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«The two in the path of the lost» Schröder

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«The two in the path of the lost» Schröder

Mensaje por Gabriele B. Reinhard el Dom Abr 30, 2017 3:11 am

Cánsate de verme, Mircea. Cánsate de tenerme lástima. Nunca te atreviste a encontrarte con mis ojos, siempre preferiste mirarme cuando te doy la espalda, cuando crees que no te puedo ver. Pero yo sé que estás aquí, que te convertiste en mi sombra y que te vendiste como mi asensino silencioso desde hace décadas. Tú viviste conmigo durante aquellos años, los últimos en que no tenía que fingir la enfermedad de mi mente, tú me viste educar a un par de jóvenes afortunados en el maravilloso arte de la música. Tú me has visto las dos últimas dos horas cómo he permanecido absorta en las teclas que no parezco reconocer, tocando blancas y negras al azar, componiendo una melodía que para ti no tiene sentido. Me viste encorvada sobre mi adorado piano e incluso ahora, que parezco reconocer una parte imprescindible de mí, temes. Siempre le tuviste miedo a mi lucidez, pero jamás me has temido a mí, tu dueña, la única mujer a la que verdaderamente debes tus servicios aunque te hayas vendido a quienes me traicionaron.

¿Por qué siempre llueve en Baskerville? ¿Tú lo sabes, mi querido mayordomo? Es una región húmeda, lo sé, pero nunca ha parecido una arbitrariedad a nadie. Siempre llovió en los momentos más dramáticos, ensalzando el dolor de algún enamorado que ha sido abandonado, lamiendo la sangre de las heridas de algún prófugo o de quien ha pagado un alto precio por una simple cabeza. Siempre ha acompañado a la más sórdida alma que invade nuestras tierras. Y hoy no ha llovido. Esta mañana miré el cielo y no hubo ni una sola nube que prometiera la lluvia que te acompañaría en la muerte, pero eso es un secreto todavía.

Mi rostro acogió finalmente un gesto, una sonrisa torcida de la que nació el susurro de una risa desquiciada. No creas que no sentí tu preocupación, Mircea. Hace tiempo que no me ves tan emocionada, ¿verdad? No notaste la sortija en mi dedo, idiota. La encontré. Pero antes de que intente matarte, escucha un momento lo que estoy tocando para ti. Es el Réquiem de Mozart.

… ¿Gabriele, estás bien? — Cállate. Estoy tocando. Te ignoré a pesar de que esas fueran las únicas palabras que me has dedicado en semanas, si no es que han pasado meses. Olvídalo. Mis manos se detuvieron, porque no soporté escucharte. Sabes lo mucho que detesto que me hablen mientras toco y, considerando cuánto mal me has hecho, creo que es mejor que no escuches el final. No te diste cuenta de que me robé todos los cuchillos de la cocina y las armas que guardaba como trofeos en estantes, ¿verdad? Si no, lo habrás notado cuando alcé mis manos a la altura de mi cabeza, como si las desconociera, para después, con absoluto control de mi cuerpo, moverlas, orquestando las acciones de cada filo que se alzó ante ti antes de horadar tu cuerpo entero. Entonces, cuando estuve segura de que tu sangre manchó mi preciosa alfombra, mis dedos se reencontraron con las notas que interrumpiste y terminé, en una despedida para ti, mi réquiem.

Réquiem de Mozart:


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Re: «The two in the path of the lost» Schröder

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Dom Abr 30, 2017 8:02 pm

Luna menguante. Aún de día podía sentir sus efectos, porque la fase seguía por el incesante movimiento de los astros allá fuera de nuestra atmósfera. Durante el reinado de unas horas de la luz solar no era tan terrible, podía seguir siendo yo de una u otra manera… al menos el yo que he sido desde hace ya cinco años. Alguien diferente según la mayoría, pero no me importa… soy diferente, pero infinítamente mejor que cualquiera de los magos de Baskerville e incluso de La Orden misma. Pero entonces cae la noche y se desata dentro de mí un infierno que me retuerce, que hace que me desvanezca y que regrese, que haga cosas sin saber que las hago orquestado por las órdenes de la única a la que puedo llamar ama. Es tan terrible como exquisito, porque al final de todo, aunque estoy sujeto a una voluntad que no es mía, la recompensa en lo suficientemente mayor como para olvidar ese detalle que en realidad no me importa demasiado.

Atardecía, el ocaso estaba cerca y aunque no había nubes en el cielo, el aire olía a humedad. Hacía frío. Yo estaba de pie frente al ventanal, observando el jardín que se extendía desde allí, pero mi mente estaba en otro lado, oyendo muchas cosas, pero nada que existiera en esta realidad. A ratos tenía la impresión de ver algún espectro pasar delante de mí, perdido, ausente, quizá ignorante de su condición aún… porque muchos no saben que están muertos sino hasta mucho tiempo después y ¡ay! de ellos cuando se enteran. Pero así como veía cosas que podían ser reales en esta dimensión oculta a los ojos de la mayoría, mis sentidos me jugaban trucos de vez en cuando, sobre todo mi audición. Y aunque ya estoy habituándome a ello, en ocasiones caigo en las trampas de mi propia mente.

He escuchado a Cratos y a Zelo… los he oído caminar detrás de mí e incluso aullar a lo lejos, aunque dentro de mi propiedad. Los añoro y cada luna llena me hacen falta, porque siempre estuvieron allí y porque a pesar de todo lo malo que pude ser frente a ellos, nunca se apartaron… como si supieran que al final eran lo único que tenía. Helena jamás vendrá y a mi aprendiz apenas le veo la sombra. Mis perros durante sus últimos años de vida formaron parte de eso que me recordaba aquel pasado que alguna vez tuve y que fue bueno, pero que jamás volverá. Traían consigo siempre aquel calor que me hace falta todo el tiempo y me contagiaban de este lo suficiente como para hacerme sentir temporalmente bien.

Pero esta vez no fue un aullido imaginario lo que me sacó de aquella contemplación en la que estuve sumido por quién sabe cuánto tiempo. No, en esta ocasión fue el alarido de un alma aterrada en alguna parte, mas no demasiado lejos. Ya había caído la noche entonces y el frío podía sentirlo a través del cristal delante de mí. Cerré los ojos y di un paso atrás para finalmente retirarme, como tirado por un hilo imaginario, abandonando primero el estudio y luego recorriendo el pasillo para dirigirme a la entrada principal. Así que pronto me encontré con el frío penetrante calándome hasta los huesos, pero sin embargo avance y seguí el sendero principal hasta que abandoné del todo mi propiedad.

Por momentos iba y venía de mí mismo, desplazándome sobre la calle como la sombra de la noche cuando esta se cierne sobre el mundo… constante y sin posibilidad a ser detenida. Pero entonces me detuve y observé donde me encontraba. Sentí el aroma de la muerte y la energía de un espíritu arrebatado de su existencia terrenal. Podía escucharlo llorar y bramar, conocí entonces cómo murió, aunque no así la razón… no era relevante de todos modos, sin embargo aquel lugar me era familiar y era eso lo que me despertaba la curiosidad. Así que sin respeto alguno a la propiedad privada, abrí la reja principal e ingresé, atravezando a paso lento el jardín principal hasta detenerme frente a la gran puerta… sin tocar, tan solo aguardando. Podía apostar a que el dueño de aquella imponente mansión sabía que y estaba ahí.



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Re: «The two in the path of the lost» Schröder

Mensaje por Gabriele B. Reinhard el Jue Mayo 04, 2017 2:01 pm

Únicamente cuando hube terminado mi interpretación me digné a voltear. No para mirarte a ti, cuerpo inerte de Mircea, sino para explorar la estancia con libertad y con cierto desinterés. Eran las mismas paredes de siempre, el mismo tapiz insípido y elegante que no iba acorde con la figura de una mujer mentalmente enferma. Cualquiera diría que todo en mi mansión es un completo desperdicio, porque nadie salvo los criados disfrutan de ella, porque en mi locura yo no sé distinguir el buen gusto de lo terrible. Por eso no me gusta mi mansión, porque se ha convertido en lo que no me permitieron ser, porque representa mi pasado, tiempos que ni siquiera ahora soy capaz de alcanzar.

Miré entonces el violín, el segundo instrumento que deseo tocar y reconocer con mis dedos aún firmes. Nunca llegué a imaginar que el día en que disfrutara de la música, en que fuera de mí de donde emana, llegara, porque en verdad parecía imposible, incluso llegué a creer que mis dedos, por seguir con mi farsa, habiánse olvidado de tantísimos años tocando esto y aquello, que los años con mis estudiantes se habían esfumado con la misma facilidad con la que la arena se escurre entre los dedos. Pero tenía que descubrirlo, así como hice con el piano, y me puse de pie. Supongo que esperabas que te mirara o que te diese los honores que todo muerto merece después de años y años de servicio, pero, Mircea querido, no los mereces. Así que no te miré, caminé por encima de ti esquivando el charco de sangre y la silueta de tu cuerpo perforado. El nombre debería robártelo también, porque ya no existes, de aquí te has ido ya.

Entonces te noté. No sé quién eres, pero me interrumpiste también, justo cuando había colocado al fin el arco sobre las cuerdas del violín. Si hubiese rasgado aunque fuera un poco las cuerdas, habrías hecho enfadar a una vieja loca con tu presencia, pero tampoco soy insensata. Con el instrumento en mis manos, caminé hasta la entrada y a cada paso que daba más me imaginaba quién podrías ser. ¿Acaso eres tú, íntimo amigo, quien volvías de la muerte y me prestabas a mí la primera visita? Con esa esperanza abrí la puerta principal y esa esperanza se esfumó apenas te vi. Oh, Robert. No hablaré de lo terrible que te ves, ni de cómo tu estatura me dejó en claro que no eras a quien yo todavía espero. Eres un nigromante como él, eso lo puedo saber. ¿Tan poco me estimas que me olvidaste? — Si vas a entrar, lo único que puedo ofrecerte es un poco de té ámbar — No espero que me entiendas, pequeño Schröder, pero sí que entres por cuanto me moví para que lo hicieras. No, no me molestaría que te encontraras con el cuerpecillo que ha quedado olvidado por ahí ni que tocases conmigo un dueto como antes solíamos hacerlo.


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Re: «The two in the path of the lost» Schröder

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Vie Mayo 05, 2017 10:38 pm

Gabriele Reinhard. La recuerdo. Sonreí levemente ante sus palabras y asentí una vez con la cabeza. -Algo interesante me trajo aquí esta noche, madame. Debo decir que estoy intrigado y, ahora que la veo, me parece una buena idea compartir quizá un momento- respondí a su invitación y cuando se hizo a un lado hice una leve venia con la cabeza para internarme en su majestuoso domicilio. Fue mi maestra de música cuando yo era un jovencito, me enseñó a tocar el piano a la perfección, explotó bien mis habilidades y hasta la fecha puedo hacer gala de ello. Supe que perteneció en algún momento a La Orden, pero que luego se retiró por aparente demencia… no me consta, lo desconozco, pero de buenas a primeras no aparentaba estar loca.

-Aceptaré lo que venga de su parte- dije deteniéndome después de haber dado un par de pasos hacia el interior. Contemplé el nuevo entorno que se abría ante mí y sonreí sutilmente para después girarme hacia ella con la intención de mirarla fijamente. -Su hogar huele a muerte, madame Reinhard… y puedo escuchar el tormento de un espíritu que aún no abandona su morada- entonces retomé mi contemplación y seguí el rastro invisible avanzando lentamente hasta dar por fin con aquello que me había arrastrado hasta aquí. -Ya veo… - murmuré y después me fijé en el piano. Majestuoso delante de un escenario fatal.

-Supongo que existió una buena razón que lo justifica… - agregué sentándome en el taburete, aunque dándole la espalda a las teclas por ahora, prestándole solo atención al muerto que en todo ese tiempo había derramado una cantidad considerable de sangre… razonable después de que fuese tratado como alfiletero. Podía sentir el olor metálico típico de ese tejido carmín, no me desagrada, al contrario, me encanta. No había pasado por alto el hecho de que ella sostenía el arco del violín en la mano, por lo que supuse que la habría interrumpido -Espero no haberla importunado- ladeé la cabeza y apunté lo que ella sostenía para terminar de explicar con aquel gesto la razón de mis palabras.



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Re: «The two in the path of the lost» Schröder

Mensaje por Gabriele B. Reinhard el Sáb Mayo 06, 2017 10:10 pm

Oh, mi querido estudiante. Siempre me alegró encontrar en ti ese comportamiento impecable, digno de tu estirpe. Me alegra aún más saber que tu trato no es el que se le da a una anciana demente como me han hecho ver, sino que me tratas como si pudieras ver esa verdad en mí, con ese respeto que tiene un alumno hacia su maestro, aunque hayan pasado años desde que tus habilidades frente al piano fueran equiparables a las mías. Déjame tener algo de soberbia y pensar que no me superas aún, que mis dedos desacostumbrados a las teclas aún las conocen mejor que los tuyos.

Cuando cerré la puerta detrás de ti, pensé que nuestro encuentro se reduciría a un par de adultos, ancianos los dos al parecer, compartiendo un poco de whisky y conversando de quién sabe qué cosas. Pero no. He de ofrecerte lo que te prometí. Sin embargo, tú me ofreces algo más interesante. Por eso te miré con una sonrisa en mi rostro, complacida por la posibilidad de encontrarme con la oscuridad que antaño bañaban mis días de un modo distinto. Y caminé contigo al saloncito en donde solía impartirte lecciones cuando eras más joven, para que vieras y te encontraras con lo que estabas buscando, porque al parecer no me buscabas a mí, sino al muerto que he dejado arruinar mi alfombra.

No me importunas. Has llegado en el momento preciso, estaba a punto de tocar el violín, como podrás ver — Me dediqué a responderte de manera desinteresada, puesto que es muy claro para mí que el cuerpo que ves tendido en el suelo carece de identidad y de valor para mí. Ya no hay espacio en mi memoria para ese hombre que solía ser el dueño de aquel rostro desfigurado. — Recordarás que jamás tuve buena relación con las interrupciones y que la música para mí es lo más sagrado que hay. Mircea, si es que lo recuerdas, tuvo la ocurrencia de adulterar mi interpretación de piano con su voz y aquí lo tienes. — Añadí y me adentré al salón para depositar en su sitio el instrumento que todavía sostenía en mis manos. Mi deber como anfitriona era atenderte, mi estimado Robert, así que me fui directo a la mesa que contenía varias botellas de licor y serví para ti whisky y brandy para mí. — Dices que escuchas su espíritu sufrir. Siéntete en libertad de torturarlo un poco más — Dije haciéndote entrega de la bebida que preparé para ti — también para eso hay una razón que lo justifica.


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Re: «The two in the path of the lost» Schröder

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Dom Mayo 14, 2017 2:08 am

-Ciertamente un crimen- murmuré respecto de las interrupciones durante la interpretación de una pieza musical. Recordaba bien ese aspecto de Gabriele. -Lástima que él nunca llegó a comprenderlo- regresé mis ojos al cadáver mientras pensaba en sus últimas palabras, a lo que negué con la cabeza sonriendo, como si de verdad hubiese considerado la posibilidad. -No me reporta beneficio alguno turturarlo más. Sufre en su estado inmaterial todos los errores cometidos a lo largo de su vida consciente de que no irá a un lugar mejor luego de su breve tránsito por la tercera dimensión. Sabe que ha muerto y que no tuvo tiempo de redimirse a sí mismo… créame que esa es la peor tortura que un espíritu recién liberado puede vivir- expliqué sabiendo que lo que decía era cierto. No era la primera vez que me tocaba ser testigo de esto, de hecho, cada muerte de un condenado al abismo es asunto mío. -Me quedaré, hasta que se lo lleven- dije después.

-¿Y a qué se deben todos estos años desaparecida? Hubo un tiempo en el que se le veía con frecuencia, pero entonces desapareció sin dejar rastro alguno de sí misma- pregunté pues no dejaba de parecerme curioso que alguien de su altura de pronto se hiciera humo. -He de decirle que poco se habló de usted, mas yo no pasé por alto su ausencia. No vine jamás a visitarla por falta de tiempo, pero era una constante recurrente de vez en cuando en mis reflexiones. Jamás podría olvidar a quien me enseñó a interpretar hasta las partituras más complejas en el piano- sonreí, aunque la expresión murió rápido, dejando mi rostro con una expresión neutra, la más habitual últimamente.

El zumbido del espíritu en ocasiones era molesto, sus chillidos se asemejaban a una nube de mosquitos. Me pasé los dedos índice y medio de mi mano derecha por la sien del mismo lado y suspiré pesadamente. -Halt den Mund, verdammt… - murmuré por lo bajo para hacerlo enmudecer. En ocasiones algunos entes podían ser un dolor de cabeza y en comparación a este, he tenido que conocer a otros mucho peores, unos que no dejan jamás de llorar y gritar, poniendo de manifiesto su arrepentimiento, aunque tarde y sin oportunidad de recibir el perdón que buscan. Así viven todos, inconscientes de la condena que arrastran hasta que mueren.

-Como sea, me es grato saber que pese a los años sigue conservándose tan bien- admití entonces y me levanté del taburete para darle una vuelta a aquel salón pequeño que tantos recuerdos tenía. No lo había olvidado. Tanto tiempo viniendo aquí, tardes completas frente al piano, con lecciones al principio estrictas, pero que con el tiempo se volvieron gratas gracias a mi aprendizaje, alimentado por las prácticas en mi propio hogar gracias al piano que había pasado por generaciones hasta llegar a mí. Piano que actualmente adorna el salón principal de mi mansión.



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Re: «The two in the path of the lost» Schröder

Mensaje por Gabriele B. Reinhard el Vie Mayo 19, 2017 11:47 pm

Basta, pequeño. Claro que lo supo. Mircea me conoció muy bien antes de que su mente fuera adulterada por aquellos hombres para los que solías trabajar, si es que ahora la nigromancia te ha vuelto insolente y vives ahora bajo el yugo de quien llamas señora. Él era apenas un muchacho cuando tus dedos eran torpes y confundías las teclas, él joven cuando sabía para qué le servían los ojos y cuán útiles eran los oídos. Pero, en fin, sepamos que a mí tampoco me beneficia en nada hacerle más daño. ¿No ves acaso que tuvo una muerte rápida? Será que no me conoces bien, que se encargaron bien de limpiar la historia de los oscuros para que nadie supiera de mí y para que pudieran pintarme como una mujer loca, incapaz de controlarse a sí misma. Si me encogí de hombros y no puse reparos en que te quedaras, es porque tampoco me molesta.

Si la sangre me hierve sin que lo sepas, es porque dices no sabes nada. ¿Ves en los pliegues de mi rostro al sonreír la tensión que generaste, Schröder? Pero no es culpa tuya, o puede que sí. Quizá no viste mi expresión, pues me moví para sentarme después de haber intentado aparentar nada y aproveché tu pequeña distracción para serenarme. No es fácil, ¿sabes?, esto de hacerme creer que no es tu culpa. Si no lo es, entonces no tengo problema en seguir viéndote como el chiquillo que aprendió de mí a interpretar las más complejas partituras.

Tus halagos no han de compensar tu falta de observación, Robert. Me sorprende que no sepas la causa de mi desaparición. — Musité desinteresadamente y pausé mi discurso con un trago de brandy. — Pero me alegra que me recuerdes bien y que no te hayas dejado engañar como lo hizo este hombre. — Es mejor así, Robert, que no sepas todo cuanto tengo que decir, que no escuches la sarta de mentiras que elaboraron en contra mía para silenciarme y dominar aquello que yo, Gabriele, ayudé a construir muchos años atrás. No comprenderías sus motivos para llamarme demente ni los míos para permitir que el peso del olvido y de la historia corrompida se acomodasen sobre mí, confinándome a esta refinada mansión que tantos años viste en tus frecuentes y fructíferas lecciones. Si lo recuerdas bien, nuestras últimas reuniones se vieron acosadas por una suerte de tensión que yo fingía no comprender ni percibir, porque estoy segura de que escuchaste algo, que tus padres escucharon algo. Si supieras que Anabelle fue más lista...


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Re: «The two in the path of the lost» Schröder

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Miér Jun 14, 2017 7:04 pm

-Tal vez alguna vez lo supe… tal vez no. Lo cierto es que por mí pasó demasiada información antes de convertirme en lo que soy y luego de ese proceso que me llevó a este punto, todo lo que no era realmente importante lo olvidé, todo lo que algún día consideré ciertamente falso murió cuando yo lo hice y no regresó conmigo del más allá. Fueran cuales fuesen los motivos por los cuales usted desapareció, puedo entenderlos. De todas formas, La Orden es actualmente una organización estéril que no genera nada importante. Solo forma brujos con mucho conocimiento, pero con pocas oportunidades para aplicarlo. Para ser alguien, es necesaria una iniciativa que no se forja con el paso del tiempo. Tal vez mi generación fue la última en recibir todas las herramientas necesarias para alcanzar grandes metas. Hoy en día solo veo soldados sin iniciativa… académicos, pero solo eso- me encogí de hombros. -Quizá, si estuviese usted aún dentro, desearía eliminarlos a todos así como yo deseo hacerlo en ocasiones… - entrecerré los ojos deteniendo mi andar, aunque dándole a ella la espalda. No había visto nada que me hiciera parar mi corto paseo, fue nada más la corriente de mi pensamiento, el flujo de mil ideas corriendo sin descanso. Sonreí apenas agachando mi cabeza, ¿acabaría algún día con La Orden?

Giré sobre mis talones para dirigir mis ojos hacia Gabrielle -Los tiempos exigen una renovación, ¿no lo cree?- pregunté con calma, aunque deseando que su respuesta fuera positiva. -¿Cuánto ha permanecido así este grupo de magos? Dormidos, desperdiciando su potencial. Haciendo nada por honrar a sus fundadores. Conozco apenas la historia, pero sé lo que se hizo en los inicios… una masacre silenciosa que corrió a los blancos del monasterio. Una gran hazaña que no tiene precedentes. Muchas vidas a cambio de un gran propósito. La Muerte fue feliz entonces, atrayendo hacia su mundo los espíritus de esos que creyeron que podían librarse de la magia oscura… pero la noche les cayó encima y sus sueños fueron destruídos. Luego de eso, solo los que sobrevivieron tuvieron que dedicarse a vagar por Pandora… fueron décadas y solo hace unos pocos años dejaron de existir por completo… a causa mía. Jamás antes se emitió la orden imperativa de cazarlos hasta erradicarlos, solo yo lo hice en mis tiempos y no se me reconoció por ello… no les importó. Como si hacer desaparecer la magia blanca jamás hubiese estado entre los primeros objetivos de La Orden- me detuve y volví la vista al suelo, aunque abstraído, por momentos olvidé que estaba allí, aunque solo fueron segundos. Jadeé y me pasé una mano por el pecho, me había agitado. Era ira y tal vez impotencia. Cerré los ojos y negué con la cabeza.

-Lo siento- dije entonces cuando volví a poner mis pensamientos en su lugar. No temía que Gabrielle pudiera pensar que estaba loco, no tenía miedo de sus pensamientos respecto a lo que acababa de ocurrir. Creía que hasta cierto punto ella entendería mi ambición, las ganas de devolverle la vida a La Orden, porque estaba ciertamente muerta. Pero era necesario un gran esfuerzo para eso, yo por mí mismo no podía hacerlo todo. Mi poder superaba el de varios, sin embargo no era absoluto. Lo que estaba contemplando era una destrucción masiva, subyugar a Baskerville por completo. Porque no bastaba con actuar sobre el reducido grupo que habitaba el Valle de los Nobles y el monasterio. El cambio tenía que ser tan radical como violento, pues de otro modo corríamos el riesgo de quedar exactamente igual y eso era precisamente lo que yo no quería.



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Re: «The two in the path of the lost» Schröder

Mensaje por Gabriele B. Reinhard el Jue Jun 15, 2017 11:23 pm

Siempre tan parlanchín, tan dramático y tan ciego. Las palabras siempre hallaron cómo escapar de tu boca con fluidez, como la desembocadura de un río, aguas desesperadas por mezclarse con el mar. Para ti son dulces, para mí son saladas, palabras que uno prefiere no consumir. Y me aburres. Demasiada actuación para llegar a la conclusión de que no te importa lo que se haya dicho sobre mí ni lo que haya ocurrido conmigo. Un larguísimo discurso para hacerme entender que en un mundo tan terrible como este, sólo puedes preocuparte por ti mismo.  — La Orden es una organización estéril desde que abandoné mi puesto — Repliqué con aspereza. ¿Recuerdas esos días, Robert, en que yo era importante? No estoy segura si para ti siempre fui una simple señora que te enseñó a tocar un arte que ya no mereces. Quizá ni siquiera piensas en eso. Has estado absorto en tu monólogo, en tu carácter fantasmagórico que la muerte ha impuesto sobre ti, que quizá sólo estés repitiéndome las notas que tu viejo yo escribió en un momento de inspiración. Escúchame bien, Maquiavelo, La Orden ha sido una mentira, una completa aberración a la magia oscura, desde que sus fundadores abandonaron sus puestos. Tú mismo me lo acabas de confesar.

Agité la mano restándole importancia al asunto. Me conoces, ¿verdad? Sabes que yo me enfado muy fácilmente y este tema es bastante delicado. — Deja a los magos blancos existir, porque hay unos cuantos perdidos. Esos son incorruptibles, respetan su propio arte. Si La Orden se ha deteriorado es porque no han venerado lo suficiente aquello que nos da nombre. Se han corrompido, se han acobardado. Desde el principio buscaron acomodarse en su nube de poder y no se dieron cuenta de cómo su cerebro se carbonizaba. Si los blancos resurgen y se presumen ante ustedes, inalcanzables, con suerte aprenderán a respetar las artes oscuras. — Dicho aquello, di un largo trago a mi bebida, agotando el contenido para luego ponerme de pie y depositar el contenedor vacío sobre una mesa. — Pero tienes razón. El primer objetivo de La Orden fue erradicar a los magos blancos y con ello probamos nuestra supremacía. — Me volví a ti, viejo estudiante, y te miré con mis ojos brillando con rabia mezclada con nostalgia, con el destello de la única locura que ha logrado arraigarse en mi persona, y una sonrisa amplia en mis finos labios. — Mi generación estaba indispuesta a someterse a la regencia de Flamel. Antes la traición no era abandonar la magia oscura, sino volverse estúpido y banal. Pero las cosas cambian. Hoy, el único modo de abandonar La Orden es ir en contra de su cobardía. Por eso desaparecí. Saben quién soy, no se atreven a matarme, pero sí desprestigiaron mi trabajo. — Me acerqué un poco a ti, sin apartar la mirada de tus ojos. — Te he dado la razón. La Orden necesita reconstruirse, pero no ahora. Sólo un nigromante puede hacerlo y, de momento, no eres tú.


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Re: «The two in the path of the lost» Schröder

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Jue Jun 22, 2017 3:20 am

La escuché, la oí perfectamente, tomé todos sus puntos, pero fue ese último dicho lo que me molestó. Traté de ignorarlo, pero es que, ¿acaso había otro?, ¿había alguien mejor que yo? La miré fijamente, así como ella estaba mirándome a mí, pero ciertamente con eso no encontraría ninguna respuesta al respecto. Al menos coincidíamos en el punto de que La Orden ya no era lo que debía ser y que tenía que volver a levantarse sobre sus antiguos cimientos en algún momento y retomar aquello que siempre debió ser, pero que no era porque sus guías ya no estaban. Y es cierto, solo un nigromante podía hacerlo, pero, si no era yo, ¿quién? Yo era el único en Baskerville y de seguro en Pandora. De existir uno antes que yo, se sabría o al menos el algún momento se hubiera hecho notar. La existencia de la clase de magos que yo soy, no pasa desapercibida y mientras más antiguo se es, mayor potencia de la energía irradiada. Pero luego retiré mis ojos de los de Gabrielle y me moví otra vez, ahora me acerqué al cuerpo sin vida del hombre que había sucumbudo bajo la ira de mi antigua maestra. -Supongo que se las arreglará usted para deshacerse de este cuerpo- dije entonces agachándome junto al occiso para contemplarlo más de cerca, para oler su sangre, ese aroma metálico asfixiante tan propio de la hemoglobina.

El espíritu del hombre seguía retorciéndose sobre sí mismo y sufriendo la desgracia de su destino. Estaba aterrado y por instantes lo observé fijamente, con severidad. Eran insoportables cuando lloriqueaban sobre aquello que era totalmente culpa de ellos. Nadie los forzaba a vivir condenándose a sí mismos, en vida eran conscientes del mal que estaban haciendo y luego, llegado el momento del fin definitivo, rogaban misericordia mientras la oscuridad se cernía lentamente sobre ellos para arrastrarlos donde les correspondía estar. Patéticos. Arrugué la nariz y me levanté, dejé el vaso de whisky que me había acompañado hasta el momento sobre una mesita de apoyo y guardé ambas manos en mis bolsillos, volviendo mi atención hacia Gabrielle. -Eso que dijo, de lo que acabamos de hablar… si es cierto que no soy yo, ¿entonces a quién espera?- pregunté. Pues no olvidaba la seguridad con la cual había dicho aquellas palabras. Parecía como si estuviera diciendo algo de lo cual estaba totalmente segura, como si en parte conociera los tiempos que se avecinaban.

Es verdad que en un tiempo pasado existió otro nigromante, uno de los fundadores, uno al que seguramente ella conoció, pero él no estaba, había desaparecido y podía apostar a que estaba muerto. Tal vez al dejar La Orden, renunció a su obligación como servidor de la muerte y, por ende, tuvo que entregar su vida… por lo tanto, bajo esa premisa, no debía existir más. No había historias, no exisitían mitos ni leyendas en Pandora sobre algún ser que respondiera a la descripción de un nigromante. -Poco confía en el trabajo que llevé a cabo para llegar este punto… y no cree en las habilidades que me posicionaron allí donde llegué antes de convertirme en lo que soy. Usted pareciera tener las esperanzas sobre algo incierto… como si estuviese aguardando por un milagro- dije entonces. -Si sigue esperando, como parece que lo ha estado haciendo, jamás verá el cambio sobre el cual estamos hablando. Morirá antes… - y es que, ¿qué edad tendría? Lucía en sus cabales, ella no estaba loca y yo lo sabía bien, pero tenía la esperanza puesta en algo que yo desconocía, en algo que tal vez no era real.



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Re: «The two in the path of the lost» Schröder

Mensaje por Gabriele B. Reinhard el Sáb Jun 24, 2017 11:57 pm

La sonrisa con la que te contemplaba no menguó pese a tus palabras, que, según tu juicio, era lo más lógico que podías decir, la única conclusión que los ciegos de tu clase son capaces de tener. Pero no te juzgo, Robert. Hace años que dejaste de ser mi estudiante y hará muchos años más que tu mente comenzó a contaminarse por la nueva doctrina de La Orden. Todos ciegos, estúpidos. Tú además pecas de egoísta y te autocompadeces de tu esfuerzo, del sudor que emanó de tu frente para convertirte en lo que eres hoy. No lo menosprecio, pero no creas que es lo máximo a lo que puedes aspirar.

Joven, ciego e inexperto. ¿Me dirás a mí, que conviví con los más grandes nigromantes de este mundo, que desconozco el proceso? ¿Que mi confianza no es suficiente para tus ambiciones? ¿Me dirás que construimos el Imperio de Oscuridad con nigromantes recién convertidos? Esa edad que crees ha de matarme es la misma que me permite discernir entre lo incierto y entre lo que ha de ocurrir en el futuro. Llevo décadas aguardando pacientemente a que tus superiores, cáncer a lo que solía ser glorioso, consumieran el concilio hasta dejarlo inservible. No me dirás que lo que he esperado ha sido en vano, porque sé muy bien que el inicio de una nueva era llevará tus mismos ojos. Y esperaré más hasta que madures lo suficiente. Incluso morirás antes que yo y verás que lo que he esperado no ha sido producto de una demencia que temes aceptar como tal. — Mi discurso emanaba de mis labios sin un ápice de enojo. Al contrario, te hablaba con la misma gentileza con la que te instruía, con ese tono de voz que se mezclaba perfectamente con la firmeza que te corregía a cada error. Tendrás arrugas por toda la cara, podrás lucir consumido por tus decisiones, pero seguirás siendo un chiquillo egoísta para mí, Robert. Es inevitable. ¿Serán los años?

No te culparé por ser incrédulo. Has pasado mucho tiempo conviviendo con los ancianos, has trabajado demasiado para ellos, que en algún momento debiste perder esa ambición innata y prudente que caracterizó a tu familia durante años. La pobre Anabelle sufrió las consecuencias. Se dio cuenta a tiempo, pero no fue tan sensata como habría esperado. — No vayas a creer que la traición de los míos me obligó a considerar siguiera la doctrina de los magos blancos. Recuerda que si he sobrevivido tantos años es porque soy leal al propósito original de La Orden y no al puñado de cobardes avariciosos que se jactan de ser sabios.


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Re: «The two in the path of the lost» Schröder

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Dom Jun 25, 2017 4:05 am

Sus palabras eran finas dagas lanzadas con una furia elegante de la que me hice rápidamente consciente. Esta conversación era la metáfora de cómo había muerto ese que yacía sin vida en el suelo. Lengua viperina, pero siempre elegante, sin perder la compostura. Fría, calculadora. Alcé un poco mi barbilla, desafiante, ¿qué era eso que estaba diciendo?, ¿cómo osaba decir que yo moriría antes que ella? Yo no había cruzado el umbral de la muerte para perecer, ¿quién podía contra mí? Solo la señora a la cual yo servía. Apreté los dientes y así mismo mis manos dentro de los bolsillos de mi pantalón. No me importaba cómo ni quiénes, ¿dónde estaban esos que se suponía fueron los grandes y fabulosos fundadores?, ¿por qué habían desaparecido?, ¿acaso acabaron consumidos y finalmente muertos? El cementerio perteneciente a La Orden era un campo sembrado de huesos que antaño supuestamente pertenecieron a grandes eminencias… pero ahora no eran más que polvo, no le servían a nadie más que a la tierra misma.

-Anabelle pudo tomar una decisión diferente y de haberlo hecho, estaría viva, pero traicionó a su propia sangre- dije no sin un dejo de ira en la voz. Su recuerdo me indignaba, ya estaba más que muerta, ¿por qué recordarla?, ¿por qué traer de regreso su memoria? -Fue tonta, débil, decantó por lo más fácil y de paso ensució el apellido de mi familia, esa que usted conoce desde mucho antes de mi nacimiento. ¿Cómo osa mencionarla?- pregunté entrecerrando los ojos. -Usted ciertamente ha perdido la cabeza. Tanto tiempo fuera de su labor principal, el haberse apartado para encerrarse en este lugar, no hicieron más que quitarle aquella esencia que solía tener en aquellos años que era mi maestra- no iba a ocultarle el hecho de que estaba indignado y ofendido por todo lo que había dicho. Si ella pretendía esperar algo más, que lo hiciera, ya dejaría yo flores en su tumba el día que dejara de existir. Si no contaba con su apoyo, si ella no pretendía ayudarme con aquello con lo que ambos estábamos de acuerdo, no perdería mi tiempo discutiendo o negociando. Tenía por ahora lo suficiente y pronto tendría lo necesario, ¿no me las había arreglado yo por mi cuenta en muchas ocasiones para conseguir algo?

-Espero que en algún momento se dé cuenta de lo equivocada que está, madame Reinhard- solté entonces mirándola fijamente. -Creo que es momento de que me vaya. He terminado aquí- agregué. El espíritu de Mircea de todos modos seguía allí, le quedaban algunas horas, pero no iría a ninguna parte, estaba atado a su propio cuerpo. -Supongo que sin su… mayordomo, su vida será tan solitaria como a usted le gusta- y aunque me hubiese gustado decir más, preferí callar. Apostaba a que Gabriele interpretaría mi silencio. Pasé junto a ella en dirección a la salida y sin dedicarle siquiera una breve despedida, abandoné aquella mansión. La ira solo potenciaba mi estado inestable a causa de la luna menguante… y eso me molestaba. Debía regresar a mi hogar, pero antes debía ir al cementerio que colindaba con los terrenos de La Orden, pasaría por Mörder y entonces iría a resolver los asuntos que me correspondían allí en la tierra de los muertos.



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Re: «The two in the path of the lost» Schröder

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