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Real men never run away || Calidius Onisse

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Real men never run away || Calidius Onisse

Mensaje por Leif Laelius el Lun Sep 05, 2016 11:10 pm

Mala suerte era el mal con el que Leif Laelius tenía que vivir. No era un mal muchacho. No tenía mucho apesar de ser habitante de una de las regiones más prósperas de Pandora, pero aun así no pedía mucho, inclusive él creía que con tener qué vestir y que comer tenía lo suficiente, lo demás era un regalo del cielo. Pero por más humilde que fuera en su trato, siempre tenía sus momentos de impulsos pasionales y tempestuosos. Así es que ahora lo tenemos en prisión, con la nariz rota y sus ropas ensangrentadas, sentado en el frío y húmedo suelo, abrazando sus rodillas, lamentándose perder su posesión más preciada: su libertad.
Sabía que en un par de días lo liberarían, pero ahora estaba durmiendo en ese inclemente lugar. Los guerreros alados eran gente de bien, pero trataban con dureza a quien lo merecía.
Él estaba inmerso en lo más profundo de su miseria y resignación cuando se estremeció al escuchar el metal de la reja ser golpeado con fuerza, seguido de la grave voz del carcelero que le decía: ¡Párate! Tienes visita.
Leif se puso de pie de un salto y sin pensarlo dos veces. No esperaba nada pero de alguna manera saber que alguien en su solitaria vida lo habría visitado en prisión le dada un sentimiento muy parecido al de la esperanza, solo que con una ración de decepción y dolor de estómago.
Entró en la celda un hombre de mediana edad con expresión dura en el rostro. No era de los suyos, más bien era humano. ¿Cómo consiguió llegar a Mördvolathe? El entró en la celda. Caminaba erguido y orgulloso, miraba a Leif con cierta superioridad, indagante, como intentado reconocerlo de algún lado. Leif pensó que se trataba de alguien que quería acusarlo de algo que no hizo para así incrementar su condena. El hombre alzó la mano y tomó con fuerza el rostro de Lelius, girando su rostro de un lado a otro, golpeo un par de veces su torso, luego sus brazos.
-Tienes buen aspecto para ser un vagabundo.- dijo el hombre.- ¿Cómo te llamas?
-Leif Laelius.- respondió en automático y fríamente.
-Dime, Laelius.- pronunció aquel extraño.- ¿Te apetece un empleo? Comenzarías ganando un poco, pero es más de lo que tienes ahora. Te vez bastante prometedor, quizá podrías cambiar de vida muy pronto.
-¿Que clase de trabajo es?
-Gladiador.- dijo a la vez que andaba en círculos alrededor de Laelius.- ¿Te atreverías a despreciar tal honor?
Leif tardó en reaccionar. Sabía ahora el motivo que había llevado al hombre hasta su celda. Obviamente sabía perfectamente por qué se encontraba allí. Seguramente él habría presenciado el conflicto en el que se había metido y ahora quería lucrar con sus habilidades.
-¿Que dices? Podrías salir de aquí hoy mismo. Tendrías una cama donde dormir, tendrás que comer, te daré una armadura y tendrás ganancias por cada combate que ganes.
Leif tardó un buen rato en contestar. El hombre salió, no rindiéndose, sino dando por hecho que Leif accedería y lo seguiría. Y así fue.
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Re: Real men never run away || Calidius Onisse

Mensaje por Calidius Onisse el Miér Oct 05, 2016 11:05 pm

-Vayan a quitarse la mugre y descansen. Terminaran temprano hoy.- dijo Izaro como dando por terminada aquella presentación.- Tristán, encárgate.

Dijo finalmente para retirarse, no sin antes dar una fuerte palmada en la espalda de Laelius.  Los cuatro hombres, bien formados y curtidos por el peso de las centenares de batallas en la arena lo miraron, sus rostros no decían mucho, ni lo despreciaban ni lo recibían con los brazos abiertos. Pronto se disiparon y se alejaron, solo Tristán permaneció junto a él.
-Vamos.- dijo señalando el camino que los demás habían seguido con un movimiento de cabeza.- También tú debes bañarte. Hueles como a establo.
-No hay baños en prisión.
-¿Prisión?- Dhalaras con falso asombro.- El próximo hombre que Izaro traiga lo habrá sacado de la basura. Imagino que tendrás alguna habilidad que nos sirva.
Laelius reparó en la última frase mencionada por el licántropo.- ¿Nos? Pensé que iría solo a la arena.
-¡Eres peor de lo que pensaba! ¿Acaso sabes algo sobre la arena?- dijo Tristán cuestionando los conocimientos de Laelius.- No luchas por tu cuenta, mientras Izaro te brinde armas y comida tu pellejo pertenece a la Casa de Katsaron. ¡Nunca lo olvides!
-Esta bien, esta bien. Supongo que tienes razón.- respondió Laelius sin mucho entusiasmo pero al final comprendió lo que Tristán trataba de decir.
Mientras caminaban por la lujosa propiedad Tristán lo instruía sobre dónde dormiría, donde comería, y finalmente lo llevaría al lugar donde diario se despojaría de la inmundicia de lodo y sangre después de cada entrenamiento. El baño era comunal estilo romano, los otros aún estaban ahí, excepto el pelirrojo.
-¿Donde está Onisse?- preguntó Laelius, quien para sorpresa de Tristán conocía el nombre del vampiro pelirrojo.
-¡Vaya! Lo conoces.
-Todo mundo lo conoce. En las calles no dejaba de hablarse de él.
-No es necesario que le temas.- dijo Tristán mientras ambos se preparaban para bañarse.- Es inofensivo...si no están parado en la arena al mismo tiempo que él.
-No le tengo miedo.- repuso Laelius.- ¿Se irá a dormir con toda esa tierra en ropa y piel?
-No, el se baña en la villa. Es el campeón de la Casa de Katsaron ¿Eso te dice algo? Todo lo que él tenga será mejor que lo que tu o yo tengamos mientras vivamos aquí. Mejor comida, mejor cama, mejor armadura.
-¿Todo eso solo por ser el mejor de la casa?
-El mejor de la casa y de todo Pandora. Sus peleas recaudan una fuerte cantidad de dinero, así es como se puede financiar ese estilo de vida. Sin mencionar que los lanistas automáticamente apuestan sobre su campeón en una pelea estelar.
-Y si cada casa tiene su campeón, ¿que sucede si este resulta herido y no puede luchar en un par de meses?
-Ya sé lo que estás pensando.- dijo Tristán con expresión seria.- Si Calidius quedara incapacitado para luchar Izaro debe colocar a uno de nosotros en la estelar, y así es como un gladiador obtiene la oportunidad de convertirse en campeón de un día a otro. Pero deja las fantasías, muy difícilmente se derrota a un campeón y de suceder eso, permíteme decirte que eres el cuarto en la fila. Antes de estar en una estelar debes pasar por encima de Einar, Halem y yo, y eso es imposible para ti.- dijo Tristán riendo descaradamente.- Lo siento amigo, en este negocio, los méritos de hacen volviéndose cada vez más fuerte, pero nosotros te llevamos un par de años de ventaja.
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Re: Real men never run away || Calidius Onisse

Mensaje por Leif Laelius el Mar Nov 01, 2016 9:53 am

-Vayan a quitarse la mugre y descancen. Terminaran temprano hoy.- dijo Izaro como dando por terminada aquella presentación.- Tristán, encargate.


Dijo finalmente para retirarse, no sin antes dar una fuerte palmada en la espalda de Laelius. Los cuatro hombres, bien formados y curtidos por el peso de las centenares de batallas en la arena lo miraron, sus rostros no decían mucho, ni lo despreciaban ni lo recibían con los brazos abiertos. Pronto se disiparon y se alejaron, solo Tristán permaneció junto a él.
-Vamos.- dijo señalando el camino que los demás habían seguido con un movimiento de cabeza.- También tú debes bañarte. Hueles como a establo.
-No hay baños en prisión.
-¿Prisión?- Dhalaras con falso asombro.- El próximo hombre que Izaro traiga lo habrá sacado de la basura. Imagino que tendrás alguna habilidad que nos sirva.
Laelius reparó en la última frase mencionada por el licántropo.- ¿Nos? Pensé que iría solo a la arena.
-¡Eres peor de lo que pensaba! ¿Acaso sabes algo sobre la arena?- dijo Tristán cuestionando los conocimientos de Laelius.- No luchas por tu cuenta, mientras Izaro te brinde armas y comida tu pellejo pertenece a la Casa de Katsaron. ¡Nunca lo olvides!
-Esta bien, esta bien. Supongo que tienes razón.- respondió Laelius sin mucho entusiasmo pero al final comprendió lo que Tristán trataba de decir.
Mientras caminaban por la lujosa propiedad Tristán lo instruía sobre dónde dormiría, donde comería, y finalmente lo llevaría al lugar donde diario se despojaría de la inmundicia de lodo y sangre después de cada entrenamiento. El baño era comunal estilo romano, los otros aún estaban ahí, excepto el pelirrojo.
-¿Donde está Onisse?- preguntó Laelius, quien para sorpresa de Tristán conocía el nombre del vampiro pelirrojo.
-¡Vaya! Lo conoces.
-Todo mundo lo conoce. En las calles no dejaba de hablarse de él.
-No es necesario que le temas.- dijo Tristán mientras ambos se preparaban para bañarse.- Es inofensivo...si no están parado en la arena al mismo tiempo que él.
-No le tengo miedo.- repuso Laelius.- ¿Se irá a dormir con toda esa tierra en ropa y piel?
-No, el se baña en la villa. Es el campeón de la Casa de Katsaron ¿Eso te dice algo? Todo lo que él tenga será mejor que lo que tu o yo tengamos mientras vivamos aquí. Mejor comida, mejor cama, mejor armadura.
-¿Todo eso solo por ser el mejor de la casa?
-El mejor de la casa y de todo Pandora. Sus peleas recaudan una fuerte cantidad de dinero, así es como se puede financiar ese estilo de vida. Sin mencionar que los lanistas automáticamente apuestan sobre su campeón en una pelea estelar.
-Y si cada casa tiene su campeón, ¿que sucede si este resulta herido y no puede luchar en un par de meses?
-Ya sé lo que estás pensando.- dijo Tristán con expresión seria.- Si Calidius quedara incapacitado para luchar Izaro debe colocar a uno de nosotros en la estelar, y así es como un gladiador obtiene la oportunidad de convertirse en campeón de un día a otro. Pero deja las fantasías, muy difícilmente se derrota a un campeón y de suceder eso, permíteme decirte que eres el cuarto en la fila. Antes de estar en una estelar debes pasar por encima de Einar, Halem y yo, y eso es imposible para ti.- dijo Tristán riendo descaradamente.- Lo siento amigo, en este negocio, los méritos de hacen volviéndose cada vez más fuerte, pero nosotros te llevamos un par de años de ventaja.
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