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Nadando entre recuerdos- Amelia

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Nadando entre recuerdos- Amelia

Mensaje por Invitado el Lun Sep 05, 2016 5:12 pm

Actualidad|Calles de Bran|Siglo XXI.

La calles de Bran eran resonantes y similares a las antiguas, y cultas zonas de las Ciudades Rumanas, algo que no era de extrañar teniendo en cuenta que la potestad de dicho reino estaba bajo las manos del vampiro más viejo jamás conocido. La realidad es que no era mucho mayor que Nataél, lo cual le hizo pensar más de una vez, que su progenitora no fue creada mucho antes de que ella lo hiciera a él, aunque a aquellas alturas no era ya siquiera importante en su día a día, más bien solo había una cosa de su interés inminente en aquellos instantes.

El afamado y elitista vampiro, corría veloz tras la sombra que remaba en su pasado cada noche y cada día de sueño desde hacía ya más de 200 años. No podía haberla olvidado pues no era si no lo que reanimó su deseo de vivir buenamente aquella tortuosa vida a la que había sido confinado sin elección alguna. Una vida en parte agradecida ya que le dio lugar a conocer aquel recuerdo que seguía persiguiendo insistentemente.
Podía tener la velocidad de la luz para los humanos, pero aún así  parecía nunca alcanzar a aquella chica de cabellos castaños y piel de marfil. Una mujer que tiempo atrás había estado tan viva como de los que el se alimentaba y favorecía, pero aquello era diferente en sobremanera, pues la razón de su muerte fue por un buen fin. Un fin que jamás se le fue perdonado y lo llevó hasta donde está ahora.
Sin tiempo a tornarse y mirar los lugares recónditos y misteriosos que deja pasar delante de él por alcanzarla.

-Amelia!!!- expulsó con fuerza desde las profundidades de su garganta, para solo hacer mella en un hombre que lo miró con mala cara.- Vos...- lo señaló-... Vos debéis decirme por donde partió, la habeis visto danzar sinuosa antes de mí...- el hombre lo empujó sin miramiento para desaparecer como una sombra más ante él.

En aquel instante se levantó aturdido, puede que en cualquier otro momento hubiera sido menos pasivo con aquel extraño, pero una vez más vislumbrar la sombra de su amada lo reincorporó en su persecución. Una persecución que no mucho después se acabó al tomar a aquella mujer ante ella.- Amy... Amelia sois vos?- se corrigió, por no olvidar su educación.
Cuando ella se giró todo se torno frío y congelado como si la cinta de reproducción de la película de su vida hubiera sido parada de golpe, y acto seguido retrocedió con exorbitante velocidad ante la primera vez que la vio.

El Pasado| Hacienda Bonelli|Italia Siglo XIX

Aquella noche Nataél se encontraba en uno de los viñedos más importantes y fuertes de Italia, donde iba a probar pese a su mustio paladar una nueva cosecha innovadora del país. Pese a ser un tipo ocupado siempre gustaba de hacer aquellas cosas por si mismo, aunque le acompañase un experto catador como apoyo, que no era si no uno de sus esclavos humanos que se hacía pasar por socio de su comercio. Para servir humanos, había que cosecharlos, y por ventura o desgracia era común que estos le dieran bien al trago y a la comida, y a cuanto más sibaritas fueran, más sabrosa podía surgir su sangre.

- Tidogh... Marche a las bodegas con el secretario del Sr. Bonelli...- aquel siervo no hizo si no agacharse sin ser visto por nadie en modo de referencia, mientras fuertemente apretaba la boina entre sus magulladas y viejas manos.- Y recordad..- enrojeció los ojos como punto de aquella frase.-... si he de tomar a la joven hija, no has de entrometerte... o vos seréis quien ocupe su lugar, más has de recordar la letalidad de mi mordedura.- castañeteó su afiladas fauces con fuerza.
Aquella amenaza no era si no un recordatorio de la vez que lo acogió cuando apenas tenía 15 años y pretendió contar quien era su amo.

Pasados unos minutos, mientras aún esperaba de pie e impasible con las manos a la espalda, deseando su encuentro con la heredera de aquel comercio, comenzó a oscilar los pies balanceando el cuerpo hacia delante y hacia atrás algo aburrido. Su traje de terciopelo negro, lo acompañaba en aquel va y ven que en su uso parecía un paso desechado del ballet, o algo tal sutil como el silbar del pétalo de una flor. Algo casi mágico, pero al mismo tiempo sencillo y puede que en cierto modo vulgar.
Por delante de ellos apareció un hombre, bien vestido del mismo modo pero no del mismo porte, de detrás de un corredor de la entrada.
- Srt. Malikov...- se presentó tomando su mano como presentación- Soy el secretario de los Bonelli, el sumiller en realidad... caballero.- hizo un gesto a Tidogh algo menos presuntuoso.- Bien si me acompañan...- realizó una indicación con la mano que no tardó Neófilo en detener.

-No se aflija por mi...- expectó con elegancia-... En aquesta ocasión sin conflicto alguno para su ser, me ha de acompañar la adorable hija del Señor de las tierras... más en mi ausencia, le será de acompañante... mi querido congénere... el Sr. Tidogh- culminó poniéndole una mano en el hombro y sonriendo al sumiller, que al escuchar las hablas de aquel nuevo cliente, que arrastraban las Erres con dificultad con un tono típico de un juglar del Teatro. Aún así solo levantó la ceja algo expectante antes de mirar al acompañante del para él Señorito Malikov.

-Como desee...- termino-... bien entonces, necesita algo para calmar su espera, una copa?- Nataél hizo un gesto con la mano para negar toda propuesta, cerrando los ojos y sonriendo con calma al volver a abrirlo.- Perfecto entonces...- y así es como el sumiller y Tidogh salieron de delante suya hacia lo que eran las bodegas antiguas.

Mientras esperaba allí repitiendo de nuevo su aburrida danza, se dedicaba a pensar lo molesto que era tener que tratar a aquel infeliz humano como si realmente fuera alguien para él, o en sí para otros. Dado que su actuación con el trabajador de los Sñrs. Bonelli no era más que una patraña que escondía lo que en realidad había tras el telón de la obra personal de Nataél.


Última edición por Nataél Malikov el Mar Sep 06, 2016 12:23 pm, editado 1 vez
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Re: Nadando entre recuerdos- Amelia

Mensaje por Invitado el Mar Sep 06, 2016 11:43 am

Actualidad|Calles de Bran|Siglo XXI.


Cómo todas las tardes luego de ocultarse el sol en el horizonte en la lejanía Amelia acudía a la biblioteca pública de dicha región. Aquél lugar que se había convertido para ella desde su llegada a Bran en un pequeño santuario, su lugar predilecto. Podía pasar horas encerrada en aquel majestuoso y silencioso lugar como su único acompañante antiguos libros y pergaminos que adornaban las viejas estanterías en los anchos y largos pasillos de la biblioteca y que tanto llamaban la atención de la neófita.

Esa tarde sólo procuro en ir a devolver un libro muy antiguo de magia que había tomado prestado en su lugar, por lo que no tardó mucho en salir de la biblioteca hacia exterior. Todavía la noche no asomaba del todo y la neblina comenzaba aparecer cuál velo pintado sobre aquel paisaje que la neófita tenía delante de sus ojos .Tanto en las calles principales como en los callejones aún transitaba un gran número de inmortales; esto incluyendo a Amelia que se dirigía nuevamente a su hogar.

Sumida en sus propios pensamientos, no se percató que un vendedor de dicha región le había ofrecido una rosa roja, Amelia detuvo sus pasos, en cuanto aquel anciano, se le cruzó en su camino. Ella le miró algo extrañada, era la primera vez que viviendo en Bran le pasaba aquél suceso poco común. Le resultó muy extraño. Cuando Amelia fue a extender su mano para tomar la flor que el vendedor le había ofrecido escuchó claramente a distancia que le llamaron por su nombre. Amelia logró reconocer esa voz “no podía ser cierto”. Sintió como una fuerte descarga eléctrica le recorrió todo su ser al instante. No volteo a mirar hacia atrás, sólo se limitó a correr a una velocidad que en menos de lo que un humano pudiese pestañear, la vampiresa había llegado a un callejón para transformarse en aquella criatura siniestra de la noche desapareciendo de la vista del hombre que la había convertido en lo que era ahora, en una inmortal.

El Pasado| Hacienda Bonelli|Italia Siglo XIX


Una vez más la familia Bonelli llevaba a cabo en su hacienda una fiesta para la degustación de su vino. Era una tradición de familia llevar a cabo dichas actividades para la exportación, venta y conocimiento del mismo producto. La joven Amelia se había encargado de todo los preparativos esa tarde, ya que sus padres habían viajado días atrás al  exterior por el mismo motivo. La chica era el único retoño del Sr. Bonelli por lo que desde muy joven se había interesado por el negocio de la familia, era una experta en llevar catas desde su adolescencia. Por lo que disfrutaba de sobre manera de aquellas fiestas que tanto su padre como ella gustaban de llevar a cabo tanto para sus clientes ya fijos de su propio país como para algún nuevo comprador o exportador que llegara desde el extranjero y deseara conocer del producto. Al transcurso de algunas horas ya la hacienda había abierto los portones principales que daban acceso al espacioso estacionamiento. Amelia pudo ver desde la ventana de su habitación, como comenzaban a llegar sus invitados. Reconociendo algunas caras ya conocidas caminar por los grandes jardines de la hacienda. Se apresuró para terminarse de arreglar, cuando escuchó uno leves toques al otro lado de la puerta de su habitación ── Adelante──la puerta inmediatamente se abrió entrando algo apresurada al interior de su habitación una anciana de cabellos blancos recogido en un moño y mirada celeste, era su nana hablando en su lengua oriunda, en italiano a Meliá; que un hombre llegado del extranjero solicitaba de su presencia, que deseaba ser atendido por la joven Bonelli. Amelia hizo un ademán con su cabeza y manos al mismo tiempo que le pedía a su nana que se calmase respondiendo en su misma lengua, el italiano. La joven Bonelli dio sus últimos toques a su impecable rostro, se aplicó su perfume y salió a pasos aligerados de su habitación para dirigirse hacia el pasillo que daba acceso hacia los grandes jardines de su hacienda así como a las inmensas bodegas. De camino se encontró con su sumiller acompañado por un caballero que su rostro no logró reconocer.
──Srta.Bonelli el Sr.Malikov aguarda por usted, en el jardín lateral──se dirigió en un tono de voz un tanto molesto e  incómodo hacia la joven.
──No se preocupe, ya estoy de camino, podría encargarse de lo demás como siempre de lo que atiendo personalmente al Sr.Malikov──inquirió aquellas palabras colocando al mismo tiempo una de sus manos con suavidad sobre uno de los hombros de John, no sólo era su sumiller era el mejor amigo de su padre y el encargado de atender directamente a los clientes, por lo tanto los Bonelli lo trataban como a uno más de su familia.
──Enseguida Srta. Amelia── respondió a la joven ahora mucho más relajado.
Amelia prosiguió con su caminar, sus tacos repiqueteaban continuamente al hacer contacto en el duro suelo de aquél ancho pasillo que se abría paso cada vez que se acercaba más a su encuentro con el Sr. Malikov. Al doblar en una L a distancia logró ver una figura masculina caminando de un lado para otro, Amelia pudo notar que el caballero estaba un tanto ansioso por su espera. Al ella acercarse se dio cuenta de su físico y altura. No le conocía, era la primera vez que le veía, pero aquel rostro le pareció lo más hermoso que jamás había visto en sus años de vida. Quedó perpleja ante la presencia de aquél hombre tan atractivo que tenia delante de ella. Raspo leve su garganta para que le saliera la voz y poder presentarse al Sr.Malikov como se supone debía de ser. Verdaderamente se sentía como una colegiala la primera vez que veía al chico buen mozo y más popular de la escuela.
──Sr.Malikov… siento mucho haberlo hecho esperar por mi… en que puedo servirle── inquirió dedicándole al mismo tiempo una amable sonrisa. Mirándole expectante en espera de alguna respuesta por parte de su nuevo comprador.
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Re: Nadando entre recuerdos- Amelia

Mensaje por Invitado el Mar Sep 06, 2016 12:49 pm

El Pasado| Hacienda Bonelli|Italia Siglo XIX

Ya habían pasado más de 20 minutos, y nuestro vampiro cambió su acostumbrado balanceo por algo más llamativo, como era un paseo a lo largo de no más de un metro. No era común para él tener que esperar a nadie, mayoritariamente cuando el deseaba algo o pedía o llegaba a cualquier lugar, casi al instante las cosas le caían del cielo. Con esto quiero referir que no era normal el su día a día tanta tardanza y eso era algo que lo sacaba de sus casillas completamente.
Sus ojos se enrojecían ante la molestia, pero no escatimaba en esfuerzos para disimularlo, nadie debía sospechar de su presencia, así que hacía unas cuantas respiraciones en pos de calmar sus nervios, aunque como todos sabemos los vampiros no necesitan de ello. Pero aún así ante los humanos debía de realizar respiraciones fingidas para no salirse de su papel.
Ya en aquel siglo no se quemaba a nadie y eran más que normalizada la idea de que no eran reales, pero siempre aparecían sectarios sospechosos o bien humanos crédulos que estaban en busca de seres como él. De no ser de ese modo, no se hubieran sacado películas como la de ''Entrevista con el Vampiro'', una que en su opinión no hacía justicia a su raza.

Finalmente y ya casi decidiendo ir en busca de la joven, presintió a lo lejos los latidos del corazón de la muchacha, no dejó en ningún instante de realizar sus movimientos, pues ella estaría a más de dos o tres habitaciones a lo lejos. Lo cual para un humano habría sido imposible de percibir. La joven andaba rápida por su tardanza, por lo que aquel vivo corazón resonaba inquieto y posiblemente agobiado, lo cual para Nataél era mucho más llamativo que el tronar de sus tacones a cada paso, o la respiración acelerada.

Aquel sutil carraspeo, provocó que se girara a mirarla de frente, solo que esta vez mantuvo una única mano tras la espalda mientras la otra la situaba delante de si mismo sosteniendo una delicada y bien sonrosada rosa roja. Un clavel que el mismo cultivaba en los jardines de alguno de sus Hoteles.
Y como si el tiempo se hubiera parado al aparecer la joven en el lugar, pudo observarla con delicado detenimiento sin que ella misma fuera consciente. Cada zona en el que aquel vestido rojo que escotaba sus pechos, envolvía el cuerpo que la caracterizaba, su piel rosácea y brillante le dejó atónito. Pasó sus ojos por cada tramo, observando como caía aquella tela sobre ella, como si fuera capaz de dibujar a conciencia cada una de sus curvas en la mente, una mente que en realidad no hacia justicia ni de lejos a la belleza real de aquella muchacha.
Una mirada de vida que Nataél deseaba a cada instante tomar para él, podía oler el sabor de la sangre que recorrió anteriormente cada latido de su corazón, una sangre tan jugosa como los labios rojos y brillantes que en aquel instante volvieron a cobrar vida.

- No se aflija por mi espera...- Una voz profunda en Italiano salió de los labios del hombre, pues la educación que le dieron y los siglos de existencia le habían dado tiempo de sobra para conocer otros idiomas. Aun así jamás se podría des hacer de sus arrastradas ''r'' y su acento Ruso con toques Rumanos.- Una dama como vos consta del perdón, pues ahora aquestos minutos en espera se me tornan efímeros... esto es para vos.- le ofreció el clavel que tenía en mano-... no soy quien, más desearía que vos me informara de aquellas ofertas tratadas con vuestro padre.

Nataél era un hombre de ideas claras y de trato exquisito, y ya no solo le interesaba el vino si no que aquello, tenerla delante le estaba dando más atención que la que imagino cuando la nombró el Señor Bonelli en su primer encuentro, encuentro en el que le invitó a aquella fiesta nocturna, en el mejor viñedo Italiano por descontado.
-Más aún sería un honor para cualquiera tal, que me acompañara en la velada... he de decir, que esta no es si no mi primera visita en las hermosas tierras Italianas...- confesó, una confesión creíble para cualquiera, en cambio era una mentira mordaz, sin ningún tipo de vergüenza o remordimiento por su parte. Dos conceptos que Nataél nunca había conocido, y si los conoció siendo humano, por descontado los había olvidado siendo vampiro.
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Re: Nadando entre recuerdos- Amelia

Mensaje por Invitado el Mar Sep 06, 2016 5:22 pm

El Pasado| Hacienda Bonelli|Italia Siglo XIX

Sorprendida quedó Amelia al escuchar a hablar al Sr. Malikov en su lengua natal, el Italiano. Verdaderamente la joven no se esperaba que lo hablara tan perfecto, según tenía entendido y si no mas recordaba su padre le habia dicho en una conversación que era ruso. Si aquello le había tomado por sorpresa de momento más lo hizo el detalle tan hermoso que él tuvo para con ella. “Como sabía que las rosas le eran de su agrado y rojas para ser más específicos” era un gusto tan personal que pocos sabían sobre ella. Excepto su madre y su nana, a quienes les confiaba prácticamente todo. No esperaba recibir semejante detalle y mucho menos de un hombre sumamente extraño para ella, y que no la conocía en lo absoluto.

Desvío sus oscuros orbes de la vista clara del hombre para fijarla en la rosa que justo había situado frente a ellos, la cuál obsequió a la joven italiana. Asintió con su cabeza complacida y mucho más tranquila al escuchar de sus propias palabras que no se preocupara por haberle hecho esperar más de lo debido. Ya que Amelia le había visto un tanto nervioso desde distancia antes de llegar a su encuentro. Estiró un poco su brazo izquierdo en cuánto él se la ofreció, tomándola con sumó cuidado de no pincharse con las espinas de la rosa. Aquél acto tan sutil y cuidadoso de la joven que tuvo al tomar la rosa hizo que sus propios dedos inconscientemente rozaran parte de los dedos delicados y bien cuidados de su interlocutor. El suave y leve contacto con su mano fue algo que agrado mucho a Amelia.

Disimulo la sensación de aquél roce que aún estaba latente en su piel agradeciéndole por el detalle── Gracias por el hermoso detalle ──replicó en italiano, llevando la rosa justo debajo de su nariz para percibir el peculiar olor que emanaba de ella.  Aún no salía del pequeño trance hablando metafóricamente en el que aquél apuesto hombre la había llevado, no sólo por su porte y elegancia, si no por la manera en que la miraba mientras se dirigía a ella. Estaba embelesada,  ida “no podía ser posible que un Ángel haya descendido del cielo y estuviera ahora teniendo aquella conversación con ella” Escuchó al Sr. Malikov pedirle de favor que fuera justo ella que le pusiera al tanto de la propuesta y ofertas a la que él había llegado con su padre la ultima vez que se reunieron para llegar a un acuerdo.

Y eso no era todo lo que deseaba el Sr. Malikov aquella noche. También dejó claro que deseaba la presencia de la joven italiana a su lado por el resto de la velada. Amelia estaba más que acostumbrada a que sus compradores ya fuesen “hombres”gustaran de ser atendidos por la hija del dueño, el Señor Alberto Bonelli. El Sr. Malikov no era el primero que le hacía aquella invitación, ni tampoco al primero que habia rechazado. Amelia no acostumbraba a socializar más allá con los compradores que tenían trato con los negocios  de su padre . A menos que no fuera algo relacionado en el ámbito laboral.──Creó que eso me será imposible... acompañarle por el resto de la noche Sr. Malikov, ahora sobre el acuerdo al que llegó con mi padre, le pediría que me acompañase por favor, para hablar sobre ello cómodamente──Replicó, haciendo un leve ademán con su mano al mismo tiempo que decía aquellas palabras ──Después de usted──finalizó. Para que el Sr. Malikov la acompañará hasta su despacho.
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Re: Nadando entre recuerdos- Amelia

Mensaje por Invitado el Miér Sep 07, 2016 8:50 am

El Pasado| Hacienda Bonelli|Italia Siglo XIX

Aquel contacto leve pero sensible entre ambos dedos hizo que para Nataél ya no fuera una simple cuestión de negocio la que allí se iba a tratar, más que aquello iba a ser una situación de caza jugosa y armónica. Como era común en él. No es que generalmente cazase jóvenes, que también, pero cuando se trataba por antemano de químicas físicas entre dos cuerpos el alimentarse era mucho más hermoso. Él como era de esperar de un hombre de aquellos tiempos en los que nació, era todo un poeta hasta cuando a matar se refería, todo en esencia tenía un deje musical.
Aquella joven por descontado le estaba generando un interés más que humano, iba a ser una de esas comidas exquisitas que cualquier gastrónomo calificaría con una esplendida nota de cinco estrellas.

La negativa de la joven lo molestó sobre manera, de ser así la única oportunidad que iba a tener para tomarla para él sería en el despacho mientras entablaban conversación sobre precios y calidades del vino y sus servicios. Por desgracia hacer aquello le traería muchos problemas y sería levantar sospechas demasiado aclaman tes en su contra, así que de un modo u otro debía ingeniárselas para conseguir lo que deseaba. Por supuesto que tenía donde alimentarse, y de hecho ya iba bien servido aquella noche, lo que pasa, es que Nataél había adquirido un gusto muy fino con los años, y si podía darse un buen manjar no dudaría en ello. También como otros vampiros constaba de habilidades que bien podían ser positivas, en su caso y en aquel momento, la suya no le permitiría si no beber de ella hasta matarla.

-Bien aventurado sea entonces, gustar de su compañía, aunque de una platica de negocios se trate...- respondió con serenidad mientras tomaba la delantera como le estaban indicando. Sus ojos se enrojecieron a ignorancia de Amelia por la desgracia de no poder disfrutar lo que deseaba, aún así no se rendiría tan fácilmente. Acostumbrado como estaba a conseguir todo a la primera aquello doblegaba sus ganas por obtener sus deseos.
Pasaron unos cuantos corredores muy clásicos de las ricas vendimias Italianas, hasta llegar a lo que era una puerta de roble bien entalla de color caoba.

Esperó a que ella diera el paso y entró a su compañía tomando uno de los asientos justo en frente de la mesa de despacho abarrotada, pero ordenada a la perfección con todo lo que ella necesitaba para realizar sus quehaceres cada día. Un lugar de un olor limpio impoluto, carente de polvo y puede que con algún libro que otro de más. Quizás guardados por una nostalgia iradicable de la joven, o por que fueron olvidados con el paso de los años, fuera como fuere carecía de saber para él, y tampoco le importaba, en cambio lo ayudaba a entender como funcionaba la muchacha y cuales serían los puntos flacos por los que podría atacarla.
- Bien... vos decís, cual es el menester que nos atañe...- comenzó a decir sin más dilación.- ... ignoro si vuestro padre os puso en situación de aquesta conversación la nuestra, dada en el pasado.
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Re: Nadando entre recuerdos- Amelia

Mensaje por Invitado el Jue Sep 08, 2016 1:02 pm

El Pasado| Hacienda Bonelli|Italia Siglo XIX

La joven italiana evadía constantemente la mirada de su nuevo comprador. Cada paso que daba en su despacho y cada gesto que hacía Amelia podía sentir como él la observaba. Su mirada era imponente, penetrante, la intimidaba un poco. La hacia sentirse nerviosa; es como si pudiese mirar muy dentro de ella y deseara saber sus más íntimos deseos y secretos.

La joven tomó asiento en cuanto buscó un portafolio con toda la información en uno de los archivos que había en su despacho. Inmediatamente se lo entrego al Sr. Malikov.──No se preocupe mi padre me dejo al tanto de la situación, además ya habíamos tenido varias conversaciones sobre el acuerdo al que había llegado con usted, ya que como usted mismo podrá darse cuenta, no está presente esta noche──inquirió con voz serena.

──Como podrá darse cuenta los documentos que tiene en manos es el contrato o el acuerdo al que llegó con mi padre. La primera hoja que verá a continuación es un estimado de lo que debería de comprar para satisfacer sus necesidades, ya que tiene una cadena hotelera alrededor del mundo. Si desea tener un vino de buena calidad y que deje lleno su bolsillo, ha venido al lugar correcto. No hay vino más exquisito al paladar que el que sale de esta hacienda; eso se lo puedo garantizar. ──profundizó en el tema con toda seguridad──¡Oh pero que descortés de mi parte no ofrecerle una copa del tan exquisito vino que se produce en estas tierras!──se disculpó por su descortesía y dejadez.

Se levantó de su asiento y se dirigió a una pequeña mesa que quedaba de esquina en su despacho. Sobre ella reposaban varias botellas de cristal de diferentes tamaños y formas, todas llenas de vino, los colores variaban desde un ambarino claro hasta un borgoña oscuro. Amelia eligió el borgoña oscuro. Tomó un vaso y vertió del líquido borgoña en el fino y delicado cristal.

Giró sobre sus talones y camino de nuevo hacia su escritorio esta vez ofreciéndole la copa de vino borgoña al Sr. Malikov ──Que lo disfrute──Cómo ha podido ver sería un gran negocio para ambas partes. De verdad no se que ha hecho para haber convencido a mi padre de ello pero lo entiendo, esta sería una gran oportunidad para que el vino Bonelli se de a conocer internacionalmente. Entiendo el punto de mi padre como el suyo también──.

Tal vez su sinceridad no fuera tomada por parte de su comprador de buena manera, pero Amelia se había caracterizado por siempre dar su opinión, era lo más sincera posible, no gustaba de disfrazar mucho sus propias opiniones o lo que pensaba al momento de las decisiones tan apresuradas que tomaba de su padre.── Para ser sincera creo que desde el primer momento que vino hablar con mi padre le cayó muy bien, algo vio en usted….──su conversación se vio interrumpida con unos toques consecutivos al otro lado de la puerta──¡Adelante!──levantó un poco más el tono de su voz para que la persona que estuviera al otro lado de la puerta pudiera escucharle.

La puerta hizo un leve chirrido al abrirse. revelando a una figura masculina, la cuál se asomó con cautela de no interrumpir a la joven──Srta. Amelia disculpe que la interrumpa──se disculpó John cruzando por el umbral de la misma adentrándose al despacho. ── pierda cuidado... ¿todo bien John?──Preguntó Amelia girando su asiento hacia donde estaba situado John. ──Srta. solicitan de su presencia en una de las bodegas, el Sr. Rochela desea hablar con usted personalmente── Amelia sonrió, pero que sucedía esa noche, es que ninguno de sus compradores o clientes se sentía satisfecho con la atención de John, que sus servicios eran excelentes. No sólo era un profesional tenía basta experiencia en el tema, a eso se dedicaba, no era la primera vez que atendía a dichas personas.──Dígale que en unos minutos estaré con él──le indicó la joven italiana. Una vez John hubo abandonado el despacho, Amelia volvió a retomar la conversación donde la había dejado.

──Bien…Sr. Malikov eso sería todo, lo demás ya lo podrá tratar con mi padre en una próxima oportunidad que tenga de visitar nuestra hacienda. Ahora si me disculpa el deber me llama, en caso de que necesite algo sólo déjelo saber a John──Se puso de pie y se situó a una distancia prudente delante de él── Siéntase como en su casa y disfrute de la velada, espero que el vino le sea de su agrado, es mi favorito──Sin mas nada que añadir le dio la espalda al Sr. Malikov para salir rápidamente de su despacho. Y  encaminarse de una buena vez a las bodegas a atender a su cliente que con ansias, también esperaba ser atendido por ella.
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Re: Nadando entre recuerdos- Amelia

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