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Oblivion lullaby ◊ Robert

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Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Helena D. Corso el Sáb Abr 02, 2016 11:59 pm

Recuerdo del primer mensaje :

"It is sadder to find the past again and find it inadequate to the present than it is to have it elude you and remain forever as a harmonious conception of memory."
— F. Scott Fitzgerald


Oblivion lullaby


Aquello debía tener nombre. El ser encargado de nombrar todas y cada una de las cosas del mundo debió haberse encontrado a sí mismo en el abismo de sus pensamientos, atrapado entre las grietas en donde el eco de su voz no llegaba nunca, donde las imágenes que capturaban sus ojos se desvanecían al traspasar la retina. Tal vez jamás tuvo ocasión de experimentar aquello salvo en la muerte, en donde nadie lo escucharía más, donde el idioma no existía más y ese descubrimiento le pertenecería sólo a él y a quienes lo acompañasen. ¿Era posible que el ímpetu de la mente humana le permitiera experimentar ese curioso estado a los mortales? ¿Podría alguien introducirse en la nada tal y como ella lo hacía? A simple vista, daba la impresión de que la muerte la había abrazado al fin, conquistada por los rasgos un hombre, ahí mismo en la taberna o en el olvidado camino de Mördvolathe, había alabado con absoluto rencor. Pero no era así. La esencia de la muerte estaba haciéndole compañía tal y como lo hacían las viejas amistades. Era una de las pocas veces en que había solicitado su presencia al beber. Tal vez estaba pereciendo un poco más. Ella y sus condenadas tendencias suicidas. No lo podía evitar. Era terriblemente seductor dejarse convertir en una estatua de mármol mientras que la sangre comenzaba a revivir su cuerpo temporalmente. Disfrutaba esa amarga ironía.

De pronto su mente evocó el perfume de los árboles en Baskerville y el eco de una voz masculina comenzó a sacarla de las profundidades de su mente, repitiendo vagamente palabras que no tenían forma al principio. La imagen de sus manos desenvolviendo una misiva comenzó a acosarla y a mezclarse con un recuerdo similar en donde las manos que fueron autoras de sus cartas desenvolvían otra. Se acomodó sobre la cama, buscando que la frescura de las sábanas la embriagaran lo suficiente como para mantenerla sumida en el sueño diurno. Álamos. Piedras blancas. Rejas negras. Ojos pardos. Perfume. Robert. Sus ojos abiertos al fin. Los últimos rayos de luz acariciando deliciosamente su piel tibia, mordiéndola con sutileza sin ser capaz de dañarla e inundando sus ojos claros. Tenía que ir a Baskerville. Esa era la razón por la que se había saciado. Por eso se había rendido al sueño de los inmortales. Si se marchaba pronto, llegaría a la hora prometida.

Sin meditarlo mucho, recobró su media movilidad tras un respiro profundo. Apartó el brazo inerte que descansaba celosamente sobre su torso aún en la muerte. ¿Era ese mismo frío que los mortales experimentaban al tocarla? Se incorporó. Las sábanas se deslizaron sin resistencia por su cuerpo, liberándola del yugo de la muerte, despidiéndola de su vieja amiga. El cabello perfectamente intacto. No había rastro en sus ropas de aquella visita clandestina.

Sus visitas a Valtesi se habían vuelto escasas según evolucionaba su oficio, pero aquella ocasión había servido como refugio temporal gracias a la cercanía que tenía con Baskerville. Así que no demoró en llegar a la región de los magos y sus pies devoraron el camino que cruzaba la arboleda hasta llegar hasta la eterna vigía de los álamos sobre un sendero más estrecho. La noche cayó un par de horas atrás. Podía oler el aceite de las lámparas que no ocupaban el servicio de una mano que las encendiera. La voz de Robert volvió a hacer eco en su mente a medida que se aproximaba a su residencia, tornándose cada vez más nítida y fuerte hasta no permitirle oír nada más. El rechinido de la reja al abrirse silenció su mente y no hubo más que un escandaloso silencio mientras era conducida al interior de la propiedad. Robert aparecería pronto.


Última edición por Helena D. Corso el Lun Jun 06, 2016 8:11 pm, editado 1 vez




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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Vie Jul 29, 2016 8:46 pm

Mantuve el silencio, respetando el de ella, esa total ausencia de palabras inundada por lágrimas traídas desde el pasado. Aguardé solo un poco más y cuando vi que se incorporaba, me acerqué llevando los dos vasos de whisky, me senté a su lado en el diván y le pasé uno de estos. -Debemos hablar, es necesario analizar lo que hemos visto que… ha sido muy potente, ¿no?- respondí sinceramente, pues así era. ¿Qué sacaba con aminorar la intensidad de lo vivido si la idea era mantener cada emoción a flor de piel? Mientras más viva la emoción, mejores son las conclusiones y con el pasar de los días, el enfriamiento irá sacando otras cosas a la luz. Es un trabajo mental fenomenal. -En lo personal puedo decir que fue un paseo muy interesante y doloroso, creo que jamás había visto nada parecido. Si me lo permites, me llamó la atención aquel primer recuerdo donde estabas tú danzando con aquel hombre. Parecía una relación cercana… bella danza, por cierto- acoté y bebí un sorbo de mi vaso. -Pero luego está este detalle no menos importante de la hoguera y de ti misma dentro de esta… quemándote, sintiendo dolor… muriendo sin poder morir, ¿qué era eso?, ¿qué querías probar? o ¿qué pretendías?- lo creía importante, porque la última escena vivida iba exactamente a lo mismo, entonces tendría que existir alguna clase de explicación. Distraer el dolor con otro dolor era clásico, un mecanismo casi natural. El dolor emocional a cambio del dolor físico solo por tener alguna otra cosa en la que preocuparse, pero, ¿se podía aplicar esto a ella?, ¿caía dentro de la lógica o era algo mucho más profundo que eso?

Volví a alejarme de ella, caminando lentamente por el salón, callado, dándole tiempo para que reflexionara si así lo requería. Yo debía desaparecer, conservar mi condición de herramienta, de espejo. Ella debía mirarse a sí misma y olvidarse de que era yo el que la estaba ayudando. Mantuve mis ojos sobre ella en todo momento, la observación era también importante, interpretar sus gestos, sus movimientos y lo que fuera, pues todo tenía que reflejárselo de alguna manera. De fondo se oía el repiqueteo de las chispas en la chimenea al saltar y el reloj de pie marcaba el paso del tiempo con su rítmico ‘tic tac’ que para mí no era en absoluto molesto. Incluso por momentos creí oír a mis perros correteando por el pasillo que pasaba justo fuera del estudio, a veces se comportaban como verdaderos niños, pero jamás dejaban algún desastre, les había enseñado bien. Suspiré despacio, concentrado en evitar que mi cabeza no hiciera más análisis de los necesarios. O que incluso volara a otros puntos lejos de este momento, porque podía pasar, sin embargo mi interés y curiosidad de momento me permitían estar aquí de cuerpo y mente presente.

Me intrigaba todo lo que podía pasar en la cantidad de horas que quedaban para el primer descanso. No tenía idea de cuánto iba a durar esta conversación, aunque no había tiempos establecidos para ninguna de las actividades, esas cosas no son cronometrables y no se pueden limitar, ¿acaso era posible contener el tiempo en una botella? Si debíamos pasar charlando las siguientes seis horas, así iba a ser. Bebí otro sorbo de whisky y dejé el vaso sobre la chimenea. Proseguí mi andar, con las manos en los bolsillos, incluso pasé por detrás de ella con paso lento. Finalmente me detuve junto a la silla que había utilizado durante la sesión y la tomé para arrastrarla hacia la chimenea, recuperé mi vaso y tomé asiento, quedándome completamente quieto.



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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Helena D. Corso el Dom Jul 31, 2016 1:18 pm

Tomó el vaso de whisky y una de las comisuras de sus labios se contrajo en una sonrisa ladina, agradeciendo de ese modo la bebida ofrecida por su anfitrión. Humedeció su boca con el líquido ámbar sin pensárselo dos veces, permitiendo que el fuerte sabor del whisky la regresara por completo a la realidad. Fue el leve ardor en su garganta lo que desencadenó el éxito de esa acción. — Lo fue — Respondió, otorgándole la razón al mago. De nuevo, no esperaba algo tan intenso de buenas a primeras, no esperaba verse a sí misma morir ni mucho menos enfrentarse cara a cara con el sufrimiento en la primera sesión. Sin embargo, fue lo justo para desear continuar a toda costa, mas no lo suficiente para intimidarla ni siquiera un poco. Schröder lo había dicho y ella lo creía también, en alguna de esas memorias debía esconderse la razón de todo, en una debía existir un por qué y en otras más una explicación puntual e implícita.

Permitió que el mago hablara cuanto quisiera, que se deshiciera en conclusiones de lo que él mismo logró percibir. Lo miró con suma atención, sin perderse ni una sola palabra, pero aun así sentía que él y ella se encontraban en dimensiones distintas, que él había logrado situarse por completo en la realidad y en el presente mientras que ella, lejos de sus memorias, paladeaba las sensaciones que habían permanecido en su interior. Bebió nuevamente tras las últimas preguntas de su anfitrión y, posteriormente, su silencio manifestó su meditación. Ahora que había logrado calmarse, era preciso que repasara lo que vio, que reprodujera los eventos más llamativos dentro de su mente a fin de recuperar detalles perdidos.

Permaneció quieta, con la mirada fija en la alfombra sin prestarle realmente atención. Las palabras del mago eran apenas un eco en su cabeza que se repetían constantemente, cada vez más lejos y cada vez más opacadas por el chisporroteo del fuego que le recordaba a la hoguera en que murió. Eran dos hogueras. Dos acontecimientos importantes que debía revisar. La intensidad de esas memorias se reflejaba en un solo pensamiento, que eran las llamas danzando alrededor de ella, consumiéndola poco a poco, y después, estaba ella danzando en su estudio. Pero era sólo eso. Un baile. Movimientos vacíos, perfumados con la sensualidad de sus ademanes, de su gracia al bailar. — No era la danza — Replicó al cabo de prolongados minutos de silencio y meditación, en un murmullo como si recién hubiese concluido tal cosa  — Es decir, lo era. Ese tango significa algo, pero lo importante no era mi relación con aquel hombre o al menos no me lo pareció a mí. — Explicó y guardó silencio unos segundos, como si tratara de encontrar un modo de dar palabras a lo que debía decir a continuación — En los demás recuerdos sentí algo, dolor, desesperación, soledad, confusión, etcétera. Pero no en ese en particular, sino que me dejé llevar por lo que veía sin darme cuenta de que no sentí nada. Nada en lo absoluto. — Añadió para después mirar hacia donde se encontraba su interlocutor. — El tango fue una pantalla de humo, ¿no te parece? No para mí hace un momento. Sin embargo, puede que yo misma hubiera sido engañada por las apariencias en aquel entonces. Quizá mi negación era tal que ni siquiera veía mi propia situación. De lo contrario, habría sentido algo más. Y entonces… La hoguera. — Hizo otra breve pausa y en el transcurso bebió de su vaso. — No sé qué fue eso, no sé si realmente quería probar algo, pero al menos sé, entiendo, que al principio deseaba morir. Cuando desperté en Bran por vez primera no sabía qué era un vampiro ni qué me hacía serlo y me parece muy probable que siglos atrás también tuviera que descubrirlo por mi cuenta, eso implicó poner a prueba mi inmortalidad. Por otra parte, morir debió suponer un gran alivio para mí, de modo que pudiera hacerlo una y otra vez. Desde luego, no recuerdo qué se siente estar muerta. Quizá me gustaba lo suficiente como para tolerar el dolor o tal vez era mi manera de no temerle al dolor. Tal vez, después de tanto tiempo de encierro, pude haber encontrado algo mejor y, bueno… La comodidad es peligrosa. — Concluyó con una leve sonrisa en sus labios. Era complicado dar forma a sus palabras cuando en su mente revoloteaban miles de ideas, conclusiones y el sinfín de detalles que no dejó escapar al ver sus recuerdos. La memoria de los vampiros era tan perfecta que viajar en sus recuerdos era como moverse de habitación, era tan real que daba la impresión de poder llevar una vida ahí, juntamente con su pasado y jamás darse cuenta de dónde se encuentra.




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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Vie Sep 16, 2016 5:18 pm

La escuché con atención mientras respondía luego de haber tardado un momento para poder, tal vez, reflexionar y buscar la mejor explicación para contestar a mis preguntas. Desde luego que yo podía cometer ciertos errores al interpretar, porque aún estaba afuera, requería un poco más de tiempo para conectarme lo suficiente como para pensar en sintonía. Era normal, mientras más detalles diera ella, más sabría yo y podía echar a andar con mayor soltura a la lógica para conectar cada pieza del rompecabezas en conjunto con Helena. Años y años de historia rica en acontecimientos no se desempolva en cinco minutos, mucho menos cuando los hechos han sido cubiertos con una gruesa y pegajosa capa de alquitrán, porque la tierra es demasiado simple para usarla en la metáfora.

Me costó comprender, ¿a qué se refería exactamente con lo de “pantalla de humo”? -¿Quién era él?- me atreví a preguntar después de que ella terminara de hablar y es que me era preciso saber si él cobraba una real importancia dentro de todo esto. ¿Había ocurrido antes o después de que Helena perdiera a ese hombre que pareció ser el amor de su vida? Todo parecía apuntar a que la primera vez que se enfrentó a las llamas fue cuando sintió que había perdido todo por lo que valía la pena seguir en este planeta, de otro modo, ¿por qué intentar quemarse una segunda vez cuando conocía el resultado? Quizá si me basaba en la decoración que alcancé a ver podría ubicarme temporalmente, pero no era un indicador confiable, pues por ejemplo, cualquiera que entrara a mi mansión, pensaría que ha retrocedido años en el tiempo.

-Sin duda alguna, el exponerte al fuego tiene un significado según el momento en el que haya ocurrido. Pero, cuando hablas de dolor, ¿a qué exactamente te refieres?, ¿al dolor físico o al inaguantable dolor emocional? Porque este último es mucho más difícil de palear. Y someterte al calor de las llamas, al dolor que significa ser consumida por el fuego, para luego regresar podría ser quizá una representación de lo que internamente intentas demostrarte… es decir, el poder absoluto que tienes sobre ti misma y tu capacidad de regresar y ponerte de pie aún ante la más terrible de las adversidades- al menos psicológicamente sonaba lógico, proyectar y materializar en ocasiones pueden ser herramientas muy útiles para lograr ciertas cosas que en realidad son invisibles e intangibles.

-Por supuesto que es necesario marcar sucesos claves. Yendo un poco más hacia atrás en la secuencia, independiente de si fue o no cronológica, hay una persona más que pareció importante o al menos cercana… lo suficiente como para que voluntariamente te entregara su sangre en pos de tu recuperación luego de haber regresado de la pseudo muerte después de haberte quemado- me levanté de mi asiento, dejando el vaso nuevamente a un lado, y fui hasta mi escritorio, allí tomé mi libreta personal de notas y una pluma, regresé a mi silla y me acomodé para poder escribir, necesitaba dejar ciertos puntos visibles para poder trabajar de buena manera, porque a diferencia de ella, mi capacidad de retención era limitada y en cualquier momento podía olvidar o confundir hechos. -De todo lo que logramos ver en este primer viaje, ¿qué rescatas como más importante? Quizá un posible punto de partida… algo que marque hipotéticamente el inicio. Sé que faltan muchas cosas todavía, pero algo podemos rescatar ahora y eso nos servirá para observar mejor lo siguiente que veamos cuando volvamos a retroceder en el tiempo- apoyé la libreta en mi pierna derecha sujetándola con mi mano de ese mismo lado. Sujetaba en esta la pluma, listo para anotar lo que fuese que ella dijera.



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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Helena D. Corso el Jue Sep 22, 2016 7:51 pm

Alzó ligeramente las cejas al saberse incapaz de recordar la identidad de su pareja de baile. Entendía, gracias a lo visto y a lo escuchado, que se trataba de un alumno, pero no había nada más allá de eso. No sentía de él ningún tipo de lazo que le otorgara verdadera importancia dentro del recuerdo, salvo la facilidad que tenía de responder a la sensualidad del baile y cargarlo con sus propios deseos. Quizá para la Helena de aquellos años el muchacho no representaba nada más que la reafirmación de su propio estado, de la apatía en la que se había sumergido al sentirse incapaz de algo que tampoco lograba identificar. — Un estudiante, al parecer. — Respondió con sinceridad, haciéndole saber al mago que no había nada más de ese sujeto que pudiera decir. Tampoco podía decir que el muchacho le inspirada nada, después de todo algún motivo debió tener para hacerlo su acompañante.

Sería terrible que, después de tantos años de soledad, de no tener a nadie más que a mí misma, no tuviera tal cosa como el poder absoluto de mi persona, ¿no crees? Pero es inevitable que ocurra. — Replicó moviendo el vaso de whisky, haciendo que el líquido lamiera su prisión de cristal. Sabía que incluso en ese momento gozaba de semejante poder, que inconscientemente fue su primer objetivo luego de escapa de Bran.  Alguien lo habrá dicho ya, Helena siempre fue primero para sí misma antes que para alguien más. — Me gustaría saber si todas estas adversidades posibles son distintas unas de otras o si son todas hijas del mismo problema, porque la causa del dolor, el cual te digo que es emocional, es siempre la misma. Unos minutos de dolor físico a cambio de librarme del dolor emocional, como lo llamas, y quizá haya sido la única manera en que recordase yo que existen dos tipos de dolor. No sé si realmente quería volver, si “ponerme de pie aún ante la más terrible de las adversidades” era mi meta.

Había olvidado la presencia de Zeughaunn en sus recuerdos. Mejor dicho, lo había relegado a un segundo plano mientras que su mente se afanaba en conectar sus muertes y en no pensar que el herrero no le había mentido al decir que la conoció fuera de Pandora. Sabía que tampoco había recibido de él muchos detalles, por lo que no lograba comprender el tipo de relación que ellos tuvieron ni saber qué tan cercanos debían ser para que él le tendiera la mano justo después de morir. — Los dos hombres de ese recuerdo son cercanos. — Aseguró. — Alekséi, el que estaba de pie, trabaja para mí actualmente. Desde el principio me hizo saber que me conoce desde hace tiempo y que continuaría trabajando para mí como siempre. Zeughaunn también está en Pandora, pero nuestras conversaciones son infructuosas siempre. No le gusta hablar de nosotros. — Cuando menos no tenía intención llamarlo idiota enfrente del mago. Bien o mal, el herrero había sido discreto al momento de guiarla a pistas importantes de su pasado, como ese tríptico del siglo de XVI.

Me parece que la soledad y la muerte encajan como causa y efecto. Por ende, me parece que es lo más importante, sin mencionar que como punto intermedio, lo que sucede entre una cosa y otra, está el darme cuenta de mi situación, el comprender que con o sin personas, mi condición no cambiaría y, posteriormente, el proceso de negación o aletargamiento. — Analizarse a sí misma no era tan complicado al ver su comportamiento cual testigo y menos aún si contaba con la mente de Robert para complementar sus razonamientos y encaminarlos con preguntas más complejas.




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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Sáb Sep 24, 2016 10:17 pm

Charlar con ella ocasionalmente se asemejaba a entablar una conversación con el anciano mayor de la Orden, aunque no porque ella no se equiparara con el nivel de aquel hombre, sino a la inversa. Helena bajo ninguna circunstancia era simple, ese concepto quedaba pequeño a su lado. Aunque por supuesto, ¿cómo iba a ser tan simple con tantos años de existencia? Así que la oí con suma atención, porque sus palabras traían consigo mensajes que tal vez no eran tan evidentes y era necesario que yo pudiese captarlos para enriquecer nuestra conversación. Si yo no buscaba ponerme a su nivel, entonces no serviría de nada y ella merecía todo mi esfuerzo, sobre todo ahora y más cuando había contado conmigo para algo tan importante.

Le di la razón, es obvio que con tanto tiempo, tarde o temprano ella lograra el control absoluto de sí misma… al menos era obvio para alguien como ella, porque excepciones a la regla hay siempre y nunca falta el que jamás logra tomar las riendas de su propia vida y corre a lo loco a lo largo de su existencia. Ladeé la cabeza pensativamente y perdí mi vista en el suelo unos momentos -Creo que depende del problema, ¿no lo crees? Dependerá de su potencia y de su origen. Hay adversidades independientes que se presentan sin que se les pueda predecir, porque no hay signos que la delaten y así también hay de otras que están directamente relacionadas con el problema en torno al cual ocurren. Pero pienso que la causa del dolor está completamente aparte, porque es transversal, no hay un factor específico que se pueda quitar o agregar… al menos así me lo parece. Quizá los acontecimientos que puedan ocurrir lo pueden acrecentar o disminuir, pero al final siempre va a estar mientras no se identifique el aguijón que lo mantiene vivo dentro de ti. Ponerte en pie después de las adversidades, no implica curar el dolor… no necesariamente. Caer duele e incluso puede herir dejando huellas imborrables y eso lo sabes. Por lo tanto, siempre vas a sentirlo- respondí a lo que ella había comentado respecto de este punto. -Y sí, puede ser que quizá implique otras cosas más. No quiero adscribir un suceso a una sola causa, no quiero limitar tus acciones a una sola explicación. Puede ser multicausal, es más, pienso que lo más probable es que lo sea, por esa misma razón cobra tanta importancia para mí- dije después con toda sinceridad, porque para mí era el centro y mi atención estaría puesta sobre eso.

Luego habló de los dos hombres que estuvieron con ella en la escena posterior a su muerte… un tal Alekéi y un tal Zeughaunn, ambos vivos según su relato y ambos la conocieron bien. Me pareció interesante que el segundo hombre, el herrero, evitara charlar sobre los detalles que ambos compartían, ¿por qué lo hacía?, ¿qué había de malo en privarle a ella asuntos que le correspondían? Ya lo sabría tal vez en algún momento, quizá con el paso de las horas o en alguna milagrosa coincidencia, pues el tipo estaba aquí en Pandora, pero eso ya lo vería después. ¿Cuántos más aquí en Pandora conocían a Helena?, ¿cuántas criaturas la habían visto en aquella vida que ella no recuerda? Porque según lo que entiendo, ella se mueve bastante y, de alguna u otra forma tiene contacto con todos los que aquí existen. ¿Cuántas huellas ha dejado ya?, ¿cuántas redes posee?, ¿qué tan vasto es su “imperio secreto”? Y lo más interesante es que, a pesar de todo eso, se siente sola y se ha sentido sola. Que profundo.

Asentí ante lo que ella consideraba relevante, tenía razón, era un círculo de causa y efecto, uno llevaba a otro y el otro llevaba a lo primero. Morir por sentirse completamente aislada y sentirse así por no poder morir en un mundo donde todos tarde o temprano perecen, pasando a una historia que ella vive eternamente sin poder escapar. ¿Era así la eternidad? Era necesario que lo tuviera presente, tarde o temprano pensaba llegar a eso, tarde o temprano mi vida trascendería a lo largo del tiempo y me enfrentaría a la soledad a la que ella hace mención.

Fueron cinco días bastante intensos en los que me vi poniendo a prueba mi propia capacidad mental para soportar tanta información y al mismo tiempo en análisis de la misma. Por supuesto que las horas de descanso las aproveché de la manera correcta, dormí lo más posible, aunque también compartí tiempo con ella para conocerla un poco más fuera de las memorias. Pasamos momentos juntos en silencio, aunque también hablando algunas cosas de nosotros mismos. Me di cuenta de que entre ella y yo hay ciertas similitudes que me hacen sentirla como alguien bastante cercano. Aunque tal vez cinco días no son suficientes y a pesar de no conocernos tanto, no pude evitar sentir cierto interés particular en su persona. Era inevitable caer y sentirse hipnotizado por tanto misterio y tanto encanto. Quizá hubo instantes de bastante cercanía, donde las ansias de reducir la distancia física entre ambos fue más que tentadora al menos para mí. ¿Qué significaba la mordida de un vampiro?, ¿qué se sentía?, ¿qué tan dolorosa y placentera podía llegar a ser? Quise arriesgarme, al menos tuve la intención de hacerlo, pero finalmente preferí dejarlo para otra ocasión. No es que tuviese la certeza de que ocurriría, pero dados los hechos, me dio la impresión de que cabía una remota posibilidad de que pudiera suceder.

Obviamente que hicimos muchas más introspecciones, pudimos ver demasiadas cosas, aunque no logramos llegar allí donde queríamos llegar. Era complicado, eran demasiados detalles y todos igualmente importantes. Tuve que tomar bastante notas y hacer uno que otro diagrama ilustrativo que me sirviera para mantener el hilo del análisis. De todos modos sacamos buenas conclusiones, me aseguré de que ella quedara satisfecha con el trabajo realizado, me esforcé por entregarle lo que ella había venido a buscar o al menos le di cuanto pude con el máximo de mi esfuerzo. Si esto volvía a repetirse en el futuro, no lo sabía, pero si ella quería regresar, yo iba a recibirla con gusto y le serviría si lo solicitaba. Ella me había traído información valiosa de Annabelle y eso valía para mí más que cualquier cosa. Mi agradecimiento para con la vampiresa podría traducirse en años y años de favores sin que ella tuviese que darme nada más a cambio.

Despedirnos no fue tan simple como pensé que sería. Sin embargo, la promesa de volver a vernos quedó suspendida en nuestras mentes sin que realmente tuviésemos que pronunciarla, tan solo bastó mirarnos fijamente y sonreírnos. Había olvidado ya cuándo fue la última vez que experimenté todo lo que viví con Helena. Se asemejaba tal vez a aquellos años en los que Annabelle y yo descubrimos que juntos podíamos ser los dueños del mundo… cuando creí que había encontrado lo que necesitaba para el resto de mi vida. Aquel pensamiento revoloteó en mi cabeza mientras la veía partir desde la entrada principal de la mansión, ¿qué iba a pasar ahora? Traté de no darle demasiadas vueltas, porque sabía que meditarlo demasiado solo traería consigo temores y dudas que prefería evitar… no era momento de tenerlas, no aún.



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