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I was meant to do this| Ragma D. Arodn

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I was meant to do this| Ragma D. Arodn

Mensaje por Lynceus Bàlor el Sáb Abr 30, 2016 2:06 am

Todo pintaba terriblemente mal. Había tenido un año pésimo. Desde que era enviado constantemente a Pandora a completar misiones para Ikarus se había encontrado con todo tipo de malaventuras. Había sido herido, secuestrado, obligado a despojarse de su derecho a surcar los cielos y andar como los bípedos. Mucho trabajo le había costado recuperar las piezas de su armadura, aún le faltaban algunas. Y por si todos aquellos infortunios fueran poca cosa, él mismo se había encargado de poner la mira del mismísimo Ikarus encima, dado que unos meses atrás se había visto involucrado en uno de los juegos sucios de Vlad III. Ikarus lo odia a muerte al parecer, se le consideraba un enemigo de Mördvolathe.
Ahora estaba en la cuerda floja, su carrera como soldado pendía de un delicado hilo. Si se  encontraban suficientes acusaciones en su contra podía ser llevado a prisión por su negligencia en el deber y conspiración. Si se le encerraba su ambición de convertirse en titán algún día se vería truncada de un tajo. No podía permitirlo. Debía actuar como todo guerrero alado, debía por lo menos aparentar tan solo hasta redimirse y quedar libre de toda sospecha ante sus superiores.
Para su fortuna, Lynceus logró interceptar un mensaje, dirigido a uno de sus compañeros con la petición de proteger a una recién condenada que apenas ingresaba a Pandora. De inmediato el joven escribió el mensaje y lo envió de vuelta a Mördvolathe asegurando que él encontraría a la humana, a la vez que reportaba a su compañero como desaparecido en combate. Pero no todo era tan fácil como parecía. Se desconocía el paradero de la humana, ni siquiera estaba seguro de su nombre o de su apariencia.
Se encontraba en Valtesi. Había llevado casi la mitad de su armadura, la que había podido recuperar hasta el momento, con un reconocido herrero de la ciudad. Mientras esperaba buscó en cada rincón a la humana. Preguntó en todos los sitios donde acogían a los recién llegados. Nadie sabía nada. O tal vez no querían decirle, pues bien conocida era su reputación en Valtesi, que se comportaba totalmente distinto a cualquier guerrero alado. En lugar de ayudar y proteger, más bien traía el caos y amenaza a todo quien se cruzaba en su camino. Los humanos le veían más como una bestia con alas y sabían que su apariencia era un mero engaño.
La situación se le salía de control. Si la humana no se encontraba en Valtesi y los guerreros alados no sabían nada ella muy probablemente estaría vagando en alguna de las regiones de Pandora, o lo más probable que ya estuviera en las garras de algún licántropo, vampiro o siniestro. Si aquello ocurría estaría en serios problemas. Si la humana había sido raptada por siniestros la causa estaba perdida, seguramente le habrían llevado a Heindel por lo que jamás lograría sacarla de allí. Un vampiro habría dejado su cuerpo seco tirado por ahí, así que solo le quedaba revisar la región de Arcadia.
De inmediato alzó el vuelo apenas terminó de cerrar el trato con el herrero garantizándole que más delante le llevaría el resto de la armadura cuando encontrara las piezas faltantes. Viajó en línea recta hacia el sur. Antes de la caída del sol había logrado sobrevolar parte del páramo, el bosque, el lago y el pantano sin tener éxito. Casi rozaba las copas de los árboles, pues debía buscar bien en cada escondrijo y choza. Sentía las miradas pesadas sobre él aunque no veía a los lobos. Se había centrado tanto en su búsqueda que pronto llegó a la explanada donde se encontraba el palacio en ruinas de Licaón. Pronto decidió retirarse pues podían acusarle de invasión. Giró nuevamente hacia el sur. Seguía buscando a la humana desde las alturas, escudriñando los helechos desde tal distancia. En un momento se acercó a un peñasco que lo obligó a girar hacia el oeste, pero antes de virar alzó a la vista y su corazón casi saltó fuera de su pecho, pues en la cima del peñasco se encontraba Licaón. Estaba transformado en lobo, un lobo pardo de gran tamaño y fuerza. Le miraba fijamente, no se movía, solo lo observaba. Lynceus alzó el vuelo huyendo hacia las nubes. Aquello podía ser la soga que finalmente abrazara su cuello hasta cortarle la vida, solo podía esperar que Licaón no le delatara frente a Ikarus. Probablemente no lo haría. Al titán licántropo poco le interesaban los asuntos políticos, pero no tenía más alternativa, no podía cometer un error más.
Voló hacia el oeste hasta llegar a la frontera de Thyris, cuyo territorio se encontraba más allá de la Atalaya Norte, justo sobre el río que luego iba a desembocar en la región de los atlantes. Cansado de una larga jornada de vuelo y búsqueda se posó en la torre, sentándose en una de las cornisas del techo. No volaría más ese día, pero por lo menos podía vigilar parte de Arcadia desde ahí. La noche había caído ya, solo la luna y las estrellas le prestaban su luz después de la partida del sol, pero aquella luz fría era mas que suficiente para él, pues su habilidad nata le permitía reflejar la luz en sus alas e incrementar su intensidad. Así que con sus alas iluminó la frontera entre Thyris y Arcadia para vigilar a todo el que cruzara por ahí.



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Re: I was meant to do this| Ragma D. Arodn

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 29, 2016 3:17 pm

Todavía no se reconocía a sí misma. Miraba sus manos que ya no eran lo femeninas que en su día fueron, sino que se habían transformado en una mezcla entre  la vigorosidad de las de un hombre y el animal más salvaje que la tierra conocía. Sus uñas, afiladas como un cuchillo, perforaban la piel de cualquier carnero sin dificultad alguna. Incluso ella misma se arañó sin querer y la sangre salió a borbotones. Su boca tampoco era la misma, los colmillos habían ensanchado y se habían hecho más afilados. Pero tampoco lo era su piel, Ragma era nívea como la nieve y desde su transformación se había vuelto transparente completamente. Tanto, que se le transparentaban las venas lilas y negrizas en todo el cuerpo, sobretodo en el rostro. Tenía un aspecto de muerta viviente terrorífico capaz de asustar a cualquier niño. Se vio al espejo horas después de haberse recompuesto y su imagen le recordó a lo que ella imaginaba en su niñez acerca de las bestias de las leyendas que los Rikiat contaban. Acarició sus mejillas y su cabello con aprecio, pues ese sería ahora su único rasgo distintivo: el pelirrojo.

La sed llegó de la nada a su cuerpo y la inestabilidad le hizo abandonar –momentáneamente- el recinto de gitanos, pues no quería cegar su sed con otro más de allí. Se obligó a sí misma a huir sin dejarse llevar por esos instintos nuevos que le hacían ir en contra de los principios con los que llegó a Pandora. Todo estaba cambiando en su vida, pero es que, ya no era una humana, sino una vampira. No podía intentar ser una humana habiéndose marchado el alma de su cuerpo. No podía intentar cuidarlos cuando los veía como alimento y no como personas como ella día atrás. Se sentía una necia. Se odiaba a sí misma. Intentaba aliviarse pensando en el merecido que Aruk recibiría de su parte, más no podía. No era suficiente. Nada era suficiente. Todo se le quedaba escaso. Tenía que matar, tenía que alimentarse.

Los pasos que le llevaban a alejarse del recinto, le hicieron retroceder. La sangre estaba allí, su alimento era aquel. Aniquiló a parte de una familia y dos de otra. Lloró lágrimas de sangre al ver cómo la maldecían mientras marchaba al quedarse saciada y se odió más todavía. Era el reflejo de lo que nunca pensó que llegaría a ser, era Aruk: una persona avariciosa, sin sentimientos y asesina. Cómo había cambiado todo. Qué inocente fuiste, Ragma, qué inocente. Le susurraba un ángel que se adosaba en su hombro derecho. Tendrá su merecido. ¡Lo tendrá! Le gritaba con fuerza el demonio de la izquierda. Y su parte más radical, en la que siempre había confiado, no podía hacerlo. Pues ella solo quería más y más sangre. ¿Qué iba a ser de Ragma? ¿Qué?

La noche se apoderaba del cielo con ímpetu, no dejando que ni siquiera en el bosque entrara la luz que reflectaba la luna. Ragma corría veloz huyendo del poblado. Apretaba las piernas e intentaba alejarse cuanto antes. Lloraba por alejarse. No quería asesinar a nadie más. No era una asesina. Ella… ella no lo era, de verdad que no lo era. – No lo eres. – Murmuraba una y otra vez mientras corría como si así fuese a convencerse. Apartaba las lágrimas salvajemente de los ojos y pateaba, rompía todo cuanto se interponía en su paso. Pero algo la hizo frenar de golpe. Una gran humareda de arena se atropelló contra su espalda mientras su mirada estaba petrificada en aquel fogonazo de luz a lo lejos. La sangre le hirvió a la vez que el miedo se apoderó de ella. – Aruk. – Murmuró para sí misma. ¿Había ido a buscarla? ¿Así de fácil iba a ser su encomendado? Sonrió con sarna y rió a carcajadas. El malestar antiguo pasó a un segundo plano, el de la venganza lo sustituyó. ¡Estaba allí! ¡Tenía que ser él! Era el único de su especie –según decía- que podía reflectar la luz de la luna, del sol, de sus majestuosas alas.

Lo observaba desde la fúnebre oscuridad del bosque, oculta entre los arbustos y árboles. Le molestaba la claridad del rayo que procesaba. ¿Cómo lo haría? Bien sabía que era cegador para los humanos, pero ¿y para los vampiros? No lo sabía. Así que, tenía que llamar su atención. Ajustó sus botas, apretándolas, e inspiró mojándose los labios en saliva. Comenzó a correr por el claro, dejando que la luz, lejana, inmortalizara su piel por unos breves segundos. Pronto, la oscuridad volvió a abrazarla. Sus movimientos eran desvestidos por los aleteos de las hojas en las copas de los árboles debido al viento, también a los golpes que ofrecía al pasar por ellos.

Tenía que encontrarla él.
Que lo hiciera una vez más.
Ya no era la Ragma indefensa que conoció. No.
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Re: I was meant to do this| Ragma D. Arodn

Mensaje por Lynceus Bàlor el Jue Jul 14, 2016 1:04 am

Lynceus estuvo sentado por tres horas. Casi estaba a punto de irse. Sabía que no podría sobrevolar el área, pues la luz de sus alas agitaría el movimiento de los hombres lobo y eso sería peligroso para la humana.Y obviamente, si esta estuviera viva, no andaría deambulando en la noche a través del maldito bosque de las bestias esperando a ser devorada.
Decidió ponerse de pie, aprovechando la oportunidad para estirar su espalda, sus brazos y por supuesto, también sus tan preciadas alas. Al momento que abría las alas para emprender el vuelo hacia la ciudadela de los elfos la luz que emitían se intensificó en un pestañeo. Lynceus bostezaba pero sabía, o por lo menos tenía la sospecha, de que algo se había movido entre los árboles. “Será uno de esos famosos centinelas de Thyris”. Pensó Lynceus en un segundo, pero luego comenzó a preguntarse si sería tan fácil para alguien de su clase descubrir a un elfo centinela. Se decía por toda Pandora que solo unos pocos podrían diferenciarlos de entre los árboles, ¿sería que él tenía dicho don? Lynceus rió para sí con ironía. Confiaba en que no era un alado común y corriente, pero ver cosas ocultas no sería una de sus virtudes. Más bien era conocido por su tempestuoso carácter, su fuerza y su belleza, o más bien, la de sus alas. ¡Ese sí era un verdadero don! No solo podía iluminarlo todo con sus lustrosas plumas, sino que sus alas le servían de defensa y para causar estragos. Ahora bien, confiando en sus habilidades se decidió a ir a buscar a quien estuviere entre los árboles, si no era un centinela entonces podría ser un hombre lobo, el cual encontraría la desdicha de vivir la última noche de luna de su vida. Saltó de torre en picada, abrió sus alas para frenar su caída a pocos metros del suelo, de manera que pudo posar ambas plantas en la tierra sin hacer demasiado ruido. Plegó sus alas contra su espalda, la luz que irradiaba cesó. Anduvo un par de minutos en dirección al claro que había visto mientras estaba en la torre. En aquel momento no contaba con todo el armamento acostumbrado, solo traía con él un pas de sables, a los cuales echó mano pero sin desenvainarlas. Solo esperó ahí al hombre lobo, centinela o lo que fuere que estuviere allí escondido.



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