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Cold winter, lost past × Maximus

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Cold winter, lost past × Maximus

Mensaje por Helena D. Corso el Vie Dic 09, 2016 12:24 am

La dificultad de sus misiones había aumentado de manera proporcional a sus habilidades y a la influencia que había llegado a tener en el submundo. Había desmantelado conspiraciones, había dado caza a las cabecillas del tráfico de humanos a lo largo de la isla, incluso en ese momento planeaba purgar la milicia de Zárkaros y de esa manera penetrar una barrera que hasta el momento le parecía insondable. Sin embargo, los encargos más sencillos jamás dejaron de llegar a ella. La diferencia estaba en quién los llevaba a cabo. Sus hombres, generalmente los de más bajo rango, se encargaban de dar caza a los ladrones de la isla, aquellos que se habían atrevido a tomar objetos de las personas equivocadas. En ocasiones había que cobrar venganza a nombre de alguien más y en otras recuperar a seres perdidos.  Para un hombre adinerado no había mejor inversión que un buen matón, que una bestia con la suficiente frialdad para no tomar partido en su contra bajo ninguna circunstancia. No obstante, Helena se reservaba ese derecho y no había más remedio que acatar su voluntad.

Y esa misma voluntad suele venir acompañada de una inconstancia difícil de predecir. Quizá se le atribuía al hastío, tal vez no le apetecía gastar su mente en las mismas cosas todo el tiempo. ¿Cuántos días llevaba planificando una u otra cosa? Helena se propuso desatender un momento su cacería y, lejos de entregarse al ocio, decidió dar oídos a un hombrecito que exigía desesperadamente que se recuperara un objeto que le habían robado a las afueras de Valtesi. El cliente había pasado la mañana entera enfurruñado en su habitación, alegando que no quería ser recibido por un segundo ni que a su encargo no se le diera una prioridad proporcional al pago. Él quería que la inmortal se hiciera cargo, puesto que no era la primera vez que iba a ella con una petición y conocía a primera mano la eficacia de la mujer. — Me robaron varias cosas y me interesa recuperarlas todas antes de que terminen en manos de algún prestamista de mala reputación o perdidas en esta maldita isla. Puedes hacer lo que quieras con esa banda de liantes. Si quieres convertirlos en tu cena, mejor para mí. Nos libras a todos de esa maldita peste. — Espetó de mala gana cuando la inmortal se dignó a escucharlo. — No se molestaron en seguirme más allá de la región, así que imagino que tienen su escondrijo en Valtesi. No les vi la cara, ni alcancé a contarlos bien, pero estoy seguro de que esos cobardes siguen rondando Valtesi. Yo te esperaré aquí hasta que vuelvas. Entonces te daré tu paga junto con lo que corresponde a la posada.

Saber dónde tendría que buscar reducía sobremanera el tiempo y el esfuerzo que tendría que invertir en la misión. Contaba, además, con más de una ventaja y era que la información se le facilitaría con tan sólo presentarse en los lugares indicados, sin mencionar que las mujeres de Danza Lunar contarían ya con alguno que otro dato de utilidad. Así pues, se dispuso a abandonar la región con rumbo al corazón de Pandora con el burdel como primer punto de información. Buscaba, más que nada, cualquier rumor acerca de robos a las afueras de Valtesi cuyos autores fueran hombres con el rostro oculto. Si las deducciones de su contratista eran ciertas, debían tratarse de humanos, hombres en su mayoría. Fuera de eso, sería complicado dar de buenas a primeras con alguna descripción que expusiera la identidad de cualquiera de los ladrones. Las chicas sabían muy poco, habían escuchado rumores de asaltos que no tenían nada rescatable para ser considerados como útiles, de modo que sus siguientes paradas fueron ciertas casas de empeño cuya inclinación claramente la favorecía, mas no la información recabada.

Suspiró. Nadie parecía saber nada e indagar más sería riesgoso. Cabía la posibilidad de que alguien alertara a los ladrones y que terminara más lejos de alcanzar su objetivo. Su plan B consistía en montarles una trampa. Buscó por la ciudad algún carromato que estuviese por abandonar Valtesi y la abasteció con un cofre que en realidad estaba vacío y un objeto lo suficientemente llamativo para requerir mayor discreción por parte de los viajeros.  Sin embargo, ella no los acompañaría. De modo que, sin compartir sus intenciones con aquellos humanos, permaneció oculta en la región, esperando en la frontera a que los hombres volviesen a atacar. No estaba segura de que todo tendría éxito, pero intentar no implicaba ninguna pérdida.




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Re: Cold winter, lost past × Maximus

Mensaje por Maximus Blackwood el Lun Dic 12, 2016 7:42 pm

Seguía sin acostumbrarse del todo a esa extraña tierra de nadie y lo cierto es que no había día en el que no pensara en cuan injusto había sido el hecho de que lo condenaran a vivir hasta el día de su muerte en aquella parte del planeta. En aquel momento o era su vida o la de los asesinos de su novia, ¿es que acaso era pecado luchar por la propia vida? Los había eliminado antes de que lo eliminaran a él, fue simple supervivencia. Hasta el día de hoy, cada vez que dormía, la imagen de su amada cruzaba frente a sus ojos… ella con la vista sin brillo y aquel mortífero agujero sangrante a la mitad de su frente, ¿por qué tuvo que ser así? Llevaba tiempo sin descansar lo suficiente, le era imposible, dormía siempre inquieto y despertaba frecuentemente bañado en sudor tras una que otra pesadilla, ¿alguna vez todo esto iba a regularse?, ¿alguna vez, dentro de lo que le permitiría la vida, podría estar tranquilo?

En ese momento se encontraba en la posada que hasta ese momento le había servido de hogar, bebía un vaso de agua con limón, su vista se distraía con los que estaban allí comiendo y conversando, pero su curiosidad no llegaba más allá, no tenía ánimos de incluirse en ninguna charla, prefería mantenerse al margen en esta ocasión. Le dolía un brazo, de hecho tenía un corte a la altura de su deltoides derecho, un descuido de su parte en el último asalto a un carruaje. Se había limpiado por supuesto y tenía una venda, pero la herida no tenía más de un día u su profundidad no era insignificante. Tenía la esperanza de que ese día podría descansar, su plan era acabarse el agua y subir a su habitación para tenderse en la cama y no moverse hasta que el hambre lo hiciera marearse.

Pero justo cuando estaba en el proceso de subir las escaleras hacia el sector de los dormitorios, la puerta de la posada se abrió y entró un grupo relativamente escandaloso. Reconoció la voz de uno de los miembros de la banda a la cual pertenecía y se detuvo, cerró los ojos y esperó unos segundos ‘¡Eh, Blackwood!’ oyó entonces al líder y apretó los dientes, ¿por qué siempre tenía que ser así? Cuando quería descansar, algo tenía que ocurrir para que eso no se diera. Giró sobre sus talones e hizo un gesto con su cabeza a modo de saludo, después bajó y fue a reunirse con ellos -Pensé que estaban ocupados con unas muchachas, como dijeron que harían- dice cruzándose de brazos. ‘Lo estábamos, muchacho, lo estábamos, pero el trabajo llama’ respondió el mismo hombre que le había llamado ‘Ve a reunir tus cosas, nos juntamos fuera en cinco’ y dicho esto, el grupito volvió a marcharse dejando a Maximus dentro. -Porca miseria… - murmura entre dientes el ojiazul y sube por sus implementos para salir a reunirse con los demás.

El trabajo consistía en asaltar un nuevo carromato que venía con mercancía, no tenían idea de qué era específicamente, pero cualquier cosa era útil, hasta la más mísera prenda de ropa podía servir para intercambiar. El rubio no era precisamente un adorador de su trabajo actual, pero lo cierto era que no tenía demasiadas opciones, debía pagar alquiler y comer, así que debía velar por el bien mayor y no reparar en sus jucios morales. Se separaron todos cuando llegaron al lugar por el que pasaría dicho carro, tan solo debían esperar, la dinámica sería la misma de siempre y si todo salía como siempre, no tendrían nada que lamentar. Maximus se encaramó sobre un árbol y se ajustó la pañoleta en el rostro dejando tan solo sus ojos visibles, se aseguró de tener sus armas simples a mano y esperó. El objetivo no tardó demasiado en llegar y de buenas a primeras parecía ser lo mismo de siempre. El joven Blackwood suspiró pesadamente, aburrido… realmente extrañaba su trabajo en esos momentos, las misiones, la adrenalina, el riesgo a cada paso, ¿alguna vez volvería a tenerlo?

Entonces… ¡BOOM! Sus compañeros se dejaron caer y él esperó otro poco más para hacer lo mismo, manteniendo la guardia, observando, vigilando, asegurándose de que nadie miraba, que no tenían más testigos que los desafortunados que venían en el carromato. Todo parecía dentro de lo normal, pero pronto notó algo extraño, los sujetos no parecían demasiado inquietos, tenían miedo, pero no rogaban por otra cosa que no fuera sus propias vidas, no hablaban de la mercancía como todos solían hacerlo, no imploraban porque les dejaran ir con todo y eso lo alertó. -Esto no pinta nada bien, jefe- comentó y se acercó a ver la carga. Había un objeto que parecía interesante, pero no era algo con real valor. -Mierda… - murmuró y abrió el cofre tirándolo al suelo… vacío. -Es una trampa- advirtió sin gritar -Sería prudente correr… nos deben estar viendo justo ahora. Hay que separarnos y volver- agregó acercándose al líder. El hombre hizo un gesto positivo con su cabeza y de inmediato todos tomaron un rumbo distinto. Por su parte, Maximis se quedó allí unos momentos más, mirando a los viajantes, pero no dijo nada. Finalmente retrocedió y se internó en la vegetación, sacó el kerambit que había logrado conseguir en una herrería, uno bastante rústico, pero bueno pese a eso, y se echó a la carrera, siempre alerta, si los habían estado viendo, en cualquier momento les caerían encima.


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Re: Cold winter, lost past × Maximus

Mensaje por Helena D. Corso el Mar Dic 20, 2016 4:04 pm

La dificultad de sus misiones había aumentado de manera proporcional a sus habilidades y a la influencia que había llegado a tener en el submundo. Había desmantelado conspiraciones, había dado caza a las cabecillas del tráfico de humanos a lo largo de la isla, incluso en ese momento planeaba purgar la milicia de Zárkaros y de esa manera penetrar una barrera que hasta el momento le parecía insondable. Sin embargo, los encargos más sencillos jamás dejaron de llegar a ella. La diferencia estaba en quién los llevaba a cabo. Sus hombres se encargaban de dar caza a los ladrones de la isla, aquellos que se habían atrevido a tomar objetos de las personas equivocadas. En ocasiones había que cobrar venganza a nombre de alguien más y en otras recuperar a seres perdidos. Para un hombre adinerado no había mejor inversión que un buen matón, que una bestia con la suficiente frialdad para no tomar partido en su contra bajo ninguna circunstancia. No obstante, Helena se reservaba ese derecho y no había más remedio que acatar su voluntad.

Recostada en algún techo de Valtesi, meditaba en todos los eventos posibles que podían resultar de aquella trampa. Su cabello estaba enroscado bajo su cabeza para simular una almohadilla y sobre su rodilla flexionada descansaba la otra pierna. Antes se habría mantenido alerta, habría mantenido el camino en la mira sin aceptar ningún tipo de distracción, pero Valtesi no había presentado ningún cambio durante tantos meses y ella se conocía lo suficientemente bien como para no poner riesgos innecesarios a su cacería. Contaba con que el tiempo estaba contado y el carromato lo suficientemente cerca para mantener al tanto a la inmortal de cualquier alteración en su tranquilidad. Y así fue. El coche se detuvo en algún punto en el camino y esa fue la señal para Corso, quien se levantó sin pereza del suelo y saltó del techo para transformarse en pleno aire.

Su posición y el tiempo de reacción le habían dado la ventaja de ver el rumbo que había tomado cada uno de los ladrones, contando el número exacto de los hombres que debía neutralizar tras obtener el paradero de los objetos robados. Aunque claramente no los necesitaba a todos con vida.

Logró alcanzar a uno y lo elevó consigo tomándolo de la ropa mientras que perseguía a un segundo ladrón. Una vez que los tuvo a ambos en su poder, los dejó caer a una distancia considerable, sin preocuparse mucho por el resultado en aras de continuar con la cacería. Tras dar muerte a un tercero, recuperó su forma humana y lanzó sus cuchillas a un hombre que continuaba la carrera por su vida. De ellos quedaban sólo los que sabiamente se habían agasajado en la vegetación. La mujer, acostumbrada al sigilo y a lo impredecible del terreno, se desplazó por la zona en absoluto silencio, dando muerte a dos más. Cuando menos sus cadáveres se pudrirían en la soledad de su escondrijo, en medio de plantas que sabrán aprovechar ese recurso. Quedaban dos afortunados. Ellos no morirían, no de momento. Ellos estaban destinados a informarla, a ceder las respuestas que necesitaba para completar la misión.

Ambos ladrones tomaron rumbo opuesto y habían echado a correr a toda velocidad, cosa que, pese a que pretendía complicar las cosas, no significó gran traba para la inmortal, quien se decantó por uno, echándose a correr tras él, ayudada por su naturaleza. Y pronto le dio alcance al primero de ellos. El modo más sencillo para no cargar con él ni preocuparse mientras daba caza al último hombre en pie era dejarlo inconsciente, cosa que hizo sin ningún preámbulo. Se irguió entonces y buscó con la mirada el rumbo que había tomado el último ladrón antes de reanudar su carrera. Agotó la distancia entre él y ella rápidamente y, una vez se halló a su altura, lo tomó del cuello de su camisa y lo jaló hacia atrás, haciéndolo estamparse de espaldas contra el suelo. Hizo una pausa, esperando a que la nube de tierra se dispersara levemente, mientras ella miraba el carromato de los viajeros alejarse a toda prisa, sin detenerse a reprochar el riesgo a la inmortal. Entonces clavó sus ojos azules en la mirada del ladrón.




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Re: Cold winter, lost past × Maximus

Mensaje por Maximus Blackwood el Miér Ene 25, 2017 8:48 pm

Lo que los perseguía no era algo que pudiesen eludir, Maximus lo supo desde el primer momento, ¿acaso había algo el Pandora de lo que pudiera escapar? Estaba en tierra de bestias, donde los humanos eran los desdichados y las presas de los horrores contenidos en aquella región del mundo. Corría a todo lo que le daba su capacidad mientras oía a lo lejos el terror de sus compañeros. Maldecía por lo bajo y rogaba porque pudiera salir de esa. Haberse metido en el maldito negocio de robar para intercambiar luego por dinero obviamente había sido una pésima idea… gracias a esto ahora corría como si el mismo demonio estuviese persiguiéndolo. Apretó el kerambit en su mano, sintiendo el metal contra su palma y justo cuando creyó que tal vez podría zafarse y salir de aquella situación ileso, algo lo tomó con fuerza y lo tiró al suelo.

Cayó de espaldas, aunque por fortuna su cabeza no alcanzó a rebotar contra el piso. Rápidamente colocó sus brazos de un modo defensivo protegiendo su rostro solo en caso de que lo que fuera que allí estuviese decidiera atacarlo. Respiraba agitadamente y el corazón prácticamente le latía en las sienes. Y aunque esperó que ocurriera algo, ciertamente nada sucedió y pronto se vio con los ojos fijos en los de quien, al parecer, le había derribado… una mujer. Arrugó el entrecejo , aunque no bajó la guardia -¿Quién eres?- preguntó. ¿Era solo ella?, ¿no había nada ni nadie más? De todos modos no se sorprendió, Pandora no era una tierra para sorprenderse por todo lo que ocurría, cualquier cosa extremadamente extraña allí era totalmente normal.

Se movió despacio, midiendo lo que haría y si era prudente salir corriendo, pero pronto descartó esa última idea, sería alcanzado en cuestión de segundos. -No quería estar ahí, ¿bien? Jamás consideré una buena idea meterme con la propiedad de la gente… pero no tenía más opciones, no cuando me ofrecieron ese maldito ‘empleo’- dijo enfatizando en aquella palabra para destacar que realmente no lo era, pero que no encontraba un concepto que definiera el oficio de bandido. Retrocedió arrastrándose de espaldas, sin quitarle la vista de encima a ella. -Estoy en esta tierra de locos sin merecerlo… he tenido que tomar medidas desesperadas y hacer lo que jamás hubiese hecho en mi vida… todo esto es un error… ¿bien? Si quieres matarme, hazlo… es lo que todas las cosas como tú hacen aquí cuando nos encuentran a nosotros, pero puedo jurar que no he cometido ningún crimen… solo intento sobrevivir… - bajó sutilmente los brazos, aunque la tensión de estos se mantuvo, esperando a ser utilizados en caso de que fuera necesario.


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Re: Cold winter, lost past × Maximus

Mensaje por Helena D. Corso el Miér Ene 25, 2017 11:13 pm

Hacía tiempo que no ejecutaba humanos de manera tan despiadada. Hubo muertes, claro, pero no como aquellas y no por un crimen tan absurdo como el hurto de mercancía. Había asesinado a hombres por cosas peores, por asesinar a otras criaturas, por traición, por secuestro, incluso por robos mucho más ambiciosos que aquellos que había cometido ese grupo de bandidos. Pero la cuestión era bastante simple. Tampoco quería mantenerlos con vida, no quería batallar con aquellas existencias ni permitir que sus fechorías terminaran afectándola a ella. Así que, como la mujer práctica que era, no tuvo más remedio que darles a todos el escape más inmediato de la isla, que era la muerte.

Mientras observaba al último sobreviviente, se preguntaba cuán útil le sería y si al final del día le perdonaría la vida o si le haría correr la misma muerte que sus compañeros. En ese momento no le importaba. Quería respuestas y nada más. No le apetecía pensar si le iba a dar el beneficio de vivir o no.  Tampoco le dio el gusto de presentarse cuando éste exigiera una identidad. ¿Y de qué le serviría a él saber que el nombre de esa mujer era Helena, que su gente y sus enemigos la llamaban Corso y que sólo un hombre tenía derecho a llamarla Della? ¿De qué le serviría a él saber que esa mujer que tenía enfrente era una inmortal, descendiente del titán de los vampiros? Como respuesta no obtuvo nada, ni siquiera un cambio en la mirada ni un matiz distinto en la frialdad de aquellos ojos que escudriñaban hasta las entrañas.

Lo escuchó justificarse. ¿Para qué? Sus palabras no cambiarían su destino, al menos no sus ruegos. Si la mujer se había hecho una idea de su destino, no había modo en que pudiese cambiar de opinión, menos aún después de haber asesinado a los demás a sangre fría.  «Las cosas como tú»… ¿De verdad planeaba sobrevivir de aquel modo? La primera expresión al fin se asomó en el rostro de la mujer y fue una sonrisa maliciosa, acompañada de una mirada amenazante. Había sido un monstruo, un demonio si quería, pero jamás una cosa.

Se inclinó hacia el humano hasta quedar en cuclillas, tan solo después de haber acortado la distancia adquirida con un paso, y le miró con la cabeza ladeada, sin dejar de sonreír. — ¿Quieres saber lo que cosas como yo hacemos en realidad? — Inquirió con voz sedosa, como un secreto cargado de lujuria cuando no prometía nada más que una muerte aún peor de la que pudo haber ofrecido antes. Entonces esa sonrisa se desvaneció y Corso se irguió. — ¿Vas a levantarte ya? No cargaré contigo a menos que estés muerto — Masculló y, cruzándose de brazos, esperó a que el hombre se levantase del suelo. — Debo recuperar los objetos que robaron hace una semana, así que si de verdad intentas sobrevivir, será mejor que compartas conmigo lo que sabes.




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