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Oblivion lullaby ◊ Robert

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Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Helena D. Corso el Sáb Abr 02, 2016 11:59 pm

"It is sadder to find the past again and find it inadequate to the present than it is to have it elude you and remain forever as a harmonious conception of memory."
— F. Scott Fitzgerald


Oblivion lullaby


Aquello debía tener nombre. El ser encargado de nombrar todas y cada una de las cosas del mundo debió haberse encontrado a sí mismo en el abismo de sus pensamientos, atrapado entre las grietas en donde el eco de su voz no llegaba nunca, donde las imágenes que capturaban sus ojos se desvanecían al traspasar la retina. Tal vez jamás tuvo ocasión de experimentar aquello salvo en la muerte, en donde nadie lo escucharía más, donde el idioma no existía más y ese descubrimiento le pertenecería sólo a él y a quienes lo acompañasen. ¿Era posible que el ímpetu de la mente humana le permitiera experimentar ese curioso estado a los mortales? ¿Podría alguien introducirse en la nada tal y como ella lo hacía? A simple vista, daba la impresión de que la muerte la había abrazado al fin, conquistada por los rasgos un hombre, ahí mismo en la taberna o en el olvidado camino de Mördvolathe, había alabado con absoluto rencor. Pero no era así. La esencia de la muerte estaba haciéndole compañía tal y como lo hacían las viejas amistades. Era una de las pocas veces en que había solicitado su presencia al beber. Tal vez estaba pereciendo un poco más. Ella y sus condenadas tendencias suicidas. No lo podía evitar. Era terriblemente seductor dejarse convertir en una estatua de mármol mientras que la sangre comenzaba a revivir su cuerpo temporalmente. Disfrutaba esa amarga ironía.

De pronto su mente evocó el perfume de los árboles en Baskerville y el eco de una voz masculina comenzó a sacarla de las profundidades de su mente, repitiendo vagamente palabras que no tenían forma al principio. La imagen de sus manos desenvolviendo una misiva comenzó a acosarla y a mezclarse con un recuerdo similar en donde las manos que fueron autoras de sus cartas desenvolvían otra. Se acomodó sobre la cama, buscando que la frescura de las sábanas la embriagaran lo suficiente como para mantenerla sumida en el sueño diurno. Álamos. Piedras blancas. Rejas negras. Ojos pardos. Perfume. Robert. Sus ojos abiertos al fin. Los últimos rayos de luz acariciando deliciosamente su piel tibia, mordiéndola con sutileza sin ser capaz de dañarla e inundando sus ojos claros. Tenía que ir a Baskerville. Esa era la razón por la que se había saciado. Por eso se había rendido al sueño de los inmortales. Si se marchaba pronto, llegaría a la hora prometida.

Sin meditarlo mucho, recobró su media movilidad tras un respiro profundo. Apartó el brazo inerte que descansaba celosamente sobre su torso aún en la muerte. ¿Era ese mismo frío que los mortales experimentaban al tocarla? Se incorporó. Las sábanas se deslizaron sin resistencia por su cuerpo, liberándola del yugo de la muerte, despidiéndola de su vieja amiga. El cabello perfectamente intacto. No había rastro en sus ropas de aquella visita clandestina.

Sus visitas a Valtesi se habían vuelto escasas según evolucionaba su oficio, pero aquella ocasión había servido como refugio temporal gracias a la cercanía que tenía con Baskerville. Así que no demoró en llegar a la región de los magos y sus pies devoraron el camino que cruzaba la arboleda hasta llegar hasta la eterna vigía de los álamos sobre un sendero más estrecho. La noche cayó un par de horas atrás. Podía oler el aceite de las lámparas que no ocupaban el servicio de una mano que las encendiera. La voz de Robert volvió a hacer eco en su mente a medida que se aproximaba a su residencia, tornándose cada vez más nítida y fuerte hasta no permitirle oír nada más. El rechinido de la reja al abrirse silenció su mente y no hubo más que un escandaloso silencio mientras era conducida al interior de la propiedad. Robert aparecería pronto.


Última edición por Helena D. Corso el Lun Jun 06, 2016 8:11 pm, editado 1 vez




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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Dom Abr 03, 2016 2:17 pm

¿Cuánto tiempo había pasado en misiones?, ¿hace cuánto que no podía sentarme en mi estudio frente a la chimenea para entregarme a la lectura de pergaminos y libros?, ¿cuánto hacía de mi última cátedra en la academia? No lo recordaba, pero me hacía falta y la frustración de no poder dar con el paradero de Annabelle solo acrecentaba esa necesidad de volver a lo mío, de centrarme para poder volver a comenzar. ¿Desde hace cuánto tiempo que no me dedico a pensar? Todo ha sido acción desde aquella vez en Bran, lugar en el que conocí un nuevo camino que seguir, un sendero que me llevaría posiblemente allá donde quiero llegar con todas las investigaciones que he realizado hasta la fecha… una senda que además serviría para ayudar a una vampireza, cuyo nombre desconozco, a reencontrarse con sus recuerdos, con un pasado que alguien le privó por motivos que también desconoce. Y el trato había sido que yo le tendería la mano si ella hacía lo mismo conmigo en cuanto a dar con el paradero de mi melliza, algo a lo que ella accedió sin pensarlo demasiado y yo lo agradecí bastante, sin embargo, ese era un asunto que atenderíamos más adelante, pues lo de ella era prioritario, Annabelle jamás saldría de Pandora, mientras que con el paso del tiempo, las memorias de la vampireza quedarían cada vez más atrás, perdiéndose en el pasado, así que era menester y urgente rescatarlas.

Habíamos acordado una fecha y una hora, al caer la noche del cuarto mes en su tercer día. Le pedí a mis criados que prepararan una habitación para ella, tal y como se lo había prometido, y que dispusieran todo para que su estancia aquí fuese placentera y lo más cómoda posible. Por mi parte ese día estuve toda la mañana en la academia de magos dictando clases de alquimia avanzada a los muchachos que iban ya a la mitad de sus estudios. Fue agradable envolverme en ese ambiente intelectual y traté de absorber lo máximo posible de ese aire de entrega absoluta al conocimiento, donde el deseo por saber y las ansias por aportar algo a este mundo predominan sobre cualquier otra cosa. Horas más tarde le dediqué tiempo al círculo, a introducir a los nuevos estudiantes al estudio de la nigromancia, un arte sumamente delicada, fenomenal y carente de límites, algo que muchos magos de nuestra clase desean dominar, pero que no todos logran, ya sea por miedo o por falta de dedicación.

Y ya al atardecer me retiré a mi hogar para abstraerme y prepararme para la llegada de mi invitada. Serían días intensos en los que me había asegurado que nadie nos molestaría. Delegué mis funciones en el grupo de cazador a Isaac y pedí encarecidamente que nadie fuese a mi mansión hasta que yo dijera lo contrario. Pues así como ella necesitaba enfocarse, yo también y bastante, no podía cometer un error o al menos debía reducir la probabilidad de que eso sucediera. Incluso le di instrucción a mi mayordomo de rechazar cualquier visita inesperada y que las cartas que llegaran las anunciara solo a la hora de la cena o que simplemente las dejara en mi habitación sobre la mesita de noche. Esto sería prácticamente un cónclave, aún cuando ella pudiera salir cuando lo estimara conveniente o necesario. Mi cabeza solo tendría un foco a partir de esta noche.

Cuando todo estuvo preparado y cuando tan solo su presencia, me retiré al salón principal donde se encontraba el piano de cola, una reliquia familiar que yo había tenido el gusto de heredar. Esa de color negro y brillaba como si los años para él no hubiesen pasado. Me entregué a la caricia de sus teclas, dejando que el sonido invadiera prácticamente todo el primer piso de la estancia… una melodía suave, adecuada para la noche, sumamente inspiradora y relajante. Mantenía los ojos cerrados, dejándome poseer por la música, desvaneciéndome de esta realidad y conectándome con mi interior con cada nota. Pero entonces mi mayordomo se aproximó y dijo suavemente que la invitada había llegado. Tan solo torcí una sonrisa y descontinué la música, cerré la tapa del teclado y me puse de pie. Me arreglé un poco la chaqueta, ajusté mi corbata, me detuve frente a un espejo y me aseguré de que todo estuviese en su sitio. Solo entonces aparecí por el recibidor, encontrándome con aquella imagen que había visto por primera vez en una biblioteca prácticamente abandonada -Bienvenida- dije dedicándole una sonrisa amplia y me aproximé, hice una leve reverencia, tomé su mano, la misma que tomé aquella vez al despedirme, y besé su dorso son sutileza. -Adelante, sígueme- dije luego soltándola y haciéndole un gesto con la cabeza para que me siguiera, la llevaría a mi estudio, mucho más acogedor y un tanto más pequeño que el salón principal.



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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Helena D. Corso el Mar Abr 05, 2016 7:32 pm

En un suave respiro absorbió la esencia de aquella mansión, cada latido o pisada que tenía lugar dentro de aquellas paredes, cada aroma. El tiempo, la tinta, la sangre, la pintura de los retratos. El olor que la madera del piano desprendía a medida que reproducía una melodía, el perfume de Robert desprendiéndose a cada movimiento. Sus ojos cerrados por una fracción de segundo tratando de asimilarlo todo, dejándose abrumar por cada milímetro de vida que bañaba la propiedad del mago. Y con tantos colores que sus ojos eran capaces de capturar, le era posible imaginar los efectos del tiempo y el olvido sobre aquella estancia. Vidrios rotos, textos deshojados y bailando divididos al son del viento, pinturas desgarradas, grises. Sin las almas que el mago atribuía al mundo de lo invisible. Un método inusual para memorizar los espacios, de adueñarse de ellos.  

Los vestigios del perfume de Robert que permanecían en la estancia revivieron cual flamas cuando éste hizo acto de presencia al fin. El tiempo entre la llegada de cada uno no fue mucha, sin embargo, los sentidos de la mujer prolongaban cada centésima de los segundos transcurridos, transportándola, incluso, a tiempos que no existían aún o que no existirían jamás. Y pronto el castaño materializó la peculiaridad de la magia, aquello que despertaba la curiosidad de la mujer al encontrarse en un territorio que podía ser o no una ilusión. Y de la magia pasó a los recuerdos, al arrepentimiento inducido por la consciencia. El aroma de su sangre predominaba sobre el perfume que emanaba de su piel y su ropa, sin dejarle más opción que imaginarse la infinidad de cosas que pudo haberle hecho en Bran mientras podía. Ahora su propia naturaleza le resultaba un tropiezo y su mente le ordenaba tener absoluto control sobre sus acciones, medir más que nunca el alcance de sus instintos al menos en lo que la maldición del veneno se hospedaba en ella.

Una sonrisa se asomó en sus labios, buscando imitar la expresión del mago con sobriedad, regalándole un gesto que no todo el mundo era capaz de presenciar. Y a pesar de que la naturaleza del encuentro exigía cierta confianza en el hombre, la vampiresa pretendía reservarse a la sola compañía del mago una vez estuvieran en algún sitio en privado, en donde fuera que pudieran conversar y trabajar sin ser interrumpidos por el ir y venir de la servidumbre. Sin embargo, la marca de calor que los labios dejaron sobre el dorso de su mano amplió la curva de sus labios, mostrando la absoluta disposición de trabajar con un viejo conocido. El hombre no había cambiado en lo absoluto y el sello de despedida aún continuaba muy presente en su piel, pese a que Robert la besara varios meses atrás.

Lo siguió en completo silencio, memorizando cada objeto y el lugar en donde estaban, estudiando la nitidez de sus colores y el aroma que desprendía cada uno, mismo que le daban una idea de su antigüedad. Era, tal vez, cuestión visual lo que definía cuándo un sitio carecía de vida o cuándo la poseía en abundancia, pero ya pensaría después, en alguno de sus paseos seguros y nocturnos en busca de satisfacer su curiosidad. ― ¿Algún avance respecto a tu hermana? ― Inquirió tan pronto se encontraron solos en el estudio del mago. Había una razón, naturalmente, por la que preguntara aquello que iba más allá del acuerdo. No obstante, prefirió aguardar a las noticias de Robert, saber si su contribución sería realmente útil o si necesitaría algo de mayor peso que presentar.




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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Sáb Abr 09, 2016 11:54 am

Para cuando estuvimos en la privacidad de mi estudio, que lucía una chimenea viva, cuyo calor llenaba la habitación a causa de las horas que llevaba encendida, procedí a hacerle un gesto con la intención de que se pusiera cómoda -Siéntete como en tu casa- comenté aproximándome inmediatamente a la mesita sobre la cual descansaba la whiskera y un juego de cinco vasos de cristal. La observé por unos segundos y entonces ella hizo aquella pregunta que por instantes me dejó un mal sabor en la boca, pues me hizo rememorar los intentos fallidos de dar con Annabelle aún cuando las pistas eran ciertas. Me mordí el labio por dentro en un intento de retener la ansiedad y de limitar al máximo todo rastro de impotencia. Apreté mis dientes hasta el punto de generar dolor, mas no daño, dejando tan solo la huella de mis incisivos sobre la mucosa. Tomé aire y luego asentí con la cabeza -No sabe esconderse, pero sabe protegerse. No la he visto, pero la huella de energía es definitivamente suya. La conexión entre ella y yo, el lazo de gemelos es algo complicado de cortar y al parecer ella o no lo ha hecho o no tiene idea de que dicho enlace sigue vivo- me encogí de hombros. -Tiene aliados, magos de su misma clase y otras criaturas que apoyan su causa. Afortunadamente mi grupo de cazadores sigue íntegro y cada uno de nosotros no ha sufrido mayores daños cuando caemos en enfrentamientos- me serví whisky y le di un sorbo a mi vaso hasta dejarlo prácticamente vacío. -Al menos, sabemos que sigue aquí y que allá donde vaya es capaz de rodearse de otros que se comprometen a protegerla... Y eso es un gran problema. Por fortuna no se ha aliado con los licántropos, al parecer ellos prefieren mantenerse al margen y eso es en parte positivo- me encogí de hombros y me fui a sentar al sillón de un solo cuerpo, ese que yo siempre utilizaba por ser el más cómodo de los cómodos y, además, por su majestuosidad.

Cabe mencionar, necesaria y obligatoriamente, que junto al fuego descansaban Cratos y Zelo, mis dos perros. Cuando entramos tan solo se limitaron a observar a mi invitada, sin moverse o siquiera alterarse por su presencia. Canes bien entrenados y confiados en que todo aquel que entraba allí, era digno de confianza. Desvié mi atención hacia ellos unos momentos y sonreí -Espero no te moleste que estén aquí... Les gusta este sitio y están acostumbrados a permanecer cerca mío la mayoría del tiempo- le comenté solo para desviar la atención de un tema que me traía bastante irritado y que prefería tocar lo menos posible para poder cumplir con los objetivos que perseguía al tenerla aquí conmigo. -¿Qué tal has estado tú? Han pasado ya varios meses desde que nos conocimos... ¿alguna novedad que contar?- me fijé en ella para prestarle atención y ladeé un poco la cabeza solo por costumbre. ¿Habrá reflexionado ella luego de aquel encuentro? Y aguardé a que respondiera, prestando atención, toda la información que dijera sería útil y digna del más cuidadoso análisis.

-Por mi parte he estado pensando en metodologías...- dije a continuación de ella, sin interrumpirla, sino que esperando a que terminara de hablar. Bajé mi mirada al anillo de mi mano izquierda, jugueteando con este distraídamente. -Los espejos son siempre una buena herramienta, pero no te reflejas en ellos… no obstante, eso no significa que no podamos usarlos, toma algo de tiempo, sin embargo será útil y seguro- me fijé en Cratos, que en ese momento se levantaba para acercarse a mí en busca de cariño, demanda que respondí inmediatamente dejando que mis dedos se hundieran en el pelaje bien cuidado del animal. -De todos modos, podemos trabajar sin eso mientras tanto- le di unas palmaditas en la cabeza a Cratos y este volvió a recostarse junto a Zelo, que al parecer no se quería mover de la comodidad de su sitio. -¿Se te ofrece algo en este momento?- pregunté con la intención de atender cualquier necesidad antes de empezar.



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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Helena D. Corso el Dom Abr 10, 2016 10:44 pm

El aire del estudio, seco a causa de la chimenea encendida, se coló por su cuello, encajándose entre las hebras oscuras de su nuca y ocultándose entre las estrechas aberturas entre sus clavículas y la ropa. Atribuía aquella sensibilidad al calor a su reciente cacería, a la sangre humana que aún corría por sus venas, otorgándole tibieza y color a su cuerpo perenne. La peculiaridad de dichas sensaciones delineando los relieves de su piel radicaba en sus costumbres, puesto que solía privarse de tan exquisito elixir por varios días, semanas incluso, y en que el calor del fuego le había producido siempre desconfianza tentadora. Los colores vivos de las llamas la atraían sobremanera y su danza la seducía hasta poder reflejarse en sus ojos. Sin embargo, fuera de la enemistad natural entre el fuego y los inmortales, el resentimiento se apoderaba de ella, evocando, casi, la traición ocurrida siglos atrás.  

¿Sabía Robert que sus latidos lo delataban? Tras haber hecho la pregunta, los ojos de la inmortal se fijaron en el mago, estudiando su reacción, puesto que su rostro le ofrecería una respuesta más concreta y su cuerpo expresaría los detalles de su situación. No había, realmente, necesidad por contenerse. Helena tenía clara su intención al preguntar por la bruja escurridiza, tenía una aportación, y era preciso conocer las circunstancias para saber qué tal útil sería la información que planeaba revelarle. Una semana atrás, cuando aún el encuentro estaba siendo planeado, llevó a cabo una misión en compañía de un siniestro que le dejó como ganancia, además de la creciente confianza del titán de Heindel, un diario de viajes. Obtuvo el objeto tras asaltar un bergantín antes de que éste arribase a la costa. Y, aunque el interés en el texto se limitaba en el registro del capitán como traficante de humanos, encontró entre sus páginas información de una mujer desconocida con la que entabló conversación en los primeros días del viaje. Probablemente el primer testimonio que tendría acerca de la hermana de Robert, puesto que toda la información relatada con tinta dejaba sólo una posibilidad. No obstante, a juzgar por la reacción del mago, no parecía ser el mejor momento para hablar al respecto.  ― La fortuna se presenta en formas distintas siempre y tiende a cambiar según la perspectiva de cada uno. ― Anunció caminando con absoluta confianza hacia la chimenea, dándole la espalda al anfitrión que ahora aguardaba solitario en su sillón. Al detenerse a un par de metros frente al fuego, sacó del bolsillo oculto de su chaqueta el diario del capitán, revisando su contenido fugazmente como si lo hubiera tomado de la colección de Robert. ― Si llegara a tener por tierra segura a Arcadia, no demoraría en cumplir mi parte del acuerdo. ― Finalizó colocando el diario sobre la repisa de la chimenea. El calor del fuego arañaba su piel sin infringirle ningún daño. Era, extrañamente, un dolor placentero, nostálgico.

Se giró su cuerpo a fin de encontrar con la mirada a los dos perros, cuyo olor, si bien lo percibió desde antes de adentrarse al estudio, le resultó lo bastante habituado a la estancia como para considerarlos parte de ella. ― No me molestan en lo absoluto. ― Concedió al mago con una suave curva en sus labios. Probablemente eran los mismos canes que llevó a Bran el día que lo conoció, y, en realidad, parecían demasiado tranquilos como para reparar en ellos.

No realmente. ― Respondió sin moverse de su sitio, aunque le apetecía caminar a lo largo del estudio, ver la clase de libros que dormían tranquilamente en los estantes y conocer la edad de la habitación a través de las molduras en las paredes. ― Nadie parece saber a quién pertenece la residencia que conociste en Bran, ni siquiera el hombre que vela por ella, quien asegura que la propiedad siempre ha estado ahí en las mismas condiciones. ― Los métodos poco convencionales, aunque infalibles, no parecieron rendir sus frutos aquella ocasión en la que se dedicara a buscar respuestas. ― Y, como lo mencioné aquel día en la biblioteca, no parece estar nunca. Da la impresión de que esta persona no existe en realidad, aunque eso haría las cosas más interesantes.  ― Concluyó con una sonrisa de ironía en su rostro, pese a que todo pareciera tener más sentido de aquella forma. Y si no era un señor vampiro el que pusiera semejante red de engaños en Bran y a lo largo de Pandora, alguien más debía ser, incluso ella misma.

Lo escuchó con suma atención. Le resultaba interesante que el hombre sacara a tema los espejos y que los considerase como una herramienta útil para el proceso. Se aproximó un poco más hasta donde se hallaba sentado y lo miró como si con ello consiguiera más información al respecto. ― Interesante. ― Murmuró mientras desviaba sus pasos hacia la whiskera y se tomó la libertad de servirse un poco del líquido ámbar en un vaso. Le fascinaba el olor del whisky, tanto que tenía la impresión de que aquella bebida le facilitaba aún más evocar sus experiencias en Pandora. ― El primer espejo que vi en Pandora fue capaz de reflejar mi imagen y desde entonces me pareció que todos los demás harían lo mismo. Ignoro el motivo e insinúo que lo hay, puesto que muchas cosas han demostrado tenerlo hasta ahora. ― Relató con suma naturalidad tras haber dado el primer sorbo a su bebida. ― Está en Bran, en la misma propiedad en la que nos vimos la última vez. ― Era curioso que, a esas alturas de su vida en Pandora, aún existieran cosas que la ataran a la región de los inmortales pese a sus deseos de jamás volver a ella. Parecía que todo había sido cruelmente planeado. Le dedicó una sonrisa al mago por tercera ocasión ante su última pregunta. ― No, gracias, estoy bastante bien por ahora.




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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Vie Abr 15, 2016 11:20 pm

Mantuve mis ojos sobre ella, escuchándola y reteniendo los detalles de sus palabras mientras me adaptaba a la idea de que la tendría aquí en casa por algunos días. Pocas veces recibo visitas así, suelo mantener este lugar lo más solitario posible con la intención de que todo esté en orden y bajo control, pues siempre he asociado mi propio hogar a mi propia cabeza; todo lo que aquí habite, necesariamente está dentro de mi mente, sea temporal o permanentemente. Reflejar mi interior en algo físico y palpable siempre me ha sido útil y me otorga control casi absoluto sobre mí mismo. Y el hecho de que la vampireza esté aquí y que yo haya pedido encarecidamente que nadie más pusiera un pie aquí, no es más que la proyección del trabajo interno que he hecho desde que regresé a la mansión esta tarde. Ella y solo ella, la totalidad de su esencia, lo que su existencia implica y las circunstancias que explican lo que es y cómo es.

Me llamó la atención que mencionara a Arcadia de ese modo, como si de alguna u otra forma estuviese ligada a ese lugar. ¿Por qué razón, si Anabelle se resguardaba allí, ella procedería? Era interesante considerando que ella era vampireza y esa tierra pertenecía a los licántropos, aunque de todos modos ella era en sí bastante singular dentro de los de su especie, sin embargo no dejaba de ser curioso. -No solo tú eres un misterio, sino que también todo lo que te rodea, parecieras estar envuelta en una nube difusa- acoté valiéndome de lo que ella acababa de decir respecto a la residencia de Bran -La esfera que te rodea es densa y es imposible ver a través de ella… no basta con solo querer ver lo que hay en el centro- me incorporé cuando ella se acercó a la mesita donde estaba la whiskera y, cruzando los brazos tras mi espalda, comencé a caminar lentamente por mi estudio -Y lo más interesante de todo es que… las cosas aparentemente complejas y rebuscadas, tienen respuestas simples, en ocasiones están a simple vista. Somos nosotros los que, queriendo o no, voluntaria o forzadamente, no deseamos verlas y es necesario, ¿qué sentido tendría que todo fuera tan fácil?, ¿de qué valdría vivir si todo está a la mano? No podríamos valorar absolutamente nada y viviríamos sin pensar, sin comprender, como animales de granja… dependientes y sin autonomía- me detuve junto a mi escritorio, ubicado sobre una plataforma. Me apoyé en este y me crucé de brazos, mirando hacia donde ella se encontraba.

-He estado pensando respecto a lo que sucede contigo y he buscado la parte positiva, algo que sirva para darle a este proceso una motivación extra. En un comienzo pensé que tu situación era lamentable, victimizándote inconscientemente, cayendo en un gran error- ladeé la cabeza e hice una pausa por unos segundos para ordenar las ideas que ya habían pasado por mi cabeza -¿Qué tal si la intención del responsable no fue dañarte sino que darte una oportunidad?, ¿qué tal si este proceso te hace comprender lo que finalmente vamos a encontrar? Es complejo… tu pasado inevitablemente establecerá los cánones de tu futuro. Quizá estás destinada a algo que en aquel entonces no podías comprender y por eso se te privó de aquello que es tuyo por derecho- y el solo hecho de pensarlo era agotador, porque era tremendo y sumamente pesado. -No se trata de hacer hipnosis o jugar con bolas de cristal, sino que de comprender y analizar detalle por detalle, ir de nudo en nudo hacia atrás, desatando cada uno sin saltarse ninguno. Nada ha desaparecido, todo está en tu cabeza, en lo que piensas, lo que haces y dejar de hacer. El cuerpo responde al consciente y al inconsciente. Aparentemente nosotros olvidamos, pero nuestro cuerpo no, los músculos están condicionados y tienen su propia memoria, ¿alguna te has detenido a analizar por qué reaccionas de una manera puntual ante una situación específica? Hasta el gesto más insignificante de nuestro rostro tiene una explicación… todos sonreímos, sí, pero cada quien lo hace de un modo distinto y la explicación va más allá de la mera constitución anatómica- giré sobre mis talones, dándole la espalda y acercándome al ventanal que estaba tras el escritorio.

-Quiero pensar, y me gustaría contagiarte con esto, que aquello oculto, fue escondido por una buena razón… y no para quedar en el olvido para siempre, sino que para ser invocado en el momento adecuado, cuando el destino juntara los elementos necesarios- miré el reflejo de la estancia en el cristal, pero ella no estaba allí, como esa vez frente al espejo de esa sala llena de trofeos. -Aunque por supuesto que eres libre de creer lo que tú quieras respecto a esto, yo soy alguien completamente ajeno y saco conclusiones a partir de mis propias experiencias, trato de explicarme las cosas para que me hagan sentido, para trabajar mejor. Pese a que las cosas pueden ser muy simples, intento no ser simplista, prefiero pecar de exagerado a dejar algo fuera de mi espectro- chasqueé la lengua y respiré hondamente, guardando silencio. Había hablado demasiado, aunque había sido necesario.



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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Helena D. Corso el Miér Abr 20, 2016 12:28 pm

Lo miró de soslayo cuando el mago dio inicio a lo que resultó ser un largo discurso. Y, ciertamente, él estaba en lo cierto. Su pérdida de su pasado no era la única rareza que experimentaría en Pandora, sino cada una de las pistas que iba recopilando a lo largo de su estancia en la isla, tesoros que hallaba en los lugares más inesperados, en aquellos sitios que se había negado rotundamente a explorar o a otorgar demasiada importancia. Valtesi, por ejemplo, que era el poblado en donde los novatos iniciaban sus trayectos y en donde los humanos pretendían rehacer sus vidas, no parecía ofrecer mucho, pero lo hizo. Colocó a la vampiresa frente a frente con un humano que había compartido años de su vida con ella, que la conocía bastante bien y que presumirla haberla conocido en los años antes de que ambos fuesen enviados en Pandora, que esa condena era lo que había dividido sus caminos. Sin embargo, el hombre, al que conoció como Zeughaunn o Ejnar –según afirmaba él, era la única que lo llamaba por su segundo nombre–, nunca accedió a compartir con ella más información, aunque ese encuentro los encarriló de nuevo en el mismo camino. Por otra parte, estaba el fragmento del tríptico, hallado en una tienda de antigüedades en Valtesi. La dueña, mujer de carácter difícil, jamás había despertado el interés de la inmortal hasta que cierto día Zeughaunn le insinuara que había entre sus tesoros algo de su particular interés. Y después Bran con las joyas y las cartas que encontró. Intuía, además, que alguien, quien fuera que estuviera trazando el destino de la mujer, seguía bien sus pasos, puesto que el collar que se exhibía en el estante era, ni más ni menos, el mismo del que se había deshecho tras un particular encuentro en Valtesi, nada digno de recordar.

Siguió con la mirada, por lo tanto y con gran interés,  la trayectoria de Robert a lo largo del estudio, como si observarlo todo el tiempo le ayudara a escucharle mejor, a memorizar bien cada palabra que salía de su boca. Y conforme avanzaba su discurso, iba acumulando sus respuestas, meditándolas y paladeando cada posibilidad como si cada una fuera la definitiva. Entrecerró los ojos al escuchar las opciones que le planteaba el mago, buscando, con algo que rosaba la insensatez, el lado positivo de la condición de Helena. Había, entonces, que poner sobre la mesa todas las cartas que se tenían en mano, tenía que vaciar todos sus conocimientos para que él los tuviera también. Por lo menos podía coincidir en algo.

Cuando éste hubo terminado de hablar, permitió que el silencio se acomodara entre ellos durante escasos segundos, como si buscase asimilar todo cuanto escuchó de él. ― En Pandora no hay piedad para nadie, seguramente sabes eso también. Por lo tanto, no me cuesta trabajo pensar que todo esto tenga una buena razón, que, en efecto, se tiene la intención de que recupere mi pasado en el momento adecuado, pero no para brindarme una oportunidad. ― Replicó al tiempo que devolvía el vaso vacío a la whiskera. ― Y no considero la opción de protegerme de algo que pasó, algo que era mejor olvidar, porque Pandora está repleto de objetos que, si bien no logran evocar ningún recuerdo en mí, mi cuerpo los reconoce de alguna manera. ¿Y si es por el bien de alguien más? ¿Mera conveniencia? Eso te daría razón en el aspecto de que todo es más simple de lo que parece, pero, naturalmente, nacerán otras preguntas y habrá otros puntos que deberán ser resueltos. ¿Y si hice algo que ameritara confinarme a Pandora sin memoria a fin de evitar más riesgos? He vivido un poco menos que el titán de los vampiros, por lo que tampoco puedo descartar la posibilidad de que tantos años hayan alterado mi mente. El último lustro de mi vida parece el más significativo, si me lo preguntas, y tal vez haya testigos por ahí de mi propia existencia. ― ¿Por qué no los habría? Si lo que decía Robert era cierto y que el pasado establece el futuro, la mujer seguramente se habría relacionado con los secretos del otro mundo, habría sido lo suficientemente activa como para resaltar entre humanos y no humanos. Quién sabe. Todo parecía más complejo conforme más pretendía acercarse a la cuestión del pasado.




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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Miér Mayo 04, 2016 9:04 pm

La escuché con la misma atención que ella me brindó cuando era yo el que hablaba y reparé en cada oración analizando posteriormente la globalidad de su discurso. Agaché la cabeza torciendo una sonrisa para luego mirarla de reojo y percatarme que, aún cuando no se reflejara en el cristal de la ventana, engañándome como si fuese tan solo una voz en mi cabeza, ella estaba efectivamente allí. -Pues hay un punto en todo lo que dijiste que me hace porfiar en lo que yo acabo de compartirte… “¿Y si hice algo que ameritara confinarme a Pandora sin memoria a fin de evitar más riesgos?”- dije citando aquella pregunta tal y como ella la había formulado -De ser así, ¿por qué razón hay tantos elementos sueltos por Pandora y en la residencia en la que moras que evocan algo en tu mente? Si alguien hubiese querido efectivamente negarte el recordar, esta isla no tendría nada tuyo, ni el más mínimo vestigio de tu pasado, no obstante, no es ese el caso- pero por supuesto que esa era una hipótesis dentro de millares, ¿quién me aseguraba que no había una tercera persona involucrada en todo esto? Suspiré y giré sobre mis talones para observarla desde donde estaba, luego me senté sobre mi escritorio, subiendo tan solo una pierna y dejando la otra extendida como apoyo sobre el suelo.

-Pero cambiando de tema, al menos por unos momentos, hay algo que me tiene sumamente intrigado. Es interesante que, esta segunda vez que nos vemos y aún luego de habernos comunicado por cartas, yo siga ignorando tu nombre o al menos una parte de él, ¿existe alguna clase de mérito que deba hacer para conocerlo?- sonreí con cierta picardía por breves segundos y crucé mis brazos, ladeé la cabeza y mantuve mis ojos en ella, en su totalidad. -Siquiera un sobrenombre… alguna manera por la cual llamarte, algo que haga que esta relación sea un tanto más estrecha, considerando que voy a entrar en terrenos bastante íntimos aún cuando sea de un modo profesional. ¿No lo crees?- y esto último era bastante cierto, independiente del tipo de relación interpersonal que terminara forjando con ella (desde la completa diplomacia, hasta una excelente amistad), conocer lo básico era más que necesario para ahondar en temas profundos y complejos. El nombre era eso que nos hacía parte del mundo, no hay criatura racional en el planeta que no posea uno, incluso en el mundo espiritual, los seres tenían cada uno sus nombres propios, pues eso les otorga cierto grado de reconocimiento e importancia, aunque sea mínima.

Y aunque había desviado el tema de conversación, no podía dejar de pensar en lo que ella me había dicho respecto de un espejo ubicado en su residencia en Bran, uno que tenía la capacidad de reflejarla pese a su condición y esto no hacía más que despertar mi interés. estaba al tanto de mitos respecto de objetos como aquel que eran capaces de devolverle la imagen a un vampiro, mitos con buenos fundamentos y teorías que explicaban cómo hacer uno a partir de un espejo común y silvestre. En lo personal jamás he hecho uno, mas pretendo hacerlo y es actualmente una de mis opciones más probables para usar con mi invitada en la labor a la que me había comprometido. Por supuesto que si tenía la oportunidad de volver a aquella mansión en el territorio de los inmortales, una de mis actividades sería conocer aquel objeto y estudiarlo de cerca, claramente era un artefacto mágico y como tal, era de mi absoluta incumbencia.

-Ah, sí… bueno, pese a que dijiste que no me preocupara por adaptar una habitación para ti, con todo lo necesario, me gustaría mostrarte el lugar al cual puedes retirarte cuando lo estimes necesario o conveniente- me bajé del escritorio y descendí los pocos escalones del desnivel para caminar hacia la salida de mi estudio. -Si gustas acompañarme… así aprovechas de familiarizarte con la casa, hay muchas cosas que quizá puedan interesarte y eres libre de explorar todo lo que quieras, tanto fuera como dentro- abrí la puerta y le hice un gesto educado con la mano para que me siguiera. Había procurado asignarle la más apartada y una de las mejores que tenía para visitas. Solían utilizarla mis padres cuando venían (rara vez) y el resto del tiempo hasta yo la ocupaba, no para dormir, pero sí para pasar largas tardes completamente ido con la vista fija en el techo mientras dejaba que mi cabeza diera cuantas quisiera. Era un buen dormitorio… no mejor que el mío, pero el segundo en la lista.



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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Helena D. Corso el Miér Mayo 04, 2016 10:23 pm

Se mordió el labio inferior, meditando en las palabras del mago según las iba pronunciando. Volvían a lo mismo. Había un sinfín de posibilidades y aquella que había seleccionado el mago para repetir era la misma que ella se había dedicado a refutar y que, al formularla, la tenía por menos probable. Se inclinaba más, sin embargo, por la posibilidad de que hubiera alguien detrás de todo aquello. Pero… ¿y si era todo, en realidad, una mezcla de cada hipótesis? ¿Qué tan probable era que, además de estar jugando a favor de un desconocido, hubiese llegado a Pandora por sus terribles actos? Si había sido un peligro en el mundo de los humanos, ella, una inmortal de casi quinientos años, era una bomba de tiempo en Pandora y, al detonar, podía llegar a afectar en mayor medida. Y Robert tenía razón, el hecho de que hubiese objetos regados por toda la isla, era muy probable que ese alguien involucrado hubiese planeado cada paso que la mujer había dado hasta ahora. ¿Sería también parte de ese plan el estar en Baskerville tratando de recuperar lo que le pertenecía? Llevaba tiempo, desde antes de conocerlo a él, con aquellas preguntas merodeando entre sus pensamientos, aunque jamás les había otorgado la suficiente importancia como para apartarse de sus ocupaciones durante unos días.

Su mirada había recorrido lentamente el estudio, más enfocada en la nada que a los objetos en sí, y, cuando el castaño decidió cambiar de tema, desvió toda su atención a él con renovado interés. Cada tema que se tratase debía tener toda su atención, no podía compartir sus pensamientos con cada cosa, pero al conocer la naturaleza de ese nuevo tema del que hablaba el mago con suma tranquilidad, sonrió. No se había percatado de que el mago seguía sin conocer su nombre, había pasado por alto que lo había reservado para sí misma, además de que ninguna de las cartas que había redactado hasta el día presente habían sido firmados con tinta, sino con un sello que estaba lejos de revelar tal información de la mujer. ― Lo creo. ― Le dio la razón dejando escapar una risa suave. ― Tengo por costumbre no presentarme y permitir que se me asignen sobrenombres para dirigirse a mí, de modo que he olvidado compartir mi nombre contigo. Por otra parte, también hay un mérito para adquirirlo, pero me parece que ya has hecho lo suficiente para conocerlo. ― Consideraba demasiado pronto aún, quizá hasta innecesario, el explicarle la razón por la que prefería reservar su nombre a una sola consciencia, que era la propia, y que, por tanto, no se trataba de ninguna ingenuidad, que no se había olvidado simplemente de hacerlo. ― Mi nombre es Helena. ― Otorgó con la mayor de las confianzas, como si estuvieran conversando por primera vez y aquella presentación fuera oportuna y natural. Perséfone y Della figuraban entre aquellos seudónimos de los que había hablado, pero sentía mayor inclinación por utilizar su verdadero nombre con él, no porque mayor importancia que el siniestro que había decidido bautizarla con un fragmento de su nombre, sino porque Helena comenzaba a perder veracidad como nombre, convirtiéndose poco a poco en una posibilidad poco probable, en un sobrenombre más.

De nuevo, la conversación daba un giro. Cada vez estaban más alejados del tema que la había plantado en la mansión, pero no le resultaba en lo absoluto molesto. En realidad, a Corso le agradaba la manera en la que se estaban dando las cosas, sin prisa alguna, sin presión por obtener pronto los primeros logros, puesto que, gracias a Robert, aquellos minutos que llevaba en su morada habían sido más fructíferos que el año que llevaba investigando en las bibliotecas. Aceptó acompañarlo por medio de una sonrisa y siguió sus pasos según iban abandonando la estancia. ― Me advertiste que lo harías de todos modos, lo recuerdo. ― Anunció al tiempo que atravesaba el umbral de la puerta. Tenía que aceptar que la posibilidad de explorar aquella mansión le resultaba de lo más tentadora, aunque el hacerlo clandestinamente representaba una tarea aún más interesante. Cuando menos, teniendo el permiso del propietario, contaría con la oportunidad de conocer más a detalle todas las cosas que llamaran más su atención y, ciertamente, cada rincón del lugar lo hacía.

Si algo le ayudó a saber qué tan grande era aquella propiedad, fue el tiempo que demoraron en llegar a la habitación. Durante el camino había grabado en su mente los primeros lugares que deseaba explorar, pero, tan pronto se abrió ante ella la puerta de la recámara destinada a ella, sintió un enorme placer colarse por sus ojos, dilatando sus pupilas en el proceso. Tal y como había dicho en Bran, los espacios de Baskerville tenían un encanto difícil de equiparar y la veracidad de sus palabras estaba fundamentada en cada centímetro de la habitación. El abundante rojo la seducía y resaltaba la blancura de su piel, puesto que sus labios siempre de un vivo carmín que hacía juego con el mar de sangre que se estampaba en el papel tapiz y en el resto de la decoración. Se volvió hacia al mago con satisfacción. ― Estoy sin palabras. ― Confesó tomándose la libertad de adentrarse a la estancia y explorarla un tanto más con la mirada. Estando ahí, en el centro, se le antojaba llevar puesto un vestido blanco y sencillo, tan solo para prolongar la blancura de su cuerpo hasta el suelo, otorgándole un aire delicado a aquella dama que mataba sin piedad.




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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Miér Mayo 04, 2016 11:17 pm

Helena… era un bello nombre y hacía mucho tiempo que no lo escuchaba. Debía admitir que le venía muy bien, hacía juego con todo lo que ella era. Por el momento el puzle superficial de Helena estaba completo, un rostro, un nombre. Tan solo respondí con una sonrisa cuando ella contestó y finalmente salimos del estudio para dirigirnos allá donde le había sugerido, manteniendo un silencio casi respetuoso mientras avanzábamos por los pasillos luego de haber subido a la segunda planta por la escalera principal ubicada en el recibidor, una escalera cuya majestuosidad había sido intencionada. Nada en mi hogar existe solo por existir, todo tiene un significado y una razón de ser. Le di espacio y tiempo para que observara todo mientras caminábamos, no me molestaba en absoluto que sintiera curiosidad por las cosas que yo poseía, no había nada allí que tuviera que ocultar, pues todo lo realmente secreto está en mi cabeza y solo un buen mago entrenado podría tener acceso a lo que guardo celosamente en mis neuronas.

No puedo olvidar los primeros años en los cuales decidí edificar esta mansión en este terreno que conseguí por mérito propio, se me preguntó la razón por la que había decidido hacerla tan grande cuando solo era yo el que la habitaba y la explicación no tiene mucha ciencia… simplemente me gustan los grandes espacios, me gusta la arquitectura y ocasionalmente suelo dar fiestas para las asociaciones de magos oscuros, aquellas que tienen convenios con el círculo al cual yo pertenezco. Me considero alguien con buen gusto y alguien a quien le gusta vivir en plenitud independiente de lo que pueda o no decir o pensar el resto de mí. Se dice que soy arribista y que conozco el mundo desde una perspectiva irreal, poco aterrizada y sesgada por la crianza que recibí y puede que así sea, pero, ¿qué me importa? Tuve buena suerte gracias al esfuerzo de mis padres y, además, fui bien estimulado para mantenerme dentro del estrato, nada de lo que tengo me ha sido regalado.

Y son reacciones como la que tuvo Helena las que me hacen sentirme orgulloso de lo que poseo. Sonreí ante sus palabras y asentí una vez con la cabeza como gesto de comprender absolutamente por qué dijo lo que dijo. No hay que ser un experto en decoración para darse cuenta de que esta habitación era una maravilla. No me había equivocado al escoger esta para ella, pues cuando ingresó para observarla un poco mejor, me di cuenta de que parecía prácticamente hecha a su medida, el contraste era perfecto. Me apoyé en el marco de la puerta y me crucé de brazos -Sabía que iba a ser de tu agrado y pues… aquí encontrarás todo lo básico que puedas llegar a necesitar. Cuentas con un baño privado… la tina es bastante grande, además de cómoda- y podía decirlo con toda propiedad, la había utilizado unas cuantas ocasiones para relajarme y había dado resultado -Altamente recomendable de usar- reí un poco y entré al dormitorio para dirigirme al ventanal de dos puertas. Descorrí las cortinas y abrí para revelar un pequeño balcón que daba hacia el terreno posterior, una extensa área verde con macizos de plantas y arbustos bien recortados. Justo debajo de este balcón, se encontraba la terraza, decorada en su centro por una pileta de mármol que en esos momentos estaba funcionando, regalándole al silencio de la noche un suave ruido de agua que a oídos de cualquiera más que molesto, es sumamente relajante.

-Mi habitación está justo arriba de esta… es un tercer piso más pequeño. Puede que me encuentres allí si en algún momento me necesitas. En ocasiones permanezco allí y no bajo a mi estudio pues tengo un escritorio arriba también- me encogí de hombros y me apoyé en la baranda de concreto, dándole la espalda al paisaje, cruzándome de brazos y mirando hacia dentro de la habitación. -Por supuesto que si quieres leer algún libro, puedes entrar a mi estudio con toda propiedad y tomar el que sea de tu interés, tengo tantas colecciones como te puedas imaginar- aunque por supuesto que nada se comparaba a la biblioteca de Bran, pero tenía lo necesario y más… para el ocio y para alimentar la mente con conocimiento.



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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Helena D. Corso el Miér Mayo 11, 2016 12:13 pm

Deseaba devorar con la mirada cada centímetro de aquella estancia, memorizar en ese preciso instante cada matiz del perfume que reinaba ahí dentro, los colores que la hechizaban en cuerpo y alma, hasta que la sensación de saberse desconocida desapareciera. Se deleitaba en su primera interacción con la alcoba, consciente de que aún había más por descubrir, que ese lugar era tan sólo una centésima parte del universo que el mago disponía confiadamente ante ella. Fue entonces que concluyó que cada habitación de la residencia tendría su encanto individual. Ya había conocido el recibidor y estudio, ambos con sus respectivas peculiaridades que lograban capturar, en menor o mayor medida, la atención de la vampiresa. Figuraba, por lo tanto, entre sus planes conocer también el lugar en donde el castaño se había dedicado a tocar la melodía que la recibió a su llegada. Las notas comenzaban a repetirse, a hacer eco dentro de su mente a medida que sus pasos curioseaban en la habitación, llevándola poco a poco a cada lugar que se le antojase. Quizá, si tenía suerte al encontrar el piano, consideraría pedirle al mago que tocase para ella. Y la razón era simple: Pandora sólo había mostrado su peor cara. El arte era escaso y la belleza sólo encarnaba en rostros mortíferos, en figuras portadoras de la muerte.

Aceptaré la recomendación. ― Anunció con una sonrisa en los labios, girándose levemente a fin de mirar a su anfitrión. No siguió su trayectoria, sin embargo, cuando ése se desplazó de un lugar a otro. Helena continuaba observando la habitación, deleitándose ante cada detalle que encontraba nuevo.

Erróneamente, había dado por hecho de que nada de lo que veía o escuchaba era suficiente como para traer recuerdos a su cabeza, por lo que no esperó que, en medio de su contemplación, algunas imágenes de su pasado taladraran su mente. Detuvo sus pasos con suma tranquilidad, atendiendo discretamente a aquellas secuencias que la colocaban en un pasillo estrecho, en donde las piedras toscas que lo componían hablaban de su antigüedad, de su carácter secreto e íntimo. A juzgar por la sensación que ese recuerdo sembró en ella, llegó a suponer que siglos atrás había tenido la oportunidad de sentir tal admiración por los espacios desconocidos y su mente trataba de advertirle que no confiara nada más. A Corso no le importó, naturalmente. Era un simple recuerdo, imágenes que no le resultaban sino ajenas a sí misma, incomprensibles. No había razón para sentirse confinada, pero sabía que aquella memoria se volvería aún más frecuente. En ocasiones realizaba el mismo recorrido en sueño. Algunas veces encontraba una pira ante ella, en otras el final era inexistente.

Se giró nuevamente hacia su anfitrión, esta vez para mirarlo de frente, escuchando sus indicaciones. Inconscientemente, los ojos de la inmortal se dirigieron al techo, como si buscaran conocer a simple vista lo que había más allá de aquella losa, para después centrarse en Robert una vez más. Posteriormente, caminó hacia el balcón, deteniéndose frente al balaústre, contemplando en silencio el paisaje, estudiando el jardín, la terraza y deteniéndose en la pileta. ― Gracias, Robert. ― Dijo al cabo de unos segundos, habiéndose girado hacia él una vez más, con una solemnidad tranquila, un sutil formalismo que buscaba transmitir su gratitud por las muchas consideraciones que el hombre había tomado para recibirla. Le gustaba, además, pronunciar aquel nombre, pues se le figuraba que con ello era posible resumir en una sola palabra la infinidad de secretos que daban forma al hombre, el mar de conocimiento que se encontraba en su cabeza. ― Me gustaría saber, si es que mi curiosidad no resulta inoportuna, si tenemos planes para esta noche y cómo nos organizaremos los próximos días. ― Inquirió con la certeza de que su proyecto en curso demandaba una clara organización en las horas de trabajo y que el mago, consciente de ello, se había tomado la libertad de estructurar su agenda según las actividades que considerara necesarias para cumplir con los objetivos de la visita. Eran pocos días en comparación a la meta que ambos se planteaban alcanzar, mas no había señal alguna de impaciencia en la voz de la mujer, sino una entera disposición a facilitar el trabajo según el ritmo del castaño.




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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Sáb Mayo 14, 2016 3:08 am

Sonreí ante su agradecimiento y la miré fijamente haciendo un leve gesto con mi cabeza, inclinándola un poco -Es lo mínimo que puedo hacer, no puedo dar menos que esto- respondí. Mantuve mis brazos cruzados y así mismo conservé la leve sonrisa en mi rostro. Luego escuché su inquietud respecto de los planes y el modo en el que íbamos a proceder ahora que ésta reunión se había concretado. Naturalmente, era algo que debía informarle, pues éste trabajo era en conjunto, yo no era un director, no estaba por sobre de ella, pues yo desconocía su mundo interno casi por completo, así que era imposible dármelas de capitán del barco. Me acomodé un poco mejor desde mi posición y ladeé la cabeza desviando mi vista hacia el jardín. Quizá no podríamos hacer mucho en esta primera oportunidad, pero al menos dejaríamos las puertas abiertas para que poco a poco las cosas fueran aflorando, estando trabajando en conjunto o no.

-Esta noche debes desocupar tu cabeza. Sea lo que sea que debas hacer o sea lo que sea que te preocupe, debe pasar a segundo plano. Solo cuando te sientas en relativa paz, podemos entrar a tus memorias. Iremos de a poco. Quizá ocupe algo de hipnosis, puede ser útil para recuerdos relativamente recientes. Utilizaré primero recursos psicológicos y dejaremos la magia para cuando lleguemos al tope. Me dará tiempo para conocer qué recursos son más efectivos contigo. Pero será paso a paso, podría llegar a agotarte o a abrumarte, algo que no deseo en absoluto. No es la idea que salgas de aquí con la cabeza vuelta un caos que no puedas manejar- hice una pausa y volví a mirarla. Esperaba que esa metodología fuese de su agrado y que no la considerara una pérdida de tiempo, porque yo me había tomado varias horas para pensar en cómo debíamos comenzar para asegurar un progreso exitoso.

-Todo lo que hagamos, será en mi estudio, bajo ninguna circunstancia ocuparemos esta alcoba porque aquí es donde vas a descansar. Cada vez que abramos un recuerdo, lo vamos a cerrar posterior al análisis que le realicemos y a medida que vayan apareciendo, los vamos a enlazar como eslabones para formar una cadena. Es así como funciona. Encontraremos causas y sus respectivas consecuencias, pero llegará un momento en el que solo encontraremos de lo segundo y ahí radica la importancia del orden y las correctas asociaciones- informé luego para dejarle una sensación de tranquilidad solo en caso de que, aunque fuese en un grado mínimo, le preocupara la idea de que mi intromisión hiciera alguna clase de estrago de duración indefinida en su cabeza. Y bueno, si es que estaba completamente tranquila, serviría tan solo como información útil. -Me gustaría dejar el atardecer y las noches para trabajar… de ocho de la tarde a ocho de la mañana, de manera tal de poder descansar y de dejarte tiempo disponible para lo que desees hacer. Doce horas productivas y doce horas libres, creo que es un buen equilibrio- por mi parte iba a cansarme bastante y iba a requerir, como nunca, bastantes horas de sueño y mientras yo hacía eso, si ella así lo prefería, podía pasearse por toda la casa o incluso salir y recorrer el exterior; los jardines, el establo y el invernadero.

Hice una pausa, ahora girándome para poder ver el paisaje desde allí, al menos lo que lograba verse y luego la miré de reojo -¿Tienes alguna objeción o sugerencia? Quizá mis planes parecen demasiado relajados o tal vez muy ambiciosos. Me interesa saber lo que tú piensas y crees adecuado según tus ritmos… al final, tú te conoces a tí misma y sabes cómo reaccionas, por lo tanto, sabes lo que es conveniente para ti. Esto que haremos gira completamente en torno a tu persona, así que cualquier arreglo o modificación que desees hacer, se hará- comenté cediéndole gran parte del control en esos momentos, pues incluso tenía el derecho de cancelarlo todo y marcharse si no le parecía adecuado o satisfactorio.



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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Helena D. Corso el Mar Mayo 24, 2016 6:00 pm

Guardó silencio conforme el mago respondía a su pregunta. Le alegraba saber que aquel hombre era tan metódico como ella podía llegar a serlo, que tenía especial cuidado en las consecuencias y era plenamente consciente de cuándo los resultados podían calcularse y cuando quedaban al azar. Otro punto a su favor, y algo que facilitaba en gran manera que Helena confiase en él, era que su forma de hablar delataba a un acérrimo enemigo del fracaso, que la seguridad en sus palabras pertenecía a un hombre sabio y no a un charlatán.  Confiaba en que, cualquiera que fuera a descubrir en su memoria, no se echaría atrás. Un hombre tan curioso como la inmortal no era fácil de intimidar y, en esos tiempos, no era sencillo encontrar personas como él.

Asintió suavemente con la cabeza ante esa primera pausa, sin decir ni una sola palabra que pudiese interrumpir un monólogo que aún no terminaba. Lo había escuchado con suma atención y habría sido capaz de recitar lo dicho palabra por palabra si así se le hubiera requerido. Ese simple asentimiento bastaba para transmitirle al castaño que estaba dispuesta a tomarse el tiempo para despejar su mente y que estaba de acuerdo con la metodología que le proponía. No era difícil acceder, pues le parecía bastante racional y sensato. Fue un gesto solemne, tranquilo.

Era sabido que los inmortales destacaban por su gran resistencia física, por nunca agotarse aún después de largas y pesadas jornadas, además de que el dolor físico no era tampoco un problema del cual era preciso preocuparse. Por otra parte, daba crédito a la siguiente indicación del mago. Si bien no podía agotarse físicamente, la mente implicaba un punto débil para los inmortales al ser el sitio en donde se almacena toda la información recopilada a lo largo de los siglos, resultando en algo terriblemente abrumador para aquellos que llevaran más de un siglo de existencia. Helena tenía cinco y medio. Muchas vidas humanas, muchas experiencias, muchos secretos. Aunque no obtuvieran más que los atisbos de su extensa vida, el proceso no terminaba en el descubrimiento de las memorias, sino en la asimilación, en la conexión que debía realizarse con otras. No esperaba nada ordenado ni la buena disposición de su propia mente, así que, en efecto, cada sitio debía cumplir únicamente una función.

Volvió a asentir ante la organización de las horas de trabajo y las que estaban destinadas al descanso. La noche, dada su condición, era el mejor momento para dedicarlo al trabajo. Su mente estaría más despierta, más lúcida, más manejable. Durante el día, por otra parte, habrían tenido la dificultad que suponen las horas de sol. Doce horas de trabajo y otras doce de descanso era también razonable. Los días, además, eran muchos, ya tendría tiempo para dormir o para salir o quedarse.

Meditó durante breves segundos, buscando alguna pregunta que pudiese surgir o alguna sugerencia que pudiese proponer, y, al cabo de esos segundos, negó con la cabeza con la misma solemnidad y tranquilidad con la que había asentido esas dos veces. ― Me parecen razonables. ― Replicó. ― Acostumbro estar activa incluso en horas de luz, ya que no soy tan vulnerable al sol como otros vampiros. Sin embargo, no negaré que hay ciertos efectos que podrían entorpecer nuestro trabajo, de modo que me parece de lo más sensato trabajar por la noche. Doce horas me parece justo. ― Añadió al tiempo que analizaba el paisaje, consciente de que la mirada del mago se había posado sobre ella. ― De momento no tengo objeción ni sugerencia alguna, así que seguiremos lo que me has propuesto y, en caso de que surja algo, te lo haré saber.




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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Dom Mayo 29, 2016 10:39 am

-¿Hay algo que quieras hacer para entrar en resonancia contigo?- debíamos empezar pronto y aunque la primera labor que había propuesto sonaba simple, en realidad no lo era. Ninguna criatura pensante y racional podía simplemente dejar de pensar y enfocarse solamente en lo fundamental de sí mismo, porque el cerebro era una verdadera máquina imparable que ni aún al dormir dejaba de funcionar. Prueba de lo anterior son los sueños. -Quizá un rato a solas, un paseo por el exterior… es para lo único que no tengo metodologías, no todos se relajan de la misma manera- sonreí un poco y luego de haberla observado largamente por algunos minutos, entorné mis ojos hacia el mismo paisaje que ella miraba. No podía más que sentir orgullo por la gran vista del patio trasero, me había esforzado en que la totalidad de sus elementos conformaran un total armónico y agradable a la vista desde la perspectiva que fuera. Tener un gran terreno implicaba saber llenarlo sin dejar ningún detalle sin atender, algo que había aprendido de mi padre y de mi madre.

Guardé silencio y entonces recordé que ella había sacado una libreta cuando estábamos en mi estudio y esta estaba allí ahora, en la repisa de la chimenea. Apostaba a que no lo había dejado en ese lugar solo porque sí, algo interesante de mi incumbencia debía tener y eso significaba que debía revisarlo. -Te dejaré libre por el tiempo que requieras, estaré abajo. Cuando te sientas liviana, cuando te des cuenta de que tu cabeza solo está en el presente sin la contaminación de reflexiones del pasado y el futuro, ve conmigo y empezaremos- le comenté y sonreí levemente, dedicándole una mirada de reojo para finalmente entrar a la habitación y salir de allí rumbo mi estudio que se ubicaba en el primer piso. Cuando entré, me encontré a Cratos y a Zelo jugueteando como un par de críos justo en el medio de la sala, no pude evitar reír un poco, en ocasiones parecía que eran un par de estatuas y luego uno se pillaba con estas cosas.

Me acerqué entonces a la chimenea y me apoderé de ese elemento que Helena había traído consigo. Parecía una libreta de navegación, típicas de los marineros. La observé por fuera, estudiándola en detalle, tomándole incluso el olor, que terminó por confirmar su procedencia. La abrí o la hojeé desinteresadamente, nada digno de destacar, relatos breves, descripciones, tareas por hacer, puertos por visitar. Torcí una mueca, creyendo por instantes que quizá me había equivocado y que tal vez ella la había dejado en ese sitio solo por despojarse de ella por un rato. Sin embargo un nombre pareció resaltar, destacándose por sobre el resto de las palabras ‘Annabelle Schröder’. Sentí como si alguien me estrujara el corazón y como si mis pulmones hubiesen colapsado, ¿era real? Releí toda la página y me di cuenta que estaba ante una prueba fehaciente de que mi hermana andaba por allí deambulando, relacionándose con otros y buscando la manera de mantenerse a salvo. Allí decía que había pagado una suma de dinero considerable para comprar su silencio y no pude evitar reír -Pero no contabas con que lo anotaría, ¿no?- negué con la cabeza y me acerqué a mi escritorio para tomar algo con lo cual marcar esa página. Saqué además mi propio diario y anoté algunos apuntes respecto de ese escrito. Annabelle siempre había sido sociable y lo que leí era prueba de que lo seguía siendo… además de ser una estúpida ingenua. Según esto, planeaba permanecer en Zárkaros una larga temporada, aunque sin especificar la locación específica, sin embargo no era un detalle realmente necesario, podía barrer la ciudad puerto con diez hombres y encontrarla el mismo día. Me pregunto porqué no escogió Arcadia, es un sitio mucho más complicado y a la vez útil para fugitivos, pero daba igual. La cacería terminaría pronto y con esta, mi tormento.

Dejé esa libreta sobre mi mesa y fui por un vaso de whisky, necesitaba brindar por esto. Me aproximé a la chimenea y mis perros dejaron la jugarreta para venir a sentarse uno a cada lado de mi. -Todos los que han pecado sin conocer la ley, también perecerán sin la ley; y todos los que han pecado conociendo la ley, por la ley serán juzgados- murmuré y volví a torcer una sonrisa. Sabía que ella iba a cometer un error, siempre lo supe y ahora que había confirmado la veracidad de mi pensamiento solo me quedaba actuar. No podía cantar victoria aún, mas podía saborearla y rozarla con la yema de mis dedos.



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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Helena D. Corso el Jue Jun 02, 2016 10:41 am

Ladeó la cabeza ligeramente, sopesando la idea de perderse en el jardín durante unos minutos y permitir que la frescura del viento la embriagara hasta seducirla con sus caricias. Era una posibilidad realmente agradable y contaba con que, estuviese donde estuviese, tendría la oportunidad de gozar de la soledad y podría dejarse rodear por aquellos brazos que la gente común conocía como la puerta hacia la locura. Pero Robert estaba en lo cierto, debía estar sobria y centrada para poder comenzar a trabajar. — Y un método no siempre tiene éxito dos veces, aunque la soledad es infalible.  — Concedió mirándolo de soslayo. Aparte de ser una verdad bastante conocida por aquellos con la fortuna de haber experimentado las inconstancias de la vida, ella misma era plenamente consciente de que esa noche en particular tenía una espina de la que no se desharía con el mismo método de siempre. Así pues, esos minutos de libertad y soledad que el mago le ofrecía eran más que útiles. — Bajaré en un momento. — Le aseguró con una sonrisa en los labios antes de que el castaño se marchara probablemente a su estudio.

Sola, apoyó ambas manos sobre la repisa de la balaustrada que delimitaba el balcón. El concreto bajo sus manos era fresco, liso y ligeramente áspero. La brisa nocturna jugueteaba con su cabello, le acariciaba el rostro y el cuello, envolviéndola celosamente como si buscase acaparar la atención de la inmortal como antaño. El viento sabía que la mente de la mujer trataba de sofocar un recuerdo solapado, sabía que, más allá de Baskerville, se encontraban los territorios conquistados por sus funestas curvas, sabía que barajaba las posibilidades y que medía el tiempo. Helena estaba dividida en tres partes irregulares y lo habría estado de todas maneras, aunque le hubiese asegurado a su anfitrión que estaba despejada. Y ahora que era plenamente consciente de todos los pensamientos que invadían su cabeza, tenía que encontrar un método para no distraerse con las delicias que la noche le ofrecía y para dejar atrás aquello que acababa de ver.

Le dio la espalda al jardín, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos, pensando en ese pasillo que jamás la llevaría a ningún sitio. Normalmente ese recuerdo se marchaba rápidamente sin dejar huella, pero en esa ocasión no, porque Helena tuvo la ocurrencia de fijarse en él, de esperarlo y de atraparlo. Suspiró y se hizo a la idea de que no tenía sentido retenerlo sin saber nada más al respecto, en cambio, si se olvidaba de él podría recordarlo más adelante y comprender por qué era el único recuerdo que la asaltaba. Unos cuantos minutos transcurrieron así, en absoluto silencio y sin que nada más se moviera, a excepción del jardín, del cual emanaba un arrullo entonado por el viento. Así logró enfocarse en sí misma, bajo la certeza de que no hacía falta preocuparse por nada más. El futuro, por otra parte, lo había puesto en manos de alguien más y, por consiguiente, era algo que no podría controlar. Otra responsabilidad menos. Abrió los ojos, finalmente, y antes de marcharse miró por vez última el jardín.

Sus pies recordaron sin problema el camino hacia el estudio. Las cosas que había visto minutos atrás, camino a la habitación, tendrían la atención de la mujer al día siguiente. Desde el umbral del estudio pudo percibir el tenue olor a sal y a humedad invadir la estancia y el foco era, desde luego, el diario de viaje que había dejado en la repisa. Pero ya no estaba sobre la chimenea, sino en el escritorio. Sonrió ante la idea de que las hojas no necesitaron esperar mucho antes de revelar su contenido al mago. — Estoy lista. — Anunció adentrándose al estudio y lanzándole una mirada de complicidad al mago. Podía ver el nombre de su hermana danzar en sus ojos oscuros y eso no podía sino producirle satisfacción ante su propia eficacia.




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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Vie Jun 10, 2016 11:42 pm

Cuando la escuché, giré un poco la cabeza para mirarla y me encontré con cierto brillo particular en sus ojos, como si empatizara con ese momento que yo estaba viviendo en esos instantes y le dediqué una sonrisa ladina -Bien, entonces podemos proceder- dije chasqueando los dedos de mi mano derecha, acción que Cratos y Zelo comprendieron al instante, levantándose del suelo para abandonar el estudio. Prefería que no estuviesen allí durante las sesiones, pese a que jamás habían reaccionado negativamente ante mis prácticas, era mejor evitar cualquier interrupción. Muy seguramente subirían hasta mi habitación y se echarían en sus respectivos lugares.

-Necesito que te recuestes allí... - dije señalando el diván. era un mueble cómodo, con armazón de madera de Caoba, tallada a mano… un regalo de un contacto que tengo en la India, alguien con quien siempre consigo las hierbas que en Pandora  no existen, además del tabaco que suelo fumar. -Ponte lo más cómoda posible, puedes quitarte los zapatos, alguna cosa que pueda molestarte- me saqué la chaqueta junto con la corbata y subí las mangas de mi camisa. Después me dirigí al escritorio y de uno de sus cajones saqué un viejo reloj que heredé de mi abuelo, un elemento utilizado única y exclusivamente para la hipnosis, creado para eso y solo para eso. Las manecillas giraban en reversa cuando se utilizaba y ejercía sobre las mentes el efecto que se busca a través de la hipnosis.

-Voy a conectarme contigo, voy a establecer un enlace entre tu mente y la mía. Necesito ver lo que ves y sentir lo que sientes. Ambos saldremos de esta realidad, pero yo me mantendré un poco más consciente, solo un poco en caso de que deba interrumpir la hipnosis- me acerqué donde ella estaba y en el camino tomé una silla para poder sentarme junto al diván -¿Tienes alguna pregunta antes de que comencemos?- jugueteé cuidadosamente con el reloj entre mis manos y ladeé la cabeza. ¿Con qué cosas me encontraría? La miré fijamente a los ojos, como si quisiera ver a priori alguna cosa que respondiera a mi pregunta, sin embargo no encontré nada… algo de esperarse, por supuesto.

El hecho de haber leído aquel diario y de haber encontrado aquella importante pista, me hacía sentir más liviano para esta sesión y eso me exigía hacer mi trabajo correctamente, ella me había brindado una gran ayuda solo con eso y, por ende, yo debía devolverle la mano con algo equivalente, así que esto debía funcionar sí o sí, fallar no era una opción, no había segundas oportunidades, pues ella me había cumplido a la primera. De todos modos, el hecho de que ella estuviese lista (y confiaba en que efectivamente era así), aumentaba casi al ciento por ciento las probabilidades de éxito en la hipnosis, considerando que ella era diferente a cualquier otra mente que yo haya hipnotizado antes. Tomé el reloj por la cadena y lo levanté, aunque solo para mostrárselo -Bello… ¿no te parece?- pregunté con un tono orgulloso, como cuando un coleccionista muestra sus más preciados artefactos. -Cuando estés cómoda, empezaremos- agregué moviendo un poco mis hombros y moví un poco mi cuello.

Había llegado el tiempo cero, todo estaba listo y dispuesto. Nada ni nadie nos interrumpiría y el silencio absoluto de la noche ayudaba a alcanzar la máxima concentración. Mis sentidos estaban totalmente dispuestos a lo que en breves minutos comenzaría. Mi mente era en esos momentos un espejo listo para reflejar todo lo que vería. Mis latidos y mi respiración de a poco llegaban a sus parámetros normales, después de haberse exaltado por la emoción al saber sobre el paradero de Anabelle. En esos instantes era una herramienta completamente a su disposición.



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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Helena D. Corso el Mar Jun 14, 2016 3:36 pm

Helena jamás fue el tipo de persona que se dejara dominar por la ansiedad y ocurría lo mismo con los tormentos que eran fruto de la incertidumbre. Sin embargo, entrar al estudio por segunda ocasión le hizo saber que, aunque fuera en menor grado, se había sentido ansiosa la primera vez que pisó la estancia. Se sentía más liviana, a comparación de minutos atrás, y los objetos que adornaban orgullosamente el estudio del mago se le presentaban nuevas y distintas, como si se hubiesen ocultado celosamente de la ansiedad. Pero era normal sentir semejante cosa y más normal aún el no dejarse intimidar por lo desconocido. Después de todo, estaba más que cerca de aquello que había perseguido durante meses, sin mencionar que utilizarían un método completamente desconocido para ella. No apelaría, sin embargo, a la desesperación para atribuirla a sus investigaciones, pues nunca sintió nada parecido al momento de consumir las palabras de un libro y sus intentos no hablaban de un interés principal, de una prioridad. Quizá por ello no se agobió en ningún momento pensando en lo que sucedería en la residencia. Era, simplemente, algo que ocurriría en el modo en el que tenía que ocurrir, nada más.

A su llegada a Valtesi, se había tomado la precaución de conseguir indumentaria que le resultara lo suficientemente cómoda para pasar largos días confinada a una misma región. Así que, cuando el mago le pidió que se recostara en el diván, no había mucho de lo que tuviera que deshacerse que tuviera el potencial de incomodarla en el proceso.

Apreció el mueble a medida que se aproximaba para tomar asiento. Una bella pieza, sin duda, y muy cómoda además. No deseaba contaminarlo con la suciedad de sus zapatos, así que los removió, más inclinada a mantener la perfección del diván intacta que por su propia comodidad, y finalmente se recostó sobre los cojines, moviéndose a penas un poco hasta hallarse lo bastante cómoda como para relajarse unos segundos más, aprovechando que el mago se había apartado a buscar algo. Cuando el castaño volvió a aparecer en su campo de visión, lo siguió con la mirada y lo escuchó atentamente hasta que se encontró sentado frente a ella, listo para dar inicio a la hipnosis. La mujer asintió ante su explicación y guardó silencio unos segundos más, tratando de encontrar en su mente alguna pregunta que hubiese tomado forma tras esa breve explicación. — De momento no. — Respondió. Al no saber gran cosa respecto a los métodos que emplearía Robert, prefería dejar que las cosas se mostraran por sí mismas, experimentar antes de preguntar cualquier cosa y así ir descartando preguntas cuyas respuestas serían, al menos para uno de los dos, de lo más obvio. Si las dudas giraban en torno a sí misma, se encerraría en un silencio sepulcral a fin de meditar en las memorias recopiladas, pero eso sería en su habitación, tras haber conversado con el mago lo correspondiente a la sesión.

Alzó la mano y tocó con la yema de su dedo medio la parte inferior del reloj que pendía sobre ella, como si eso le revelara el mecanismo interno del objeto. — Es bello, sí. — Murmuró con voz suave, relativamente perdida en la contemplación del objeto, el cual había traído sobre ella una sensación de aletargamiento, la hacía sentir pesada, como si en nada fuera a fundirse con los cojines del diván. En efecto, era un reloj muy bello, con cada detalle perfectamente trabajado y con funciones claras. Bajó finalmente su mano y la dejó descansar sobre su pecho, en la curvatura que forma en medio de sus senos. — Empecemos. — Sugirió mirando aún el reloj para después posar sus ojos azules sobre los contrarios y dedicarle una sonrisa de determinación. No había marcha atrás. El intento definitivo por recuperar sus recuerdos estaba a punto de comenzar y no podía sino contar con que el mago llevaría a cabo el proceso de manera exitosa, que sería tan cauteloso como había asegurado y que tendría la misma eficacia que ella.




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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Sáb Jun 18, 2016 9:34 pm

-Muy bien...- dije dedicándole una última sonrisa para luego comenzar a balancear suavemente el reloj de un lado hacia el otro, a una velocidad media, esperando a que ella lo siguiera con la mirada. Yo hice lo mismo, pues debíamos entrar ambos en el trance, sin embargo la cara inversa de aquel instrumento me permitía mantenerme un tanto más consciente de la realidad. Lentamente comencé a sentirme un tanto más liviano, relajado y en blanco, esperando a ser dominado por cada emoción que Helena viviera en este proceso. Mi brazo se mantenía extendido y mi mano sostenía el extremo de la cadena como si tuviesen vida propia, era necesario que el reloj siguiera meciéndose por unos minutos más. -Vas a sentir sueño… mucho sueño. Lentamente vas a despegar del presente y tu mente retrocederá poco a poco en el tiempo… ayer… la semana pasada… el mes pasado… seis meses… un año… - dije en el momento que lo estimé pertinente.

-Pasearás sobre aquellos que explican tu actuar… irás uno a uno, siguiendo una cadena de sucesos que se explican el uno al otro. No te detengas, sigue regresando sobre tus pasos, sobre tus actos… sobre tus palabras y pensamientos- cerré los ojos y de a poco fui dándome cuenta de que la conexión se estaba estableciendo. Mi propio cuerpo me advirtió de sensaciones que no eran mías y mantuve la calma. Todo servía para el análisis posterior. -No repares en lo irrelevante, solo ve a aquellos detalles que son particularmente llamativos, aquellos que traigan consigo interrogantes que no han sido respondidas y entonces sigue repasando en tus memorias hasta que te encuentres con ese muro contra el que has chocado durante todos estos años- y entonces me quedé en silencio, una pausa necesaria, pues hasta ese momento, aunque mi discurso haya sido breve, el tiempo que ella retrocedería sería bastante.

Mantuve los ojos firmemente cerrados, respirando con tranquilidad, tomando el aire por la nariz y botándolo por la boca. Era increíble lo que la hipnosis bien hecha podía hacer. Ese reloj era espectacular y sé, por historia, que su efectividad era incuestionable en manos expertas. La sensación era similar a la que se experimenta al lanzarse al agua y sumergirse para bucear. El mundo desaparece y tan solo eres tú con el sonido de los latidos de tu corazón. Podía escucharme en esos instantes, mientras me zambullía en el mar de sus memorias en la medida que ella las iba revelando. De a poco mi mente y la suya se volvían una sola hasta que mi existencia se reducía nada más que a mi presencia en ese lugar junto a ella. Mi mundo desaparecía y el de ella se volvía en el todo… su perspectiva, sus emociones.



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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Helena D. Corso el Dom Jun 19, 2016 3:21 am

Cuando el reloj comenzó a moverse, poco a poco fue deshaciéndose de esa sensación de pesadez, hasta no sentir nada más en su cuerpo que el sueño que el aletargamiento que el mago le aseguraba en su explicación, misma que se esforzaba en escuchar en su totalidad. Sin embargo, no supo en qué momento dejó de escucharlo o si sus ojos permanecían abiertos contemplando el movimiento del reloj. Ella ya no estaba en el estudio, no era consciente de nada, no escuchaba nada, no sentía nada, no veía nada, pero tampoco se hacía dormida. Al menos no en la forma en la que le era usual. Y de pronto, de no ver nada pasó a ver mucho en una secuencia veloz de imágenes que no prometían mucha relación entre sí. Pergamino y tinta, laberintos sombríos, callejones y charcos de sangre, alaridos de dolor, leños y ceniza… Hasta que todo se desvaneció en nubes de humo de diferentes formas y colores, según la forma que estaban a punto de tomar.

Pronto el primer escenario tomó forma a su alrededor. Era el cuarto de colecciones en Bran. Ambos estaban ahí, tras verse por vez primera en la biblioteca de la región, conversando entre los tesoros robados. En ese momento, Helena le otorgaba al mago entera libertad de curiosear en el edificio, de tomar cuanto le apeteciera y fue entonces que el motivo de aquella memoria no perdida se presentó ante ambos espectadores. La mujer sostenía entre sus manos el Malleus Maleficarum, abierto, exponiendo una fotografía que servía de separador. Esos segundos en que vio la fotografía logró capturar nuevamente la sensación que le producía estar ante una memoria que le coqueteaba sin dejarse atrapar. Sentía un vacío terrible en el pecho, se sentía sofocada, ofendida, herida. Al cerrar el libro, todo volvió a ser humo de colores…

Se encontraban en un estudio cuyos muebles y libros delataban su antigüedad. Había libreros forrando dos de los muros, un amplio escritorio y una silla que daba la espalda al muro que era perpendicular al que contenía una chimenea. Desde una de las esquinas había un fonógrafo del que emanaba un tango de Carlos Gardel hablando de amores nocivos y, en el centro del estudio, se encontraba una pareja bailando al son de la música con movimientos suaves, mirándose el uno al otro con la sensualidad que inspiraba aquella canción. La mujer era Helena. Vestía una blusa blanca y una falda oscura que llegaba hasta sus pies, los cuales se movían grácilmente. Él iba de traje y gozaba de un porte elegante, atractivo; sostenía sin problema alguno su cintura y su mano, como si el cuerpo de la mujer hubiera sido hecho a su medida. “Pero si un mirar me hiere al pasar, su boca de fuego, otra vez, quiero besar”, cantaba el hombre junto a Gardel.  En menos de un minuto, la música terminó y el rubio depositó un ósculo en la comisura de los labios rojos de la mujer. “Gracias por el tango, profesora…”, murmuró.  Tras una breve conversación en que el estudiante se despedía y le deseaba lo mejor en su nuevo puesto como superior, abandonó el estudio. Al cerrarse la puerta, todo volvió a ser humo de colores…

Los estantes de libros fueron reemplazados por altos arbustos que daban forma a un laberinto. Durante un momento no hubo actividad alguna, la neblina descendía lentamente como una cascada, dándole un aspecto sombrío al lugar, prometiendo un sinfín de peligros. Pero pronto apareció Helena nuevamente, andando a paso decidido e internándose al laberinto. Corso siguió sus pasos, curiosa a causa de las emociones que recuperaba. Sentía una profunda desesperación perforando su pecho, se sentía aterrada, confundida, inadaptable a ese nuevo mundo que se presentaba ante ella. Esa versión de sí corría al laberinto para alejarse de todo, para perderse física y mentalmente hasta recuperar la soledad que se había instalado profundamente en ella. A medida que caminaba, la textura de los muros cambió hasta convertirse en muros de piedra, los mismos que recordara en la habitación roja. Su corazón comenzó a latir con violencia y sintió que un miedo inmenso se apoderaba de ella. Se veía a sí misma caminar a pesar de que sus piernas se resistían, a pesar de que su cuerpo le ordenaba detenerse y dar marcha atrás. Pero Corso tenía tanta curiosidad como Helena determinación. A medida que avanzaban, la alarma en su cabeza era más notoria. Moriría. Una puerta abierta. Leña dispuesta en el suelo. Piedras acomodadas alrededor de los troncos cortados. Fuego joven. Al principio la escena era tan inocente como ver a una chiquilla contemplar curiosa una fogata, pero a medida que las llamas crecían, más evidente eran sus intenciones. — ¡No!— Ese monosílabo escapó de labios de la espectadora al ver a su yo antigua adentrarse en la hoguera. ¿Sentía Robert también el dolor de las quemaduras? ¿Se contraerían sus miembros también tratando de superar el dolor? Corso elevó un alarido de dolor al mismo tiempo que Helena, quien permanecía entre las llamas segura de que ese dolor duraría poco, que pronto las cosas estarían bien…






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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Mar Jun 28, 2016 7:08 pm

Me vi a mí mismo y a ella en aquel recuerdo reciente, la primera vez que nos encontramos, el día que hicimos este trato que nos había traído entonces a este momento. El Malleus Maleficarum y entonces una fotografía que desencadenó inmediatamente una serie de emociones que se localizaron físicamente en mi pecho, haciéndome sentir mal, incómodo e incluso molesto. La mano que no sostenía el reloj fue a parar sobre mi esternón y allí se mantuvo hasta que la memoria se desvaneció dando paso a otra, que parecía tener estrecha relación con aquella imagen inmortalizada en el papel que marcaba al azar la página de aquel libro que había llamado mi atención.

Fue interesante, sobre todo porque estaba viendo una cara nueva. Ladeé la cabeza capturando el instante, reparando en los detalles que sí importaban o que al menos parecían ser relevantes. La forma en la cual ambos se miraban, la letra de la canción en el fondo, la proximidad de sus cuerpos, que en parte era propia del baile que interpretaban, y la forma en la cual aquel hombre desconocido tomaba a Helena con sus manos. No era un recuerdo al azar y algo debía significar, algo potente a juzgar por las emociones que la fotografía revivió en ella. Era un punto a considerar, un asunto para agregar a la lista de cosas por estudiar más detenidamente. Pronto, la canción se detuvo y el sujeto se aproximó mucho más solo para depositar aquel beso y luego marcharse. Ella quedó sola y la imagen desapareció.

La nieblina cubría el paisaje, hacía frío, podía sentirlo pese a que era tan solo un recuerdo. El aire olía a humedad y pronto la soledad de esa visión se vio interrupida por una decidida Helena andando a paso seguro, dirigiéndose quién sabe dónde. Nuevamente experimentaba un manojo de emociones que ahora se ubicaron en mi abdomen y recorrieron mi columna vertebral desde mi cuello hasta perderse en el final de mi espalda. No estaba bien, al menos no lo estuvo en ese instante de su pasado y así lo manifestaba su cuerpo que se alejaba ahora corriendo para perderse en esa vasta vegetación que se extendía delante de ella. Y en un comienzo creí que seguiría, pero la escena se transformó sin necesidad de interrumpirse. Pronto me vi entre muros de piedra y sin perderle el rastro en ningún momento la vi enfrentarse a una puerta abierta.

Me llamaba la atención la permanencia del miedo, ella no parecía ser, al menos a simple vista, una mujer que se entregara a esa clase de emociones. Estaba arraigado, era real, absorbente. Y fue entonces que, ante la visión de las llamas, tuve un mal presentimiento, así como Helena lo estaba teniendo en ese instante. El calor del fuego se fue haciendo cada vez más insoportable y fue cuando ella gritó… ¿qué demonios era todo esto? ¿Por qué razón ella se entregaría a las llamas? ¿Quién en su sano juicio lo haría? Me recogí sobre mí mismo, sintiendo mi cuerpo arder por fuera, mas sin herirse. Quise entender, intenté comprender lo que estaba pasando. Mi mandíbula se tensó. Pero pese a eso, seguía viendo, mi ojo espiritual seguía abierto, capturandolo todo. Oía cómo le dolía a ella y por instantes mis propias emociones empañaron la escena, aunque sin interferirla. Sentía impotencia, mas me sobrepuse a ello y recuperé la pantalla que me bloqueaba a mí mismo y me conectaba con ella completamente.



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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Helena D. Corso el Miér Jun 29, 2016 6:37 pm

Las llamas continuaron bailando ante ellos por largos minutos, consumiendo a la mujer hasta reducirla a cenizas. El dolor, por su parte, había menguado según la vida de la inmortal se extinguía y en la espectadora permanecía el horror retratado en su rostro. A pesar de que se jactaba de estar más en sus cabales que cualquier otro inmortal, no esperaba a que su yo del pasado gozara de semejante salud mental, esperaba, en cambio, que los años que no recordaba fueran lo suficientemente tormentosos como para no estar en su sano juicio. Sin embargo, verse a sí misma entregarse a llamas voluntariamente superaba sus expectativas y prometía peores cosas de lo que ella alguna vez pudo haber imaginado. Había estado ante los vestigios de su sufrimiento al verse a sí misma buscar refugio en el laberinto, había sentido su propio dolor y el alivio de terminar con su propia existencia. Y, si ella estaba de pie observando al fuego extinguirse, significaba que no había muerto de manera definitiva y que tampoco podría hacerlo por más que lo intentara. Así pues, tras haber llegado a esta conclusión, los muros de la estancia se desvanecieron para dar lugar a otro recuerdo.

A juzgar por los objetos que había en la pieza, sabía que se encontraban ahora en un sitio abandonado. El mismo círculo de piedra que contenía algunos leños a medio consumir y cenizas adornaba el centro del lugar. Junto al círculo se hallaba ella misma y otros dos hombres que reconoció de inmediato. El primero, Alekséi, contemplaba la escena de pie, a tres pasos de distancia, agobiado por lo que estaba contemplando, por saber lo que implicaba y lo que tuvo que ocurrir para que ambos hombres estuvieran ahí, frente a ella. El segundo, Zeughaunn, un hombre de cabello rubio y mirada profunda, estaba de cuclillas frente al círculo, con un brazo extendido hacia ella y una línea roja que surcaba su antebrazo a lo largo; una herida reciente, en proceso de cicatrización. Era difícil leer en los ojos del rubio, era difícil encontrar la preocupación y más aún la devoción que le profesaba a la mujer que tenía enfrente, la miraba como a una chiquilla que pagaba el precio de su descuido, de una travesura.

Helena estaba desnuda, sentada en el suelo sobre su muslo derecho. Su mano sujetaba la contraria a medida que bebía la sangre del humano como quien encuentra un manantial tras largos días de sed y el placer que le producía era sublime, recorría su cuerpo en dulces espasmos y era semejante al placer sexual. La sangre descendía por su garganta, cálida y deliciosa, contagiándola de su calor y vida, llenando su piel levemente de color. Sin embargo, no podía entregarse al éxtasis que la atraía lentamente, no podía dejarse llevar y arrebatar por completo el elixir que también daba vida al humano. Así que se apartó de su muñeca y lo miró, encontrándose con esos ojos azules que sólo a ella le revelaría sentimientos profundamente íntimos y secretos, una preocupación sincera que jamás había osado demostrar. La mujer se disculpó con la mirada, con un destello de consternación. Sabía lo que había hecho, el dolor que había causado y cómo había vuelto tan pronto a la vida. Viendo esto, Zeughaunn llevó la mano que ofrecía hasta la cabeza de la mujer y la atrajo a sí, estrechándola contra su pecho para después rodear su espalda con el brazo disponible. Entonces la inundó la tranquilidad, la certeza de encontrarse ante aquellos en quienes podía confiar su locura. Y había algo más, algo que pertenecía a él. No era amor, nada que los relacionara como pareja, pero gozaba de la misma intensidad, de la misma cercanía. Era secreto, un acuerdo tácito entre ellos, nada relacionado a lo físico. De hecho, aquella era la primera vez que Zeughaunn la veía desnuda y jamás hubo entre ellos insinuaciones, roces sensuales ni nada que apelara al erotismo. Ella tuvo siempre la confianza de apoyarse en él cuando se sentaba a su lado y él la libertad de no expresarse ni de responder a los modos de la mujer. Ambos sabían lo que significaban el uno para el otro, ambos sabían que podían pasarlo todo por alto y ser odiosos entre sí.

El recuerdo terminó con aquella escena, con el pulgar del danés acariciando la piel marfileña de la inmortal, con los labios del humano delineando unas palabras que no alcanzaron a escuchar, pues todo se tornó columnas de humo de colores. Sin un segundo de demora, el siguiente recuerdo se formó ante ellos. Había montañas de escombros por todos lados, humo y nubes de polvo contaminando el aire, pequeños incendios e algunas ruinas y muerte, muerte en todos lados. El corazón de la inmortal se sentía frío, indiferente, y la espectadora intuyó que esa Helena caminaba para contemplar su obra. No había brillo en sus ojos, su expresión develaba el vacío que quedaba en su interior y la crueldad y desprecio que permanecían latentes en su modo de andar. Eran kilómetros de destrucción y no podía sino estar orgullosa de sí, pues era la manifestación de su poder.




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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Vie Jul 01, 2016 5:52 pm

¿Cómo es que un ser, sea cual sea su naturaleza, puede alcanzar semejante desesperación? He visto muchas cosas, he conocido la muerte de frente, he sido autor y testigo de la extinción de una vida, pero nada se compara a esto, aún cuando el descenlace es la resurrección como el fénix al levantarse de las cenizas. Helena estaba viva, estaba de hecho en mi hogar recostada en el diván… viva. Sin embargo, en el pasado había querido acabar con toda su existencia. Mis ojos veían la danza de las llamas, el modo en el que esas lenguas de fuego devoraban su piel sin misericordia alguna. ¿Por qué lo hizo?, ¿qué sentido tenía entregarse a ese dolor?, ¿olvidar?, ¿una forma de distracción por otro dolor? Vi las cenizas, incrédulo y si por mí hubiese sido, me hubiera detenido más en ese momento solo para apreciar la totalidad de la escena en total silencio, mas no fue posible, porque pronto la imagen desapareció.

Y pese a que aquel recuerdo se terminó, el siguiente parecía guardar cierta similitud con el anterior con la única diferencia de que ella no era cenizas y que no estaba sola, sino que junto a dos tipos y uno de ellos estaba de cuclillas frente a Helena con su brazo extendido, mientras que la castaña bebía de su brazo, ¿qué se suponía que era esto? Observé la situación con atención, con la misma que usé para aquella escena donde ella bailaba tango con otro desconocido. De hecho me atreví a acercarme, a moverme a través de aquel cuadro. Había alguna clase de relación especial entre aquel sujeto y ella, algún tipo de conexión que era fácilmente reconocible en el modo con el cual se observaban. No había palabras, al parecer todo se lo comunicaban por medio de sus ojos y sus expresiones.

Ella se veía distinta, era otra Helena muy diferente a la que estaba conmigo en el presente. Lucía más… ¿dulce? Al menos me enternecía verla. Aquella caricia de parte de aquel hombre no pasó inadvertida y tan solo confirmó lo obvia que era la cercanía emocional entre ambos, aún si esta no estaba definida como de amor de parejas. Algo existió allí, algo que de alguna u otra manera pudo haberla marcado dentro de algún ámbito de su vida… para bien o para mal. Pero entonces la imagen volvió a convertirse en humo, desvaneciéndose y quedando en mi retina, conectada a la anterior, ¿qué había pasado? Era imposible no darle mil vueltas para encontrar la clave que explicara todo para darle un sentido claro.

Pronto sufrimos un cambio radical en la exposición de hechos, ya no parecían venir desde sus emociones, desde eso tan propio y visceral. De hecho hasta el sentimiento era distinto. Observé aquella destrucción, traté de ubicarme espacialmente, ¿dónde había sido aquello y por qué razón había pasado? Orgullo, eso podía percibir, pero con matices de dolor. Fuese lo que fuera aquello, no era más que la manifestación de un cúmulo de cosas contenidas, pero, ¿qué detalle había sido el gatillante de esto? Estaba casi seguro de que esto no ocurrió solo por ocurrir, sentía que no se trataba de un acto al azar, no era destrucción por destrucción. Me permití contemplarla a ella, su forma de mirar y de caminar, el brillo ausente en su ojos, la frialdad en su rostro. Mi interés iba creciendo en la medida que las cosas iban apareciendo y en la medida que sus emociones resonaban en mi interior. Necesitaba saber más, quería comprender.



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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Helena D. Corso el Mar Jul 05, 2016 11:15 pm

Los pasos de la inmortal se detuvieron. Respiró profundamente el aire contaminado, llenando sus pulmones como si se dispusiera a disfrutar los últimos minutos en medio de aquella catástrofe. Sus ojos fueron cerrándose a medida que exhalaba y, en cuestión de segundos, la escena desapareció ante la mirada de los espectadores. Hasta entonces los recuerdos se habían presentado sin orden aparente, como datos puntuales que aun debían explicarse con más recuerdos. Hasta entonces se habían presentado las memorias más recientes, las que más habían influenciado sus últimos años de existencia. Ahora que su mente se había abierto lo suficiente, comenzarían las secuencias más largas y más antiguas, las más crueles, las que estaba dispuesta a conocer sin importar lo que viera.

Alrededor de los espectadores se formó el siguiente escenario, una sala de música enmarcada por los mismos muros de piedra que habían visto anteriormente e iluminada por velas y el fuego de la chimenea. La presencia de un piano primitivo en la estancia databa la memoria a mediados del siglo XVIII y su intérprete, una joven de dulces y gráciles gestos, reproducía una melodía de manera inconsciente, como si sus dedos fueran autónomos. Sus ojos delataban su total ausencia a través de la falta de brillo, por estar fijos en la nada sin anunciar vida alguna. Sin embargo, la espectadora conocía su corazón, era consciente de que su ausencia de vida se debía al peso de la soledad y del encierro, que a pesar de que luciera inerte, su mente era un caos tormentoso. Sabía, además, que ese caos no era reciente ni relativamente reciente. Llevaba muchísimos años confinada en el castillo, siglos tal vez, sin más compañía que los humanos moribundos de los que se veía obligada a beber. Y peor aún, aquella joven aún se veía esperanzada, aferrada a su vida mortal, a su previa naturaleza, a ese corazón bondadoso que no admitía la oscuridad de su propia raza.

De súbito, se escuchó un golpeteo desesperado en la puerta principal, resonando hasta aquella sala. Helena dio un respingo al volver tan bruscamente a la realidad y la música cesó al instante. Con todas las preguntas que podían hacerse al respecto bailoteando en su mente, echó hacia atrás el banquillo y se puso de pie, dirigiéndose hasta la entrada principal del castillo, dispuesta a atender al desventurado que llegó como respuesta a una plegaria. Tras aquellas puertas, majestuosas e imponentes, encontró a un hombre que, a juzgar por su estado físico y por sus ropas, llevaba días perdido o vagando en el territorio circundante. Así, movida por piedad o por interés, la joven ayudó al extraño a introducirse al castillo, ofreciéndole refugio, y lo condujo hasta la sala en la que había estado anteriormente, pues ahí el fuego de la chimenea calentaría al extraño y lo libraría de la muerte. La escena continuó con su curso normal, reproduciendo detalles de escasa importancia, cuando la espectadora escuchó murmullos en otra área de la propiedad. Se movió, por cuanto lo encontró posible, dirigiéndose al sitio de donde provenían las voces y encontrándose a sí misma y al humano en una habitación, en una reconocible escena entre dos amantes, conversando desnudos con los miembros enredados entre las sábanas y el uno muy cerca del otro. Risas, música y más conversaciones la hicieron pasearse por el castillo, encontrando los vestigios de aquella relación y percibiendo el paso de los años en el rostro del hombre. Sin embargo, no era vejez lo que apreciaba, eran gestos que no podía calificar, gestos que carecían de una descripción, al menos al principio.

Dimitri. La última fracción del recuerdo comenzó con ese nombre en alto, pronunciado a todo pulmón, con desesperación, entre cada pasillo. ¿Dónde estaba? El hombre, para esas alturas, se había convertido en el mundo de la pobre inmortal, se había convertido en su cordura y había dado un toque de placer a la locura que se esforzaba por reprimir en su encierro, había sembrado en ella la posibilidad de la libertad, la había seducido hablándole del mundo que se extendía imponente lejos de aquel antiguo castillo, de todas las cosas que podían compartir una vez lograsen escapar. Él debía acompañarla en el resto de sus días, así como ella debía acompañarlo a él. Pero, una vez lo encontró, supo que no habría más que compartir. Se dejó de caer de rodillas ante el cadáver de su amante. El castaño estaba sentado sobre el suelo, recargado a un mueble con la mirada clavada en una ventana, como quien aspira a una libertad inalcanzable, con su rostro afectado por una locura silenciosa y un puñal clavado en el corazón. Ella no pudo sino emitir un grito desgarrador. Su mundo estaba destruido. Sus ilusiones se habían desvanecido. El último dejo de cordura se había extinto junto con su amado. Se echó sobre él, abrazándolo y llorando amargamente, con el rostro oculto en el pecho ajeno como si sus alaridos pudiesen traerlo a la vida.

El proceso de descomposición midió el tiempo que ella había pasado echada sobre él, aferrada a su cuerpo, esperando a que su corazón volviese a latir, que su pecho se moviera nuevamente al son de su respiración. Cierto día, se levantó. Sentía asco por la muerte. No quería tener más semejante cosa en el mismo espacio que ella, de modo que optó por quemar el cuerpo de su amante. Se le vio ocupada durante un rato, destruyendo los muebles que no tenían uso ni atención de nadie, usándolos para crear una pira en una habitación vacía que habían descubierto juntos. Ahí encendió el fuego. Sin embargo, al ir en busca del cuerpo para echarlo al fuego se detuvo. Su mente le presentó una posibilidad distinta, un mejor uso del fuego que danzaba imponente en soledad. Se olvidó del cadáver y dio media vuelta, recorriendo los pasillos como si fuera la primera vez que pasara a través de ellos. Entonces la espectadora despertó como quien se niega a continuar en una pesadilla. Se vio a sí misma nuevamente en el estudio del mago, con el rostro humedecido por lágrimas que descendían sin tregua por las curvaturas de sus facciones. Cubrió, entonces, sus ojos con su antebrazo y continuó llorando en silencio, aferrándose al dolor que permanecía a ella y negándose a él al mismo tiempo.




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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Ghünter L. Schröder el Miér Jul 13, 2016 4:00 am

Era mucho lo que podía recogerse de todo lo que lograba ver, cada escena, cada segundo contenía algo. La cantidad de datos era realmente abrumadora. La intensidad de cada recuerdo era notable, patente y casi palpable. ¿Cuánto había en esta criatura?, ¿cuántas cosas había experimentado?, ¿podría yo siguiera entenderlo todo?, ¿mi condición limitada, la corta vida que he tenido en comparación con la suya, van a permitirme realmente abarcar todo esto? Claramente mi esfuerzo debía ser gigante. Esto era tan complejo y profundo como la cantidad de cosas que he tenido que estudiar para ser lo que soy. Y es aquí cuando recuerdo que todo ser es un mundo nuevo, pero… ¿es Helena realmente un mundo o en realidad es todo un universo? Un solo mundo es demasiado simple para lo que hasta ahora he podido ver. No son unos cuantos años, son décadas, síglos… ni siquiera puedo compararla a un sistema solar simple como el nuestro.

La visión de aquella joven en el piano, cuyos ojos muertos estaban perdidos en alguna parte de su interior, llamó mi atención. Mis oídos se quedaron con la melodía, era imposible para mí no prestarle atención al sonido de un piano. La observé detalladamente al tiempo que las emociones de Helena respecto de este recuerdo se apoderaban de mí, haciendo se todo esto una vivencia en sí misma, como todas las memorias hasta ahora. Era imposible no percibir la soledad casi absoluta en la cual ella estaba sumida en aquel fragmento temporal. Pero había cierto aire en su rosto, un brillo que parecía aún no haberla abandonado, tal vez porque ella se negaba a dejarlo ir. ¿Qué edad tenía y qué hacía allí tan sola? Fue entonces cuando se oyó un golpeteo y no en la puerta de dicha habitación, sino que parecía provenir, quizá, de la entrada a aquel castillo.

Un nuevo elemento apareció en aquella memoria, un desconocido más a la lista de rostros nuevos. Ella lo ayudó, el sujeto parecía desamparado de la gracia de Dios, lo llevó dentro y le ofreció refugio, acogiéndolo dentro de aquella propiedad en la que tan solo ella parecía residir. ¿Significaría él alguna cosa especial para Helena? No tuve que esperar mucho para confirmarlo. La vi junto a él, en íntima compañía, al parecer felices… él había llegado para quedarse, el destino lo había arrastrado hasta allí y el tiempo se encargó de hacerlo permanecer junto a la vampireza que, hasta antes de su venida, parecía haber estado esperando aquel momento. Sin embargo, este hombre no luce en su vida actual, Helena está, al menos al parecer, nuevamente en completa soledad, es ella con ella misma en la gran isla de Pandora.

Él se llamaba Dimitri, lo supe cuando una mezcla de emociones desesperadas se apoderó tanto de mi pecho como de mi estómago. Lo estaba buscando y al parecer no se trataba de un juego de escondidas. En mi fuero interno empezaba a sentirme mal, era una emoción demasiado fuerte, casi un terror que amenazaba con llevarse la vida. La seguía, lo veía todo, incluso podía apreciar en ella el deseo de dar con él y acabar con esa tortura, sin embargo todo fue peor al encontrarlo. La imagen era devastadora, tanto que un nudo se apoderó de mi garganta amenazándome con quitarme el aire. Me sentí congelado, sumamente impresionado… en shock. Aprecié su reacción, la potencia de su dolor. Aquel grito caló profundo en mí, erizó mi piel y me hizo dejar de respirar por varios segundos. Casi podía comprender la situación, aunque no se comparaba con lo que a mí me había pasado con Anabelle, esto era astronómicamente más terrible.

El tiempo pasó sobre esa memoria y mis ojos permanecían perdidos en aquella escena triste. Ella eternamente viva bajo la maldición de los vampiros y el hombre sufriendo los estragos de la descomposición. Estaba conmovido, era imposible no estarlo ante lo que estaba delante de mis ojos. Fueron claramente semanas y cuando creí que ese momento jamás terminaría, aquella destruida Helena decidió ponerse de pie y actuar. Su intención parecía ser quemar aquel cadáver, una sana solución, higiénica además, pero el cambio repentino de sus planes volvió a encender la alarma en mi cabeza, como un deseo de querer detenerla aún siendo consciente de que esto no era más que un recuerdo. Esperé entonces volver a sentir lo que hacía varios minutos atrás me tocó vivir en el momento que ella se quemó viva, pero entonces la realidad regresó y el presente se hizo sentir con todo su peso sobre nosotros.

Abrí los ojos de a poco y miré a mi alrededor como queriéndome asegurar que efectivamente era mi estudio. Suspiré pesadamente y me mordí el labio. Me quedé pensando, meditando y analizando… sencillamente increíble. Bajé entonces mis ojos hacia ella y noté los estragos de aquel viaje en el tiempo. Torcí una mueca y bajé la cabeza. No estaba arrepentido, no tenía cargo de conciencia respecto de esto, era necesario aunque doliera y ella de seguro estaba dispuesta a enfrentar el dolor que no recordaba. Saqué de mi bolsillo un pañuelo de tela y de lo extendí, llevándolo yo mismo a su mano para que así ella pudiera tomarlo. Me puse de pie, alejándome en dirección a la mesa donde tenía el whisky con los vasos, serví dos de estos y permanecí de pie allí dándole un tiempo a Helena para que se recuperara. Me pasé una mano por el pecho y volví a suspirar. Sus emociones seguían vivas dentro de mí, así que también requería de unos instantes para purificarme.



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Re: Oblivion lullaby ◊ Robert

Mensaje por Helena D. Corso el Lun Jul 18, 2016 5:56 pm

Aquello era abrumador, terriblemente abrumador. Las lágrimas no descendían por su rostro a causa de la compasión que sentía ante su propio sufrimiento, no lloraba por estar conmovida. Esas lágrimas no eran suyas, no de ese mismo instante en el presente, ante Robert, sobre ese diván, sino el resultado de vivir en una sola noche las emociones de semanas, de meses, de soportar el peso de la soledad cargada durante muchos siglos. No lloraba porque se sentía destrozada, lloraba porque no había más por hacer, porque su cuerpo simplemente lo exigía sin dar lugar a ninguna otra opción. Tampoco podía pensar en nada más sino en el remolino de emociones que continuaban haciendo estragos en su cabeza, dando lugar a un caos del que se sabía incapaz de controlar. Podría con él, sin embargo. Sólo necesitaba unos minutos para llorar cuanto tuviese que llorar, unos minutos para sufrir lo que tuviese que sufrir.

Cuando por fin vislumbró la posibilidad de serenarse, sintió en su mano un pañuelo. No se percató del momento en que el mago lo colocara ahí ni mucho menos cuando ése se hubo levantado de su lugar. Simplemente lo vio, con el rabillo del ojo, de pie ante la whiskera, no ajeno a lo experimentado. Fue entonces que se apresuró a sí misma a recuperarse a sí misma. Se incorporó y después bajó las piernas del diván para quedar sentada. Con expresión seria, casi fría, comenzó a secarse las lágrimas con el pañuelo hasta que no quedó siquiera una gota de agua salada atrapada en sus pestañas. Desde luego, no podía serenarse por completo, no podía recuperar aquella tranquilidad absoluta en su mente con un minuto de silencio. Requería horas de meditación, de completo o de una buena conversación. Si tenía ese tiempo o no para recuperarse, no le importaba. Estar ahí exigía una gran determinación, estar dispuesta a no dejar las cosas inconclusas y, desde luego, ella no era del tipo de persona que se arrepintiera de nada. ¿El dolor? Era parte de. Ella lo sabía. Helena estaba segura de que tantos años de existencia no pudieron haberse vivido sin dolor, sin sufrimiento, que esa era la verdadera condena de los inmortales. Incluso se atrevería a decir que aquello que la obligaba a quedarse era curiosidad, que aunque no pudiera ser completamente insensible a sus propias vivencias, tenía muchas razones para continuar. El herrero, por ejemplo, figuraba por entre esas razones.

Dobló el pañuelo con cuidado y lo mantuvo envuelto entre sus manos, para después fijar su mirada en su anfitrión. — ¿Qué corresponde hacer ahora, Robert? — Inquirió tranquilamente, sin suponer ninguna prisa, anunciando así su disposición a continuar. Así fuera reanudar la hipnosis o conversar en torno a lo descubierto, estaba lista para cualquiera de esas dos opciones. No había descubierto, en realidad, nada que diera la razón a uno o a otro, pero sí los vestigios de una posibilidad. Robert sostenía que la pérdida de su memoria se debía a una oportunidad para ella a un tiempo determinado. Helena afirmaba que era un castigo o una traición. Podían, incluso, ser ambas cosas, pero, a juzgar por la última memoria vista, aún estaban lejos de descubrirlo. Su llegada a Pandora era más reciente aún que lo visto con Zeughaunn. ¿Cuánto? Ni idea. Podía ser un año, podían ser más, podía ser peor de lo que ella imaginó alguna vez.




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