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Abîme de l'oubli ◊ Mikael

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Abîme de l'oubli ◊ Mikael

Mensaje por Helena D. Corso el Mar Abr 21, 2015 11:47 am

Cuánta repulsión le generaba aquella vista. Sentada en una lúgubre esquina del bar, frente a una mesa que sostenía un vaso del más fuerte licor y al pie de ella un saco chorreante de un líquido imposible de conocer gracias a la oscuridad misteriosa que aquel rezago le proporcionaba. La mujer estaba levemente recargada en su asiento y con la cabeza inclinada de modo que la capucha que solía llevar durante el día le otorgara el anonimato que exigía su oficio y poder así observar a la multitud cambiar de número y rostro, buscando entre los humanos a aquél que llegaría con la paga a su trabajo.

Quizás no sufriría aquel profundo disgusto el que le provocaba estar entre humanos, verlos hacer cosas de humanos, si estuviera en Bran, cuyas murallas le proporcionarían un santuario en donde la perfección se basaba en su propia especie. Sin embargo, en Valtesi encontraba lo que le proporcionaba placer; ahí podía conseguir una razón, un algo que ocupara enteramente su mente y que la mantuviera ocupada, matar por el placer de reducir la población humana, matar por el placentero aroma de la sangre, incluso encontraba placer en no asesinar, en simplemente privar de la libertad a un bandido sin sentirse moralmente comprometida con ello. No sabía muy bien por qué, pero le satisfacían sus logros, como si pretendiera con ello aproximarse a una verdad que le era oculta. Su pasado, tal vez.

Al poco tiempo se percató de que el susodicho se aproximó con el procedimiento habitual, pese a estar ensimismada en busca  del origen de sus satisfactorias sensaciones. El hombre, con un morral repleto de oro pendiendo de su hombro derecho se aproximaba al rincón en donde esperaba la mujer y dejaba caer al pago al suelo, movimiento veloz en el que alternaba el oro con la cabeza de un deudor charlatán. Así el trabajo estaba terminado y la mujer estaba libre para un nuevo contrato, lista para elegir a voluntad una víctima entre los centenares de carteles de búsqueda que estaban por todo Valtesi.

Se inclinó hacia el frente, apoyando los codos en la mesa, al tiempo que con el pie arrastraba el pago hacia debajo de la mesa, colocándolo en el resguardo de un nicho oculto detrás de sus pies, como si nada hubiese ocurrido. Tomó entonces el vaso y apuró el resto del licor, sin hacer mueca alguna por el sabor y enteramente consciente de que aquel líquido no surtiría efecto en ella. Pero de algún modo debía fingir ser humana; si quería relacionarse sin problema alguno en aquella ciudad, debía mantener las apariencias. Nadie confía en un sanguinario vampiro, pues podría volverse contra cualquiera. Es un ser despiadado. Helena era despiadada. Una mujer sin pasado no tiene motivos para no serlo. Una mujer como ella no podía sino deshacerse de la capucha y dedicarle a la miseria humana un amable destello de sus ojos azules; nada más en ella podría fingir humanidad.
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Re: Abîme de l'oubli ◊ Mikael

Mensaje por Invitado el Miér Abr 22, 2015 1:37 pm

Estar en Valtesi era viajar en el tiempo para todo aquel que hubiera vivido fuera de Pandora. Era llegar a un pasado medieval, y sin embargo no ajeno a muchos de los avances tecnológicos conocidos pero nunca tan actualizados como el mundo de afuera. Quizá así era como mantenían en control a la población de Valtesi, previniendo una revuelta que no pudieran sofocar con facilidad. Esa seguramente era la razón por la cual los hermanos Schmeichel, al igual que cualquier otro humano normal en aquel país, debía partirse la espalda, hundirse en sangre y sudor, para poder tener un trabajo mínimo donde la paga principal no era en moneda, sino en ropas, comida o materiales.



Por lo menos aquellos hombres tenían la suerte de poseer gran condición física y habilidad para la herrería, oficio de los más cotizados, y tenían a un cliente que prometía gran cantidad de dinero por unas armas de fuego entregadas hacía unos cuantos días. Prometió, más bien dicho. E incumplió. Aquel contratista había desaparecido, seguramente protegido por alguna de esas criaturas inmundas fuera de Valtesi, y por más que los hermanos buscaran no había mucho que pudieran hacer al respecto. Un pie fuera de aquel pueblo y estarían muertos. Esto había provocado una gran discusión en la casa de los herreros, dejando en consecuencia una mesa rota, ojos morados y labios partidos. Mikael, el mayor, tomó una pequeña parte de sus monedas ahorradas y se dirigió al único bar, entre comillas, decente en todo el pueblo. ¿Y qué si gastaba lo ganado en semanas en alcohol y prostitutas? Era lo normal y no algo en especial ajeno a él o a su hermano.



Se limpió el sudor y la tierra del rostro con la manga de su camisa antes de exigir su brebaje predilecto. Mientras tanto en la espera regresó a un pasado no tan distante, aquel de la infancia en donde prefería observar a las personas que interactuar con ellas, algo que no había cambiado mucho a través de los años. El ruido de aquel lugar se volvía mudo ante sus oídos, era algo a lo que ya estaba acostumbrado, y por unos instantes sintió una falsa calma, interrumpida solo con el choque de monedas entre si mientras caen al suelo. Era un sonido único y notable, pues su asiento no estaba lejos de la esquina en donde el intercambio entre un hombre y una mujer, probablemente su amante favorita para obtener tal cantidad de dinero. Al enfocar la mirada se llevó tal grata sorpresa que, para cuando dio cuenta de sus actos, ya estaba frente al hombre que había dejado el dinero, tomándolo del cuello de la camisa con fuerza para verle el rostro.



-Vaya, vaya.- La sonrisa debajo de la espesa barba de Mikael no se hizo esperar apenas reconocer al estafador a quién había vendido las armas de fuego. -Que bueno verte, amigo.- El hombre estaba visiblemente preocupado, y con debida razón pues el corpulento herrero lo colocó contra la mesa en un solo movimiento, haciendo que se golpease la cabeza con fuerza. -Ya me parecía que no volverías para pagarnos. Pero eres hombre honrado, ¿no?- Cada palabra era dicha con una casualidad que encerraba un obvio enojo, remarcando aquel fuerte acento en la lengua del mayor de los Schmeichel. Pensaba que quizá la mujer del desgraciado haría una escena, pero ya lidiaría con ella después. Un broche, una joya sin importancia, eso siempre las callaba y eran sencillas de hacer.
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Re: Abîme de l'oubli ◊ Mikael

Mensaje por Helena D. Corso el Miér Abr 22, 2015 9:03 pm

Quien fuera que conociera a aquella mujer se extrañaría al verla con ropas poco lujosas y bastante misteriosas, con armas humanas de buena calidad, pero en lo absoluto llamativas, al encontrarla en uno de los muchos bares de Valtesi llevando a cabo negocios poco propios de una vampiresa y hacerse con un saco repleto de monedas de oro. Pero eso sólo quienes la conocían; es decir, nadie. Si no derrochaba sus ganancias en lujo, ¿qué hacía con los pagos que conseguía al cazar criminales dentro de Pandora, a los más buscados por sus insistentes crímenes? Nada. Las conservaba todas como un dragón que guardaba celosamente su tesoro lejos de la vista de todos y sin compartir una mísera moneda o un rubí a aquellos que le ofrecieran algún favor. Tampoco había quién lo hiciera, puesto que, desde su llegada, Helena ha sido siempre una criatura solitaria.

Tras haber realizado aquel movimiento con sus piernas que aseguraban su ganancia, sus ojos azules se enfocaron nuevamente en sus alrededores, asegurándose con la mirada de que nada se saliera de control hasta que el hombre cruzara la puerta del bar y desapareciera de su vista. No obstante, debió esperar un final un tanto más problemático al ver a un hombre, probablemente ebrio, que se volvía hacia su cliente y lo tomaba del cuello con brusquedad. “Una pelea de borrachos, tal vez…” Pensó para sí, un poco antes de tener al estafador sobre su mesa. Alcanzó a apartarse y a alzar el vaso para no terminar bañada en su bebida y se recargó en su respaldo con una pierna cruzada sobre otra, observando la escena como si esperara pacientemente a que todo terminara y finalmente pudiera retirarse.

Sus ojos se enfocaron en el segundo humano, analizando la situación buscando su propio provecho, lo cual implicaba salir impune de ahí con su dinero intacto. Su trabajo había terminado, no tenía responsabilidad sobre aquel hombre y estaba en todo su derecho de conservar la paga, algo que un ebrio probablemente no comprendería. Sin embargo, no sería prudente demostrar de ninguna manera su fuerza ni nada que pudiera revelar al atacante la verdadera naturaleza de la mujer, principalmente porque se hallaban en un lugar público y cualquier revuelo la comprometería. Así, con la misma naturalidad e indiferencia enmarcada en su rostro, terminó de beber el contenido de su vaso y lo dejó en la mesa, junto a la cabeza del estafador. Acto seguido, se inclinó para tomar el saco y finalmente se levantó, disponiéndose a marcharse. No iba a lidiar, por supuesto, con aquel imbécil, cuya sola presencia le provocaba una terrible jaqueca que la apresuraba a abandonar aquel sitio. Tras colocar el saco bajo su brazo, considerando esta la manera más segura de llevar el dinero, se colocó nuevamente la capucha.

Pasó junto al humano como si nada y se acercó a la barra, arrojándole una bolsita de monedas de oro al barman. – Cobre lo mío y lo de este buen hombre – Le dijo al hombre que la miraba sorprendido por aquella cantidad de dinero haciendo referencia al herrero, cosa que a Helena no le molestó ya que esas monedas pertenecían al mismo, habiéndolas robado al pasar junto a él. – Quédese con el cambio – Terció finalmente mirando de reojo a su cliente y a quien le sostenía, antes de seguir andando hacia la puerta.
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Re: Abîme de l'oubli ◊ Mikael

Mensaje por Invitado el Jue Abr 23, 2015 10:40 am

Eran pocas las cosas que se escapaban de los sentidos de Mikael. Él era una observador nato, alguien con sus sentidos siempre alerta, siempre abiertos, y más aún estando sobrio como lo estaba ahora pues ni siquiera había logrado tomar un sorbo de su bebida cuando se dispuso a amenazar al estafador. Aunque claro, no a todos se les escaparía que una mujer le eche mano en la retaguardia, más aún si es para quitarle la pequeña bolsa de cuero llena de monedas de plata y cobre, alguna que otra de oro. Aún sosteniendo al asustado hombre bajo sus manos, Mikael giró la cabeza y comprobó que ahora su bolsa era tomada por el barman para pagar la bebida que no tomó y la que la prostituta se llevó. -Hija de…- Sin poder terminar la oración el herrero sintió ardor en su rostro, fue algo repentino e intenso, obligándole a soltar al hombre mientras retrocedía con una sucia mano sobre la mejilla.

No pasaron muchos segundos antes de que notara a otros dos hombres tratando de detener al estafador, quien ahora tenía una navaja en mano e intentaba sacar un arma de fuego que él mismo había fabricado. El humano fue obligado a salir del bar poco después de la mujer, con la manga de la camisa tiñéndose de carmesí mientras el cálido líquido cubría su mano. La navaja era fina, de las mejores en Pandora, y se había clavado en su mejilla hasta salir por dentro de la boca, dejando una amplia herida abierta sobre la piel.

Estaba embravecido, herido tanto de cuerpo como de orgullo y sin pensarlo dos veces se acercó a la mujer. Aún tenía la mano derecha cubriendo la mejilla, sintiendo como parte de la sangre comenzaba a secarse sobre su barba y entre sus dedos, mientras la izquierda se acercaba para tomar a la mujer por la capucha, o por el hombro, lo primero que pudiera alcanzar para llamar su atención y detener su andanza. -Ya tengo suficientes problemas por hoy, ladrona.- Dijo antes de toser un poco de sangre hacia el lado para no salpicarla, pero nunca desviando la mirada de ella mientras respiraba con lentitud en un intento de controlarse. -Se que ahí tienes suficiente oro para una vida, solo pagare lo que me robaste. Con el imbécil de tu novio me las arreglaré después.-

Aunque pensará que la mujer fuera una prostituta, sin importar de lata o baja clase, nunca lo diría en voz alta. Quizá por memoria de su madre biológica, o por las cosas que hizo junto a su hermano mientras estaban fuera de Pandora, pero ahora Mikael no se atrevía a insultar o agredir a una mujer libre a menos que esta fuera guerrera, lo cual pasaba muy pocas veces y casi nunca se llegaba a violencia.

Se negaba a quejarse de la cortada más de lo que el toser le obligaba, era una cosa pequeña que no le detendría, ya había estado en situaciones peores debido a las peleas con su querido hermano, o con otras personas.
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Re: Abîme de l'oubli ◊ Mikael

Mensaje por Helena D. Corso el Jue Abr 23, 2015 1:20 pm

No acostumbraba a jugar con las personas de aquel modo, ni hacerles un favor a sus clientes al salvarles la vida, pero en aquella ocasión no fue capaz de reprimir una sonrisa de satisfacción al escuchar al herrero quejarse. Disfrutó en cierto modo jugar con aquel borracho a modo de venganza. El hombre no había hecho nada grave, es decir, no se había atrevido a poner una mano sobre ella, pero el irrumpir de tal manera con la tranquilidad y el espacio de la mujer era algo que sin duda merecía una pequeña penitencia. No obstante, era preciso que aquella sonrisa triunfal se opacara, pues corría el riesgo de que su expresión fuese tan amplia que sus colmillos fueran expuestos y, por consiguiente, ella también.

Al llegar al umbral advirtió el fresco olor a sangre, reteniéndola milésimas de segundo frente a la puerta, llamando a su instinto y despertando la sed que en horas venideras debía saciar. Abrió la puerta de golpe y dejó que se cerrara por su propio peso, azotándola, con el ceño fruncido oculto por la sombra de la capucha. Debía limitarse a respirar aquel aroma, a escuchar el jaleo que se armó dentro de la taberna, y esperar a que la noche ciñera por completo el cielo, para así poder abandonar la región y buscar a algún humano desprotegido del cual alimentarse.

Ella avanzaba, pero no se alejaba del olor a sangre. Aceleró su paso y comprendió entonces que el hombre, el herrero ebrio, la estaba siguiendo. Quizás no tendría que buscar su cena, bien podría abusar de la estupidez del humano y conducirlo a las afueras de Valtesi para saciar su sed. Aquella peste, pues en un momento dejó de resultarle agradable, no solamente estaba despertando sus instintos, sino que aumentaba la jaqueca que se apoderó de ella al tener al humano enfrente, dentro del bar. El sonido de la tos que iba detrás de ella aumentaba el olor. “Lo habrá herido aquel cobarde, seguramente.” Pensó para sí continuando con su andanza como si nada a su alrededor importara, como si no estuviese siendo seguida por un borracho.

Mientras pensaba en lo imperativo que resultaba el abandonar Valtesi cuanto antes fue alcanzada por la mano firme del humano. Si esperaba de algún modo restaurar su orgullo herido con ella, aquel hombre no solamente estaba ebrio, sino que era un completo estúpido. – No tengo contemplado gastar una sola moneda de mi paga. – Replicó al detenerse y se volvió al humano, apartando de un movimiento firme y veloz la mano que la sostenía del hombro. Si hubiese sido la capucha lo que ese hombre alcanzara, quizás habría detenido a la mujer de una manera un tanto más abrupta y ello, por lo tanto, sería la causa de su muerte. Era más que suficiente que el tacto, aunque no estuviera tocando de manera directa la piel de la mujer, le provocaba un extraño y molesto ardor. – Y no me involucro con mis clientes. En caso contrario llevaría dos sacos en lugar de uno. – Añadió examinando el rostro del hombre al tiempo que realizaba un esfuerzo antinatural por contenerse y no perder el control a causa de la sangre viva que corría por su mejilla y labios. Por suerte para ella, su expresión era por completo indiferente, como cualquier humano que es interrumpido por un extraño.
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Re: Abîme de l'oubli ◊ Mikael

Mensaje por Invitado el Vie Abr 24, 2015 10:25 am

Por unos segundos el mundo se cubrió de tinieblas y la imagen de la mujer fue quemada en su mente. Cada facción, cada curvatura de sus labios al hablar y la forma de sus ojos al verlo, todo esto parecía el rostro de una mujer calmada e indiferente, pero él presentía, no, el sabía, que aquello era una mentira. Había sentido cierta rabia al ver su mano apartada y recibir una negativa por parte de ella con respecto al dinero, sin embargo la incertidumbre era el sentimiento dominante, tanto así que incluso bajó la mano de la mejilla herida tan solo para erguirse y verla mejor. -¿Qué haces aquí?- Dijo sin ser dueño de sus palabras.

Su mente no podía acceder a la verdadera razón por la cuál tenía conocimiento de ella, así que se fabricó así mismo mentiras increíbles como las que alguna vez leyó en libros de suspenso. La piel pálida, los gestos antinaturales, su andar calmado incluso las situaciones más incómodas, su mirada…No. La mirada no sería un motivo válido. ¿La tocó? ¿Pudo comprobar que su piel era fría al tacto? No, pero su mente diría que si de todos modos. Tomó otro paso hacia ella y dijo en voz queda. -Tenemos suficientes problemas aquí como para que una niña de Bran venga y se lleve el dinero sin otro motivo más que el de entretenerse.-  El tono era un tanto severo, un enojo justificado pero irreal que solo ocultaba su confusión.

Comenzaba a frustrarse, a sentir punzadas en la cabeza, los ojos arder y el pecho contraerse, pero no se movió ni un centímetro de su lugar ni apartó la mirada de ella. Solamente respiraba con lentitud, como si en cada exhalación quisiera dejar escapar un poco del animal que luchaba por apoderarse de su ser. -Maldita sea.- Murmuró. -¿Por qué nunca puedes estar lejos de los problemas?- Esa no era lo oración que quería decir. Quería decir algo por las líneas de “los vampiros solo atraen problema”, algo general, algo que no lo comprometiera ni a él ni a ella peor terminó enfocándose en la presencia de la fémina frente así.

Ella estaba tan perdida como él y lo sabía. Al mismo tiempo ella podía ser más peligrosa cuando se asusta, cuando pierde el control, y Mikael debía sostener su lengua si quería seguir con vida o siquiera resolver este asunto. Si es que había solución alguna.

Una nueva molestia comenzaba a hacer presencia poco a poco sobre su lengua. Era una necesidad, un impulso de decir algo, una palabra desconocida pero de gran importancia. ¿Cuál era? ¿Qué era? ¿Qué significaba? El no saber lo estaba carcomiendo. El no recordar lo que ya sabía o debería de saber, y todo por la presencia de aquella vampiresa en Valtesi. Quería preguntarle algo pero todo aquello que su mente formulaba él estaba seguro no tendría el efecto deseado o no sería suficiente para obtener una respuesta que tuviera sentido para si.

Otro suspiro profundo. Una sonrisa a medias en forma de resignación y la mano limpia fue alzada entonces, abierta hacia ella con la palma mirando el cielo. Una mano áspera por el trabajo, con un brazalete de piel y hierro en la muñeca, que invitaba a la mano de ella. -Clint Mikael Vinter Schmeichel.-
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Re: Abîme de l'oubli ◊ Mikael

Mensaje por Helena D. Corso el Vie Abr 24, 2015 12:08 pm

Las expresiones humanas eran fáciles de leer para un vampiro, como si se trataran de un libro abierto, y aquel mortal no era la excepción. Aquel rostro ensombrecido por la terrible realidad de su situación no pudo sino evidenciar que lo sabía, el secreto de Helena. Algo que había logrado ocultar a la perfección y que sólo sus víctimas a muerte habían descubierto antes de perder la vida fue fácil de saber para un desconocido, cosa que despertaba una curiosidad huraña y que la aumentó al escuchar la pregunta emanar de la boca ensangrentada del herrero. – ¿Te conozco? – Inquirió con el ceño ligeramente fruncido y mirándolo de arriba hacia abajo como si tratara de reconocerlo, segura de que aquello, si no lograba apartarla de él, lo mataría.

No pudo sino retroceder un paso. Era casi inevitable que la presencia del humano se tornara invasiva al momento en el que se refiriera a ella como si la conociera. Nunca, desde su llegada a Pandora, había visto a ese hombre ni por asomo, nunca había escuchado de él y estaba segura de que su nombre tampoco había llegado a los oídos ajenos. ¿Por qué? Porque nadie lo sabía. Nadie sabía quién era Helena Corso, sólo conocían a la cazadora. Y el escrutinio de aquel mortal sobre ella no ayudaba en lo absoluto. No la hacía reaccionar como en un principio ni pensaba en lo necesario que era acabar con su vida, sino que se sentía desarmada y confundida ante aquella familiaridad hostil. – Me gusta coleccionar monedas – Espetó a modo de burla, aunque su semblante era distinto. – Y no vengo de Bran – Añadió entre dientes tras acercarse dos pasos a él, teniéndolo frente a frente.

¿Servía de algo el apartarse despectivamente de él, el pretender que lo que él pensaba era mentira? ¿Tenía caso seguir fingiendo? Lo cierto era que, mientras no lograra convencerse a sí misma de matarlo en el acto, no lo quería cerca. El disgusto que le causaba su existencia se añadía a la jaqueca que le provocaba y, ¿no era motivo suficiente para asesinarlo? ¿No estaba pensando dentro de la taberna en lo importante que era ocultar su naturaleza? Pero claro, algo más que la confusión estaba en juego; su orgullo. Darle la espalda a aquel mortal, dejándolo atrás sin más y sin secundar sus tonterías la haría quedar peor, pues significaría que la imponente figura masculina, cuya frustración se evidenciaba en su pesada respiración cual bestia, la había intimidado de algún modo y no, ella no estaba dispuesta a rebajarse a la altura de un mortal, nada que fuera más allá de las apariencias.

Su mirada azul, fría, casi hostil, se posó en la mano que el humano le ofrecía y después en los ojos ajenos. No necesitaba decir nada ni poseer expresión alguna en su rostro para establecer un abismo entre ambos, para hacer más que evidente las diferencias entre ambos, mismas que no prometían una relación cercana que obligara a la mujer a presentarse. Entonces, abusando de la confianza que tenía en que sus manos enguantadas no revelarían la frialdad de su piel, estrechó con firmeza la mano del hombre. Solía hacer ello con alguno que otro cliente tras llegar a un acuerdo y, como es de esperarse, jamás por iniciativa de ella. – Corso – Se limitó a decir. Ella no era tan confiada como aquel humano y no daría ninguna información que nadie, ni siquiera la gente que le pagaba, conocía.
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Re: Abîme de l'oubli ◊ Mikael

Mensaje por Invitado el Dom Abr 26, 2015 3:12 pm

-Perdone. Creí que todos los vampiros venían de Bran o residían ahí.- La respuesta fue casual, aunque la decepción era obvia en sus ojos. Creyó por un momento que ella recordaría algo o reaccionaría de alguna forma al saber su nombre, tocar su mano. Alguna reacción aunque sea en un mínimo parecida a la que él estaba teniendo, pero no había tal suerte. Ella estaba confundida, eso quedaba claro, y estaba en alerta, pero su mente estaba completamente en blanco, sin fragmento alguno al cuál aferrarse y explorar como la de él, quien conocía la forma de la mano femenina mejor que la propia muy a pesar de los guantes. Pero el nombre seguía escapándose y cada vez que ella hablaba parecía un eco que se perdía en la distancia y no lograba grabar en su memoria.

Se planteó la idea de insistir de diferentes maneras, de hacer preguntas adecuadas para que ella poco a poco revelara su nombre. Estaba seguro que de saberlo todo se aclararía, aunque era poco probable. Pero Mikael no era estúpido y no tenía deseos de morir en aquel instante, mucho menos en aquel lugar.

Dejó ir a la mano sin moverse de su lugar, sin desviar la mirada de la ajena mientras la sonrisa esbosada se transformaba en algo que podía interpretarse como sarcástico, y que sin embargo solo hacía acto de presencia por un tipo de resignación falsa e incompleta. -Si se va por el lado este encontrara lo que busca, o por lo menos lo que me parece que busca. Es más común que la gente intente salir de Valtesi por ahí.- Se agachó para recoger una prenda que los del bar habían lanzado hacia él poco después de haberle dicho que se fuera, una capa con dos lobos plateados bordados en el frente, uno a la derecha y otro a la izquierda. Eran el símbolo y firma de Vinter, y aunque Mikael ahora era más conocido como un Schmeichel seguía adoptando tales figuras como propias, pues eran su legado cueste lo que cueste. Tras colocarse la prenda sobre los hombros, habló.

-No se si la conozco.- Dijo con el mismo tono y expresión. -Hay mucho que no recuerdo, señorita Corso. Y no se cómo recuperar la memoria perdida. Pero no se preocupe.- Volvió a acercarse, a sabiendas de lo que podría pasar, y colocó una mano sobre el hombro de la vampiresa, en un agarre distinto al inicial pero igualmente firme, mientras observaba sus pupilas. -De mi no tiene nada por lo cual preocuparse, solo soy un herrero.- La sonrisa sarcástica se ensanchó un tanto más luego de retirar la mano, pues en el fondo sabía que si lograba recordarlo todo quizá ya no sería solo un herrero, quizá había algo de importancia en su mente, enterrado en lo profundo. En que medida afectaría esto a la mujer lo tenía verdaderamente despreocupado, pues si fuera algo importante lo sabría, o tendría algo consigo sobre ello. ¿Cierto? Las memorias más preciada no se pueden simplemente perder o suprimir, sin importar cuanto intente uno por ello, ¿verdad? Su padre intentó varias veces borrar el recuerdo de su madre cuando niño, y jamás lo logró. Si esta vampiresa fuera de gran importancia, él la recordaría rápidamente.

Sus pensamientos fueron frenados en seco al vislumbrar algo por encima de la joven, algo que hizo flaquear la sonrisa, haciendo que la preocupación asomara por su semblante durante unos segundos. -Le recomiendo que busque posada por ahora, señorita. El sol está asomando, y promete ser un día sin nubes.-
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Re: Abîme de l'oubli ◊ Mikael

Mensaje por Helena D. Corso el Miér Abr 29, 2015 12:14 pm

Alzó una ceja al escuchar la respuesta del humano, aquellas palabras que emitiera con naturalidad y sin miedo aparente hacia la vampiresa. No obstante, ella escuchaba que el ritmo de su corazón lo delataba. Si bien no era miedo lo que sentía, era evidente que el hombre se manejaba con cuidado y con recelo, como un ciervo que permanece inmóvil al estar cara a cara con su victimario. – No se preocupe, es normal para un humano como usted ignorar un sinfín de cosas – Terció recuperando su indiferencia a medida que el interés en el humano comenzaba a desaparecer nuevamente, incluso como para considerarle víctima ya de su imperiosa sed, pues el hombre sólo la entretenía. La pregunta era por qué simplemente no lo ignoraba, la mujer tenía toda la posibilidad y facilidad para dar media vuelta y dejarlo conversando solo.

Observó la manera en la que su mano era liberada y en lo único que pudo pensar era que, de algún modo, él sabía más que ella. Quizás la había visto ya en más de una ocasión o tenía en cuenta la clase de trabajos que hacía, cualquier cosa que tuviese relación con ella y entonces la intención de la morena pasó a descubrir de qué modo sabía él de su existencia. “Un extraño no reaccionaría así a un simple apretón de manos.” Se aseguró a sí misma, porque hubo algo en el ritmo de sus latidos, un cambio, en el momento en el que estrechara su mano y posteriormente la dejara ir. – ¿Y qué es, según tú, lo que busco? ¿Qué hay en el lado este que podría ser de mi interés? – Masculló mirándolo fijamente a los ojos y no apartó la mirada de él mientras que el hombre se agachaba y se colocaba la capa. No le interesaba ningún detalle de su persona que no fueran las respuestas a las incógnitas que generaba dentro de la mente de la vampiresa.

Lo escuchó con cierto recelo, como quien escucha a un demente. ¿Qué le importaba a ella si tenía memoria o no? ¿Esperaba acaso que la mujer reaccionara y le dijera con ligero ímpetu que ella tampoco poseía noción alguna de su pasado? ¿Era encontrar una relación con la mujer lo que buscaba? Una vez más, el tacto del extraño del extraño le provocó cierto ardor en la piel aunque estuviese protegida por la tela de su blusa y el cuero del bolero que vestía. Miró de reojo la mano sobre su hombro y cuando éste la apartara quedó pensativa, como si su mente comenzara a recordar cosas. No pasó mucho tiempo antes de que Helena devolviese la mirada súbitamente a los ojos del herrero. – Ya sé quién es usted. – Afirmó de repente y tras unos instantes apartó la mirada y dio un suspiro de alivio. – ¿Cómo no lo reconocí? – Balbuceó como si hablara consigo misma. – Pude haberlo asesinado… – Añadió y volvió a mirarlo finalmente. – Usted es hermano del pervertido de Zeughaunn, el hombre a quien le compro las armas. – Declaró tras haberlo observado un momento.  Pensó que si le hubiese hecho algo al tal Mikael, el hombre ya no querría arreglarle ni crear armas para ella. No era tal vez el único herrero en Valtesi, pero al menos confiaba en la calidad de sus productos.

Siguió la mirada del humano y se giró levemente para mirar el horizonte. Una sonrisa de autosatisfacción se dibujó en sus labios carmín y volvió a mirar al herrero. – Un extraño podría hacerme sombra mientras continúe entreteniéndome. – Afirmó refiriéndose a Mikael. – Pero no le temo a las primeras horas del día. Aun así se agradece su preocupación.




Portgas:

Schröder:





Nikola:

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Re: Abîme de l'oubli ◊ Mikael

Mensaje por Invitado el Miér Mayo 13, 2015 3:26 pm

Una vez más la vampiresa demostraba el elitismo que caracterizaba a su especie. El esnobismo era algo común en ellos, algo que por lo general llamaba la atención de otras especies, una necesidad de conocerles y ver más allá de aquel comportamiento. Entre más aumentara aquella actitud de la vampiresa, menos interés tendría Mikael a pesar de la innata curiosidad y las advertencias de su memoria. Simplemente no podía ver aquello como un atributo atractivo en ella, era una actitud que enmascaraba la verdadera belleza de la mujer. ¿Pero quién era él para juzgar aquello o siquiera intentar desenmascararla? Nadie. ¿Y quién era ella para llamar su atención? Nadie. Debido a estos mismos pensamientos no se molestó en responder las preguntas de la mujer. No gastaría saliva ni aliento en responder a lo obvio solo para entretenerla pues el herrero retenía el poco valor personal que le quedaba, la mínima dignidad que Valtesi le daba a un humano. Si ella deseaba ir a cazar a un lugar con presas fáciles o debilitarse hasta encontrar una presa “digna” de ella, era su problema, no de él.

En cierta forma esto lo calmaba. Quizá al final el solamente estuviera loco y estaba arriesgando su cuello en vano, pero si abría de morir a manos de ella, no se arrepentiría. Hey, por lo menos se podría presumir que fue tocado por una mujer hermosa en sus últimos momentos, y podía contar en su hermano que este exageraría cualquier evento ocurrido solo para poder reírse un rato. Mientras que en un principio los latido de su corazón eran erráticos debido a todo lo que había acontecido en pocos minutos, ahora se calmaban a cada segundo. Claro, no era que el hombre tuviera deseos suicidas, pero no temía a la muerte, no le temía a ella.

Ahora sus latidos tenían un patrón lento, calmado, pero falso. Eran los latidos que Mikael controlaba, que se obligaba así mismo a tener cada vez que se hallaba sumamente frustrado y debía fingir humor ameno o calma casi absoluta. Su respiración se volvió lenta, profunda y la mirada endurecida, al igual que cualquier otra expresión en su rostro. Regresaba el estoico Clint Vinter, dejando de lado al hermano de Zeughaunn, aquel que tenía por lo menos un cierto humor negro y un temperamento del diablo. -Ah. Es una de sus clientes.- Dijo como si la hubiera reconocido también de alguna visita de ella a la tienda, la cual también era su casa.

El hombre podía sufrir de muchas lagunas mentales acerca de su vida antes de Pandora, pero llevaba apenas unas cuatro semanas en el país maldito y sabía los rostros de todos y cada uno de los clientes que habían venido recientemente a comprar o canjear. Ella no era parte de ellos, y Zeughaunn jamás lo presentaba con los clientes. Pero de su boca no saldría información tal. Simplemente hizo un gesto de media risa y un resoplido, como si el que su hermano fuera llamado pervertido  o las palabras de la mujer refiriéndose a la consternación breve de Mikael le hubieran causado gracia. -Ya veo. En ese caso le deseo suerte en buscar un entretenimiento que le proporcione la sombra, aunque dudo que la necesite.- Desvió la mirada de ella tan solo un momento, algo había llamado su atención.

Su mano izquierda buscó en el interior de su capa hasta encontrar el bolsillo que había cosido dentro de esta. De ahí sacó una daga, nueva, recientemente forjada y con el filo intacto. Debajo del mango, en ambos lados de la hoja, estaba grabado el escudo de los Vinter, aquel que Mikael también portaba con orgullo pues nunca se había considerado un Schmeichel hecho y derecho.

-Me parece que ya la he ocupado lo suficiente, señorita Corso. Y si me disculpa, tengo asuntos pendientes que atender.- Detrás de la jovencita estaba caminando y profiriendo maldiciones un hombre medio ebrio. El hombre que había estafado a los herreros y causado la herida en uno de ellos.

Si Mikael no podía obtener respuestas de ella, si su memoria no regresaba, y si no podía deshacerse de aquel sentimiento de inmensa frustración, entonces dejaría su sangre arder, que su piel ardiera en enojo que se reflejaba en el rojo tono de su rostro y el blanco de sus nudillos al apretar el mango de la daga mientras pasaba de largo a la vampiresa, como si ella no fuera un ser peligroso y solo fuera una mujer cualquiera de Valtesi, perdida en la noche. Pero su mente sabía que ella siempre seguiría siendo más, mucho más, que solo una mujer.
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Re: Abîme de l'oubli ◊ Mikael

Mensaje por Helena D. Corso el Miér Mayo 13, 2015 9:21 pm

Comenzaba a sentirse fastidiada, porque cabe resaltar que no era ella quien retenía al hombre con insinuaciones que buscaban revelar la respuesta a sus propias preguntas. Helena tenía sus propios asuntos y el tiempo se le escapaba de las manos por culpa de ese humano, primero porque había cambiado por completo sus planes y porque ahora se otorgaba una importancia inmerecida a sí mismo. ¿De qué le servía a una mujer como ella conocer el nombre de un humano en el que no se interesaba en volver a ver? ¿Qué le importaba a ella si la conocía o no? Quizás el imbécil de Zeughaunn le dijo algo al respecto. No… No lo creía tan idiota.

Por lo pronto debía asegurarse de recuperar el tiempo perdido, de meditar en la situación e ingeniárselas para acabar su trabajo esa misma noche, porque ello no había concluido con el cambio de motín en el bar, no. La cacería aún estaba en marcha, aún no podía dar nada por concluido. – Su cliente, sí. – Respondió vagamente, restándole importancia al hombre y agudizando su oído para volver a tomar control del asunto. La puerta del bar que ahora les quedaba a unos cien metros de distancia se abrió nuevamente y el peculiar hedor de la muerte emanó escapó del bar junto con el estafador que había conseguido emborracharse, quizás para olvidar todo el jaleo provocado por Schmeichel.

De un momento a otro, su mente se ocupó en lo que veía más allá de la calle en la que se encontraba, podía sentir los leves latidos de los mercenarios que el estafador había contratado por consejo de la misma vampiresa, los escucha moverse con sigilo, algunos entre las multitudes y otros cuantos por los tejados de las casas. No eran muchos, quizás siete, pero todos ellos eran siniestros. Dejó de escuchar, por consiguiente, las palabras del humano, sus buenos deseos que venían a ser simples palabras vacías. El hombre, como bien había dicho, le sirvió para serle sombra, el olor de su sangre le permitió pasar desapercibida tanto del borracho que pasó a su lado como del siniestro que se escabulló a unos cuantos metros de distancia.

Fue entonces cuando decidió retomar la acción y concluir el asunto de una vez. Desenfundó la ballesta que le había sido obsequiada por una bruja y comenzó a cargarla, preparándose a sí para ir tras el estafador y, si tenía suerte, descubrir algo más de los siniestros. No obstante, las últimas palabras a las que pudo dar oído no fueron más que el anuncio de una segunda estupidez por parte del humano, el cual ya se había quitado de enfrente de ella e iba detrás del otro mortal. Gruñó en consecuencia y dio media vuelta de manera abrupta, alcanzándolo casi de inmediato. – Escúchame bien, Schmeichel, no permitiré que vuelvas a meter tus narices en esto una segunda vez. – Masculló en voz baja en el oído del humano tras haberlo agarrado de sus ropas a fin de acorralarlo bruscamente contra la pared, con la espalda dando hacia la mujer y con la mano que sostenía el cuchillo sujeta con fuerza. Era más que evidente que le sería imposible liberarse de aquel agarre. – Me importa un carajo quién seas y cómo te enteraste de lo que soy, tampoco me importa si eres hermano de Zeughaunn; no responderé por mis actos si por culpa tuya ese imbécil que estás persiguiendo vuelve a escapárseme. Tu hermano es mi cliente ahora y ese estafador tiene algo que yo busco, es todo lo que necesitas saber. Así que si quieres jugar al hombrecito enfurecido y vengarte por lo que hizo lo harás bajo mis términos o deberás largarte de aquí.Deja vu. Dicho aquello, lo soltó. Ya no lucía como la mujer despreocupada de hacía unos momentos, sino que la seriedad se había adueñado de su rostro, una seriedad que amenazante, poco dispuesta a ser paciente o tolerante. De nuevo, había perdido tiempo valioso evitándose un segundo error y ahora debía averiguar en qué sitio iban a reunirse tanto amo como mercenario. – Eres hermano de un peligroso criminal y aun así eres demasiado ingenuo como para pensar que con un cuchillo conseguirás lo que quieres… – Terció mirándole de reojo a medida que comenzaba a caminar alejándose de él.




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