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El inicio de la calamidad [Erzsébet Báthory]

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El inicio de la calamidad [Erzsébet Báthory]

Mensaje por Bergen Weiss el Miér Sep 14, 2016 4:32 am

Una mentira eso era lo que vivían las criaturas en esa desolada tierra la cual había sido bautizada en honor a la legendaria dueña que fue objeto de la diversión de los dioses, entregándole la maldad del mundo encerrada en una bella caja, con gravados tan hermosos y perfectos, que era imposible para cualquier humano el ignorar dicho objeto, la curiosidad era una virtud y un horrible defecto que tenían aquellos con raciocinio, y por culpa de su curiosidad la maldad se esparció por el mundo… era irónico que en teoría ese lugar fuera exactamente lo mismo, una caja la cual esperaba ser descubierta por los humanos y con ello liberar a todos los seres que se encontraban atrapados en este mundo, viviendo una paz la cual no duraría demasiado, pues nadie era lo suficientemente estúpido como para dejar que el filo de sus espadas se oxidara… al contrario, cada reino parecía alistar cada día mas sus armas, humanos fabricando sus pólvoras y ajustando sus cañones, siniestros los cuales sacaban filo a sus espadas y hachas, y cada raza pulen sus propias armas preparándose para tener como defenderse en el momento que la mentira en la que todos viven se caiga en pedazos, y la sangre comience a correr.

Esa tarde el licántropo se encontraba caminando por la región de Bran, los días habían sido largos y el abrazador calor no ayudaba en lo más mínimo al lobo el cual tenía varias noches desde que este había descansado en una cama y lo peor de su situación es que las provisiones que había estado reservando finalmente se habían terminado, dejándolo con la única posibilidad de llegar al siguiente pueblo… si es que este no estaba demasiado lejos “Demonios como fue que me quede sin provisiones, ¿me habrán robado?” Su molestia se expresaba en su rostro mientras este caminaba a la orilla del camino esperando ver si podía aprovechar la caridad de algún mercader que pasara en su carreta, le vendría bien el poder moverse sin tener que caminar, y así descansar un poco sus adoloridos pies que tenían desde el alba caminando, y pronto el ultimo haz de luz se perdería dando la bienvenida al velo nocturno.

En su mente divagaba sobre las posibles razones por la cual sentía que este no tenía la comida que debía tener, siendo la razón más sencilla el verdadero destino de esta, no había medido lo que había tragado “maldición… aún no se ve que falte poco” continuaba pensando para sí mismo, buscando mitigar un poco la soledad, deteniéndose un poco al creer escuchar algo, desviando la mirada hacia atrás, mirando el camino… un sonido familiar casi nostálgico volvió a sonar, haciendo que el hombre inconscientemente sonriera y a lo lejos se podía ver, cual espejismo en medio del desierto, mientras se acercaba una carreta de transporte, un tanto rustica y con un contenido misterioso cubierto por sabanas, mas eso no impidió que el licántropo levantara la mano para llamar la atención haciendo que esta disminuyera un poco la velocidad – Disculpe mujer deseaba saber si podría llevarme al siguiente pueblo, o al menos darme un poco de información sobre la zona – Comento siendo un tanto amable con sus palabras, sin embargo la respuesta que recibió fue algo que en realidad le arrebato la sonrisa del rostro.

La paciencia del licántropo se veía mermada por el hambre, la falta de sueño y el cansancio, y aquella expresión en la cara de la mujer no fue algo que este tomara con gracia, escuchando la arrogantes palabras del humano el cual solo menciono – No tengo tiempo de hablar con un perro, la ama me espera – Dijo dando un golpe en las posaderas del caballo para comenzar a andar lentamente, dando suficiente tiempo al lobo para adelantarse antes que tomara impulso atravesándose en el camino del mercader al cual respondió – Disculpa imbécil, no me importa quién sea tu ama, si me llamas imbécil te recomiendo disculparte mientras aun tenga un mínimo de paciencia – los caballos se detuvieron por instinto y la estúpida humana se bajó del carruaje un tanto molesta, tomando un riata para golpear caballos y respondió al lobo – La ama me protege así que aprende tu lugar estúpido perro – Dio un golpe con este al mercenario el cual sujeto las ristras de cuero para mirarle fijamente para darle con el revés de la mano “En serio que esta perra quiere morir… bueno al menos eso me dejara alimentarme” Pensó viendo como esta caía al suelo y comenzaba a mirar aterrada al lupino el cual le dio un golpe al caballo que seguro sabría el camino a casa, y así tener un poco de privacidad con la mujer que gritaba tonterías sobre lo importante que era para su dueña y lo mucho que lamentaría si llegaba a lastimarla.
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Re: El inicio de la calamidad [Erzsébet Báthory]

Mensaje por Invitado el Miér Sep 14, 2016 10:34 am

No es de extrañar que un humano se encuentre entre las manos de un vampiro por decisión propia, por dejarse caer en la tentación de las promesas que les ofrecían: Poder, dinero, fama, sexo, protección. Algunos incluso ofrecían la inmortalidad que tan rara vez era concedida.

La Condesa no es la excepción a esta práctica. Gusta, al igual que sus congéneres, de tomar a un protegido mortal de vez en cuando, de mimarlos y entrenarlos, de alimentarse de ellos por capricho más que por necesidad y, muy rara vez, haciéndolos suyos, sus neófitos. A ella en particular le agrada cuando estos mortales son conocedores del mundo, cuando tiene hambre de más,  con ambiciones incumplidas que ella podía conceder.
Pero la mujer es bastante quisquillosa, pues cada mortal que toma bajo su brazo representa una fuerte inversión desde el inicio. Para ella, incluso en su estado de no-viva, el tiempo seguía siendo invaluable, algo que no puede desperdiciar en protegido débiles, incapaces de perseguir sus objetivos ni de tomar lo que ella ofrece. Si sus protegidos hasta ahora vivían por varias décadas era porque ella simplemente los hace más fuertes de lo que ya eran, explota el potencial oculto.

Sin embargo cada cierto tiempo La Condesa se encontraba en una situación delicada. Existe gente con potencial, que pueden llegar a ser grandes aliados o herramientas útiles en todo caso, pero esto no significa que siempre sean una buena inversión. Y su primer experimento en Pandora mostraba no ser el mejor.

La chica era joven, hermosa, y bastante inteligente respecto a los mercados de Pandora, conocía de pies a cabeza sus rutas, cuales eran asaltadas con frecuencia y por cuáles criaturas. Había relatado a La Condesa sueños de comercio con todas las razas, especialmente si contaba con el apoyo del mundo exterior que la mujer es capaz de proveer.
Aquella hermosa joven, de una mente brillante, soñaba con poder y riqueza. Desgraciadamente no contaba con la madurez de controlarla.

Apenas recibir vestidos finos, comidas lujosas y baños aromáticos que dejaban su piel tersa con los cabellos perfumados, la muchachita pensó que era dueña del mundo, osando incluso a mostrar falsa sumisión ante su ama mientras creaba “secretos”. Pobre ilusa.

Ahora se encontraba en el suelo, temblando de miedo ante lo único que ella no poseía: Fuerza física. Una mano fuerte podía arrancar cualquier lengua de plata sin pensarlo dos veces.

El miedo no duró mucho. La joven desvió la mirada del licántropo a algo detrás de él y sonrió petulante, levantándose con la riata en mano. -Perro desgraciado. ¿Acaso estás sordo de tanta mierda que tienes en la cabeza? ¡Te dije que te quitaras del camino!- Esta vez el golpe de la riata iba hacia el licántropo, la humana tenía toda la disposición de golpearlo hasta que se moviera de su camino, hasta matarlo incluso, pues detrás de él vio a una mujer vestida de blanco bajo la sombra de los árboles, contrariando la ciénaga alrededor de ellos que comenzaba a ensombrecerse con la huída del sol.

Ella observaba atenta, con una leve sonrisa en sus labios, casi con aprobación de la escena. Ese simple gesto alimentaba la valentía de la joven mercader para seguir injuriando e insultado al licántropo, pues además de la riata habría de escupirle.

Eventualmente la joven habría de morir a manos de su propia estupidez. Y La Condesa tomaría un largo filtro negro para sostener el cigarrillo que tomaba de su bolsillo, encendiéndolo y dando profunda calada, dejando que el olor de la nicotina se hiciera presente mientras se escapaba de sus labios. -Vaya desperdicio de jovencita, tan prometedora, tan poco productiva.-

Siendo atento, suponiendo que su nariz daba para más que solamente oler la sangre, la carne, y el cigarro, suponiendo que fuera capaz de distinguir más aromas que el de la vampiresa que se encontraba a prudente distancia y de los miles que brindaba la ciénaga, el licántropo quizá podría darse cuenta que había más de un muerto viviente en el área, más de dos, no más de nueve, todos unidos a las sombras, sin moverse ni un sólo centímetro más que por los cabellos que mecía el viento.
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Re: El inicio de la calamidad [Erzsébet Báthory]

Mensaje por Bergen Weiss el Miér Sep 14, 2016 1:28 pm

El licántropo contemplo en silencio, con una mirada de molestia a la mocosa que termino por levantarse en el momento que el aire trajo consigo un aroma, un aroma conocido y peligroso “Parece que llego la caballería… ¿debería huir?” Contemplo a la chica que dio un fuerte golpe en la cara el hombro del licántropo, el cual se distrajo ante la nueva amenaza que se presentaba.

Cerro los ojos y respiro profundamente, percatándose del intoxicante aroma del montón de vástagos que se encontraban escondidos en la ciénaga, causando que este chascara los dientes ante la pésima postura en la que se encontraba “Supongo que se dieron cuenta, cuando los caballos regresaron” En ese momento maldijo su suerte y al ver que las cosas no mejorarían, simplemente reacciono de la manera que considero más adecuada — No escuche una disculpa… — Su voz era seria y al saber la existencia de los espectadores este volvió su mirada a la mocosa.

la chica llena de soberbia y confianza le escupió disponiéndose a dar otro golpe, pero para cuando esta se percató el hombre tenía en su mano las tiras de cuero, jalándolas para arrebatarle aquella herramienta — ¿Crees que solo por tener a alguien respaldándote y una puta arma puedes tratarme como un animal? — Cuestiono dándole un fuerte golpe que le abrió la cara un poco — Anda discúlpate… y empieza a ladrar — La joven hembra al principio se disculpó y al ver que el joven estaba realmente dispuesto a matarla, comento a gritar que le ayudaran, seguido de ello comenzó a disculparse, y tras eso ladro, antes de comenzar a llorar de desesperación, mientras la mano del licano subía y bajaba con fuerza  salpicando sangre con cada golpe, viendo a la chica moribunda en el suelo con la cara deformada y su ropa destrozada agonizando en un estado en el cual no sobreviviría aun con tratamiento medico.

Finalmente el hombre tiro a un lado aquel objeto y se giró dejando a la mujer en el suelo agonizante, para que la noche y las bestias que tanto odiaba se encargaran de darse un festín con sus entrañas “Hora de encarar a la perra que controla estas tierras” Pensó por unos momentos contemplando la bella figura que lucía la vampireza, acortando la distancia entre ellos hasta encontrarse en la división exacta que le permitía a ella estar bajo la sombra — Supongo que la perra es suya, ya que solo balbuceaba que su ama esto y aquello — Expreso de manera seria desviando la mirada por unos segundos a un árbol, que parecía moverse ante la arrogancia del licántropo — De cualquier manera, si es dueña de estas tierras no deseo problemas… — Sus palabras eran serias y en realidad eran una medida para evitar tener que pelear una batalla que posiblemente no ganaría.

Con aquello establecido y aclarado el hombre contemplo como la luz finalmente se extinguió y con ella la luna la cual estaba ahí desde el principio opacada por la luz solar se mostró en su tercera fase, sonriendo de manera burlona casi carcajeándose de la suerte del lobo “¿Mucha risa Selene?” pensó para sí mismo y regreso la vista a la chica que aún lo miraba como esperando que este hiciera una reverencia o se hincara en el suelo a besar sus pies… la verdad el lobo desconocía los fetiches de la hembra, y no le extrañaba que tuviera esa clase de gusto con lo sumisa y lameculos que era su criada — Supongo que si no tenemos negocios que atender, no le hago perder su tiempo — Se dispuso a continuar cuando vio a un montón de vástagos obstruir su camino y suspiro con fuerza “Esto me pasa por imbécil… no debí preguntar por direcciones, todos saben que un macho nunca se pierde…” Un enorme suspiro de fastidio salió de sus labios para contemplar a la vampiresa la cual ahora parecía lista para comenzar a vociferar tonterías que no le importaban en lo más mínimo al lobo.
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Re: El inicio de la calamidad [Erzsébet Báthory]

Mensaje por Invitado el Miér Sep 14, 2016 2:42 pm

En verdad era un perro aquel hombre, por más que quisiera hablar como hombre. Era su naturaleza el ser más bestia que humano, así como de ellos el ser amos y no esclavos. Y además de ser un perro, era uno lo suficientemente flojo como para no terminar el trabajo que había comenzado.
-Tenemos negocios pendientes.- Afirmó, acercándose a la joven moribunda, quien dio su último suspiro en pocos segundos, pues en un movimiento imperceptible para la mayoría la mujer le había roto el cuello, terminando su sufrimiento. Más que nada. -Aunque aprecio el que considere el valor de mi tiempo,- Soltó algo similar a una risa. -Y el que piense que soy dueña de estas tierras. Pero no. El único dueño de Bran es nuestro Sire, Drácula.-

Se giró, no había mancha alguna en sus zapatos, ropas o manos que indicaran que hubo contacto con la joven ensangrentada. -Pero hablemos de negocios. Si bien respeto el que haya respondido ante la joven, sigue siendo una pérdida para mí.-

Era innecesario verle de arriba a abajo, examinarle o algo por estilo, aquel hombre es un licántropo como cualquier otro, común entre todos los demás. Útil. -Por lo tanto le concederé un par de opciones.- Al escucharle el viento crujió el pasto, los neófitos rodeaban, no le permitirían al licántropo huir a menos que así lo dijera la señora, y en aquellos ojos sobrenaturales no había miedo del abrazo de la muerte. Para hacer las cosas más breves, prosiguió.

-Puede pagarme la suma de dinero equivalente a lo que invertí en esta mujer, pero me temo que duda le sea posible. Sin ofender.- Dio otra calada a su cigarro, dejando el humo escapar al aire nuevamente. -Otra opción es que pague vida con vida. La alternativa preferida de mis neófitos.- Los jóvenes vampiros se tensaron, si bien no había miedo, estaban listos para el ataque, eran neófitos dispuestos a sentir la adrenalina de la pelea, aunque esto les costara la vida. -Pero sería más pérdida de recursos para mí.-

Entre los neófitos hubo un suspiro de decepción, ya sabían lo suficiente de cómo pensaba su Señora para deducir que a ella no le agradaría pasar más tiempo intentando recuperar inversiones. -En ella invertí comida, ropas, y un techo a cambio de trabajo.- Dio un par de pasos hacia adelante, observando fijo al licántropo. -No le veo profesión de mercader, pero le encontraremos un uso rápidamente. Y ya que sabe el valor del tiempo le pido que elija una opción ahora, tenemos un largo camino hacia adelante y la noche apenas comienza.-

Por el lado amable, era solamente una humana. Estas morían todo el tiempo en Pandora cuando se hallaban fuera de Valtesi. Si hubiera sido una bruja o una elfa, otra historia sería. Pero manos menos seguía dejando un hueco, y con su competidor entrando a Pandora al mismo tiempo que ella no podía tomar riesgos. Toda mano de obra es válida con tal de controlar un mayor territorio.

Mientras aguarda a la respuesta del licántropo, uno de sus neófitos más jóvenes se aproxima, un muchacho que apenas había cruzado la línea de los 20 cuando fue convertido y abandonado por su Sire. -Condesa, ¿nos llevamos ya a Malena? Para darle el entie-…- Sus palabras fueron cortadas por una brusca mirada de la mujer, quien detestaba ser interrumpida, más aún para atender a insectos muertos que no valían la pena.

-Malena fue irrespetuosa, creyó que saltaríamos a defenderla de su propia estupidez, como si fuéramos su guardia personal. No. No quiero a esa inmundicia enterrada, no lo merece, dejen que los animales la devoren. Es una orden.- A pronto el muchacho asintió, estaba rígido más no de miedo. Su tensión se debía al aroma de la sangre esparcida en la tierra, seguramente luchaba con todas sus fuerzas él no abalanzarse a lamer el suelo solamente porque estaba al tanto de las consecuencias de ello. -Ve a por los caballos y que arreglen el carro. Asegura las mercancías.- Tras esta instrucción el muchacho desapareció rápidamente, el chico tenía un don envidiado entre los de la especia: Transformarse en un murciélago de gran tamaño, y hacía gala de ello frente a su señora, quien se llenaba de orgullo al verle. ¿Qué clase de Sire no querría a un muchacho así entre los suyos?

Aún así, aún con aquella charla de por medio, no había despegado sus sentidos del licántropo, estando al pendiente de su posible respuesta así como acciones y reacciones. Otra calada y el cigarro se termina, siendo abandonado junto al cuerpo de la difunta.
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Re: El inicio de la calamidad [Erzsébet Báthory]

Mensaje por Bergen Weiss el Miér Sep 14, 2016 3:36 pm

La fiesta se había acabado y con los hombres rodeándolo, este no pudo evitar sentir un poco de ansiedad, por un lado, la adrenalina le inundaba para darle el valor necesario para hacerle frente a la situación, mientras por otro lado un tenue temor le ayudaba a mantener la prudencia frente a la fémina, la cual tal cual mostraba una irracional amabilidad, suponiendo que si era capaz de mostrar piedad tal vez podía verse beneficiado de esa estúpida amabilidad “Okey creo que la bola de imbéciles es porque la estúpida es demasiado amable” Sonrió confiado hasta que esta se acercó a él, pudiendo olfatear un hedor a muerte, rompiendo sus ilusiones tan rápido llegaban, respondiéndole de manera sarcástica — Dracula… pen… olvídelo — Menciono antes de ofender al titán que dominaba esas tierras, otro imbécil se sometía a una tregua la cual no duraría demasiado.

La fémina le miro comenzando a cuestionar sobre sus posibles opciones, reafirmando su postura frente a la perra que tenía enfrente, solo vociferaba un montón de pendejadas que no le importaban en lo más mínimo, aun así, este se rio un poco al escuchar que esta pensaba tomar su vida como un equivalente a la vida que había tomado “Acaso una vida vale más que otra… bueno eso es obvio mi vida era mil veces más valiosa a la de aquella pendeja” y al ver como los neófitos se pensaban lanzar sobre el seguros de poder ganar gracias a la cantidad de imbéciles que se lanzarían sobre el lobo cual hienas sobre la carroña, mirándolo mientras comenzaba a gruñir, pudiendo reflejar un poco de respeto como este le agradaba llamar al miedo que infundía en los más novatos “¿Creo que tal vez podría sobrevivir si esos estúpidos comienzan a cometer errores?” Comenzaba a idear planes de cómo lograr salir de esa con vida.

Su mirada regreso a la hematófaga que al menos era lo suficientemente astuta para comprender que una lucha con el implicaría que ambos bandos perdieran, si era un comerciante entonces seguro comprendía varias cosas básicas del comercio, a veces la mejor inversión es dejar que el dinero se pierda en vez de seguir inyectando dinero a una causa perdida, aunque su mirada era la de una pésima apostadora la cual buscaría invertir el dinero que le sobra para intentar salvar aunque al final termine perdiendo, de su bolsa saco una moneda de baja denominación, y la mantuvo en su mano, contemplando como mostraba su verdadera naturaleza y al ver como se retiraba este finalmente se dignó a responderle a la fémina — Supongo que para ser mercader es pésima negociante, tendré que declinar su primera oferta y la segunda puede metérsela por la cavidad corporal que sea de su preferencia… , por otro lado Señorita si es que puedo referirme a usted así — Menciona al saber que probablemente era una vieja anciana la cual se estaba pudriendo por dentro.

El licántropo guardo su moneda y saco una de sus armas solo como precaución ya que comprendía que estaba siendo demasiado imprudente frente a la vampiresa — Déjeme dejar las cosas claras, ¿usted me culpa de que su inversión se acaba de perder una inversión valiosa?, de ser me gustaría decir muchas cosas pero dudo los caballeros presentes lo tomen muy bien — Su voz era pedante y mostraba una sonrisa de burla ante la tontería, cambiando su semblante a uno más serio — No sé nada de comercio de materiales, pero soy mercenario y se de trabajo e inversiones, por desgracia usted me está cobrando por una pésima inversión que tuvo la cual no tenía valor alguno… por eso la dejo morir y me pide a mí que page por su pésima visión en los negocios, hay muchas maneras de llamar a un mal inversionista — En cuanto uno se dispuso a abalanzarse sobre el este le apunto con el filo de las garras de acero que portaba — No la culpare por intentar tomar provecho de mi precaria situación, y el poder que obviamente tiene… debo decir que respeto esa astucia, y seguramente de estar en su posición haría exactamente lo mismo — Aclaraba de manera honesta con una sonrisa llena de confianza.

Tras eso este redujo la distancia entre él y la señora y le dijo de frente bajando la mirada por la diferencia de estatura — No soy un peón de nadie, ni un estúpido cobarde que se deja abrumar por el poder de los demás… así que señorita quiere cambiar los términos de esta negociación de manera que ambos ganemos, ¿e ignoremos a la perra quiere?, ¿O prefiere que nos matemos los unos a los otros?— Cuestiono mirándole fijamente, sin duda el licántropo tenia muchísimo más talente como negociante gracias a que había vivido fuera de ese estúpido lugar, aunque su fuerte desde pequeño siempre fue la cobranza.
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Re: El inicio de la calamidad [Erzsébet Báthory]

Mensaje por Invitado el Miér Sep 14, 2016 4:17 pm

¿Osaba él hablarle de negocios a ella? ¿A la dueña de Écsed y de mitad de Hungría? Y mientras el perro ladraba, insultándole a cada palabra, provocando a que sus neófitos atacasen, ella hacía lo que él claramente era incapaz de hacer. Pensar.

Guardó el sujetador del cigarro, sonriente al contemplar que en otra época ya se hubiera abalanzado sobre el licántropo, desgarrando su carne con sus propias garras y arrancando su garganta con los colmillos. La vida sí que cambiaba a la gente, incluso a los malditos como ella. -Me parece que me ha entendido mal.- Alisó su vestido de las pocas arrugas que pudiera tener, sin desviar la mirada del licántropo, seguía al pendiente de él, no se fiaba de su falsa calma. Después de todo los licántropos eran conocidos por su mal carácter. -La tercera opción que le ofrecía era trabajar para mí bajo las mismas condiciones que ella, con ropas dignas, comida y un techo, todo lo cual se nota le hace falta.- Si bien no tomaba represalia inmediata por los insultos, eso no significaba que iba a olvidarlos tan fácilmente, ni a perdonarlos. -Una oferta generosa hacia una persona que me ha costado una mano de obra, y no, no lo culpo por haberle respondido, tal y como dije antes. Ni siquiera le resiento por asesinarle.- Pobre perro, había que repetirle las cosas porque al parecer no entendía, seguramente lo dejaron caer de cachorro. -Pero me ha costado, y eso nada lo quita.-

Tomó un par de pasos hacia atrás. -Yo creo en las segundas oportunidades, pero me temo que ya las ha gastado al insultarme sin haber necesidad.- Después de todo, aquel perro era un inútil sin cerebro, no le serviría si no sabía reconocer una buena oportunidad cuando se le presentaba.

A los pocos minutos se hizo presente el sonido de cascos y ruedas, el muchacho regresaba con el carro, los caballos, la mercancía y un par de neófitos más que eran de mucha más experiencia que él mismo. La mujer se acercó al licántropo, mirándole ahora con seriedad, sin su confiada sonrisa. Lo analizaba, lo amenazaba con la mirada, antes de darse la vuelta para dirigirse al carro. -Una disculpa sería una buena moneda de intercambio, pero dudo usted sea alguien que la trate.- Se subió, movimiento rápido, con sus neófitos ahora murmurando. Entre ellos podrían matar al licántropo, pero costaría la vida de mínimo dos de ellos. A una señal de su cabeza se retiraron todos aquellos que estaban ocultos, cada uno tenía otros asuntos que atender. Solamente quedaba el carro, los caballos, y los cuatro vampiros abordo, con la Señora tomando las riendas. -Tiene hasta el final de esta noche para salir de Bran, no solamente tengo vampiros y humanos a mi lealtad.-
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Re: El inicio de la calamidad [Erzsébet Báthory]

Mensaje por Bergen Weiss el Miér Sep 14, 2016 4:54 pm

El hombre contemplo a la chica que mostraba una enorme arrogancia algo común entre aquellos que obtenían el poder tanto físico como monetario, ella no era para nada como la basura que había matado y cuando esta le explico los términos que ya había entendido “Acaso la sanguijuela cree que no entendí que necesita otro lame botas” aquel puesto era demasiado simple para alguien como el lobo, y tal cual necia anciana, esta continuo culpándole por su perdida, cosa que solo le hiso desviar la mirada un tanto incomodo suspirando pesadamente por culpa del fastidio que le causaba la necedad de algunas criaturas.

Tras aquello el hombre se rio un poco de manera burlona, en verdad había sido un poco gracioso, aunque bueno en eso tenía razón, sin duda se había excedido con sus palabras, y claro que ella nunca aceptaría que le había insultado con sus estúpidas opciones “Por eso me fastidian los burgueses” Pensó para luego responderle — Es verdad, creo que me excedí, pero antes de disculparme solo quiero preguntarle ¿Qué tan ofendida se sentiría si la comparara con ese montón de carne en el suelo?… el siquiera compararme con ella realmente me ofendió, y claro que entendí su propuesta, pero no pienso ocupar el puesto de lame culos como la mocosa dejo por pendeja y mucho menos recibir la paga que recibía, tengo mi orgullo — Con aquellas palabras el hombre contemplo a la chica retirándose a la carroza y volteo la mirada los límites de aquel territorio estaban a casi un día de distancia en carroza, por lo que era imposible que este saliera caminando “Demonios… supongo que si estoy hasta el cuello no me quedara más opción que aprovechar mientras pueda” Con aquello el hombre comenzó a caminar pasando a un lado de la carroza, caminando a paso lento debido a sus lastimados pies.

Su garganta estaba seca y el hambre comenzaba a calarle, haciendo que el cuerpo atrás fuera una tentación, pero no se rebajaría a portarse así frente al vástago camino un par de metros antes de suspirar esperando ver la ciudad pronto, tal vez con un poco de agua, podría ser capaz de caminar y olvidarse del dolor que sentía con cada paso que daba — Que pinche hueva, tal vez debería tragarme mi orgullo… ¡Nahh! — Comento, relamiéndose un poco mientras continuaba su lento y firme andar “Supongo que me lo gane por hocicón, pero bueno suele suceder, no es como que me arrepienta por ello” Disfrutando de la brisa nocturna de manera despreocupada, ya que no valía la pena preocuparse por ahora de las repercusiones que podían haber… al final de cuentas cuando llegara el alba tendría que lidiar nuevamente con los guardias de la arrogante vástago, la cual si tenía suficiente suerte comprendería que ella había iniciado con las agresiones, y si era capaz de aceptar eso tal vez no me disculparía por insultarla, pero podía disculparse por las palabras que había usado.

Finalmente, al subir una colina el licántropo pudo contemplar una pequeña ciudad, sonrió y contemplo la bella vista mientras disfrutaba una corriente de aire que lo refrescaba y le arrebataba una amplia sonrisa sintiendo como esta mitigaba el desgastante cansancio que sentía por culpa del calor que últimamente había hecho.
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