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Fuckin' problems { Zeus.

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Fuckin' problems { Zeus.

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Dom Nov 01, 2015 6:58 pm

La quietud del bosque, para alguien observador, hubiese sido sobrenatural. No había rastro del piar de las aves, del susurro de las hojas cuando el viento hacía acto de presencia, de la presencia de algún animal pequeño rondar por la zona. Nada... y todo. Entre los árboles y arbustos que se erguían a ambos lados del camino que bordeaba el territorio salvaje de Arcadia, sus residentes por excelencia contenían la respiración, fusionándose entre aquella vegetación rebelde y oscura. Si querías ver parajes hermosos, la tierra de los elfos te ofrecería toda la belleza natural, pero allí, allí reinaba algo indómito en el ambiente, la ley de la selva. Allí regía Licaón, y los hijos de la luna combatían por cada pulgada de esos lugares primitivos... pero se suponía que aquel camino era seguro, siempre y cuando supieses que había una gran exposición a los bandidos. Los mismos que se escondían entre aquellas brumas de hojas, siguiendo los movimientos de la caravana de escasos carromatos que atravesaban el descuidado y abierto sendero. Y, entre ellos, estaba Ryssa Kirgyakos, en una nueva cacería con su manada, muy diferente a las que hacían sobre sus cuatro patas. Pero no pudo evitar pensar que aquello era demasiado fácil. Tres carromatos, en fila india. La mayoría de forasteros eran conscientes de que era mejor evitar esos caminos de Arcadia pero siempre había osados o estúpidos que se metían en la boca del lobo, literalmente.
Desde su posición, Ryssa no veía a guardias que protegiesen esa pequeña compañía, aunque suponía que no serían tan inconscientes y al menos los conductores del carromato sabrían pelear, sino, no irían tan seguros por ahí. Recibió el aviso de su alfa, Quick le hizo un gesto con la barbilla, y sirvió para ella y para el resto, como sombras recortadas, se movieron apresurados y silenciosos por sus tierras para prepararse para la emboscada. Se cernieron sobre el primer carro, y antes de que siquiera tuviera el guía tiempo a gritar, uno de los suyos había encajado su puño en su rostro destrozándole la mandíbula para impedirle lanzar la alarma, derribándole al suelo mientras el caballo que tiraba del transporte se encabritaba. A ninguno de los lobos le importó en realidad que se extendiese como la pólvora que estaban atacando, de hecho, fue mejor. La morena, acostumbrada, corrió esquivando a uno de los tipos que salió de uno de los carromatos, y éste se enzarzó con un macho de su manada mientras ella se colaba en el interior en busca de la mercancía valiosa que habían ido a buscar, expresamente. Armas. Que no fuesen sus métodos favoritos no quería decir que no fuesen cuanto menos útiles... y tras ver las bellezas forjadas en el calor de la fragua de un herrero, Ryssa sabía el encanto que tenía el filo del metal. Pero se esperaba encontrar cualquier cosa menos lo que descubrió cuando franqueó la entrada con un ágil salto. Esos malditos ojos. ¡¿Qué demonios hacían allí?! Por un breve lapso de tiempo, tan solo un parpadeo, un rayo cruzó por la cabeza de la cachorra. ¿Cómo era posible que ese olor tan familiar a cuero y metal no le hubiese alertado sobre él? En la excitación de la captura ni siquiera se había frenado al menos que significase auténtico peligro. Y Zeughaunn no lo era. Pero tampoco debía estar ahí.

-¿Qué demonios haces tú aquí, herrero? -¿Tenía que decidir moverse de su guarida justo para entrar en sus dominios? Echó una mirada inquisitiva sobre su hombro, a sabiendas que era cuestión de tiempo que les avistasen allí . Habló entre dientes, completamente apretados, viendo quebrada su emoción por aquella empresa cuando apareció ese rostro curtido por Pandora frente a ella. Y porque todos sus impulsos le gritaban que hiciese lo que no se permitió al marcharse de su casa, porque la loba estaba excitada y azuzada por aquellos enfrentamientos contra los miembros de la caravana, por ver allí a ese rubio que debió quedarse en Valtesi solo para ahogarse en su maldita cerveza.  




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Re: Fuckin' problems { Zeus.

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Miér Feb 10, 2016 12:35 am

El silencio era algo que siempre había valorado, especialmente en Pandora. Era algo que, de manera inevitable, asociaba tanto a la tranquilidad como al preludio de una catástrofe, y no había nada que pudiera definir a qué se debía ese prolongado periodo de silencio. Entiéndase por tal la falta de esas dos mujeres caóticas, el aroma extinto de una y de otra en la fragua y la total ausencia de sus problemáticas vidas. Por lo menos podía asegurarse que la vampiresa estaba ocupada jugando a las sombras, que sus nuevas regiones predilectas habían dejado a Valtesi en el olvido, como quien abandona su hogar tan pronto asegura su supervivencia en otros lares. De modo que la ausencia de esa mujer estaba ciertamente justificada y no figuraba dentro de las preocupaciones del herrero. Sin embargo, la desaparición de Ryssa comenzaba a adquirir tintes extraños y, quizá, sembraba un poco de responsabilidad en los hombros curtidos del humano. Aguardaba recelosamente su llegada, casi temeroso de que esa perfecta tranquilidad huraña se rompiera con la sola figura de la loba al pasearse por el taller. Y era esa sospecha el que mantenía reproduciendo en su cabeza esos últimos segundos antes de que se marchara por última vez, su propia memoria se sentía tan osada como para acosarlo durante sus horas de trabajo, durante esos días que empleó exclusivamente a trabajar sobre un pedido desde Thyris, oportunidad de vociferaba una y otra vez con ironía, reproduciendo con su cabeza ese ademán despectivo que evidenciaba su interés en el éxito de su propio oficio. Pese a que los elfos tenían una fuerza militar bien establecida, las armas venían a ser meros ornamentos para ellos, objetos que se limitaban a presumir a sus enemigos.

Tan pronto hubo terminado de fabricar las armas solicitadas, acordó el transporte de las mismas con un grupo de mercantes que viajarían a Thyris esa misma tarde en una caravana. No le resultó difícil despojarse de unas cuantas monedas a fin de costearse el transporte, menos el costo con el que los hombres prometían proteger la mercancía. No, él mismo la escoltaría. Con promesas o sin ellas, Zeughaunn estaba indispuesto a confiar su trabajo a otras manos que no fueran las de sus clientes. Así que, llegado el momento de partir, cargó el carromato con los baúles en donde había depositado las armas fabricadas y la suya propia. Era, tal vez, la primera vez que abandonaba Valtesi en mucho tiempo, y sabía que la vida podía ser tan terriblemente jodida como para torcer su viaje con alguna emboscada. El camino a la región de los elfos se incrustaba en una pequeña parte del bosque de Arcadia, dejando aislada una pequeña zona de árboles que, si bien no podía funcionar como escondite, el otro lado del camino sí. Por tanto, las probabilidades no jugaban a favor de ninguno de los comerciantes ni para él. El saber defenderse no haría nada por él si la raza que decidía adueñarse de las mercancías de la caravana resultaban ser licántropos y, más aún, era consciente que la autodefensa ante ellos resultaría más contraproducente. De modo que no había más por hacer que sentarse a esperar.

Con una cerveza como única compañía, cortesía del líder de la caravana, se sentó al fondo del carromato a afilar su hacha. Es actividad fue lo que le garantizó la soledad durante el trayecto, pues el resto de los comerciantes mantuvieron su distancia al creerlo verdugo o uno de esos mercenarios con misiones y víctimas ya asignadas. Incluso sospecharon que él era el autor del ataque que comenzaron a sufrir más adelante, en pleno bosque arcadiano, pues les resultaba lo más lógico al saber que lo que transportaba eran armas labradas por él mismo y que muy seguramente las guardaba para sus compañeros que comenzaban a extraer agresivamente a los viajeros de sus carromatos. Con deliberado desdén hacia las vidas de los comerciantes, se mantuvo sentado afilando su hacha, pensando en qué tan posible sería sobrevivir o escapar de la emboscada si se defendía con el mismo ímpetu de antaño. Sin embargo, su momento de meditación se vio interrumpido por la aparición de una mujer en su carro. De modo que se levantó de su asiento apenas sus ojos reconocieron aquellos ojos azules y esa melena azabache. Mas no la miró como si la conociera, como la habría mirado en la fragua o en otras circunstancias. Su mano, mientras tanto, sostenía con firmeza el mango de su arma predilecta, en una postura que oscilaba entre lo defensivo y lo ofensivo. No la reconocía como aliada en ese momento, y, aunque tampoco la tenía como enemiga, no estaba dispuesto a dejar que se saliera con la suya. Entendió, además, que los licántropos habían sido los autores de la emboscada, que no debía guardar esperanzas de llegar a su destino pronto e intacto.  ― ¿Quieres que te explique antes o después de que tu gente termine el asalto?


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Re: Fuckin' problems { Zeus.

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Jue Mar 03, 2016 7:26 pm

Hubiese sido decepcionante que el rubio hablase como la situación requería, que pecase por una vez en su vida de sentido común... pero en lugar de apreciarlo, Ryssa sintió una punzada de agresividad clavándose en su pecho, provocando una llamarada que cobró vida en sus pupilas.

-Quizá nunca llegues a ver el final del asalto. -Replicó furiosamente, en un siseo entre sus dientes apretados. Controló el volumen de su voz aunque fue un acto inconsciente, como si no quisiese ser descubierta cuando ¡por todos los dioses del Olimpo! ¡Era inevitable! Además no era el mejor momento para tratar de dominarse, no cuando sus sentidos seguían embravecidos y su corazón martilleaba su pecho con violencia por el anterior intercambio de golpes para labrarse un camino hasta llegar allí. Un lugar donde una voz dentro de su cabeza, rasgada por la profundidad de un gruñido, decía excitada que Zeus no tendría que estar dentro de ese carromato. Y que no podría estar en un sitio mejor cuando sentía que apenas podía contenerse, porque realmente a él le hubiese correspondido tragar con su furia, con la sonrisa brillante que lucía cuando peleaba antes de propinarte una brutal dentellada. Se lo había merecido, se lo merecía ahora por su osada insolencia, por sostener el hacha en su presencia como un silencioso e indiscutible grito de intenciones: "Pretendo dar guerra y te va a doler, disfruta." Estúpido.
Contempló solo un momento en inquebrantable silencio al herrero, como si los rugidos y ladridos que se oían fuera a juego con los gritos y golpes no perteneciesen a su realidad, no cuando esas facciones tan duras y rematadas por la virilidad de la barba se erguían frente a ella en un contrapunto sobrenatural. El tiempo se ralentizó mientras la cabeza de la morena se movía a toda máquina. Y no tenía porque. Acción, reacción, ella siempre había funcionado así ¿verdad? No era hora de cambiar esas costumbres. No podía. Pero aquella presencia le rompía los esquemas por puro desconcierto, si bien este solo se notaba en el tick molesto que hacia palpitar violentamente un músculo en su mejilla al tener encajada tan fuertemente su mandíbula hasta el punto de poder hacer chirriar sus dientes. Había una excitada furia espoleada por el ambiente sobrecargado y tensado, inusualmente quieto ahora que compartía aquel espacio con el humano armado. Era culpa de la exaltación de la emboscada, de detestar ver ahí a ese tipo. O no. Pero si había algo más que esa burbujeante ira bullendo  en su interior desde el día que abandonó Valtesi, el porque, la griega nunca buscaría averiguarlo.
Todo cobró vida de nuevo cuando uno de los humanos que iba en la guardia ambulante levantó en el aire con un grito un filo plateado que cayó limpiamente sobre Ryssa, mordiendo su hombro dolorosamente. La respuesta automática de la cachorra fue lanzar un rugido y una patada hacia atrás, arrancándose la daga que se había hincado en su piel y lanzándola fuera, con la mirada desorbitada de hombre por no haber dejado la huella ardiente del metal igual que al resto de los suyos. Por un momento, Ryssa pudo olvidar al herrero porque concetró su furia fatal en otro objetivo. Y fue liberador. Escapó de la entrada del carromato mientras los suyos continuaban con ese abordaje en tierra, coreando con aullidos mientras ella emprendía su látigo contra la carne fresca del humano.

-¡Capturad a los vivos! -La voz brutal y poderosa de Quick sacudió la cabeza de la griega, cesando momentáneamente en su pelea. Ni siquiera le había hecho elevar la voz más de lo necesario por encima del ajetreo, todos habían captado la vibración autoritaria y primitiva de su timbre. Los ojos de la hembra se clavaron en su oponente y con un chasqueo de lengua, le propinó un golpe en la sien que le hizo caer a sus pies antes de lanzar un aullido y girar sobre sus talones, azuzada por la adrenalina aunque un hombre hubiese echado por tierra su buen humor.

Capturarles.

La palabra hizo eco en la mente de la morena que se agachó esquivando un puño que iba directo a su rostro y estiró la mano para agarrar la pierna del enemigo, derribándole al suelo sin muchos alardes de fuerza mientras hacia un barrido con la mirada a su alrededor. Capturarle. A él. Con renovada y retorcida expectación, vio a su beta ir directo hacia la cabellera rubia que reconocería en cualquier parte, tan seducido por el olor del contenido guerrero en la piel de un herrero. Instintivamente, olvidó a su presa, yendo en la misma dirección.




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Re: Fuckin' problems { Zeus.

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Mar Mar 15, 2016 10:54 am

El hombre no se taladró la cabeza tratando de comprender el humor inestable de la mujer que tenía enfrente. Reconocía esos gestos en su rostro, algunos sutiles y otros toscos, los vestigios de una animal que no ponía mayor resistencia a sus instintos salvo a aquello que la mantenía fija al suelo. No le hubiese sorprendido si aquella loba decidía atacarlo, si aquella postura de reticente control pronto se inclinara a fin de abatirlo sin piedad alguna. Esa mirada azulina delataba la fogosidad natural en una emboscada como la que llevaba a cabo. Él mismo podía sentirse familiarizado con esa manera de mirar y, por lo tanto, tenía que limitarse a ser tan cínico como de costumbre y sólo actuar en contra de Kirgyakos si ella pretendía atacarlo. Sin embargo, la amenaza de la mujer lo hizo decidir finalmente qué partido tomar al respecto. Ryssa se había auto declarado como enemiga del rubio y a éste no le importó más de quién se trataba.

Zeughaunn siempre había sido así. Jamás había tenido la dificultad de despojarse de una mala amistad ni al deshacerse de su más íntimo aliado. El hombre basaba su lealtad en las circunstancias y en la postura ajena, como lo estaba haciendo con Ryssa. No importaba, en realidad, por cuánto tiempo se habían conocido ni las circunstancias que en el pasado acordaron una alianza tácita, tampoco si había algo pendiente, alguna deuda entre ellos. Él sólo podía contemplarla como si se tratase de alguien más. Esa mujer que se resistía a seguir su instinto libremente estaba cada vez más lejos de ser Ryssa Kirgyakos. Se estaba convirtiendo en alguien más, en alguien ajeno a él, pero más cercana al Zeughaunn que alguna vez tuvo la oportunidad de ver. Él también se había despojado del humano. Ambos estaban despojándose de sus caretas, de la apariencia con el que enfrentaban el día a día. Y quizá aquello era más íntimo que un interrogatorio bien dispuesto.

Alcanzó a ver la silueta distorsionada del comerciante que dejó caer el peso y el filo de su arma sobre la piel de la morena, hiriéndola. Los restos sutiles de la expresión burlona del humano terminaron por esfumarse a medida que contemplaba el filo ajeno incrustarse más y más en el cuerpo de la morena. El vigía no sólo había pecado de cobarde tras atacarla con la espalda, sino que había tenido la osadía de interrumpir ese encuentro silencioso e infructuoso que ambos tenían en lo secreto del vehículo. El tiempo fue recuperando su ritmo habitual a medida que la mujer reaccionaba y se defendía. Sin embargo, Zeughaunn no iba intervenir como en aquella ocasión en que optó por ser él quien enfrentase al siniestro. Ryssa iba a deshacerse de un humano acobardado y no había gloria en tomar parte en la contienda. De modo que permaneció donde estaba, cual ermitaño buscando defender un miserable rincón que fungía como escondrijo. Tenía, al fin y al cabo, que proteger su mercancía.

Naturalmente, no esperaba paz y tranquilidad en medio del caos orquestado por la manada de Ryssa, por lo que no le sorprendió tener un segundo invitado en el carromato. Era una bestia que, a diferencia de la morena, se abalanzó desde afuera, buscando atacar directamente al cuello del humano. Entre defensa y ofensiva sin tregua consiguieron herirse mutuamente, aunque no en el mismo grado. Zeughaunn recibió un zarpazo que cruzó desde la línea de su mandíbula hasta la curvatura de su nariz, además de otros rasguños en sus antebrazos, mientras que éste apenas consiguió hacer un surco superficial con el filo de su hacha. Tan precavido como había de esperarse, aguardó apenas un segundo para que el efecto de la herida comenzara a manifestarse, pues era plenamente consciente de que un arma sin una porción de plata no valía para defenderse en esos parajes. Sin embargo, cuando pensaba que al fin se había librado de su primer contrincante, un hombre de mayor fuerza lo tacleó, alejándolo varios metros dejos de su arsenal. Comprendió que aquella criatura no podía tratarse del alfa, pues éste había vociferado la última orden que ponía fin al asalto y aquél que buscaba darle muerte, si bien no era el alfa, no podía ser un novato, dada la fuerza que empleaba sin gran esfuerzo. Así, apartados los dos del suelo, mirándose fijamente a la espera de un movimiento por parte del otro que reanudara el encuentro, Zeughaunn se sintió verdaderamente amenazado, con la adrenalina que corría por las venas que no parecían dispuestas a detener las hemorragias. No sentía dolor, sino que el enfrentarse con alguien más fuerte llenaba su cuerpo de vigor, como si buscase convencerlo de que tendría una oportunidad en contra del beta pese a que fueran dos bestias distintas las que estaban por enfrentarse. Floreó el hacha que no estaba dispuesto a soltar y pronto se convirtió por segunda ocasión en el único humano que continuaba resistiendo al asalto.


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Re: Fuckin' problems { Zeus.

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Miér Mar 23, 2016 9:17 pm

No fue la única que sintió el magnetismo de la creciente excitación del espectáculo. Irremediablemente, cuando cada lobo propinaba un brusco empujón a las criaturas que habían osado internarse en su territorio para reunirlas al lado del mismo carromato bajo su vigilancia, sus miradas acababan volteándose hacia su beta. Salvo los ojos de Ryssa. La griega, ignorando el ajetreo y el sabor de la sangre que había dejado el último golpe fuerte en su mandíbula, clavó intensamente las orbes ribeteadas de dorado en Zeughaunn. Podía olerlo. Estaba ahí, bajo su piel, con la máscara destrozada por un zarpazo que había dejado una huella de violencia en su rostro. Zeus, la bestia, latía furiosamente alimentado por el dolor y la agresividad. Y las dos consciencias de la hembra le percibían. La loba quería ver la rudeza de la batalla sin posibilidades reales de que el humano obtuviese la victoria pero eso no significaba que no ofreciese un buen espectáculo. Había visto a ese marcado que se suponía mortal mantenerse en pie y pelear cuando debía caer implacablemente, como si estuviese poseído por un berserker. A cada golpe, más fiereza. Le vería morir en ese mismo instante solo para que los demás pudiesen ver lo mismo que ella, sintiéndose retorcidamente orgullosa de que pudiese dar la talla ante uno de los suyos como se había defendido hasta entonces con su hacha. Pero su parte humana quería salvarle. Desesperadamente. Incomprensiblemente. Ryssa y Artemisa solían estar siempre en perfecta armonía y moviéndose al mismo son bajo la luz de la luna. La humana abrazaba a la bestia y a su propia naturaleza. Su autocontrol se hallaba en que nunca trataría de doblegarla como una vez hizo aquella mujer que la había parido. Su autocontrol simplemente no existía. Pero ahora, en ese instante, mientras veía a Garwood mirar amenazadoramente con la promesa de cobrar su sangre, la morena pensó con absoluta claridad llegando a un acuerdo tácito consigo misma: necesitaba a Zeughaunn vivo para ver a Zeus alzarse. Porque aquel hombre, de alguna forma, le pertenecía. Su vida no podía extinguirse. Aún no. No de la mano de alguien que Ryssa despreciaba. Y no a su presa. No a Zeus.
Buscó a su alrededor solo para acabar estirando la mano hacia el cuerpo del humano que yacía inmóvil a sus pies, mecido por la niebla de la inconsciencia tras haber compartido un feroz baile con ella apenas unos segundos antes. Tomó de la cintura de su pantalón holgado el arma que pendía de ésta, la luz arrancándole un brillo platino y mortal al filo del cuchillo arrojadizo que no tuvo la oportunidad de usar.

-¡Quick! -Bramó, llamando la atención de su alfa. Ryssa lo hizo por el humano, sin vacilar, haciendo que silbase en el aire hacia su objetivo lo lanzó. Nadie se interpuso pero todos olieron con desagrado el aroma de la plata que dejó en su dirección. Se clavó firmemente entre los omóplatos de Garwood, un siseo demostró como la quemadura devoraba su carne mientras este lanzaba un gruñido y se lo arrancaba de la espalda para lanzarlo al suelo, pero la culpable no tuvo la cortesía de mirarle aún- ¿Quieres que obtengamos armas como esa? ¡Pues no permitas que mate aun al herrero! -El verde teñido con motas amarillas de los ojos de Quick era sobrenatural y oscuro. Se alternaron de ella al rubio y después a Garwood. Un pesado silencio cayó, todos esperando su palabra durante un tenso momento.

-Todos vivos. -Repitió pero había una intimidación mortífera cuando apenas avanzó hasta posicionarse al lado de la griega. El beta lanzó una mirada homicida en dirección a la misma antes de esbozar una sonrisa sádica y cernirse sobre el herrero. Con vida no significaba en perfecto estado y ese vacío legal le permitió volver al ataque pero Ryssa, si bien mantuvo un rostro deformado por la agresividad, no volvió a hablar. Cualquier daño era merecido por pisar sus tierras cuando él no debía estar allí. Estar al borde de la muerte no era lo mismo que acostarse con ella y si Zeus ofrecía la guerra que prometía en sus ojos, antes la habría logrado- Le conoces. -Quick habló en un tono lo suficientemente bajo para que solo ella le escuchase mientras el resto se encargaba de los prisioneros y de ir a por el mismo que su beta y capturarle. Cualquiera se habría encogido ante la voz del pelirrojo, la cachorra cuadró los hombros como un soldado ante su superior y elevó la barbilla con un vestigio de orgullo.

-Me pertenece.

-No tiene tu olor. No está marcado por ti.

-Me pertenece, Quick. -Repitió entre dientes.

-No deberías tener mascotas. -Repuso en un tono más relajado antes de señalar con un gesto a Garwood- Solo las manzanas podridas las tienen. Y ahora conoce él la tuya. Cachorra estúpida. -Y se viró, dándole la espalda antes de aullar para regresar hacia el campamento tras recoger lo valioso de los carromatos y armas así como a los prisioneros.




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Re: Fuckin' problems { Zeus.

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Vie Abr 01, 2016 2:55 pm

El oficio de Zeughaunn lo había preparado para encarar la muerte cuantas veces fueran necesarias, para recibirla con aquella sonrisa insolente cuando llegara el momento de partir. Sin embargo, su manera de aceptar sus circunstancias era a partir del rechazo, era entregarse de lleno a una sola cosa, permitirse apostar a lo improbable incluso si eso implicaba arrastrarlo a la muerte misma. A él no le importaba perecer ni terminar en estado crítico. Dejarse intimidar por la idea de morir era una manera de otorgar la victoria a otro, era darle la oportunidad a su oponente de invadir su mente y volcar todos y cada uno de sus caprichos en dirección a la cobardía, obligarlo a rogar por algo que jamás le había preocupado conservar. Por tanto, aquellas circunstancias eran las mejores para él. No había nada que lo atase en ese mundo como para representar una debilidad y, además, tenía su orgullo en juego. Era uno de los pocos sobrevivientes del asalto y ahora se enfrentaba a una criatura poderosa, una que prometía asesinarlo a la primera oportunidad. Finalmente, la adrenalina corría por su torrente sanguíneo, privándolo del dolor, de la sensación molesta de la sangre huyendo de él a través de sus heridas. La sangre, ajena o propia, le resultaba excitante, lo llevaba a superar la hostilidad habitual que lo caracterizaba en el mundo de los criminales, fuera de Pandora.

Sin embargo, en algún punto del enfrentamiento, el beta emitió un sonoro rugido que caló en los oídos del rubio. Alguien lo había herido, alguien había intervenido en el combate y se presentaba en favor del herrero. Lejos de agradecer la acción, frunció el ceño y buscó con hostilidad emanando de sus ojos al que, entre los licántropos, había lanzado una daga de plata a su contrincante. Y pronto la voz de Ryssa resonó en el eco del bosque, siempre segura de sus propias acciones, siempre obrando bajo su propio beneficio y según le viniera en gana. ¿Qué más le daba a ella si moría o no, si servía para otorgar armas a su gente? Pasó el antebrazo por su rostro, a fin de remover el exceso de sangre que comenzaba a fastidiarlo, sin perder de vista a la mujer y al beta. Ahora ambos tenían algo que conseguir del otro, ambos deseaban extraer de labios ajenos una respuesta que los malhumoraba, especialmente porque aquello le resultaba particularmente confuso. La licántropo había estado frente a él minutos antes sin dar señal alguna ni de enemistad ni de alianza, simplemente le ofrecía el reflejo de una excitación hostil provocada por el asalto, por las vidas que habían cobrado y por el aroma dulzón de la sangre que ella muy seguramente podía percibir.

Su respiración escapaba con fiereza de su boca. La carne bajo su piel había comenzado a perder el efecto de la adrenalina y ahora picoteaba la piel del herrero, recordándole, sin descanso, que había sido herido, que estaba en riesgo. Pero a él, lejos de importarle su propia condición, observaba a los licántropos reunir la mercancía adquirida y al resto de los humanos que, como él, habían sobrevivido. Naturalmente, se habrán hecho ya de su preciado baúl repleto de armas cuya finura sólo serviría para aumentar su capacidad de daño si se empleaban correctamente. Además, si el alfa decidía que la vida del herrero tenía alguna valía, tendría que fabricarlas para ellos también. Torció una mueca en respuesta a sus pensamientos y se giró un poco mientras era escoltado, buscando la figura de Ryssa que ahora conversaba con el autor de aquella carnicería. No había coincidido con ella en circunstancias favorables y aún no podía decidir si haberle salvado el pellejo era bueno o malo. Sabía, simplemente, que tenía que llegar a ella y preguntárselo él mismo.


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Re: Fuckin' problems { Zeus.

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Miér Abr 13, 2016 7:02 pm

Los pensamientos de Ryssa daban rápidos y frenéticos tumbos, no le pertenecían. Obcecadamente, mantuvo su mirada contenida al frente mientras solo la tensión de su espalda reflejaba hasta que punto estaba dominando sus impulsos. El habitual rictus fiero que tornaba sus labios en una sonrisa animal ante la menor provocación ahora permanecía apretado en una línea. Descaradamente, su atención ya no estaba con las presas que los lobos habían aglomerado en el mismo punto, empujándolos con brusquedad para guiarlos hacia el campamento tras desvalijar sus carromatos. Saqueó con violencia el interior de un carromato vaciando sin compasión en el suelo un saco que no contenía nada más que baratijas que no cargarían. Lo hacía para ocupar su cabeza, para no buscar al único humano que clamaba inconscientemente una y otra vez por asegurarse de que seguía respirando. No estaba segura de si le deseaba vivo por que no había otra opción válida para ella, significase lo que significase, o porque daría la cerveza en la que se fundiese su parte del botín por ser ella la que le destrozase y se cobrase su vida. Estaba tan furiosa con él. Por él.
Todos se mantuvieron a una sana y sabia distancia prudencial de la omega. Nadie inteligente, sin importar el rango, se acercaba a un animal rabioso y le tiraba del rabo. La hembra olía a furia condensada, escondiendo algo más bajo ésta. Algo que no estaba acostumbrada a sentir, algo que quería proteger de los demás, algo que tanto Ryssa como Artemisa apenas sabían manejar sin rudeza. Caminó rápida entre la manada, sus pies siguiendo la senda entre los árboles de memoria y silenciosos. Tenía la espalda vuelta a los escasos prisioneros, no atendía a algún que otro gimoteo silenciado con golpes duros como el acero. Y entonces un empujón hizo chocar su espalda con brutalidad contra un ancho tronco que crujió ante la fuerza del golpe. Una mano voló hasta su cuello, reteniéndola y cortándole la respiración. Los dedos de Garwood se hundieron en su carne, impidiéndole tomar aire. Por inercia apresó la muñeca de éste, sus uñas dejando un rastro en un gesto que habría pasado por desesperado si no hubiese sido por la atroz cólera que se plasmó en sus pupilas.

-Si vuelves a herirme, Kirgyakos, no vivirás otras luna llena. -Fue una amenaza fría y afilada, fuera del fervor de la batalla con la inhumanidad que el desinteresado y recto Garwood tendía a mostrar a los espectadores que ahora observaban como si fuese aquello un episodio normal. Lo era. No tanto los avisos abiertos como la promesa de una pelea por la que apostar antes o después. Los días tranquilos no eran frecuentes ente los licántropos, tampoco que la jerarquía fuese inalterable en una sociedad donde se imponía la fuerza, ya fuese con la intención de mantenerla o no.
Para cuando el beta liberó a la morena, ésta tenía la huella de sus dedos como un colgante violaceo en su cuello. Exasperada, un volcán en erupción, ni siquiera pensó en las consecuencias. Con un rugido feroz se abalanzó sobre él, derribándole al suelo con ella encima. Quizá no esperaba que la cachorra reaccionase tan rápido, que demostrase tan ostentosamente que el sentido común era el menos común de los sentidos en ella. Debió haberlo esperado pero solo le dio tiempo a cruzar a cubrirse ante el primer golpe antes de tratar de quitársela de un violento empujón y volver a la carga. Lo único que consiguieron ambos fueron varias manos, leales a Garwood, separándolos.

-¡Voy a matarte, Garwood! -Gruñó Ryssa y, al contrario que él, fue una promesa cargada de fogosidad y pasión que envidiaría cualquier amante entre las sábanas. Con un movimiento brusco, se quitó de encima al resto y echó a andar. Quick se limitó a observales desde la distancia, con un chasqueo molesto de su lengua sumado a una mirada que se debatía entre una renovada diversión e irritación. Encabezó tras eso la marcha sin más preámbulos, más pensativo, hasta el campamento.
La griega se frotó el cuello, dirigiéndose hacia donde algunos lobos más viejos junto a los cachorros encendían una hoguera antes de la llegada de la noche. Se acuclilló para ayudarles, aprovechando la excusa para desde su posición desinteresada vigilar como metían a los presos en una tienda donde Garwood mantenía a sus esclavos. Era un insulto, era tan humano como repugnante. De nuevo se encendió la sangre de la joven en sus venas justo cuando una chispa hizo que el fuego devorase las ramas agrupadas ante ella. Que molesto era saber que aquella vez tenía el doble de motivos para sentirse indignada, aunque no había ninguna nobleza en ellos. No era la integridad de los mortales lo que la hacia removerse, era ver a un lobo tener una granja y separarse tanto de su origen, ser tan humano y obviar el respeto por la caza. Tampoco era Zeughaunn quien la hacía sentir así, era saber que Zeus podía correr una suerte equivocada que no quería para él. Una bestia así merecía otro destino. Y ella estaría ahí para verlo.
Aprovechando la cercanía a la tienda usada como encierro, se sentó con la tela de ésta a sus espaldas, con ojos atentos y disimulando con una cerveza en su mano y una pose despreocupada y esperó a que el manto de la oscuridad se cerniese sobre Arcadia. Sabía que Quick se presentaría antes o después a negociar y valorar el precio de sus prisioneros.




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Re: Fuckin' problems { Zeus.

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Mar Abr 19, 2016 4:08 pm

La manada de licántropos volvió a fraccionarse. Unos se encargaron de retener a los sobrevivientes cerca de las cabañas, discutiendo entre ellos para saber qué órdenes esperar. ¿Quick o Garwood? ¿A quién le correspondía decidir el destino de las últimas víctimas del asalto? Zeughaunn conocía el nombre de aquellos dos, los escuchó de boca de la vampiresa, en una de esas ocasiones en las que decidía pasarse por la herrería bajo cualquier pretexto para disimular la falta de uno válido. Ella simple y sencillamente quería asegurarse de que el único hombre que la conocía en Pandora estuviese con vida, todo por mera conveniencia. Pero incluso en aquellas circunstancias, rodeado de otros humanos de miembros trepidantes, por miedo o por pérdida de sangre, seguía en pie. No era la primera vez que era sometido cual prisionero de guerra y tampoco era la primera vez que veía a otros hombres rogando por su vida y por su libertad con una sola mirada silenciosa. Algunos habían tenido mejor suerte que él, tenían la boca llena de sangre a causa de los golpes recibidos, otros tenían menos heridas en su cuerpo, a veces un poco más profundas que las de Zeughaunn. En realidad, al verles a todos tan aterrados y débiles por su situación, no apostaba por ellos. Esperaba, incluso, que alguno de ellos pereciera en el transcurso de la noche. ¿Y no era ese el destino pensado para todos los humanos en Pandora? Algunos perecerían a manos de los licántropos, otros por las armas de los siniestros y otros más por los inmortales. Si es que sobrevivían, para empezar, el viaje a la isla.

Sabía, cuando menos, que aquella manada entre la que se encontraba, era la que recibía la cerveza, esos envíos que llegaban periódicamente a  su herrería antes de dirigirse a su destino final. Y podía usar esa carta a su favor. Todo era cuestión de encontrar el momento y la persona indicada, algún licántropo con suficientes sesos como para tragarse la historia y comunicarla a cualquier superior. Sin embargo, recordó las palabras de la inmortal, a las cuales otorgó vaga atención, tras ver la breve contienda entre Kirgyakos y el tal Garwood. Ése era el imbécil del que había escuchado hablar, el licántropo que tenía por costumbre tomar a los humanos como mascotas y el mismo que había perdido a algunos de sus subordinados en el puesto. Intuyó, por la reacción de quienes vigilaban a los prisioneros, que ellos también eran sus seguidores, lo cual explicaba su indecisión. Por fortuna para él, parecía que de entre los presentes, su vida era la única que tendría un valor de utilidad y que el riesgo de terminar como perro de Garwood era menor que el de morir. Y no es que le preocupara su propia existencia. El problema estaba en que el hombre se negaba a terminar de una manera tan vil, que prefería fallecer dando batalla a terminar peor que en sus circunstancias actuales. Existían, por lo tanto, posibilidades por eliminar, riesgos que reducir a nada.

Pronto apareció ante ellos el sitio en donde los mantendrían cautivos temporalmente. ¿Esperaban realmente que alguno de esos hombres se echara a correr con la ridícula esperanza de salir vivo de Arcadia? La mayoría, aunque reflejaban en sus ojos el deseo de huir, se notaba incapaz a causa de la parálisis provocada por el miedo. Zeughaunn, en cambio, no se quedaba por sensatez, sino por curiosidad y porque aquello no podía sino recordarle la vida en el mundo exterior. Era como si volviese a ser un novato, atrapado por el enemigo a causa de una mala jugada, confinado a un espacio reducido y en donde la luz no entraba. Ahí el tiempo daba igual, no importaba si era de día o de noche. Lo único que tenía para medir qué tanto demoraba Quick, según lo anunciado, en definir el valor de cada preso, era la sangre que corría por su rostro. Sentía su cuerpo cada vez más pesado y el rostro menos húmedo. La oportunidad de hacer algo estúpido era cada vez más lejana.

Al cabo de unas horas, sin que el tiempo de espera hubiese logrado menguar el temor entre los demás mercaderes, entró un licántropo, dejando entrever que había caído la noche. No era el alfa, sino algún vigilante que había entrado con una antorcha para asegurarse de que todos estuviesen vivos, pateando a los que habían decidido tirarse al suelo. Después de un minuto, entró finalmente Quick en compañía de Garwood y otros lobos, como si esperara que el alfa accediera a dejarle alguno para alimentar su espíritu de superioridad. ¿Entraría Kirgyakos a jugar con ellos también? Torció una sonrisa burlona al ver pasar a Garwood frente a él, retándolo con ese gesto insolente que siempre le había caracterizado. Ellos no iban a matar a quien les surtía la cerveza cada tanto.


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Re: Fuckin' problems { Zeus.

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Vie Abr 29, 2016 6:23 am

El chisporroteo del fuego bañó de luz el gesto de Ryssa. Corazones, tambores discordes y violentos, se oían a través de la tela de la amplia tienda que tenía a sus espaldas. Olía el miedo, toda una concentración ahí dentro que enloquecía sus sentidos. No solo los de ella. Los cachorros más jóvenes apenas controlaban las excitadas miradas hoscas hacia ellos, sabiendo la cantidad de presas que respiraban condensadas y fáciles en el interior de la lona. Eran solo crías azuzadas por el instinto. Era más sencillo ser dueño de esto cuando encarnabas un cuerpo humano... pero las bestias aún podían percibir la debilidad. Nadie podía juzgarles por inclinarse ante una ley que llevaban escrita en los genes: sobrevive el más fuerte. Y la mayoría de los apresados no verían un nuevo amanecer.
Mantener los ojos fijos en la hoguera solo avivó las llamas que devoraban a Ryssa desde las entrañas. La afrenta de Garwood aún latía en su cabeza, en su cuello. También ser consciente de que creía poder jugar con su presa, con el humano que enmascaraba algo que ella había atisbado. Que le pertenecía como la tierra virgen a su conquistador, la captura a su depredador. No era la primera ni sería la última vez que provocaba a su beta, que Garwood trataba de dominarla. Esa batalla cada vez más abierta estaba durando demasiado. No siempre había sido así. Aún podía tenía el recuerdo fresco de las veces que la mente fría del superior había plantado algo de cordura y sentido común en su cabeza, aquellas donde la morena no había caído atrapada en otras manos gracias a él. Cuando aún se comportaba como un animal, como una bestia, como un lobo. Como uno más. Ahora, mezclándose entre humanos y comerciando con ellos, manteniéndolos como esclavos destinados a servir de ganado, había arrebatado hasta la mínima pizca de respeto a ojos de Ryssa. No a ellos, sino a él mismo. La vida o la muerte de los apresados, hasta aquella caza, no había significado más que un pequeña parte para ella. Mínima. Cada ser de Pandora jugaba con unas reglas propias y diferentes, si no sabías adaptar la partida merecías acabar como esos humanos lo habían hecho. Pero no a manos de lobos, no tratándolos como mera mercancía cuando eran alimento o entretenimiento. A la comida juguetona se le debía algo más. Todo aquello había sido iniciado con Garwood... y si dependía de ella, moriría con él.

El tiempo pasó y la vigía de la mujer loba la mantuvo despreocupadamente sentada ante el calor. Fue Quick quien, con semblante serio contradiciendo el gesto, dio con su puño en su hombro amistosamente para que se moviese. No hizo falta que pronunciase en voz alta la orden, sabía que debía seguirle igual que Garwood y otro par de lobos al interior de la tienda. Eso no era habitual. Ella rara vez tenía que ver con con los rehenes que querían convertir en rebaño. Solo los casos más puntuales habían demandado la presencia de Ryssa, cuando la cabeza de alguna de sus capturas supervivientes valía algún dinero a lo sumo. Pero aquel abordaje en tierra, suponía que al intervenir como lo hizo, lo había reclamado como uno de esos "casos puntuales". Se levantó, tomándose su tiempo tras cavilar entre aquellos pensamientos, echando una última ojeada al campamento que se erguía a su alrededor. Para cuando franqueó las lonas que servían de entrada convirtiendo aquella cárcel en otro mundo agonizante comparado con la animación de la manada de fuera, le recibió la voz de su alfa. Su voz era la única que en la cabeza de Ryssa tenía potestad para resonar potente quisiese escucharla o no, con ese timbre autoritario al que ninguno de la manada podía resistirse. Sin embargo la atención de la morena iba una y otra vez hacia los priosioneros. Se esforzó por mantener su semblante despreocupado fijo en Quick, ignorando deliberadamente al beta y cruzada de brazos, como si aquel tema, en realidad, no fuese con ella. Acabó echando un vistazo en derredor, una mirada que podría pasar por tediosa aunque si hubiese sido un felino su lomo se habría erizado. Lo peor que le podía pasar a un animal era caer atrapado entre jaulas y cadenas, aquello era similar. Quick parecía tan asqueado como ella, solo que él no lo ocultó. ¿Por qué iba a hacerlo? No sentía ninguna simpatía por aquellos humanos pero tampoco por su situación, no tenía nada que esconder. Ryss sí.
Parecía haber decidido ya los que no significarían nada para ellos y todo para Garwood y por los que tenía algo que apostar. Había algunos que simplemente tenían precio por su cabeza por su utilidad, por su rango, por que pertenecían a alguna familia que podría sustentar las arcas de la manada. Esos tenían suerte, sus vidas no corrían un peligro real. Los que considerasen esclavos, dependía de su resistencia únicamente. Podía notarse en sus caras los que estaban condenados y los que no.
Quick se giró hacia la griega, ella levantó la cabeza en su dirección, sin variar su posición.

-¿Qué?

-El herrero. -Señaló a Zeughaunn con un gesto de su mentón, sin mirarle. Ryssa si siguió la dirección, topándose con el rostro del rubio. Quedó en silencio unos segundos y pareció que no iba a a hablar, ni a él ni a su alfa, mucho menos a Garwood que mantenía su atención sobre ellos. Demasiado observador, demasiado racional. Entonces Ryssa esbozó una sonrisa, toda para el humano, torcida y traviesa aunque no llegó a sus ojos.

-Zeus no me necesita a mí para hablar por si solo y el humano no merece la pena. Él sabrá. -Era hora de que él escogiese quien estaba ante aquellos lobos, ella solo se limitó a darle la fórmula que necesitaba si es que le hacía falta oírlo. Sabía que Zeus estaba ahí, con aquellas heridas destrozándole de la manera más excitante que la loba podría ver jamás. Tenía las cartas a su favor, la jugada en su mano si sabía seguir la partida. Sin más, la omega se marchó de nuevo de la tienda tras lanzar una última mirada al humano con esencia de bestia, de nuevo con la despreocupación que la caracterizaba a unos niveles abismales. Volvió a su puesto fuera de allí, pero sus oídos prestaron más atención que nunca a la conversación que se instauraba dentro. No temía por Quick aunque con su voluntad bastase para convertir al herrero en polvo, era Garwood quien le preocupaba si bien la presencia de alfa dentro bastaría para mantenerle a raya. Si Zeus contaba con salvación, mandarían a curar esas heridas y Ryssa podría hacerse cargo de la situación. Si no... Por un instante, la morena se quedó pensando en cual sería su siguiente paso si esa opción se convertía en viable. Las posibilidades eran ínfimas, ¿y si pasaba? Supo que decidiría su instinto, no ella en realidad. Se mantuvo frente a la entrada, esperando ver salir al hombre. No había otro camino.




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Re: Fuckin' problems { Zeus.

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Sáb Mayo 14, 2016 3:20 pm

Al verla pronunciar su respuesta de manera tan decidida, la sonrisa en sus labios se ensanchó, mostrando sus dientes en un contraste claro entre lo blanco y lo rojo. ― Sigue molesta porque conozco a Perséfone. ― Terció en esa simpleza que caracterizaba a los hombres que trataban vanamente definir el carácter y los pensamientos de una mujer en una sola frase. Acto seguido, se pasó el antebrazo por el rostro, removiendo despreocupadamente el exceso de sangre y pintando aún más su piel en el proceso. Su mirada azul, enmarcada por su propia sangre y teñida de esa bestialidad burlona que desposeía en la fragua, siguió el camino recorrido por la mujer aún y cuando ella ya se había marchado, seguro de que lo escucharía y que la haría enfurecer. Pero quería eso, precisamente, forzar un encuentro inmediato que al parecer no ocurriría. Se giró, entonces, hacia el alfa, estudiando fugazmente la postura de Garwood en el proceso, y le miró sin alterar su expresión. Zeughaunn, por más que pudiera dar esa impresión ante la morena, no era ningún idiota. Le resultó imposible pasar por alto las expresiones que abordaron el rostro tanto del alfa como de la omega a medida que caminaban entre los humanos, como si tuvieran que atenerse a esa clase de situaciones, elegir quién serviría como esclavo y quién podría ofrecer a la manada una última ventaja económica. Los condenados a morir, por otra parte, estaban ya aferrados a la parca, de modo que la muerte los hacía invisibles a ojos de los licántropos, pero no ante el herrero. Todos estaban en el mismo barco y cada uno representaba un matiz distinto de posibilidades. No obstante,  Quick parecía tener definido el futuro cercano del herrero. Era evidente desde el momento mismo en el que entró a la carpa, desde que formuló esas dos simples palabras para Kirgyakos. El alfa quería que dijera por sí misma por qué el hombre valía o si realmente tendría algo que ofrecer a la manada. Pero no. Ella lo dejó a su criterio, consciente también de que el hombre ya había tomado una decisión. Ahora Zeughaunn lo miraba a él, esperando a que diera voz a lo que tenía en mente. Entonces la tensión se desvaneció al fin con una simple orden y un ademán con la cabeza. Su lugar ya no estaba entre los rehenes, entre los sobrevivientes de un ataque que los continuaría condenando a cada vez más cosas.

Sentía el cuerpo pesado a cada paso que daba, como si la gravedad buscara impetuosamente presionarlo contra el suelo. Las heridas en su cuerpo le molestaban y parecían consumir su piel a medida que pasaban los minutos. No obstante, no se sentía agotado. Aún no. Necesitaba un maldito respiro nada más y pronto estaría listo para ser el mismo imbécil de siempre, para seguir pretendiendo que podría hacerle frente a aquella raza que le había ofrecido una tregua temporal. Apenas traspasó la salida de la tienda, buscó a Kirgyakos con la mirada. Su expresión en el proceso no contenía la misma sonrisa burlona de siempre. Abandonó su cautiverio con absoluta seriedad, concentrado en las punzadas de dolor, de modo que su cuerpo pudiera habituarse a él. Y cuando sus ojos se posaron en la figura curvilínea de la morena, esbozó nuevamente una sonrisa, esta vez con aires de complicidad y cierta satisfacción. ― Tú guías. ― Dijo sin más. No iba a pretender que la mujer no había escuchado nada de lo ocurrido ahí dentro, aunque sus ojos no hubieran sido testigos de la expresión del beta ante su liberación, por lo que simplemente se puso a su disposición. Tenía la intención de tener al fin la oportunidad de escuchar lo que la morena tuviera que decir, porque entonces se sentiría con la absoluta libertad de saciar su propia curiosidad, sin considerar mucho la posibilidad de que la mujer se negara a responder o a compartir una sola palabra con él.


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Re: Fuckin' problems { Zeus.

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Lun Mayo 23, 2016 5:44 pm

«Hijo de puta. »

Las palabras atravesaron con un rugido la cabeza de Ryssa. Clara y nítidamente había oído la voz viril del prisionero reverberar en su fuero interno. No pudo menos que dedicarle esas vulgares palabras. Curioso, ofender era un arte en el que rara vez la loba caía en la simpleza de juzgar a su madre que nada tendría que ver. En todo caso, ahora mismo le palmearía la espalda en un vano consuelo antes de jurarle haciéndose una cruz sobre el corazón que le dejaría algún pedazo de su hijo para que lo llorase.
Se contuvo lo indecible para no voltearse, manteniendo su rígida espalda en primer plano a la entrada de la tienda, ladeando apenas la cabeza para que el coro de voces y corazones llegase a sus oídos. Habría podido regresar sobre sus pasos para golpear a Zeughaunn y, honestamente, el único motivo por el que se contuvo fue para que no leyesen la verdad, la cruda realidad, en las palabras del humano. No es como si un espectáculo así fuese raro en su especie. Había visto pelear hasta la muerte a dos machos por una hembra, solo para disfrutar de ella una noche. Había presenciado como el poder sobrenatural que el afán de la posesión brutal sobre tu pareja despertaba podía enloquecer al que la sentía. Caer y construirse imperios de manadas poderosas por ello. Al fin y al cabo, era parte de su instinto animal. Ese todo y nada que latía exigente en su interior, los sentimientos a flor de piel, incontrolables. La griega siempre se había enorgullecido de su equilibrio, de la fusión entre Ryssa y Artemisa. Todo se reducía a eso: eran un solo ser y en contra de lo que pudiese parecer, retorcidamente, no caía con tanta facilidad en esa peligrosa frontera que convertía en inestables a los hijos de la luna. No sería ella quien a la luz del fuego de las hogueras que bailaban provocativamente destrozaría a otra mujer por un macho que le diese una noche de placer, evitaba con un ademán despreocupado aquello. Nunca había que otorgar tal importancia a nadie. Oh, claro que había peleado, como una fiera herida cuando alguien derribó su cerveza, por diversión, por egoísmo, por la manada, por si misma, ¿por qué no? Sus amantes se cambiaban con las sábanas y nunca pertenecían a su círculo y había reforzado esa impresión en Arcadia, entre los lobos que pertenecían a su manada, siempre con la sensual risa escapando de sus labios y el brillo peligroso en los ojos que hablaban por si solos de que continuaría indomable. Muchos machos ahí peleaban por una mujer, sí, Ryssa era una hembra que entraba en las grescas por demostrar que ella no buscaba alguien que la quisiese como un trofeo. Ella buscaba alguien que la pudiese. Y aquel estúpido humano con una sola frase se había coronado otorgándose más valor del que tendría para quien supiese interpretar sus palabras. Despreocupadamente. Crispó las manos en sendos puños. Ojalá Quick le destrozase. No Garwood, porque entonces la morena estaría en una obligación moral de matarle y no podría beber con nadie mientras el herrero se atrevía a reponerse de las heridas y su alfa no le guardaría especial rencor al rubio, así como ella comprendería que su paciencia finita se viese completamente mermada por Zeus. Brindarían por ella.

Y entonces el olor del acero y sangre llegó a su nariz. La cascada oscura de su melena ondeó suavemente cuando volvió la cabeza, girándose de nuevo hacia las lonas que se volvieron a cerrar cuando Zeus las atravesó. Por un latido de corazón, Ryssa solo percibió la seguridad de sus pisadas, el paso de un guerrero, de un superviviente. Y sonrió. Esa sonrisa que parecía endemoniada y brillante entre la sangre y su barba, entre las heridas y la suciedad. Ahí, en mitad del caos y los gruñidos, las miradas hostiles y expectantes, la griega mientras la voracidad se reflejó en sus orbes azules, cayó en una verdad: Protegería esa cínica sonrisa de cualquier bestia... Excepto de si misma.

-Que remedio. -Exageró un suspiro antes de echar a andar, como si no hubiese esperado a que saliese medianamente ileso de allí, con la suficiente tensión para hacer notar que había oído lo suficiente. No vigiló si la seguía, pues sabía que, realmente, no tenía más opciones y lo guió por el campamento, mostrando los dientes agresivamente a cualquiera que mirase más de cinco segundos en su dirección. Su capacidad de tolerancia tenía un límite si no había una apuesta de por medio y dentro de ella aún fluía la furia. Contra Garwood, contra Zeus, contra si misma. No se viró ni se detuvo hasta que empujó la portezuela del carromato de vivos colores que había hecho suyo, cortesía de los gitanos que guardaban una distancia prudencial de la manada. Levantó su falda con ligereza, las escalerillas crujiendo bajo sus pies descalzos antes de internarse dentro. Se movió por el ordenado desorden, entre la penumbra, bailando en aquella oscuridad caótica. Encendió un candil antes de agacharse y rescatar de debajo de su catre un par de paños que hundió en agua limpia antes de indicarle a Zeus con un gesto de cabeza que lo ocupase para alcanzar la herida recorría sin compasión por su rostro afilado.




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Re: Fuckin' problems { Zeus.

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Lun Mayo 30, 2016 10:37 pm

Caminó tras ella en completo silencio, sin borrar esa sonrisa triunfal de sus labios y sin apartar la mirada de su cabello azabache. Seguía la cascada de su melena y de vez en cuando miraba cómo el fuego cercano contorneaba la curva de sus hombros, firmes y altaneros como de costumbre. De alguna manera, no se sentía entre extraños y no pasaba por su cabeza que estaba caminando entre licántropos, los mismos que habían acabado con la vida de la mayoría de los comerciantes, los mismos que ahora tenían las armas forjadas por él bajo su poder. Fuera o dentro de la tienda, sabía que la situación giraba en torno a la morena que guiaba sus pasos hasta algún rincón que pudiera tomar el nombre de refugio temporal en donde pudiera limpiarse las heridas. La sangre, por su parte, había comenzado a secarse y ahora sentía escozor en las líneas anchas que interrumpían su piel. No había estado tan mal. Ningún humano pudo haber durado tanto tiempo luchando contra un beta y haber quedado con un bonito recuerdo que no suponía ningún riesgo para su vida. Estaba seguro, además, de que la cicatriz figuraba bien en su rostro y que, más que hacerlo ver como un sobreviviente, lo harían ver como un sujeto que no estaba dispuesto a doblegarse ante nadie. Al menos así funcionaban las cosas fuera de Pandora y Pandora, por más que aparentara lo contrario, no era muy distinto.

Se detuvo cuando ella lo hizo y, como si tuviese la mitad de sus años, no pudo evitar fijarse en el modo en que la tela subía con suavidad cuando la morena alzó un poco su falda a fin de dar pasos seguros en las escalerillas. Era como un paño de seda pasando limpiamente sobre la suave superficie del mármol. Desvió la mirada y se pasó una mano por la barba distraídamente para luego seguirla al interior del carromato. La luz anaranjada del exterior desapareció por unos momentos a causa de la oscuridad, la cual fue pronto sofocada con un candil. Siguió con la mirada los movimientos de la loba de un lado a otro, desplazándose entre el pequeño caos de la misma manera en la que él se desplazaba en su fragua, habituado a un orden que sólo comprendía él mismo y destinado a funcionar para él mismo.

Permaneció estático en donde estaba y no hubo señal de dolor en su rostro, ni una sola queja, cuando la mano de Kirgyakos pasaba el paño por su rostro sin compasión alguna. Cualquiera diría que aquel era el método de venganza que más tenía a disposición, cualquiera quien estuviera recibiendo las crueles atenciones de la mujer, pues a simple vista habría dado la impresión de que sólo se esforzaba por quitar las manchas rojas que se habían secado en la piel del herrero. El ardor se había apoderado de las heridas, pero no pensaba siquiera en apartar la mano de aquella mujer. Estaba quieto, mirándola fijamente a los ojos, callado como si estuviera perdido en aquella mirada azul eléctrico. — Te fuiste antes de que terminara de responder tus preguntas. — Dijo de repente, con voz ronca, sin aquel tono de burla que tanto había explotado con ella. Corría riesgos con el comentario, pero no era como si el hombre hubiera sido cuidadoso con lo que decía. Se jactaba de ser el autor consciente de sus palabras más hirientes e incluso ahora no se retractaba de sacar ese tema a flote. Era lo único que tenían como tema de conversación y había un pequeño detalle por aclarar. — Era la mujer de mi hermano, no hay nada que pueda yo querer de ella. — Respondió al fin a esa pregunta que cortó el interrogatorio en Valtesi. Había que aceptar que al principio esperaba verla recuperar la memoria y ser la misma mujer enferma que antes, pero fue cuestión de horas para que llegase a la conclusión de que se había dado por vencido y que no esperaba nada de nadie. Mikael había desaparecido y Helena había tomado su propio rumbo pese haberle asegurado, antes de entregar sus recuerdos que esperaba encontrar en Pandora una vida tranquila. ¿Y él qué? Estaba cómodo en Valtesi, nada más. Era un hombre con una vida interrumpida, nada más.


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Re: Fuckin' problems { Zeus.

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Dom Jul 03, 2016 5:13 pm

Podía sentir el peso de la mirada del humano sobre ella. Intensa, penetrante, deliberada. ¿Cómo un mortal podía tener unos ojos como aquellos? Esa crudeza peligrosa solía pronunciarse en criaturas primitivas de vidas más largas. Ese brillo oscuro, azabache reluciendo y camuflado, enterrado en un suelo sucio y enlodado. Él nunca sería una piedra preciosa que sonreías al encontrar por tu buena suerte, era el guijarro afilado que, siniestramente, podías esgrimir como arma. Quizá ese fuese el motivo por el que Ryssa se tomase tantas absurdas molestias, por el que controlaba su arrebato merecido y no fuesen sus garras y en lugar de las de Garwood las que dejasen huellas en su piel... porque percibía ese magnetismo irracional, porque Zeus era el peligro escondido en Zeughaunn. Y ella, posesivamente, quería reclamar como suyo ese as en la manga. Aunque ahora todos sus pensamientos dictasen lo contrario. Apretaba la mandíbula en una obvia señal de contención, concentrada en restregar el paño húmedo contra el rostro masculino. ¿La delicadeza? Una gran desconocida en las manos de la griega aunque muchos asegurarían que ese tormento era una caricia proviniendo de ella porque otros hombres solo habían saboreado la violencia de una loba enfurecida o aburrida, seducida por la violencia que despertaba la pasión en su raza. Cruelmente, quería que sintiese dolor, la única vendetta que podría obtener de sus anteriores palabras. Quizá en otro momento habría gruñido abiertamente al rubio pero no cuando, en realidad, todos sus sentidos, inexplicablemente, se volcaban en mantenerle con vida. Por eso quería hacerle daño en la misma medida que no deseaba que nadie más lo tocase: solo ella se sentía con tal derecho. No tenía sentido, claro que no, pero aquella sensación era tan natural en ella como los desastres apocalípticos de la madre naturaleza y no pensaba negárselo a si misma aunque no se adentrase en ello. Y por eso siguió frotando el paño con fuerza y solo deteniéndose para hundirlo en el agua, abandonando su transparencia para tornarse rojiza, tiñéndose con el rastro de escarlata que aún perfilaba salvajemente los rasgos del herrero. Evitó deliberadamente que sus miradas se encontraran, clavando incisiva la suya en su herida... hasta que habló, reclamando su atención. Podía haber esperado muchas cosas de aquellos labios finos: pullas, burla, retorcidas palabras que tentasen a la muerte otra vez solo para sonsacarla una sonrisa o un golpe. No sucedió eso. Nada de lo que la morena esperaba. Retomó una conversación no olvidada pero si repudiada pues cada vez que salía a la luz en los recuerdos de Ryssa la irritaba por no conocer la respuesta, por imaginarse una. Los escenarios que se había formado en su cabeza, pese a haber visto a Zeus y Perséfone en la misma habitación y dudarlo, la habían invitado a pensar en un pasado turbulento e intenso. Juntos. Los días atrás no importaban, pero si el ahora...y ahora rondaba al humano de una forma animal, incapaz de dilucidar hasta que punto la loba y la humana querían jugar con él. De alguna forma desde el momento en el que pisó la herrería y le buscó con una huella divertida en las pupilas le había declarado su presa predilecta. ¿Por qué? A veces el instinto te decía que apostases por alguien y en el mundo de Ryssa no había forma de escapar de ello, debía hacerlo, quisiese Zeughaunn o no, quisiese ella misma o no. Pero entonces, cuando halló ahí a la vampiresa, cuando conoció su relación la idea atravesó su cabeza: él podía apostar por otra persona. Por dinero, por fama, por interés, por amor, por placer, por venganza, ¿por qué no? Y por eso se fue, por eso Arcadia había disfrutado de la presencia de Ryssa más de lo habitual, porque era el único lugar donde su brutalidad tenía cabida para desahogarse... hasta que la que la había despertado se había presentado allí con su sonrisa canalla y sus armas. Y, ahora, dispuesto a hablar. Por fin, los ojos de la mujer se posaron en los suyos mientras la mano que sostenía el paño caía sobre su propio regazo con una lentitud causada por la sorpresa. No lo ocultó. La mujer de su hermano. No pudo imaginar a un hombre semejante al que tenía frente a ella sosteniendo a Perséfone como su consorte, no cuando todo en la vampiresa gritaba calculada independencia.
Volátil, Ryssa olvidó momentáneamente todo el dolor que se había jurado infligir al humano por la anterior osadía pronunciada en la tienda ante su manada. El zafiro de su mirada apenas se suavizó pero su ceño fruncido lo hizo, sus labios se entreabrieron y guardó silencio. Observó aquellos ojos inhumanos que parecían destacar en la penumbra que los rodeaba, atenuada por la luz del candil, endureciendo sus facciones, como si tratase de vislumbrar si hablaba en serio. No tenía motivos para engañarla así como, en realidad, a volver a sacar a colación el tema. Pero lo había hecho. ¿Por qué? La pregunta nunca afloró a los labios de la loba pero se inclinó, sujetándose la falda con una mano para doblar la pierna sobre el catre, sentándose sobre éste junto al rubio y devorando la distancia que los separaba con fluida lentitud. Cayó el paño al suelo, olvidado mientras se acercaba a él en un movimiento animal, apoyando la palma sobre las raídas sábanas tras el cuerpo del hombre para cargar parte de su peso y alcanzar su oído, rozando apenas su mejilla con la suya, en una caricia lobuna e íntima mientras el olor viril embotaba sus sentidos, candente. Sus labios apenas tocaron el lóbulo de su oreja pese a que respiraba contra éste, su aliento cayendo cuando, por fin, habló:

-Deberías besarme antes de que vuelvas a enfurecerme. -Ella nunca escondió su deseo, el no sería el primero ante el que lo hiciese y ambos sabían que sus palabras eran demasiado ciertas: Zeus tenía el don, más que el resto de los habitantes que se cruzaban en su camino, de tenerla con una retorcida sonrisa y jugando con pullas a desear destrozarle, dentro y fuera de las sábanas. Y eso no era tan característico en ella. Jugaba con hombres que podían hacerla pasar un buen rato pero el herrero tenía un cartel que decía: "Bienvenida a territorio salvaje. Te va a doler, disfruta." Era por esa bestia que había en su interior, como si Ryssa supiese para confusión de Artemisa que había algo digno de ver y por lo que pelear.
Apenas había terminado de pronunciar aquellas palabras, apenas se había apartado unos centímetros para poder volver a encontrar la mirada de Zeus antes de que unos golpes se adueñasen de su cargado e intenso silencio. Todo el cuerpo de Ryssa reaccionó, tensándose y lanzando un rugido de alerta que reverberó en el interior del carromato justo antes de que la portezuela se abriese bruscamente, quejándose por ese maltrato. Inmediatamente, ella se incorporó con fuego en las pupilas cuando enfrentó el rostro furioso de su beta. Hasta ese momento nunca le había odiado de verdad. No hasta que vio la frialdad homicida del cazador reluciendo en sus ojos, fijando a su misma presa. Zeughaunn. Zeus. Y, siendo sinceros, como solo una cachorra puede detestar que un macho maduro crea que tenga potestad para interrumpir un momento como aquel e irrumpir en sus dominios.




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Re: Fuckin' problems { Zeus.

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Lun Jul 25, 2016 1:54 pm

¿Quién iba a decir que una simple respuesta desataría semejante reacción? Esperaba menos, en realidad. Esperaba que la típica sonrisa insolente se asomara en los labios de la loba en señal de un mejor humor. Esperaba que, desde luego, los movimientos de su mano se suavizaran respecto a sus heridas. Pero pasó a más. Por poco. Zeughaunn, sin proponérselo, dio en el blanco. Lo que la mujer quería era una respuesta que negara una relación que jamás existió con la inmortal. Era cierto que le conocía desde antes de ser ambos condenados a Pandora, que eran muy cercanos a causa de sus respectivas circunstancias y el imperio que se habían dedicado a construir en alianza el uno con el otro. Y aunque no supo lo de Mikael sino hasta mucho después, hasta que no hubo remedio para ninguno ahí en Pandora, le había dicho la verdad a la loba. Incluso desde el principio, la relación entre Helena y él no fue tal. No existió jamás tensión entre ellos ni amor de pareja. Nada. Nada más que el parentesco asignado por los negocios. El herrero jamás apostó por la inmortal.

Pero los labios de la morena contra su piel, su aliento vibrando en una amenaza sugerente contra su cuello, disiparon cualquier pensamiento de su cabeza, alejándolos con su impetuosa y seductora insolencia. Miró de reojo su cabello azabache caer con soltura hasta ocultarse detrás de su hombro, enmarcando su piel y definiendo los detalles de su cuerpo, el relieve de su cuello, la hendidura que contorneaba su clavícula y la llanura de su pecho que conducía a las curvas de sus senos. Más allá, su cintura, sus piernas. Su piel blanca, sedosa a la vista, había robado la atención del herrero y se había adueñado de sus gestos. Torció una sonrisa al escuchar la sugerencia de la loba. Ella no pedía que simplemente la besara. No podía esperar que el hombre se limitara a apoderarse de sus labios ni en el más apasionado de los besos. No sería suficiente. No con esa piel que pedía a gritos ser marcada y memorizada al tacto. Pero estaba bien, era un buen comienzo. Kirgyakos no iba a negarlo.

Toc. Toc. Por poco. Giró la cabeza con una ceja alzada, dirigiendo su mirada a la entrada del carromato, poniéndose de pie en cuanto el beta irrumpió al fin. Aquello que precedió el encuentro con Garwood se desvaneció, quedando en un sitio cercano al olvido, pues su huella permaneció vagamente como un motivo de batalla en esa expresión en el rostro de la loba, en la ubicación de sus cuerpos en relación a la escena. Pero, fuera de todo, el inoportuno beta estaba ahí con una meta clara, reflejada en sus ojos como quien anuncia altaneramente un propósito que al final no tiene cabida. Zeughaunn tuvo la osadía de jactarse de asegurarse una victoria más, no porque contase con el apoyo de otros, sino porque conocía el poco éxito que tenían actos semejantes por más fríamente que se llevasen a cabo.

Entonces lo vio aproximarse, dando los primeros pasos con una lentitud amenazadora, haciendo la madera del suelo crujir a sus pies antes de abalanzarse finalmente contra su presa, embistiéndolo con la fuerza suficiente para destruir la pared del carromato. Sintió la madera astillarse ante el impacto y rasgar tanto su camisa como su piel dando nuevas heridas que en segundos se vieron restregadas contra la tierra del exterior. ¿De qué manera planeaba matarlo? ¿En un segundo? ¿En una hora? ¿Planeaba hacer de su muerte un espectáculo y proclamarse a sí mismo como el nuevo líder? Las manos del herrero comprendieron que no podía darse el lujo de esperar y descubrir su destino, de modo que sujetaron los brazos que lo asían con fuerza a fin de liberarse. Ya había espectadores, lobos alarmados por la súbita interrupción del jolgorio. Zeughaunn miró entonces al beta inquisitivo, burlándose en silencio de él y de su temperamento.  


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Re: Fuckin' problems { Zeus.

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Sáb Ago 27, 2016 1:09 pm

¡Un boquete! ¡Un jodido boquete! La irritación, como un terremoto, la sacudió de pies a cabeza cuando el aire se coló por la nueva abertura que los dioses habían querido concederla de la mano de Garwood. Su refugio, destruido. Podía vivir con ello, podía vivir sin él, más no con la ofensa. ¿Quién le había concedido a ese hombre lobo el derecho de destrozar lo que le pertenecía? Había muchas cosas que la morena podía soportar, las llevaba reflejadas en forma de cicatrices de su piel. Su naturaleza la obligaba a sobrevivir a la ley del más fuerte, a sentir lealtad por aquel que se la ganase a pulso o a base del puño de hierro dejándola sin respiración. Si Garwood se hubiese limitado a golpearla, si pelease del mismo modo que un auténtico animal... aún quedaría respeto entre ellos. Pero nada de eso tenía cabida allí. No estaba yendo a por ella, estaba atacando a todo lo que consideraba suyo. Solo una persona sobre la faz de la Tierra había logrado sonsacar aquel sentimiento de ella. Ryssa había robado muchas vidas por muchos motivos: apuestas, hambre, orgullo... pero no odio, solo un caso fue de tóxico y enfermizo odio que borró toda conciencia, que la llevó a cometer el único crimen que nunca había compartido con nadie. Del que nunca se arrepintió, por el que ningún dios la perdonaría. ¿Y qué?
Tras unos breves segundos donde permaneció completamente inmóvil, por el mismo agujero irregular que habían salido despedidos los hombres, la loba se deslizó con un veloz movimiento. Solo hubo un espectador, recién llegado y atraído por el alboroto formado por la manada, que vislumbró su expresión, su mirada. Pero Ryssa solo podía ver la espalda ancha de su beta forcejeando con su mortal. Suyo. No moriría como un humano. No moriría a manos de un humano con máscara de bestia. Eso era en lo que se había convertido Garwood para ella. El gran desprecio. Y Quick pudo leerlo, igual que podía ver claramente al monstruo que aullaba a la luna implacable y sabía que ya no había vuelta de hoja, que el Tártaros se congelaría antes de poder detenerla. Y consintió. Consintió el enfrentamiento, la lucha de poder, la llegada de una nueva jerarquía a sabiendas de que solo había dos finales posibles: Garwood como alfa o Ryssa como beta. La gravedad se cernió sobre sus pupilas si bien sonrió, siniestro animal, porque era su naturaleza, porque así era el orden de las cosas en Arcadia y entre los suyos y aunque aquella era su guerra, no su batalla. Nadie interferiría, ni en favor ni en contra.
No estaba en Valtesi, no peleaba en una taberna, aquella era una afrenta entre lobos y pese a que el brazalete nunca abandonaba su brazo, el látigo no llegó jamás a la mano de la mujer. Su cuerpo vibró entre la penumbra del campamento, lanzándose sobre el beta, encolerizada con un grito de guerra que se convirtió en un rugido potente cuando tornó a forma de bestia. No dejó tiempo de reacción, sus fauces se abrieron para atrapar al enemigo, sus dientes dejando surcos profundos y dolorosos en el hombro, brazo y costado de Garwood para apartarle del herrero, deshaciéndose de él con un ademán de cabeza brutal que le envió de regreso a la madera de su carromato que volvió a quejarse y crujir ante el impacto del cuerpo pesado del beta. La loba, con el lomo erizado, se mantuvo firme entre Zeughaunn y él, mostrando sus colmillos amenazadoramente y la mirada con el brillo sobrenatural de la luna dorada en ellos.
Ya no importaba lo que significaba demostrar ante todos la defensa del humano, las consecuencias que podría acarrearle, la ostentosa debilidad de su retorcida posesividad. Estaba declarando su nueva posición, hasta donde estaba dispuesta a llegar por... Chasqueó la mandíbula y, mientras su cabeza inhumana perdía el hilo de los pensamientos de Artemisa, Ryssa rió. Por Zeus. Por ella. Por que Garwood se merecía aquella sentencia. Pero, realmente, la loba no necesitaba motivos más allá de la furia que propagaba lava por sus venas. Quería su sangre con un deseo enfermizo, quería oír sus gemidos de dolor como una amante desesperada.
Garwood no tardó en reaccionar, poniéndose en pie sobre, ahora, cuatro patas. El imponente lobo, ya goteando sangre, la enfrentó. Se abalanzó sobre la mancha oscura que fue Ryssa cuando se movió para ir a su encuentro, de frente. No escapó de las zarpas hincándose en sus carnes, marcando su costado y como vendetta a ese daño, ella golpeó con su cabeza la suya para retirarle y apartarle de ella. Solo para volver a por él, otra vez con los dientes y llevarse el sabor de su sangre cuando empezó a manar de su cuello. Con un empujón, la hizo rodar en el suelo con un gimoteo por la profundidad que sus garras dejaron su huella en el abdomen de la can. Respiró pesadamente y se volvió a alzar, motivada por el dolor, por la ciega necesidad de hacer daño, de devolver cada golpe. Veía sin ver, atacaba a ciegas. La mente de Ryssa desconectó por completo, solo en la búsqueda de inflingir dolor aunque pereciera en el intento. Olvidó al humano, el coreo y aullidos de los lobos, las apuestas, la retorcida diversión y fascinación que despertaban, lo que realmente se jugaban... se olvidó de si misma mientras seguía buscando a Garwood, sin contención. Con un brinco la esquivó una vez, a la siguiente la dentellada de la loba dejó al beta con la brutal visión de los huesos de sus costillas. Ryssa aprovechó el instante de dolor para golpear fuertemente con su pata contra la de él, el crujido de haber lanzado en el envite todo su peso la recompensó, el hueso saliéndose de la piel en una bandera blanca a la que ella no rendía pleitesía. Ella también cayó al suelo, respirando polvo, cuando un nuevo mordisco y su dolor la mareó. Pero Garwood no podía moverse, ella, tambaleante y ebria de aquella sensación de poder, sí. Se incorporó tras el intercambio de muerdos y zarpazos solo para, por última vez, desgarrar la carne del muerto en vida. Arrancó ferozmente sus entrañas como hacía con cada una de las presas que cazaba, ayudándose de las uñas de sus zarpas. Solo paró cuando, un rato después, Garwood dejó de retorcerse. Entonces, solo entonces, la loba azabache se detuvo. Su pecho subía y bajaba pesadamente, apenas siendo controlar su respiración antes de sus patas fallasen y aprovechó ese temblor para recomponerse en un cuerpo más pequeño. Atrás quedó su forma can, regresando su aspecto humano. No medió palabra, no miró a nadie más que el cuerpo despedazado del que fue beta un día. Nunca más. Se dejó caer de rodillas, debilitada y ensangrentada, solo hizo un único ademán: con el brazo desnudo trató de quitarse la sangre de los labios pero lo único que logró fue que el escarlata se extendiese por su rostro, más indómito.




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Re: Fuckin' problems { Zeus.

Mensaje por Zeughaunn E. Schmeichel el Miér Sep 14, 2016 9:03 pm

De pronto su enemigo le fue arrebatado de un movimiento rápido y certero. Las garras que se aferraban a él arañaron sus brazos, dejando profundos surcos que recordaban la opresión del enemigo. Eran heridas que demorarían en cerrar, heridas que marcarían su cuerpo que no contaba historias. Sin embargo, el esperado ardor de su carne expuesta se presentó tenue, apocado por lo que estaba presenciando. Por un momento dejó de existir y se convirtió en un espectador. El cuerpo horadado de Garwood no le importaba. Zeughaunn contemplaba en admiración a la mujer lobo que estaba ante él, dándole la espalda, proclamándolo su propiedad ante el beta. Sus ojos azules la devoraban, la deseaban, deseaba igualar a aquella bestia en la que se había convertido. Él podía ser su propiedad en tanto que él pudiese apoderarse de ella.

Una línea de tiempo había sido creada. Si ella no estuviese destrozando el cuerpo de su oponente, si ella no se hubiese insinuado en el carromato, él hubiera continuado con sus frases breves, certeras y fastidiosas. Quizá no hubiese comprendido, si no la viera luchar, que su mirada electrizante lo había sometido al fin, desde el principio. Los aullidos que complementaban la crudeza del combate se habían convertido en un mero eco, en un zumbido que el herrero olvidaba, como la canción del metal, por el gruñido de ambos lobos y por el crujir de sus huesos. Incluso se le antojaba que el olor de la sangre podía percibirse mezclado con el de la tierra y los árboles. Era el esplendor sangriento de Arcadia, el sinónimo de los licántropos, de la tierra salvaje. Ahí el eco era distinto y el silencio caos.

Dos cuerpos heridos y uno destrozado. El mismo tono de rojo y el mismo azul en los ojos. Eso era todo lo que quedaba. Colores vivos y una irresistible atracción hacia la mujer que se extendía la sangre por el rostro en el vano intento de limpiarla. Con ella, la bestial muerte que había dado a su beta era un poema, versos para un hombre que no entendía eufemismos, sino la brutalidad de un fatídico destino. Se incorporó, guiado por sus impulsos, sin darse cuenta de que el jolgorio habitual de los lobos para él era silencio sepulcral, y se aproximó a ella. Sus pasos fueron medidos de manera inconsciente, ralentizados por la incertidumbre, por los pensamientos sin forma dentro de su mente. Esa mujer debía pertenecerle y él pertenecerle a ella. No hacía falta que pronunciara su nombre, su mirada lo gritaba demandante.


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Re: Fuckin' problems { Zeus.

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Mar Oct 11, 2016 9:26 am

De rodillas, la mirada de Ryssa continuaba desbordada de aquel dorado sobrenatural. Su cuerpo era humano, su mente no. Nada tenía sentido, todo lo tenía. Sentía la piel extremadamente sensible y una descarga electrizaba cada poro, inmovilizándola mientras su corazón latía desenfrenadamente. Oía cada "pum-pum" reverberando en su pecho, haciendo eco en su cabeza, en sus sienes. Nadie osó acercarse. Aún no. Salvo la única persona que carecía de sentido común. La única persona que podría hacerlo sin tentar a la muerte porque algo dentro de Ryssa aullaba por él.

"Zeus, Zeus, Zeus."

Se repetía una y otra vez dentro de sus oídos en un posesivo rugido animal, en un desesperado gemido humano. Como si fuera de lo único que era consciente, giró el rostro hacia el humano. Le esperó, sabiendo con la simpleza del instinto que cada paso que se acercaba a ella era una firma de sentencia, una rendición hacia ella, una victoria sobre ella. Nunca dejaría de ser una batalla fatal, pero el juego había cambiado. Siempre querría destrozarle para que fuese suyo, siempre querría protegerlo hasta que nadie pudiese tocarle, siempre querría exponerle al peligro para que demostrase que le pertenecía y porque lo hacia. Pura contradicción.
No oía al resto, la loba seguía el avance del herrero, del guerrero. A pesar del temblor torpe de sus rodillas, se levantó y estiró hacia él una de sus manos, tratando de alcanzarle.

"Zeus, Zeus, Zeus. "

No reprimió el impulso, no pensó en la sangre, en el sordo dolor de sus heridas. Era la primera vez que, realmente, él la veía de aquella forma tan... colosal, auténtica, salvaje. Y Ryssa estaba hambrienta. Ebria de poder, de daño y suplicio, de ansías, de descontrol. Sus dedos, sin cuidado, fueron a su nuca para atraerle a ella en una orden física y dirigió su boca a la suya en una brutal demanda. No hubo nada suave en aquel beso, fue sucio, doloroso, con sabor a victoria, a sangre. Le reclamó con furia humana, movió insistente su boca contra la suya, indómita, en la búsqueda de su lengua con el roce de la suya.

"Zeus, Zeus, Zeus. "

Seguía el aullido, desesperado, cegándola a pesar del placer del roce rasposo de su barba. Se apartó, la mirada de un animal en un semblante humano. No era suficiente. No lo era. Lo quería todo. Sus pensamientos no se regían por ninguna convención normal, había desconectado por completo.
Con un movimiento lento, su nariz volvió a rozar en esa caricia lobuna el cuello del rubio, drogándose con su olor, más viril y salvaje que nunca en sus sentidos exaltados, sobrexcitados. Sus uñas tiraron de su camisa sucia, dejando el cosquilleo en la piel masculina, exponiendo su hombro en lo que parecía una desesperación por buscar más de él.

"Zeus. "

-Zeus. -Ryssa y Artemisa gimieron el nombre al unísono, gruñido y voz humana, dos almas demandantes en un mismo cuerpo. Salió el sonido de entre sus labios como una consigna de victoria, de auténtico placer. Y, entonces, brutal como una amante despiadada, clavó su dientes en aquella carne expuesta. Su sabor estalló violentamente en su boca e, inclemente, hincó sus uñas en su espalda y hombro opuesto, obligándole a resistir el mordisco de la bestia. Buscaba su dolor, la identidad que lo volvería suyo para siempre.
Unas manos rudas la apartaron de él, la orden de su alfa de alejarla de Zeus. Ryssa se revolvió, desesperada en su locura instintiva, trató de resistirse con fiereza, desgarrando el hombro del humano con sus propios dientes. Un par de lobos la sujetaron, fuera del alcance de su presa, apartándola de lo que quería. Golpeó con sus puños, sacudió su cuerpo en su intento de volver junto al herrero hasta que por fin lograron calmarla, sacudiéndola hasta que la cordura empezó a abrirse paso en su mente.

-¿Te das cuenta de lo que acabas de hacer? -La voz de Quick, fiera y autoritaria, la dejó clavada en el suelo. Miró de nuevo a Zeus. Se humedeció los labios con la lengua. El sabor de su sangre, la visión de su marca dolorosa y brutal en su hombro. Sus pupilas se dilataron. Dejó de ofrecer resistencia.

¿Qué había hecho?




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