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Inevitablemente unidos. // Ragma D. Arodn

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Inevitablemente unidos. // Ragma D. Arodn

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 29, 2016 4:09 pm

Mundo oscuro, frío y duro. Mundo eterno, doloroso y solitario. Vago por él sin alma ni ganas dejando pasar el tiempo y la vida,  luchando contra mí mismo un día tras otro, crueles batallas que nunca acaban. Intento guardar las apariencias, fingir que todo está bien y mantenerme ocupado. ¿Pero qué me queda? Moverme de un lado a otro, excusarme en banalidades que me repugnan en lo más profundo de mi ser. Nadir ha muerto y he enterrado su cadáver en lo profundo de mi abismo interior. Nadir fue asesinado por gente cercana, por familia y por amor. Nadir tenía una locura dormitando; se ha despertado.

En aquel instante, sentado en una taberna sucia y olvidada, tenía la sensación de que era un estúpido que formaba parte de una insulsa obra de teatro. Bebía una cerveza aguada y a mis fosas nasales llegaba el olor de los campesinos que estaban a unos metros más allá, soltando carcajadas y arrastrando la mierda de un día entero de trabajo en el campo. Al fondo, una breve y pobre llama intentaba cobijar a los clientes; no desentonaba con la humildad del local. En otra de las mesas, dos hombres se enzarzaron en una discusión producto de una partida de cartas. La camarera trajo más cerveza, queso y pan y, al instante, se reconciliaron y volvieron al juego. Suspiré y miré por la ventana. La lluvia caía sin parar sobre el cristal. Lo único que se veía en medio de la noche eran las luces de las antorchas situadas en alguna casa no muy lejana. El resto del camino se convertía en una orgía de oscuridad y sombras.

Estaba en tensión. Dentro de mi cabeza escuchaba la vocecita chillona lanzando improperios hacia los campesinos. “Estúpidos y asquerosos humanos…” Cállate, le decía sin parar. Siempre volvía a los humanos, siempre volvía a mi punto débil. Era cansina y, además, incansable. Esto último la convertía en un enemigo aterrador. Nunca se tomaba un respiro y nunca me dejaba respirar. Machacaba y machacaba sin descanso, como si fuera una máquina que no necesitase ningún tipo de sustento.  

Moví un poco las alas, completamente plegadas y mojadas. Había salido de la comodidad de mi hogar solamente para encargar una nueva armadura a un antiguo herrero de la familia. Esos eran los últimos lazos que me quedaban con el pasado, viejas amistades de viejos tiempos. Le di otro trago a la cerveza, negué con la cabeza y levanté la mirada justo cuando la puerta de la solitaria taberna se abría de nuevo.
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Re: Inevitablemente unidos. // Ragma D. Arodn

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 29, 2016 4:50 pm

Deambulaba por la fría oscuridad, dejándose abrazar por la soledad del bosque. Llevaba lloviendo todo el día y justo cuando decidió salir, paró. Poco más tarde de emprender su viaje a la nada, volvió a comenzar. Las gotas se estampaban en sus retinas, en sus labios, su nariz, sus manos, su ropa. Estaba empapada y siquiera la capa era capaz de cobijarla un poco a pesar de que –según- era de piel de un animal misterioso del pantano. Se la vendieron asegurándole de que le cubriría de cualquier diluvio pero, como en muchas otras ocasiones, la engañaron.

Se había convertido no solo en vampira, sino en nómada. No tenía un hogar fijo, pues siendo una neófita ningún lugar estaba a salvo, siquiera ella lo estaba al ir asesinando a cualquier humano. Pues, como bien le habían explicado, ella sólo podría matar a aquellos que llevaran el símbolo tatuado en la piel que los convertía en criminales. Símbolo que ella misma había llevado en sus carnes y que desapareció poco después en la transformación. Intentaba no seguir sus instintos más salvajes, pero le era inevitable. Acudía a aldeas pequeñas donde nadie se daría cuenta de qué había ocurrido allí y se dedicaba a jugarse el cuello una y otra vez. Pero esa vez, no solo iba a la búsqueda de sangre, sino que también iba a conocer al hermano de Aruk. Decían que lo reconocería al instante porque eran sumamente parecidos en aspecto, más este último era mucho más bondadoso que el que fue su dueño, o eso se hablaba.

Realmente, nadie le dio un lugar exacto, simplemente le dijeron en la dirección hacia la que marchó. Que lo encontrara o no sería cuestión del destino, pero se aseguraron de que lo reconociese desde la distancia por sus alas. Bien sabía Ragma que emitían luz como las de muchos guerreros alados, pero según, las de él llamaban mucho la atención y te hacían seguir sus pasos ciegamente. Si era así, la tarea sería mucho más fácil de lo pensado, pensó Ragma. Pero le llevó días dar vueltas y vueltas, y más vueltas hasta que en aquella taberna, de casualidad dio con el.

La puerta se abre de golpe y Ragma entra con aires de superioridad, olisqueando sin querer y dictaminando su siguiente asesinato. A su izquierda observa las alas y el perfil del que era el hermano de Aruk y sonríe cínicamente. Había sido fácil. Y lo que decían era verdad, sus alas eran preciosas, como si hubiera caído desde el mismo Olimpo. – Nadir. – Alza la voz, llamando su atención mientras deja que la capucha de la túnica caiga a sus espaldas. Las gotas de su ropa, ante el silencio, parecen oírse estamparse contra la tarima. Mira de soslayo al mesero, quién se muestra con cierta hostilidad, quizá porque piensa que habrá un ajuste de cuentas en su pobre taberna. – Me ha llevado buscarte días. – Anda con pasos lentos y queda hasta donde está, y toma asiento a su lado, demasiado próxima quizá. – No esperaba encontrarte en una taberna como esta. Tu hermano tenía unos gustos menos… menos caseros. – Suelta despectivamente, devolviéndole de esa forma las malas miradas que el mesero le lanzó nada más entrar. – Soy Ragma. ¿Te suena mi nombre? – Y se atreve a mirarlo. De repente, la superioridad con la que ha entrado, se hace añicos. Es… es como estar frente al mismísimo Aruk. No son iguales, pero sus rasgos son simétricos y perfectos como los de él. Mucho más que los de Aruk, pero el parecido es notorio.

Si su sangre siguiera viva, un rubor habría asaltado sus mejillas; pero no estándolo, una mueca de sorpresa-susto lo sustituyó.
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Re: Inevitablemente unidos. // Ragma D. Arodn

Mensaje por Invitado el Lun Mayo 30, 2016 4:25 pm

Todo son opuestos, contrastes y pugnas. Bien y mal, felicidad y tristeza, locura y cordura, traición y lealtad, vida y muerte… Todo giró, gira y girará en torno a batallas eternas. Se perdería el equilibrio si alguna de estas peleas se terminase; es una ley universal. Por ello, quizás me había tocado representar, entonces, a la Soledad con mayúsculas, para mantener el equilibrio entre la compañía y ella misma. Era un hombre altivo, sí, pero no tan enérgico como antes. Mientras que en el pasado mantener las distancias me parecía algo sumamente difícil (ya desde entonces mi vena pasional me delataba), ahora se convertía en un acto instintivo.

Me quedé contemplando el interior de la jarra de cerveza, aislándome de la partida de los dos hombres y del griterío de los campesinos, de la sonrisa de la camarera pechugona y de la mirada hosca del posadero. La idea de la cama que había alquilado me atraía, notaba las alas más pesadas producto del cansancio. Y me habría marchado si la puerta no se hubiera abierto de repente y hubiera entrado una figura femenina y atractiva que lo único que hizo fue avivar los recuerdos de mi cabeza. Flashbacks que se atropellaban los unos a los otros y mostraban ese mismo cuerpo maltratado, ensangrentado y amoratado en algún rincón oscuro de la casa de mi hermano. Tiempos pasados y dolorosos, y aquella mujer atraía irremediablemente todos esos instantes traumáticos. Deslicé los ojos azules por todo su cuerpo hasta toparme con los suyos, excesivamente cerca. No me moví ni reflejé ningún tipo de emoción en mi rostro. Meneé las alas resplandecientes y me llevé la mano a la frente en cuanto escuché la palabra “hermano”. La voz no se había despertado todavía, pero tardaría poco, muy poco.

Degusté las palabras en la boca. Suspiré y me estiré. -Tu nombre no me suena, tu cuerpo sí. Cuando yo te vi, estabas mal. Muy mal. Ojo derecho hinchado, moratones en los brazos y en el vientre, sangre descendiendo de tu frente hacia abajo, y abajo, y abajo…- la imagen estaba grabada a fuego en mi mente, como casi todo lo relacionado con la traición y con Aruk.  Ni siquiera los más nimios detalles se me habían olvidado. Horror. - Estabas en su casa. ¿Un calabozo, alguna alcoba? No lo sé. Eso sí que no lo recuerdo. He intentado borrar ese espacio de tiempo de mi existencia; no lo conseguí. Sé que Aruk (no podría definirlo como hermano, humana) te tenía para sí. Te vi un par de veces y ya no más. Pero todavía te recuerdo, sí. Todavía…

Acabé la cerveza de un trago y la aparté con desdén. Me alejé de Ragma unos centímetros, incomodado por su proximidad. Recogí los cabellos en una cola y removí de nuevo las alas, que tocaron durante unos brevísimos segundos los hombros de la mujer. - ¿Qué quieres de mí, Ragma? Solo puedo darte recuerdos y soledad.
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Re: Inevitablemente unidos. // Ragma D. Arodn

Mensaje por Invitado el Mar Mayo 31, 2016 2:02 pm

El egocentrismo junto la terquería que tenía por carácter Ragma, quedaron en el olvido cuando aquellos pasajes de tiempos pasados fueron rememorados por el hombre. Todavía recordaba esa noche, le dolía incluso hacerlo. Parte de la culpa de aquella pelea, era suya, como casi siempre, pero no era algo que fuese a admitir. Según ella, todas sus formas de mostrarse a Aruk eran debidas al mal trato, más realmente quién lo provocó no fue él. Ragma era la que desobedecía y la que intentaba escaparse una y otra vez.

El día que Aruk confió en dejarla salir de la celda sin el estar el presente, esta se escapó. Huyó con uno de los caballos endemoniados. Una luz estelar comenzó a perseguirla a las horas y su posición quedó delatada. La había encontrado huyendo y sin muchos miramientos la trató. Recuerda que desde ese momento, su mano dura fue mucho más severa. Dolía más. Era más constante. Fue la primera paliza que le profesó.

Tardó semanas en recuperarse. Aruk buscó insistentemente un curandero que la sanase, nunca quiso matarla, ya que su castigo sería vivir a su sombra y servirle hasta el fin de los días. Cada vez que le rechistaba o respondía con desaires, recibía un golpe allá donde las heridas seguían todavía uniéndose. Eso la obligó a callar por largos días. Abrazaba la soledad, hablaba con el aire y los pájaros que la visitaban en el calabozo. Y tras unos casi dos meses, dejó de castigarla. Ella aprendió. Se dejó poseer todas veces cuanto él quería, le obedecía y fingía quererlo. Fue una buena táctica hasta que se cansó de buscar un embarazo. Ragma dejó de servirle. Llevaba años intentándolo y jamás había conseguido su propósito, ¿quién de los dos era el que no funcionaba? Ella… bendita locura de Ragma. Bendita. ¿Dónde estaría ahora? Pariendo cada nueve meses sin descanso como los animales, dándole lo que buscaba en ella. Pero no, nunca fue así. Se envenenaba para evitarlo y su plan parecía funcionar. Lo que no sabía es que Aruk la tenía bajo mira y que, pronto, le daría un castigo mucho más severo que una paliza: la lanzaría a Pandora para que se buscara la vida y aprendiera –de nuevo- a sobrevivir. Él ya tenía otra víctima: una mujer de orbes grisáceos y cabellos dorados. Preciosa, desde luego, y a los ojos de Ragma, sin carácter.

Es mujer, era la humana que protegía Nadir. Conoció sus historias y la estrategia de buscarlo fue, en parte, idea de su frenética ansiedad de venganza. Estuvo presente el día de la pelea entre los dos hermanos, desde el calabozo perdido en la tierra, pero presente. Y sabía que Nadir le acompañaría en la siguiente batalla. O eso creyó.

Su mirada estaba congelada en la ajena, atemorizada. Lo escuchaba, pero estaba ausente. Intentaba parecer impasible. – Busco tu ayuda. – Lanzó sin tapujos, seria. – Quiero vengarme de Aruk, ahora que peleamos en la misma línea. – Hizo honor a su nueva naturaleza con orgullo. No se conocía aún del todo ni sabía cuáles eran sus habilidades plenamente. Solo conocía sus debilidades, y entre ellas, estaba la luz que las alas de un Guerrero Alado emitían. Por esto es que se quejó cubriéndose con el antebrazo el rostro y se alejó de él con brusquedad cuando movió sus alas y estas lanzaron destellos. No fueron lo peor los destellos, sino que la tocara con estas. – No me toques con esas alas. – Murmuró a regañadientes y con agresividad. – No vuelvas a hacerlo. – Le amenazó por el dolor que sintió cuando estas le rozaron. Sus colmillos se habían agrandado y podían verse entre sus susurros. Si empezaban así, mal hacían.
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Re: Inevitablemente unidos. // Ragma D. Arodn

Mensaje por Invitado el Mar Mayo 31, 2016 4:15 pm

Vengarse de mi hermano… Hacerle sufrir y romperle su mundo ideal. En cuanto las palabras llegaron a mis oídos, la voz cavernosa se despertó y empezó a vociferar. “Es el momento, Nadir. Es el momento, ¡no lo desaproveches! Haz añicos la felicidad de Aruk, del traidor, del maldito, del innombrable. El destino quiere que por fin encuentres un motivo para tu vida y es, al igual que el de esta mujer oscura y maligna, vengarte. ¿No eres un guerrero alado y amas la justicia? ¡Demuéstralo!

Su extenso monólogo siguió durante unos minutos más. Hubo un momento en el que Ragma y la vocecita hablaban a la vez. Intentaba no mostrar el dolor que infligía la voz taladradora de mi cabeza, pero de vez en cuando se me escapaban pequeñas muecas que contorsionaban mi rostro. Al escuchar las duras palabras ajenas y comprobar que, efectivamente, las sombras se habían adueñado de Ragma, una ola de repulsión invadió mi ser. Contemplar los rasgos más característicos de un vampiro nunca había sido algo de mi agrado. Oscuridad y corrupción, bien y mal, blanco y negro. Más contrastes en un mundo contradictorio. Doblé las alas lo suficiente como para poder acariciar la punta de una de ellas. Preciosa y hermosa luz… - ¿Qué gano yo con todo esto? ¿Venganza? ¿Enemistarme con gran parte de la aristocracia alada? No sé si realmente podemos ser un equipo que trabaje junto.

Acaricié el pomo de mi espada. Seguí el contorno femenino con los ojos, parándome en los colmillos y en el aspecto de su piel, en sus garras. La voz aprobaba a toda ella, le parecía hasta atractiva por el halo lúgubre que desprendía. Ante mí se abría un debate enorme: ¿Apoyar a la vampira e ir contra mi hermano para liberarme de la presión, del dolor y del pasado? ¿Dejarlo ir y continuar con el tormento? ¿Era este el nuevo motivo de mi vida: la venganza? No sabía si la justicia radicaba precisamente en hacerle a Aruk lo que me había hecho a mí, si ese era el castigo que se merecía y no otro. Que me decantase de un lado u otro dependía no solo de la voz interna, sino de la elocuencia de Ragma.

-Somos luz y oscuridad, blanco y negro. Demasiadas asperezas que solventar para poder conseguir nuestro objetivo, ¿no crees? - Paré para mirar más allá de la ventana. - Aunque mi interior también sea oscuro y putrefacto, no sé si la justicia consiste en hacer lo mismo que Aruk me hizo a mí. No estoy seguro de que ese sea el camino que deba escoger… - los campesinos miraban cada vez con más curiosidad a nuestra mesa. Les llamaba la atención que hubiera dos personas tan opuestas sentadas en un mismo sitio charlando tranquilamente (o por lo menos aparentemente) sobre cosas banales. De vez en cuando, la posada se quedaba en silencio durante unas breves milésimas de segundo solo para intentar escuchar alguna palabra suelta de nuestra conversación.
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Re: Inevitablemente unidos. // Ragma D. Arodn

Mensaje por Invitado el Miér Jun 01, 2016 4:28 pm

Los campesinos, expectantes, los observaban como si esperasen el primer golpe. Los meseros, sin embargo, destilaban hostilidad en cada una de sus miradas. No se fiaban de ellos y es que ni siquiera Ragma lo hacía por lo que pudiese surgir allí si Nadir volvía a mecer las alas. Le había hecho daño, no mucho, pero sí se había quedado cegada por unos instantes. Todavía parpadeaba y veía esos destellos. Parpadeó y parpadeó hasta que, por fin, desapareció esa incómoda sensación. Bajó el brazo que cubría su rostro y volvió a hundir la mirada en la ajena cuando dudaba de si acompañarla o no en su cometido. Se preguntaba por qué no iba a querer si Aruk también le robó algo tan preciado como su princesa. Ragma se había convertido en un ser de la noche por su culpa, pero eso era algo que, futuramente, se cobraría. De hecho ya había dejado de verlo como algo terrorífico y terriblemente horrible. Matar era algo secundario, pues enseguida que aparecía la sed, se olvidaba de lo que había hecho horas atrás. Era como si la adrenalina fuera una droga que la transformara. Pero en sí, la transformación le gustaba. Era más fuerte, más veloz, mucho más ágil y sigilosa. No podía pedir más, salvo sobrevivir a la guerra que se avecinaba.

Intentaba comprenderlo, pero era difícil. Debía de venderse mejor si lo quería a su lado. – Desconozco las asperezas todavía entre nuestras razas. – Reconoció con cierta vergüenza. – Omítelas conmigo, yo no las tendré en cuenta. Siquiera las conozco. – Repitió para dejarlo claro. Y era totalmente verdad lo que decía. Si todavía no sabía ni cómo manejar su cuerpo ni los nuevos instintos que despertaron en ella, ¿cómo iba a intentar entender qué era lo que enfrentaba unas razas con otras? – No tienes por qué enemistarte con toda tu estirpe, solo busco ayuda. No quiero que lo toques mientras esté entre mis manos. Quiero que me enseñes cuáles son vuestras debilidades y habilidades. Qué es lo que me podría dañar más y por dónde habría de atacarle. – Se acarició el antebrazo con mimo y aprecio, allá donde la señal de su transformación había quedado. – Pero primero ella, delante de sus ojos. Aunque no sé si tú serías capaz de soportarlo. – Desconocía si todavía su amor por la humana permanecía y cuáles eran sus prioridades, prácticamente lo acababa de conocer. – No te puedo ofrecer nada más que curarte en salud. Él vive mientras yace con ella. Los dos viven. Y tú y yo, hemos sufrido y sufrimos por lo que en su día nos hizo. ¿Por qué no querrías vengarte, Nadir? ¿Es injusto a caso?

Su felina mirada se hundió en la ajena buscando la unión después del discurso. No aceptaría un no por respuesta. Insistiría e insistiría.
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Re: Inevitablemente unidos. // Ragma D. Arodn

Mensaje por Invitado el Sáb Jun 04, 2016 2:05 pm

La guerra interna que estaba viviendo llegó a su momento más álgido. La voz había sacado su armamento más pesado y no tenía piedad; chillaba, gritaba y golpeaba mis paredes cerebrales sin parar, una y otra vez, motivado por la excelentísima oportunidad que se me planteaba delante. Y su tono no era imperante, ni de miedo, ni siquiera de valentía, era de placer. La voz temblaba del placer que le provocaba ver la situación en la que me encontraba. Casi no podía caber en mi mente del gozo que sentía. Era algo sumamente repugnante, nauseabundo, que me daba ganas de vomitar porque era consciente de que la voz quería hablar por mí ante Ragma. Aguanté estoicamente los impulsos que pugnaban por salir.

Las primeras palabras que logré articular salieron de mi boca lentamente, con cuidado de que no destilasen más que mi personalidad neutra, y no la macabra. Contemplé de arriba abajo a la desconocida (¿Qué sabía de ella, aparte de su nombre y de que había sido de Aruk?). Negué con la cabeza varias veces. - No es tan fácil. No es “ignora mi condición” y ya está. Es algo natural, un odio y una animadversión primitivas e implícitas en nosotros No es tan fácil ayudar a alguien completamente diferente a mí en todos los sentidos. A una… desconocida. Pero… - me quedé callado y la voz siguió retumbando. Siguió, siguió, siguió, siguió, siguió, siguió

salió.

-Quiero hacerlo. Sí, quiero destrozarles la existencia. Coger a esa zorra de humana y aplicar por fin el sentido de la justicia, lo que YO considero que es justo. Y la justicia, en este caso, es el mismísimo dolor que he sentido. El dolor que persiste y me amenaza, el dolor que me mata poco a poco. - me incliné un poco, visiblemente afectado, con un timbre más cavernoso y grave de lo normal. Empecé a susurrar a una velocidad inimaginable y, de repente, abrí los ojos de par en par y logré recuperar el control. Respiré agitadamente y miré a Ragma. - Te ayudaré… pero también debes aceptar mis términos.
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