Últimos temas
» En el bar tomando un refresco privado (Aldair)
Sáb Sep 23, 2017 11:28 pm por Aldair Orgnar

» Mis hijos {2/2}
Jue Sep 14, 2017 8:02 am por Segyg Fo'Gnir

» Buscando a mi Hermano♥
Jue Sep 07, 2017 9:40 am por Ptalka Fo'Gnir

» Mundus vult decipi, ergo decipiatur ◊ Drako
Mar Ago 29, 2017 3:05 pm por Drako Portgas

» Death parade × Alajëa
Sáb Ago 26, 2017 4:43 am por Alajëa N'Ralla

» ♥ I want to find you{Helena }
Mar Ago 22, 2017 12:07 am por Ptalka Fo'Gnir

» Brontide Ȣ Arabelle
Vie Ago 11, 2017 10:06 pm por Marie Arabelle Laveau

» Ad infinitum || Helena D. Corso
Jue Ago 10, 2017 9:20 pm por Ghünter L. Schröder

» Last beginning (Helena) FB
Mar Jul 25, 2017 8:24 pm por Nikola Tesla

Afiliados Hermanos
Afiliados de recursos/Directorios
Afiliados elite (36/55) [26/08/17]
Jurassic Park: The Walking FossilsElentarirpg No aceptamos Afiliaciones Normales

El equilibrio | Ragma D. Arodn

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

El equilibrio | Ragma D. Arodn

Mensaje por Segyg Fo'Gnir el Sáb Jun 04, 2016 12:11 pm

·Sábado, 4 de junio de 2016.
·Entrada la noche.
·Algún lugar de los bajos fondos de Vándkratos.


A veces no venía mal tentar a la suerte. Segyg llevaba años siendo perseguido por sus antiguos compañeros, de modo que ¿quién iba a pensar que se encontraría precisamente en el lugar del que había tenido que huir? Ahora, consumido y después de tantos años sumido en la miseria, no sería fácil reconocerle; menos aún cuando, silencioso como un felino, se escurría por los recovecos de Pandora encapuchado bajo una túnica oscura y lo suficientemente ancha como para que él pudiera ver el suelo y parte del camino frente a él, pero los demás no pudieran ver su rostro. De verlo, la cara demacrada, casi cadavérica, debería ser mirada varias veces o con atención.

Y ya ni siquiera él mismo sabía quién o qué era.

Su escurridiza figura se deslizaba en aquella ocasión por los rincones más miserables de la ciudad de Vándkratos, ciudad ubicada en Zárkratos, su tierra. Los suburbios, sobre todo de ciudades, siempre habían sido —y serían— el mejor aliado para todo aquello alejado de la ley y la moral. Prostitutas, drogadictos, ladrones, hechiceros de magia negra, mercenarios, violadores, psicópatas… En realidad, Segyg ya no era muy diferente a muchos de ellos. Si bien él no había cometido ninguna «fechoría» habitual para los anteriormente mencionados, el atlante sí estaba perseguido y condenado porque él, a ojos de todos, era un asesino, un prófugo, un proscrito, un non grato en muchos lugares. De alguna manera había aprendido a convivir con ello y hacerlo congeniar como pudo con su dolor sin que la explosiva mezcla le volviese a hacer daño. Segyg había tirado la toalla en cuanto a esbozar una fina línea de esperanza se refería, por lo que no era de extrañar que cada vez que abría los ojos lo único que quisiera fuera volver a cerrarlos, y con suerte, no volver a abrirlos nunca más. De no ser porque el instinto de supervivencia era fuerte y el hambre también el atlante ya hacía muchos años que hubiera dejado este mundo. «Ahora mismo podría estar con Lona» se repetía muchas veces, envenenándose. Se envenenaba tanto, especialmente cada noche, que casi podía escupir veneno al hablar. Ay, si así fuera y pudiera tragárselo…

Dos calles más al sur, cauteloso como pocos, el moreno de ojos azules se deslizó por entre las maderas y la piedra hacia una puerta escondida tras lo que parecía ser un cargamento de cerveza. Las cajas, obviamente, estaban vacías y sólo servían como tapadera, nunca mejor dicho, y como aquellos callejones eran un reto inclusive para los mismísimos guardias y centinelas ésta estaban prácticamente siempre a merced de sus impíos recurrentes. Segyg había acudido a aquella taberna únicamente conocida por quienes debían hacerlo y nada más en busca de algo muy concreto. Años atrás, cuando Lona, su mujer, murió a manos de aquellos desgraciados, él, en su huida, ya acusado de traición y asesinato, perdió muchas cosas por el camino ya que tuvo que marcharse de inmediato. El atlante sólo había podido conservar, por suerte, uno de los más preciados: su alianza de matrimonio. Hubo otras, como las joyas y las posesiones de valor sentimental que sufrieron un destino incierto para el atlante —y que, tal vez, prefería no saber—. Aquello ocasión era diferente. Segyg había conseguido dar con alguien que podría devolverle un camafeo que Lona le regaló por su cumpleaños. En su interior, dos retratos: en uno aparecía Lona, y en el otro, sus hijos, Ptlaka y Trolk, cuando aún eran niños. Su familia. Su vida.

El interior de aquel tugurio era el que podía esperarse de un antro como aquel: sucio, oscuro, maloliente a fluidos varios, cálido y con tanta suciedad que los pies se pegaban a la suela de los zapatos. Las paredes, otrora blancas, ya no se sabía si eran anaranjadas por las lámparas de aceite o grises por la suciedad acumulada. Segyg prefirió no descubrir qué había en aquel saco supuestamente marrón que parecía comerse la tela desde dentro. El atlante, aún cubierto, aguardó sentado en una estratégica mesa apartada de las miradas y considerablemente cerca de la puerta trasera. Con el pañuelo azul bajo su mano sobre la mesa como había acordado por carta para poder ser reconocido y la otra empuñando el asa de la jarra aguardó, impaciente, expectante, con el corazón encogido en un puño, la llegada de quien debería devolverle una de sus muchas sonrisas perdidas. Aguardó, en silencio, mientras su rostro se desvanecía en el movimiento vaivenoso de aquella despreciable y asequible cerveza.






I used to hide:
avatar
Apodos : Seg
Avatar : Richard Armitage.
Habilidad : Nana mortífera.
F. Inscripción : 20/05/2016


Ver perfil de usuario
Litoral

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.