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Apricis die [Priv. Bergen Weiss]

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Apricis die [Priv. Bergen Weiss]

Mensaje por Jane E. Bishop el Miér Mar 01, 2017 12:02 am

Muralla, 12:00 hrs

El sol golpeó fuertemente mi rostro cuando salí de una de las cámaras de la muralla. Olor a sal y humedad. El puerto de Zarkaros, más específicamente en la muralla. El Hawk Silver tocó puerto hace un par de días, como lo hacia normalmente para recoger provisiones (en su mayoría ron para mi caprichoso capitán) y mujeres para el resto de los tripulantes que necesitaban una buena sesión de relajación en el burdel más famoso de esos lares. Naturalmente a mí no me interesaba adquirir los servicios de una bella dama para quitarme todo el estrés de encima, yo prefería otro tipo de cosas, como caminar, nadar, leer, o ir a la plaza más cercana a escuchar músicos callejeros, ver obras de teatro de actores locales, o compañías de circo itinerantes. El mundo terrestre era demasiado hermoso como para limitarme a visitar una taberna maloliente cada que tocaba puerta junto con mis compañeros piratas.

Estaba acostumbrada a los días de mucho sol. Lo soportaba. Tanto tiempo navegando esas aguas bajo el sol ardiente me hizo acostumbrarme, como todos los marinos habidos y por haber. De lo único que podía quejarme era del color de mi piel, poco a poco se iba poniendo un poco más morena, y poco a poco iba sintiéndome más humana de lo que me gustaría. Extrañaba a mi familia, no podía negarlo. Muchas veces haciendo mis tareas de grumete me planteaba la idea de saltar al mar de una buen vez y regresar a casa, pero algo me impedía irme. Algo más allá de mi misión personal de rescatar a mi hermano, ¿qué sería eso? Definitivamente algo bueno. Me hacia desistir de ser débil y obedecer a mis caprichos.

Me aproxime a uno de los muros de la muralla y me escondí tras la sombra que la pared proyectaba en el suelo. Se senté en el suelo sin que me importara la tierra o la humedad de la construcción misma, recargué mi espalda en la piedra lamada y use mi sombrero para cubrir mi rostro. Relajante. No veía nada, pero podía escuchar las olas del mar chocar con la muralla, gaviotas a lo lejos, y un suave murmullo que venía del puerto por las actividades del día. Sonreí tras mi sombrero, eso sí aliviaba cualquier mal que tuviera, no un par de putas ni un tarro de cerveza.




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Re: Apricis die [Priv. Bergen Weiss]

Mensaje por Bergen Weiss el Miér Mar 01, 2017 2:12 am

E
l tiempo era algo interesante, una fuerza que siempre avanzaba más la percepción de esta era lo que lo volvía enigmático, podía moverse con una velocidad increíble o parecer eterno, y sin importar como se perciba es capaz de extinguir vidas y objetos. Días pasaron y el hombre perdió la cuenta, enfocado en seguir sus pasos hasta donde lo llevara el viento, después de todo no tenía un hogar, no tenía una misión, su único objetivo era sobrevivir; Ya habían pasado más de un mes que había salido Mördvolathe sus asuntos habían terminado y la larga estancia lo había sofocado, la costumbre lo había abrazado y empujado a salir nuevamente al mundo a vagar sin rumbo fijo en busca de un lugar que le permitiera encontrar la paz que deseaba encontrar, un lugar el cual le permita formar lazos tan fuertes con la tierra que lo motiven a levantar las paredes de aquel lugar que llamaría hogar.

Finalmente su larga caminata había terminado, el hombre se encontraba un poco sediento, andrajoso y con el calzado destrozado de tanto andar, la travesía por las montañas no había sido piadosa sin embargo incluso en medio de una tempestuosa tormenta, el licántropo había encontrado la fuerza para continuar y finalmente descender, aunque por desgracias las pierdas habían desgastado su calzado y era totalmente inservible, tras entrar a la pequeña villa costera que marcaba el inicio de la frontera del territorio de Zárkaros, se dispuso a ir a la primera posada que encontró, la ventaja de los largos viajes, es que no había tiendas en donde gastar el dinero, uno aprendía a vivir de la naturaleza y confiar en sus instintos, razón por la cual tenía casi todo el botín de la última misión que había hecho para el Titan Alado, una vez en el lugar los dueños pensaron en echarlo a patadas, pero al sacar el dinero amablemente reconsideraron la postura y ofrecieron un cuarto, al subir el hombre paso dos días durmiendo, y al tercer día finalmente se bañó y salió de la posada y se dirigió con el sastre local, mando rezurcir su atuendo y compro algo ligero para turistear, era la primera vez que vería el mar.

La mañana paso rápido, y el hombre el cual se encontraba ensimismado en la tranquilidad de la pacifica villa, compro algunos artículos de dibujo que le hacían falta y se dirigió finalmente a la muralla, y al llegar se quedó asombrado al ver tal paisaje, su semblante serio se suavizo un poco y una tímida sonrisa adorno su rostro, respirando fuertemente la brisa marina, era realmente refrescante, el sonido de las olas rompiendo contra la muralla era un sonido realmente relajante, y sin pensarlo comenzó a dibujar con carbón el paisaje, no era realmente un profesional, pero aun así ponía su empeño y no sentía que fuera tan malo en ello, menos con el esfuerzo que le ponía a las cosas, realmente se esforzaba y se sentía orgulloso del progreso que había tenido en su técnica a lo largo de los últimos años “Realmente no me esperaba que fuera tan hermoso, cuando lo vi desde la punta de las montañas” Era realmente asombroso el hecho de que las montañas de Mördvolathe fueran tan grandes como para permitir ver el mar. Unos minutos pasaron y antes de que este terminara contemplo a una chica, su olfato era agudo, y aun y con el salino aroma del mar, este se percató de la naturaleza de la chica, nunca había conocido una tritón, y realmente habían muchas dudas que surgieron en su cabeza, los rumores decían que dentro del mar ellos tenían su metrópolis, aun así al verla caminar con tanta tranquilidad simplemente hiso que este guardara silencio para respetar su espacio, y con eso este continuo su dibujo, hasta que en un cambio de carbones, uno de ellos cayó cerca de donde estaba, de manera totalmente accidental, mirando hacia abajo para alzar la mano — Jovencita… disculpa, se me cayó un trozo de carbón cerca de donde está, me lo podría pasar — El hombre se encontraba sentado sobre la muralla, usando de asiento la pared que ella usaba para cubrirse del sol.



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