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Tempus fugit × Jane

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Tempus fugit × Jane

Mensaje por Helena D. Corso el Lun Ene 02, 2017 10:43 pm

Tempus fugit, sicut nubes,
quasi fluctus, velut umbra
«El tiempo se escapa como una nube, como una ola, como una sombra»



El petricor logró colarse por las ventanas y aún más fácilmente por la puerta abierta de la taberna. Sombra del Edén parecía un refugio agradable bajo la agresiva lluvia de aquella tarde, y el rumor de los comensales opacaban el sonoro golpeteo de las gotas. Hacía frío. El viento previo a la tormenta trajo consigo corrientes de aire gélido que hacían muy mala compañía a la lluvia. Sin embargo, esa mala combinación era beneficio puro para la dueña de aquella posada. Corso, desde luego, siempre había logrado aventajarse de la desgracia ajena al proporcionar un alivio inmediato y accesible. Alimento para aquellos que sentían tullidos por el frío y cerveza para los corazones sensibles, así como para los hombres enemigos del aburrimiento. En Valtesi, gratas y cálidas caricias en su burdel. Pero no estaba en la región neutra para ver los rostros de quienes daban todo su dinero por sonrisas fáciles y buena compañía, sino en Zárkaros, en la región en donde la delicadeza de las mujeres del mar se mezclaba con el andar tosco de los comerciantes y de los piratas. Risas escandalosas, cerveza por doquier.

En la barra se encontraba ella, sentada, hundida en un silencio solitario y meditabundo. Y, como de costumbre, daba la espalda a los suyos, como si fuese ella una mujer común y corriente que buscaba el consuelo de un buen licor. El consuelo del whisky, con más precisión. De cuando en cuando echaba miradas efímeras al vaso cristalino que contenía el líquido ámbar, pretendiendo que había algo más, un mundo pequeño sumergido dentro del recipiente cuando sólo había memorias sin forma, palabras y una voz que las esgrimía. Pero no había suspiros, tampoco nostalgia. Esa mujer comprendía que los siglos que había pasado en ese mundo no valían la melancolía en comparación a lo que faltaba por vivir. Tampoco se trataba de una criatura que tuviese esperanza ni nada parecido, sino que era meramente su ambición la que la impulsaba a no ser ella misma la que terminara con su tétrica existencia, porque, fuera de lo que hacía, no había nada más. Los hombres, todos efímeros, habían tomado sus años, pero ya no había nada que pudiesen ofrecer. El peso de la eternidad era cada vez más claro.

De un último trago, apuró el contenido del vaso. El recipiente volvió a la superficie de la barra, vacío, y los dedos de la inmortal comenzaron a golpetear impacientes el cristal. Entonces torció una sonrisa. «Es la primera vez que veo a un vampiro beber». ¿Y qué tenía de maravilloso una vampiresa humanizada? Esas palabras eran, además, un mero recuerdo. Una memoria sin valor. Palabras esgrimidas en el punto álgido de su ignorancia que comenzó a minimizarse un poco. Cualquiera que visitase con frecuencia aquella taberna tendría la oportunidad de ver a un inmortal gozar de las maravillas del alcohol sin verse afectado por el mismo. A ella, cuando menos, no le importaban las ideas tontas de su raza.

Suspiró. Apartó el vaso de sí para exigir más whisky. — ¿Alguna novedad, Alekséi? — Preguntó al hombre que se encontraba detrás de la barra, enteramente dedicado a la tarea de limpiar las botellas. El albanés se limitó a negar suavemente con la cabeza, agradeciendo que por primera vez no hubiese tanto caos en Pandora ni criaturas exigiendo venganza por medio de cartas y contratos. No, él conoció la voluntad de Geshë antes de que ella perdiera la memoria y por ello se sentía a gusto en medio de aquella tranquilidad forzada por la tormenta. Ella, en cambio, no parecía conocer sus propios deseos, parecía inquieta a pesar de su comportamiento sosegado.







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Re: Tempus fugit × Jane

Mensaje por Jane E. Bishop el Mar Ene 03, 2017 3:11 pm

El tiempo corría. Uno. Dos. La marea turbulenta, la tempestad de las olas se estrellaba contra los cascos del barco. Los marinos iban  y venían con sogas atadas a la cintura o a los tobillos. El aire golpeó fuertemente las velas y el barco dio una sacudida. La lluvia arreciaba a cada segundo, y sobre ella se alzaban nubes negras majestuosas, la madre natura imponiendo su superioridad ante las razas de los hombres. El cielo se estaba cayendo y no podían hacer nada al respecto más que rezar. Tres. Cuatro. ¿Rezarle a quien? Ningún dios es real más que el titan de titanes azotando Zárkaros con toda su furia. Agua versus agua, y lo único que se interponía era el Hawk Silver. Debían tocar puerto y quizá quedaría algo de ellos... Hay tierra a la vista. Se dirigen al puerto. —¡Las velas van a rasgarse!— escuchó la voz de un marin.  —¡No!— escuchó la voz del capitán —tomaremos ventaja del aire para tocar puerto—. Él parecía muy divertido. Jane dudaba que fuese buena idea. Cinco. Seis. Llegaron lo suficientemente cerca, pero no podían avanzar más o golpearían los arrecifes. Jane y los otros estaban empapados de pies a cabeza. Izar las velas fue la siguiente indicación. Jane corrió al extremo del barco y jaló la soga con otros cuatro. El viento fue muy fuerte y los botó un dar de veces. A duras penas pudieron subir las velas y atar las cuerdas a los mástiles— ¡Filen anclas! —fue la siguiente indicación. Los pesados metales cayeron a cada lado, cerca de la proa. Siete. Ocho. Bajaron en pequeños barcos con remos. Les fue difícil evadir el oleaje, pero era marea alta y el viento estaba en su favor. No tardaron en tocar la madera fija del muelle y dejaron los botes amarra. La mayoría de sus compañeros decidieron ir a un burdel, pero Jane no tiene nada que hacer en un lugar así. Optó por la taberna más cercana. El nombre "Sombra del Edén" rezaba en el letrero de la entrada. Entró. Fue inevitable estremecerse por el calor de adentro, la música y risas. Nueve. Diez. Tras escurrirse en la multitud llegó a la barra, le sonrió al tabernero y le pidió una cerveza. Nunca le gustó su sabor ni entendió como a tanta gente le gustaba beberla, pero ese no era un momento para ponerse a pensar lo bien o mal que sabía una simple bebida. Quería entrar en calor, que la ropa se secara, poder dormir tranquila esa noche. Alguien una vez le dijo que la cerveza servia para eso.

La cerveza llegó a sus manos en un gran y pesado tarro, lo sujetó con las dos manos para que no se le resbalase. Le faltaba practica. Le dio un trago. Amargo. Hizo un mohín de desagrado pero pronto volvió a beber. Seguía amargo. Dejó el tarro sobre la barra y se limpió los restos de espuma de la comisura de la boca con la manga de su camisa. Recargó los codos en la madera y se dispuso a observar el liquido oscuro de la cerveza, tan turbio que no podía ver otro lado del tarro. Suspiró aburrida. ¿Que debía hacer ahora?

Volteó. Hay una dama a su lado, a dos bancos de distancia. La observó de reojo. Tiene una bebida ámbar entre sus dedos, Whisky según sus conocimientos adquiridos por la tripulación del Hawk Silver.  Creía conocerla de alguna parte. Le dio un nuevo trago a la cerveza tratando de ver entre sus vagos recuerdos ese rostro que le parecía familiar. Un segundo trago. No, no la recordaba. Tal vez se estaba confundiendo. La mujer parecía tan tranquila como ella, probablemente solo estuviese aliviada de salvarse de esa terrible tormenta, estaba seca a diferencia de ella, que escurría agua sobre el suelo. Solo esperaba que nadie allí viera eso como un problema. No tenía mucho dinero, el suficiente para una comida y para descansar en esa misma posada. Tal ves tuviese que exigirle un sueldo más considerado a su respetado capitán.

Jane le dio otro trago a la cerveza y se aclaró la garganta —Clima hostil, ¿no es así?— preguntó, sin ninguna otra idea para empezar un conversación.





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Re: Tempus fugit × Jane

Mensaje por Helena D. Corso el Miér Ene 04, 2017 3:06 pm

Como si la marea los hubiese arrastrado hasta ahí, una nueva oleada de clientes saturó la taberna y poco a poco el local comenzó a abarrotarse de gente, todos buscando librarse de la lluvia y de paso conseguir un buen trago. A nadie le importaba realmente ver que el piso fuera víctima colateral de las inclemencias del tiempo, puesto que los hombres parecían bastante habituados a esa clase de clima y acostumbrados a caminar con el cuidado suficiente para no resbalar o, peor aún, derrabar la cerveza. Después de todo, Zárkaros era una región húmeda y las lluvias, aunque no siempre tan terribles, eran constantes. Pero todo eso no parecía importarle en nada a la inmortal.

Recibió más whisky como exigió y no demoró en dar el primer sorbo. Si quería seguir los vicios y las excusas de los mortales, estaba siendo bastante contraproducente. La misión principal de un buen trago era desinhibir los sentidos, entregar la mente a los efectos que liberaban la tensión por la cual se bebe y, finalmente, barrer con todo pensamiento para reemplazarlos con insensateces. Pero con ella no funcionaba así. Corso no podía embriagarse ni mucho menos contaba con el consuelo de saber que el alcohol la libraría de su memoria. Caso contrario, el sabor del whisky avivaba todavía más a los ya impetuosos pensamientos entorno a su pasado. Así que debía renunciar a ese placer, quizá por un poco de consideración a su persona.

Incapaz de desperdiciar el whisky, lo agotó de un trago y dejó el vaso cerca de sí, a fin de que Alekséi no lo interpretara como la solicitud de más. Entonces suspiró y cerró los ojos por un momento, buscando distraerse con los clientes que abarrotaban su negocio. Logró reconocer a alguno de ellos por el olor, tripulantes del Hawk Silver que habían hecho bien al huir de la tormenta o, en su defecto, que se vieron obligados a tocar puerto al saberse incapaces de luchar contra el clima. Apostaba a que Davy Jones se sentía satisfecho con barrer la superficie del mar y que en el fondo, en Vandkratos tal vez, la situación estaría tan tranquila como de costumbre. De cualquier manera, no había nada que reprochar. Haría falta limpiar Sombra del Edén con minuciosidad cuando todos se hubieren marchado, pero al final del día las ganancias dejarían a todos completamente satisfechos.

Bajo otras circunstancias, no se habría tomado la molestia de mirar a su interlocutor, pero aquel timbre en su voz, bien oculto bajo la aspereza de la misma, captó su atención. Al principio lo creyó como una mala broma y consideró que lo mejor era ver quién se tomaría la molestia de distorsionar el sonido con el que esgrimía palabras. — Lo es — Respondió con la impotencia de cualquiera que se enfrente a una tormenta. Todos sabían que respecto a eso no podía hacerse gran cosa. Sin embargo, eso tampoco le interesaba, sino lo que vieron sus ojos. A juzgar por el olor que compartía, muy discretamente con James, podría decir que la criatura a su lado era un miembro más de su tripulación, pero no, no era tan simple. Aquello implicaba cierta insignificancia de la cual ella carecía. Sí, ella. — Aunque no es muy difícil sacar ventaja de ello y tampoco está mal tener otras excusas para atraer a buena parte de los hombres del capitán Reed que no sean los negocios.  — Añadió, resaltando el hecho de que la tripulación presente era lo suficientemente numerosa para hacerse notar. Hizo una pausa, entonces, permitiéndose unos segundos para examinar a la persona con quien compartía palabras. — Me parece que nunca te he visto por aquí — Señaló con afán de impulsar la conversación.







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Re: Tempus fugit × Jane

Mensaje por Jane E. Bishop el Lun Feb 20, 2017 10:30 pm

Después de una pausa, Jane volvió a acercar el filo del tarro a sus labios para darle un nuevo trago a su bebida. Amargo. Odiaba tanto ese sabor y no sabía cómo mierda estaba bebiéndolo en ese preciso instante. Tal vez la grumete estuviese en busca de ese estado de letargo y decadencia que todos los tripulantes adquirían al excederse en cualquier tipo de alcohol, ese que les hacía oler peor de lo que lo hacían a la mañana después; que a pesar de sus cuerpos fuertes y robustos capaces de aguantar la más terrible de las tormentas, los volvía propensos a caerse aún en tierra firme. O tal vez solo buscaba algo que hacer con el improvisado tiempo que tenía, esta sitiada en ese lugar con la tormenta azotando el puerto allá fuera, ¿qué hacer en situaciones como esas? Algunos hombres preferían el sabor de los labios de una mujer fatal, otros de la amarga espuma de la cerveza, y otros como ella que no encontraban ninguna de las dos satisfactoria, se decidían de una de las dos opciones tras pensar en el lapso de tiempo que estarían ahí encerrados, entonces doblegaban su espíritu recio y moralista y se disponían a probar una de ellas. En su caso la segunda. Las mujeres eran hermosas, seguramente, pero no era su tipo querer una mujer en su cama. Como aquella que estaba al lado suyo, muy linda sin duda, pero mujer al fin y al cabo. No, no. Sus gustos eran bastante diferentes.

Tragó duro cuando escuchó el nombre Reed. Bajó el tarro y se aseguró que estuviese en la seguridad de la madera de la barra para voltear a ver a la desconocida —¿Qué?— tras unos segundos en silencio, buscó con la mirada a los hombres del Hawk Silver que habían tomado su mismo camino y estaban presentes en la taberna, haciendo desmanes a unas mesas de distancia. Vio sus vestiduras y ropajes. Sucios y empapados. Vio entonces las suyas en igual condición. No se le hizo extraño entonces, que la mujer adivinara de donde y con quienes venía. De lejos podía saberse que eran de la misma calaña tan solo con el olor y esa forma grotesca de caminar a la que Jane estaba lejos de acostumbrarse. No se alarmó. Era conocida de Reed —Nunca— contestó sin tener mucha seguridad en sí podía o no confiar. No había tenido tratos con otra fémina desde que se internó en las suciedades de la piratería, y a las pocas que había tenido el gusto de conocer (la mayoría mujeres del capitán) le daban tan poca buena espina que terminaba por desaparecer. Las mujeres son más perspicaces que los hombres por naturaleza. Ha estado meses rodeada de hombres y están tan lejos de saber su verdadero nombre como lo estuvieron el primer día. En cambio una mujer era otra historia, casi podía asegurar que con verle caminar adivinaban que no era en realidad lo que aparentaba —En realidad es la primera vez que vengo. No soy muy habido con las mujeres ni con el alcohol…— rio por lo bajo— además, siempre que tocamos puerto siempre me dejan el barco a cargo. Limpio la cubierta y esas cosas.

Le dio el último trago a su cerveza y dejo el tarro vacío alejado de ella, cerca de quien fuera que estuviese tras la barra. Metió una mano al bolsillo de su pantalón y sacó una pequeña bolsa de tela marrón con algunas monedas dentro. Sacó exactamente la cantidad por la que valía su compra y puso las monedas encima de la barra, acercándolas hacia el otro extremo. Después de guardarse nuevamente sus monedad, le sonrió a la mujer —Mi nombre es Bishop. Bueno, en realidad es John pero me conocen por Bishop. Así me dicen…— se encogió de hombros antes de que su estómago rugiera. Sus mejillas se tiñeron de rosa por la vergüenza que eso implicaba. Tosió y se aclaró la garganta, intentando disimular ese extraño ruido. Le sonrió con nerviosismo antes de volver a toser, ahora de verdad y no intencionado.





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Re: Tempus fugit × Jane

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