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Primum non nocere × Robert {FB}

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Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Helena D. Corso el Sáb Sep 24, 2016 11:54 pm

"Life is a beautiful lie, that’s why people love it. Death is a terrible truth, that’s why mortals run away from it. She was both of them. Life, death; a terrible truth hidden beneath a beautiful lie."
 

 
Primum non nocere
«First, do no harm»

 
Sus alas de reptil se batían con dificultad en el aire y sus manos se aferraban al peso extra que llevaba consigo, el cuerpo inconsciente del mago. La lluvia caía sobre ellos sin clemencia, dificultando aún más su vuelo al volverlos más pesados, pues había que considerar que ambos recién habían terminado el combate y que si Corso continuaba consciente era pura cuestión de suerte. Sabía que esto poseía una connotación distinta que no tenía nada que ver con la fuerza ni con su condición de inmortal y que, a pesar de ser algo de lo que se sabe incapaz de controlar, se sabe culpable de la condición del mago. Eso. Todo era culpa suya. Ella lo había dejado en ese estado, consciente o no de sus propias acciones.

Una densa nube negra comenzó a aproximarse a ellos conforme sobrevolaba el puerto de Zárkaros. Era Alekséi. Seguramente había sido capaz de oler la carne chamuscada de su supuesta madre y la sangre viva de su acompañante. Así que les proporcionó un método seguro para aterrizar ante Sombra del Edén al generar un escudo que además alivió el peso de la lluvia sobre ellos. No obstante, a pesar de este gesto, Helena se negó rotundamente a que la apartaran del mago, a que alguien más lo introdujera a la taberna hasta alguna habitación. — Traigan a Rilvaar. ¡Rápido! — Bramó malhumorada mientras tonalidades rojas alrededor de sus párpados develaban el estado emocional de la mujer sin tener en cuenta su frialdad habitual. Alekséi relegó la tarea a un segundo al mando mientras que él se dedicaba a vaciar la taberna, a prometer a los comensales que se les compensaría el inconveniente, pero que ahora debían atender un asunto importante. Él sabía que Corso perdería la cabeza si en un momento así se escuchaba el jolgorio despreocupado de elementos externos y totalmente ajenos a la situación.

Lo depositó con sumo cuidado en la cama. No podía pensar en otra habitación sino la propia, la única en donde lo sabría seguro y la única en donde ella se sentiría relativamente tranquila. Su respiración delataba la ansiedad que le producía la espera y paseaba por la habitación cual fiera mientras aguardaba por la llegada de Rilvaar. Pero al cabo de medio minuto se decidió por tratarlo ella misma. Alekséi, tan presente como sabía que era necesario, bajó la cocina a traer paños y agua tibia. Helena, mientras tanto, se dedicó a remover las prendas hechas jirones hasta exponer las heridas en el torso, pero fue incapaz de hacer nada. Apartó las manos al contemplar todo el daño que le había hecho y se mordió el interior del labio para no sollozar. ¿Cómo pudo perder el control? ¿Cómo pudo hacerle semejante cosa a él? — Hazte a un lado, hija, déjame verlo. — Dijo Rilvaar con su voz trémula tan pronto puso un pie en la habitación. Alekséi venía detrás de él por lo que supuso que él lo había puesto al tanto. El elfo se aproximó a Robert y, tras examinarlo, se volvió hacia la inmortal, que se había ido a parar frente a la ventana de la habitación. — Puedes relajare un poco, está más lejos de la muerte de lo que parece. — Insistió Rilvaar, pero Helena lo ignoró, no podía sentirse consolada con algo semejante.

Todo el tiempo que le tomó al elfo atender las heridas del mago, Corso permaneció inmóvil en su lugar, con la mirada aparentemente perdida, pero aún alerta y consciente de todo lo que pasaba en la habitación. Sentía el dolor de sus heridas, las quemaduras en sus miembros que no sanarían pronto y los huesos rotos. No dejaba de repetirse que ese dolor físico debía sufrirlo, que era lo menos que podía hacer para responsabilizarse de lo acontecido. — Si no vas a dejar que te cure, cuando menos acomódate esos huesos. — Le reprochó a la inmortal cuando se dispuso a abandonar finalmente la habitación. Aunque sabía que la mujer podía ser de carácter difícil en algunas ocasiones, era la primera vez que la veía de ese modo, por lo que no insistió más y se marchó al fin.

Escuchaba la suave respiración de su aliado y apartó la vista del exterior para contemplarlo un momento. La culpa volvió a perforar sus pensamientos y sintió un vuelco en el estómago. Su corazón, al igual que minutos atrás, se sentía terriblemente oprimido. Quería aproximarse a él, sentarse a su lado y ver por sí misma que ya no había peligro, pero no se atrevía, así como tampoco se sentía capaz de abandonar la habitación.

Suspiró al cabo de unos minutos y cerró la ventana, disponiéndose a seguir el consejo de Rilvaar respecto a sus huesos. Primero se acomodó el hombro. Algunos fragmentos que no se habían alejado mucho del lugar que les correspondía estaban en el proceso de unirse a otros fragmentos, por lo que sólo hizo falta mover un poco el hombro para que el resto de los huesos embonaran. Si dejaba tranquilo el brazo, el dolor no era tan terrible, pero debía acomodarse una costilla en ese mismo costado, así que comenzó a deshacerse de las prendas superiores hasta quedarse con la blusa que utilizaba como interior. Alzó la prenda hasta exponer sus costillas y enseguida se perforó la piel con los dedos, introduciéndolos lo suficiente para tomar el hueso y acomodarlo. Una mueca de dolor se apoderó de su rostro según se dedicó a resistirlo. De nuevo, le correspondía sufrirlo.
 


Última edición por Helena D. Corso el Sáb Nov 05, 2016 10:00 pm, editado 1 vez




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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Dom Sep 25, 2016 9:24 am

Fue como si de pronto todo se apagara, como si el mundo hubiese dejado de existir y como si hubiese quedado suspendido en la nada absoluta. No estaba muerto y tenía plena claridad de eso, pero tampoco estaba vivo… ni siquiera estaba en el paso de un estado al otro. No sentía dolor, ni frío, ni calor, parecía ser un estado dinámico de intercambio neto igual al cero mismo. Era la oscuridad total sin un solo rayo de luz piadoso que me revelara lo que estaba sucediendo. Era yo conmigo mismo. Tan solo podía escuchar el latir de un corazón que a todas luces era el mío, pero era solo eso… mi palpitar… mi triste palpitar. ¿Qué estaba sucediendo?, ¿cómo acabaría todo esto?, ¿es que había encontrado ya mi fin y pronto empezaría mi tormento? Muerto en vida y vivo en la muerte, ¿era alguna clase de castigo?

Las memorias me alcanzan hasta el momento en el que luchaba con Helena en Arcadia. Jamás supe por qué motivo ella terminó atacándome de esa manera, pero sin duda alguna no fue nada de lo que ella pudiera haber controlado. Debió ser la espesa neblina que cubría la región en aquella ocasión… he de admitir que hasta yo me sentía un poco extraño en ese momento, pero no perdí la razón. Recuerdo haber perecido patéticamente sin haber logrado ataques realmente efectivos. El balance jamás fue positivo para mí y con el paso de los minutos, nuevas heridas y contusiones se fueron sumando a mi cuerpo. Me acuerdo del dolor y de mi sangre escapando libremente, jamás había experimentado nada similar y aposté en ese momento que tal vez ahí acabaría mi vida. Supuse entonces que el destino era cruel y que el karma era demasiado injusto en una tierra donde se supone que la justicia está del lado de aquellos que no la pueden hallar fuera de Pandora. Sentí una horrible decepción.

Entonces pensé que tan solo me quedaba resignarme a permanecer allí, oyendo los latidos de mi corazón eternamente siendo torturado por todo aquello que alguna vez quise, pero que jamás lograré. Me cuestioné las razones por las cuales debía pagar, ¿es que acaso en este lugar del mundo alguien merecía que alguien más pagara por su dolor? Por supuesto que no, sin embargo ahí estaba yo. Quise gritar, quise hacer algo para poder escapar de esa soledad y nada absoluta, mas nada en mí respondió, ¿tan paralizado estaba? Me preguntaba si mi cuerpo yacía en aquel barrial o si al menos ella se había tomado la molestia de moverme hacia alguna parte en la que pudiera mantener la poca dignidad que me había quedado. Comenzaba a experimentar rabia e impotencia. ¿Por qué, Helena?, ¿por qué cuando sabías todo lo que quería hacer de mi vida?, ¿por qué cuando ni siquiera había logrado concretar la venganza que regresaría el honor a mi familia?

Y pronto la luz apareció como un golpe sorpresivo en la mitad de una noche sin luna. Quedé ciego unos momentos. Hacía frío, un viento polar me azotaba por el lado derecho, helándome hasta el tuétano de los huesos. ¿Qué demonios estaba pasando ahora? La pregunta duró poco en mi cabeza, pues mis ojos se acostumbraron pronto. Estaba en medio de una explanada completamente cubierta de nieve. El cielo estaba gris y amenazante… no había nada en millas y millas a la redonda. Nuevamente solo, aunque al menos con mis sentidos de regreso. Me abracé a mí mismo y me di a la tarea de caminar, algo debía encontrar, en algún momento toparía con alguna cosa. El hielo me congelaba las articulaciones y hacía que mi respiración tiritara, era complicado. La nieve no me permitía andar demasiado rápido, porque era una  capa gruesa en la cual me hundía. Me agotaba a cada paso. ¿Dónde había venido a parar?, ¿qué significaba todo eso?

No sé cuánto anduve, no tenía idea de distancias y tampoco de tiempo, la iluminación era siempre igual y el viento no cesaba, las condiciones eran constantes y eso solo me hacía pensar que permanecía aún en la nada. Estaba ya agotado y mi cuerpo dolía no solo por el esfuerzo de mis músculos al andar, sino también por el frío. No sentía mis pies, estos seguían haciéndome avanzar por inercia, como si tuviesen vida propia. Mi cuerpo entero tiritaba buscando entrar en calor, pero sin lograrlo. Mi mente rogaba por encontrar alguna cosa donde resguardarme. ¿Cuánto más iba a seguir allí? Pero entonces mis piernas cedieron y caí, impactando contra la nieve. Jadeé y me recogí sobre mi mismo en un vano esfuerzo por conservar el poco calor que quedaba en mi interior. Cerré los ojos y por vez primera consideré la opción de rendirme.

Mas pronto todo volvió a cambiar drásticamente. El suelo dejó de estar frío y el viento dejó de correr. Abrí los ojos y me vi tendido en la calle principal de Baskerville. Extrañado me levanté, no sin cierta dificultad, y miré a mi alrededor. No había nadie, el pueblo parecía muerto, pero íntegro. El cielo tenía la misma tonalidad del escenario anterior, pero esta vez la atmósfera era bastante tóxica, porque había un calor constante que permanecía estático, haciendo que fuese complicado respirar. Comencé a caminar, siguiendo mi acostumbrado camino rumbo a mi residencia. Sinceramente no estaba entendiendo nada de esto. Quizá lo único que me aliviaba en parte era que, si estaba teniendo una pesadilla, entonces significaba que estaba vivo y que podía despertar en cualquier minuto, aunque eso hasta ahora parecía estar lejos de mi voluntad.

Caminé y caminé, sin encontrarme con nada ni con nadie, tan solo casas vacías y carretones sin caballos. Pero entonces a lo lejos divisé una silueta, al parecer femenina. Estaba detenida a la mitad del camino y miraba en mi dirección. Era familiar, la había visto antes… quizá la había visto demasiadas veces. -¿Annabelle?- murmuré y traté de apresurar el paso, ¿qué demonios hacía en Baskerville?, ¿cómo es que había tenido el descaro de venir hasta aquí? Traté entonces de invocar magia, para atacarla desde donde me encontraba, no obstante ni una gota de energía acudió para ayudarme. Tuve miedo y miré mis manos, mi anillo no estaba, y aunque eso en realidad no era tan fundamental, sí era útil. Me detuve en seco. Sin magia, ¿cómo se supone que lo haría? Ni siquiera contaba con armamento. Volví mi vista al centro y la vi caminar, acercándose… se veía demasiado segura de sí misma, aquella determinación siempre había sido una de sus grandes características. Di un paso atrás. Tuve miedo.

Se veía demasiado real. Pronto pude ver su sonrisa y esa mirada que en aquellos años me había vuelto loco. Cada vez estaba más cerca, ¿qué haría? Volví a retroceder, pero entonces trastabillé y caí y cuando quise levantarme, algo me sostuvo contra el suelo -¿Qué estás haciendo, Annabelle?- le pregunté en el momento que ella se detuvo a mis pies, pero ella no contestó. -¿Qué significa todo esto?, ¿qué está pasando?- mas nuevamente no contestó y tan solo se agachó para después inclinarse sobre mí. La miré con incredulidad. Sentí su aroma y pronto la caricia de sus labios sobre los míos. -Aléjate… apártate… - forcejeé contra aquella fuerza que me mantenía cautivo sin lograr nada. Moví mi cabeza hacia un lado para cortar aquel contacto, pero entonces ella tomó mi rostro con una de sus manos, clavando sus bien tenidas uñas en mi mandíbula. Sus labios y los míos volvieron a encontrarse y aunque quise resistirme, ella parecía tener más control del que me hubiese gustado. ¿Por qué?, ¿qué quería lograr con eso? Respiraba agitadamente no por lo que eso me provocara, sino por la desesperación de no poder librarme. ¿Cuánto más iba a durar ese momento?

Pronto lo supe, cuando se alejó unos centímetros para mirarme con ojos triunfantes. Oí el clásico sonido de una hoja deslizarse fuera de su vaina y cerré los ojos, era obvio, ¿no? -Yo he ganado… y tú has perdido- dijo entonces hablando por primera vez y sentí la hoja atravesar mi piel desde la boca de mi estómago hacia arriba… perdí el aire y aunque traté de recuperarlo, no pude. Mi cuerpo se tensó completamente y entonces abrí los ojos. Sentí mis espalda arquearse aparentemente libre ya de aquello que me mantuvo contra el suelo y caí en la cuenta de que había despertado. Proferí un alarido de dolor cuando fui consciente de las reales heridas en mi cuerpo y pronto mi respiración que había sido relativamente tranquila, se aceleró buscando palear el malestar insoportable que experimentaba de pies a cabeza. Tenía la impresión de que el cráneo se me partiría en dos.



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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Helena D. Corso el Dom Sep 25, 2016 10:42 pm

La sangre de sus heridas corrió cuesta abajo por sus dedos y por su costado durante un par de minutos, tan sólo en lo que su cuerpo demoró en cerrar las heridas y reabsorber su maná. El dolor, por otra parte, continuaba presente. Su cuerpo lo recordaba con resentimiento, en la clavícula que se acomodó por si sola y en las heridas que se negaban a sanar mientras estuvieran contaminadas con su carne chamuscada. Helena era consciente del estado en que se encontraba y era consciente también de que no le apetecía atenderse, ni siquiera le movía cambiar su indumentaria, reemplazarla por prendas que estuvieran secas y completas. Si tan solo fuera posible, le hubiese encantado perecer ahí mismo, junto a la ventana y frente al mago. Pero no. Incluso él sabía que de tantos intentos fallidos no se podía esperar tal cosa aunque la culpa fuese más cruel que la soledad misma.

Alekséi llamó a la puerta con discreción antes de abrirla un poco. Desde afuera, él no escuchaba nada, no podía sospechar ni saber nada, pero sabía que en algún punto debía intervenir. Conocía, gracias a los años vividos junto a Helena, que ella era capaz de dejarse a morir a consciencia, que la soledad era más peligrosa para ella que la recibía con los brazos abiertos junto a la muerte, y la entendía. — Geshë — La llamó con voz tranquila, esperando a que ella se acercara, pues no deseaba tampoco quebrantar el espacio con su presencia. — Rilvaar te ha dejado esto y te he traído un cambio… — Hizo entrega de prendas dobladas coronadas con un frasco de brebaje que incluía una nota y Corso se limitó a asentir  y a cerrar la puerta con pestillo una vez que el inmortal se marchara. Entonces, sin atender la nota ni nada más, se sentó ahí mismo en el suelo, recargada contra la puerta y colocando lo recibido en el suelo, en algún punto cercano en el que de todas maneras pasó al olvido.

Ella sabía por qué su mente había quedado en blanco de un momento a otro, por qué sus pensamientos se desvanecieron por completo después de largos minutos de silencio. Era el único modo en que no se echaría a llorar, la única manera posible en que podía estar apartada del mago y verlo al mismo tiempo sin atormentarse a sí misma mientras disfrutaba de su propio dolor. Además, ahí sentada era más fácil entregarse al abismo. No obstante, sus sentidos la trajeron de vuelta a la realidad cuando comenzó a escuchar los balbuceos del mago. Se alzó levemente para verlo y lo notó de latidos inquietos. Estaba soñando, al parecer… Con Annabelle. Consciente de la situación y de lo que aquello representaba, se puso de pie lentamente y comenzó a acercarse cuando el mago escupió las preguntas a su hermana. “Aléjate… apártate…”. Eso, Helena, no te acerques más. Era imposible saber lo que él veía en sueños, pero aquello bastó para que la inmortal recordase todo lo acontecido, cada detalle y cada herida que le había alcanzado a ver. Así que se detuvo y, temerosa, retrocedió un poco, casi dispuesta a tumbarse nuevamente ante la puerta. No se dio cuenta de que la incertidumbre, el saberse sin derecho a aproximarse y sus deseos de hacerlo, el no saber qué reacción tendría al verla ante sí, había humedecido sus párpados y por sus mejillas corrían sutiles riachuelos que descendían por su cuello hasta perderse en el escote. Tenía miedo, incluso. Sus manos trepidaban sin que ella se percatara y fue cuando lo escuchó gritar que se perdió a sí misma. Ese grito desgarrador era el resultado de todo el daño que ella le había hecho, de todo lo que le hizo pasar hasta ese punto. Las lágrimas descendían más impetuosas por su rostro y en sus párpados se evidenciaba su lucha por controlar su llanto. Así que, olvidándose de sí misma, se aproximó a la cama sobre la que él descansaba y, tras sentarse al filo de la misma, lo tomó de una mano, sosteniéndola con firmeza mientras sus dedos acariciaban los tramos de piel que les era posible tocar, a fin de atraer su atención y así distraerlo del dolor que seguramente estaba experimentando.




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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Miér Sep 28, 2016 4:05 pm

Hubiese preferido seguir perdido en aquel mal sueño, el cuerpo me dolía como si me lo estuviesen partiendo desde dentro, era insoportable, tanto que pensé que morir era una opción viable. Y a pesar de tener los ojos abiertos, no veía los detalles del sitio en el que me encontraba en ese momento, ¿cómo iba a concentrarme en algo fuera de mí? Solo sabía que había luz, mas nada aparte de eso. Y lo peor de todo era que, si me tensaba me dolía tanto como cuando trataba de relajarme. No tenía posición, no había manera de disminuirlo. No seguí gritando, pero sí gimiendo, tiritando y respirando agitadamente. Estaba débil, ¿cuánta sangre había llegado a perder sumado a la cantidad de energía que gasté? Busqué volver a dormir, cerré los ojos con fuerza, pero fue en vano, ya no lo lograría, al menos no mientras no me aliviara. Me ardían los antebrazos y la cara, así como me molestaba sobremanera mi costado derecho y el esternón. Podía recordar algunas cosas de aquella pelea, aunque no todo.

Fue entonces cuando sentí que alguien me tomaba la mano y busqué a ese alguien con la vista más como un acto reflejo que como un deseo de poder saber de quién se trataba. Instintivamente me zafé y me moví con la intención de alejarme, movido por un terror tremendo que en realidad no sabía a qué se debía. Y el problema fue que mi espanto fue tan grande que, por alejarme del modo que lo hice, acabé en el suelo. Tuve esas ganas casi incontenibles de salir huyendo y aunque traté de ponerme de pie, fue imposible y tan solo permanecí allí, prácticamente estático, comiéndome con dificultad el dolor adicional que me había provocado al caer. Lo que había sucedido no era para tanto, al menos traté de racionalizarlo todo, pero era tan complicado. Parecía un terror orgánico, del que mi mente no podía hacerse cargo, era mi cuerpo completo, ¿se debía quizá al dolor? Porque si bien es cierto que puedo tolerar una buena carga de dolor, esto no era soportable, los huesos quebrados o trizados no se pueden comparar con el simple golpe de un látigo o con el inofensivo corte con una daga sobre la palma de mi mano.

El problema era que el suelo no es tan cómodo como la cama y por más que quise levantarme, no pude hacerlo, no me podía ni a mí mismo. El recuerdo de la pesadilla rondó mi mente y entonces miré mi mano en busca de mi anillo, al menos eso sirvió para tranquilizarme. Cerré los ojos y traté de controlarme, de dominarme, pues al parecer había perdido el control de mi mismo. ¿Qué pensaría Helena en esos momentos? Y ahora que pensaba un poco más… ¿dónde estábamos?, ¿por qué me había traído hasta aquí?, ¿cómo es que de un estado de absoluta indolencia había pasado a su estado normal?, ¿qué la había hecho reaccionar? De todos modos cuando logré verla al momento de abrir los ojos, no alcancé a percatarme de en qué estado se encontraba realmente, no vi su expresión y así tampoco pude fijarme en su manera de mirar, porque en Arcadia su mirada era distinta a la habitual.

Mi cuerpo seguía temblando, estaba en shock y seguía sin poder dominarlo completamente para superarlo. Continuaba siendo complicado sobreponerme a lo que a todas luces parecía ser un trauma. Psicológicamente todo esto era digno de un análisis, cosa que en ese momento no podía hacer, pero que pronto haría para encontrarle una explicación lógica a una reacción tan exacerbada. Tal vez se debía a que mi atacante no había sido cualquier persona, sino que ella, quien hasta aquel momento de la pelea tenía un importante significado para mí.



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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Helena D. Corso el Sáb Oct 01, 2016 7:09 pm

Apartó sus manos tan pronto Robert se soltó y se puso de pie conforme el hombre buscaba desesperadamente apartarse de ella. Corso se limitaba a contemplarlo, oscilando entre el terror y la culpa que no cesaban de manchar sus pensamientos mientras la mirada del mago lo revelaba todo. Fuera de eso, no pensaba en nada más. Su mente estaba en blanco salvo por aquellos susurros, y al verlo caer al suelo, al esperar infructuosamente a que reconociera que ella era nuevamente dueña de su propia razón, se derrumbó. Helena se refugió en el lado opuesto de la cama, volviendo al suelo y desahogándose en llanto silencioso mientras repetía en su cabeza una y otra vez la reacción del mago ante su presencia.

Cerró los ojos y se hizo saber que  el tiempo de sufrir las consecuencias se había agotado y que ahora era menester aceptarlo, por lo que cortó sus lágrimas y se serenó, convirtiéndose nuevamente en aquella mujer de aspecto frío y dejando atrás la apariencia de una joven desolada. Entonces se puso de pie nuevamente, asida con firmeza a ese vacío que le quedaba, y caminó hacia la puerta, buscando recuperar aquello que le había sido entregado. Era preciso que se las diera de digna, que dejase atrás ese desinterés hacia su persona que le sugerían permanecer con las heridas desatendidas. Lo levantó todo del suelo y se dedicó a leer la nota que había ignorado.

«Dale a tu amigo esto cuando despierte. Incluso los magos conocen bien las plantas y no debe negarse a lo que lo librará del dolor por un buen rato.»

Sabiendo, entonces, que el brebaje estaba destinado a Robert, volvió a aproximarse a la cama, esta vez sin temor alguno y sin aparentar ningún tipo de tristeza. — Te dejaré a solas un momento — Anunció tras haber depositado el frasco y la nota sobre la cama, asegurándose de que quedasen visibles para el mago. Su voz, aunque suave y firme, se percibía vacía, como si hablara por la obligación de hacerlo. Comprendía que el mago no la quisiese cerca de sí, era lo más natural y lo que ella esperaba que sucediera, pero tampoco podía negarse que el rechazo no le era cualquier cosa.

Cuando finalmente abandonó la habitación se pasó a otra con la intención de darse un baño (y limpiar sus heridas en el proceso) y sin la intención de ver a nadie más. Lo cierto era que, de momento, Sombra del Edén estaba vacía. No había señal de nadie más aparte de ella y de Robert, o al menos eso le pareció hasta que la tina de baño comenzó a llenarse y sus prendas cayeron una a una al suelo. Alekséi entró a la habitación con la serenidad de un pupilo desairado y posteriormente al cuarto de baño, en donde Corso se había metido ya al agua. El dolor ahí era fatal, como si el agua reviviera las heridas, colándose por entre los pedazos de carne chamuscada hasta llegar a la carne viva y perforarla en forma de agujas. Y no fue estando ahí hasta que se dio cuenta de lo agotada que se sentía. Su cuerpo había estado haciendo gran esfuerzo para tragarse el dolor, para responder con prontitud a las órdenes de la mujer sin desfallecer. Alekséi no preguntó, sino que exigió que saber qué había ocurrido y Helena le contó lo único que sabía.




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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Dom Oct 02, 2016 7:26 pm

Seguía sin poder dominarme lo suficiente para poder levantarme, además que si lo hacía iba a dolerme todo y más. No podía oírla a ella, apenas me escuchaba a mí mismo respirar. “Maldita sea, serénate” insistí en mi fuero interno. Me moví solo un poco y me quejé, pero no me detuve, tenía que volver a subirme a la cama. Y fue cuando la escuché, obviamente se refería a mí. No le respondí y tan solo aguardé hasta que oí la puerta abrirse y cerrarse. Alcé una ceja y me esforcé por incorporarme para ver si estaba efectivamente a solas.

Suspiré cuando me percaté de que así era y así mismo noté que había dejado algo sobre la cama. ¿Era una poción o algo así? Vi aquello con desconfianza y finalmente lo tomé para ver de qué se trataba. El aspecto se me hacía familiar, así que avancé al punto de tomar su aroma; un poco amargo y picante. Tenía que confiar en que no era veneno, al menos no parecía serlo. A juzgar por la cantidad que venía, era algo para beber y por el olor supuse que no tendría buen sabor, de todas formas ninguna poción curativa efectiva lo tenía.

La tapé e hice un nuevo esfuerzo para subirme a la cama. Fue casi una tortura, sobre todo por el dolor en mi flanco derecho, sin embargo, lo logré aún entre jadeos y quejidos. Me acomodé como pude y volví al asunto de la poción. No sacaba nada con postergar su consumo, yo por mí mismo no podía hacer mucho más y sabía que el poder de las hierbas era algo que no se debía subestimar. Bien lo sabía yo. Así que armándome de suficiente valor, la bebí de un solo sorbo.

Si alguien recuerda lo más horrendo que ha probado en su vida, puede elevarlo a mil y entonces sabrá lo que sentí yo. Me tensé completamente, solo por el asco, y luego me abtuve de vomitar, porque sino perdería todo lo que acababa de beber. Solo esperaba que hubiese valido la pena pasar por eso. Obviamente que los efectos iban a ser instantáneos, pero podían presentarse en cuestión de media hora si es que las sustancias químicas en cuestión eran lo suficientemente potentes como para ingresar a mi sistema sin enfrentarse a mis barreras biológicas.

-Que asco- murmuré pasándome las manos por la cara y después miré todo alrededor buscando distraer mi atención. Me senté mejor sobre la cama y finalmente cerré los ojos y exhalé un largo suspiro. Vaya mierda era todo esto. Ni siquiera conocía mi real estado físico y solo sabía que dolía como el infierno. Fue entonces cuando decidí mirarme dentro de lo que era posible. Las vendas en mis antebrazos estaban manchadas con bastante sangre y mi pecho estaba también ensangrentado… tenía que cambiar ese vendaje.  La cara no me la podía ver, pero uno de mis pómulos ardía, así que mínimamente estaba trizado. Al menos la mandíbula la tenía intacta, lo cual casi podía considerarse una suerte. El sitio de mis costillas flotantes por el lado derecho dolía al respirar, así que obviamente estaban quebradas, de hecho el dolor se irradiaba hacia atrás. Al nivel de mis escápulas era la misma historia, mal que mal caí sobre ellas varias veces luego de haber sido lanzado a gran velocidad. En resumen, tenía movilidad reducida. Suerte había tenido de que no se me quebraran las piernas.

Permanecí un buen rato inmóvil en la posición más antiálgica que encontré mientras esperaba que la poción hiciera efecto. Cada tanto me movía un poco para evaluar si mi estado evolucionaba positivamente. Tuve la intención de levantarme, pero finalmente decidí que era una pésima idea y me quedé donde estaba. Dejé que mi vista se perdiera en la ventana y de a poco fui sintiéndome más tranquilo. Me pregunté dónde estaba Helena en aquellos momentos, a dónde se habría ido. Necesitábamos hablar… seriamente.



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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Helena D. Corso el Lun Oct 03, 2016 12:31 am

Lo ataqué en el templo de Arcadia. — Se limitó a decir, recargada en un extremo de la tina y con la mirada perdida en el agua que lamía sus piernas. Eso era todo. Con esas palabras constató que la responsabilidad y la culpa le pertenecían a ella. Si había alguna duda, aquella frase con sabor a vinagre lo aclararía todo, justificaría las heridas del mago y daría razón a las que marcaban la piel de la inmortal. Lo demás se explicaba por sí solo; que intentara salvarlo con semejante desesperación, las lágrimas derramadas y aquel humor intratable apuntaban a que no había razón alguna para hacerlo.  Y es que, aunque en las facciones del albanés se delatara la confusión del inmortal, Helena no podría dar más respuestas, porque, seguramente, él formularía las mismas respuestas de las que ella desconocía respuesta. Para ninguno de los dos había nada más que esa simple confesión. Ella lo atacó por alguna razón desconocida, tampoco lo culpaba de haberle provocado quemaduras ni de haberle roto unos cuantos huesos. Si hubiese tenido razón durante el combate, le habría rogado que la consumiera por completo.

Inhaló profundamente y después botó el aire a modo de un suspiro. — Ve a Bran. Hay un hombre que requiere mis servicios, hazle saber que no estoy disponible. — Habló recuperando su tono habitual, firme, casi autoritario, dándole entender al adepto que no aceptaría más preguntas y que tampoco estaba dispuesta a perder más tiempo a causa de su situación. — Y dile a los demás que vigilen el perímetro del puerto. Si ven actividad inusual, deberán notificarme enseguida. — Concluyó y pronto quedó sola nuevamente en el cuarto de baño.

No pasó mucho tiempo en la tina, no estaba de humor para entregarse al silencio ni a la soledad de sus pensamientos. Drenó el agua de la tina, se secó, dedicó algunos minutos para atenderse y pronto quedó lista para volver a ser ella y, quizá no del todo, para enfrentarse al mago. De modo que abandonó la habitación y antes de volver con Robert, consiguió vendajes nuevos en el piso inferior, un buen trago de whisky y subió, yendo directamente a la habitación en la que lo tenía como huésped.

Debo cambiarte el vendaje — Anunció una vez entró a la alcoba, acomodando ya las vendas en la mesita de noche. Su voz, aunque suave y tranquila, continuaba sonando vacía. Sin embargo, a diferencia de su primer intento por aproximarse al mago, en aquella ocasión tomó una silla y la acercó hasta la cama. Ella y nadie más era plenamente consciente del esfuerzo que demandaba el contenerse, el mantenerse alejada del llanto e ignorar, desde luego, el dolor que continuaba latente en todo su cuerpo. A juzgar por el terrible olor que despedía el frasco enviado por Rilvaar, Robert habría bebido ya su contenido y tenía la promesa de apartarse del dolor por unas horas.

De nuevo, se supo incapaz de hacer nada. Desvió la mirada hacia la ventana y a grandes esfuerzos atinó al fin a mirarlo a los ojos. Hizo ademán de hablar, pero de sus labios no salieron palabras y volvieron a sellarse, quizá hasta se fruncieron un poco a fin de mantener el control de sí misma. — Lo lamento… — Dijo finalmente. Su cuerpo estaba tenso, desesperado por mantenerse firme y responder a las exigencias de aquella mujer fría. Y no dijo más. No tenía derecho a dirigirle la palabra ni a justificarse ni a hacer preguntas. Mucho era que estuviera frente a él con la intención de atenderlo, cuando lo cierto era que ni siquiera se atrevía a mirarlo a los ojos.




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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Sáb Oct 08, 2016 5:25 pm

No tengo idea de cuánto tiempos pasó, me perdí en mis adentros, pensando, meditando o simplemente quedándome en blanco cuanto fuera posible. Mi atención debía mantenerse fuera del dolor. En algún momento cerré los ojos, quizá dominado por una oleada de cansancio, porque estaba agotado, el estado en el que estaba no era para menos. Y supe que los había cerrado porque en cierto momento oí la puerta y tuve que abrirlos para ver de quién se trataba. Me encontré entonces con la figura de Helena, vi que traía vendas en sus manos, justo lo que yo necesitaba en ese momento. Mantuve el silencio y la seguí con la vista en todo momento, no se me ocurría verdaderamente qué decir y ante sus primeras palabras tan solo me limité a asentir una vez con la cabeza.

Al parecer los dos estábamos de alguna forma bloqueados y era entendible, lo ocurrido no era un detalle, era importante y grave. Suspiré, cuidando de tomar no demasiado aire para no causarme dolor y después negué con la cabeza ante su disculpa. ¿Qué podía responderle ante eso? Estaba molesto, sí… pero apostaba a que no era completamente su culpa, la había visto distinta, enajenada. -No vuelvas a hacerlo… ¿te das cuenta de que casi me mataste?- dije quitando mis ojos de ella para ver hacia otro lado. -Independiente de lo que haya sido, Helena, no puedes perder el control así, mucho menos con un aliado- agregué, porque pese a que no quería ‘regañarla’ no podía decir palabras suaves ni golpearle la espalda. Le haría un pésimo favor.

-Me siento como un maldito inválido y quién sabe cuánto tiempo va a tomar mi recuperación. Mis energías siguen bajas y una poción no va a hacer magia de la noche a la mañana- al ver que tardaba en decidir si hacer o no lo que dijo que venía a hacer, me moví un poco y me acomodé para tomar yo mismo las vendas. Luego de eso quité primero las de mis brazos, eran lo menos complicado. Por fortuna la sangre no estaba tan seca, así que no fue un martirio y cuando tuve la piel descubierta, observé para evaluar de mejor manera las heridas. Estaban bastante feas, aunque no infectadas, supongo que antes de ponerme el primer vendaje debieron limpiarlas… limpiarme entero, de hecho, porque hasta lo que recuerdo hubo un momento en el que caí al fango. Hice una mueca y tomé el vendaje limpio para cubrir aquellas lesiones. Repetí la misma acción con mi otro brazo y finalmente me dispuse a atender mi abdomen y torso.

-¿Qué garantías tengo ahora, Helena?, ¿algo me asegura que esto no se volverá a repetir?- maldije en todos los idiomas posibles cuando intenté ponerme el vendaje restante. -No diré nada de esto a los míos, no tengo porqué hacerlo, pero si me hubieras matado o si llegaras a matarme, créeme que te buscarían y jamás lograría una alianza con los magos, al menos no con los de mi clase… así mismo te costaría mucho adueñarte de Baskerville si eso quisieras- me quejé un poco y finalmente logré cerrar el vendaje. Me dejé caer un poco hacia atrás  respiré con un poco más de alivio. Había aprendido a curarme a mí mismo, un sujeto solo tiene el deber de saberlo.

Cerré los ojos y me llevé las manos a la cara. -Entiendo… que tu naturaleza sea en ocasiones inestable. No te culpo ciento por ciento de lo que pasó. Sin embargo, critico que pese al tiempo que llevas siendo lo que eres, no seas capaz de distinguir lo que tienes delante. Pasaste una semana en mi hogar, el tiempo suficiente como para familiarizarte conmigo… ¿cómo es que no lograste bloquearte? Porque sabías que era yo en ese momento, no obstante me atacaste- volví a mirarla, fijamente y con atención. -¿Qué ocurrió?-.



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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Helena D. Corso el Sáb Oct 08, 2016 10:28 pm

A cada palabra se clavaba más y más en ella la frustración. Escuchaba lo evidente en forma de una reprimenda amable, a través de un reproche que podría haberse dedicado perfectamente a un niño. Helena esperaba algo peor, le frustraba y le fastidiaba no obtener algo peor, sin mencionar que se sabía sin derecho a replicar. Claro que sabía que estuvo a punto de matarlo, desde luego que era plenamente consciente de que a un aliado jamás se le hace daño y que un ser como ella no tenía ya el derecho a perder el control bajo ninguna circunstancia. Sabía que él no podía recuperarse al igual que ella, sabía que el dolor volvería pasados los efectos del brebaje. ¿Y qué podía responder a todo aquello si era innegablemente obvio?

Dio un suspiro y al mismo tiempo se puso de pie, justo cuando el mago tomaba los vendajes para cambiarlos por cuenta propia. El olor de su sangre se disparó en el ambiente y Helena no pudo sentirse sino más nerviosa, más desconfiada de sí como si aquello pudiera ponerlo nuevamente en peligro. Dicen que la falta de conocimiento potencia el miedo y en ese momento ella estaba lejos de conocer sus propias circunstancias y estaba irremediablemente hundida en la ignorancia al no saber bajo qué argumentos lo atacó ni cómo fue que sucedió todo aquello. Fue a recargarse contra la pared, en la misma posición en la que había esperado a que Rilvaar pusiera en el mago los primeros vendajes, y tampoco lo miró. La única diferencia era que sus huesos estaban en su lugar, aún dolían, pero estaban en el sitio que les correspondía.

¿Era enojo, tal vez, lo que sintió al escucharlo mencionar las repercusiones de su muerte en Baskerville? A Helena no le importaban los demás magos y la Orden la tenía sin cuidado en ese momento. Y esto la llevó a darse cuenta de una cosa. Como aliada, le correspondía tomar en cuenta diversas cuestiones diplomáticas que envolvían la relación entre ella y el mago, pero él ya no era simplemente un aliado. Robert era algo más que un mago de Baskerville para ella, puesto que no había ninguna otra justificación al haber derramado lágrimas por él. Tenía ganas de objetar y al mismo tiempo no quería dirigirle la palabra, primero porque pasar cinco días juntos no forman aliados y segundo porque aún se sentía sin el derecho a defenderse ni a decir nada. Y es que, ¿qué clase de amenaza era aquella?

“No obstante, me atacaste.”

Esas cuatro palabras taladraron su cabeza impetuosamente, lo suficiente como para devolverla al borde de ese estado de desolación que había experimentado momentos atrás. Apretó los labios de manera sutil, buscando recuperarse a sí misma, tratando de permanecer estoica frente a él, puesto que partirse en dos no tenía ganancia alguna.

Se resistió a responder de inmediato, pues no tenía idea de qué responder y no había modo en que pudiera ofrecer una respuesta satisfactoria para ninguno de los dos. Ella no tenía idea de nada, no recordaba nada. Lo único que sabía era que ella lo había atacado y porque era bastante evidente. El mago herido a sus pies y ella con quemaduras en su cuerpo. Estaba claro que ella había atacado y él se había defendido. — No lo sé. — Dijo al fin, aún sin atreverse a mirarlo. — Pero no me trates como a una niña, Robert. Deberías ser más cruel. — Continuó, dando a entender a él y a sí misma que las palabras continuarían emergiendo de sus labios, para defensa o no de sí misma. — Lo que te hice requiere control, de otro modo no te estaría hablando ahora mismo. No sé qué sucedió, no sé si dije algo, si pensé algo o si sucedió algo para que decidiera atacarte, no sé ni siquiera cómo llegué ahí.  Tampoco me merezco sólo una parte de la culpa; sé lo que hice porque estoy viéndote, porque no me atreví a llevarte a ningún otro sitio salvo este. — Sentía un suave ardor en sus párpados y el nudo en su garganta que anunciaban el llanto, pero permaneció firme, reprimiendo las lágrimas y manteniendo la voz firme, aunque suave. — Jamás me atrevería a hacerte daño, y aun así he aquí el resultado de mi falta de control. — Le sabía a ironía el hecho de que ella hablase de perder el control. ¿No dominaba ya muchas zonas? ¿No era su nombre conocido por todo Pandora? ¿Cómo era que podía controlar todo lo demás menos a sí misma? Vivir así no tenía ninguna gracia.




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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Vie Oct 21, 2016 9:53 pm

Rodé los ojos y solté una risita irónica con la clara intención de que esta se percibiera como tal -¿Es una broma?, ¿me estás diciendo ahora cómo debo tratarte? Te hablaré del modo que se me dé la gana. No estimo necesario ser “más cruel”. Ahora, si tienes gustos masoquistas, solo tienes que decírmelo y puedo ser un maldito hijo de perra contigo. Solo tienes que decir las palabras mágicas… - solté sin quitarle los ojos de encima. Pero lo cierto era que, aunque ella cargara sobre sí toda la culpa y aunque fuese cierto que la pelea se desencadenó solo porque ella atacó y yo no tuve más opciones que defenderme, claramente hay un lapso de desconexión de ella con su propia consciencia y eso puede deberse a factores externos fuera de su control. Es una hipótesis probable.

-Tengo recuerdos vagos, estaba más concentrado en que no me hicieras añicos con tus zarpazos y golpes. Fuiste fría, cruel… me trataste como si fuese una rata a la cual debías darle caza. En ciertas ocasiones te me quedaste viendo… quieta, sin hacer nada. Visto desde un punto de vista mágico, cualquiera creería que estabas poseída. Tenías la mirada muerta y tu rostro inexpresivo. Sin embargo, tuviste un atisbo de consciencia, porque dijiste el nombre de alguien y lo recuerdo bien solo porque me pareció demasiado fuera de lugar. Mencionaste a un tal… Clint, sí, recuerdo bien el nombre- le puse más atención, a ver si eso la hacía reaccionar de una u otra forma. Quizá no tengo recuerdos de las palabras exactas que profirió cuando mencionó a ese sujeto, pero ese detalle en particular quedó grabado en mi cabeza.

-Aunque… ¿sabes qué? No me importa, no cambiará nada lo sepa o no- dije justo a continuación y me moví lentamente con la clara intención de levantarme, quería hacer el intento. No quería pasarme el tiempo recostado, al menos si podía caminar, aunque fuese tambaleándome, me sentiría un poco más autovalente y menos inválido. Fui lento, dándole tiempo a mis músculos para que no se resintieran y para que mi piel fuera estirándose de a poco con el cambio de posición de tendido a erguido. No me ahorraba las muecas de molestia, no iba a hacerme el fuerte cuando era obvio que me dolía hasta respirar.

-¿Y dónde se supone que estamos?- pregunté cuando por fin pude poner los pies sobre el suelo, aunque todavía sin levantarme. Claramente estábamos en un lugar que le pertenecía a ella, pero podía ser cualquier sitio a lo largo y ancho de Pandora. Aunque tenía la impresión de que era Zárkaros. Y si estábamos efectivamente donde pensaba, entonces significaba que tenía a mi hermana muy cerca, ya que según la última pista que Helena me había brindado, la rata traidora había venido a ocultarse aquí planeando pasar una temporada entre los aldeanos de la zona. Lástima estar en mi estado o ya mismo planificaría una emboscada para torcerle el cuello.



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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Helena D. Corso el Miér Oct 26, 2016 12:49 pm

No había modo en que pudiese responder a aquello sin empeorar las cosas. Podría decirle que fuera tan cruel como le viniera en gana, que podía ser un hijo de perra sin temor a represalias, pero las habría, porque Helena tampoco sabía quedarse callada. El resultado sería peor, sin duda, y ya no tendría derecho a pensar siquiera en el aprecio que le tenía a aquel hombre herido. Si daba una negativa, terminaría viéndose como una infanta y al final el reproche habría sido en vano. El silencio valía más.

Desvió la mirada y se guardó cualquier palabra con respecto a esa pequeña muestra que le daba el mago para hacerle saber que ganas ni modo faltaban para atender a la petición de la inmortal. Casi podía burlarse y dedicarle algún improperio en sus pensamientos, pero no lo hizo. Estaba concentrada en saberse responsable y en reprimir cualquier impulso o reacción que fuera más allá de esa frialdad con que se mantenía en pie y con la que fijaba la inexpresividad en su rostro.

Sus ojos azules volvieron a posarse en él, pero su rostro seguía apuntando a otra parte, como indispuesta a mirarlo de manera directa. Escuchó cada palabra, imaginándose su propia expresión durante el ataque, tratando de dar con algún pensamiento que pudiese justificar lo ocurrido, pero no había nada. Los recuerdos del combate eran aún más lejanos que aquellos recuperados junto al mago. Había sido otra Helena, otra mente, otra alma. No había modo en que ella… ¿Clint? Quedó helada. De un momento a otro ella se convirtió en silencio absoluto. No respiraba, su mente no se contaminaba con el murmullo de sus pensamientos y parecía que el corazón no latía más. Sus pupilas se inundaron de alguna emoción prisionera de sus marcas azules y poco a poco el caos se abrió paso en su cabeza. Buscando ocultar todo aquello de la vista del mago, se apartó de la pared y le dio la espalda por breves segundos, como si se dispusiera a pasearse por la habitación, como si aquel nombre no hubiese significado nada para ella. Se sentía iracunda, dolorida, traicionada, incontenible, pero fuera de ella el silencio y la tranquilidad seguían reinando en su expresión.

Lo atacaste por un muerto, Helena. Esa has sido tú, sin duda.

Él tenía razón, no hacía falta que supiera quién demonios era Clint. ¿Para qué? Los muertos no hablan, los muertos no previenen guerras. El mago se ocupaba ya de mejores cosas como para atender un mísero detalle del pasado de esa mujer, un pormenor que afortunadamente no había hecho gala de su presencia en Baskerville. Ella prefería contemplarlo en aquel doloroso intento por ponerse de pie, prefería escuchar los gritos silenciosos de sus músculos ante su trabajosa tarea y percibir el perfume de su sangre adueñarse del aire que respiraba. Él no podía darse cuenta de su mal humor, no podía saber que la mente de su atacante estaba turbia en emociones diversas. — En el puerto de Zárkaros — Respondió sin más. Una voz fría cuya sedosidad escondía la puntualidad de sus palabras.




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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Dom Oct 30, 2016 2:19 am

-Zárkaros… vaya, vaya- mi hermana estaba allí, si es que era cierto lo que decía aquella bitácora de viaje que había sido rescatada por Helena algunas lunas atrás. -Quién lo diría… - dije para luego apretar los dientes y detener mi andar solo para recuperar la estabilidad que había estado a solo segundos de perder. Precipitarme contra el suelo no estaba en mis planes. Por supuesto que no pasé por alto ciertas reacciones al escuchar aquel nombre, incluso sonreí levemente al notarlo, era evidente que estaba en presencia de un fragmento de su pasado que yo desconocía y que no había llegado a ver en sus memoria en aquel viaje a través de la hipnosis conjunta. -Con razón olía a madera húmeda- volví a moverme hasta llegar por fin junto a ella. Lo gracioso de todo es que la distancia no era tanta entre la cama y ese punto, pero en mi estado parecieron kilómetros.

-Creo que prefiero mil veces veinte azotes en mi espada y un corte en la palma de mis manos- me apoyé en el muro junto a la ventana y suspiré un tanto aliviado. Realmente agradecía que mis piernas estuviesen intactas. La miré unos momento y alcé una ceja torciendo una leve sonrisa -¿Vas a tener esa cara el resto del día? Porque puedo darte razones para que la conserves- me llevé la mano izquierda a mi costado derecho para cubrir uno de los sitios que me dolía y cerré los ojos, golpeando suavemente una vez mi cabeza contra el muro. El brebaje había sido efectivo, pero no era milagroso, los dolores solo habían disminuído y no desaparecido, cosa que había previsto. -El único que tiene derecho de tener mala cara aquí soy yo- tomé aire lentamente y boté de la misma manera.

Una suave vocecita en mi cabeza me decía que estaba siendo un tanto injusto con ella, una voz demasiado suave y lejana a la que muy rara vez le hago caso. Sí, está bien, ella tenía todo el derecho de sentirse mal, de reaccionar así ante el temor de haber perdido el control que tenía sobre sí misma, pero yo también tenía derechos de hablar o reaccionar de esta forma. Ella estaba quizá aterrada o apenada y yo estaba frustrado, porque mi magia y mis habilidades me habían traicionado poniéndome en peligro mientras que ella contaba con todas las ventajas para dejarme hecho un estropajo… así tal y como estoy ahora. Esto no era injusto, era un mano a mano. Si se enfadaba conmigo, bien, si me mandaba al diablo, pues bien también, pero prefiero que ambos liberemos toda la tensión que existe ahora a que se mantenga en el tiempo indefinidamente hasta que esta alianza acabe disolviéndose.

-Pero… ¿sabes qué? En parte debo agradecerte todo esto. Sí, aunque suene bipolar… hay ciertas cosas que uno debe vivir antes de tomar algunas decisiones y esto me ha servido bastante. Quizá lo entiendas más tarde, no es necesario que lo comprendas ahora. No sé si alguna vez te hablé del destino y de las cosas que ocurren… creo que lo conversamos, que los hechos del pasado repercuten en los del futuro y de que nada sucede al azar, no hay momentos sueltos, todo está conectado y es posible que haya estado destinado a sufrir todo esto, una prueba para saber qué tan preparado estoy para dar los siguientes pasos en mi carrera como mago. No puedo desentenderme de mis propios dichos, no puedo decir que esta es una mala coincidencia… - dije entonces, aunque sin moverme, sin abrir los ojos, sin mirarla. Estaba atando cabos dentro de mi cabeza, yendo hacia atrás y hacia adelante, buscando la lógica a todo esto como solía hacerlo con todo en mi vida.



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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Helena D. Corso el Lun Oct 31, 2016 7:58 pm

Su hombro terminó apoyado nuevamente en la pared, al filo de la ventana, y su cuerpo descargaba su peso sobre una sola pierna. Se había apoyado sobre el hombro herido, pero no le importaba. Aquella presión le producía cierto alivio, como si el peso de su propio cuerpo le ayudara a reunir los fragmentos de sus huesos. Lo escuchó formular palabras que parecían ir destinadas al aire o a él mismo, no tanto a la inmortal, y miró de reojo aquel intento por andar hasta la ventana. Si hubiese tenido voz para reprocharle, le habría dicho que debía descansar, que jugar al fuerte no le ayudaría a recuperarse, pero sabía también que el hombre era testarudo y que muy seguramente habría respondido de mala gana o simplemente la hubiese ignorado.

Al parecer sus pulmones y su orgullo estaban intactos, pues hablaba con la misma facilidad que de costumbre. Idiota. Su respuesta más inmediata, y única puesto que el hombre continuó hablando a placer, fue una ceja alzada y una mueca que se perdió en algún punto del paisaje que se extendía más allá de los muros. Y aunque le hubiese gustado responder con palabras, lo dejó tranquilo y aguardó a que las palabras continuaran fluyendo de sus labios. Desde el principio había sido así, no era una cuestión de culpa. Robert y ella habían conversado tantas veces que el ritmo de su hablar era previsto por el otro. En efecto, así fue. Volvió a mirarlo cuando de su boca emanó una opinión distinta. No bipolar, sólo distinta.

Palpó su rostro, en busca de su cajetilla de cigarros, pero no la encontró. — Lo hablamos, sí. En más de una ocasión. Así que entiendo cuando menos una parte de lo que has dicho — Concedió. A pesar de las palabras del mago, entendía. Lo único que necesitaba y que hacía falta era un qué. Para un mago había muchos modos de continuar sus respectivas carreras, había rumbos distintos, un sinfín de posibilidades. Quizá con eso se refería al hablar de un después. Tal vez lo sabría más adelante. Ella misma necesitó situaciones similares en el pasado, muchas décadas antes de pensar siquiera en pisar Pandora. Al fin y al cabo, ella se había construido en base a esas malas experiencias, había caído en cuenta de su propia condición gracias a eso y quizá de otro modo no hubiera existido la Helena del mundo humano ni la que estaba junto a Robert en ese momento.

Inhaló profundamente a medida que se encogía de un hombro y botó el aire en un suspiro suave. El peso de su cuerpo se pasó de una pierna a otra, resintiendo el movimiento en una punzada de dolor en su hombro. — Respecto a mi cara… — Se aventuró a decir. — La tendré así menos tiempo que tú, si es lo que quieres saber. Pero si deseas darme todas las razones que quieras, adelante. Habla. Yo te morderé la boca cuando me parezca que has dicho lo suficiente. — Dicho aquello,  apartó su mirada de él nuevamente, pero en sus labios se apreciaba el rastro de una sonrisa. Era sutil, un gesto que nadie alcanzaría a encontrar tan fácilmente.




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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Lun Oct 31, 2016 11:30 pm

Una de las cosas que suelen gustarme de vez en cuando es la impredecibilidad de algunas personas… sobre todo gente como ella. Porque la verdad es que había previsto una conversación poco amigable y silencios molestos y prolongados. Creí que ella respondería molesta a mis palabras y que yo contestaría después de peor forma, un círculo vicioso tóxico que se agrandaría hasta tal vez qué consecuencias. Ambos teníamos motivos para estar enojados, ella consigo misma y yo conmigo mismo y con ella. Pero entonces su contestación fue distinta, algo pícara. No lo veía venir. Mas no me sentí aturdido, ni confundido, no me parecía una ofensa ni un acto atrevido al que debería responder como si lo fuera. De hecho mi reacción fue morder mi labio inferior por dentro, casi tentado por la idea. Abrí los ojos para mirarla de soslayo y me reacomodé lentamente en mi lugar, torciendo una sonrisa que no pretendí ocultar.

No sabía si iba en serio o no, pero de imaginármelo me daban ganas de que fuese una amenaza real. -¿Lo harías?- aunque la verdad era que prefería que sus dientes y sobre todo sus colmillos cayeran sobre otro lugar en mi cuerpo. La mordida de un vampiro es un dolor que desconozco y que no logro imaginar, porque no hay nada que se le compare. -Porque… podría arriesgarme. Puedo apostar a que nada resultaría mal de eso… ¿o estoy en un error?- mantuve mis ojos en ella, fijos, inamovibles y así mismo procuré que mi sonrisa permaneciera intacta. Era casi una oferta que no estaba dispuesto a rechazar.

Algunos dirían, ¿es que no era suficiente con todo lo que había pasado?, ¿no me bastaba ya con el dolor que en esos momentos dominaba la totalidad de mi cuerpo?, ¿es que acaso estoy demente? Pues fue suficiente, claro que sí, pero esto no es igual. Y sí, me basta con este dolor, mas insisto en que no sería lo mismo. Finalmente, sí, estoy demente, siempre lo he estado y cada vez será peor. -Como sea, gracias por responder a mi pregunta, me alegra saber que no veré esa cara kilométrica por mucho rato más. No te viene, la verdad que no. Te ves mucho mejor cuando sonríes o cuando mantienes una expresión típica de cuando piensas… cualquiera de esas dos estará bien- reí por milésimas de segundos y entonces miré hacia otro lado, paseando mi vista por la habitación hasta que finalmente reparé en el exterior, viendo de reojo lo que se alcanzaba a vislumbrar desde mi posición, que no era demasiado.

-Normalmente no me gusta abusar de la hospitalidad de quienes me dan un lugar en sus casas, pero debo reconocer que en este momento un trago fuerte me vendría mucho mejor que una poción analgésica. Acostumbro a callar mis dolores con alcohol en lugar de brebajes medicinales, surte mucho más efecto en mí- lo que fuera que tuviera una alta graduación de alcohol estaría perfecto, pero no lo estaba diciendo solo por eso, sino porque también me daría un poco más del valor que ya tengo y que es bastante. El licor siempre es un buen recurso si se mide bien, en justas dosis, como todo, puede convertir un buen momento en uno perfecto. Y si no estaba en un error, cabía la posibilidad de que lo que había comenzado como una tragedia, terminara de una manera muy favorable para ambos.



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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Helena D. Corso el Mar Nov 01, 2016 12:41 am

Se trataba de una amenaza real. Cuando menos pretendió que lo fuera en un principio y no fue sino hasta que esas palabras quedaron al aire que se dio cuenta de que estaba lejos de ser una amenaza formal, el tipo de amenazas que ella hacía como de costumbre, pero no. Por eso una sonrisa había amenazado con asomarse en sus labios. Y no la habría reprimido si no temiera por la credibilidad de sus propias palabras. Al final no sirvió. Alcanzó a ver aquella sonrisa que coronaba los labios del mago, un gesto que celebraba que aquella amenaza hubiese sido hecha y, por lo tanto, lo agradeció ella también, precisamente por la misma razón que se había tragado la primera respuesta a sus amenazas.

La sonrisa que pretendió disimular se marcó un poco más en sus labios cuando escuchó aquella pregunta y miró finalmente al mago de frente, girando su cabeza a él y entrando en contacto visual directo. — ¿Te parezco el tipo de persona que no cumple sus amenazas? — Inquirió con una ceja alzada. — Aunque el resultado de esto depende de ti. Si te muerdo por las malas, puede que no lo disfrutes tanto. — Dicho aquello, se encogió de hombros, dejando al aire la segunda posibilidad de aquella respuesta como si se tratara de cualquier cosa o como si aún valiera la pena continuar con aquella amenaza fallida. No hacía falta profundizar en una buena posibilidad para darse cuenta de que, fuera de sus intenciones originales, le gustaba pensar en ello, que podría morder su labio y hacerlo sangrar lo suficiente para para otorgar a ambos la satisfacción de un capricho cumplido. No obstante, estaba limitada por una simple razón y era que el hombre estaba ya lo suficientemente magullado como para que ella decidiera llevar a cabo una venganza por sus palabras.

Hizo una mueca y se apartó de la pared. No pretendía alejarse, sino quedar viendo hacia el exterior, estar hombro a hombro con el mago mientras se distraía mirando el pedazo de puerto que se abría ante ellos. El que Robert insinuara su interés por ser mordido no rayaba lo extraño como lo hacía aquella petición. Una sonrisa o una cara pensativa. — En ese caso, te daré la alegría de saber que estaré sonriente o pensativa, según se den las cosas con todo este asunto de tu masoquismo y de lo que harás para provocarme. — Respondió con suma naturalidad, como si no hubiese comprendido las palabras del mago en su totalidad.

Le sorprendía, hasta cierto punto, que el hombre se hubiere habituado a su condición tan pronto, que anduviese caminando por ahí como si su problema sólo fueran dolores musculares, bromeando y buscando probar los colmillos de la inmortal como si su combate fuera cosa de sueños. No le molestaba y tampoco podía negar cuánto representaba un alivio. En otras circunstancias seguiría temiendo al riesgo de morir, pero él se veía vivo dentro de lo que cabe. — Bueno, considerando que el piso inferior es una taberna, no me parece ningún abuso — Le dio la espalda a la ventana y buscó con la mirada su objetivo, que era el sitio en donde se reservaba sus caprichos. Atravesó la habitación para luego abrir las puertecillas de un mueble que contenía una colección de botellas, todas de contenido distinto. Algunas las compartía con los clientes que admitía en su alcoba, el ron estaba reservado para James y sólo unas cuantas para ella y sus recuerdos. Después de todo, aquel espacio la había albergado en situaciones tan terribles como buenas, había visto y conocido mucho de aquella mujer, de los secretos que sólo el silencio y la soledad podían guardar muy bien. Era la dueña, además, de Sombra del Edén, ¿cómo no permitirse semejantes caprichos? — ¿Whisky? — Preguntó girándose con una botella en la mano, lo suficiente como para mirarlo.




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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Mar Nov 01, 2016 7:52 pm

La seguí con la mirada, manteniendo el silencio que conservé mientras ella respondía a mis palabras. Conservé mi sonrisa y permití que mis ansias crecieran lentamente. La vi entonces detenerse frente a un mueble del cual sacó una botella de whisky -Perfecto- respondí asintiendo y me aparté del muro para regresar a la cama, allí me senté para esperar mientras que buscaba palabras para responder todo lo que ella había dicho anteriormente. -¿Y de qué depende exactamente el hecho de que sonrías?, ¿de lo que pueda resultar de mis provocaciones?- alcé una ceja. Me parecía necesario saberlo, porque la verdad era que prefería verla sonreír, le otorgaba un aspecto dulcemente siniestro. -No sé si algo pueda llegar a ser peor que la paliza que me diste… al menos no me dejarías seco- traté de buscar la manera más cómoda para estar sentado, porque aquella posición me molestaba en el costado derecho, justo donde tenía una costilla quebrada.

-Aunque la verdad… ¿por qué mejor no saltarnos todo ese jueguito y derechamente procedes? Me quedaré quieto, al menos un tiempo, el suficiente para acostumbrarme- recordé entonces aquella vez que nos conocimos, cuando estuvimos en su residencia en Bran, en aquel instante en el que recorríamos aquella habitación llena de artilugios… cuando estuve frente a aquel espejo donde tan solo me veía yo y ella no. Ese momento fue en el que viví intensamente el deseo de ser mordido, de probar por sus colmillos la experiencia que muchos temen por miedo a ser transformados o asesinados. Pero fuimos interrumpidos, sin embargo ahora existía la garantía de que no se volvería a repetir.

De todos modos aguardaría, esperaría beberme al menos un vaso de whisky completo antes de seguir avanzando. Si bien es cierto que la ansiedad me impide esperar paciente, sé y tengo claro que mientras más nos conectemos a favor de ese momento, mejor será la experiencia para ambos. -¿Lo has hecho antes?, ¿morder para tu deleite y para el deleite de alguien más?- porque podía ser que jamás antes le tocara relacionarse con un tipo como yo, con gustos tan particulares y atípicos, aunque lo dudaba. No sé si aquel antepasado mío que ella conoció sintió la curiosidad que yo tengo ahora, podía serlo, fue nigromante y como tal su pensamiento debió ser en algún momento un tanto perverso o al menos torcido.

No quería pensar realmente en lo que pasaría posterior a este día si es que se concretaba el juego que estábamos empezando, de hecho no quería pensar realmente en lo que yo estaba sintiendo en esos momentos y en todo lo que emocionalmente me ha estado sucediendo desde aquella vez en la que nos despedimos en la puerta de mi mansión. Tal vez podía parecer que me lo estaba tomando hasta ahora como una broma después del trágico acontecimiento que nos trajo hasta aquí, mas por más que lo pareciera, no era tan cierto. Desde aquellos días que pasamos juntos que he tenido momentos en los que añoro su cercanía y me pregunto que qué tan juntos podríamos llegar a estar. Es complejo considerar todas las variables que implican entrar en una espiral de la que, una vez dentro, no podré escapar, en la que seguramente podría llegar a sufrir y arrastrarla a ella en el proceso. ¿Cuán lejos íbamos a llegar?, ¿podía predecirlo tan anticipadamente?



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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Helena D. Corso el Mar Nov 01, 2016 8:39 pm

Destapó la botella y permitió que el aroma del whisky se apoderara del ambiente, mezclándose con el perfume de la sangre del mago. Y, como si aquello no bastara, se tomó la libertad de oler el licor durante un breve segundo. Era perfecto. Se trataba de una botella que no compartía con nadie, una botella cuya existencia todo mundo desconocía y que sólo podía compartir con alguien que lo apreciara tanto como ella. Luego de aprobar la bebida, colocó la botella en la mesa y se dispuso a conseguir un par de vasos en donde pudiesen consumirlo.  Así, de espaldas al mago, podía escucharlo y sonreír con libertad a causa de sus preguntas y de sus comentarios, hasta que la impaciencia del hombre le arrancó una breve risa.

El juego es parte del encanto, Robert. — Dijo mientras vertía el líquido ámbar en uno de los vasos de cristal. — Debes saber que hay dos maneras de provocar a alguien — Prosiguió con entera naturalidad, fingiendo enfocarse por completo en su tarea, procurando que sus insinuaciones fueran lo suficientemente claras sin llegar a ser directa. — Si sabes hacerlo bien, me tendrás sonriendo por un buen rato y el proceder resultará placentero para ambos. En cambio, si lo haces de la mala manera, me verás pensativa — En eso se gira un poco y, con cierta teatralidad, mira a la nada con aire pensativo y recita: — “¿Hice bien al dejarlo seco?” — Finalmente tapó la botella y la dejó dispuesta por si deseaban continuar bebiendo de su contenido.

Atravesó la habitación por enésima vez y se sentó junto al mago, haciendo entrega de uno de los vasos. Entonces sonrió, sus labios se curvaron con cierta picardía y malicia, mientras que sus ojos miraban directamente a los orbes pardos del mago.  — ¿De verdad crees que no? — Inquirió algo curiosa y escéptica a la vez. — Generalmente creen que los mataré de inmediato, que una simple mordida los conducirá a una muerte inmediata, pero al final terminan pidiendo más. Te digo, jugar es parte del encanto. — Cuando finalizó su respuesta, dio el primer sorbo al whisky, deleitando su paladar con una bebida que estaba lejos de equipararse a la sangre, pero que aun así podía considerar como buen rival. — Desde luego, eres el primero que se muestra ansioso desde el inicio y ojalá hubiese probado tu sangre en Bran, el día que nos conocimos. No se me olvida ese pendiente. — Continuó mientras acunaba el vaso entre sus manos y ladeaba la cabeza para continuar mirándolo. Verlo tan hablador disminuía considerablemente esa mala pinta que se cargaba, ya no parecía el hombre moribundo de hace unos minutos. Era simplemente Robert con unos cuantos rasguños. — Pero tienes razón, no te dejaría seco. Si tu sangre me gusta lo suficiente, te guardaré para futuras ocasiones. — Lo más lógico entre los suyos era lo contrario, que acabase con su vida y con su sangre, que consumiera la totalidad de aquel elixir hasta satisfacer su sed, pero Helena era distinta. Ella sabía dominarse y era por eso que le pesaba tanto haber perdido el control. Culparse a sí misma era un modo de negar lo ocurrido, de no caer en la excusa de que alguien más en su cuerpo lo había hecho, que su antigua persona había logrado dominarla a ella cuando debía ser al revés.




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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Mar Nov 01, 2016 9:27 pm

Cuando ella se sentó junto a mí en la cama y me entregó el vaso, mi cabeza pensaba en sus palabras previas, pero al mismo tiempo ponía atención a lo siguiente que ella decía. Aproveché de beber un sorbo de whisky durante mi silencio y me deleité con el perfecto sabor del licor abrazando mi lengua y con el calor de este al bajar por mi garganta. Una obra de arte sin duda. Me permití beber nuevamente, queriendo confirmar lo que acababa de percibir con mi gusto y entonces ella dejó de hablar. -Mmm, bueno, en ese sentido estoy perfectamente… siempre hago bien esa clase de cosas. En realidad siempre hago todo bien y lo sabes- comenté partiendo con lo primero que ella había dicho. -Estoy consciente de que el juego es parte del encanto, solo que a veces mi ansiedad habla por mí- torcí una leve sonrisa y me contuve de acercar una mano hacia ella, pues estaba tentado al menos a acariciar una de sus mejillas. -Busco que esto termine siendo placentero para ti y para mí y apuesto a que es lo que tú también quieres o no estaríamos teniendo esta conversación- sí, el bla bla, lo que yo precisamente no acostumbraba a hacer cuando quería conseguir algo de una mujer. Hasta no hace mucho, no requería de tantas palabras para seducir a una chica, tan solo un par de frases, una mirada, una caricia y todo lo demás ocurría por sí solo. Sin embargo, esto me importaba, porque pesaba, porque no era solo una jugarreta, era serio aunque no lo pareciera, aunque aparentara ser demasiado rápido. No, no estoy hablando de amor, no estoy hablando de un enamoramiento tonto. Hay cosas que no se pueden describir con palabras, porque tal vez no existe la categoría en este limitado mundo terrenal.

Jugueteé distraídamente con el vaso unos momentos y dejé que mis ojos, que hasta ese momento habían permanecido fijos en los de ella, pasearan lentamente por el resto de su cuerpo aunque este estuviese cubierto con ropa. Después de eso miré hacia otro sitio, hacia la ventana, perdiéndome en el horizonte que alcanzaba a vislumbrar mientras volvía a beber whisky para anestesiar mi razón y permitirle a mis impulsos aflorar con más naturalidad que de costumbre. No necesitaba ser totalmente racional en esos momentos, requería de mi lóbulo frontal, mas no completamente. -¿Por qué quisiste morderme en Bran? Acabábamos de conocernos, llevábamos tan solo unas pocas horas de aquel encuentro en la biblioteca. Voy a reconocer de todos modos que quería que lo hicieras, por eso me mantuve quieto… por eso ladeé mi cabeza, fue intencional… pero quiero conocer lo que pasaba por tu cabeza en ese momento. Podía percibir de alguna otra forma que tenías el deseo y que se habría concretado de no ser por aquella carta tan inoportuna- dije a propósito de que ella lo había mencionado y que yo lo había pensado previamente.

Me agradaba saber que, si llegaba a tomar de mi sangre, no se la bebería toda en caso de que le gustara. Personalmente no sé qué tan buen sabor pueda tener, con todo lo que he hecho y con lo energéticamente cargado que estoy, me da la impresión de que quizá no es deliciosa para un ser como ella. Por supuesto que para mí solo sabe a metal y puede que quizá encuentre una que otra diferencia en sabores de la sangre que he bebido en ciertos rituales, pero mi gusto no está tan afinado, lo mío es definitivamente el whisky. O tal vez ella estaba segura de que iba a gustarle, con sus sentidos mucho más desarrollados que los míos, tal vez era capaz de distinguir a priori lo que sabía bien de lo que sabía mal como cuando uno está frente a un buen plato de comida. Los aromas dicen mucho de las cosas.



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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Helena D. Corso el Mar Nov 01, 2016 10:19 pm

Desde su lugar, el olor de su sangre superaba el aroma del whisky. Si cerraba los ojos, podría señalar cada una de las heridas en su cuerpo sin equivocarse, podía decir incluso que una de ellas se había abierto un poco a causa de la inquietud del mago. Desde su posición, podía contar los detalles de aquel rostro que le llamaban la atención y que conformaban el recuerdo del mago dentro de su mente. Podría decir que sentía el dolor en el pómulo herido con tan solo verlo, que esos gestos que nadie podía ver ella los veía y que sabría explicarlos, cuando menos en su mente y sin necesidad de dar palabra a ello. Sin duda, haberlo herido era razón suficiente para condenarse a sí misma durante muchos días y semanas, porque aquel rostro le recordaba al caos y se le antojaba perfecto.

Desvió su mirada mientras lo escuchaba y esbozó una sonrisa, la cual se desvaneció al aproximar el filo del vaso a sus labios en un intento por prevenir un gesto que revelaría parte importante de sus pensamientos. Bebió. Le constaba que el hombre era muy bueno en lo que hacía, pero, siguiendo la secuencia marcada por aquel juego que ella se afanaba por continuar, no podía decir que lo sabía. A fin de cuentas no había hecho de todo con ella. Se mordió el labio inferior mientras lo miraba de soslayo, tratando de encontrar en los ojos ajenos la necesidad de tanto hablar, de explicarse cuando las reglas del juego habían sido puestas claramente sobre la mesa. — Desde luego — Concedió. — Aunque el placer debería asegurártelo yo, porque al fin y al cabo seré yo quien te muerda y quien pruebe tu sangre. — Y porque no tenía derecho a hacerlo pasar por más dolor. Helena había sido inmortal el tiempo suficiente para conocer el alcance de su propio cuerpo, del daño que podría causar con su condición sin llegar a parecerse al resto de los inmortales. Ella sabía estimular la piel, apelar al erotismo que existía en aquel gesto para que algo tan doloroso como una mordida se convirtiera en algo sumamente placentero.

Aprovechó el silencio para beber un poco más. No estaban muy lejos a convertir el whisky en una bebida obligatoria entre ellos, en un símbolo de aquella atracción que superaba la culpabilidad de la mujer y la frustración de Robert. Y no estaba mal. No había nada mejor para establecer un vínculo que el licor. Entonces suspiró. No fue un suspiro pesado, sino un suspiro de mujer, un dejo de su voz sedosa que no llegaba a formular palabras, pero que sí prometía una respuesta. Se tomó unos segundos más para pensar en aquello que diría y mantuvo la mirada puesta en el vacío. — No hacía falta que te conociera para desear morderte. Al contrario, me pareció sumamente tentador saber que la compañía de un único mortal en la zona me pertenecía, que nadie más tenía derecho a acercarse porque estabas conmigo. Porque estabas a solas conmigo. — Lo miró entonces de reojo con una sonrisilla cómplice — Estuve cerca de morderte en la biblioteca y eso te habría convertido en una presa como cualquier otra, pero comenzaste a hablar. En ese momento me pareció que debía escucharte, que no había prisa por morderte y la oportunidad perfecta se presentó en la mansión, aunque duró muy poco, lejos de ser suficiente. — No había modo en que olvidara un solo segundo de aquel encuentro, de las palabras que compartieron entre sí, de los secretos que le permitió conocer y de los tratos que hicieron el uno con el otro. Helena tenía claro que no era un mago cualquiera, que él había dejado ser un simple mortal desde hacía tiempo.




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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Sáb Nov 05, 2016 3:57 pm

-Postergar el obtener algo que se desea, es una buena forma de hacer crecer la necesidad por obtenerlo… - volví a mirarla y sonreí levemente para luego beber whisky, vaciando el vaso en un solo sorbo. Estaba acostumbrado a hacer eso, la verdad es que desconozco cuándo adopté esa costumbre. Me gustaba hacerlo, de todos modos, se sentía más intenso el sabor, era como tragar fuego, quemaba la garganta y bajaba por mi esófago haciendo que todo ardiera a su paso… una sensación dolorosa y agradable, sumada a un sabor exquisito de la malta fermentada con toques a madera propios del barril donde fue almacenada por un largo tiempo. -Me agrada la idea de no haberme convertido en una presa como cualquier otra, pues ciertamente no soy cualquiera- eso tenía un gran significado para mí, había algo entre ella y yo, existía cierto grado de interés suficiente como para respetarnos y postergarnos a nosotros mismos, negar nuestros deseos al menos el tiempo suficiente para compartirlos con el otro… cuando pudiéramos convertir esos deseos en algo común. Cosas como estas no ocurren frecuentemente.

-Y es cierto, tú vas a ser quien finalmente me muerda y quien debe asegurarse que no me duela, sin embargo, eso no significa que yo no pueda hacer que el placer que tú sientas, sea mayor… eso es algo que no tiene límites. Siempre puede ser mejor, ¿no lo crees?- dejé el vaso en la mesita de noche, no había urgencia de rellenarlo. -Al fin y al cabo… tu piel es sensible a los estímulos, ¿no?- alcé una ceja y me acomodé nuevamente, aunque ahora un poco más cerca de ella. Me atreví esta vez a acercar una de mis manos a su rostro, situando esta sobre uno de sus mejillas para que de esa manera con mi pulgar yo pudiera delinear la línea bajo su ojo, repasando su pómulo con suma suavidad. Sentí la frialdad natural de su piel y no pude evitar sentir un escalofrío… sabía que eso era así, pero conocer la realidad en persona era distinto al mero conocimiento almacenado en mi mente. Mantuve el silencio mientras dejaba que mis sentidos trabajaran. Deslicé mi mano desde su mejilla hasta el costado de su cuello de ese mismo lado y finalmente descontinué aquellas caricias, aunque quedándome por unos momentos con un mechón de su cabello que acabé acomodando tras su oreja.

Quizá, si fuese más joven, si estuviese viviendo aquellos años en los que todo el asunto de la inmortalidad me volvía loco, cuando supe que era posible, mi actitud ahora sería distinta. Tengo delante de mí a alguien que ha vivido más de cien años, que es todo lo que yo actualmente quiero excepto por su condición no mágica y de ser ahora aquel jovencito que solía ser, mi actos serían mucho más impulsivos, haría de todo, hasta lo imposible, para conseguir cuanto antes la experiencia de la mordida de una criatura inmortal, de estar al borde de perderlo todo a cambio de la vida eterna. Pero el asunto es distinto ahora, sumado a que actualmente no tengo ni la más mínima intención de transformarme en un vampiro. Curiosidad, sensualidad y placer.



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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Helena D. Corso el Sáb Nov 05, 2016 5:34 pm

Sí, postergar los deseos hasta convertirlos en necesidad parecía una idea estupenda, al menos hasta que los segundos debieran prolongarse, hasta que las palabras se interpusieran entre una cosa y otra lejos de satisfacer sus deseos. Era interesante ver cómo esa tensión se había reanudado sin mucha dificultad y a través de una simple amenaza, sin mencionar que no se interponía a cualquier cosa. No importaba cuánto se acercaran el uno al otro, cuánto prolongaran aquel juego de seducción tan innecesario entre ellos, él continuaría estando herido a causa de ella y ella continuaría estando humillada por causa propia. No obstante, parecía algo bastante fácil de olvidar y de ignorar ante la promesa de un dolor más placentero y del tacto que ambos esperaban desde hace tiempo.

Interrumpida por la mano del mago, sus labios permanecieron entre abiertos, atentos a los trazos suaves e invisibles que iba dejando en su rostro, embelesada por el tacto de sus dedos y por el modo en que aquella mano acunaba la totalidad de su mejilla. Sí, su piel era sensible a los estímulos y lo era aún más cuando esos estímulos cabían dentro de sus deseos y cuando sus deseos se alteraban a voluntad de quien estimula. Se aprisionó con los dientes el labio inferior cuando las caricias descendieron por cuello, moldeando sus relieves a calor y dibujando cada curva con la dedicación de un alfarero. Estaba claro que el hombre no era cualquiera. Sus labios no eran los de cualquiera. Y entonces, cuando la mano finalmente se apartó de ella, la mirada de Corso destiló una mezcla entre deseo y malicia, y su labio inferior fue lentamente liberado hasta que el mechón de cabello quedó acomodado detrás de su oreja. — Es sensible, sí… — Concedió con voz suave, sin llegar a convertirla en un susurro.

Pero permite que te saque de un error… — Añadió y se inclinó hacia él en un movimiento lento y discreto, sin revelar la ansiedad de morderlo finalmente o de cumplir la amenaza original alterada por aquella caricia. — Cada mordida que deje en tu cuerpo traerá dolor consigo. — Susurró con sus labios rozando levemente su oído, respirando, gracias a la cercanía, la esencia del mago. En su mente pululaba una palabra, un nombre que no era el ajeno, pero que identificaría ante ella, de ahora en adelante, a aquel hombre de ojos pardos. — Pero ahora yo me siento intrigada por ese placer que tú prometes. — Confesó retomando su postura inicial y reacomodando la distancia entre ellos, aunque sabía que no duraría mucho. — ¿Cómo planeas superar lo que es para mí el mayor de los placeres? Aún no conozco el trabajo de tus manos como para responder esa pregunta por cuenta propia.




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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Sáb Nov 05, 2016 8:16 pm

Cuando la vi acercarse y ante la proximidad que se estableció entre nosotros entonces, cerré los ojos y sentí un escalofrío recorrerme la espalda. Tenía claras sus palabras, sabía que no estaría libre del dolor, pero no me preocupaba en absoluto, es más… quería conocer ese dolor y estaba dispuesto a volverme un adicto. Sentí ganas de retenerla para que no se apartara, pero me gustaba que las primeras aproximaciones vinieran en dosis pequeñas. -Para algunos, ciertas clases de dolor son mejores que una simple caricia erótica- respondí sabiendo que probablemente ella estaba más que enterada al respecto. ¿Quién era yo para enseñarle cosas? En experiencias ella me llevaba años luz de distancia y eso no me molestaba, al contrario, me encantaba. Sonreí levemente y ladeé la cabeza para finalmente encogerme de hombros.

-La verdad es que no me gusta hablar de cómo haré las cosas, le quita la magia, desaparece el factor sorpresa y entonces estaría obligado a esforzarme por adivinar lo que te has figurado para superar con creces tus expectativas- contesté ante aquella pregunta que ella había hecho. Y no es que no me sintiera capaz de superarme a mí mismo, sino que también me gustaba evitar decir qué es lo que quiero hacer porque pierdo tiempo valioso. -No conoces el trabajo de mis manos, pero ya lo harás. Además, no planeo superarlo, planeo complementarlo para acrecentarlo- agregué corrigiendo solo una parte de lo que ella había dicho.

-De todos modos nos la podemos pasar el resto del día charlando al respecto de esto, pero creo que… ya hemos hablado lo suficiente, ¿no?- tomé una de sus manos atreviéndome a entrelazar nuestros dedos de inmediato. Y es que de a poco mi ansiedad seguía creciendo, ya estaba llegando a ese punto en el que la espera a la que nos habíamos sometido intencionalmente de alguna manera, se volvía imposible de sostener. Alcé nuestras manos solo un poco y las observé, comparando nuestros tonos de piel. Ella era bastante más blanca que yo, obviamente su mano era mucho más fina, más estilizada, más bella… y a la vez tan peligrosa y letal. La acerqué a mis labios y besé su dorso, prolongando aquel contacto por algunos segundos adicionales.

Que distinto era todo esto, bastante lento comparado con mi acostumbrada manera de proceder, pero me gustaba. Con ella podía tomarme el tiempo necesario para complacerla aunque fuera en lo más mínimo. Mientras avanzara y no me estancara, no me iba a desesperar.



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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Helena D. Corso el Sáb Nov 05, 2016 9:31 pm

No eran las palabras ni su intención al decirlas, sino la excusa para acercarse a él, para acortar peligrosamente la distancia entre ellos y tentarse a sí misma y descubrir cuánto más podría resistirse.  La respuesta era clara, la misma de siempre. Podría seguir resistiéndose a él, pero una vez que se rompiera esa barrera, no habría marcha atrás. Y dio por respuesta una sonrisa. No fue un gesto de timidez ni de una victoria por parte del mago. Era satisfacción pura, complicidad, la fascinación ante esa clase de similitudes.  Quizá, en otro momento, le permitiría a Schröder explorar hasta qué punto disfrutaba ella el dolor en aras del placer.

Se permitió reír por escasos segundos ante las correcciones del mago. Tenía toda la libertad del mundo para complementar cuanto quisiera, para acrecentar el placer que beber traía consigo. Pero Helena sabía que era posible, desde luego. Sus insinuaciones no eran simple reto verbal y aunque pudo haberlo sacado de ese error, prefirió que actuara, que el hombre de mirada profunda tomase su mano y exigiera terminar con la conversación de manera sutil. Y tenía razón. Cada uno había demandado a su manera cortar las palabras y después la distancia, pero ninguno había tomado un paso real hasta ese momento.

No reprochó, desde luego, que Robert tomase su mano y entrelazara sus dedos. Era una sorpresa agradable, excepto por el hecho de que las extremidades de ambos reflejaban aún los estragos del combate. La piel de la vampiresa podía parecer perfecta y su dorso estaba salvo de las llagas, sensible aún para disfrutar de los labios ajenos, pero había quemaduras que demorarían al menos tres de esas conversaciones en desvanecerse casi por completo. A él, en cambio, no parecía importarle sus propias laceraciones. Se había entregado al tacto y, por consiguiente, ella podía hacerlo también. De modo que llevó su mano al rostro ajeno, colocando las yemas de sus dedos sobre la barba creciente y deslizándolos hasta colocarse en el mentón y elevar así el rostro ajeno a su altura. — No esperaba palabras, sino una demostración — Murmuró sonriente contra sus labios y en el acto se apoderó de ellos. El capricho era morderlo, sí. Eso era lo que tenía que hacer, pero nadie había especificado cuándo ni dónde. Así pues, ella se tomó la libertad de prolongar tan solo un poco aquel beso únicamente para probar sus labios lo suficiente. La misma mano que había acariciado el rostro del mago se deslizó por su cuello, capturando el calor del mismo hasta que la punta de sus dedos se hubo perdido entre las hebras azabaches. El níveo pulgar de la mujer permaneció marcando la línea de la mandíbula y concluyó el beso al ejercer suave presión en ese punto, de modo que la cabeza del mago se moviera para disponer la totalidad de su cuello.

Sin abrir los ojos, aspiró el olor de la sangre ajena. Besó su cuello en un punto y en otro, tanteando la zona hasta encontrar dónde le apetecía más morderlo hasta que sus dientes atraparon un pedazo de piel, sin ejercer fuerza alguna, de modo que fuera tan solo una caricia amenazante. Quizá para él o tal vez para ella. Su sangre la llamaba a gritos, no desde ese momento, sino desde antes, desde que recobrara la consciencia en Arcadia, desde que el perfume de ese elixir se adueñara del aire en la habitación. Suspiró contra su piel, extasiada por la promesa que se cumplió enseguida al clavar sus colmillos al fin, al perforar esa piel que cedió al instante y que ofreció un sacrificio carmesí.




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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Sáb Nov 05, 2016 10:13 pm

Silencio… un silencio con pensamientos ruidosos, con el latido de mi corazón un poco más acelerado. Sentí su mano acariciándome y finalmente el roce de sus labios contra los míos, momento en el cual cerré los ojos y me entregué a esa tibia fusión de nuestros labios. Era tal cual me lo había imaginado, igual a como lo soñé despierto alguna vez en aquellos días que pasamos juntos en mi hogar en Baskerville. Pero este contacto no duró tanto como hubiese querido, sin embargo no reclamé y me dejé, permitiéndole hacer a ella cuanto quisiera. Permanecí con mis ojos cerrados y ladeé la cabeza tras aquella orden silenciosa llevada a cabo por la mano de Helena. Me di cuenta entonces de que mi corazón rápidamente había aumentado su frecuencia y así mismo mi respiración, aunque no demasiado, no estaba agitado. Sin embargo no pude evitar jadear ante el contacto de sus labios contra mi piel. Mi emoción había alcanzado un punto alto, de tanto en tanto algún escalofrío descendía por mi espalda y mi cuerpo entero sufría los estragos de la adrenalina.

Me sentí dividido en dos, incrédulo y a la vez no, pero sumamente expectante. Cuando sus dientes capturaron mi piel en aquella primera instancia, sin atravesar mi piel, sentí mi cuerpo tensarse. Entreabrí mis labios en un intento por mantener el control sobre mí mismo y abrí mis ojos unos momentos… todo en una fracción de segundos antes de que sus afilados colmillos interrumpieran la continuidad de mi piel sin dificultad alguna. Era una sensación como ninguna que haya sentido antes. En efecto dolorosa y extraña. Pude percibir mi piel palpitando. Mi cuerpo iba a desear reparar aquel daño y por ende más sangre acudía a aquella zona. No pude evitar quejarme al tiempo que mis ojos volvían a cerrarse. Tenía que aguantar. Me moví un poco, tratando de tomarla a ella para reacomodarnos. Fue complicado, al menos para mí, porque en ese intento de tenderme para llevarla a ella sobre mí, al dolor de la mordida se sumó el de mi costado derecho y lo cierto era que la piel de mis antebrazos tiraba un poco, pero no importaba, ahora todo eso podía pasar a segundo plano.

Fue complejo adaptarme a la mordida, realmente lo fue. Aunque traté un tiempo de figurarme cómo sería, mi imaginación no logró aportarme una visión aproximada de cómo sería esto. Busqué  un sitio donde dejar cómodamente mis manos, pero finalmente fue la ropa de cama lo único que terminó entre mis dedos. Mis manos estaban ahora empuñadas y sumamente tensas. Mantuve mi cabeza ladeada para dejarle lugar a ella, el espacio completamente disponible para que se quedara allí el tiempo que ella estimara necesario. Y a pesar de que el dolor era difícil de cuantificar en una escala preexistente, me agradaba. Supe entonces que fácilmente podía llegar a gustarme tanto que lo iba a necesitar con cierta frecuencia.

¿Qué seguiría después de esto?, ¿qué iba a ocurrir con nosotros? Ahora me lo volvía a preguntar a pesar de que preferí descartar pensar en ello hace un rato atrás. Jadeé arrugando el entrecejo y evité caer en teorías y especulaciones al respecto de esas interrogantes. Llevé entonces una de mis manos a la nuca de ella para entrelazar mis dedos con su cabello y la otra mano la dejé a la altura de su espalda baja, en la curva lumbar. -Continúa… - murmuré aún cuando mi parte más racional rogaba por un descanso para mi cuerpo.



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Re: Primum non nocere × Robert {FB}

Mensaje por Helena D. Corso el Sáb Nov 05, 2016 11:10 pm

Deliciosa. La sangre emanó de la piel sin resistirse, sin encontrar obstáculo ni razón para ceder a las suaves succiones de aquellos labios rojos y carnosos, y su cuerpo lo agradeció por mil y una razones. Primero, el elixir le devolvía la vitalidad perdida durante el combate y restituía la energía empleada en la regeneración. Segundo, se trataba de un deseo aplazado por varios meses, el fruto de la tensión entre mago e inmortal y el placer de disparó por ser la vez primera, por romper finalmente aquello que los mantenía al margen.

Cálida, la sangre recorría su boca hasta la garganta, y a medida que su cuerpo la absorbía robaba también el calor del mago. Su piel comenzó a tomar color y su piel ya no era tan helada. Y pronto sus latidos comenzaron a acompasarse con los ajenos. Eran latidos rápidos, posesivos, apelando a la bestialidad de aquella naturaleza asesina a continuar el robo de esa sangre y ella cedía. Bebía como bebe un hombre agua al escapar del desierto, bebía porque esa sangre terminaba de aproximarla a él, de fusionar una vida con la otra a través de sus latidos sincronizados.

Dejó escapar algo semejante a un gruñido cuando el mago se movió, pero no ocurrió lo temido. No se apartó de él. En cambio, el hombre la arrastró consigo hacia la cama, acomodándose sobre el colchón para prolongar uno de los actos más fascinantes para personas como él y tan placenteros para criaturas como ella. De modo que, sin apartar sus labios del cuello ajeno, la mujer se acomodó, cuidando de su cuerpo no se apoyara sobre el del mago, sino que sus manos y sus rodillas mantuvieran su cuerpo suspendido muy cerca del ajeno, lo suficiente para que pudiera amoldarse a su cuerpo. Pero eso era todo. Ella no pensaba en lo que pasaría después, ni pensaba en lo que podría significar ese momento para ambos. Ella pensaba en la sangre, en lo mucho que había esperado por ese momento y en lo bien que se adaptaba a sus expectativas.

Prisionera de las manos ajenas, continuó bebiendo, pero no de la misma herida. Sus labios se apartaron un poco de la primera laceración y buscaron otro punto, un poco más afuera de curva del cuello para clavar sus colmillos nuevamente. La piel de Robert, al igual que la primera vez, no se resistió al filo de aquellos dientes ni tampoco lo hicieron sus músculos. Jadeó extasiada cuando la sangre inundó su boca. Sin embargo, el corazón del mago comenzaba a lanzarle advertencias. Debía detenerse pronto si deseaba no exponerlo nuevamente al peligro. Ella supo desde el principio que no podría beber mucho de él, que había perdido sangre y que no estaba haciendo nada que mejorase su situación. Y debía obedecer más a ese susurro que a las órdenes de Schröder, de modo que recogió las últimas gotas de sangre con los labios, como si besara su piel, y después regresó a la boca ajena. No obstante, no reclamó sus labios. Los rozó y antes de que pudieran fusionarse por segunda ocasión, se movió hacia un costado de su rostro, respirando contra su piel, exponiendo en ese ritmo el éxtasis y la tensión que aún reinaban en su cuerpo. Depositó un beso en el cuello del mago, apenas un centímetro de bajo de la oreja. — Tu cuerpo me pide a gritos que pare — Susurró a medida que se apartaba apenas lo suficiente para mirarlo a los ojos. — Tal vez después pueda exigirte un poco más. — Añadió con una sonrisa sutil y sugerente en sus labios.




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