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« Isolation » Mikael

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« Isolation » Mikael

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Vie Abr 24, 2015 8:32 pm

De aquel día pudo haber esperado cualquier cosa, que se agotaran los minerales para fabricar las armas y el carbón para el fogón sin el cual no fundiría nada, que callera un aguacero que le dificultara la tarea de reabastecerse. Y todo pasó. Una cosa seguida por la otra, como si todo estuviese preparado con la única intención de sacar al rubio de sus casillas. Y vaya que el oficio de herrero no lo podía ejercer alguien sin paciencia. Dicha situación logró fastidiarlo un poco al grado de que mascullara unas cuantas groserías antes de volcar una de sus mesas de trabajo, lo que provocó un segundo accidente. El hombre no arrojó la mesa con fingido malhumor ni fue un empujoncito lo que le dio, pues el objeto rodó un par de veces y, además de romper una de las sillas –pues tenía dos en caso de que sus clientes tuvieran que aguardar en el taller– las patas de la mesa se rompieron. Ahora debía conseguir tablones para repararla.

Tras haber intentado de poner un poco de orden en la estancia, tomó su gabardina de cuero y la pequeña bolsa en la que guardaba parte de sus ganancias, aquellas que destinaba exclusivamente para la compra de materiales y otras reparaciones. Abrió entonces la puerta principal de un golpe, deteniéndose en el umbral para observar cómo la lluvia caía en grandes cantidades y como las densas nubes marrones ensombrecían Valtesi únicamente. Al mirar hacia las montañas que albergaban a los guerreros alados o hacia el desierto de Heindel no veía más que un cielo claro. Dedicó una última mirada a los alrededores con el entrecejo ligeramente alzado y en sus orbes azules una mirada más bien burlona, sardónica, que señalaba la miseria en la que se encontraba aquella ciudad destinada para los criminales como él.

Abandonó el resguardo del pórtico y comenzó a andar en la lluvia, importándole poco que sus botas se hundieran en el fango y quedaran sucias, pues en realidad no pensaba en ello, sino en la ruta que debería tomar para reducir el tiempo en el exterior lo más posible, en qué materiales era los que necesitaba y de cuáles podía prescindir, así como trataba de predecir cuántas monedas se iría en todo aquello. No obstante, las calles le daban un indeseable recordatorio de cómo vivían los humanos, que, pese a vivir entre criaturas de naturaleza distinta, les era imposible carecer del estado deplorable de su condición humana. La mayoría vivía de un oficio con el que apenas lograban costearse la sobrevivencia y eran, de entre toda esa población, las prostitutas quienes le recordaban al rubio su viejo estilo de vida, revocando en su mente todos aquellos rostros de las personas que alguna vez traficó y otras de las tantas cosas que lo condenaron en Pandora.

Se reabasteció finalmente y sin darse cuenta de cuánto tiempo le había tomado se encontraba nuevamente caminando de vuelta a su taller, con un saco de carbón colgado en su hombro derecho, mismo en que apoyaba los tablones de madera, y el habitual estado de ensimismamiento, producido tal vez por su aislamiento, se vio interrumpido súbitamente cuando Schmeichel divisó la puerta de su taller abierta de par en par. – ¿Qué mierda…? – Temiendo lo peor, se apresuró el pasó y dejó caer los materiales tras haber entrado, sacando de inmediato de debajo de su gabardina un par de pistolas. Buscó por la estancia sin lograr ningún hallazgo que delatara un reciente allanamiento.
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Re: « Isolation » Mikael

Mensaje por Invitado el Dom Abr 26, 2015 4:15 pm

Cualquier embajador o Titán de Pandora que asegura que las personas llevadas ahí son guíadas a Valtesi en estado consiente y seguros, para luego dejar que se defiendan con sus propios medios como última oportunidad de vida, es un hijo de puta con la boca llena de mentiras. No supo en que momento despertó en el barco que lo transportaba, con un saco en la cabeza y una mordaza entre sus dientes. Se había movido de todas las maneras posibles para deshacerse de las esposas en sus muñecas que lo sujetaban a algo metálico. Parecía un toro desenfrenado, con aquellos sonidos embravecidos, insultos y exigencias sin articular propiamente debido a la mordaza, y una furia nacida no tanto de su extraña situación, sino de la necesidad de bajarse, de ir a tierra firme y regresar con…¿Con quién? Había alguien esperando por él. ¿Su madre? No, ella llevaba muerta muchos años. Su padre ya no lo esperaba en casa desde que había comenzado la vida criminal junto a su hermano y su hermano…

Entonces supo a donde se dirigía. Pandora. El lugar maldito.

Se movió con más violencia para tratar de liberarse, cortándose de manera superficial las muñecas mientras salivaba de manera frustrada. No fue sino hasta llegar a puerto, o lo que pensó que era puerto debido a la falta de movimiento de la nave, que escuchó unos pasos acercarse. Pensó en las mil y un maneras de atacar a los desgraciados que lo tenían ahí. Fueran policías o simplemente enemigos que se había hecho en el pasado, ya hallaría la manera de librarse de ellos y regresar. Tenía que encontrar a quien lo esperaba, además de que no podría hacer nada por su hermano si estaba en la misma situación que él.

Los pasos se detenían, una puerta oxidada se abría, los pasos continuaban, se acercaban pero ninguna voz los acompañaba. Ningún insulto o comentario sarcástico para el condenado, cuyos planes se fueron todos por el drenaje en el momento en que recibió aquel golpe con una barra de hierro en la cabeza, en varios puntos de la espalda, y luego, tras ser liberado de las muñecas, detrás de las rodillas y en el rostro. Puede que las personas que lo tenían no tuvieran palabras despectivas, pero sus acciones gritaban mucho más fuerte. 

Comenzaba a ahogarse con su propia sangre cuando le quitaron la mordaza para que escupiera. Era evidente que el dejarlo vivo sería peor que molerlo a palos. Lo llevaron así, con el cuerpo herido y una pierna sin poder moverse siquiera, hacia Valtesi. Estaba seguro que lo dejarían a las afueras para que los malditos chupa sangre lo devoraran. Pero para su sorpresa comenzó a escuchar la lluvia caer sobre edificios y camino empedrado. Escuchó una puerta abrirse a los hombres que lo llevaban empujar algunos objetos pesados de lado para luego tirarlo sobre el suelo lejos de la entrada del edificio. 

Lo dejaron en el suelo, lo golpearon un par de veces más y se fueron. Aún la bolsa sobre la cabeza. No pasó mucho antes de que pudiera deshacerse de aquella cosa, observando el lugar donde se encontraba, un lugar de mala muerte de seguro, peor aún que los escondites que su hermano solía encontrar para ellos.


La puerta volvió a abrirse y escuchó a alguien entrar. Seguramente uno de ellos había regresado para darle un par de golpes más, era algo personal. Se arrastró un poco por el suelo, buscando algo con lo cual defenderse o por lo menos poder agarrar a su atacante desprevenido, pero el lugar estaba destrozado y era tan pequeño e insignificante que no había mucho que usar en aquella salita. -Por todos los infiernos…¡Si van a matarme háganlo como hombres! ¡Desgraciados!-
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Re: « Isolation » Mikael

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Miér Abr 29, 2015 2:16 pm

El silencio total de cada estancia del taller y el completo caos que reinaba ahí no anunciaban nada bueno. El rubio tenía la sospecha de que si alguien, quien fuera que haya sido, entró a su vivienda y dejó la mayoría de los muebles reducidos a astillas era a causa de una insatisfacción así fuese en el cobro o en el producto que hubiese adquirido. Pero todo aquello sonaba incluso bastante absurdo y no porque se jactara de la calidad de su mercancía, sino porque, en todo caso, era más probable que el delincuente permaneciera esperándolo ahí o tal vez lo hubiera seguido al mercado para atacarlo con más tranquilidad, arrastrándole a un callejón en donde se viera  por vez última a cualquiera de los dos.

Se agachó sin mirar al suelo y levantó con extremo cuidado una de las sillas que había sobrevivido al atraco, colocándola fuera de su camino. Si el hombre aún lo esperaba en aquel pequeño sitio, debía estar escondido en algún lado. No tenía ni la más mínima duda en que mataría al cobarde que destruyó su casa y taller, casi tenía planeado cómo recuperaría el dinero que tendría que invertir en la reconstrucción de ciertos objetos y se imaginaba ya cavando otra fosa en el reducido espacio trasero para depositar el segundo cadáver junto al primero, el cual esperaba encontrar ya en sus huesos o, como mínimo, putrefacto.

Buscó en el suelo un camino de migajas que le sirviera de algo y lo que encontró fueron manchas de sangre y, más adelante, un rastro de la misma como si el asaltante se hubiese arrastrado por la morada después de haberse herido con unas de las trampas que Zeughaunn había colocado. No obstante, al buscar cuál de todas las trampas se habían activado, cayó en cuenta de que todo estaba en su lugar en lo que a ello respecta. Algo evidentemente sospechoso. “Ningún imbécil de Valtesi puede ser tan astuto como para librarse de ellas.” Pensó para sí. Y si tal era el caso, sólo  tenía que adivinar cuál de las siete razas se habría atrevido a invadir su propiedad. Esbozó una mueca sardónica burlándose de su propia miserable situación.

Tras haber avanzado un poco más, le fue casi imposible, por el pequeño tamaño del lugar, no escuchar un leve sonido a unos cuantos metros más adelante. Lo escuchó en el área en donde generalmente dormía. “Ese hijo de puta sigue rondando por aquí.” Afirmó con suma satisfacción y, dejando de lado todo sigilo, se irguió y pateó con brusquedad cada cosa que se atravesara en su camino avanzando así hasta llegar al sitio en donde había escuchado el rumor de la estupidez total. No obstante, una voz familiar le retuvo. – ¡Mikael! – Le llamó apresurándose a llegar y encontrándolo en el suelo como el zoquete que era. – Pedazo de imbécil, ¿qué mierda estás haciendo aquí? – Inquirió con cierto enojo, pues tener a su hermano como condenado en Pandora era lo último que deseaba, pero tampoco podía evitar el gusto de verlo una vez más; era, a fin de cuentas, el único familiar que poseía.


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