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Y de pronto lo impensado se dio (Ryssa A. Kirgyakos)

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Y de pronto lo impensado se dio (Ryssa A. Kirgyakos)

Mensaje por Invitado el Lun Ene 04, 2016 9:42 pm

Un aventurero que no dedique su vida la aventura, descubriendo los secretos más ocultos de un intrincado mundo, como del que era parte, no merecía tan distinguido título. Poco valía la importancia de estar resguardado en una ciudad, transcurriendo los días en una aburrida monotonía, con una total seguridad, cuando esto no significaba la emoción de afrontar nuevos retos. Precisamente, era esto último lo que más disfrutaba Garosh, un atlante del que muchos decían que estaba loco, al desafiar las costumbres ancestrales de su raza, sobre todo lo concerniente al aislamiento. Una situación que por más que la habia analizado, no le encontraba sentido mas allá que un primigenio y arraigado temor en su raza por el exterior, lo desconocido. Conclusión acertada al tener en cuenta que fue un acto del exterior, de lo desconocido, que trajo el hundimiento inexplicable de una ciudad utópica como lo era la Atlántida. Sin embargo, ese sentimiento no se albergaba en su ser, sino más bien todo lo contrario, ya que él era un aventurero y por ende, una descubridor de todo tipo de secretos.

La curiosidad por ampliar sus conocimientos sobre el exterior, lo llevo a decidir una vez más salir de aquella burbuja en la que habitaba con sus hermanos y hermanas. Sin embargo, conociendo las contrariedades que eso podía suscitar, sobre todo en los más ancianos que mostraban su incomodidad ante aquel espíritu aventurero que contagiaba a los más jóvenes, opto por esperar la noche para dar rienda suelta a su pequeña andanza. El momento en que la luna se alzaba en el firmamento, dando paso a la medianoche, punto cubre en el descanso habitual de todo tipo de seres, mas no en el. Ya habría tiempo para descansar y eso lo sabía bien, motivo por el cual saliendo de los límites de la ciudad, empezó su trayecto a lo que era su próximo arribo al exterior. Brazada tras brazada, moviendo ágilmente en su elemento en medio de peces y una u otra criatura, que asustadas ante su constante y veloz andar, se alejaban entorpecidas ante su presencia.

"Veamos con que nos sorprendes, mi amado mundo" pensaba a medida que notaba como el agua iba volviéndose traslúcida, producto de los rayos plateados de la luna que le daba la bienvenida. La fuerza del agua decrecía, hasta que de un momento a otro, sintiendo como sus brazos y posteriormente su cabeza, entraban en contacto con el fresco aire nocturno. Una sensación realmente agradable y que disfrutaba como si fuera la primera vez, pese a ser ya una de sus tantas travesías que realizaba a lo largo de su vida.


Última edición por Garosh el Vie Ene 08, 2016 6:58 pm, editado 1 vez
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Re: Y de pronto lo impensado se dio (Ryssa A. Kirgyakos)

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Miér Ene 06, 2016 7:30 pm

Antes incluso de abrir los ojos, el olor a sal marina llegó a la nariz de Ryssa. Arrugó la nariz, pero no se animó a reaccionar más. Estaba muy cómoda allí, incluso su bestia interna reposaba en su interior. La mayoría de los habitantes de Pandora juraban que aquello era un purgatorio en vida. Tenían razón, pero no era la realidad de Kirgyakos. Aquellas tierras hostiles y salvajes eran un paraiso en la Tierra para ella. Por eso no temía a la noche, nunca lo haría un hijo de la luna, y tampoco tomaba las medidas pertinentes... pero se puede decir que era porque carecía de tanto sentido común que la convertía en una criaturamente sumamente valiente o estúpida, dependiendo de los ojos que la juzguen.
Su día transcurrió en el puerto, paseándose por un lugar ajeno a ella. Los bosques eran parte de su naturaleza, las tabernas de Valtesi la segunda, así que el mar nunca llamó su atención. Pero si los atlantes. Los únicos que podían acceder a su ciudad submarina, sabía que la calidad de su mercancía era soberbia. Y eso le interesaba a los mandidos. Ryssa y unos cuantos de su manada fueron enviados allí a inspeccionar el territorio, saber a donde dirigirían las siguientes cargas que les resultaban interesantes. El problema residía en que todos los omegas se habían diseminado en cuanto llegaron allí. Cumplirian con su responsabilidad, pero la griega tenía su propio plan en marcha: aquellos locales replenos de marineros de todas las razas acostumbrados a un alcohol fuerte. Lo último que recuerda es la potente carcajada de uno de los suyos antes de empezar una riña tras el último trago que su mente juraría que había tomado. No debió ser así, porque entonces sabría como exactamente había llegado a donde estaba. Un momento, ¿dónde estaba?
La pregunta asaltó su mente como un rayo, haciendo que se incorporase de golpe, la melena oscura ondeando bajo la suave brisa marina. No debió hacerse eso, porque notó que en la penumbra de la noche un dolor sordo en el brazo.

-Joder. -Susurró entre dientes, aspirando aire. Tenía la boca seca. Miró su brazo y encontró una herida en su brazo, una herida desigual. Las había visto antes, estaban con vidrio roto. Quizá una botella o un vaso. Trató de hacer memoria, sin fijarse en que su rostro también estaba decorado por más rasguños igual que los nudillos de una de sus manos estaban descarnados. Había golpeado algo y probablemente le había dolido en la misma medida que lo había disfrutado. Un suspiro de alivio escapó de entre sus labios cincelados de carmín cuando reparó en que el látigo en forma de brazalete plateado reposaba enroscado en su brazo opuesto. No soportaría perder ese arma tan implacable y disimulada. Y entonces escuchó un sonido proveniente del agua, destacando entre las olas. Oh, estaba en la playa. Contuvo la respiración. ¿Qué demonios...? De las aguas empezó a salir un hombre, un maldito gigante y si lo pensaba Ryssa era un jodido problema porque ella no era precisamente una muñequita manejable con su metro ochenta. En silencio, vio a aquel moreno emerger. ¿Un atlante? Si no hubiese sido imposible, habría apostado a que pertenecía a su raza, pero su olor se fusionaba con el mar, no había rastro de la impronta cánida de los licántropos.
Más desconcertada que molesta o intimidada, los ojos azules de la mujer siguieron clavados en aquel hombre. Sin levantarse, ladeó la cabeza mientras se sacudía con suma normalidad los granos de aire de su piel.

-Buenas noches, grandullón. -Fue su peculiar saludo, exponiendo una descarada sonrisa en su rostro, como si estuviese ante todo un espectáculo. ¿Recordamos lo que le pasaba a la morena con el sentido común? Era el menos común de los suyos.




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Re: Y de pronto lo impensado se dio (Ryssa A. Kirgyakos)

Mensaje por Invitado el Vie Ene 08, 2016 6:57 pm

Era realmente curioso la sensación de la brisa marina chocando con el cuerpo de uno. Un suave roce que terminaba por refrescar su singular piel, la cual si bien a primera vista no destacaba a la de un humano cualquiera, terminaba por ocultar un secreto y en gran parte, de donde provenía. No era que tuviera vergüenza en ocultar de donde procedía, más sabia que debía ser cauteloso en ello. Si algo había aprendido en los múltiples viajes llevado a cabo durante largo años, era que en la superficie era todo menos pacifica, mas aun considerando la multitud de razas que en ella convergían y por ende, el caos que de cuando en cuando desataban. Una sonrisa se formo en su rostro al recordar parte de su pasado, en donde el mismo se había involucrado en parte de aquellos conflictos, aprendiendo valiosas lecciones en medio de situaciones realmente peliagudas.

"Vaya sorpresa" salió de su ensimismamiento, al escuchar una aguda voz que de inmediato reconoció como la de una hembra. Hecho que constato al dirigir sus ojos hacia el lugar de donde había provenido el saludo. Una fémina de espigada figura, piel nívea y cautivadores ojos azules. En sí, una combinación sumamente agradable a la vista pero que de cierta manera le causa extrañeza por un simple hecho, podía percibir una aura de salvajismo alrededor de la mujer. Algo que no podía explicar bien pero que de cierta forma le llevaba a tener cuidado en las próximas acciones que realizaría, ya que si el ocultaba cosas porque no quien tenía delante suyo.

- Si tal paisaje viera cada vez que salgo del mar, con gusto vendría todos los días a la misma hora - respondió en un tono grave, alisando con sus manos sus cabellos, haciendo que no bloquearan su rostro. Sabiendo que debía actuar de manera normal, mas aun para no levantar sospecha en quien podría ser una agradable compañía o un singular obstáculo. Los próximos minutos determinarían ello, eso lo sabía bien, por lo cual llevando una de sus manos hacia su barbilla, vio directo hacia aquellos ojos, importándole poco el que estuviera completamente desnudo - No lo tomes a mal pero... ¿no tendrás problema en que me cubra con algo? - esbozo una pícara sonrisa, ya que en sus palabras no habían mentiras en lo absoluto, puesto al recién salir del agua, como era de esperar al no necesitar ropa en el mar que lo cubría, dejaba completamente a la vista de todos su cuerpo - claro... a menos que te agrades lo que ves - avanzo sin esperar la respuesta de la fémina hacia una roca que estaba a pocos pasos de donde se hallaba, en la cual como era de esperar, producto de viajes ya realizados, guardaba unas que otras vestimentas con la cual no levantaría sospecha entre los terrestres.
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Re: Y de pronto lo impensado se dio (Ryssa A. Kirgyakos)

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Miér Ene 13, 2016 1:43 pm

Una carcajada pugnó por escapar de la cárcel de los labios de Ryssa. El gigantón atlante tenía una lengua suave y perlas que entregar, con una voz digna de un vikingo. La risa bailó en la mirada azul de la loba si bien la sonrisa se reflejó apoderándose de su rostro.

-Ah, un amor en la playa porque uno en cada puerto sería demasiado típico, ¿no? -Comentó sosteniendo su mirada con un tono juguetón. No olía la amenaza, no parecía que ese hombre fuese a usar su tamaño y su fuerza para dominarla ni que fuese a atacar. Podía ser peligroso si se lo proponía, pero... bueno, ahora estaba desnudo y la griega se distraía con otras cosas que pensar que no estaba en su mejor momento delante de un hombre que podría resultar una amenaza. Trató de presentir si era temerario estar allí con él, si realmente le importaba eso. Pero aún nadie había enseñado los dientes y en contra de lo que sucedía entre los de su raza, Ryssa los mostró solo en una sonrisa descarada. De hecho, acabó con una ligera risa que resonó al compás de las olas en la solitaria playa- Oh, sería una decepción. Si te sientes más cómodo, me quito yo también la ropa. -El eco de una gracia burlona se reflejó divertida en sus palabras cuando bromeó pero en ningún momento apartó los ojos de aquel hombre moreno, en parte porque nunca perdía de vista los movimientos de un desconocido, la otra porque el nudismo era algo a lo que un hijo de la luna estaba tan acostumbrado que no se encontraba incómoda mientras lo observaba con el mismo pudor que si estuviese vestido. Y, que demonios, a ninguna mujer que admirase la fuerza le disgustaría ver el espectáculo. Pero se escondió tras la roca, dejándola allí. Sintió la tentación de asomarse, solo por mera curiosidad de ver al atlante, porque tenía que serlo pero decidió cambiar el rumbo de sus pasos hasta la orilla del mar, dejando un rastro de huellas por cada uno de sus pies que se hundía en la arena. Se agachó y recogió algo de agua en su mano ahuecada, echándosela en las heridas sin guerra que no sabía muy bien como habían llegado ahí. Y seguía con los sentidos puestos en el grandullón, percibiendo el sonido que hacía, el bombeo de su corazón como el fragor de las olas. No era tan estúpida como bajar del todo la guardia.

-Deduzco que el pez quiere salir de la pecera. -Comentó de pasada, echando un vistazo hacia la zona donde debería estar el moreno, por encima de su hombro y sin volverse aún.




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