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Life is full of little interruptions ◊ Mikael

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Life is full of little interruptions ◊ Mikael

Mensaje por Helena D. Corso el Miér Jun 01, 2016 1:21 am

“Time has this incredible way of polishing your hurts, closing your stab wounds a little bit everyday making them less painful."
— Michael Hayssus

Life is full of little interruptions


¿No se supone que debes estar en Bran? — Inquirió Alekséi desde el otro lado de la barra, mirando con una ceja alzada a su mentora, quien tomaba despreocupadamente un vaso de whisky. Lo sorprendente del asunto era ver que Helena llevara una temporada sin subir al segundo piso con la misma frecuencia que antes. De vez en cuando se le encontraba metida en la misma habitación de siempre, en silencio absoluto y con la mirada perdida en algún punto más allá de la ventana, pero era evidente que evitaba subir. Su actitud también era distinta, enrevesadamente distinta, como si buscara sofocar los aires de su rango y con ello perdiera mucha energía, como si tratar de mantenerse cual tal era le añadiera el peso de más años a sus hombros.

Por más absurdo que pudiera parecer, Helena lucía diferente ahora si recordaba el día en que lo reclutó. En aquellos años aún tenía la mirada de una joven hambrienta del mundo al igual que él, aún se daba esos aires de inocencia de los que gozó en sus días de mortal al igual que él. Pero el tiempo había afilado su mirada y la hacía parecer mayor. El, por otra parte, seguía pareciendo un muchacho. Eso no le molestaba, en realidad. Ella lo trataba como tal al tiempo que le confiaba muchas cosas. La taberna, Sombra del Edén, era un ejemplo. La organización de sus demás seguidores era otro. — ¿Geshë? — Insistió y, antes de que la mujer pudiese reaccionar, el silencio inundó el local. El siseo de las conversaciones, el golpeteo de los tarros contra las mesas y el chirrido de las sillas al soportar el peso de varios comensales cesaron. Hubo algunas miradas discretas que se volvieron hacia la barra, curiosos.

Helena, que había mantenido el filo del vaso contra sus labios a medida que su mente divagaba, volvió finalmente en sí cuando escuchó el apodo que los suyos le habían asignado desde hace tiempo, aunque el principal culpable era Alekséi. Colocó su bebida sobre la barra y después miró al inmortal que aún aguardaba una respuesta. El silencio, entonces, se volvió más pesado, más sofocante, pues la mujer se tomó varios segundos para responder, mismos que los presentes interpretaron como una mala señal. — Debería, sí. — Respondió con suma tranquilidad, casi suspirando al hablar, contrario a lo esperado y pronto la vida en la taberna recuperó su curso habitual. — Pero siempre hay algo mejor que hacer. — Se puso de pie, disponiéndose a marcharse. — Rilvaar me ha pedido que vaya tras un hombre en Thyris. Ya sabes… por lo del otro día. — Añadió tras haber dado el último trago a su bebida. Alekséi entendió lo que quiso decir y soltó los hombros, mirándola con el ceño ligeramente fruncidos. Sus labios apenas se separaron para hablar cuando la castaña se adelantó. — Así no es cómo funcionan las cosas, Alekséi. Lo suyo fue un favor personal y lo mejor es que sea yo misma quien lo pague. Aunque… Si tan desesperado estás por trabajar, ve a revisar el palomar. Siempre hay hombres dispuestos a pagar grandes cantidades de dinero por ver una venganza consumada o para limpiar su nombre. — Finalizó guiñándole un ojo para finalmente abandonar la taberna.

En el exterior, cada superficie a merced del cielo estaba teñida por la luz amarillenta del ocaso y, considerando que las regiones no le resultaban tan lejanas gracias a su nuevo don, contaría con el tiempo suficiente para completar la misión sin mucha dificultad. Rilvaar, el elfo con el que debía saldar su deuda, la previno de la posibilidad de que su objetivo hubiese contratado a alguien para salvarle el pellejo. “K’hagit siempre ha sido un hombre tan cobarde como malhumorado. No me sorprendería si te topases con un ejército de siniestros tratando de protegerlo. Pero antes de que lo mates, como bien sé que lo harás, recuérdale lo de su madre con las mismas palabras que te he dicho antes.”, recordó la voz del elfo, decrépita y temblorosa, que tanta gracia le causaba a la mujer. No obstante, su aliado terminó optando por un método más teatral para concluir con la muerte de ese elfo y le entregó una carta a la inmortal para que, a su vez, la entregara a su víctima. Le aseguró que eso bastaba para hacerse pasar por mensajera, aunque era plenamente consciente de que toda persona que supiera moverse en Pandora reconocería aquel rostro como el preludio a su muerte.

Se transformó, entonces, y atravesó los cientos de kilómetros que separaban a una región de la otra hasta llegar a la atalaya sur de Thyris. No tuvo el recibimiento previsto por Rilvaar, así que no había más por hacer que adentrarse al edificio y caminar por sus pasillos con suma naturalidad, presumiendo su apariencia humana, en busca de la habitación que resguardaba a su víctima.


Última edición por Helena D. Corso el Lun Jun 06, 2016 8:10 pm, editado 2 veces




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Re: Life is full of little interruptions ◊ Mikael

Mensaje por Invitado el Sáb Jun 04, 2016 1:30 pm

Era una cosa sumamente molesta, más al mismo tiempo increíblemente entretenida, cuando había un cruce de misiones. Más si a esto se le sumaba que el objetivo fuera tan imbécil como orgulloso. Eso haría mucho más fácil el trabajo y quitaría el tedio del día. Siendo sinceros, el Siniestro pudo haber terminado su primer contrato desde el primer día, pero la tentación de “cumplir” el segundo era tan grande que no pudo evitar quedarse un poco más, aún si esto le había costado un tanto en su voluntad para no reír en la cara de supuesto cliente.

Hacía casi una semana que una paloma de fino plumaje había llegado a su superior, con una carta discreta, formal, en la cual se pedía la eliminación de un K’hagit O. Bnana. Extraño nombre para cualquiera, quizá fuera cruel chiste de sus padres. Y poco antes de que el Peón se dirigiera a las afueras de Heindel llega un halcón, enorme, imponente, majestuoso, portando la carta más patética que cualquier Siniestro haya visto. Una petición de protección de nada más y nada menos que el mismo K’hagit. Su petición, llena de aires de grandeza, solamente tenía de atractivo la cantidad de dinero que ofrecía por día. Para mala suerte de K’hagit, Mikael contaba con la política de honrar el contrato y no traicionar al cliente. Al aceptar aquel segundo, no tenía por qué respetarlo realmente. Era solamente una manera de acercarse, aquel cobarde no era su cliente, era un objetivo.

Aún así, aquel extraño hombrecillo logró sorprender al Siniestro, quien ocultaba su rostro en todo momento bajo la capucha y el cubre bocas. ¿Cómo lo sorprendió? Pues, al ser un reverendo idiota, por supuesto. Apenas llegar al edificio de Thyris, el Siniestro fue recibido por arqueros ocultos y guardias fieros de dos razas. La mayoría eran elfos, y entre ellos se encontraba alguno que otro licántropo, todos con los bolsillos regordetes de oro y plata. Claramente ellos tenían, por lo menos, el suficiente seso para no fiarse de un Siniestro, aunque este portara la carta escrita por la misma mano del hombre que les pagaba. En primer lugar porque estaban al tanto de que los enemigos de K’hagit también eran capaces de acudir a la gente de Heindel para eliminar a un objetivo, y en segundo porque tener a otro trabajador significaba tener que compartir el dinero.
Por suerte, y desgracia, lo llevaron ante el mismo K’hagit, hombrecillo elfo escuálido, con el rostro un tanto extraño, como si lo hubiera intentado maquillar. Apenas verle el elfo parecía emocionarse, adoptando un caminar “seductor” y sin inhibirse al momento de pasar las manos por la armadura de Mikael. Le preguntaba su nombre, su edad, le pedía información personal de todo tipo mientras apretada sus brazos.

Se hizo una nota mental de lavar aquel traje con lava mientras respondía con toda tranquilidad. Negándose solamente a removerse la capucha y máscara, pero sin removerse siquiera por el toqueteo del “cliente”, quien se veía satisfecho ante esto.

Apenas uno de sus hombres protestó, K’hagit reaccionó de una manera bastante violenta que realmente no lo ameritaba. Se giró y dio una digna cachetada femenina al que osó dar opinión, escupiéndole en la cara. -¡Estúpida! ¡Mi seguridad, idiota!- Se acomodó los cabellos tras aquella rabieta, y a partir de ese momento tenía a Mikael siguiéndole a todas partes, hablando por horas cada día y llenando sus bolsillos de riqueza.
La mayoría del tiempo el Siniestro se la pasaba dormido o pensando en otras cosas, en lo que haría con lo que había ganado, y en lo que haría para deshacerse de los otros guardias, que aún no se fiaban de él.

Ya iba siendo hora de terminar con aquel circo.

El día anterior K’hagit estuvo más insoportable que de costumbre. Le habían llegado rumores de que sus enemigos estaban contratando criaturas Elite para eliminarlo, provocando que el elfo no escatimara recursos, tiempo ni disciplina para asegurarse de que su hogar fuera impenetrable. Su gente pensaba que exageraba, estos rumores se escuchaban desde hacía bastante tiempo, pero no podían rehusarse a sus órdenes. Hartos ya en su mayoría, tomaban las oportunidad de ir a dormir o descansar apenas pudieran.
Aquella noche Mikael usó su mejor habilidad y las sombras para escabullirse hacia las armas. Ninguna cuerda de los arcos quedó sin trucar, habrían de romperse apenas se intentara disparar una flecha, quizá ni siquiera llegarían a tensarse correctamente. Sabiendo manejar el fuego de la forja mejor que nadie, sabía como calentar las armas para hacer el metal más frágil, en el punto preciso dónde no se notara. Sería como romper una hoja de papel al primer enfrentamiento. A los pocos que usaban balas, esto era mucho más sencillo. Cambia la pólvora, agrega la piedra más pequeña al arma, y todo fallaba.

Si no huían al momento en que las armas cayeran a pedazos en sus manos, matarlos no sería problema. Solamente quedaba un pendiente. K’hagit.

Estar a solar con él en la habitación solía ser sencillo. Pero no fue tal aquel día. Precisamente tenía que venir la mala suerte a la puerta en forma de…¿mensajera? Vamos, que ni siquiera Mikael se creía esa. Convenció al hombrecillo de que lo mejor era que el Siniestro se quedara entre las sombras de la enorme habitación principal que, en su forma redonda y llena de ventanas en la segunda planta, contaba con varios rincones en los cual podía ocultarse gracias a los arcos y columnas a ambos lados de la puerta. Así podría vigilar sin ser visto, ser una sorpresa si el mensajero traía sorpresa alguna consigo. Además de que todos los arqueros estaban ocultos en la segunda planta, entre los ventanales, y había guardias con armas de rango y algunos de cuerpo a cuerpo junto a cada columna. Ninguno había notado, no es que tampoco tuvieran el tiempo de, el hecho de que sus armas ahora eran más que inservibles.

En el centro de la habitación, en una silla que compensaba la falta de virilidad, se encontraba el orgulloso, cobarde, y tembloroso K’hagit. La única razón por la cuál no había mandado a matar al mensajero era que en verdad esperaba una carta de un supuesto aliado, alguien que le ayudaría a sobrevivir y poner en orden sus fallidos negocios.
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Re: Life is full of little interruptions ◊ Mikael

Mensaje por Helena D. Corso el Lun Jun 06, 2016 9:48 pm

¿Qué más le había dicho Rilvaar? ¿Alguna advertencia? ¿Que no fuera por sí sola a Thyris, tal vez? Seguramente le había advertido algo así después de dar sus indicaciones respecto a ese favor que estaba pagando y, en caso de haberlo hecho, Helena simplemente lo ignoró. La mujer se habría enfocado en el objetivo y habría pasado por alto la posibilidad de que un ejército la recibiría al llegar a la atalaya sur. Por otra parte, Rilvaar confiaba en que la mujer estaba lo suficientemente familiarizada con los elfos como para conocer sus construcciones y su manera de trabajar, de modo que tampoco se le complicaría la tarea a la hora de llevarla a cabo. Si la acompañaba su séquito, desde luego. Pero ninguna de esas cosas ocurrió como tal. Corso conocía, en efecto, a los elfos, pero sólo había estado en el norte de la región y, cuando mucho, conocía a unos cuantos elfos y a una humana que vivía en la ciudad del lago, Máthair. Tampoco había aceptado la ayuda de sus seguidores, pues tenía la certeza de que las cosas se le facilitarían sobremanera sólo por el simple hecho de ser ella. ¿De qué servía, pues, haber conquistado tanto si al final no podría lograr nada por cuenta propia? Y, bueno, muchos la conocerían por haberse enfrentado a Freyja.

Caminó por los pasillos de la morada con absoluta autoridad y a paso moderado, como si, además de ser la dueña legítima del edificio también lo fuera del tiempo. Sin necesidad de apartar la mirada del frente, podría percibir a los centinelas que se ocultaban en lo alto de los muros, así fuera por sus latidos, su olor o por el melodioso sonido de un arco al tensarse, seguido por un crujido. No hacía falta ocultar su identidad y tampoco habría servido de nada, pues apostaba a que la mayoría de los mercenarios contratados por Khagit la reconocerían al instante. Pero, por alguna razón, ninguna flecha abandonó el escondrijo de los muros, no escuchó ningún silbido ni las suaves canciones del metal al desenvainarse. Al parecer alguien se le había adelantado…

Su primer obstáculo fue un hombre que resguardaba la estancia en la que Khagit solía permanecer. Las puertas eran grandes y ostentosas, de acabados envidiables que prometía contener en su interior a un hombre importante. Miró al guardián como un ama que espera ser reconocida por un siervo que acababa de gastarle una mala jugada, una traición perdonable. — Vengo a ver al señor Bnana. Dile que le traigo noticias importantes. — Dijo con la evidente intención de que el hombre fuera a anunciar su llegada, como si la hubiesen estado esperando, y así fue. El guardián asintió con una solemnidad sumisa y se internó en la estancia unos minutos para anunciar la llegada de una supuesta mensajera. Al volver, dejó la puerta abierta a fin de permitirle el paso a la inmortal, que, antes de atravesar el umbral, le dio unas palmadas en el pecho. Lo estaba poniendo en libertad. Tácitamente, le insinuaba que lo más sensato era retirarse antes de que la situación se complicara. Sin embargo, ese breve instante de compasión desapareció al instante mismo en el que se adentrara a la siguiente estancia.

Volvió a adoptar su porte autoritario a medida que atravesaba la habitación y pronto la choncha asquerosa apareció en su campo de visión, sentado en una gran silla como si su dinero bastara para convertirlo en un personaje importante. — Traigo un mensaje de Davy Jones. — Anunció con voz imponente, ahogando la voz del elfo que exigió al mismo tiempo que se identificara. Para ser cobarde hace falta tener un pelo de astucia por cada mil de tonto, por lo que el hombrecito comprendió que recibir una carta del sensualísimo Davy Jones significaba más conveniente y más importante que recibir noticias de sus alianzas compradas. De manera que saltó de su silla para lograr atrapar la carta que Helena lanzó desinteresadamente como si se deshiciera de un folleto de propaganda. Posteriormente, se adueñó de la silla en donde estaba Khagit sentado anteriormente en un gesto burlón que la colocaba ahora como la dueña de aquel edificio. Torció una sonrisa maliciosa al ver la manera en la que el elfo abría la carta y la sostenía con fuerza en sus manos a medida que leía.

¿Queeeeeeeeeeeeeeeeeeee? ¡Mi madre no ha hecho tal cosa! — Bramó Bnana en un grito agudo que casi le revienta los tímpanos a la supuesta mensajera. Posteriormente, lanzó un bufido de indignación al ver a la mujer ocupando su silla. — Ya verás. Pagarás por esto en nombre de Rilvaar. — Le aseguró amenazante a medida que se aproximaba a ella con su dedo índice señalándola en medio de trepidaciones nerviosas. La sonrisa de satisfacción que desfilaba en los labios rojos de la vampiresa se desvaneció al mismo tiempo que capturaba la mano que la señalaba y la torcía. Su mano libre apresó el cuello de su víctima y lo atrajo a sí. — Cállate. — Le ordenó con desdén, apretando el agarre y ahorcándolo lentamente en el proceso.




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Re: Life is full of little interruptions ◊ Mikael

Mensaje por Invitado el Miér Jun 22, 2016 1:00 pm

Aquel elfo era un impulsivo, un imprudente que definitivamente no aprendía de las lecciones que la vida le proveía. Seguramente cada oportunidad que se le daba para iniciar nuevamente, arreglar las cosas, las tomaba como señal divina de que él era intocable, de que su suerte no tenía par. Muy seguramente fue un joven temerario en su momento, solamente por la ventaja  de la seguridad que el dinero compraba. Pero ahora, en su vejez, cuando se llega al momento en que un elfo da cuenta de que su vida no es eterna, de que las arrugas le visten de la misma manera que a otros mortales, es ahora que el miedo cobra por cada día en que no se le escuchó. Era ahora que la muerte estaba a la puerta, en los rostros que veía todos los días, en los nombres que injurió por años y en las personas de quienes se burló, creyéndose intacto de las consecuencias.
Y ahora la Muerte estaba ahí, parada en su “sala del trono”, con dos caras, dos voces, y dos agendas bastantes diferentes entre sí.

Uno de estos rostros ahorcaba al elfo, sofocándolo lentamente, sin gesto alguno de diversión o gracia, y sin embargo el Siniestro sabía lo que se ocultaba en ese muerto corazón de la mujer en medio del lugar. Esa mujer cuyo nombre resonaba en el mundo de Pandora, y el cual el viento susurraba más allá de las costas. Helena.
No. Eso no estaba bien. Ese nombre estaba equivocado. ¿Por qué?

-Mi…Mi…Mik…- El elfo, quien se había pasado preciados momentos de aire en patéticos intentos por insultar a la mujer, a Rilvaar, ahora estaba por cometer el peor error de todos. Estaba llamando por el guardaespaldas que tanto dinero le había costado y ahora no tomaba acción. No lo hubiera hecho siquiera si no fuera por ese detalle pues poco le importaba la forma en que muriera el elfo o qué manos se encargaban de este, él había contribuido a la situación y con eso le bastaba. Pero no, aquel imbécil tenía que llamarlo, como si él fuera un perro guardián.
Si ella escuchaba su nombre sabría que algo andaba mal. La reputación de esta mujer la precedía, seguramente ya sospechaba que algo no cuadraba por la falta de armas, de ataques o defensa hacia el señor del dinero. Pero había algo más, si ella escuchaba su nombre las cosas no podrían arreglarse. ¿Por qué? Malo es ya que esa vampiresa en particular supiera tu nombre y rostro, pues bien se sabía que los problemas la seguían como un imán, y que si alguna vez te cruzabas en su camino habían pocas probabilidades de sobrevivir, en otros casos la muerte sería un dulce consuelo a comparación de lo que ella era capaz. Quizá si el Siniestro se repetía esto lo suficiente terminaría creyendo que estas eran las razones por las cuales deseaba mantener su nombre en secreto. Al menos por ahora.

Por suerte Mikael había tenido el tiempo suficiente para explorar y hacer planes que al final no pensó fuera a realizar. Ideas enteramente ridículas, de broma principalmente, para brindarle un cierto entretenimiento en esos largos días en los que Bnana era realmente insoportable y lo único que buscara era un poco de paz. Así como de improviso había descubierto las paredes huecas y los ductos de ventilación, de esa misma manera podía usarlos a su favor ahora que la situación ameritaba para algo más que un simple juego para pasar el rato.

Bnana había puesto su mirada, que poco a poco se tornaba rojiza, sobre la oscuridad en la cual sabía se encontraba el Siniestro. Pero ni siquiera la silueta del mismo destacaba de entre las sombras de ese rincón, ni de las vecinas que rodeaban aquel recinto. Él ya estaba dentro de los angostos pasillos entre paredes, caminando a paso ligero, contando en silencio para mantener el ritmo de su corazón calmado, contando con la ventaja de que había muchos otros en aquella sala, algunos visibles y otros no tanto, cuyos latidos sin sincronía, llenos de miedo y nervios, harían más ruido que el propio, especialmente los del mismo Bnana, los cuales eran complementados por su respiración agitada.

-Vaya, vaya.- El eco invade la sala, con su inicio encontrándose del lado contrario de donde Mikael había estado oculto originalmente. Provenía de una rendija muy pequeña de ventilación, la cual solamente contribuía a la distorsión de la misma que el Siniestro provocaba. De suerte había dicho esto antes de que K’guit hablara de más antes de morir.
-Que extraño el ver a una invitada tan fina en este lugar, y más aún actuando de mensajera. Rol que no le sienta bien, he de admitir. Así que, vamos a calmarnos un poco.-

Se movió nuevamente, rápido, antes de que el eco se apagara por entero. Sabía que ni los guardias ni el mismo Bnana esparían esto y estarían confundidos por el asunto, pero no habrían de delatarlo. -Sin embargo me da curiosidad.- Ahora la voz provenía de otra rendija, no muy lejos de la primera. -¿Por qué manchar sus manos con la sangre del Señor Bnana? No es muy propio de usted entrometerse en asuntos ajenos, a menos que hubiera una ganancia de por medio.- A moverse de nuevo, a correr a paso ligero, buscar otra rendija, no había muchas, pero sería suficiente. -Una recompensa que dudo sea monetaria. ¿Pero qué podría querer usted siquiera? ¿Qué se le puede dar a la mujer que lo tiene todo, Helena?- Le sentaba tan mal decir ese nombre. Lo había escuchado tanto, pronunciado en varias conversaciones con gente en Heindel y fuera de. Y siempre le sentaba mal, era tan sólo una pieza de algo más grande, algo que él desconocía y le causaba molestia.
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Re: Life is full of little interruptions ◊ Mikael

Mensaje por Helena D. Corso el Miér Jul 06, 2016 1:07 pm

El agarre de su mano se entornaba cada vez más alrededor del cuello del elfo y sus ojos permanecían clavados en él, fulminándolo con la mirada, transmitiéndole tácitamente que ya no tendría salvación, llamase a quien llamase, que ella siempre sería la cazadora y gente como él estaba destinada a morir en sus manos. Decir que siempre había sentido respeto por los elfos sería mentir. Helena jamás daba por sentado que todos los individuos de una misma raza serían semejantes entre sí, que todos serían honrados o que poseerían la misma gracia como todos en sus respectivas regiones, por lo que no le resultaba tan sorprendente encontrarse con semejante cobarde entre los elfos. Lo mismo se aplicaba para ella misma. ¿Quién había entre los inmortales que se le pareciera? ¿Quién más había alcanzado las mismas cosas que ella al despojarse de su naturaleza y sus prejuicios? Nadie. Ningún otro inmortal había conseguido ser adoptada en una manada de lobos, por ejemplo, ni tomar como protegido a un humano ni hacer negocios con él.

“Mik, mik, mik” — Le imitó burlona, sin dejar de mirarlo cual depredadora. — “Mi casa es tu casa”, ¿eso es lo que querías decir? Porque tu casa es muy bonita y me gustaría conservarla cuando mueras — Añadió.   En realidad no le importaba si la conservaba o no. Helena no era una mujer tan codiciosa como para arrebatar de un cadáver sus posesiones, sin mencionar que tampoco le pondría la atención que un edificio así demanda. Ella ya estaba lo suficientemente cómoda en Zárkaros, en su famosa Sombra del Edén. Tenía, además, un santuario en Mördvolathe al que asistía muy rara vez. ¿Para qué agobiarse con más responsabilidades? El elfo sólo la miraba, con el rostro y los ojos enrojecidos por la falta de circulación en su sangre, incapaz de decir nada, impotente en todo sentido. Sabía, quizá, que entre más jugara la presa peor sería su final.

Pese a sus intenciones de postergar unos minutos más la muerte de Bnana, el eco de una voz familiar inundó la sala, acaparando de manera inmediata la atención de la inmortal. Dada a las dimensiones de la habitación, era difícil saber de dónde provenía la voz ni quién era el autor de dichas palabras que descendían burlonamente hacia ella. No obstante, Helena no se dejó afectar, sino que alzó sutilmente la mirada como si fuese capaz de ver tras los muros y escuchó el discurso de su aparente contrincante. En pleno monólogo, esbozó una sonrisa ladina, sardónica y cargada de satisfacción, pero el escuchar su nombre desfilar en el aire, la mano que rodeaba el cuello del elfo se cerró, asesinándolo como un acto reflejo. Aún no estaba acostumbrada a escuchar su nombre ser pronunciado con tanta libertad, menos aún por su oponente. Soltó el cadáver como si lanzara un trozo de tela inservible y se recargó de lleno en la gran silla.

Nosotros siempre seremos heraldos — Canturreó aún con esa sonrisa en sus labios, tratando de contener esas ansias de matar que no había sufrido en mucho tiempo. — Heraldos con entera libertad de llevar los gratos y terribles mensajes de la muerte en la forma que más nos plazca — Su voz era suave, perfectamente controlada, como si fuese una dama inocente dialogando con suma civilidad. — Sin embargo, me parece que presumes mal el conocerme, pues lo presumes conmigo y, desde luego, desmentirte es sencillo —  Continuó, buscando con la mirada descubrir el paradero de su interlocutor. — Ahora tengo yo una pregunta. ¿Te ocultas de mí por miedo a lo que pueda hacerte o por temor a que conozca tu identidad?




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Re: Life is full of little interruptions ◊ Mikael

Mensaje por Invitado el Miér Ago 17, 2016 12:46 pm

Pocos eran los pensamientos cuerdos y coherentes. Entrecerró los ojos, blandió los diente por detrás de la máscara y pensó: “Seas mmona.” En primer lugar los guardias habían sido lo suficientemente cobardes, aunque dudaba si llamarlos estúpidos o no, como para no aprovechar la leve distracción de la vampiresa para saltar al ataque.
En lugar de eso se quedaron en su lugar, sin saber siquiera qué hacer. Era claro que Bnana no escatimaba en recursos, pero no por ello significaba que conseguía lo mejor de lo mejor. Seguramente con lo que había pagado a esos guardias de poca monta pudo haber comprado mínimo cinco siniestros además de Mikael.

Salió, caminando despacio, con un pensamiento a cada paso. “Diosito aiudame.” Paso. “Mejor no hago nada.” Bufido interno. “Mi vida apesta.” Un movimiento de hombros para relajarse. “Pos me mato.” Pero no salía de las sombras todavía. “Carajo.” No iba a arriesgarse aún. “Pinche Pandora culero…” Se quedó al borde de las mismas para hablar de nuevo, a sabiendas ed que ahora podría encontrarlo.

-El primero sería un temor vano. Lo que pueda hacerme es una gran gama de variedades, de infinitos “tal vez” los cuales me sería un tedio contemplar uno por uno y, por lo tanto, pensar en que sentimientos podrían o no provocarme.- Un paso más y estaba en la luz, aún enteramente cubierto, enteramente armado, con tan sólo el leve brillo de sus ojos asomando por debajo de la capucha y por sobre la máscara. -De lo segundo, dudo que sea un conocimiento pertinente o necesario para usted, por lo que podemos dejarlo fuera de la mesa.-

Se acercó al cadáver, manteniendo distancia prudente de la mujer, tomando una de las manos del elfo y cortando el dedo anular con un cuchillo al que no parecía importarle hueso alguno, lo partía como si fuera cualquier otro pedazo de carne. Se guardó el dedo junto con el anillo. -Aunque he de admitir, me encuentro en deuda suya por haber completado el contrato por mi, aunque tuviera sus propios motivos para hacerlo y esta fuera una mera casualidad.-

Ni bien había terminado su oración cuando salió uno de los licántropo detrás de él, blandiendo  un par de armas de fuego y apuntando al Siniestro. -¡Lo sabía! ¡Eres un traidor! ¡Siempre lo fuiste! ¿Lo ven todos? ¡No se puede confiar en los siniestros!-

Mikael suspiró, se dio la vuelta y se acercó a paso ligero al hombre, colocando su frente contra la boca del arma. -Adelante.- Su voz, un ronroneo. Los detalles de su máscara una sonrisa burlona. -Dispara.- Sus palabras una canción de mofa, y el brillo de sus ojos un reto.

Y con el sonido del disparo cayó de espaldas, sin pronunciar palabra alguna, solamente la sorpresa de sus ojos al darse cuenta de su error. La bala atravesó entre ceja y ceja la cabeza de su dueño y el punto del Siniestro quedó para los guardias que quedaban en la sala. -Algunos intentarán matarnos.- Comentó Mikael, girando sobre sus talones nuevamente para ver a la vampiresa. -A mi por traidor, a usted para ganar renombre. Así que os ruego me responda, estimada señora…- Hizo una cortesía, una reverencia, con una mano en la espalda y la otra estirada hacia ella, palma abierta. -¿Tendrá tiempo para concederme esta pieza?-

Eran muchos, sí. Muchos guardias enojados, con armas saboteadas, que seguramente estarían enojados de que su gallina de los huevos de oro haya muerto. Algunos huirían, otros pelearían. ¿Y qué mejor manera de terminar con aquella peste de una buena vez que con una pelea? Lado a lado, en sincronía, adivinando los pasos el uno del otro. Un baile sin líder definido, sin guía, puramente improvisado.
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Re: Life is full of little interruptions ◊ Mikael

Mensaje por Helena D. Corso el Jue Ago 18, 2016 10:22 pm

El palacio del elfo estaba sospechosamente tranquilo, puesto que lo único que ocupaba su atención era el movimiento más allá del oscuro escondrijo de su aparente enemigo, el estado de expectación que le producía conocer finalmente a la segunda alma en aquella gran sala. Sin embargo, a pesar de que esperaba ansiosamente tener frente a ella al siguiente hombre que debía asesinar, se mostró indiferente, cruzó una pierna sobre otra y colocó sus manos entrelazadas sobre su regazo.

Pronto la luz contorneó la figura del siniestro, quien, como si la oscuridad no fuera suficiente, estaba completamente oculto, a excepción de los ojos, con una armadura digna de su raza. Posteriormente, las palabras fluyeron a través de su máscara y viajaron hasta la inmortal en forma de una respuesta larga, casi indeseable de no ser por tenerlo finalmente ante ella, medianamente expuesto y lejos de su comodidad. Ella no pudo sino esbozar una sonrisa ladina ante la mención de la gama de variedades, esos tal vez de los que podía hacerlo víctima, mas no respondió a su explicación, a ninguna de las dos. Le daba la razón, desde luego, con aquella última afirmación; a Corso no le importaba la identidad de un mercenario, especialmente si no era el objetivo principal de su misión.

Sin alterar su postura, observó al siniestro acercarse hasta el elfo y llevar a cabo semejante faena como si nadie, ni siquiera ella, lo estuviera observando. Un insolente ladrón, un siniestro avaro como muchos otros. No le extrañaba que el hombre terminara trabajando para Bnana, un hombre no menos desagradable.

¿En deuda? La mujer alzó una ceja ante la continuación de aquel monólogo que prontamente fue interrumpido. Sin darse cuenta, Helena bajó su pierna, como si estuviera preparándose para atacar en cualquier momento, a pesar de que el arma que blandía el intruso no pretendía dañarla a ella, sino al siniestro. ¿Qué decía un vendido sobre confianza? El licántropo era un mercenario, al igual que el siniestro, y ninguno se regía por el honor y la lealtad, sino por el dinero. No obstante, un nuevo acto temerario se presentó frente a ella y alzó la barbilla, presa una vez más de la expectación. Pero nada. El tiro salió mal, el licántropo murió en lugar del siniestro.

Elevó la mirada hasta los ojos del desconocido cuando se volvió a ella y escuchó sus palabras. A ella no tratarían de matarla por renombre, sino por la supervivencia, por aquel instinto que los impulsaba a luchar con la falsa esperanza de vivir al final del combate. Quienes conocían su manera de proceder, entenderían que la muerte que ella otorgaba era veloz una vez se encontraban frente a frente con ella, a excepción de aquellos que tuvieron la oportunidad de estar bajo las sábanas con la mujer, quienes morían lentamente sin lograr sus objetivos. — Para ti, la eternidad. — Respondió pícara antes de tomar la mano del extraño y alzarse del asiento. Aquella acción disparó un recuerdo en su mente que logró desplazar rápidamente. No podía perder el tiempo con memorias, no cuando estaba a punto de derramar sangre.

La mujer, tras adelantarse un par de pasos, soltó suavemente la mano que sostenía y continuó su andar, directo a los pocos insensatos que se creían con la posibilidad de sobrevivir. Desenvainó su sable, pues aquella danza sería de lo más disfrutable con la grata compañía de un arma. Así pues, rebanó de un floreo al primer enemigo que decidió enfrentársele y la misma suerte sufrió el segundo y el tercero. ¿Qué esperaban lograr con sin sus respectivas armas? Un licántropo creyó que su instinto de pelea bastaría para derrotar a una señora de Bran y descubrió su error cuando la fina hoja del sable le atravesó el corazón.




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Re: Life is full of little interruptions ◊ Mikael

Mensaje por Invitado el Vie Ago 26, 2016 10:05 pm

Vaya insulto de palabras las de aquella mujer. Poco hablaba con los labios, mucho decía con la mirada, pero cuando palabras eran pronunciada por ella eran de lo más precisas. Y vaya que sacaron una sonora risa del Siniestro al tiempo en que le ayudó a ponerse de pie. -Ah, efímera eternidad es la que puede dar a un mortal. Un honor que la ofrezca, un insulto que no sea realmente por siempre.- Habló y caminó al lado contrario, tomando a un elfo del cuello cuya daga “envenenada” era tan frágil como el papel ahora. Apenas intentar hundir el filo en el traje del Siniestro, este cae al suelo, dejando solamente el mango en las manos del elfo.
Los huesos truenan y el cuerpo cae.

-Pero si bien mi vida es apenas un suspiro en la tuya.- Esas palabras portaban un familiar sabor en él. ¿Las había dicho antes? Seguramente. De lo contrario el dolor de cabeza no estaría presente. No era intenso, no lo pensaba, solamente dejaba que fluyeran, aún cuando hacían eco de su propia voz, voz de años distantes, en su cabeza. -No hay otro ser a quien daría hasta mi último aliento, Helena.- Juramento ajeno a Mikael que era parte de su ser. Esta vez la punzada fue sin misericordia.

Su corazón dio un par de fuertes latidos, ¿un infarto? ¿tan mal así había golpeado la pared en su mente?
Usualmente no le importaba. Había aprendido sus límites respecto a ellos, pero en plena batalla no iba bien ser un perro adiestrado por un conjuro desconocido.

-Mierda…No aquí. No ahora.- Resopló, llevando la mano diestra al pecho, haciendo lo posible por medir con rapidez sus propios latidos y ponerlos en sincronía con una respiración calma. Tenía que recuperar el control a toda costa antes de que los demás se dieran cuenta.

Pero el cuerpo no sabe de prioridades a la hora de traicionar a uno. Otro licántropo se acercó y lo tomó del rostro enmascarado, buscando destrozarle en su agarre. La mano zurda, libre y alerta, deshizo el broche de la capa, usándola para atrapar el propio rostro del licántropo. Era piel, negra y fina, firme y letal cuando se apretaba, cortando el aire hacia la persona.
Colocó un pie contra el estómago del atacante, ahora usando ambas manos para continuar aprisionando su cabeza, mirándole con ojos iracundos ahora en libertad ya que el licántropo intentaba liberarse de la prisión sobre su rostro. Podían verse los rasgos ahora que la piel de la capa se volvía casi uno mismo con su víctima.

Lo que le mató no fue la asfixia en si. Fue más bien el tener la propia daga del Siniestro clavada profundamente en su pecho, obligándole a dar sus últimos respiros desesperados antes de desfallecer.

Detrás de la máscara el Siniestro jadeaba, recuperando el ritmo de sus latidos en poco tiempo ahora que se había descargado y dejado de pensar en los ecos del pasado. Retiró su capa del nuevo cadáver, caminó hacia la vampiresa, quien se había vuelto nuevo objetivo principal de los pocos ilusos que no huían todavía.
Otro elfo es atrapado del cuello por la capa de Mikael, atraído hacia el Siniestro por la misma, y cegado de la vida por la insaciable daga del hombre cuya voz estaba desaparecida al igual que el brillo en su mirada ahora desnuda.

La única privacidad que le quedaba era la mitad inferior de su rostro, abrazado por la máscara que no le traicionaba.
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Re: Life is full of little interruptions ◊ Mikael

Mensaje por Helena D. Corso el Mar Ago 30, 2016 12:41 pm

La peculiaridad de aquel encuentro era palpable. Corso se encontraba ahora luchando codo a codo con el hombre que minutos atrás considero como enemigo. No era común, al menos el cambio de postura no lo era tratándose de tan poco tiempo. Sin embargo, no era la primera vez que otorgaba una alianza temporal con un siniestro y tal vez no sería la última. Ella como cazadora seguiría viéndose envuelta en tareas semejantes, se encontraría en más de una ocasión con objetivos en común para llevar a cabo sus encargos. Pero, al parecer, la cuestión iba más allá que una simple alianza.

La mención de su nombre había adquirido un matiz distinto. Ya no era un extraño pronunciándolo, sino un conocido sellando un pacto a través de ese nombre. Además, recordaba bien aquella frase y la manera en que fue pronunciada, la tonalidad de voz con la que fue articulada una respuesta que, si bien estaba destinada a responder a su burla, le pareció de lo más real y nostálgica. El hecho de que su mente reprodujera memorias a través del contacto entre una mano y otra ya no le pareció extraño ni fuera de lugar, sino que comenzaba a cobrar sentido, ideas sin forma que anunciaba la materialización de un recuerdo en concreto, de una persona de las miles que llegó a conocer. No pudo, entonces, sino torcer una sonrisa amarga ante aquel juramento.  No tenía nada que responder, no tenía palabras para hacerlo y de pronto la adrenalina que supone una batalla fue reemplazada por el pesar de recuerdos confusos y la desazón de un reencuentro inesperado. Porque eso era, un reencuentro. No sabía con quién, no estaba segura, pero la naturaleza de aquellas circunstancias era evidente.

Lejos de las consecuencias de aquella respuesta, era preciso que la inmortal desatendiera el misterio del siniestro y se centrara en los enemigos que continuaban llegando a ella con la falsa esperanza de vencerla en combate. Quizá en otro tiempo la cantidad hubiese sido un problema, pero había que considerar que la mayoría de ellos estaba desarmados y que en realidad no habrían sido una gran amenaza, que sus intenciones de pelear eran meramente un suicidio en masa. Así pues, continuaron cayendo uno por uno a causa del filo del sable o por los duros golpes que recibían con la empuñadura en el cráneo. El reguero de sangre, que generalmente le resultaría un desperdicio, daba forma ahora al mal humor en el que había caído, generado a su vez por la frustración de no llegar a una conclusión respecto a la identidad del siniestro a pesar de haber recuperado su memoria por completo. Aquello significaba que aún quedaban detalles ocultos, detalles que aún no habían sido forzados a salir o que simplemente no había necesitado a lo largo de su estancia en Pandora.

El punto culminante de esa frustración fue el instante mismo en que Corso asesinara a los últimos enemigos con cuchillas arrojadizas. En cierto punto del combate fue capaz de encontrarse con la mirada del siniestro y aquello desató la necesidad de descubrir el resto de su rostro. Por la mirada, él estaba muerto, no reflejaba nada ni evocaba nada, de modo que, justo después de asesinar al resto de los oponentes, se dirigió al siniestro y sin darle tiempo para reaccionar le arrancó la parte inferior de la máscara. Lo contempló entonces por largos segundos, dejándose embargar por lo que lograba recordar de aquel rostro y los estragos que ocasionó tiempo atrás al buscarlo como si se tratara de un hombre muerto. — Schmeichel. — Masculló para sí, plasmando la identidad de aquel hombre para sí misma, como buscando no creerse una mala broma. — Creí que habías muerto. — Añadió cruzándose de brazos y esbozando una sonrisa burlona, una sonrisa de viejos conocidos, pues Pandora les había brindado antes la oportunidad de interactuar.




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Re: Life is full of little interruptions ◊ Mikael

Mensaje por Invitado el Sáb Sep 10, 2016 1:18 pm

Aún había un leve mareo, rastro dejado por la mala pasada a su pecho y los golpes recibidos por el licántropo. Cabe recordar que un Siniestro no dejaba por entero su base humana, al menos no cuando era uno tan fresco como Mikael. Por ello no alcanzó a reaccionar, a leer las intenciones de la mujer antes de que las llevara a cabo. De haberlo sabido, se hubiera alejado, burlón, entre sombras.

Ahora era expuesto a la luz, con un leve hilo de sangre emergiendo de su oído derecho. -Vaya, si tanto deseaba verme simplemente lo hubiera pedido.- Bromeó, pero por dentro berreaba: “¡Estúpida! ¡Mi máscara hecha a mano con finas pieles! ¡Idiota!” Ni siquiera eran materiales tan finos ni caros, pero sí de calidad, que él mismo había obtenido y trabajado para hacer la máscara que ahora tendría que remendar de la parte trasera.

Se detuvo en seco, todo paró, cuando ella dijo su apellido. Era tan hiriente pero reconfortante a la vez. -¿Cómo sabe mi nombre?- Eso fue lo primero que le vino a sus labios, mirando a la mujer con suma seriedad ahora. Por respuesta antes que las palabras de ella le vino un recuerdo, no tan lejano, y entonces sacudió la cabeza. -Ah, claro. Valtesi. Ahora recuerdo ese pequeño encuentro.- Fue breve, no muy ameno según recordaba, pero sí se habían intercambiado cortesías. Aún así, eso no respondía la otra duda del Sinietro. ¿Qué le importaba si él estaba muerto o no?

-Curioso que alguna vez haya ocupado su mente el que esté vivo o muerto.- Tomó un paso hacia ella, bajando el rostro para seguirle viendo puesto que la vampiresa era al menos media cabeza más baja que él. Estiró una mano, palma abierta como antes, pero sin intención de tomar la ajena. -Mi máscara, por favor. Admito ha sido una revelación dramática digna de escribirse en una historia, pero apreciaría mi prenda de regreso.- Si lo que ella quería era dejarle desnudo, había otras formas más interesantes de hacerlo.

Esperando el retorno de su máscara, añadió. -Por mera curiosidad, dígame, ¿qué ofensa le ha hecho Bnana como para perecer en sus manos? A menos, claro, que sea secreto de estado.- Poco a poco recobraba su propia sonrisa burlona, su buen humor despreocupado, y no indagaba más lo que estaba prohibido para él de parte de su propia mente.
Entre menos preguntas hiciera, todo estaría mejor. Si bien no temía la muerte, el dolor constante y la tortura eran cosas muy diferentes. Curiosamente el simple hecho de estar frente a ella y quedar con dudas mudas, respuestas imposible, era una tortura en sí, una que no podría ignorar por siempre.
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Re: Life is full of little interruptions ◊ Mikael

Mensaje por Helena D. Corso el Jue Sep 15, 2016 11:36 pm

Aquella curvatura en sus labios quedó sellada durante varios minutos, en lo que se prolongaba la conversación. Sin embargo, esas palabras suyas no se limitaban a ese encuentro en Valtesi al que él se refería, no se trataban de una burla hacia quien no promete sobrevivir en semejante territorio.  Ella había comprendido la importancia de esa vida mucho antes de que pudiese recuperar parte considerable de su memoria, había experimentado también lo que se siente saber que no se verá a alguien nunca más. Zeughaunn tenía cierta responsabilidad en eso. Y no podía hacérselo saber. Corso debía enfrentar a la seriedad de aquellas facciones con esa sonrisa de labios rojos.

Depositó la máscara en la mano del siniestro, reprimiendo toda clase de preguntas, negándose el impacto producido al descubrir la identidad de aquel hijo de las sombras. — No me parece lo suficientemente digna para un relato, al menos no en estas circunstancias. — Bromeó ella a fin de desviar su atención a asuntos de menor importancia. No obstante, aquello también poseía un significado distinto. Debía recordar que no era la misma Helena del mundo de los humanos, que esa mujer a la que pertenecían dichas memorias poseía ahora un nombre y una identidad distinta. De nada le servía querer regresar a sus primeros meses en Pandora. Era imposible. Los cambios que había sufrido eran irreversibles. Así debía ser.

Ante la nueva pregunta de Schmeichel, suspiró y se giró levemente hasta ver de reojo el cuerpo inerte del elfo. — A mí ninguna. Ha sido un favor personal. — Respondió con suma naturalidad, pues realmente no había razón para mantener en secreto las razones de una ejecución pública. — También un favor a Pandora, si hablamos de favores. — Volvió a mirar al siniestro, esta vez con una sonrisa en los labios, una sonrisa familiar, de complicidad, como cuando… Calla. No pienses en eso. Ella lo tutea, es inevitable… — Te haría la misma pregunta, pero me parece que ya lo han revelado tus colegas. — Podría haberse infiltrado a la vida de Bnana, pero que decidiera luchar junto a ella contra los demás guardias sólo podía hablar de un contrato de asesinato.




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Re: Life is full of little interruptions ◊ Mikael

Mensaje por Invitado el Mar Sep 27, 2016 12:01 am

Era demasiado lo que callaba y no era la primera vez que lo hacía. Incluso en aquel encuentro en Valtesi había mucho que ambos enmudecían. Sin embargo la Helena que tenía frente de sí era diferente. Esta Helena no era tan fría, igualmente peligrosa si no es que más, pero definitivamente no se portaba la misma indiferencia de antes, por más que quisiera aparentar. ¿Cómo lo sabía?
Aún no se había ido y el seguía respirando. Eso era todo lo que necesitaba para saber que algo le había llamado la atención a ella.

Pero, ¿qué hacer cuando una acalla y el otro se niega a arriesgarse? El Siniestro solamente ríe ante las palabras de la mujer, concordando con ese “favor a Pandora”. -Vaya vampiresa más altruista, luchando para hacer de Pandora un lugar mejor.- Cómo si aquella guarida de monstruos pudiera mejorar algún día.

Le pareció, por momentos, extraño el que le tuteara. No existía entre ellos tal confianza y, según sabía por lenguas, el faltarle respeto a Corso era el segundo peor error más grave de la existencia misma, el primero era cruzarse en su camino. Su justificación para este cambio, pensó, era que al ver su rostro la mujer ahora lo veía más como el humano que fue y no el Siniestro que es, ciertamente que un peón sigue reteniendo demasiado de su humanidad como para ser un Siniestro temible. Al final es igual al resto de su raza, verá a los más humanos como seres inferiores, indignos. Mi rostro, para ella, ha de valer lo mismo que el cadáver a nuestro lado. Rió en sus adentros. Quizá más en realidad, puesto que sigo vivo.
Ninguno de estos pensamientos logró que se desvaneciera la sonrisa de su rostro mientras improvisaba un arreglo en el posterior de la máscara. -Espero alguna vez estar en el momento y lugar optimo para escuchar uno y mil relatos suyos, señorita. Aunque usted es bastante difícil de encontrar dos veces, algo me dice que la vida tendrá algo deparado.-

No creía en el destino mas si en el mito de la Fortuna, de esa dama caprichosa que un momento te eleva a la cima para luego verte retorcer bajo su rueda.

Tras “reparar” la máscara, al menos lo suficiente como para que aguantara el regreso a su taller.
-¿Ha vuelto a ir a Valtesi últimamente?- La pregunta salió antes de que pudiera reprimirla. Era de las pocas cosas que podía indagar sin sufrir las consecuencias de una mente rota. -Vivía ahí un gran herrero, algo idiota pero diestro en su labor. Zeughaunn de nombre, si es que sigue vivo. ¿Ha escuchado de él por casualidad?- El peón evitaba Valtesi como la plaga, su entrenamiento lo mantenía lejos y las misiones le hacían moverse, pero una parte de si siempre se cuestionaba si su único lazo de sangre seguía vivo.
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Re: Life is full of little interruptions ◊ Mikael

Mensaje por Helena D. Corso el Sáb Oct 01, 2016 5:15 pm

Tiene bastante confianza en sí mismo, quizá por eso no lo he matado aún — Replicó bromista, con una sonrisa ladina en el rostro, respecto al asunto de la vida, la cual para la inmortal comenzaba a parecer más como un mal chiste que vida misma. Desde luego, la razón para no aniquilarlo eran varias e iban desde carecer de un motivo y de ganas hasta compartir un pasado significativo con él, mismo que el siniestro no parecía recordar. Por lo demás, se niega rotundamente a aceptar que, en efecto, el destino podría estar preparando algo para ellos, por bueno o malo que eso fuera.  Cerca de esas mismas tierras había atacado a un íntimo amigo suyo por dar búsqueda al hombre que tenía frente a sí, por buscar, presa de sus propios recuerdos, la figura del pasado que sabía muerto e inalcanzable. Y ahora estaba ahí, frente a él conversando de todo y nada. Definitivamente no deseaba de eso que prometía.

La mención de Zeughaunn y de su oficio le hicieron recordar que era menester recuperar sus cuchillas de los cuerpos inertes de sus enemigos. Así que, al tiempo que respondía a la pregunta de Mikael, se dispuso a recuperar una por una sus armas. — Por supuesto que he escuchado de él. Lo conozco de más años de los que él ha vivido aquí en Pandora y puedo asegurar, puesto que lo visito con frecuencia, que aún vive y que sigue siendo tan buen herrero como gran idiota. — Respondió inclinándose hacia uno de los cadáveres que murieron por el filo de las cuchillas — Y de modo que él lo tiene por muerto, al igual que yo hasta hace un momento, quiero saber por qué no ha visitado a su hermano para sacarlo de su error. — Aquella pregunta, aunque fue enunciada con suma tranquilidad, estaba cargada de un reproche, por una queja de quien había experimentado por cuenta propia el asunto de esa presunta muerte y asimismo las consecuencias en el herrero. — No hace falta que me responda, en realidad, — Añadió camino al segundo cadáver — puesto que los pormenores me tienen sin cuidado y lo que concluyo se reduce a una simple palabra.  




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