para la cotidianeidad, pero con el que podía sobrevivir en Svalbard; negué con la cabeza a forma de derrota –Nadie puede…- reiteré en el mismo dialecto, del que pocas palabras sabía, por lo que me limitaba a frases cortas, contundentes y poco amistosas –Solo necesito estas plantas…- inquirí nuevamente en bokmål sin mencionar el esguince que acababa de sufrir y bajé la mirada a la odisea que me esperaba; acto seguido continué en el inglés al que me había acostumbrado en algo que podía ser solo un susurro –Ayúdame planta… ¿No vez que no puedo caminar?- en un ruego al propio vegetal.


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Re: Hjemlengsel (Homesickness) [Zia Caproni]

Mensaje por Håkon Nilsen el Dom Sep 17, 2017 10:02 am

En cuanto es consciente de mi presencia se incorpora de golpe, de una forma nada amable, lo que hace que yo mismo reaccione llevando mi mano derecha la pomo de mi espada. Observo atentamente su siguiente reacción a la espera de cualquier movimiento agresivo hacia mí, lo que me permite observar que también lleva una marca sobre el corazón, lo que me indica claramente que es una humana llegada a Pandora al igual que yo, pero su diseño es totalmente diferente al mío. Mientras ella también me examina, ladeando ligeramente su cabeza, intento recordar las explicaciones de Zeus sobre las marcas y creo recordar que la que lleva la chica es la que obtienen las personas que han llegado por error a la isla. Si no me he equivocado eso significa que seguramente no es peligrosa, por lo que decido relajarme, soltando el pomo de la espada, para que no piense que quiero hacerle daño.

Al oírla hablar no puedo evitar esbozar una media sonrisa al tiempo que noto como mis facciones se relajan al momento. Una sensación extraña se está apoderando de mí al oír mi lengua natal, mi dialecto, en los labios de otra persona. Añoranza, ésa es la sensación, una sensación que no tenía desde mis primeros meses en Rusia, cuando descubrí que había cometido uno de los mayores errores de mi vida, dejando atrás mi familia en busca de unas promesas falsas, unas promesas que me condujeron directamente a las manos de los mafiosos que terminaron con mi infancia, juventud, sueños e inocencia.

Es cierto que el tono que utiliza es bastante brusco, y que la frases son como algo forzadas, exactamente igual que cuando hablaban los mineros extranjeros cuando llegaban a Svalbard y su conocimiento del idioma local era muy pobre. Sin embargo, la sensación que producen esas escasas frases en mi son arrolladoras, tan fuertes como un alud que rompe todas mis defensas, toda mi coraza, por lo que no puedo evitar que el color de mis ojos se haga más intenso e incluso se me empañe un poco la vista por las lágrimas que luchan por derramarse y que yo no quiero permitir que salgan.

Su ruego en inglés no me pasa desapercibido, por lo visto necesita las propiedades curativas de una planta que está intentando arrancar. Al momento, siento como si todos mis sentimientos se vieran sobrecargados, como si todos mis recuerdos, que tanto tiempo habían permanecido relegados a una parte olvidada de mi mente, rompieran con la fuerza de una riada inundándome, tragándome y enviándome de vuelta a mi tierra natal. En ése mismo instante, todo mi alrededor se cubre de una hierva verde alta, y cerca puedo ver las montañas nevadas. El cielo toma un color azul puro y una brisa fría empieza a soplar, mientras el sonido de las olas del océano ártico lo llena todo. Siento un mareo al ver convertirse a la chica que tengo delante mío en mi madre, mi madre sentada en una roca, junto a la orilla, con un pequeño Håkon que juega con unos muñecos hechos de hueso de ballena, mientras oye como su madre va leyendo en voz alta las anotaciones de las propiedades de una planta que acaba de escribir en su diario, al tiempo que el grito agudo de las gaviotas rompe la monotonía del sonido de las olas.

No soy consciente de cuánto tiempo quedo paralizado por los recuerdos, que tan vívidamente se agolpan en mi y que me obligan a usar toda la fuerza de voluntad de la que soy capaz para sacarlos de mi mente y volver a ver a la chica que tengo delante mío. En cuanto lo consigo, la miro con más detenimiento, tengo que reconocer que es atractiva, y que por la forma de doblar ligeramente una pierna y mantener el cuerpo inclinado hacia el otro lado me dice que seguramente tendrá un problema en el pie que parece no apoyar con firmeza. Desvío mi mirada hacia el suelo para ver que estaba intentando arrancar unos ¿espárragos?. Sin quererlo, oigo la voz de mi madre en mi cabeza Internamente los espárragos son apreciados por su gran poder diurético, por lo que están indicados en problemas de riñón, obesidad, reumatismo, gota y arrítmias cardíacas ocasionadas por estrés. También se usan en dietas adelgazantes, Externamente se puede usar para el tratamiento de manchas en la cara, picaduras de insectos y dolor de muelas, pese a que no está demostrado científicamente su efectividad. Su forma fibrosa sirve para tratar la ingesta de objetos punzantes, así como para la elaboración de tejidos con las fibras de sus raíces. .

Sacudo la cabeza con fuerza a los lados, intentando borrar de mi mente la voz de mi madre, al tiempo que noto como unas lágrimas recorren mi mejilla, llegando a mis labios, notando el sabor salado de mis propias lágrimas, antes de acercarme a la chica y arrodillarme junto a ella, para empezar a arrancar las raíces de la esparraguera sin mirar a los ojos de la chica, intentando así impedir que me vea llorar. Dejé de llorar tras la muerte de mi padre, y desde entonces nadie me ha visto llorar, y mi orgullo me obliga a impedir que nadie me vea así. Por lo que respiro con fuerza, cortando mis lágrimas mientras arranco con fuerza las raíces, sintiendo como el dolor que siento al cortarme la palma de la mano al tirar, me ayuda a reprimir las lágrimas que han comenzado a recorrer mis mejillas con más fuerza que antes.

-Aquí tiene - le digo todavía usando el bokmål, mientras le alargo el puñado de raíces que he arrancado, sin atreverme aún a mirarle a la cara ni a levantarme del suelo, dispuesto a seguir arrancando las raíces mientras lucho desesperadamente por controlar mis emociones desbordadas.


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Re: Hjemlengsel (Homesickness) [Zia Caproni]

Mensaje por Zia Caproni el Dom Sep 17, 2017 11:10 pm

El hombre se abstrajo en sus pensamientos, dejándome fuera de ellos tan pronto como le hube respondido; la verdad es que el dolor que se desprendía de mi tobillo nublaba mi pensamiento y no me parecía raro encontrarme a otro noruego en la isla, mi respuesta fue un acto mecánico carente de cualquier intensión, una plegaria por mitigar un dolor que solo iba en aumento y que si no detenía la inflamación con un vendaje a base de la raíz de la lechuguilla nada podría borrar ni la hinchazón ni el dolor que le acompañaba.

Levanté la mirada de la planta que parecía tener pocas intenciones de cooperar conmigo y dejé caer mi cuerpo sobre la tierra que le rodeaba, sintiendo el fresco tacto de las hojas recién desprendidas del olmo que nos cubría a ambos de los rayos del astro rey. La mirada de aquel hombre de apariencia ruda pronto se hizo profusa y se inundó en un sepulcral silencio, podría haber jurado que habían pasado horas enteras desde la última frase que de sus labios había emanado… Acto seguido se acercó a mi persona, guardando silencio y desapareciendo las lágrimas de sus ojos dejando simplemente unos capilares enrojecidos por la irritación, y se dispuso a halar de planta con la suficiente fuerza que ella no se le pudo resistir y se desprendió de la tierra, para luego acercarse aún más a mí, sin mirarme a la cara y en algo parecido a cuclillas entregarme el Asparagus, su voz era seca y más grave que en un inicio, entonces caí en cuenta, finalmente, de que me hablaba en un fluido bokmål que solo había escuchado en Svalbard por los oriundos de la isla.

-Gracias- le respondí en el dialecto al tiempo que colocaba todo mi peso sobre mis rodillas y tomaba con la diestra el manojo de hierbas, busqué su mirada con la mía propia y pude encontrar entonces el vestigio de una lagrima que se rehusaba a abandonar su parpado inferior, por reflejo y sin hacer hincapié en la apariencia hasta peligrosa que el hombre denotaba, llevé mi mano zurda hasta su rostro, con sumo cuidado, como si de una pieza de arte se tratara y con el pulgar acaricie el fragmento de piel humedecida por la lágrima al tiempo que la cuenca de la mano reposaba sobre el hueso cigomático de él –Tranquilo…- use el mejor acento que pude de mi pésimo bokmål y dejé que mi cuerpo por su inercia se acercara al ajeno, algo en su interior me conmovía pero no sabía que era aquello…


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Re: Hjemlengsel (Homesickness) [Zia Caproni]

Mensaje por Håkon Nilsen Ayer a las 11:06 am

La reacción de la desconocida terminó de desmoronar todas mis defensas internas que tantos años me había costado crear. En cuanto noté el calor de su mano en mi mejilla, y la suavidad de su piel cuando con ternura recoge una de mis lágrimas, fue como si algo en mi interior se rompiera definitivamente, los diques, los muros que mi dura vida desde la muerte de mi padre había ido construyendo piedra a piedra cayeron, cedieron al tiempo que todas las preguntas amargas que había ido relegando a lo más profundo de mi mente aparecían inexorablemente. ¿Por qué? ¿Por qué abandoné a mi madre? Por la estupidez, mi estupidez suprema, mi rabia por no controlar mi vida, por no soportar la muerte de mi padre y acusar estúpidamente a mi madre por sacarme de mi amada isla. ¿Cómo fui tan imbécil de no darme cuenta?, de no darme cuenta de que no podríamos haber sobrevivido en Svalbard sin el trabajo de mi padre. ¿Cómo pude dejarla solo con mi hermana en Turku? ¿Seguirá trabajando todas aquellas horas en aquel decrépito hotel? ¿Cómo fui tan estúpido para creerme a mis amigos y huir a Rusia? ¿Cómo soy capaz de mirarme siquiera después de todas las cosas malas que he hecho? y.. ¿Cuándo fue la última vez que alguien me acarició con esta dulzura? Fue mi hermana, hace ya años, antes de que le ayudara a escapar de las manos de mis hermanos de la mafia, antes de que me acusaran de traidor y me entregaran a la justicia para que me enviaran a Pandora, como castigo ejemplar para posibles nuevos traidores, pero lo hice por mi hermana, no podía permitir que la mataran, la sangre para mí es más fuerte que otra cosa y aunque supuso mi destierro a este maldito lugar, lo volvería a hacer sin pensarlo.

Todas estas preguntas me atormentan mientras lentamente mi cabeza se inclina hacia el cuerpo de la joven que también se ha inclinado hacia mi. Sin ser consciente de lo que hago, apoyo suavemente mi cabeza en su regazo y sin poder evitarlo, abrumado por las emociones, por los recuerdos de mi auténtica familia, de las caricias de mi madre y hermana, por las cosas buenas que dejé atrás, notando como mi cuerpo empieza a temblar al tiempo que las lágrimas desbordan mis ojos, encontrándome en el regazo de una extraña, sollozando y temblando como hacía años que no hacía, dejando salir todas las lágrimas que no había querido derramar, vaciando toda la tristeza y melancolía que anida en mi corazón, desnudándome totalmente ante una completa extraña y solo por el simple hecho de haberla oído hablar en mi idioma natal. Olvidando el anhelo de sentir el calor de un cuerpo amable y el rítmico latido de un corazón que no hace sino vencer mi última resistencia y favorecer que llore como un niño hasta que la última lágrima reprimida salga por fin a la luz.


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