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Iridescent ◽ Robert E. Schröder

Mensaje por Leucótea el Miér Sep 21, 2016 11:52 am

Pienso que aquella mujer que lleva largos minutos ante papel y tinta posee aún algo de humanidad. Yo espero en silencio a que logre plasmar en texto la misiva que abrirá las puertas de mi próximo destino. Suspira y, mientras su mano redacta, me hace saber que le hubiese gustado acompañarme ella misma. Si ella no me hubiese enseñado nada, habría preguntado por qué había de viajar sola. Pienso que me hubiese gustado saber por qué era tan importante que fuera yo a Baskerville, por qué, después de ataviarme con todo lo que jamás tuve, debía yo alejarme. Aparto mi mirada de ella y contemplo el baúl que ha de acompañarme en mi travesía. Llegué a Zárkaros sin nada de eso.

La cera con la que sella la misiva tiene un aroma peculiar y atrae mi atención. Me dice que me cuide, que me irá bien y que no hay nada por lo que deba preocuparme. — ¿Irá a verme cuando termine sus asuntos en Bran? — Temo que reproche mi pregunta, que me responda con incertidumbre, porque ella rara vez se está quieta. Promete que lo hará antes de abandonar la habitación. Yo permanezco unos segundos ahí, sentada al borde de la cama, examinando la carta que va dirigida a un tal señor Schröder.

Adiós, Geshë.


Recuerdo que en las semanas que he vivido aquí siempre se me hizo saber que debía continuar mi educación en otra parte, que ella no podría enseñármelo todo aunque tuviese los conocimientos, que yo necesitaba algo más. Y sé que siempre soñé con Baskerville, pero ahora me intimida. Viajar no es cualquier cosa y aquí lo hacen a menudo. Las voces tampoco están, ya no me he vuelto a reír con ellas y tampoco ellas se han reído de mí. Sólo me queda tomar mi valija y marcharme yo.

***

Llevo en el carruaje los días y las horas exactas que me aseguraron demoraría en llegar a Baskerville. La tranquilidad del viaje me hace sospechar que el tiempo se extenderá, pero no es así, pues el carruaje se detiene en breve y la puerta de la cabina es abierta por el cochero. Me informa que estamos en el corazón de la región, que esperará en ese mismo punto mi regreso y me desea suerte. ¿No va a acompañarme? ¿Sabe acaso que no conozco nada de esta región? Sin embargo, guardo para mí toda pregunta y miro a mi alrededor para ubicarme.

Detrás de mí está la arboleda. Recuerdo haberla atravesado antes de que el coche se detuviera. Vuelvo a mirar hacia adelante y distingo a lo lejos un imponente castillo y, un poco más al este, otro edificio de menor tamaño. Ésa es mi primera opción. Antes de apartarme del carruaje, me aseguro de llevar conmigo la carta para el señor Schröder y el brazalete que Geshë me obsequió cuando la conocí. Entonces y sólo entonces, me siento lista para andar.

El edificio de la academia me resulta fascinante. No me es posible compararlo con los relatos, pero logro identificar algunos detalles que inspiraron sus historias. — Buenos días, ¿dónde puedo encontrar al profesor Schröder? — Pregunto a una señorita en cuanto los pasillos me resultan imposibles de identificar y, posteriormente, la sigo hasta que logra regresarme al camino correcto. Me indica que siga derecho y que será sencillo dar con su despacho. Una vez ahí, llamo a la puerta mientras mis pensamientos impetuosos buscan imaginarse al mago que he venido a ver.


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Re: Iridescent ◽ Robert E. Schröder

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Jue Sep 22, 2016 9:25 pm

Había dejado de llover no hace mucho rato, toda la mañana estuvo cayendo agua, aunque poca, más una llovizna que cualquier otra cosa, pero era suficiente para conservar la tierra húmeda y el aire limpio del humo de las chimeneas que cubría prácticamente todo Baskerville. Esa mañana, como casi todas las mañanas, las labores en la academia me convocaban. Clases, consultas y trabajo administrativo, la rutina del establecimiento educativo en el cual llevaba ya demasiados años trabajando. No me aburría de estar allí, por supuesto que no era como estar en los terrenos de la Orden o como la comodidad de mi mansión en los terrenos periféricos de Barkerville, sin embargo tenía su encanto y es que el ambiente académico siempre me ha gustado. Aún no puedo evitar visitar la biblioteca por mucho que ya me conozca gran parte de la misma y que pueda recorrerla con los ojos cerrados.

Temporalmente estaba retirado de la búsqueda de Annabelle, sabía que ella seguía en Zárkaros y lo mejor era hacerle creer que allí estaba segura. De todos modos la tenía bajo vigilancia, era importante que no se moviera de allí mientras nosotros nos preparábamos para abordarla. La pista que Helena me había dado con aquel diario de navegación había sido suficiente. Era casi gracioso que, luego de tanto tiempo huyendo y ocultándose, decidiera permanecer allá luego de haber revelado parte de sus planes al desdichado capitán que había redactado aquella conversación en esa envejecida libreta. Los días, horas y minutos estaban contados para esa rata traidora y yo no podía más que sentirme espectacularmente bien. Casi podía decir que mis noches al dormir eran mejores.

Durante la mañana había dado algunas clases en diferentes niveles, tanto a principiantes como a los más avanzados. Desde la simple historia de la magia que me compete, hasta el dominio y control de las mentes a través de la posesión. Luego de eso, dejé un tiempo disponible para que, aquellos que lo quisieran, fueran a mi oficina a aclarar dudas o a buscar bibliografía para profundizar sus estudios. Por supuesto que muchos fueron. Siempre dejo dudas pendientes para estimular el que ellos busquen el conocimiento. Si les interesa, lo harán. Posterior a eso, me entregué a la labor de revisar ensayos y trabajos que tenía pendientes y que debía entregar pronto para las evaluaciones que estaban próximas a realizarse. Por fortuna tenía el resto de la tarde libre en cuanto saliera, me dedicaría a mis propias investigaciones una vez estuviera en casa.

Y justo cuando creí que ya había dejado todo en relativo orden, cuando ya me disponía a ordenar mis pertenencias para ir a las caballerizas y recoger a Mörder, la puerta sonó. No era la asistente, ella solía tocar al tiempo que entraba. Dudaba que fuese un alumno, pues el horario de consulta se había acabado hace mucho rato atrás. Arrugué el entrecejo y con un movimiento de mi mano derecha, hice que la puerta se abriera por sí sola. Vi entonces a una muchacha que no había visto antes en mi vida, no era alumna o al menos no era alumna de mis clases. La observé por unos segundos alzando una ceja. Me fijé que traía un sobre en su mano, ¿correspondencia? Pues la correspondencia siempre la traía la secretaria. Tomé asiento en mi sillón tras el escritorio y apoyé mis brazos en los reposabrazos -¿Te puedo ayudar en algo?- pregunté esperando a que ella entrara y a que respondiera a mi pregunta, pues de momento no me podía figurar absolutamente nada respecto de sus intenciones.



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Re: Iridescent ◽ Robert E. Schröder

Mensaje por Leucótea el Vie Sep 23, 2016 1:04 pm

La calma de aquel edificio me resulta extraña, como si no se tratara más que de una ilusión, como si estuviera yo soñando que me encuentro entre pasillos silenciosos, esperando a que la muerte me tomara por sorpresa. No obstante, el edificio está lejos de resultarme siniestro. Era como Sombra del Edén durante mis primeros días de estancia. Ahí el silencio me era igual de extraño que ahora y la ausencia de las voces era altamente sospechosa. Después de tanto tiempo de no escuchar nada más que sus burlas y esos relatos que me traían del exterior, no escucharlas ahora me preocupa, como si estuviera a punto de ser víctima de alguna broma. Recuerdo que una vez el mar estuvo a punto de tragarme a causa de ellas.

Mi cuerpo petrificado no es capaz de reaccionar a la novedad que se presenta ante mí. ¿Cómo se ha abierto la puerta sin que yo o el mago la hayamos tocado?  No puedo evitar sentirme torpe, esta clase de cosas no ocurren en Zárkaros. Ahí lo más cercano a la magia soy yo y las sombras que Alekséi puede convocar. Exhalo con suavidad, manteniéndome segura de mí misma como Geshë me lo habría exigido, y comienzo a adentrarme al despacho del señor Schröder. — Helena Della Rovere así lo espera. — Anuncio segura de que es la respuesta correcta a su pregunta. ¿No era acaso la mejor manera de anunciar que me envía una mujer como ella? Tampoco conozco su relación con este señor mago, de modo que no puedo aventurarme a responder cualquier cosa sin alterar la pregunta inicial.

Traigo para usted un mensaje de ella —Hago entrega de la carta una vez estoy ante el mago y tomo asiento ante su escritorio, esperando a que el señor Schröder comprenda que ha de leer la carta para comprender los motivos de mi presencia. Por mi parte, prefiero que las palabras de Helena hablen por mí, puesto que me resulta difícil articular frases complejas o largas con un extraño, a pesar de que este extraño posea la aprobación de mi protectora.

Mientras el hombre se dedica a la lectura, me tomo la libertad de explorar con la mirada el despacho en que me encuentro y, ocasionalmente, al mago también. Es extraño relacionarlo con Geshë, pero no difícil. Incluso me atrevo a decir que cada detalle de aquel rostro me recuerda a ella, que no me sorprendería saber que ambos son aliados en esto que llaman tierra de nadie.

Mis manos se encuentran una a otra sobre mi regazo. Sólo debo esperar e ignorar mi impaciencia y mi curiosidad.


Mi estimado Robert:

Me apena que debas enterarte de mí por medio de una carta y que no esté yo presente para hablar directamente contigo. Debo decir que la situación actual de Pandora me ha mantenido ocupada y en la constante búsqueda de un espacio en mi agenda para escaparme a Baskerville; aun así he postergado mi visita infructuosamente hasta hoy.

Ante ti se encuentra una joven llamada Leucótea. Sabrás que en los últimos meses se me ha pedido (con particular frecuencia) dar caza a los contrabandistas de humanos, y a ella la he encontrado en una de mis expediciones en el mar de Zárkaros en busca de mis objetivos. Me pareció incorrecto dejar a una joven bruja a su suerte, por lo que la tomé como mi protegida y desde entonces me he dedicado a enseñarle todo cuanto me fue posible compartir con ella y todos los conocimientos que se le negaron desde que era una infanta. No obstante, comprenderás que no me es posible educarla en ese ámbito que los caracteriza a ustedes los magos. No me parece justo dejar su potencial a medias, especialmente al comprobar por mí misma que es una aprendiz espectacular, pues estas tres semanas que ha estado conmigo han sido más productivas que el medio siglo que pasé en Rumania educando neófitos.

Por lo demás, aprovecho que últimamente mis actividades me mantienen ocupada para enviarla a Baskerville a fin de continuar con sus estudios. Sin embargo, a pesar de que le he dado instrucción de interceptarte en la Academia y de que me resisto a la idea registrarla como estudiante aún, dejaré que seas tú quien decida qué es lo más indicado para ella.

Fijo mi visita para tres días después de que esta carta sea leída, puesto que me siento incapaz de conformarme con una carta después de no verte durante un tiempo.

Siempre tuya,
 Helena.



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Re: Iridescent ◽ Robert E. Schröder

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Vie Sep 23, 2016 4:57 pm

Las primeras palabras de la muchachita me hicieron sentir casi como en un ambiente familiar. No pude evitar cambiar mi expresión a una de más interés, aunque sin exagerar, quizá fue casi un sutil cambio en el brillo de mis ojos. Llevaba demasiado tiempo sin saber de ella desde el torneo… aunque aquello no había sido tan significativo como aquella vez en la que estuvimos a solas posterior a su visita a mi hogar, cuando navegamos en lo profundo de sus memorias perdidas. Cada letra de su nombre hizo eco en mi cabeza y por instantes no me sentí tan solo. Ella me recordaba tanto como yo a ella o eso podía intuir. Vi que la chica se acercaba para extenderme el recado que decía, traía de parte de la vampiresa. Lo tomé sin parecer ansioso, pese a que lo estaba en parte.

Pasé sutilmente el sobre aún cerrado cerca de mi nariz, en busca de su aroma y luego, como si se tratara de extender un momento a solas con Helena, abrí lentamente aquella misiva, tratando de no romper el sello, sino tan solo de despegarlo, y extraje el papel que contenía, escrito de su puño y letra con exquisita caligrafía. Leí palabra por palabra, línea por línea hasta el final, captando su mensaje y buscando verla a ella en cada trazo. Finalmente sonreí y mis ojos volvieron a pasar sobre las palabras previas a su firma mientras que en mi cabeza se repetía la promesa de volver a verla en tan solo unos días. Guardé entonces la hoja dentro del sobre y regresé mi atención a la joven. Me puse de pie y me aclaré la garganta.

Usualmente no aceptaba alumnos particulares, porque significaba asignar un tiempo adicional y eso implicaba restar horas a mis propios quehaceres. Pero no era un favor cualquiera, quien había enviado a la chiquilla significaba demasiado para mí como para sopesar si lo haría o no. -Leucótea- dije por fin cortando el silencio que se había extendido por un tiempo. -Has estado en buenas manos- agregué a continuación mientras pensaba en lo que debía decirle. -Helena me ha dicho que necesitas educación mágica, algo que ella no puede hacer por evidentes razones… ha hecho una muy buena recomendación, dice que aprendes rápido. Y apuesto a que así es, no te hubiese enviado hasta mí si considerara que eres un caso perdido. Ella sabe que mi paciencia es escasa tanto como mi tiempo- me aparté del escritorio y caminé un poco por mi despacho hasta que me detuve junto a una de las ventanas que daba hacia uno de los jardines internos de la academia, se veían algunos alumnos ir y venir de sus clases.

-No sé que tantas cosas te contó ella de mí. Obviamente sabes que me llamo Robert y que soy académico- ladeé mi cabeza dejando que mi vista se perdiera en algún punto unos momentos y finalmente me giré para poder ver a la muchacha otra vez. -Formo a alumnos desde nivel medio hasta los niveles más altos, usualmente no educo a magos que desconocen parte o la totalidad de su potencial, pues otros maestros aquí en Baskerville se dedican a eso. Es normal que a los quince años, los jóvenes sepan bastante y que a los dieciocho ingresen a la academia para seguir alguna especialidad que les interese- guardé las manos en los bolsillos de mi pantalón. -Sin embargo, haré una excepción contigo. Confío en el criterio de Helena. De todos modos debo decirte que soy exigente y para nada flexible. Busco la excelencia. No formo magos para que sean mediocres, sino para que sean un aporte a nuestra raza. Educo para expandir mentes, porque la magia no tiene límites. Inculco valor, porque sin valor, nadie traspasa las fronteras del saber. Puedo asegurarte de que aprenderás conmigo mucho más de lo que cualquier muchacho en esta academia en sus inicios como magos potenciales. Luego de eso… puedes decidir qué hacer- me mantuve en mi lugar, sin quitar los ojos de ella. No quería asustarla, solo quería que supiera que Helena la había asignado con alguien que no se tomaba la magia a la ligera. -Dicho todo lo anterior, ¿hay alguna pregunta que tengas o algún comentario que desees agregar antes de que convengamos los términos y demás asuntos meramente administrativos entre nosotros?- me acerqué al escritorio y me senté nuevamente en mi sitio. Le tocaba hablar a ella.



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Re: Iridescent ◽ Robert E. Schröder

Mensaje por Leucótea el Lun Sep 26, 2016 9:40 am

A pesar de que tengo bien grabado en la memoria mi primer encuentro con Geshë y que, por ende, recuerdo bien las palabras que usó y el modo en que las esgrimió para convencerme de seguirla, no logro imaginarme qué tipo de argumentos habrá utilizado para que el mago se dedicara a leer aquella misiva con semejante voracidad ni tampoco qué palabras habría utilizado para que no pusiera ni un solo pero en cuanto a mi educación.

Aunque yo lo conozco y me refiero a él como señor Schröder, he escuchado a Helena mencionar su nombre, pronunciarlo con el suave ronroneo de la erre como si se tratara de la palabra más valiosa que ha dicho jamás. Aunque su voz siempre es dulce al mencionar mi nombre, me resulta poco melódico cuando ella dice en compañía de este otro. Claro que sé quién es, cómo se llama y a qué se dedica, pero nada más. Cuando mi curiosidad sale a flote, Geshë guarda silencio, impedida por algún tipo de culpa o sentimiento que desconozco y no me entero de nada más. Y, aun así, estoy ante Robert. Ni siquiera él puede pronunciar su propio nombre como ella. Él está acostumbrado y quizá no ha de encontrar el significado ni la misma gracia que ella encuentra en todo.

Continúo escuchándolo con suma atención. No de la misma manera en que escucho todo lo que atrae mi interés, sino con aquella disposición que sé que grabará las palabras ajenas en mi mente al igual que todo lo aprendido en Zárkaros. Desde luego, no espero que se me tenga paciencia por mi falta de conocimiento y así se lo hice saber a Geshë cuando le pedí que me educara con todo lo que ella sabía. Ni siquiera me intimidó saber que esa mujer está llena de conocimientos que yo no lograré equiparar en una sola vida, pero estoy segura de que la ingenuidad, en ese aspecto, me sirve de algo. Así que de cierto modo estoy preparada a las exigencias de este hombre.

Niego suavemente con la cabeza ante su pregunta. — Sé dónde me encuentro y, aunque no conozco mucho de usted, tengo la certeza de que podré adaptarme a su modo de trabajo. — Geshë no parece ser muy distinta a él, puesto que también me ha dicho que no me enseñaría sin esperar nada de mí y es que a mí tampoco me apetece quedar en las sombras. Me parece, además, que lograré recuperar todos mis años perdidos en poco tiempo. — Por lo demás, me gustaría reservar por lo menos  tres horas al día para continuar con los estudios que  Helena me ha asignado — Continúo y me doy cuenta de lo extraño que me resulta llamarla por su nombre y no del modo en que estoy acostumbrada.  — Fuera de eso, estoy a su merced, señor Schröder. — Aseguro mientras lo sigo con la mirada hasta tenerlo nuevamente ante mí. Estoy segura que, de haber venido semanas antes, lo hubiese atiborrado con preguntas de toda índole y hasta me hubiera sentido inquieta en mi lugar, deseosa de explorar su despacho. Pero hay algo en este ambiente que me exige recato y la prudencia que demanda una reunión como esta.


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Re: Iridescent ◽ Robert E. Schröder

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Sáb Oct 08, 2016 5:59 pm

Spoiler:
¡Lamento mucho la demora! D:

Una chica prudente al parecer, eso era útil y yo lo agradecía, solía no tener buenas relaciones con los alumnos impertinentes e impulsivos, porque son estos lo que ante su poca paciencia, cometen errores básicos y, por lo tanto, imperdonables. -Suena bien. Y en cuanto a los deberes que te asignó Helena, no hay problemas, es una cantidad de tiempo razonable que me deja bastantes libertades- en tres horas bien usadas mucho se podía hacer. -En cuanto a lo que no conoces de mí… eso te lo dará al tiempo que pases conmigo. Dicho esto y dado lo que implica educarte en cuanto a las artes mágicas, te sugeriría pasar una temporada en mi hogar. Hay mucho espacio y no me molesta, además así podrás concentrarte mejor. En cuanto a bibliografías, tengo todo lo que necesitas… muchas cosas son de mi autoría y otras son de otros brujos eruditos y respetables- además que prefería tenerla cerca para que no se contagiara con otras ideologías. Si le permitía venir a la academia con tan poco conocimiento, cabía la posibilidad de que los magos blancos le cayeran encima como aves rapaces y lamentaría agregarla a la lista de personas a las cuales eliminar.

Y a propósito de lo anterior, ese era un asunto que debía tratar tempranamente con ella, aunque no de manera directa -No sé cuánto te habrá comentado Helena respecto de la magia, sin embargo me gustaría conocer tus aspiraciones. Todos tenemos en la cabeza lo que nos gustaría lograr aprendiendo tal o cual cosa, es una forma de darle sentido a lo que hacemos y si estás aquí, además de haber sido enviada por ella, estoy casi seguro de que tienes algo en mente… lo que sea- me incliné un poco hacia adelante apoyándome sobre el escritorio cruzando mis brazos sobre este. -La magia es un mundo infinito de posibilidades, ¿le temes al infinito?- muchos le temían a lo que no conocían, a lo incierto, a esas cosas que parecían estar fuera del control de nuestras manos, sin embargo habemos otros completamente dispuestos a pisar tierras indómitas y a traspasar las barreras de lo imposible.

No debía descartar la posibilidad de que, si Leucótea progresaba de buena forma, podía sugerirle ingresar a la Orden, pero eso sería a su debido tiempo, decírselo ahora podía contribuir a un estado ansioso y aquello no contribuiría al proceso de aprendizaje. -Antes de que respondas, quiero que consideres que ningún camino es malo, la única diferencia radica en qué tan limitados pueden llegar a ser- me encogí de hombros y la observé estudiosamente.



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Re: Iridescent ◽ Robert E. Schröder

Mensaje por Leucótea el Jue Oct 13, 2016 12:08 pm

Contemplo al partidario ante mí a medida que escucho su explicación y asiento posteriormente, sólo para darme cuenta de una cosa. Había llegado ahí con nada más que mis pertenencias, sin tener nada preparado, ni siquiera la estancia de una noche. Quizá Geshë confiara en mi criterio o quizá había previsto la decisión del señor Schröder. Cuando menos llego a Baskerville con la seguridad de que en esta región encontraré lo que me hace falta para mis estudios y de que soy, a partir de ahora, alumna de un gran mago. De modo que ahora espero con ansias el momento en que mi mano pueda sujetar una pluma y plasmar en una hoja mis agradecimientos para la mujer que secretamente considero como una madre y ataviar la misiva con mis opiniones respecto al señor Schröder. Tal vez, si me siento lo suficientemente audaz… No. No sería la primera vez que pregunto a Geshë por este hombre y me he jurado no insistir más. Al parecer, ella se guarda muy bien esta historia. Cuando le pregunto, sonríe y guarda silencio como si estuviese juntando las palabras necesarias para responder a mi pregunta, pero no habla y en su lugar su mirada pierde brillo, su sonrisa se desvanece y se acomoda en ella la melancolía, un dolor que no logro descifrar, para que al final suspire y se marche. Ella no lo sabe, pero siempre ha sido igual, sin segundos ni gestos de diferencia.

¿Aspiraciones? No carezco de ellas, pero a medida que avanzo en mis estudios me parecen cada vez más mediocres. Mi primera ambición fue invocar el fuego sin la ayuda de las voces, saber cómo daban forma a las pocas memorias que poseo, proyectándolas en la estrecha cueva en la que habité por largos años. Sé, por lo que he aprendido, que muchas de esas cosas suceden porque lo recuerdo, porque vi a mi madre biológica practicar las andanzas de la magia, aunque mis esfuerzos sean inútiles para traer a mi memoria tales cosas.

¿Le temes al infinito, Leucótea?

Parpadeo un par de veces y niego con la cabeza con la curiosidad y el asombro propios de un infante. No le temo al infinito. Si él puede enseñarme lo que es, quiero aprenderlo, quiero conocer todas esas posibilidades de las que me habla aunque no sea posible para nadie. Helena accedió a educarme porque le hice ver las ansias que tenía de conocerlo todo, cada detalle del mundo y cada secreto que ella pudiera compartir conmigo, porque no pude sentirme abastecida con ropa y alimentos si carecía de conocimiento. Tal vez por eso me encuentro hoy aquí, tal vez ella decidió desde el inicio que yo pertenecía a Baskerville, no a Zárkaros.

Comparado a todas las cosas que me ha enseñado — comienzo a responder la pregunta del partidario en cuanto me habló de la limitación de los diversos caminos de la magia —, lo que me ha compartido de la magia es muy poco. Me ha dicho lo mismo que usted, que ningún camino es malo y que cualquier ramificación de la magia puede aportar algo si se emplea como es debido. Me parece que lo bueno y lo malo no es real, sino una noción profundamente subjetiva. — En esto recuerdo al siniestro que conocí en Zárkaros, un hombre que pretendía ser astuto y desinteresado, pero que al final sabía tan poco del mundo como yo. Odio y aborrezco su risa al recordarla claramente y su modo de hacerme pasar por insignificante sin saber que al ser protegida de Helena aspiro yo a todo. — Mis aspiraciones comienzan por el deseo de poder enfrentarme a la vida en Pandora sin depender de nadie más, sin esperar que alguien me defienda; continúan por la necesidad de satisfacer mi curiosidad, de responder todas las preguntas que jamás me hice y que ahora surgen una tras otra. Si logro comprender lo que sucede en mi cabeza estaré más que complacida. Finalmente, aunque mis conocimientos claramente no son muy detallados, me siento inclinada a la clarividencia.


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Re: Iridescent ◽ Robert E. Schröder

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Dom Oct 30, 2016 1:57 am

-Clarividencia… interesante- recordé de Isaac, uno de los que integran mi grupo de cazadores, no era un clarividente, pero tenía lo necesario para serlo, además de tener una muy estrecha relación con los sacerdotes, hombres poseedores de grandes habilidades mágicas mixtas… nigromantes de la vieja escuela. -Pues aprenderás eso en el momento que estés preparada para ello, te haré saber cuándo será eso- por supuesto que de momento no podía pretender meterla en esa especialidad de la magia. Los clarividentes eran brujos bastante especiales, muy sensibles a la energía y muy conectados con el tiempo. -Creo que puedo entregarte lo que buscas entonces… bienvenida a bordo- le dije con intención de darle a entender que aceptaba definitivamente ayudarla en su formación como miembro de esta raza.

-Constantemente vas a preguntarte cosas y te recomiendo desde ya que lleves una bitácora de ello, de todo lo que hagas, todo lo que pienses y de todo lo que te suceda. Es bueno que un mago lleve un registro de sus vivencias, así no gastas tu memoria y la utilizas solo para lo necesario. Es verdad que podemos retener muchas cosas, estamos hechos para dominar muchos saberes, pero nunca es malo ayudarnos un poco y aliviar nuestra cabeza- agregué a modo de recomendación y es que ese mismo consejo me lo habían dado a mí en mis inicios, cuando recibí las primeras lecciones de magia, aquellos años en los que tal vez era tan inocente como lo parecía Leucótea ahora.

-Ahora, ¿traes equipaje contigo? Estaba ya arreglando mis cosas para marcharme a mi hogar, por lo tanto sería bueno que vinieras conmigo desde ya. Así te dejo el resto del día para que te adaptes al lugar y descanses de tu largo viaje. No es bueno intentar aprender algo cuando el cuerpo y la mente no están descansados, al menos no cuando no cuentas con el entrenamiento. Ya luego con el tiempo quizá aprendas a pasar uno o dos días sin dormir para entregarte a alguna actividad en particular… - dejé aquello en el aire. ¿Para qué seguir hablando y hablando? Solo estaba retrasando nuestra salida de allí y lo cierto es que en lo personal deseaba estar en la comodidad de mi despacho personal.

-Andando- tomé mi maletín y la carta de Helena. Suponía que ella no había enviado a la muchacha sin sus cosas, era obvio que pasaría aquí una temporada larga, así que iban a ser necesarias varias muda de ropa, aunque de todos modos aquí en Baskerville podía conseguir capas y otras prendas. Si era necesario, le pediría a mi sastre que se diera una vuelta por allá, si ella vivía conmigo un tiempo, debía vestir correctamente, más todavía si es que en algún momento le sugería visitar la biblioteca de la academia. No iba a pasar mucho tiempo para que entre mis conocidos se supiera que tenía a una aprendiz viviendo en mi mansión, así que era importante que ella luciera impecable a los ojos de otros. No me gustan los falsos rumores sobre mí y tampoco quería que se hablara mal de la muchacha que Helena me había confiado.



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Re: Iridescent ◽ Robert E. Schröder

Mensaje por Leucótea el Jue Nov 10, 2016 12:04 pm

Esa soy yo. La mujer con mil y un preguntas, la mayoría sin respuesta inmediata. El mundo que conozco hasta ahora me ha ofrecido un sinfín de incógnitas y todas las había contenido en mi mente. De todas las cosas que he plasmado en papel, mis pensamientos, mis experiencias y, sobre todo, mis preguntas, no figuraban en mis letras, de modo que ahora con el consejo del señor Schröder tengo algo más que escribir. No temo que mi mano se desgaste ni que tanto escribir me fastidie. Al contrario, las palabras me resultan fascinantes y aún más reencontrarme con ellas tiempo después. Tal vez que mi mente esté hambrienta me ha ayudado a retener mucha información que no me cuesta invocar, pero si este hombre planeaba acercarme al infinito, necesito toda la memoria posible, toda la tinta y todos los libros en blanco que pueda conseguir.

Una sonrisa en mis labios celebra la bienvenida del académico. A mi llegada a este lugar me sentía preocupada, casi segura de que convencer a la persona con la que me iba a encontrar sería complicado, que tendría que pasar por una larga entrevista y demostrar que todo lo que he aprendido con Geshë es suficiente. En cambio me parece que este mago es de lo más accesible y me da cierta tranquilidad su manera de expresarse, como si todo estuviera bajo su control. Me hace saber que estoy en el sitio correcto con la persona correcta.

Muevo mi cabeza en una afirmación muda, pues no me atrevo a interrumpir sus palabras, entonces mi cabeza sufre una mezcla de emociones y de pensamientos. Por una parte, me preocupa pensar en mi equipaje. Mis pertenencias me esperan aún en el carruaje, pero me siento incapaz de pedirle al señor Schröder que me permita desviarme, puesto que el cochero se ha aparcado no muy cerca de la academia. Por otra parte, me emociona saber que no he de esperar para adentrarme a este mundo que me pertenece. Me imagino cómo será su mansión, pienso en la infinidad de libros que tendrá en su estudio y los tantos que leeré ávidamente. No pienso en mi cansancio, aunque ciertamente el viaje ha agotado mi cuerpo, sino en que tengo mucho por ver. Y también quiero a aprender eso: pasar días sin dormir para entregarme a alguna actividad. No me considero una mujer dormilona, pero las horas que gasto durmiendo me absorben de tal manera en que no siempre tengo la oportunidad de explorar mis sueños. Es más, contadas son las ocasiones en que mi mente se adorna con recuerdos distorsionados. Aprecio el reposo, pero no las horas que empleo para ello.

Me puse de pie, lista para abandonar el despacho, y antes de disponerme a seguir al señor Schröder me tomo la precaución de acomodar la silla que utilicé. Entonces me doy media vuelta y me acoplo a su andar.

Los pasillos de la academia se me antojan distintos. Siguen resultándome desconocidos, ajenos a mí, pero sé que mi relación futura con ellos está asegurada. Los volveré a ver, los volveré a cruzar y cuando lo haga no seré más una extraña. Fuera de la academia mi destino sí que parecía sellado. El aire me reconoce y el viento me da la bienvenida trayendo a mí el petricor producto de la lluvia. Y ahí está el cochero, de pie junto al carruaje, esperándome junto con mis valijas. Es un alivio no tener que abandonar lo que he traído conmigo, puesto que entre mis pertenencias se encuentran libros que debo estudiar, libros que Geshë me ha encomendado y que obligatoriamente debo cuidar.

off:
Siéntete con la libertad de hacer lo que gustes con el cochero, yo solo quería mis pertenencias xD


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Re: Iridescent ◽ Robert E. Schröder

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Sáb Dic 17, 2016 10:45 pm

Spoiler:
Ahora sí que tardé inmoralmente mucho :C Pero ya estoy de vacaciones. I'm free

Bastante silenciosa, aparentemente observadora y analítica, es la impresión que me da y me atrevo a decir que estoy en lo cierto. Abandonamos las instalaciones de la academia en total silencio, en el camino me despedí de uno que otro académico o alumno, ese lugar era un sitio vivo, siempre había alguien deambulando por los pasillos y corredores, era el fiel reflejo de cómo funcionaba el cerebro… en constante movimiento, de ires y venires incesantes. Llegamos al acceso principal y nos encontramos con quien parecía ser el hombre que la trajo desde Zárkaros. Por costumbre y en señal de agradecimiento, le entrego unas cuantas monedas, no sé si Helena le pagó una suma, pero yo cumplía con lo que me corresponde por buena educación.

-Necesito que me acompañes al establo, mi caballo está allí. Mi hogar está lejos de aquí- le digo a la muchacha para inmediatamente girar sobre mis pasos y volver dentro de la academia, pues allí estaba dicho lugar, aunque no demasiado lejos. Cruzamos algunos jardines hasta llegar y saco a Mörder del espacio en el que acostumbro a dejarlo, lejos del frío y la humedad de estos días. Le coloco todos los aperos y aseguro bien las correas. -Dame eso- le pido de buena forma para que me entregue su equipaje y lo acomodo para que quede bien sujeto, luego hago lo mismo con mi maletín. -¿Has andado a caballo antes?- le pregunté por si acaso le tenía cierto temor a esta clase de bestias. Tomo la rienda y comienzo a caminar hacia la salida de la estructura. De todos modos el regreso a casa iba a ser más lento que mi venida a la academia, Mörder solo podría ir al trote, cuando normalmente yo lo hacía correr. Una vez fuera, me subí primero y después le extendí una mano a ella para ayudarla a subir. Era poco usual que yo llevara a alguien más conmigo, pero la muchacha era bastante delgada y fina, así que a mi caballo no iba a importarle demasiado.

Esperaba que durante el trayecto el cielo no dejara caer sobre nosotros un aguacero, por mí no es un real problema, acostumbro a dejar que la lluvia me empape porque no soy propenso a enfermar, sin embargo desconozco de qué manera funciona el organismo de esta muchacha y lo cierto es que un resfriado sería de lo más inoportuno, sobre todo cuando el frío ya es una constante, el invierno está prácticamente encima de nosotros y aquella época se caracterizaba por temperaturas bastante bajas, más aún por las noches. -A casa, Mörder- le digo al animal dándole suaves palmaditas sobre su pata delantera derecha y este inmediatamente se pone en marcha, se sabía el camino de memoria, yo no tenía que guiarlo.



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Re: Iridescent ◽ Robert E. Schröder

Mensaje por Leucótea el Dom Ene 01, 2017 8:01 pm

off:
No hay problema, estaba enterada!

Antes de marcharse, el cochero se inclina cordialmente y finalmente se retira. Ignoro si el hombre volverá pronto con Geshë, si él la verá antes de ella cumpla la promesa que me hizo. Si es que lo fue. La recuerdo lo suficientemente distraída como para ser consciente de sus propias palabras, recuerdo que hubo problemas antes de que las dos abandonáramos Zárkaros. Quizá, y espero que así sea, ella vendrá a Baskerville después de sus asuntos en Bran.

Inhalo el aire fresco profundamente y después asiento a las palabras del señor Schröder. Me agrada la idea de caminar, de estirar mis piernas un rato. El viaje no ha sido breve y he perdido la costumbre de permanecer quieta en un mismo lugar. Por eso no me siento agotada ahora que estoy al aire libre, por eso me siento con suficiente energía para caminar todo lo que sea necesario. Así que levanto mi valija y reanudo mi andar, dejando que el señor Schröder tome un poco de ventaja por cuanto él debe guiarme por la zona.

Al llegar al establo, le entrego mi maleta según me lo pide y observo todo el proceso de acomodarla en el caballo. Desde luego, no paso por alto ningún detalle que me puede ser útil en un futuro, así que memorizo bien qué correas van en qué lugar. Posteriormente, niego con la cabeza ante su pregunta. — No, esta sería mi primera vez — Respondo con sinceridad. Sin embargo, no era la primera vez que veo un establo ni mucho menos un caballo. En Zárkaros hay quienes se toman la libertad de surcar las estrechas calles montados en estas bestias majestuosas, aunque debo aceptar que al principio me intimidaban. Tal vez, si le hubiese pedido a Geshë que me enseñase a montar en ellas, lo habría hecho, pero jamás fue una prioridad.

Tengo que aceptar que la idea de compartir caballo jamás cruzó mi mente, aun cuando sólo hay un caballo entre nosotros. Con suerte consigo ocultar el color de mis mejillas cuando subo a Mörder con la ayuda de mi maestro. Es extraño. Jamás he tenido semejante cercanía con alguien que no fuese Geshë. Oh, ahora recuerdo a aquél patán. Sólo así logro relajarme, no porque sea una memoria grata, sino porque me hace saber que cuando menos el señor Schröder es una persona confiable.

El viento se hace sentir durante el trayecto. Corrientes de aire frío bailan alrededor de nosotros, acompañándonos hasta que empiezan a asomarse edificios grandes, mansiones de diseño elegante y antiguo. La expresión de mi rostro me delata, hace saber a quien me mire que estoy impresionada. No extrañaré Zárkaros aquí, sino que deseo que mis días en la región sean largos y duraderos.

Me pregunto cuál de todas pertenece al señor Schröder, si hay alguien más… Es verdad. Hay algo que deseo saber, pero no me atrevo a preguntar. Ignoro porqué me preocupa saberlo. No sé si es por ella o por la respuesta que recibiré, por el efecto que tendría ante mi maestro. Me muerdo el labio inferior discretamente. — Señor Schröder… — Formulo sin darme cuenta. — ¿Puedo saber cómo conoció a Helena… si no es indiscreción? — No es una cuestión de vida o muerte saberlo, pero me sé una persona curiosa. Y quizá hablar un poco más me haga sentirme parte de Baskerville cada vez más. No puedo ser tímida para siempre, aunque reconozco que mi falta de conversación se debe al respeto que me inspira este hombre y a que aún no me acostumbro a él para echar andar mi lengua.


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Re: Iridescent ◽ Robert E. Schröder

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Lun Ene 09, 2017 12:09 am

La primera parte del trayecto fue en silencio, pero no me molestó porque estoy acostumbrado a viajar de la academia a cada con los labios sellados, ¿con quién iba a hablar? En una que otra ocasión podía decirle un par de palabras a Mörder, pero él se dignaba a seguir caminando o trotando según mi demanda. No me incomodaba llevar a la muchacha conmigo, no era la primera vez que acarreaba a alguien en el caballo, aunque tampoco es como si lo hiciera muchas veces, me gusta reservar el placer de ir sobre Mörder para mí solo, era una fiera demasiado fina y bien portada, prácticamente yo ni me movía mientras avanzábamos, su balanceo era perfecto. Genética y buen entrenamiento, era era la clave.

Y ya cuando íbamos llegando al sector de los más adinerados de Baskerville, la voz de Leucótea llegó a mis oídos en forma de pregunta y no pude evitar sonreír levemente ante el recuerdo que arrancó de mi memoria -En la biblioteca de Bran- respondí pues aquello no era un secreto y tampoco me avergonzaba de ello. Había sido un encuentro no planificado, pero que terminó dándome más que una buena amistad. -Fue accidental- agregué para aclararle un poco más la imagen de aquel momento. -Obviamente estábamos allí haciendo lo que todo el mundo hace cuando va a una biblioteca y, por fortuna, ella tenía en sus manos el libro que yo estaba buscando… así que… entre palabra y palabra, nos dimos cuenta que una charla entre ambos era mucho más interesante, de momento, que la lectura silenciosa a páginas viejas que podían esperar un tiempo más a que las leyéramos- y de hecho está entre mis pendientes hacerme de ese ejemplar para estudiarlo detenidamente.

Algunos minutos más tarde nos detuvimos frente al enrejado de mi propiedad, desde el cual comenzaba un camino cercado de álamos bien crecidos que danzaban en ese momento al son del viento. El portero abrió ante nuestra presencia y se inclinó como acostumbraba a hacerlo cada vez que yo salía o regresaba. El camino adoquinado estaba completamente mojado, pero para Mörder no era un problema, había caminado por ahí e incluso corrido en demasiadas ocasiones y jamás se le había torcido una pata, además, la superficie estaba bastante pareja y yo me había asegurado de que así fuera.

Detuve el andar del caballo en la entrada principal al tiempo que llegaba el criado encargado del establo. El mayordomo de la casa salió para ayudar y entre ambos auxiliamos a la muchacha para que se bajara sin caer. -Necesito que preparen una habitación para ella. Que sea la contigua a la que se alistó para cuando vino Helena. Se quedará indefinidamente- le dije y el hombre tras tomar el equipaje de la joven, se marchó para ir a hablar con las sirvientas. El criado se llevó a Mörder en cuanto descendí y entonces nos quedamos a solas ella y yo frente a la escalera que llegaba hasta la puerta principal. -Adelante- invité a la joven y comencé a subir esperando a que me siguiera.

El recibidor estaba tibio, agradable, el abrigo no era necesario, así que me lo quité. -Vamos a mi estudio, esperaremos allí hasta la hora de la cena y en cuanto llegue la hora, te enseñaré tu dormitorio. Mañana tendrás tiempo de recorrer la casa, de momento lo mejor que puedes hacer es descansar de tu viaje- le hice un gesto para que caminara conmigo hacia mi estudio ubicado en la primera planta no muy lejos del salón principal donde tenía el piano.



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Re: Iridescent ◽ Robert E. Schröder

Mensaje por Leucótea el Lun Ene 16, 2017 12:22 am

Es tan diferente él de ella. Las palabras fluyen de su boca, habituadas a ese recorrido, a ser escuchadas en su totalidad. Y el modo en que comparte esa historia… No comprendo qué es lo que enmudece a Geshë. El relato es agradable, inofensivo. Frunzo el ceño sin comprender qué hay en él para que el silencio me la arrebate de esa manera, pues él, mi maestro ahora, parece recordarla de buena gana. Entiéndase que el accidente fue bueno para él y disfruta pensar en ello. Pero fuera de lo que quiera agregar o preguntar, permanezco en silencio, imaginándome aquella escena en un sitio que no he conocido aún. ¿No es Bran la región aborrecida por Geshë? Ahora me doy cuenta de que mi pregunta puede atraer otras, que el señor Schröder puede preguntarme sobre ella y entonces me veré obligada a decirle que prefiere pensar en él antes de hablar.

Si antes no deseaba hablar, ahora la residencia ha agotado toda palabra en mí. Consumo todo con mi vista, cada color, cada textura y cada movimiento que hay ante nosotros. En Zárkaros no se ve nada así y, por su puesto, esa región no estaba destinada a tenerme como habitante. Al parecer Geshë sabía perfectamente a dónde estaba enviándome. Según escucho, ella estuvo aquí antes. No es sorpresa. Esa seguridad en las palabras del señor Schröder y la reserva definitiva de esa habitación dejaban claro que sus visitas eran, al parecer, frecuentes.

Sin pensarlo dos veces, sigo los pasos de mi maestro, procurando no perderlo de vista mientras me deleito con todos los detalles de su residencia. Pensar en que mi protectora estuvo antes aquí me sirve para no sentirme extraña ni fuera de lugar. Es verdad que este hombre ha tenido la delicadeza de invitarme a su casa durante el tiempo que sea yo su estudiante y que es preciso que me familiarice pronto con este lugar, así que pongo mi empeño en ello. No es difícil, en realidad, puesto que encuentro agradable cada detalle de la residencia y el calor es, sobre todo, distinto. Más acogedor tal vez.

De acuerdo — Asiento a sus palabras y, muy en el fondo, agradezco ese cuidado. Ha sido un viaje largo, muy largo, y aunque parece buena idea aquello de estirar las piernas para compensar el trayecto. Camino cerca de mi maestro, apartada a tan solo un par de pasos de él, en dirección a su estudio, sitio que al conocer me parece bastante digno de un mago como él.

Mi mente se silencia y algo en la chimenea capta mi atención. El fuego posee una danza peculiar en ese nicho, pero me resisto a su calor por un momento. — Su estudio es fascinante, señor Schröder — Admito tras mirar el lugar de cabo a rabo en una mirada.

Ven a mí, nereida. Contémplame.

La voz. Esa maldita voz. No la echo de menos y por poco me olvido de ella. Pero le debo obediencia y hago cuanto me dice. Mis pasos se encaminan a la chimenea, mi mirada permanece fija en el fuego y pronto me olvido de mí misma. He hecho cuanto me ha ordenado.


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Re: Iridescent ◽ Robert E. Schröder

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Sáb Feb 11, 2017 6:37 pm

Me limité a sonreír ante sus palabras y seguí mi camino hacia mi escritorio, dejando en el perchero de madera mi abrigo y luego sobre la mesa el maletín. Lo primero que hago es sacar de este la carta que Helena me había enviado para ponerla junto a las otras en el primer cajón de esa mesa, luego aplico el seguro mágico que protege ese pequeño rincón de cualquier curioso. Mis criados no sacan nada de aquí, pero no me extraña que miren si la curiosidad les pica. Luego procedo a dejar ese bolso de mano en el suelo y solo entonces regreso mi atención a la muchacha, encontrándome con una escena peculiar, que de buenas a primeras tal vez no tiene nada de raro, pero que guarda cierto aire extraño.

Camino lentamente hacia la mesita donde conservo el whisky y el juego de vasos que siempre permanece limpio y completo. Me sirvo un poco y tomando el vaso con el líquido ámbar, me decido a acercarme a Leucótea, estudiando un poco más su actitud. Estaba completamente inmóvil, como si el fuego la hubiera hipnotizado. ¿Helena había sido testigo de esto?, ¿lo sabía?, ¿la chiquilla siempre reaccionaba así al fuego? Me detengo justo junto a ella y miro el danzar de las llamas buscando alguna cosa particular en esta o en los troncos, mas nada llama mi atención.

De momento desconocía todo el mundo que significaba Leucótea, por ende podría sacar muchas conclusiones diferentes respecto de su comportamiento, todas quizá erróneas. Así que lo más sensato tal vez es quitar el gatillante y esperar entonces una reacción de su parte, a menos que el trance estuviese ya completamente establecido… si es que se trataba de un trance. Chasqueé mis dedos e hice que el fuego se extinguiera por completo. Luego acerqué mi vaso de whisky a la nariz de ella. Era obvio que estaba respirando, así que el fuerte vapor del alcohol evaporándose a temperatura ambiente sería suficiente para molestar su sentido olfativo. Luego de eso me aparté y me fui a sentar a uno de los sofás, el más grande, el que quedaba de frente a la gran chimenea.

-Me gusta conocer bien a las personas que meto en casa. He aceptado enseñarte cuanto me sea posible hasta colmar tus límites. Sin embargo no puedo conocer estos si tú no me cuentas las cosas que ocurren contigo en tu mundo interno. Todos somos seres particulares con características individuales únicas y me atrevo a apostar a que tú tienes algunas cosas poco habituales y ciertamente me encantaría saber cuáles son. Tú aprendes de mí… y yo aprenderé de ti todo lo que desconozco. Es y será siempre recíproco- dije entonces esperando a que algo de eso llegara a sus oídos.



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Re: Iridescent ◽ Robert E. Schröder

Mensaje por Leucótea el Mar Feb 21, 2017 3:34 pm

Juro por mi vida maldita que los segundos gastados frente a la chimenea no son excesivos, que mi mente no vagó por más del tiempo necesario. Sé que en el estudio sólo estamos él y yo que es fácil percatarse del estado del otro. Maldigo mi mente fraccionada y este respingo que doy ante el olor del whisky. Únicamente mis ojos reaccionan, pero mis pensamientos trabajan tan rápido como pueden para prevenir mi propia desgracia. Miro a este hombre que conozco no por mí, sino por la inocencia incrustada en mi cabeza, y pienso en la mujer que me ha enviado a este lugar. Freno, por lo tanto, mi lengua y mi mal humor. Recuerdo mi ambición. Recuerdo sus palabras. Oh, su amenaza. ¿Debo temerle?

Mi primera reacción pudo ser una sonrisa cruel, una mirada desdeñosa y palabras que no harían justicia a las bondades que este hombre podría tener hacia mi persona. Pero me reprimo. Sé que de él aprenderé grandes cosas, que es esta su casa y aquí soy tan intrusa como esa muchacha que he despojado de mi mente. Geshë, pues así la llamo yo también, me ha pedido que me deje enseñar, me ha dicho que este mago a quien debo respetar se hará cargo de mí por amor a su nombre y que moriré de la peor forma posible si me rehúso a obedecer y si lo ofendo en lo más mínimo. Soy, pues, esclava de mi ignorancia.

Lo veo apartarse y, antes de girarme hacia él, contemplo mi propia mente. No doy paso jamás sin estar segura. Entonces lo miro a medida que presto oídos a sus palabras. Era de esperarse que cayera en cuenta de mi condición y qué fortuna para mí el ser yo quien tenga el poder ahora. —Es tan sólo un defecto, señor Schröder—Mi voz, aunque idéntica, me expone distinta. —Pero no hay razón para preocuparse, pues soy yo su verdadera alumna. No culpe a Helena si es que ha omitido este detalle, porque significa que me ha dado la oportunidad de presentarme como se debe tal y como se lo pedí. Me habría conocido desde el principio si no me resultara desgastante estar al mando y si del modo contrario llevara yo el protagonismo.— Mi postura se relaja un poco y en mis labios aparece una sonrisa que en nada es inocente y buena como la sonrisa de la otra Leucótea. —Debo confesar que el deseo de conocer más de mi contraparte no basta para encajar aquí y temo una traición de su parte. Así que, habiéndome presentado, expongo mi interés por suprimir ese cáncer de mi mente, que si bien soy capaz de controlar, no me es de ningún uso ya.


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Re: Iridescent ◽ Robert E. Schröder

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Miér Mar 15, 2017 9:23 am

La observo entonces tener un cambio en su actitud y el tono de su voz, aunque igual, suena diferente. Ladeo mi cabeza con cierto interés, aunque con mi expresión libre de la sorpresa. Presté atención a sus palabras, estudiando el fenómeno y considerando todo cuanto sabía de cosas parecidas, aunque es la primera vez que me toca enfrentar esto en persona. Parece estar bastante consolidada, pues habla con propiedad y realismo, sin embargo no me fío del todo de sus palabras, necesito de tiempo para poder conocer cuál de las dos es real. Sonreí levemente ante sus últimas palabras y me incliné hacia adelante. -Es interesante, ciertamente. Pero me resulta extraño que, siendo tú la dueña de ese cuerpo, no seas capaz de dominarlo. El cáncer es una condición que se lleva dentro… si ella lo es, ¿entonces por qué prima todo el tiempo?- necesitaba saberlo, era menester conocer por qué a este rasgo de su personalidad le costaba tanto mantenerse a flote.

-¿Cómo me aseguro que no eres una fragmentación de su personalidad? Porque puedes serlo y el fuego puede ser un gatillante para traerte fuera… ¿por qué?, ¿qué hay en el fuego?- pregunté para seguir indagando en ella y llegar al fondo del asunto. -Debo conocerte primero antes de entregarte lo que poseo en cuanto a conocimiento. Tú y ella comparten una solo cerebro, pero en cuanto a mentalidad son distintas… necesito saber si eres tú la indicada o si lo es ella… y sabido eso, si tú no eres la que corresponde, debo eliminarte o, en caso contrario, es a ella a quien debo eliminar. Pero no puedo enseñarle a dos ‘personas’ distintas- me expliqué. -Tal vez Helena no te mencionó en su carta porque no eres realmente importante… aunque es cierto que también pudo olvidarlo por la prisa. Quién sabe- me encogí de hombros y volví a apoyar mi espalda en el sofá, adoptando una postura más bien relajada.

-Puedes tomar asiento si gustas. Así puedes contarme lo que quiero saber y estar cómoda a la vez- la invité señalándole uno de los sillones y entonces chasqueé los dedos de mi mano libre para que la chimenea volviera a encenderse. No me privaría del calor de las llamas, lo necesitaba, era un detalle de mi entorno que no podía faltar. -Y si te preguntas qué es lo que quiero saber específicamente, pues quiero conocerlo todo desde el comienzo, con cuanto hecho puedas recordar. Cómo surgiste o cómo surgió ella, las razones de aquello, el porqué te es tan complejo mantener el control… quién eres tú, quién es ella- bebí un sorbo de mi whisky y me acomodé. -Tengo toda la noche- finalicé para luego hacerle un gesto con la mano para que tomara la palabra. La interrumpiría en caso de ser necesario, pero de momento mi actitud sería meramente la de un escucha.



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Re: Iridescent ◽ Robert E. Schröder

Mensaje por Leucótea el Dom Abr 09, 2017 4:22 am

Presto oídos con absoluta tranquilidad. Sus palabras no me preocupan ni menguan mi determinación para desenvolverme en este mundo que me pertenece y al que pertenezco. Esa falta de intimidación se debe a que conozco la respuesta a sus preguntas, a sus conjeturas y a sus afirmaciones, sé cómo desmentir cada una de ellas y veo en mis pensamientos el modo de fundamentar cada cosa, aunque llegue o no a compartirlo a detalle con él. Por tanto no hay nada que me mantenga inmóvil en ese punto en el que estoy y puedo con toda libertad andar hasta el asiento que él me señala, sin miedo para refutar todo cuanto ha dicho.

—No hace falta dedicar la noche entera a explicarle todo, ya que no es complicado resumir mi respuesta—
Comienzo a decir mientras ocupo el sitio señalado y lo miro con la seguridad que me infunde mi progreso. —Antes, aclaro que estuve presente cuando Helena redactó la carta y aunque al terminar debía marcharse a Bran, se tomó el tiempo para conversar conmigo antes de escribir y otro tanto para pensamientos que claramente tenían que ver con el destinatario. Así que no, no me ha omitido por mi falta de importancia. Ahora, el fuego no me trae fuera a mí, no me despierta ni nada que suponga mi aletargamiento o falta de dominio. Es al revés. Es la nana que me ayuda a distraerla, a dormirla o a menguarla, pero no soy incapaz de dominarlo.—  Hago una pausa breve y miro hacia mi pasado, buscando el modo de explicar el mecanismo bajo el cual funcionaba y el que había creado para mi propia supervivencia. —Si ella prima, es mera costumbre, una sin la cual no podría conversar con usted ahora mismo ni dar coherencia a mis palabras. Con suerte sabrá que he pasado veinte años recluida en el mar, encerrada en una bóveda de piedra cuya única salida era el agua, una muerte segura. Si ella le tiene fobia al agua, es por causa mía y de mis numerosos intentos de huir, por lo que emergía de esa única entrada y de lo que tenía que pasar para que el mar volviese a devorar lo que emergía. Yo cedía la consciencia para mantenerme cuerda y porque es más sencillo dar solución a un problema cuando uno no es quien lo enfrenta. También encontraba bastante entretenido distraerme a costa suya, así que su inocencia me sirvió de diversión y para no enfrentarme a aquello que no podía superar aún. Mientras ella curioseaba y dedicaba horas a estudiar la superficie de la piedra, yo repasaba aquello aprendido a través de mi madre o recordaba cómo di a parar en la cueva.—  No planeo compartir ese detalle que me pertenece exclusivamente a mí y que me condenó como justicia a vivir como esclava, pues es lo que en realidad fui, así que omito los detalles bajo una supuesta síntesis.  —No fue difícil recordar cómo invocar el fuego de mis manos, pero sí me costó el oxígeno saber que de nada me servía ahí sin con ello planeaba defenderme. Por fortuna, había una utilidad. Cuando ella enloquecía por el encierro y yo apenas controlaba mi frustración, una pequeña y fugaz flama lo arreglaba todo. Débil y sin mucho oxígeno era como conseguía que me obedeciera como lo hace ahora; un perro no nace entrenado. Quizá no tenga mucho sentido decir que escaseaba el aire al tiempo que estoy aquí sin ningún daño notorio, así que haré un pequeño paréntesis para explicar que el sitio en el que estaba era una colmena, todos recluidos en bóvedas similares, cosa que descubrí en una de mis expediciones, algunos esclavos permanentes y otros en venta. Si no hubiera tenido tantas visitas, quizá habría terminado en algún otro lado de la isla, lejos de la mirada de Corso. Desde luego, no podían permitir que aquellos que resultaban ser beneficiosos murieran sofocados, así que teníamos el honor de tener este único cuidado periodicamente.

—La consecuencia de haberle permitido estar la mayor parte del tiempo al mando fue que me volví perezosa y, aunque me obedecía en todo, no toleraba controlar por mucho tiempo mi propio cuerpo. Era extraño saber que ella no estaba conmigo como yo con ella, que cuando ella dormía estaba sola, que nadie observaba ni analizaba mis acciones. Así que lo evitaba aún más, incluso cuando comencé a vivir con la inmortal. No era fácil adaptarse a un ambiente distinto y encima mi cuerpo enfermaba cada vez que quería someterlo a un cambio más. Corso me conoció mucho después, hasta que logré adueñarme nuevamente de lo que me perteneció desde un principio. No obstante y como habrás visto ya, no es algo definitivo e incluso ahora alternar tiene cierta conveniencia tanto para ella como para mí.


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Re: Iridescent ◽ Robert E. Schröder

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Sáb Mayo 20, 2017 6:59 am

La cantidad de información recitada fue tal que al poco andar me di cuenta de que requería más atención de la que le estaba brindando, así que me concentré un poco más en sus palabras, sacando de ellas una infinidad de detalles que a simple vista no eran deducibles al tan solo observarla. No pude sino sorprenderme. Debía admitir que era un total ignorante respecto de la existencia de ese sitio del cual ella provenía y me impactaba un poco más el conocer las cosas que se hacían allí. Y es que la inmoralidad y malas intenciones de algunos en algún punto me chocan, pues a mi juicio en este caso carecían de un objetivo de gran escala y, por ende, relevante. Someter a otros a un mercadillo como aquel, encerrándolos como animales a la venta dista mucho de lo que, por ejemplo, se ve en Valesi. El comercio de los placeres de la carne, para mí, no funciona como lo hace en aquel sitio del que ella escapó.

-Interesante- dije finalmente una vez que ella dejó de hablar. Y aunque empezaba a comprender levemente esta dualidad de ella con la muchacha que yo conocí en mi despacho, aún necesitaba tiempo para procesar la totalidad de su persona, porque como ya dije antes, es atípico. Casi único en realidad. Un analista cualquiera basaría su análisis en traumas y sus respectivas reacciones como mecanismo de defensa, pero esto distaba bastante de algo tan simple como eso. O al menos eso creo a partir de todo lo que ella ya me ha contado. No es bipolaridad ni algún trastorno conocido. Ambas existen y hay un control de la una sobre la otra con conocimiento suficiente para lograrlo. Ella es consciente de sí misma y de la otra con la cual comparte el mismo cuerpo. -Entonces, ¿en qué momento apareció ella?, ¿o es así desde que tienes uso de razón? Si es que recuerdas algo de eso, claro- pregunté con la intención de aclararlo todavía más.

Por otro lado, no puedo negar que cuando mencionó a Helena al inicio de su explicación, mi mente tuvo una leve tendencia a distraerse hacia su recuerdo, y que cuando dijo su nombre, mis ojos se desviaron brevemente hacia mi escritorio, lugar donde había guardado la carta que ella me había enviado. Fue una fracción de segundos que volvió a llenarme de ese calor que solo surge cuando pienso en ella, rememorando rápidamente aquellas cosas intensas que ambos hemos vivido… haciendo que incluso aquellas marcas en mi cuerpo ardan sutilmente recordándome que están allí y que jamás se irán.



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