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Viento del Este - Ryssa

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Viento del Este - Ryssa

Mensaje por Invitado el Dom Abr 26, 2015 5:47 pm

Qué inusual era el recibir algo de paz y tranquilidad en aquella tierra maldita. El día estaba nublado pero la lluvia ya se había retirado desde hacía unos días. El negocio estaba recuperándose luego de que los estafaran en grande, Mikael y Zeughuan no se había roto las caras entre si desde hacía un rato. Todo parecía ir en buen camino.

Y lo mejor del asunto era que Zeughuan no estaría en casa durante el día. Le tocaba ir a trabajar en las minas para sacar materiales e ir en busca de pólvora, lo cual le llevaría un tiempo que para su hermano mayor sería lo más hermoso del mundo. Un tiempo en calma, en el cuál podría pensar en los extraños sucesos de días pasados, del encuentro con aquella vampiresa a quién seguía pensando y dando vueltas, tratando de averiguar quien era realmente y qué significada para él.  Ah pero eso podía esperar. Había que atender las prioridades.

Mikael había escondido una buena cantidad de dinero para comprar comida y que ni él ni su hermano pudieran gastar en alcohol cuando estuvieran enojados o ya algo ebrios. No no, ahora si lo había invertido bien. Tenía los mejores ingredientes que Valtesi podía ofrecer, e incluso que forasteros ofrecían para vender en el mercado. Desde carne fresca de venado y cerdo, especias y queso hasta dulces raros que solo se consiguen en el mercado negro por ser de contrabando. Utilizaría estos ingredientes para darse un banquete digno de dioses, y todo para él solo, como mandaba la ley. 

Su hermano no lo sabía, pero Mikael era un gran cocinero, había aprendido a serlo cuando su madre vivía y mejoró tras vivir con su padre, pues la madre de Zeughuan era una terrible ama de casa. El herrero se aseguró de cerrar la forja, las ventanas y la puerta antes de comenzar su labor, no deseaba que otros se enteraran de sus acciones o posiblemente acabaría en pelea, como perros actuando de carroñeros. En poco tiempo ya tenía el fuego andando y la carne preparada, comenzando a cocinarse e inundando el lugar de aquel agradable aroma que era tan raro encontrar en Valtesi. Solo una persona pegada a la pared o con muy fino sentido del olfato lograría detectar lo que se cocinaba en el hogar de los herreros.


Por fin, un día de solo comer y descansar tras haber terminado los pedidos. Ahora solo faltaba que el fuego hiciera lo suyo. ¿Qué podría salir mal?
InvitadoInvitado


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Re: Viento del Este - Ryssa

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Miér Abr 29, 2015 2:10 pm

Hay momentos en la vida de una persona en la que debe postrar una sonrisa en los labios y cruzar los dedos por tener suerte. O, en su defecto, porque le pongan frente a ella un plato de comida. Si existía un dios ahí arriba, la griega juraba que estaba tras aquella puerta y era el culpable por el que ese olor se le subía a la cabeza y hacía temblar sus tripas en poderosos rugidos. No había que olvidar que una dama jamás se permitiría domar por tan bajo instinto. Bueno, las damas se podían meter sus remilgos por donde les cupiese que las lobas hambrientas no tendrían tantas complicaciones. Nunca se imaginó que de una fragua pudiese salir despedido una aroma distinto al cuero, al metal y el hierro, el fuego devorando y esculpiendo al ritmo de los golpes. Y, por encima de todo eso, Ryssa Kirgyakos se relamía como si detrás de aquellos portones se escondiese un festín. Y desencaminada, no iba.

Evidentemente no estaba allí porque hubiese averiguado por cosas de la vida que se le haría la boca agua, su pretensión había sido indudablemente más profesional. Schmeichel tenía un don con las manos. Unos era para la escultura, otros para la pintura o para tocar a una mujer como si fuera un instrumento... y él, escondía su talento en unas manos toscas que podrían perfeccionar cualquier arma. Ni siquiera la loba, amante de la fuerza de su propia naturaleza, podía resistirse a probar tener una entre sus manos. Desde que puso un pie en Valtesi había oído crecer el apellido Schmeichel poco a poco, susurrado en las bocas de los suburbios hasta que conoció de una forma... peculiar al herrero, y llegó a la determinación de que labraría algo para ella. Pero tras salvar la distancia entre el frenético punto céntrico de Valtesi y el hogar del rubio, solo podía pensar en que si no devoraba hasta arrasar con todo lo que había ahí dentro no podría contenerse en cazar en ese mismo instante. Pero ese brillo escaso de sentido común que a veces se coronaba en Ryssa se reía a carcajada limpia. Como si Zeus fuese a ser tan caballeroso y agradable para compartir su comida con ella, como si la griega pudiese permitirse que alguien la alimentase. No. Arrugó la nariz, su ceño se frunció pronunciadamente. Bueno, ni él tenía que acceder ni ella pedírselo. Retrocedió un par de pasos de la entrada, barriendo con su mirada azulada algún punto débil en la fachada de la casa. Nada. La bordeó lo suficiente para atisbar una ventana, sí, igual que todas firmemente cerrada. Tendría que ser rápida, ¿no era una ladrona? Bien, aquel era su trabajo y si acababa mal... bueno, regresaría a la parte de sonreír y cruzar los dedos para que ese herrero tuviese buen humor. Podía apostar que no, pero había hombres que con la nariz partida estaban más atractivos. Puede que fuese el caso de Zeus. Se arriesgaría.

Y, con esas, se enganchó en una escalada por la fachada, solo para ir hacia las ventanas más altas que daban al modesto segundo piso. Hizo equilibrios para llegar a ella, asegurándose con rápidos vistazos de que nadie la veía subir ahí para cometer el robo más injustificado de toda su vida. ¿Y qué? El cristal de la ventana le devolvió su reflejo. Sonrió, con burlona diversión, antes de cerrar el puño y golpear con medida fuerza la ventana. Primero se resquebrajó con unos crujidos antes de hacerse pedazos una pequeña porción, apenas tintineando cuando cayó al suelo. Si había escogido aquella era porque estaba lo suficientemente alejada como para no llamar la atención a los de dentro, no si no estaban en aquel piso. Esperó, asomada ligeramente por aquel hueco solo para ver si percibía la presencia de alguien: un olor, el movimiento, su respiración, un corazón. No, no ahí. Coló la mano por el agujero solo para abrir con suavidad la ventana, empujándola para internarse dentro. Cuando sus pies se posaron limpia y silenciosamente en el suelo, miró a su alrededor. Se llevó la zona herida a los labios, repasó con la lengua los rasguños que habían formado hilos de sangre en sus nudillos, apenas dándose cuenta del gesto... solo para captar de nuevo aquel endemoniado y maravilloso olor. Como si estuviese hipnotizada, caminó hacia él, solo para hacer un alto en las escaleras al atisbar la enorme figura que se movía ahí abajo. Se dilataron sus pupilas. Ese no era el Schmeichel que esperaba. Oh, mierda. Podía enfrentarse al carácter de Zeus, ya lo conocía, pero ¿quién era ese hombre? Chasqueó la lengua antes de precipitarse al pasillo opuesto para ocultarse. ¿Y ahora como se libraba de él? Sería rápida cogiendo la comida, lo que necesitaba era... ladeó la cabeza al ver la exposición de espadas que reposaban apoyadas en la pared. Oh, bueno, suficiente. Tomó la primera y la pesó en sus manos, evaluándola con la mirada. Era estupenda. Ajá. Fantástica. Pero lo que hizo fue lanzarla violentamente contra el resto, provocando un ostentoso ruido con su entrechoque, asegurándose de que llegaría a los oídos abajo del moreno que había abajo. Y con esas corrió a la habitación opuesta, expectante para salir en cuanto él acudiese arriba a ver que sucedía y ella tuviese la distracción suficiente para descender por las escaleras y arrancar el mantel con todo lo que después devoraría.




Imagen del cartel de "Se busca" de Ryssa/Boceto Van Helsing/Woman and wolf:






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¿QUIÉN ES ESE HOMBREEE, QUE ME MIRA Y ME DESNUDA? UNA FIERA INQUIETA QUE ME DA MIL VUELTAS Y ME HACE SENTIIIR MUJEEER:
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Apodos : Ryssa Artemisa Kirgyakos.
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Habilidad : Resistencia a la plata y rastreo superior.
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