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«The story of saints and demons» Robert

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«The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Sáb Abr 09, 2016 1:49 pm




Comenzaba a aborrecer la rutina, el estar encerrado, limitado a la paredes de la fragua y a Valtesi. Él, un hombre que vivió acostumbrado a adueñarse del mundo, de todo cuanto se cruzara en el camino, estaba confinado a una sola región, a llevar un oficio que no hacía más que sepultar las glorias del pasado, todas las hazañas por las que se le conocían en el mundo exterior, las mismas que lo llevaron a Pandora. Y ahora que las criaturas de Arcadia removieron el polvo que mantenía al criminal al margen, Zeughaunn no podía conformarse ya con una existencia tranquila. El peso de las heridas en su rostro reanimaban a las otras marcas que surcaban el cuerpo del herrero, por la espalda, los brazos y en pecho. Volvía a ser el hombre que prefería morir en combate a gozar de una vida tranquila y segura.

Pandora, en realidad, jamás le había otorgado tal cosa. Al menos no por periodos prolongados. Vivir en Valtesi significaba, ocasionalmente, vivir en el olvido o vivir bajo la alianza temporal que se le otorga al fabricar armamento, pactos silenciosos en los que se prometían mutuamente no atacar. Habría otras veces en las que llegaban a él los problemas, siniestros descarriados que buscaban una excusa para matarlo o lobas buscando refugio en su fragua, que al final terminaban trayéndole contrincantes indeseados. Claro estaba que solía buscar la existencia en el olvido. ¿Qué cosas no habría hecho si se lo hubiera propuesto? Pero siempre había algo, una razón que lo ataba a la soledad de su taller, motivos por los que prefería esperar a una oportunidad. Sin embargo, aún no era su tiempo.

Había gastado el día entero en fabricar, por segunda ocasión, las armas que estaban destinadas a pasar sus días en Thyris, las mismas que perdió en el asalto de Arcadia, camino a entregarlas. No le importaba, en realidad, mantener la fama que había adquirido hasta entonces y tampoco poseía ninguna responsabilidad para con los elfos. Simplemente había encontrado en aquella actividad un método eficaz para revivir a detalle lo ocurrido en la tierra de los licántropos. Era, a su vez, el único método eficaz que conocía para recuperar la parte humana que se le atribuía y la misma que Kirgyakos despreciaba en silencio.


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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Sáb Abr 16, 2016 1:23 am




Valtesi, un territorio que en mi opinión estaba mal ocupado, un desperdicio de tierra, una mancha negra en el mapa. Zona de humanos, de mortales comunes y con poca gracia, temporalmente útiles y desechables. El fantasma de su pasado los persigue y los condena delante de mis ojos, la autoridad que ellos mismos se otorgaron en nombre de Dios los hace insignificantes, la grandeza autoproclamada no es más que el escudo de la inferioridad. Los humanos que habitan Pandora están en una tierra que no les corresponde y están a la merced de aquello que sus antepasados condenaban, dependen de nuestra lástima más que de nuestra misericordia, su sobrevivencia depende de cuánto los toleremos aquí, porque aún cuando Valtesi sea neutral, si a alguna especie le da la gana, puede coludirse con otra y arrasar el maldito poblado hasta dejarlo hecho cenizas… vamos, yo no soy el único que los detesta.

Pero como sea, aún cuando interactuar con ellos me provoque unas incontenibles ganas de vomitar, he de admitir que ocasionalmente me han servido para propósitos particulares… desde comercio hasta sacrificios. Y ese día me encontraba en Valtesi por una razón específica. Hacía un par de días había recibido de parte de mi padre, un par de reliquias familiares, artefactos que en su tiempo habían servido para canalizar la magia, pero que ahora no eran más que recuerdos de los inicios de la familia Schröder. Se trataba de dos espadas, cuyas hojas estaban roídas por el tiempo, opacas y carentes de vida y lo mismo ocurría con sus respectivas empuñaduras. Tenían incrustaciones de piedras que apenas brillaban y que requerían mucho más que un trapo húmedo para recuperar su belleza natural. Y por muy mago que yo sea, por más que mis manos sean hábiles para ciertas cosas, la herrería no es lo mío, así que al falta de mejores opciones, lo mejor era ir al poblado de los humanos en busca de alguien que, a cambio de buen dinero, las restaure para poder colocarlas en mi estudio.

Montado sobre mi caballo y acompañado de Zelo y Cratos me paseaba por las calles ignorando la mirada despectiva de algunos, con ese gesto despectivo que me hace bastante gracia. Buscaba a un sujeto en específico, alguien que me habían recomendado personas de confiar. Decían que hacía bien su trabajo y sin demasiadas preguntas… justo lo que necesitaba. Y luego de andar un poco, arribé a la plaza central de Valtesi y me dirijí al lugar que me habían indicado. Dudé unos momentos al llegar y finalmente me bajé del caballo, llevando conmigo las espadas en sus respectivas fundas. Me acomodé la túnica, ordené a mis perros que permanezcan junto a Mörder hasta que yo salga y me entré con toda la propiedad del mundo. Olía a metal caliente y a tierra. -¿Hola?- dije mirando de un lado a otro, reparando en las cosas que había allí, aunque sin detenerme en ninguna en especial.


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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Jue Abr 21, 2016 12:16 pm




Las primeras horas de la mañana transcurrieron sin percance alguno, sin ningún cliente que entrase a interrumpir la labor del herrero, quien, absolutamente concentrado en el metal, prefería dividir la ocupación de sus manos y su mente entre el metal y los sucesos de Arcadia. Y, quizá, era tal la razón de la calidad de sus productos, la entera dedicación que ponía a la creación del arma que buscaba siempre perfeccionarse a sí misma. Aunque sus días de gloria, esos que lo plantaron en Pandora, no se relacionaron nunca con la herrería, cuando menos podía verter su afán por ridiculizar a la competencia en su nuevo oficio.  Cabe mencionar que lo que acrecentó su fama como criminal era que sus minuciosos planes se llevaban  a cabo de manera impecable, sin dejar de lado la brutalidad sanguinaria de sus matanzas. ¿Qué clase de herrero, entonces, podía realizar bien su trabajo si desconoce lo que fabrica? El balance, el peso, la longitud; todo importaba al momento de sellar la buena fortuna del portador.

No obstante, la neutralidad de su existencia en Valtesi volvió a él cuando percibió un breve cambio de ambiente, la brisa del exterior que se colaba a la fragua en compañía de un cliente. Dejó sus herramientas y, tras removerse el sudor del rostro con el brazo, removió el exceso de suciedad con un trapo que, si bien no logró remover casi nada de suciedad, al menos le proporcionó el consuelo de sentir un poco de humedad en sus manos. Se dirigió, finalmente, a recibir al intruso a la entrada del taller. ― ¿Qué necesitas? ― Inquirió apenas fue visible, dejando por ahí el trozo de franela del que aún buscaba encontrar alguna utilidad.


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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Mar Mayo 03, 2016 5:22 pm




Cuando escuché la voz del herrero me giré y lo miré con cierto desdén, una forma casi natural en mí para verlos a ellos, a los humanos... tan incompletos. -Necesito arreglar dos espadas. Se dice que eres el mejor en estas cosas y yo no soy experto en armas, por lo que espero que la recomendación haya sido buena, pues se trata de reliquias familiares con un valor sentimental superior al monetario. Supongo que debes comprender lo que eso significa- dije enseñando ambas armas dentro de sus respectivas fundas. -No me interesa recuperar el filo, pero sí el brillo y la vida propia de esta clase de artefactos- se las extendí. -Puedes cobrarme lo que sea, solo necesito que sea rápido- y esto último porque detesto venir a Valtesi, así que mientras más pronto tuviese que volver para sacarme este tedio de encima, mejor.

Entonces sentí algo extraño, no en el aire, sino con respecto a él, una imagen fugaz se apareció delante de mis ojos, un recuerdo de aquella vez en la que tuve una de las mejores visitas en mi morada en Baskerville. Miré hacia un lado primero, buscando la razón por la que acababa de tener ese momento. Medité por milésimas de segundo y lo volví a mirar a él, ¿esto era un truco de mi mente a causa del cansancio o era cierto? En un principio, cuando lo vi mientras husmeaba en algunos de los recuerdos de mi invitada, no tuvo sentido, de muchas caras él era una más, aunque con cierto significado especial, sin embargo, jamás creí verlo pues parecía lejano. Me mantuve así, observándolo como si se tratara del primer espectro que vi cuando me inicié en la magia negra y finalmente sacudí la cabeza. -Lo siento- me aclaré la garganta y traté de recuperar la inexpresividad de mi rostro.

-¿Crees que puede hacer lo que te pido?- por supuesto que debía darle tiempo para que mirara las espadas y viera si estaba al alcance de sus habilidades, esperaba que así fuera, pues no tenía ganas de recorrer el resto de Valtesi en busca de alguien más, además, no podía perder de vista a este sujeto ahora que me lo había topado accidentalmente, si tenía alguna conexión con ella, en algún momento podía serme útil, así que debía recordar la dirección de esta casucha.


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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Dom Mayo 08, 2016 1:37 pm




Bastó una mirada para reconocer a la clase de payaso que tendría como cliente. No hacía falta ser un gran observador para saber que aquel hombre no era distinto a la infinidad de cretinos que habitaban Pandora, de esos que existían con la certeza de que su raza, o ellos mismos, superaban por mucho a la patética condición humana de la isla.  Sin embargo, no manifestó ninguna reacción mientras lo escuchaba hablar. Tampoco era la primera persona en plantarse en fragua y que lo trataba como si fuera un idiota, pero era de los pocos que no terminaría echando. El hombre –intuía que era mago a causa del exceso de seguridad que presentaba y sus características físicas– se sumaba a ese selecto grupo de pretenciosos que, a ojos del herrero, buscaban ocultar su ineficiencia intelectual por medio de su soberbia. Una lástima que su nuevo cliente hablase de reliquias. Todo un reto. Se aproximó un poco más a él a fin de tomar ambas espadas. Dejó una sobre la barra y desenfundó una parte de la otra, a fin de examinar el metal. No era necesario recuperar el filo. Ese sujeto debía ignorar el tipo de arma que poseía. Torció una sonrisa burlona. Una espada así, sin filo, era como exponer una Gioconda sin rostro.

Cuando alzó la mirada para concretar los últimos detalles del asunto, lo encontró examinándole de manera misteriosa, como si hubiese desconocido en él algo que el mismo herrero ignoraba. No comprendía aquel cambio súbito de actitud, no lo conocía y no le interesaba prolongar su interacción con él. Así que, cuando el hombre recuperó la cordura, hizo lo posible por dejar de mirarlo con extrañeza, recelo. ― Cien de oro por cada una. ― Anunció el precio de su trabajo. Habría cobrado menos de haberse sentido motivado o de contar con más tiempo para hacer su trabajo. A fin de cuentas, estaba dejando de lado el trabajo de otro metal para atenderlo a él.


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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Sáb Mayo 14, 2016 1:05 am




No era un gran costo considerando que había pagado mucho por otras cosas. Incluso, considerando el valor emocional de las espadas, consideraba ese precio casi un insulto, pero no me quejaría por ello, solo un tonto lo haría. -Te pagaré la mitad ahora y la otra mitad cuando acabes… ¿cuánto crees que tardarás?- pregunté mientras buscaba cien de oro, andaba con lo suficiente. Claro que no las tendría ese día, ni el mejor de los mejores podría hacerlo, así que consideraba que una semana de plazo era aceptable y suficiente. Metí las monedas en una pequeña bolsa de tela y la deposité sobre la barra, junto a la espada que él había dejado allí.

Luego guardé mis manos en los bolsillos de mi pantalón y di media vuelta solo para recorrer con la vista un poco más la estancia, atreviéndome incluso a pasearme un poco. -Rara vez encuentro peculiaridades entre los de tu raza… más bien, jamás las encuentro. Sin embargo, tu rostro me ha parecido bastante familiar, porque lo he visto antes y dudo estar en un error… lo que me lleva a preguntar, aún cuando suene demasiado obvio, ¿has tenido alguna vez un encuentro significativo con una criatura?- me detuve contemplando lo que supuse que era solo un adorno metálico. No giré, ni siquiera consideré la opción a mirarlo, no necesitábamos hacer contacto visual.

Aun cuando Helena no estuviese en mi casa ahora, el trabajo que habíamos alcanzado a hacer había quedado abierto y en stand by. Por su parte ella seguía consigo misma buscando responder a los nuevos detalles que alcanzaron a aflorar y, por la mía, si podía, debía indagar más si es que era posible. Esta era una de esas oportunidades -No me lo tomes a mal… no es habitual encontrarse con las personas que ves en visiones, por ello me gustaría saberlo…- hice una pausa y me mordí el labio por dentro -De momento me conformo con una afirmación… o, en su defecto, una negación- agregué y luego guardé silencio.


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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Jue Mayo 19, 2016 10:20 pm




Las monedas de oro no eran cualquier cosa, no eran objetos que pudieran llevarse en los bolsillos a grandes cantidades y, por tanto, le pareció interesante ver al mago pretender pagar la mitad en una sentada. Cien de oro era una cantidad bastante justa por la reparación de una reliquia, la cual además contaba con un valor sentimental que al herrero no le interesaba. Doscientas como pago total. Todas las armas que caían en sus manos recibían su atención y cuidado como si fueran objetos sagrados, no hacía falta exigir especial interés por un tesoro que había pasado muchos años como guardián de una familia. ― Una semana. Tal vez menos. ― Respondió, considerando que eran dos armas y los posibles contratiempos que pudieran surgir. Se daba, en realidad, tres días para completar su trabajo, siempre y cuando se enfocara únicamente en las dos espadas. Los otros metales en forja podían esperar un poco.

Tomó la bolsa de monedas que el mago depositó sobre la mesa y la guardó al tiempo que el desconocido se daba la libertad de curiosear un poco el taller. No era complicado leer aquellos movimientos que deseaban disimular y postergar un discurso, así que esperó a que este hablara nuevamente, acto que no demoró más que un minuto o dos. Su ceño se frunció levemente al escuchar que lo encontraba familiar y esa expresión de desconcierto se tornó en incredulidad de un momento a otro, a causa de su pregunta. Qué gracioso y qué poco específico. Torció una sonrisa burlona como respuesta inmediata. ― Me temo que tendrás que ser más específico. ― Saber que le había visto en visiones no era suficiente. No obstante, para el mago debía bastar como respuesta las heridas recientes que surcaban el rostro del herrero sin ningún disimulo. Era evidente que alguna bestia había dejado esa marca en un zarpazo. ― Pero no te conformes con una afirmación, pregunta lo que quieras, ya que me siento intrigado. ― Añadió mirándolo fijamente a los ojos. No era habitual recibir desconocidos que juraran haberlo conocido en visiones y ciertamente se sentía lo suficientemente escéptico como para alentar a la curiosidad del mago y saber así qué cosas había visto. El hombre parecía bastante hablador, así que no debía tener problema para contener sus palabras.


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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Vie Mayo 20, 2016 2:14 pm




Su sonrisa no pasó inadvertida para mí y, de no ser esta una conversación de importancia superior a su existencia, me hubiese dado la media vuelta para marcharme. -Por supuesto- dije y asentí una vez con la cabeza, cruzando mis brazos tras mi espalda y volviendo a recorrer el lugar, tenía que plantear la idea con cuidado resguardando la mayoría de la información. -Cabello castaño, ojos claros, tez blanca… casi nívea… vampireza. Sumamente misteriosa, elegante, ¿te suena?- me detuve, dándole la espalda, repasando uno de los muros aunque realmente atento a lo que acontecía dentro de mi cabeza. -No es usual que los vampiros interactúen tanto con el mundo, sin embargo ella es diferente y dudo que existan muchas más de su clase. No tengo idea de la relación que hay entre ella y tú… pero me es preciso saberlo...- giré sobre mis talones y lo miré fijamente. Habían dos opciones posibles: o me lo contaba él voluntariamente o se lo sacaba con tirabuzón.

-Quiero que me digas qué es lo que sabes de ella, todo y sin guardar detalles. Si me ocultas algo, tarde o temprano lo sabré y obviamente pagarás por ello- tal vez algunos puedan pensar que no tengo derecho de demandar de esa manera la información que requiero, pero en Pandora, los humanos no reinan y por mucho que Valtesi sea considerado neutral, sigue siendo parte de este pedazo del mundo regido por seres sobrenaturales. -Independiente de que hayas salido ileso de ese bello recuerdo que tienes en la cara, no eres inmune y la fuerza física no puede contra la magia- alcé una ceja y aclaré mi garganta, rompiendo el contacto ocular y volviendo a mi recorrido desinteresado de la estancia.

-Parecían cercanos, no oí lo que ella y tú hablaban, mas vi que sostenían conversaciones, momentos tranquilos… ¿qué pudo haber querido ella de ti o tú de ella? ¿Qué la llevó a relacionarse con un simple mortal como tú? Ella no hace nada al azar… al menos no es lo que me ha demostrado- guardé silencio y terminé apoyándome en una pared, regresando las manos a los bolsillos de mi pantalón y dirigiendo mi mirada hacia él, a la espera de una respuesta… una lo bastante satisfactoria como para responder a mis interrogantes y atar algunos cabos.


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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Dom Mayo 22, 2016 11:14 pm




Cualquiera se habría puesto a la defensiva ante la actitud del mago, cualquiera habría respondido a sus amenazas probando su valentía o prometiendo peores cosas. Pero Zeughaunn no. Zeughaunn permaneció con aquella sonrisa fresca en sus labios, seguro de sí mismo, imperturbable. El extraño no era la primera persona que llegaba a su fragua y pretendía hacerle daño. Había pasado ocho años en Pandora, maldita sea, no había modo en que alguien como él, un humano, no supiera cuántas cosas había en la isla ni que ignorara que en ese territorio había gente como el hombre a quien tenía enfrente. No era novedad que, apenas se invirtieran los papeles, aquellos que siempre habían sido dominados pretendieran dominar por medio de sus rarezas.

Se pasó una mano por la barba, fingiendo meditar en si le facilitaría las cosas al mago o no, cuando en realidad la decisión ya estaba tomada. Así que, sin dejar de sonreír, se movió de su lugar y tomó un banquillo, volvió al mismo sitio en donde había estado escuchado al castaño y lo colocó en el suelo con un ruido sordo. Tomó asiento y clavó la mirada en el mago, cruzándose de brazos. ― Si te contara lo que sé de esa mujer, no la alabarías más. Si te contara lo que sé de ella, te darías cuenta de que tus amenazas no significan nada para mí. ― Afirmó y se encogió de hombros al decir aquello último. Él, más que nadie en Pandora, conocía a la inmortal y había sido testigo de lo que podía hacer. Él mismo había sido su víctima alguna vez. ― Las respuestas a tus preguntas son bastante simples, así que no las responderé. Si quieres saberlo todo acerca de ella y si estás dispuesto a dejar a un lado tu admiración por ella, ponte cómodo, que no es poco lo que hay que contar. ― Indicó con suma tranquilidad. Recogió sus piernas hasta que ambas plantas de sus pies estuvieran cada una contra una pata del banco. Era la segunda vez en su existencia que estaba dispuesto a revelar los misterios de aquella mujer que, al parecer, se aferraba a su papel protagónico. Era única en su clase, en efecto, pero hacía mucho tiempo ya que dejó de ser un misterio para el herrero.



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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Sáb Mayo 28, 2016 10:37 pm




Lo escuché y luego me resistí a sonreír solo para parecer interesado en la medida justa. Me limité a reír con suavidad y me encogí de hombros. ¿No alabarla? Por supuesto, él no comprendía las razones que yo tenía para admirarla del modo que lo hacía, mas no iba a justificarme, ¿qué sacaba con eso? Hice una mueca desinteresada, no me importaba mucho si el grado de mis amenazas no llegaba a ser superior a lo que él pudo haber vivido o no con ella, yo simplemente confiaba en que eran suficientes. No podía comparar los alcances de los poderes de Helena con los míos, éramos de razas distintas y de potencialidades diferentes.

Lo seguí con la mirada en todo momento y reparé en que se acomodaba, al parecer, para una plática algo larga. Por mi parte, me mantuve en el mismo sitio, estaba bastante cómodo allí. -Tengo todo el día- dije con tranquilidad. Independiente si él deseaba o no bajarme a Helena del pedestal, estaba dispuesto a entregarme información aparentemente exclusiva e importante. Podía ser que lo que iba a contarme tuviese claves que me permitieran comprender mucho más todo lo que ella era o aunque fuese una milésima parte y aún con eso me bastaría.

Debía darle crédito, de todo los humanos que he conocido él era uno de los pocos que aparentaban ser mínimamente interesantes. No muchos tenían el valor suficiente como para encarar criaturas, pocos salían vivos o enteros y él parecía íntegro aún cuando tuviese marcas. Podía considerarse afortunado o incluso bendecido por alguna fuerza superior. Incluso podía considerar el tenerle un poco de respeto, pero eso estaba por verse, dependía de lo que dijera, de su experiencia, de cómo llegó a enredarse en la vida de Helena hasta constituirse como un pilar de su enmarañada red de recuerdos perdidos.


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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Sáb Mayo 28, 2016 10:54 pm




Ver al desconocido tan seguro de sí y tan confiado en que realmente tendría todo el día para dedicárselo a la mujer, no le importó en gran medida. Al fin tenía alguien con quien compartir aquella historia, porque la inmortal merecía una, él merecía una. Así que, sin prestarle mucha atención, se dispuso a comenzar.

Eres un mago. — Resaltó mirándolo fijamente — Si me has visto en las visiones, habrás visto más cosas y, por tanto, has de saber que está en busca de su pasado. No busca a nadie más, sólo a sí misma y eso es porque sólo ella se puede completar. En el tiempo que ha estado en Pandora, que es más del que ella cree, no ha dependido de nadie para ser la mujer que conoces. Ha ido llenándose a sí misma y solo ha dejado espacio para sus recuerdos. Quizá sus principios y comportamiento sean distintos a los de la Helena que yo conocí, pero aún conserva las bases de su antigua personalidad. — Hizo una breve pausa y respiró profundamente, anunciando el final de aquel preámbulo y el inicio de su relato — Su hombre es Helena Della Rovere Corso, nacida en Transilvania en el año 1474. Los detalles de su familia te los diré más adelante.

»La conocí hace trece años en Dinamarca. En ese entonces, yo aún terminaba de afianzar mis pasos como cabeza de mafia. Me había hecho de una fuerte reputación desde que era más joven y comprendía que aquellos que no pregonaban su propio poder era porque no hacía falta probar nada. A algunos les toma tiempo alcanzar este punto, pero a ella no. Le bastó plantarse frente a mí para que yo supiera desde el primer instante con quién estaba tratando. Jamás llegué por cuenta propia a la conclusión  de que tenía frente a mí a la hija de Drácula ni mucho menos que el destino me había llevado hasta la presencia de un inmortal. Y aunque no necesitaba demostrar cuán peligrosa podía ser, lo hizo. Cuando Helena se plantó frente a mí, mis hombres (un par de guardias que casualmente me hacían compañía) le apuntaron con las armas que llevaban y ella los mató.

»No te estoy hablando de que ella los hirió a muerte, que les disparó ni cualquier método que se te ocurra. Ni siquiera se movió. Sé que los vampiros son muy veloces para el ojo humano, que, si se lo proponen, pueden moverse de un lugar a otro en un abrir y cerrar de ojos. Pero tampoco fue eso. Helena permaneció frente a mí todo el tiempo, mirándome a los ojos con la misma intensidad con la que yo la miraba a ella.

»Detrás de mí sólo escuché los huesos de mis hombres romperse y alaridos sofocados como si alguien los estuviera ahorcando. Pese a lo terrible que era escuchar que esos dos estaban teniendo una peor muerte de lo que yo podría ofrecerles, sentí que estaba en una sinfónica y encima me sentí con la libertad de divagar, de pensar en qué clase de truco estaba empleando, puesto que aún me permitía ser curioso en aquellos años. De no ser porque llevaba minutos arrodillado, jamás habría tenido la idea de cómo murió ese par. Era como si la tierra te succionara, pero esa atracción no pesaba en la piel, sino debajo de ella. Mi propio cuerpo me jalaba contra el suelo al tiempo que lo sentía paralizado y dolorosamente tenso. Cuando acabó, ella me miró con una sonrisa en los labios, con la misma satisfacción que la de un niño al descubrir que, en su enésimo intento exitoso por robarse unas galletas, nadie lo pillaría jamás. Tiempo después ella me reveló el nombre de ese don: hemokinesis.
— Guardó silencio llegado a este punto. Abordar la historia de la mujer no era para nada sencillo, así que miró al mago, como exigendo que hiciera cuantas preguntas tuviera en mente ahora que tenía tiempo. De aquel modo le sería más fácil relatarlo todo. Lo escucharía y después se prepararía para abordar el siguiente punto. Cuando menos había logrado establecer un atisbo de lo que la mujer era capaz de hacer fuera de Pandora y por qué un payaso como él no lo intimidaba en lo absoluto. Ni él ni los malditos lobos de Arcadia.


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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Jue Jun 09, 2016 10:28 pm




Mucha información para ser solo el comienzo, así que es necesario analizarla parte por parte para no perder detalle alguno, eso es algo que no me puedo permitir, ya que tiene impacto en mi labor. Por supuesto que escuché todo con suma atención, sin interrumpir y haciendo uso de mi gran capacidad para retener palabra por palabra.

Primero; no me pareció extraño aquella introducción que se refería a Helena en aspectos generales, los motivos de sus acciones y lo que la hacía sentir completa. En ese aspecto, ella y yo somos muy parecidos, no existe nada más en el mundo capaz de complementarnos que nosotros mismos, somos poseedores de herramientas y nadie más será capaz de conocernos tanto por más que pasen una vida a nuestro lado. Todas las criaturas del mundo se rigen bajo ese principio y, aunque hayamos sido creados para vivir en comunidad, somos seres individuales, responsables de nuestra propia felicidad y de nuestro actuar. Y el hecho de que dijera que no es la misma de antes, aun cuando conserva rasgos de su pasado, ni siquiera lo cuestioné, ¿acaso no somos todos dinámicos?

A continuación su historia vinculada a este hombre, comenzando con el nombre completo de ella ‘Helena Della Rovere Corso’, ¿no podía tener un nombre más atractivo que ese? Majestuoso como ella. No pude evitar sonreír levemente en ese momento e incluso morderme levemente el labio inferior por dentro. Sonaba más que espectacular para mis oídos. Pero en fin, ese es un detalle personal. Lo que sí importó mucho fue el que mencionara que era (y es) hija de Drácula, ¿era una broma? Por instantes no me lo creí, ¿todo este tiempo he compartido con un vástago de Drácula?, ¿en serio tuve en mi hogar a la sangre de su sangre? Quiero decir… wow. Vaya honor.

Luego, los alcances de sus poderes, la habilidad de manipular la sangre… hemokinesis, un poder sin duda espeluznante y sumamente aterrador al cual nadie desearía enfrentarse por su impacto letal. Ella lo tenía y hasta ahora no lo sabía. No me gustaría tenerla de enemiga. En ese instante, cuando él hablaba de aquel encuentro, cerré los ojos, tratando de imaginarlo todo, desde la imagen a los sonidos… una bella sinfonía mortal. Vi su sonrisa, su atractiva y tenebrosa sonrisa. Volví a abrir los ojos y para ese momento el sujeto había hecho silencio. Me percaté de que me miraba y ladeé mi cabeza, torciendo una mueca pensativa unos momentos para luego suspirar botando lentamente el aire por la boca.

-Un choque de mundos inesperado- comencé diciendo para luego encogerme de hombros. -Lo que me llama la atención es el hecho de que haya ido contigo, independiente de lo que hizo, matar es parte de su naturaleza y de seguro quitó a esos hombres del camino porque simplemente le parecieron un estorbo- quité las manos de mis bolsillos y me crucé de brazos. -Sé que es una duda que de todos modos resolverás con el resto del relato, pero no puedo evitar manifestarla, pues es precisamente lo que necesito saber- agregué manteniendo mis ojos fijamente en los de él.


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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Vie Jun 10, 2016 12:57 am




Le resultó sumamente entretenido atrapar al mago con una sonrisa en los labios. El hombre no podía ser más discreto, no podía ocultar cuál motivo, de todos los que podía tener, era el que más resaltaba a la hora de escuchar aquel minuto narrado. Porque eso era, un minuto. Quizá menos. Y aún faltaban muchas cosas por mencionar, cinco años de convivir con ella, cinco años de conocer lo que nadie más pudo haber visto en sus quinientos años de vida.

La aseveración del mago le sacó una sonrisa y negó con la cabeza como si el hombre se encontrara en el más grande de los errores. — No le parecían un estorbo, no los eliminó por eso. — Replicó reanudando su relato. — Insisto, esta Helena de la que estoy hablando no es la misma que conoces ahora. Ella no tenía un plan para todo, no veía el mundo como un tablero de juego y tampoco se andaba con estrategias. Era una chiquilla que aún experimentaba un nuevo mundo. Puede que haya ido conmigo por una razón, pero también tuvo una para quedarse tanto tiempo conmigo. — Añadió y, a medida que hablaba, esa sonrisa burlona que siempre marcaba su rostro fue desvaneciéndose. — Matarlos fue su tarjeta de presentación.

»Antes de que pierdas la cabeza por haberla llamado chiquilla debes saber una cosa. Ella pasó quinientos años en cautiverio y otros cincuenta en una región que, según me platicaba, era una versión más decente de Pandora. Quinientos años de no saber absolutamente nada del mundo en que vivía, sin tener contacto con nadie más, ni siquiera con Vlad, de no saber cuán distintas eran las cosas de la Italia renacentista en la que creció. Fueron tantos siglos de leer todo cuanto cayera en sus manos, que, para cuando obtuvo su libertad, le fue imposible hallarse en medio de tantas criaturas. De esos cincuenta años pasó algunos estudiándolo todo desde las sombras, otros en la cómoda soledad de su castillo y el resto conviviendo con los demás. Al principio pretendieron instruirla, enseñarle todas esas cosas que ella había aprendido muchísimos años antes de que llegaran a ese mundo y, cuando supieron quién era y todas las cosas que había aprendido a hacer, todos los conocimientos que protegía dentro de su mente, la adoptaron como a un titán. Desde luego, alguien que comienza a saborear la libertad después de tenerla prohibida se convierte en un ser ambicioso, y el poder y la ambición fueron sus mejores aliados.

»Pronto la curiosidad la sacó de esa región. Su primer encuentro con Rumania fue, en efecto, un choque de mundos, según lo describió. No hace falta entrar en detalles, basta con decir que hizo de las suyas en el país y que ahí conoció a Amadeus, el vampiro que resguarda su morada en Bran. Si en algún momento albergó alguna duda respecto a la facilidad que tendría para conquistarlo todo a su paso, ese inmortal se encargó de disolverla y al final Helena continuó su camino, yendo ahora a Albania. Ahí conoció a Alekséi, también habitante de Pandora en la actualidad, y aquí es preciso que me detenga un poco. Este chico fue su mano derecha durante todos los años que la conocí y hasta la fecha no se ha apartado de su lado.

»Existen muchas teorías respecto al origen de Alekséi. Algunos dicen que Helena lo convirtió tras hallarlo moribundo en una calle del Distrito de Elbasan, por lo que hay quienes lo apodan “El primero”, por ser el primer neófito creado por ella y el más importante de todos, ya que también se cree que no es el único. Sin embargo, la versión es algo distinta. Helena sí lo encontró en el Distrito de Elbasan, pero no fue ella quien lo transformó. El ritual ya estaba hecho y Alekséi estaba pasando por el proceso de transformación cuando Corso llegó. “Ocurrió de manera muy similar a cuando me convertí en esto”, me dijo alguna vez. Ella permaneció todo el tiempo con él y lo cuidó, le daba de su sangre cuando lo necesitó y lo apartó de la luz del sol cuando rayó el alba. Fue por eso que Alekséi le juró lealtad eterna, de la misma manera en que ella se la juró a Drácula, y le prometió darle el mundo. El chico la amó como a una madre, por eso siempre la llamaba “Geshë”, y cumplió lo que le prometió. Mientras ella se ocupaba de sus asuntos en Rumania, que es ahí donde estaba esta región cuyo nombre no recuerdo, él reunía inmortales para ella. Fue entonces que comprendió que tenía un imperio al alcance de su mano.

»Comenzó a hacer negocio en Bulgaria, en Serbia, en Kosovo y, principalmente, en Albania, hasta que creó su propia mafia. Verás, esas cosas no nacen de la noche a la mañana y aún hablar de un año suena muy ambicioso. Generalmente, un grupo así implica generaciones de trabajo, de alianzas, de acuerdo con otras mafias. Pero a ella no le hizo falta nada de eso. Se creó un lugar en el mundo con absoluta facilidad y fue entonces que su ambición la llevó a Italia. Aunque se hizo fama en muchas ciudades, ese país fue un santuario para ella. Le tenía prohibido a Alekséi o a cualquiera de sus hombres entrar a la nación sin su permiso, cosa que jamás concedió. Para entonces, decir su nombre bastaba para tener unas cuantas puertas abiertas, para que nadie se le acercara, así fuera con buenas intenciones. Después de ese periodo nostálgico, llegó a Alemania, donde llegó a escuchar de mí.

»Dinamarca es un país sumamente tranquilo y hubo una parte de mis negocios que no estaban destinados a florecer ahí, así que aproveché la cercanía de Alemania y desarrollé junto con mi hermano una mafia que, si bien no tenía comparación con el ejército de Helena, logró captar su atención. Por eso fue a buscarme. Desde luego, una mujer tan impetuosa como ella no llega con propuestas ni hablando de posibles ventajas. Si se quedó fue porque, a pesar del poder que ejerció sobre mí durante esos escasos segundos, a pesar del dolor que experimenté al resistirme, me puse de pie. Seguramente tuvo que ver que fuera la primera persona que no la viera como una diosa, que fuera el primer humano que, aun sabiendo lo que es capaz de hacer, no se intimidara al estar ante ella, que la retara como si fuese una chiquilla con un poder que no le correspondía. Nuestra relación fue siempre justa. Cuando ella estaba en Dinamarca, no permitía que nadie la viera por encima de mí, me daba mi lugar como autoridad de la misma manera en que se la daba yo cuando me llevaba consigo a otros países, incluyendo Italia.


Cortó su relato con un silencio súbito, pesado a causa de la evidente meditación que estaba llevando a cabo. En su cabeza repasaba los sucesos según los había narrado y buscaba la mejor manera posible de abordar el tema siguiente, el cual se enfocaba más en su relación, fuera de los estragos que ambos pudieron haber ocasionado en el mundo exterior. Se puso de pie y caminó por la estancia para desaparecer por unos minutos. Finalmente volvió con una botella de whisky y dos vasos, dejándolo todo sobre la barra que hacía de intermediario entre el desconocido y él. — ¿Alguna vez la has visto beber? — Inquirió con una sonrisa que oscilaba entre la burla y la satisfacción, al tiempo que servía un poco del líquido ámbar en uno de los vasos. — Todos sus vicios los aprendió de mí.


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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Vie Jun 10, 2016 10:07 pm




¿Este sujeto todavía guardaba esperanzas en que yo dejara de sentir admiración por Helena? Porque a cada palabra lograba absolutamente lo contrario, cada detalle hacía crecer mi interés absoluto por ella, mis ganas de profundizar en su vida y en su forma de ser, ¿es que acaso no es un ser adorable? Independiente de las cosas que es capaz de hacer, me parece dulce… peligrosamente dulce. A medida que él hablaba, las piezas de ese antiguo rompecabezas iban encajando y adquirían sentido en el presente, explicando su conducta y en su inquietud por conocerse a sí misma para dar nuevos pasos. Su vida era exquisitamente lógica.

Me encogí de hombros, era completamente natural que, después de años en cautiverio, habiendo adquirido todos aquellos conocimientos, deseara probar su potencial y aquellas habilidades que poseía, ¿alguien haría algo diferente? Incluso nosotros, los magos, cuando nos damos cuenta de nuestros poderes siendo tan solo niños, jugamos para saber cuáles son nuestros límites. Es propio de la mente racional, el deseo de conocerse poniendo a prueba lo que se tiene y desarrollarlo para potenciarlo y llegar a niveles más altos… buscando la perfección. No me importó el haberme equivocado al juzgar su comportamiento cuando se presentó ante este humano, porque la real intención me pareció todavía mejor… una excelente tarjeta de presentación.

Y aunque ella y yo seamos especies diferentes, de orígenes completamente distintos, no puedo sino encontrar similitudes en el ámbito intelectual. Querer conocerlo todo, para dominarlo todo… de una u otra forma. Y por supuesto, la ambición, pero considero que esa es una cualidad necesaria para todo aquel que busque ser alguien, sin esta, las posibilidades de ser pisoteado por otro son altísimas y Helena no es alguien que se dejaría pisotear, yo tampoco. Conozco ya su deseo por el poder y el saber que lo poseía desde ese entonces no es más que la confirmación de un objetivo que aún no ha sido alcanzado en su totalidad, pero que permanece presente y fuertemente arraigado en su consciencia. Y esto, lo que estoy haciendo por ella, es para ayudarla a lograrlo.

El resto del relato, su historia, su modus operandi, terminó de explicar su mundo interno y me sirvió para considerarla entonces como alguien mucho más respetable de lo que ya era. Claramente era y es poseedora de un gran carisma, independiente de los medios que pueda utilizar para convencer, el poder lo tiene y es lo único que importa. Además es capaz de abarcar grandes zonas geográficas, pasando fronteras, ¿no debería considerarla ya como una conquistadora? Quizá exagero o tal vez no, depende de la perspectiva. Y ahora no dejo de pensar, ¿qué pasó con todas esas criaturas?, ¿seguían dispersas por el mundo? Me quedé pensativo unos instantes, lapso en el que el humano desapareció, momento en el que me mantuve en completo silencio dejando que mis pensamientos dieran una y mil vueltas hasta que regresó.

Me fijé en el par de vasos de whisky y pronto escuché su pregunta, reparando en aquella sonrisa que llegó incluso a molestarme, mes preferí ignorarla, pasando por alto su comentario, ¿qué tenía de importante? Quizá Helena lo había respetado por su fortaleza, por haberle dado la cara y no haber arrancado como cualquier otro mortal hubiese hecho, pero eso no lo hacía mucho más especial, no a mis ojos. Tal vez me parecía levemente respetable, pero Cratos y Zelo seguían siendo superiores. -No tiene nada de impresionante- dije alzando una ceja, pues aunque fuese atípico, no era para maravillarse, además, del modo que él lo decía, era como si se pavoneara por enseñarle a un perro a dar la pata… nada del otro mundo. Creo que sería mucho más sorprendente verla beber sangre del cuello de alguien más, algo natural en criaturas como ella, pero que no se ve a diario.

Me aclaré la garganta -¿Y dónde están esos seres que le ‘juraron’ lealtad?- pregunté retomando lo que era verdaderamente importante.


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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Sáb Jun 11, 2016 12:57 pm




Apartó la mirada del líquido ambarino a fin de volver a centrarse en el mago. — ¿No lo tiene? — Inquirió incrédulo, absolutamente cerrado a esa posibilidad. — ¿A cuántos inmortales has visto beber alcohol con la misma naturalidad que nosotros? — Añadió y regresó a su banco, mirándolo como si esperara arrancar con sus ojos azules una respuesta digna de los ojos del mago. La verdad era que difamar a Helena había sido una intención completamente falsa, una mera frase pronunciada para fastidiar al hombre que ostentaba un valor mayor al del herrero cuando, dadas las circunstancias, Zeughaunn tenía, por mucho, mayor ventaja. — Los vampiros no acostumbran a beber nada que esté fuera de su dieta, especialmente esta clase de licor porque simple y sencillamente sus sentidos son más desarrollados y, por consiguiente, el ardor que pueda provocar a cualquier mortal para ellos es mayor. Desde luego, tampoco pueden acostumbrarse. — Continuó explicando tras haber dado un sorbo al whisky. En otras palabras, Helena debía estar demasiado enferma como para exponerse a ese dolor con frecuencia.

Pudo haber continuado el relato a partir de aquella pregunta, pero no tendría mucho caso volver a gastar tantos minutos compartiendo la vida de la inmortal si antes no sabía qué puntos conocía ya el mago. No estaba dispuesto a dejar que aquello se convirtiera en un interrogatorio y ciertamente no compartiría más información de la mujer si antes no se aseguraba que aquel hombre valía conocer los secretos que Helena alguna vez compartió con él, los momentos de mayor locura y tormento por los que la vio atravesar ni mucho menos saber la verdad acerca de su llegada a Pandora. Quizá era estúpido de su parte retar a un hombre que aseguraba tener más poder que él, pero eso no lo detuvo en Arcadia, eso no evitó que diera muerte a un beta en compañía de una loba. Aquella herida que surcaba su rostro no era una cicatriz de batalla perdida. — ¿Y tú dónde crees que estén? ¿Dónde crees que esté ella ahora? ¿Sabes a qué se dedica? ¿Sabes qué se trae entre manos?— Preguntó con aspereza, sin apartar la mirada de él. Dio escasos segundos para escuchar una respuesta y su postura era evidente. No continuaría si no respondía, si no compartía lo poco que sabía de esa mujer. — Si estamos hablando de una Helena madura, de su versión más reciente y perfeccionada, seguro sabrás que tiene buenos motivos para estar donde está. Pero hay mucho más detrás de eso, cosas que ella ahora ni siquiera imagina. Tal vez tenga sus sospechas o quizá atribuya esas facilidades al poder que ha estado adquiriendo rápidamente. — Finalizó moviendo entre sus dedos el vaso de cristal, casi de manera inconsciente.


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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Mar Jun 28, 2016 8:41 pm




-Si te soy sincero, no frecuento vampiros. Helena es, de hecho, la primera con la que he tenido la oportunidad de compartir. Y aunque he estudiado mucho la naturaleza de estos seres, pese a que la literatura dice exactamente lo que acabas de decir, la realidad suele ser diferente en ocasiones. No todo es teoría y el mundo no es absoluto. Lamento que no estés familiarizado con la dinámica de la vida- comenté simplificando lo que él aparentemente mostraba como una cosa espectacular y casi digna de documentar. Es más, en ciertos rituales oscuros, los magos de dicha especialidad, debemos beber sangre y eso, para cualquiera de mente corriente, sería una gran cosa cuando es… tan solo un detalle. Claro que no era una bebida para una conversación, pero la ingerimos de todas maneras.

De todas maneras no era el tema y agradecí que volviera a lo realmente importante. Sus preguntas me mantuvieron en silencio unos momentos, aunque la segunda me sacó una leve sonrisa. -Si lo supiera o si al menos lo sospechara, no te lo preguntaría, ¿no crees?- dije ladeando la cabeza y mirándolo como si aquello fuese obvio y es que, ¿acaso no lo era? -Y con respecto a dónde está… pues, me tiene sin cuidado. Hace unos días estuvo hospedada en mi hogar, una excelente visita, a propósito- torcí nuevamente una sonrisa y me abstuve de responder las dos últimas preguntas. ¿A qué se dedica exactamente? No sabría decirlo, pues hacía demasiadas cosas a la vez mientras perseguía un objetivo único. Y cuando alcanzara ese objetivo, entonces comenzaría su verdadera vida. De momento, seguía, con mi ayuda, quitando las barreras que la separaban de su esencia.

Había visto cosas durante la hipnosis, demasiadas y sumamente intensas… además de dolorosas. -Quizá no sé tanto de ella como aparentas saber tú, pero no estaríamos teniendo esta conversación si no contara con datos relevantes y quizá claves. Estoy en el proceso de unirlo todo y darle más sentido del que ya tiene. La vida de alguien puede estar envuelta en misterios, cubierta con una niebla espesa, pero todo tiene su curso lógico. Todo es consecuencia de ciertas acciones y esas acciones son una consecuencia de otras. Quizá la historia que explica su existencia sea compleja por la riqueza en sus acontecimientos y por la cantidad de años que han pasado desde que nació y tal vez pueda ser magnífica, pero jamás se definirá como inexplicable y ella lo sabe. De otro modo ya se hubiera rendido- me encogí de hombros. Al menos así era para mí y así lo seguiría siendo.


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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Vie Jul 01, 2016 12:30 am




Bueno, lamento que no sepas interpretar lo que te he dicho hasta ahora. Helena tambien fue la primera para mi; de no ser por ella, habria continuado mi existencia pensado que los inmortales solo pertenecen a la literatura. La realidad fuera de Pandora es distinta, no en el sentido que dices, pues en el mundo todo parece estar tan estrictamente en regla que es dificil esperar esa clase de cosas por mas que lo busques. Por otra parte, si tuvieses buen oido, te habrias dado cuenta de que no tenia modo de quedarme tan solo con la teoria. Despues de todo, Helena fue la primera, pero no la ultima inmortal que conoci y me parece que he mencionado a un par de ellos como ejemplo. Y aunque solo la hubiese conocido a ella, me habria sido suficiente para conocer bien a su raza sin llegar a tomar nada como absoluto. — Refuto con suma naturalidad, sin esa sonrisa en los labios, pero si retratada en sus ojos, como un destello de astucia que se resistia a ceder a las ofensas del mago. Aunque aquella actitud lo calificara facilmente como a un perfecto idiota o como a un insensato, Zeughaunn conocia perfectamente su posicion y no afectaba realmente a lo que se atreviera o no a decir.

Se encogio de hombros fingiendo inocencia, jugando distraidamente con el vaso de whisky en su mano. — Siempre es bueno comprobar. No eres el primero que viene a preguntar sobre ella y me temo que mientras siga haciendo de las suyas tampoco seras el ultimo. Desde luego, quienes han venido han preguntado lo mismo que yo a ti, pese a ser plenamente conscientes de ello, como si hubiese algo mas por contar. — Replico para luego humedecer su boca con un trago del licor. Ni siquiera con una mujer tan parlanchina como Helena habia hablado tanto. Era extraño, intrusivo. Jamas le gusto ni tuvo necesidad de expresarse tanto como en aquel momento. — Estuvo conmigo durante cinco años, asi que en eso estoy de acuerdo. Es una excelente visita. — Presumio como si se tratara de un detalle insignificante, un dato extra que no figuraba mucho en la conversacion salvo por un punto en comun.

Inhalo profundamente y boto el aire por la boca tras haber escuchado pacientemente las palabras del mago. Conocia ciertas partes importantes de la vida de Helena porque ella misma las habia compartido con el o porque las habia experimentado juntamente con ella, de modo que no era dificil entender aquello a lo que el extraño se referia. — En ese caso, si me dijeras cuales son esos datos relevantes facilitarias mi relato y quiza puedas entender por ti mismo cual fue la accion que lo desencadeno todo en menos tiempo del que propongo sin saltarnos detalles necesarios.


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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Lun Jul 11, 2016 7:25 pm




¿Por qué tenía que revelarle detalles? Está bien, él quizá los sabe, pero creo que sigue siendo privado. No sé si a Helena le molestaría o no el hecho de que yo anduviese por ahí charlando de lo que ella me confió aún si el tipo en cuestión estuviese involucrado en esos asuntos, sin embargo a mí me incomoda, a mí me genera una sensación extraña y no puedo ir contra eso. Omití todo lo demás, sus palabras, su tono de voz… absolutamente todo. No me iba a enfrascar más en temas triviales o comparaciones odiosas, necesitaba ir al grano y, en el último cuarto de hora, ambos nos hemos envuelto en discusiones absurdas. Me declaro culpable la mitad de las veces.

-Da igual lo que yo sepa, lo que sea de seguro ya estás enterado de ello y no me importa si tengo que volver a oír las mismas cosas, de todos modos la perspectiva sería distinta y enriquecería más lo que sé. Lo que más me interesa saber es… ¿por qué demonios perdió la memoria?, ¿quién le hizo eso?, y la razón por la que le es tan complicado acceder a sus recuerdos sin ayuda de un tercero. Fue necesario recurrir a un método no tradicional de hipnosis para poder desenterrar cosas de las que ella no estaba ni enterada pese a haberlas vivido en cuerpo y alma. ¿Qué clase de idiota creyó que sería buena idea hacerle eso? De seguro nadie con sentido de futuro. Tarde o temprano ella sabría buscar la manera de encontrarse a sí misma- dejé de mirarlo para dirigir mi visión hacia la puerta, pues Cratos y Zelo ladraban, aunque al  parecer no era nada que requiriera de mi real atención, de otro modo Mörder estaría haciendo ruido.

-Vi sufrimiento… soledad. Ella no vino del infierno, pasaron cosas para que Helena llegara a este punto, hubo responsables. Las cosas no se forjan por sí solas, requieren de un medio y de un tercero. Esto no es obra y gracia del diablo- me aparté de la pared y solo por curiosidad fui a asomarme para ver por qué razón mis perros seguían ladrando y pude darme cuenta que no mucho más allá, sobre un tejado, caminaba un gato. Sonreí y volví al asunto que me tenía todavía en esa herrería. -Necesito comprender la base de todo, nada se construye en el aire. Lo demás llegará por añadidura- regresé al lugar donde antes había estado parado y me apoyé en el muro. Quizá era impaciencia, esa es en efecto una de mis cualidades negativas… aunque trataba de no darle más importancia de la que tenía.


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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Dom Jul 17, 2016 12:21 am




Ahora le correspondía a él cerrar la boca y escuchar. Si el mago no hubiese sido un buen escucha, esas palabras que salieron del mismo extraño no habrían sido del todo escuchadas por Zeughaunn, habrían servido únicamente para desvanecerse sin haber surtido ningún tipo de efecto. Pero el caso era distinto y no solamente él había permanecido atento a su relato, sino que trataban un tema que para ambos tenía importancia y en el que ambos se habían involucrado de un modo u otro. Así que meditó en su respuesta, en las pequeñas revelaciones que dejaba escapar entre palabra y palabra a fin de comprender cuánto conocía el mago de Helena. Llegó a encogerse de hombros cuando escuchó su pregunta, mas no lo interrumpió. El herrero no tenía ningún apuro en revelarle que ese idiota que se creyó hombre astuto fue uno de los siete, que ese idiota que no tenía sentido a futuro tenía sentido del pasado, cosa que creyó bastaría para cambiar los hechos en Pandora. Desde luego no fue una buena idea apartar a la mujer dragón de sí misma. Después de todo, él la conocía y conocía las atrocidades que había cometido.

Sus bases son, precisamente, el sufrimiento y la soledad. En esas dos palabras se resume su existencia y prueba de ello fue lo que viste. La razón por la que Pandora figurara en sus pensamientos como una oportunidad, porque ella llegó aquí antes de que sucediera nada. Pero es cierto lo que dices, ella no vino del infierno, no se creó de la nada. Fueron cinco siglos y medio de estar forjándose a base de esas dos cosas, de sufrir la inconstancia del mundo exterior y de la vida, porque junto a ella todos eran mortales. Así que no valdría la pena discutir el producto sin conocer los reactivos, por lo que relatándote cuanto sé de ella. — Dijo en cuanto el mago hubo terminado de hablar, cuando el motivo por el cual sus perros ladraban le fue conocido. Entonces depositó el vaso sobre la barra que los separaba y se dispuso a continuar. — Te decía que me llevaba consigo a otros países cuando tenía la oportunidad y el tiempo de explorar el mundo. Al principio jamás me explicó su relación con Italia, pero siempre que llegaba de Rumania, lo hacía con algo en su rostro que te hacía sospechar que algo no andaba bien. Ante Alekséi jamás le vi con esa expresión y quizá no me hubiese revelado nada de no haberme sentado en el mismo sillón que ella en una de esas veces. Quizá ella interpretó mi silencio como si sospechara de ella, como si esperara a que me revelara lo que tanto la afectaba, cuando en realidad yo simplemente quería sentarme en ese sillón. No me interesaba realmente su vida, cada quien vive infiernos distintos, así que me limité a seguir con mi propia existencia sin tomarla en cuenta.

»Pero ella habló. No me miró cuando lo hizo, simplemente comenzó a decirme lo impotente que se sentía, comenzó a decirme que llevaba más de medio siglo instruyendo inmortales como ella, que aborrecía sobremanera tener que prepararlos para someterse a la cultura de los humanos, para pasar desapercibidos. Ella me hablaba de un imperio que creyó haber construido para compensar tantos siglos de encierro, me hablaba de una nación de criaturas sobrenaturales a la que creyó unirse para terminar con su soledad. Me contó cuántas muertes de sus amados había presenciado y cuántas más debía soportar. Fueron sesenta años de vivir en la mentira, sesenta años para darse cuenta de que lo que necesitaban era conquistar el mundo, no someterse a él. Rumania fue la primera cede para toda clase de criaturas, según me contó. Desde la Edad Media pretendió ser un refugio y desde entonces había sido regida por siete sabios, que no eran los mismos siete que fungían como líderes de sus respectivas razas. Me contó que ella era uno de esos líderes y que, a pesar de eso, que no sabía por qué continuaba regresando a Rumania. Me dijo que en Dinamarca no evocaba nada, pero en Rumania sí; que no podía jactarse de haber soportado tanto sufrimiento durante sus quinientos treinta años, porque no todo el tiempo vivió. Después de esto, pasó un año sin dejarme saber nada más, sin mostrarse atormentada ante mí. Nos limitamos a convivir como era inevitable durante sus visitas. Compartimos ese sillón la mayoría del tiempo, a veces sin hablar y otras discutiendo los asuntos de nuestra alianza.

»Un día llegué después que ella. Helena estaba sentada en el lugar de siempre y fue entonces que comenzó a cambiar. Quizá empezó antes, pero jamás permitió que me diera cuenta. Tenía la mirada fija en la chimenea y estaba completamente sumida en sus pensamientos, murmurando sin pausa cosas que jamás logré comprender, pues estaban dichas en un idioma desconocido. Fue Alekséi quien me dijo que lo que recitaba era el contenido de alguno de los libros que leyó durante su encierro, que el esfuerzo que requería recitarlo palabra por palabra no suponía ningún problema para la memoria de los inmortales, pero recordar implicaba saturar su mente de una misma vivencia, que Helena lo hacía para distraerse. Ese día se acomodó junto a mí y me pidió que no la dejara regresar, pero se marchó de todas maneras. Cada vez demoraba más días de lo usual en volver y cada vez notaba a Alekséi más ansioso. Algo andaba mal, desde luego. Sin embargo, cuando decidí que era el tiempo para cuestionarla, no volvió. Pasaron semanas y yo continué con las preguntas que debía hacerle en mi mente, meditando en ella a cada momento del día.

»Casi llevaba un mes sin aparecer en Dinamarca cuando su supuesto primogénito vino a mí. No estaba en ningún lado y nadie sabía nada de ella. Enumeró cada país y cada ciudad que habían registrado, pero ni Bérgamo ni en la isla de San Pietro, que eran los lugares más importantes de Italia para ella. Fue ahí cuando me enteré que no tenían permitido pisar ese país, que ellos no conocían dichas ciudades en consecuencia y que estábamos perdiendo el tiempo pensando. Viajamos, entonces, y barrimos primero Bérgamo, en donde no encontramos ni un rastro de ella. La isla de San Pietro no tiene muchos lugares para ocultarse, así que también la descartamos pronto. Volvimos a Bérgamo al cabo de un par de días de búsqueda, agotados y empequeñecidos por la inmensidad del mundo. Ya no podíamos seguir deteniendo las cosas para enfocarnos en la desaparición de Helena, así que hicimos volver a quienes nos habían acompañado y Alekséi y yo permanecimos ahí. Los días siguientes nos dedicamos a informarnos, a conocer tanto fuera posible de la ciudad antes de sentirnos seguros de reanudar la búsqueda. Tuvimos que perdernos para encontrarla. Y nos decepcionamos también. Dimos con una construcción antigua y abandonada por mera curiosidad e insistencia de Alekséi. Al principio no encontramos nada, no había nada que nos pudiera interesar en un lugar así. Pero seguimos explorando. Minutos más tarde descubrimos un sótano al cual descendimos. No la encontramos como tú la conociste y jamás habría sabido que finalmente logramos localizarla sino hasta que el hijo llamó a su madre con desesperación y llanto. Estábamos ante una pila de cenizas.



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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Sáb Jul 30, 2016 6:40 pm




Lo volví a escuchar con atención. Era un bombardeo increíble de información… hechos, pensamientos, sitios. Me sentí minúsculo ante esa inmensidad y por primera vez me sentí abrumado ante tantos detalles. Todo era importante, no había absolutamente nada de lo que él decía que no fuese útil. Hice un largo silencio cuando él terminó de hablar, necesitaba tragarme todo eso, estaba atorado. Alcé la vista al techo, haciendo incluso mi cabeza hacia atrás. apoyándola en la pared. Cerré los ojos e inspiré hondamente. Iba a ser extremadamente necesario tomar nota en cuanto estuviese de regreso en Baskerville. ¿Cuánta fortaleza había en Helena como para seguir aguantado tanto peso sobre sus hombros?, ¿qué tan potente era su deseo por llegar al final como para soportar vivir con menos de la mitad de sí misma? Suspiré y por vez primera busqué algo para sentarme. No sé cuánto tiempo me mantuve sin pronunciar palabra alguna. Me pasé una mano por la frente y finalmente volví a centrar mi atención en el humano.

-Interesante- comencé diciendo mientras mis ideas iban acomodándose dentro de mi cabeza. -Es complicado dimensionar tanta intensidad. Los vampiros son, sin duda alguna, seres que prácticamente desafían las leyes del tiempo y del espacio. Viven más de lo establecido y aparecen y desaparecen a voluntad. Digo esto no en vano, sino que a causa de la cantidad de ires y venires que ella realizó durante el tiempo que permaneció contigo y de los que sigue haciendo- chasqueé la lengua bajando la vista al suelo unos momentos. -Sin duda alguna algo planeaba. Pero sujetar al mundo en su mano de seguro tiene una razón profunda, una raíz que justifique adueñarse de algo que, de buenas a primeras, es dominio de todos. Es comprensible que hasta cierto punto cada raza busque su supremacía por sobre las demás, por un sentido de orgullo y pertenencia. Los humanos en sus años se declararon fuertes guerras los uno contra los otros para que su propia nación estuviese en la cúspide. Dominar es inherente a todos los seres vivos, desde el más irracional hasta las mentes pensantes- seguía divagando de todos modos, buscando respuestas y asociaciones, conectando lo que él me dijo a lo que yo había visto.

-Todo sigue reduciéndose, sin embargo y a mí parecer, según lo que tú me relatas y a la experiencia que yo viví, al hecho de ser lo que es, al haber sido abandonada a su suerte como un experimento. No obstante, es algo que necesito seguir meditando, cualquier conclusión sería demasiado apresurada ahora. El hecho de que se sometiera al calor abrasador de las llamas hasta volverse cenizas es una de mis piedras angulares. No es algo al azar, porque no lo hizo una sola vez. No es como la infantil curiosidad de un niño que toca la llama para saber qué es lo que se siente. Tal vez para ti signifique otra cosa, cada persona que pudiera enterarse de esto puede otorgarle la importancia que crea necesaria, mas para mí, la autodestrucción es algo a considerar- me crucé de brazos.

-Parecía estar conforme y al mismo tiempo disconforme con todo, o eso aparenta. En fin… - me encogí de hombros al no hallar muchas más palabras en mi cabeza. -¿Desconoces tú quién es responsable de su falta de memoria?- tal vez tampoco lo sabía si es que conoció a Helena después de que le fueran borrados sus recuerdos o mejor dicho ocultados. De todas formas si no lo sabía, quizá podía tener sospechas y como ya he dicho, todo me sirve, cualquier indicio es una pequeña rendija de luz por la cual observar.


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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Jue Ago 04, 2016 1:00 am




«— ¿Lo hueles? — Inquirió el inmortal de repente, cuando supo que no había nada que pudiera hacer ante las cenizas. — Es su perfume — Indicó —. Casi se ha desvanecido por completo, por eso no estaba seguro de por qué debíamos buscar aquí... ¿Por qué lo hizo? — Su voz era débil a causa de su llanto. Pero no quería seguir sufriendo ahí, en presencia de un humano que no comprendería su dolor, en presencia de alguien que jamás entendería cuánto hubo de sufrir aquella mujer como para llegar a ello, así que se levantó y limpió su rostro. No quería dejarla ahí. No quería volver el sólo al mundo. Sin embargo, terminó dando una media vuelta y abandonó el piso inferior a fin de poner en orden sus pensamientos. Zeughaunn no lo seguiría. Él estaba de pie a un par de metros de las cenizas, mirando a los restos de su aliada como si le reprochara en silencio su egoísmo.

Alekséi no sabía que la mente del humano estaba en blanco. Pero sí, aquella mirada era de reproche. ¿Cómo se atrevía a morir? ¿Eso era a lo que se refería cuando dijo que no todo el tiempo había vivido? Necesitaba saber qué la había llevado al suicidio, por qué buscar la muerte cuando sabía que no la encontraría, no así. Si en verdad se había apartado del mundo en varias ocasiones, ella debía volver en algún momento. Pero… ¿cómo?

Se aproximó hasta el círculo de piedra, sacó la navaja que llevaba consigo y se pinchó un dedo con la suficiente profundidad para que la gota de sangre que emanara tuviera buen volumen. Posteriormente, giró su mano para verter ese poco de vida sobre las cenizas, las cuales consumieron la sangre de manera peculiar. Así ocurrió también con una segunda gota y después con toda la sangre que emanó de una herida más grande. Alekséi se dio cuenta, por el olor, de lo que estaba ocurriendo y bajó enseguida a comprobar si estaba en lo cierto o no. Al principio lo llamó idiota.  Después cayó en la misma conclusión que él.

Pasaron días ahí abajo, pero nada pasó. Helena volvió cuando se dispusieron a abandonar la vieja propiedad. Se alzó de las cenizas en un breve estado de desorientación. Sólo le tomó unos segundos leer en los ojos del humano lo que había ocurrido y recordó que estaba ahí. Y aunque Zeughaunn deseaba reprocharle semejante acción, avanzó hacia ella y se agachó. Le ofreció su sangre. Después de ver aquel arrepentimiento en los ojos de la inmortal, la abrazó. Que no lo volviera a hacer, esa fue su única petición y lo único que atinó a decir.»

El silencio se prolongó sin que el herrero se diera cuenta y acabó pronto, sin haberle dado tiempo suficiente para razonar en lo narrado. En su lugar, los recuerdos completaron el relato en su mente, distrayéndolo con imágenes y sensaciones claras.

Miró al mago cuando éste comenzó a hablar y dispuso su mente a concentrarse en su presencia nuevamente. Esas palabras no debían ser más que sus propias conclusiones dichas en voz alta, compartidas a su informante como si hubiera más que explicar. Y aunque todo parecía tener sentido, aunque mucho de lo hablado parecía encajar con ella, al final todo se reducía a una misma pregunta. Asintió con la cabeza. — Ella me encontró aquí y se fue haciendo el tipo de promesas que no se pueden cumplir. Pasaron años para que la volviera a encontrar. Para entonces ya no recordaba nada. — Explicó con esa parte de la verdad que era conveniente para todos.


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Re: «The story of saints and demons» Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Vie Sep 16, 2016 7:17 pm




A juzgar por su silencio me dio la impresión de que estaba rememorando o, al menos, pensando muy profundamente. Preferí no intervenir ni hacer nada por interrumpirlo, respeté su silencio tanto como él respetó el mío, esta conversación requería de respuestas bien fundadas y detalladas y la única forma de llegar a eso era reflexionando. Y así como él, yo también me entregué a la vorágine de ideas inconexas buscando pegarlas para obtener un producto final satisfactorio que pudiera ser usado en el futuro cuando fuese necesario.

Escuché luego su respuesta y asentí con la cabeza lentamente… él era parte de lo que estaba detrás del velo. Pero sin duda había sido alguien importante, lo suficiente como para haber aparecido dentro de las primeras memorias que vimos cuando sometí a Helena a la hipnosis y así como lo había sido, de seguro de alguna u otra forma lo sigue siendo. Si le afectaba o no a él no era de mi incumbencia de todas maneras, así que me ahorraría la pregunta, no era mi labor ser empático con él. Saqué mi reloj de bolsillo y vi la hora, era tiempo de marcharme, ya había obtenido información suficiente, no obtendría más por mucho que preguntara. Aparentemente él no sabía ni sospechaba de quién era el responsable de la pérdida de memoria de Helena, así que insistir solo sería gastar saliva en vano.

Me levanté entonces y me acomodé la ropa -Bueno, creo… que es suficiente- acoté para dar por finalizada la charla -Tengo gran parte de lo que necesito, lo demás vendrá por si solo- agregué, aunque no era del todo cierto, iba a requerir de ciertos esfuerzos adicionales, pero de ahora en adelante ese camino lo seguiría por mí mismo en paralelo con mis propios asuntos para con la orden. -Volveré en siete días a buscar las espadas, supongo que es tiempo suficiente para ti… y bastante holgado- dije recordando lo que había dicho al comienzo cuando le pregunté que cuánto tiempo tardaría. Luego de eso hice una leve reverencia y salí de allí.

Tanto Zelo como Cratos parecieron alegrarse bastante al verme, al menos eso parecía por el modo en el que agitaban sus colas. Sonreí inevitablemente y me aproximé a ellos, Mörder reaccionó poco, pero pareció al menos aliviado de verme. Le di un par de palmadas en el hocico y lo monté, le golpeé suavemente las costillas con los talones y nos pusimos en marcha, debíamos regresar a Baskerville y una vez allí, me entregaría a un largo y minucioso análisis de todo lo que el humano me había contado y lo compararía con lo que había anotado de aquella ocasión en la que Helena estuvo en mi casa… sería largo, un poco extenuante, pero era sumamente necesario.


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