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Sans mémoire ◊ Eckhard

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Sans mémoire ◊ Eckhard

Mensaje por Helena D. Corso el Dom Abr 26, 2015 1:07 am

En cuanto fue consciente una vez más de su propia existencia percibió que estaba tendida sobre una superficie suave y que, pese a ser bastante cómoda, sentía una inquietud extraña, un ardor que recorría cada parte de su cuerpo, urgiéndola a llevar a cabo una empresa cuya naturaleza desconocía. Al abrir los ojos se encontró en una habitación oscura que no hizo más que alimentar esa confusión que comenzaba a carcomerla. Se incorporó tras darse cuenta de que la oscuridad no la limitaba en la tarea de observar aquella estancia y la estudió de cabo a rabo, haciendo un esfuerzo sobrenatural para recordar cómo había llegado ahí o cualquier cosa que le hablara de ella misma.

Percibía algo en el ambiente. No era peligro, pero sí cierta pesadez tenebrosa, algo sombrío que bañaba cada sábana cada mueble y cortina que extrañamente no era la razón de su inquietud, sino que la hacía sentir como si estuviera habituada a esa clase de ambiente. Encendió una pequeña lámpara ubicada en la mesita de noche junto a la cama que le había dado reposo. Había también una pequeña carta que no demoró abrir, ansiosa por conseguir la más mínima respuesta.

Bienvenida a Pandora, señorita.” Decía la primera línea, que estaba escrita a mano al igual que el resto de la nota. “Véase al espejo y conozca usted quién es, sepa después que se encuentra en Bran, la región destinada a los vampiros.” Continuó leyendo mientras se ponía de pie con rapidez y posteriormente caminar hacia un espejo completo que estaba a un par de metros de la cama. Analizó cada detalle de sí y comprendió las palabras de la misiva al percatarse de que fue sorpresa lo que sintió al verse a sí misma, como si se tratara de un extraño quien se encontraba frente a ella y no su propia figura. “Si no es usted capaz de recordar qué es un vampiro, aguarde a que la sed se lo indique. Si no recuerda su propio nombre, tómese la libertad de inventar uno por sí misma.” En efecto, no lograba recordar qué clase de criatura era aquella, pero sí su nombre. Recordaba cada letra de él, pero no su origen.

Dejó la misiva sobre la mesa y trató de contener una rabia que sentía pulular dentro de sí desde que despertara, que se arremolinaba en su estómago y no bajo su piel como aquella extraña ansiedad. Quien escribiera aquella nota conocía la condición de la mujer y parecía burlarse, parecía reducir a la vampiresa a un simple ratón dentro de una cajita. Quien fuera el dueño de aquellas tierras estaba jugando con ella y si los instintos era lo único que conservaba, aquellos la incitaban a abandonar Bran y no volver a pisar esa región. Lanzó una última mirada al espejo mirando con fijeza sus propios ojos fieros y se colocó la capucha que estaba unida al bolero. Le tomó apenas segundos memorizar sus rasgos y cada tonalidad de su piel antes de darse media vuelta y abandonar la estancia decididamente.

No se detuvo a las afueras del castillo ni en las callejas de Bran, sino que se echó a correr  hasta alejarse de la región sin saber a dónde iba con exactitud. Todo lo que implicó aquella acción le resultó alucinante, como si supiera distinguir entre lo normal y lo anormal, como si no pudiera concebir que en su naturaleza pudiese trasladarse a tal velocidad y sobrevivir al mismo tiempo a la luz tenue del ocaso que aún bañaba el paraje que dividía una región de otra. Pudo distinguir, a medida que seguía avanzando, a un pequeño poblado en el que confiaba pudiese obtener información alguna de su propia existencia, algo que le ayudase a alejarse de Bran de manera definitiva. Pero aquella ciudad sólo le causó más confusión. Como la extraña que era, se sintió desubicada al instante, afectada ante el aumento de una sed terrible que le sobrevino de la ansiedad. Y no era agua lo que buscaba, sino que se sentía atraída por la esencia de la humanidad, de aquello que corría bajo su piel. No obstante, continuó su camino procurando la mayor indiferencia en el semblante incluso tras haberse adentrado en la soledad de un callejón.




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Re: Sans mémoire ◊ Eckhard

Mensaje por Invitado el Dom Abr 26, 2015 10:42 am

Maldita, apestosa, asquerosa, repugnante, repelente... Aquellos eran unos de los muchos adjetivos que se le podían achacar a la ciudad de Veltesi. ¿Por que? La neutralidad que se respiraba en el ambiente era una ardua ilusión que duramente habían formado aquellos que la habitaban. No era muy difícil encontrar bronco por aquellos lugares puesto que, la protección que supuestamente te brindaba su neutralidad desaparecía en el instante en que tus pies tocaban el camino que dirigía al exterior de la ciudad, donde ninguna leí escrita o no te protegía de aquellos que se hacían llamar cazadores.
Eck había sido "atacado" por estos mismos ya un par de veces, pero como siempre, jugar con un mago era complicado incluso si aquellos poseían otro entre sus filas. Eckhard era escurridizo y difícil de atrapar gracias a sus aptitudes de batalla, las cuales se reducían a dejar una ilusión tras de si y huir usando su teletransportación o usar alguna argucia.
Aquel día no iba a ser diferente del resto. Eck se encontraba discutiendo con un supuesto comprador de un usual objeto, una baratija por la que se había adentrado en los territorios de los elfos y había logrado sacar sin ser detectado de nuevo gracias a sus dones de interpretación y ilusión. No hacía falta ser un Merlin o semejantes para poder crear una ilusión lo suficiente convincente como para que aquello que no quería ser visto, no lo fuese. Como su padre le explicó una vez, la clave esta en comportarse con normalidad, como si aquel objeto hubiera estado toda la vida en donde se encuentra.

- ¡NO!¡Me dijiste cincuenta por cada!¡Son cuatro, doscientos!¡¿Es que no sabes contar mequetrefe?!

Levantó la voz al mismo tiempo que levantaba la mano con el dedo indice extendido apuntando a la barbilla de aquel férreo hombre, mas parecido a un ogro que a un hombre. Se trataba de un elfo, delgado pero bastante abultado en cuanto a músculos se trataba parecía no estar de acuerdo con lo que el mago le decía. Aunque el mago fuese escueto y pareciese imponer realmente poco, aquel elfo se veía sometido a sus palabras, pues había sido amenazado con anterioridad por el victima de un poderoso maleficio si no pagaba lo que decía.
Con unos pocos segundos de conversación y unas cuantas amenazas tanto gesticulares como visuales aquel elfo terminó pagando lo que pedía el mago, el cual se apresuro en tomar el dinero y desaparecer de la vista de los presentes antes de que el efecto ilusorio se desvaneciese, y se diera cuenta del engaño. Había pagado el doble por unas piezas que siquiera se parecían a las que pedía.

Eck se introdujo por uno de los callejones de la adusta y liosa ciudad con una sonrisa en su rostro y contando las monedas dentro del saco. Se detuvo en el filo del mismo canto de una casa angosta y apoyando la espalda en la pared se detuvo para contar sus ahorros. Puede que hubiese cometido el error de detenerse y contar el dinero que portaba encima, si. Pero... ¿Cual fue el error?¿Contar el dinero a la vista de todo aquel que pasase frente a él o... El hecho de no asegurarse de estar completamente solo en aquel callejón?
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Re: Sans mémoire ◊ Eckhard

Mensaje por Helena D. Corso el Lun Abr 27, 2015 11:23 pm

Se había librado de una pesadilla para meterse a otra. Si bien aquellas criaturas que se ocultaban en Bran, las mismas que pretendieron tratarla cual animal de laboratorio, planeaban jugar con su mente, el poblado al que había llegado era un atentado contra sus instintos, pues despertaban en la mujer sensaciones que la incitaba a acabar con las vidas de cada mortal que se cruzara en su camino. Tal parecía una rabia contenida que aumentaba la ansiedad y el ardor en su piel, cuyo origen, como el de todo lo demás, desconocía. Y en medio de su ignorancia, no podía sino andar por las calles, procurando que la capucha que la cubría no dejara ver a nadie más esos ojos abiertos por la desesperación de saciar una sed que la quemaba por dentro.

Sed. Eso era. La carta mencionaba respecto a eso y, si era algo que se le atribuía a los vampiros, no podía tratarse de algo normal. Por lo tanto, no podría saciarse con agua. Quizás era por eso que ver a los humanos en Valtesi la exasperaba, tensaba su cuerpo como si se encontrara ante un manjar después de meses de hambruna. No obstante, tampoco sabía cuán normal era aquella imperiosa necesidad de… ¿era sangre lo que quería? ¿Por eso buscaba acabar con la existencia de un humano? Fuera lo que fuere en el pasado, no le importaba ahora si tenía que matar para sobrevivir, no se sentía sujeta a ningún tipo de moral y abusaría de su falta de memoria para no hacerlo en un futuro, aunque llegase a comprender las leyes de aquella región.

Al encontrarse en el callejón se detuvo un instante y, haciendo un esfuerzo sobrehumano para conservar la serenidad, respiró profundamente buscando poner en orden su cabeza, estudiar tanto como le fuera posible su situación. No tenía memoria y por lo tanto carecía de una identidad por la cual guiarse, el “recibimiento” de los vampiros se jactaba de aquello que le faltaba y por lo tanto ellos debían conocer quién era y por qué había llegado a Pandora, había escapado y por lo tanto se encontraba en un limbo, en un abismo entre la inexistencia y el olvido en donde, si nadie sabía de ella, Helena no era más que un fantasma que nadie ve. ¿Era eso ser vampiro? ¿Asesinar, beber sangre y volver al oscuro rincón de la ciudad? ¿Qué más daba si nadie la conocía? No tenía una misión por seguir, personas a las cuales buscar ni ataduras que la consternaran. Entonces, ¿para qué sentir piedad? O… ¿por qué no mejor jugar con la naturaleza humana?

Oculta en las sombras, advirtió que un humano, o algo parecido pues su presencia era distinta a las demás, se había resguardado en aquel callejón al igual que ella. No podría asegurar si permaneció observándolo para conocer lo que experimentaba su cuerpo al saberse cerca de aquel fragante elixir, por esa cercanía a su víctima que prometía una buena cena o si era por la codicia que se reflejaba en los ojos del hombre. Eso lo haría tan humano como cualquier otro y demostraba la naturaleza distinta de la mujer, que no sentía ningún tipo de inclinación hacia a aquellos trozos de metal que, a juzgar por la concentración que el mortal depositaba en ellas, debía ser de gran valor.

No le resultó sorpresa alguna descubrir en sí un sentimiento de repulsión hacia aquella visión humana del mago. Entonces, tras haber advertido que la naturaleza del hombre no le era desconocida, optó por no acabar con una vida que podía resultarle útil y, en lugar de abalanzarse contra él e ir directamente a por su cuello, se movió como una ráfaga de su lugar y apareció frente a él. Le sujetó las muñecas y las pegó contra el muro del callejón, importándole poco lo que le ocurriera a las monedas. – La vida de un hombre a cambio de otra. – Musitó con su mirada carmesí fija en él, sintiendo cómo la sangre corría cálida bajo la piel del extraño, esforzándose por no matarlo en el acto. ¿Cómo reaccionaría él? Eso sólo definiría para el mago si conservaba la vida o no.




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Re: Sans mémoire ◊ Eckhard

Mensaje por Invitado el Mar Abr 28, 2015 8:57 am

Las monedas volaron de entre sus finos dedos cuando sus muñecas fueron apresadas por aquel destello que se le colocó encima en cuestión de milésimas de segundo. Pocas veces había podido ver algo moverse a aquella velocidad y, las veces que podía contemplar algo así, a quien estuvieran atacando no solía resultar bien parado.
Aquello provocó una reacción en el mago, pero no sabría especificar si entre miedo, pánico o excitación. Era la primera vez que tenía la posibilidad de ver a un vampiro sediento de tan cerca. Aunque no era algo que le gustase ver o presenciar, el hecho de que aun no estuviese muerto o desangrándose entre sus dientes o en el mismo suelo, le daba la pequeña pero clara pista de que algo de juicio aun había en el interior de aquella cabecita.

El mago torció su gesto hacia su captora para dirigir su mirada hacia ella, sintiéndose vulnerable y desprotegido ante ella. Aunque algo sorprendido, acepto su propuesta y espero paciente sin realizar ningún movimiento más de la cuenta. No quería acabar en aquel callejón muerto por una estupidez.
Cuando pudo sentir que el riego sanguíneo volvía a la normalidad en sus manos y que el agarre fortuito fue aflojándose hasta dejarle libre nuevamente. Con la mano derecha se froto la muñeca izquierda y, tras un par de segundos hizo lo mismo pero con la mano y muñeca contraria, relajando un poco el musculo y el hueso que estuvo a punto de ceder a la presión. Dio varios pasos alejándose de ella para quedar cerca de la esquina del callejón, justo donde daba a la calle por donde circulaba gente, no mucha, pero bastante.

Eckhard eligió a una mujer al hacer, una que parecía estar bien adinerada o, al menos, eso decían sus ropajes de fina seda que portaba encima. El mago provoco en ella una alucinación auditiva. La mujer escucharía a una niña pequeña llorando en el callejón, lo cual haría que esta se acercase al mismo, adentrándose prácticamente hasta donde la trampa mortal le esperaba.

- Intenta no matarla.

Fueron las únicas palabras que dijo el mago, antes de provocar otra ilusión sobre la mujer. Cuando esta se girase al ver que no había niña e intentase volver a la calle principal, se daría cuenta de que, tras de ella, lo que antes era la esquina por la que había entrado ahora se había convertido en un muro de ladrillos resistentes. La ilusión no duraría mas de un minuto, pero sería lo suficiente como para que la vampiresa se diese el atracón con ella.
El mago, sin embargo, se quedo algo alejado de la escena. No quería que la sangre de la victima manchase su ropa, y tampoco que saltase sobre él si se quedase con hambre.
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Re: Sans mémoire ◊ Eckhard

Mensaje por Helena D. Corso el Vie Mayo 01, 2015 8:01 pm

Imposible era no ser seducida por el dulce olor de la cálida sangre de aquel extraño. Se permitió desearla por segundos, que la sangre relajase su respiración y se sintiera cautivada por la cercanía de aquel manjar hasta el punto de hallarse con la nariz rosando la piel del castaño. ¿Por qué permitir que ese hombre salvara su vida al entregarle a un mortal? ¿Por qué no matarle ahí mismo y terminar con la terrible sed que la embravecía a cada momento? Desenfundó sus colmillos y en medio de un sutil gruñido soltó con brusquedad las manos ajenas, alejándose un par de pasos del mago.

A pesar de que se había alejado de él por el bien de su cordura, no pudo apartar sus ojos azules de él. El hombre debía saber que, aunque Helena no mencionara al respecto, tenía un límite de tiempo para entregar a su chivo expiatorio si no quería ser él la primera víctima de la mujer y el intento de ser sensato lo ralentizaba. ¿Creía acaso que si se movía rápido haría cambiar de parecer a la vampiresa? La ansiedad la corroía y no estaba dispuesta a ver cómo la sed continuaba torturándola mientras que aquel mortal se tomaba su tiempo para sobar sus muñecas. No obstante, ella era consciente de que algún provecho podría sacar de él si no le asesinaba.

Frunció el ceño ante las palabras del mago, mas no respondió a ellas, sino que prefirió centrarse en la “amplia” variedad de humanos que se paseaban por la calle continua, todos sin ser conscientes de que la muerte y un estafador los observaban. Alzó por un instante la vista al cielo, asegurándose de que el firmamento se encontrara ya teñido de azul oscuro, permitiendo que la oscuridad le ofreciera el campo perfecto para sus fechorías, pues ni siquiera las luces de la ciudad abarcaban por completo el estrecho callejón en donde se llevaría a cabo todo. Posteriormente, devolvió la mirada hacia el frente, contemplando así a la mujer cuya vida le sería entregada en redención a la del mago.

Permitió que la ilusión del extraño acercara a la mujer a un rincón oscuro del callejón y entonces, al tenerla en su territorio, rodeó su delgado cuerpo con sus brazos a fin de imposibilitar cualquier forma de escape y clavó sus colmillos en la fina piel de la mujer sin clemencia alguna, bebiendo finalmente de aquel dulce manjar que comenzaba a aminorar la ansiedad de la vampiresa y la contagiaba de la calidez natural de un humano. Al escuchar que los latidos de la humana fueron perdiendo la misma fuerza con la que la había recibido apartó sus colmillos de ella y la jaló consigo afuera del sombrío rincón a fin de que la luz tocara ambas figuras nuevamente. – Es tu vida contra la de ella, ¿seguro que quieres que la deje vivir? – Inquirió dándole un empujón a la mujer para que esta tropezara y quedara justo en medio del mago y de ella.  




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Re: Sans mémoire ◊ Eckhard

Mensaje por Invitado el Lun Mayo 11, 2015 8:22 am

Para que negar lo que ya era evidente. Estaba muerto de miedo por tener a aquel ser sediento de sangre tan de cerca. Podía sentir como sus colmillos iban a rasgar su garganta y dejarle más seco que una pasa. No se creía guapo o agraciado, no obstante no le gustaba ver su imagen arrugada y seca, como si de un animal disecado se tratara. Por suerte, el trato que aquella mujer parecía querer ofrecerle le beneficiaba. Al menos, podría vivir otro día más.

Tras haber hecho su trabajo, su pantomima y haber conseguido un perfecto sacrificio para el mago, observó atónito como aquella mujer de colmillos largos hincaba su bancada, su boca y sus labios sobre la tersa piel del cuello de aquella mujer. El chillido de la misma fue rápidamente acallado por la succión de la vampiresa, quien la abrazó para que no pudiera escapar.
De nuevo, no mentiría de que aquello le causó cierta curiosidad. Mientras el mago observaba atento la escena tan grotesca que le pintaban frente a él, su mente imaginaba miles de cosas. ¿El vampiro segregaría alguna substancia para que aquello no fuese tan doloroso?¿Que tipo de sensación causaba el alimentarse para ellos? Sin la sangre circulando por dentro de ellos... ¿Se sentirían vivos?¿Un vampiro debe alimentarse para poder tener luego relaciones sexuales? Por que, claro... La condición cambia pero la anatomía era exactamente la misma. ¿Como se le levantaría si no tiene sangre para hinchar eso?

Su mente volvió a la actualidad, a la escena que la vampiresa con los labios y parte del rostro manchado de sangre estaba creando. En cierto punto era hasta excitante, perturbador, pero excitante.
La mujer se volvió hacia el mago, el cual le devolvió la mirada y esgrimió una pequeña y ladina sonrisa en su rostro.

- No la conozco, mátala si quieres. Pero si la matas, no podre ayudarte.

Aseguró el mago, pasando una mano por detrás de su propia cabeza y frotando por unos segundos su nuca, mostrándose un poco despreocupado por el asunto.

- No se si lo sabes pero, aquí, no esta permitido matar a humanos. Y si aun tienes mas sed, puedo conseguirte más de donde beber. Yo me encargo de la mujer mientras tu te bebes a otro. ¿Te parece?

Preguntó a su opresora antes de dar un par de pasos hacia la mujer que yacía inconsciente en el suelo de la ciudad, sin apartar su atención de la mujer de colmillos picudos. ¿Por que ayudar a la maldita humana a seguir con vida? Bueno... Aunque su vida le importase absolutamente nada, aquella mujer podía tener familia y no le gustaba la idea de dejar a algún niño huérfano, tal como el lo fue. O se carga la familia entera, o no mola.
Termino por arrodillarse junto a la mujer, colocando una mano sobre la frente de esta y la obre sobre el cuello, tomando el pulso y levantando la mirada hacia la vampiresa, esperando su respuesta.
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Re: Sans mémoire ◊ Eckhard

Mensaje por Helena D. Corso el Miér Mayo 13, 2015 6:00 pm

Comenzaba a sentir los efectos de la sangre, el calor de aquella sustancia recorriendo sus venas y contagiándola de la vida de la mujer. Su piel ya no era blanca cual marfil, sino que adquirió tonalidades rosáceas a causa del elixir que había robado, el mismo que su cuerpo había estado exigiendo desde que despertara en Bran y el mismo que la incitaba a seguir bebiendo. Pero aquel mortal de un modo u otro se lo había impedido y no le habría tenido en consideración si no sintiese una mínima curiosidad hacia sus intenciones con la mujer que ahora se hallaba inconsciente en el suelo. Quería saber de qué podría servirle una humana a un mago codicioso. Quizás podría conseguir dinero de ella.

Sus ojos fieros se clavaron en el hombre al escucharlo hablar y su ceño se frunció ligeramente. Hizo un intento de apaciguar el ritmo de su respiración acelerada, excitada por el placer que le brindaba beber, ansiosa por aquel que le esperaba al asesinar, y se pasó la yema de sus dedos por alrededor de sus labios, removiendo el pequeño rastro de sangre que había quedado en ellos. – ¿Ayudarme? – Inquirió dibujando una media sonrisa en su rostro. En esos momentos se sentía distinta, como si todas sus fuerzas le fueran de vueltas y se adueñara de una vitalidad que jamás había experimentado con anterioridad, o al menos no en las horas que llevaba en Pandora.

Pese a que la ansiedad la incitaba a buscar más sangre, pues no se había saciado por completo, se dio el lujo de escuchar con suma tranquilidad las palabras del mago, palabras que para ella no significaban la gran cosa, pues no sabía qué diferencia había entre aquel lugar y los demás. Así que, cuando éste terminó de hablar, meditó sus palabras sin despegar la vista de él, sin dejar pasar cómo éste se acercaba a la mujer y se arrodillaba junto a ella. El desconocido parecía ser cualquier cosa menos alguien que de verdad estuviese dispuesto a tender su mano y ayudar a alguien, no daba la impresión de que su intención fuera darle consuelo a la mujer ni que se preocupara por la familia que seguramente ella tenía.

Podré ser nueva aquí, pero sé reconocer cadáveres aunque estén a kilómetros de este callejón, así que permíteme decirte que hay más de esos de los que puedes contar. – Le susurró tras dar un paso y agacharse frente a la humana. – Así que no creo que a nadie le importe mucho qué cosas les son permitidas y qué cosas no. – Su mirada había adquirido un aire felino, pues ya no irradiaban esa sed de sangre que hacía unos momentos y sus pupilas estaban dilatadas por el éxtasis que seguía corriendo por sus venas. – Podría martarlos a ambos aquí mismo y nadie se daría cuenta de ello, quizás quedarían como un par de humanos más que desaparecieron. – Dicho aquello, hizo una pequeña pausa y volvió a curvar sus labios en una sonrisa. – Pero debo aceptar que me da más curiosidad saber qué es lo que traes entre manos, así que consígueme a otro humano.




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Re: Sans mémoire ◊ Eckhard

Mensaje por Invitado el Lun Jun 15, 2015 8:34 am

De nada servia el negar que, la forma de alimentarse de aquellos seres oscuros y tenebrosos despertaban en el mago un apetito voraz por conocimiento. ¿Que debían sentir ellos?¿Y sus victimas?
Ciertamente eran preguntas que rondaban su cabeza una y otra vez, una y otra vez. Como el aleteo repetido de un ave que intenta volar, o el chillido del grillo para comunicarse, aquellos seres engendrados desde la misma oscuridad debían arrebatar aquella substancia carmesí que daba la vida a los mortales para poder permanecer ellos en este mundo. Muchos de los humanos defendían la patética idea de que, al morir uno, tan solo se liberaba el alma del mismo, la cual viajaba hacia un lado u otro según su comportamiento en aquel plano físico. Entonces... ¿Que pasaba con estos entes? Muertos con anterioridad... ¿A caso estaban vacíos de alma alguna?
Miles y miles de preguntas, de dudas sin respuestas posibles asaltaban la mente del mago, aquel que quería encontrar los secretos mas recónditos incluso para la mano del mismo creador.
Aun acuclillado junto a la humana que yacía sobre el frió suelo, volvió a hincar su mirada sobre su nocturno acompañante.

- Puede que este lugar este lleno de cadáveres, pero eso no quiere decir que estén muertos. No todos los tuyos huelen tan bien.

Tal vez unos pocos halagos, un poco de juego haría cambiar de semblante a su opresora y relajaría el ambiente lo suficiente como para poder concentrarse y no temer por su vida.

- Vaya... No veo fructífero mi muerte en absoluto. Gracias por ese cambio de parecer.

Dedicó una apática y delicada sonrisa a la dueña de los colmillos y volvió su atención hacia la mujer. Al mismo tiempo que el mago practicaba sus cuidados sobre esta para evitar la muerte de la misma, uso sus habilidades para atraer la atención de un nueva victima. Esta vez sería un hombre un poco mas corpulento, a quien una alegre dama sedujo mostrando partes de sus carnes. El hombre la siguió con una enorme sonrisa en su rostro, ensanchando el lazo de su corbata.
Para cuando el hombre llegase hasta el callejón siguiendo a la mujer que, a cada dos pasos se detenía, rotaba sobre sus tacones y dejaba escapar una juguetona carcajada seguida de una lasciva sonrisa, el mago había desplazado el cuerpo de la mujer a un lado, ocultándolo junto a él y permitiendo a la vampira tener un banquete esplendido.

Se podía apreciar una ensanchada sonrisa en el rostro del mago al ver como el hombre se adentraba en el callejón, oteando con su rostro de indignación y desconcierto al ver que la mujer que seguía había desaparecido. Junto a las manchas de sangre del suelo del callejón se podían apreciar varios panfletos de busca y captura impresos con el rostro de aquel hombre.
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Re: Sans mémoire ◊ Eckhard

Mensaje por Helena D. Corso el Mar Jun 16, 2015 9:59 pm

En la vida, si es que podía decir que tenía conocimiento alguno de ella al carecer de memoria, habían cosas que no podían simplemente ocultarse, ya que los ojos lo delataban todo, y en este caso era la admiración del mago hacia los procedimientos de la morena para con su víctima. Y la malicia parecía aflorar en la vampiresa como si fuese parte de ella desde siempre, la única parte que sobreviviera de ella, y la incitaba a imaginarse el sabor de la sangre del extraño y la sensación que ambos compartirían mientras ella le robara ese elixir vital. Con suerte para el hombre, conseguiría descubrir cada respuesta por cuenta propia antes de perecer.

La sonrisa que coronaba su expresión continuaba presente en su rostro. Estaba ciertamente redescubriéndose a sí misma a través de aquel absurdo juego con los humanos. Bebe de uno y mata a aquél. Absurdo. En las pasadas horas saturadas de confusión y cierta negación hacia la impetuosa necesidad de matar, no imaginó encontrar un placer abrumador al beber la sangre caliente de un humano y el éxtasis que le producía el quedar insatisfecha a fin de probar de otros manjares.

Los halagos del mago ocasionaron que la sonrisa de la vampiresa se ensanchara, pero no lograron disipar la mortal tención que ella misma producía a causa de su ansiedad y de su ímpetu, sino que lo colocaron ahora como una víctima en potencia. – El olor de los míos es algo difícil de explicar, pero no es el de un muerto. – Explicó mirándolo con sus pupilas dilatadas cual felino. Ladeó ligeramente la cabeza sin apartar su mirada gatuna del hombre. – No hay de qué. – Se limitó a decir en un tono que no prometía veracidad alguna en sus palabras, con un tono que hacía que todo pareciera una mala broma por parte de la mujer, pero decía la verdad. No le mataría, no por lo pronto.

Se puso de pie nuevamente tan pronto el hombre desvió su atención a la humana y esperó la venida de su siguiente víctima. Clavó su mirada en el mortal y caminó de un lado al otro del callejón cual pantera que aguarda por devorar un pedazo de carne, en espera a que su cena se encuentre a una distancia ideal para atacar de un solo movimiento. No obstante, al ver al humano percatarse del rastro de sangre, decidió no asesinarlo al instante, sino que se acercó hasta quedar sobre la mancha carmesí del suelo, llamando así la atención del hombre fornido. Lo tomó entonces con firmeza de la quijada devorando con sus ojos azules el miedo reflejado en la mirada ajena. – ¿Debo dejarlo vivir? – Inquirió y acto seguido el humano soltó un gemido, quizá por el dolor que le ocasionaba el agarre de la vampiresa o por la idea de que su vida podría terminar ahí mismo y de manera sangrienta.




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Re: Sans mémoire ◊ Eckhard

Mensaje por Invitado el Vie Jun 26, 2015 4:21 pm

Y... ¿Por que, tras cada una de las palabras que la vampiresa le transmitía al mago, un pequeño manto de peligro y alerta le asaltaba? Aquella mujer, o al menos lo que quedaba de mujer supuraba peligro, maldad en estado puro. Temía por lo que podía hacerle en cuanto sus cables mal conectados se le cruzasen en esa cabecita tan preciosa que parecía decorar sus hombros. Una pequeña pero solida sonrisa torcida surcó el rostro del mago como única respuesta a aquellas palabras, las cuales no esperaban respuesta alguna. Para que tratar de negar que ella pequeña aventurilla que estaba viviendo no le gustase, no le atrajese. Alarmado al ver su vida amenazada, la mente del mago trabajaba a la mayor velocidad que podía permitirse. Tanto para trazar un plan o sugerir algún contratiempo para que la vampiresa terminase por saciarse y simplemente buscase una pequeña pero estoica charla con él. Por otra parte, su mente también ideaba un plan de huida, algo rápido y sencillo por si las cosas se torcían y trataba de terminar con su vida.

El mago simplemente permaneció a un lado, agazapado en el cajellón junto a lo que quedaba de la pobre mujer que había sido cosechada por la mujer de colmillos picudos. Observó a la siguiente presa de su opresora adentrarse en la oscuridad que los custodiaba y esbozó de nuevo una sutil sonrisa, observando como la mujer se abalanzaba sobre él sin la menor prudencia, escuchando atento los gemidos del rehén al ser apresado por tan fuerte ser.

- No voy a decirte que debes hacer. Yo lo hice una vez y la respuesta no me agrado. Acaba con su vida si así te crees capaz.

Tal vez el juego que se traía con aquel ser criado por la muerte y la noche era demasiado peligroso. Sus provocaciones podían llegar a llamar demasiado la atención de aquella mujer mortal y, aquello no era para nada su objetivo. Que se enterase de que el mago en realidad estaba jugando con ella, usándola para llevar a cavo sus objetivos aquel día y terminase voltando aquel temerario ser en su contra no era de sus mayores sueños.

Las heridas de la mujer que se encontraba en el suelo, practicamente inconsciente ya habían sido tratadas por el mago, vendadas con los trapos de la misma ropa de la mujer para evitar que se desangrase. Mientras que el mago permanecía agazapado y expectante por ver cual sería la respuesta de la vampiresa.
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Re: Sans mémoire ◊ Eckhard

Mensaje por Helena D. Corso el Miér Jul 01, 2015 2:03 am

¿Qué sucedería si finalmente quedaba satisfecha, si sus colmillos dejaban de incitarla a matar, a esperar ansiosamente clavarse en la cálida piel de un mortal y robar toda la sangre que fuese posible? Ya no era la sed lo que la llevaba a actuar cual encarnizada bestia, sino el mero placer el sufrimiento y el terror corroer la mente de sus víctimas. La mujer que yacía en el suelo, presa de la morena momentos atrás, había sufrido aquel proceso y el siguiente humano pasaría por lo mismo, y el siguiente y así sucesivamente hasta que la vampiresa se encontrara en un punto sin retorno. Quizá hasta buscaría un motivo para hacerlo más allá de la necesidad de beber, tal vez adoptara la matanza como oficio y cobrara como si sus hazañas purgaran aquella ciudad infestada de diversos aromas. Cobraría por deshacerse de los olvidados, de los que, como ella, eran condenados, por deshacerse de los que buscaban escapar. Ella los ayudaría, sí. Sería una mujer muy buena.

Algo de lo que Helena no era consciente, pero que el mago, quizá por experiencia, debía saber, era que de los vampiros había que cuidarse cuando sus irises se tornaran rojas, pues entonces sería verdaderamente imposible razonar con la mujer si es que tenía pensado hacerlo. Si actualmente ella estaba relativamente tranquila –afectada en realidad por la confusión ocasionada por su despertar y una frustración generada al no saber ni siquiera en dónde estaba o quién era-, dejaría de estarlo pronto, cada segundo que pasaba con el mortal presa de su agarre.

Su paciencia, por supuesto, comenzaba a agotarse. El hombre hablaba de ayudar y otras ridiculeces que bien podrían ser de utilidad para la vampiresa, pero ni sus luces. Así pues, tras rodar los ojos, volvió su atención a su presa y chasqueó la lengua repetidas veces en son de desaprobación. – Este hombrecito cree que soy tonta. – Musitó con falsa dulzura al mortal que sostenía, acariciando su rostro con la yema de sus dedos. – Dice que me ayudará, pero sólo acerca el plato a la mesa. Cree que necesito que me alimenten… – Hizo una pausa repentina y en sus labios volvió a dibujarse aquella sonrisa sádica ante el prolongado terror del pobre mortal. Entonces oprimió el cuello ajeno hasta romperlo y dejó el cadáver sobre el suelo para volverse hacia el mago. – Tu juego me aburre y tus respuestas no me complacen. – Terció con el rostro completamente serio. – ¿Responderás mis preguntas o quieres descubrir quién es más rápido?




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