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Mensaje por Rymond Kallahan el Jue Sep 17, 2015 12:51 pm

Hace quince años.


Una, dos, tres. Cuatro… Cinco, con dificultad. Rymond intentaba tantas veces como le era posible el no cerrar los ojos y dormirse. De hacerlo, su sangre fluiría más deprisa y se desangraría en cuestión de minutos. Su parte racional, la menos estable, parecía indiferente ante la posibilidad casi segura de morir, pero otra, la más animal e instintiva, se resistía por mera supervivencia. Las rocas a su espalda y costado, afiladas como hachas de carnicero, se encargaban de recordarle cada vez que respiraba  y se las clavaba que había tomado la decisión errónea al abandonar Valtesi. No obstante, se preguntaba si hubiera sido más seguro hacerlo de día, a lo que una queda risa gutural retumbó en su garganta.

Había dado varias vueltas de campana durante la caída y se había roto un par de costillas. Obviamente, no podía incorporarse para ver sus heridas, aunque las sentía. Una herida abierta y sangrante escocía como si de ella surgiera fuego. Tenía múltiples cortes por todo el cuerpo y la ropa hecha girones. Incluso había sangre reseca en el recorrido de las rocas.

Le costaba respirar, y además lo hacía por la boca provocándose una sequedad considerable. Tenía ganas de llorar y le daba igual al mismo tiempo. No podía evitar reír y gritar de dolor también a la vez. Un demente asustado, éso era él en esos momentos, un ser humano despojado de sentimientos y emociones que rozaba la muerte con los dedos y sentía su frialdad aunque no le importaba.

Finalmente, tras haber perdido bastante sangre y la poca consciencia que pudiera quedarle, Rymond c erró los ojos y exhaló el que creyó su último suspiro dándole forma a un “Ana” distorsionado.


Última edición por Rymond Kallahan el Dom Feb 21, 2016 12:33 pm, editado 3 veces



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Re: FB | Make me yours | Ryssa A. Kirgyakos

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Mar Sep 22, 2015 4:47 am

La luna rugía en un reclamo brutal a la bestia que se agazapaba en el interior de Ryssa. Ésta, inquieta, no soportaba el encierro de aquella cárcel de piel. La sentía aullar exigiendo su libertad, arañar con poderosas garras para destruir aquel cuerpo humano, doblegarlo hasta salir, salir, salir, salir. Pero aún no podía, no era lo suficientemente fuerte, aún el satélite lunar no coronaba lo alto del cielo y los rayos del sol poniéndose acariciaban las tierras de Pandora... pero pronto la griega no podría controlarla, los síntomas ya se reflejaban en su cuerpo: los ojos azules habían adquirido ese dorado primitivo, perdiendo la humanidad ante la madre naturaleza. Las convulsiones contenidas por sus manos crispadas en puños, pero se potenciaron ante el espectáculo que estuvo obligada a presenciar. Aquello aceleraba las cosas, la colocaba en los extremos viscerales en los que se basaban su vida: ahora o nunca, alimento o camarada, vida o muerte. Si no fuese una zorra orgullosa, se habría jugado la existencia de Rymond a los dados, dejándoselo al azar. Pero eso sería perder el control.
Que forma más estúpida de abandonar el mundo, que grotesco, que triste. Tendido en la oscuridad, la respiración costosa del hombre caído llenaba sus oídos, la contradicción de los sonidos que emitía tambien. Su apuesta dudosa, su presa excepcional, ahora un cuerpo grande y desmadejado. Sus pies descalzos la guiaron hasta él, mientras el olor a sangre humana enloquecía a sus sentidos, mejor dicho, los de la loba. Pero cuando llegó junto a él, se limitó a acuclillarse, tomándose deliberadamente su tiempo cuando la muerte no tenía ninguna intención de concedérselo, pero así eran las cosas. Ahí estaba, el hombre que había estado en su punto de mira desde que pisó Valtesi, un demonio en un cuerpo humano. Reducido a un amasijo de carne que no podía soportar más esa alma bestial. Conocía ese sentimiento. Encasillarte en la humanidad, no ser parte de ella. ¿Era cierto para él?

Y entonces el herido escupió un nombre. No tenía ninguna importancia, quedó registrado en la cabeza de Ryssa, pero sabía lo que era: un adiós desesperado a alguien que quiso, que le importó, que odió, que perdió. Le daba igual.

-Rymond. -No hubo piedad en su voz, dura y exigente, lenta y urgente. Por supuesto que conocía su identidad, una de las pocas cosas que había logrado averiguar de ese hombre moreno a cambio de una cerveza a la persona adecuada- Rymond, mírame. -Le ordenó a la escasa consciencia que pudiese tener todavía. Tenía que conocer de primera mano su apuesta, si era el caballo ganador o si solo se convertiría en el festín de aquella noche para ella, porque visto lo visto, no podía aspirar a más opciones.




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Re: FB | Make me yours | Ryssa A. Kirgyakos

Mensaje por Rymond Kallahan el Sáb Oct 17, 2015 9:19 am

El moreno sentía que su carne se desgarraba lentamente segundo a segundo. Si se afinaba el oído podía incluso escucharse el desgarro con cada respiración. La poca ropa que quedaba ocultaba una zona completamente libre de carne en la que podía verse el hueso, en su hombro, cerca de su clavícula. Daba igual si la ropa lo ocultaba, pues la gran mancha de sangre que la impregnaba revelaba que esa zona estaba más afectada que otras, por muy arañadas que parecieran. Realmente, a Rymond no le quedaba mucho más que hacer o aparentar. Solamente esperaba que, de ser aquellos sus últimos alientos, tras morir los carroñeros hicieran lo propio con sus restos. No quería pudrirse en vano.

No obstante, parecía que su agonía iba a prolongarse más de la cuenta. Cuando la figura de Ana, allá en su memoria, comenzaba a tomar una forma más clara y nítida, ésta desapareció de pronto, se difuminó en la oscuridad más absoluta. El inglés tardó varios segundos en reaccionar. Los últimos resquicios de su parte más instintiva y primitiva aún se aferraban a la vida en una búsqueda desesperada por sobrevivir, pero ya estaba prácticamente muerto. Si tan sólo esa voz le hubiera dejado marchar…

Ésa voz.

Rymond abrió los ojos de golpe. Respiró de golpe también. Inspiró, mejor dicho. Sintió que esa bocanada le hervía la garganta, y aunque una picazón desmedida lo atacó, le fue imposible toser. Lo primero que apreció fue oscuridad, y luego, como olas en un lago intranquilo, fue apareciendo todo lo demás. Al final, un rostro de mujer. Una mujer que le ordenaba mirarla.

No es Ana.

Frunció el ceño como pudo y pretendió incorporarse para hacerla marchar, pero, obviamente, le fue imposible. Se limitó a mirarla, sí, pero con la mirada tan vacía que bien podrían haber sido dos cuencas vacías más que dos ojos.

...

Emitió un leve quejido a caballo entre el llanto y el asco, y sin poder hacer más, rogó que la Parca no se retrasase mucho más.


Última edición por Rymond Kallahan el Dom Feb 07, 2016 8:52 am, editado 2 veces



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Re: FB | Make me yours | Ryssa A. Kirgyakos

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Vie Oct 30, 2015 5:27 pm

Ryssa había visto muchas clases de hombres, pero ninguno tenía la mirada como aquel. Si esos ojos le hubiesen observado en mitad de una noche fría y oscura, habría sentido el sudor frío recorriéndole la espina dorsal. No dibujaban la resignación del último suspiro de la vida, no mostraban la súplica muda del moribundo por acabar con su sufrimiento, tampoco la arrogancia feroz de enfrentarse a la nada. Esas orbes oscuras enmarcaban la propia muerte. No se podía temer a lo que uno era, a lo que llevaba dentro. Rymond abrazaba una naturaleza fuera del alcance humano. Eso es lo que había llamado la atención de la morena cuando sus pies volaron tras él en completo silencio, lo que reconoció la bestia que aullaba.
La griega sostuvo la mirada del monstruo, hundiéndose en aquellos pozos oscuros y negros. Por un momento, el instinto de la loba no se concentró en la luna que se apoderaba poco a poco del cielo, reclamando su territorio con la misma implacabilidad y determinación que sus hijos. No, por unos breves instantes, a pesar de que el satélite mantenía su influencia inconsciente, solo vio a Rymond. La apuesta subió.

-No dejes de mirarme. -De nuevo aquel tono cargado de autoridad, sin rastro de clemencia. Pasó por alto el gesto de su rostro anguloso, ignoró deliberadamente su sufrimiento porque retorcidamente, pensó que se lo merecía. Había agotado el tiempo de ambos. Las cosas podrían haber sido de otra manera... pero las casualidades no existían en el mundo de la griega. Ahora o nunca, aquello era una prueba en si misma, la resistencia a las parcas. Ryssa se sentía la dueña y señora del hilo de la vida de aquel hombre. Era una mierda, era poder. No le permitiría caer, aún no.
Apresó el rostro de Rymond entre sus dedos, mientras su propio cuerpo sufría las convulsiones que presagiaban su transformación. Sentía acumulándose la rabia por salir, el pelo áspero empujando para tomar la posesión de su cuerpo, la tensión en los músculos, el cosquilleo en su nariz, sus dientes empujar para darle su mejor arma: las fauces.

-¿De qué te arrepientes? -La pregunta adquirió un matiz oscuro, la vibración de un rugido, entre dientes. Tenía que darle algo y tenía que ser ahora.




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Re: FB | Make me yours | Ryssa A. Kirgyakos

Mensaje por Rymond Kallahan el Sáb Dic 05, 2015 8:58 pm

No, definitivamente esa no era Ana. A Ana no le había hecho falta llamarle, pronunciar su nombre, ni tan siquiera acercarse a él para hacerle saber que quería que la mirara. Sencillamente, Rymond lo supo, y cuando levantó la mirada, la vio. Ana estaba de pie, quieta toda excepto su melena bailando con el viento. Sus ojos apagados se habían encendido de curiosidad y toda ella pareció sacada de un cuadro del Renacimiento. Ana hubiera sido, ciertamente, una musa para cualquier escultor clásico. Ella, a pesar de su quietud, supo tocarle de forma que nada más mirarla ésta comenzó a sanar sus heridas.

Pero esta no. Esta le llamaba, conocía su nombre, le ordenaba mirarla, le cogía la cara entre las manos como si él fuese de su propiedad y además le interrogaba. Esta no le sanaba, esta le hacía más daño, si se podía. El asesino, que ya se retorcía de por sí por el dolor interno, ahora también sentía dolor por culpa de las manos y los gestos de esa que lo trataba como si fuera basura. Por ello, por, en su mente dañada, intentar parecerse a Ana, por hacerle daño, por querer dominarle, por pretender y remarcar que él estuviera por debajo de ella, una parte suya no demasiado civilizada empezó a hacerse presente en su mente con un gran eco. La rabia que estaba empezando a emerger de sus entrañas hacía que su temperatura se elevara a pesar de la pérdida de sangre. Sus puños querían cerrarse y sus piernas querían que girara sobre sí mismo para poder levantarse, pero… no podía. La rabia, la frustración y la impotencia hicieron mella en él hasta que las encías le empezaron a sangrar de la fuerza que ejerció sobre sus mandíbulas cerradas, e incluso emitió gruñidos de advertencia.

Rymond era la muerte. La muerte jamás podría ser la presa.  

Sus gruñidos cesaron a la par que la tensión se disolvió al instante ante la última pregunta de esa que, de pronto, ya no parecía estar jugando con él. Quería saber de él. ¿Por qué? Lo cierto era que hasta el momento Rymond jamás se había arrepentido de nada, básicamente porque cuando quería algo, lo tomaba, cuando deseaba algo, se satisfacía, y cuando algo turbaba su preciada tranquilidad, él mismo se encargaba de hacerlo desaparecer de una manera muy sutil. Sin embargo, el moreno sí tenía respuesta a esa pregunta.

Sonrió. De una manera cruelmente macabra si contar la sangre, las heridas y las consecuencias de ambas. El olor a sangre comenzó a llegar a sus fosas nasales y el sabor de su propia sangre se le antojó algo con lo que poder relamerse, como si con ello saboreara también el momento de responder. Fue él quien, entonces, dirigió la mirada más pétrea y fría que le definía hacia esa que, de repente, a pesar de la situación y de su inminente muerte, acababa de despertar su curiosidad.

De no haberlos matado a todos —susurró, sincero y completamente en serio —. ¿Y tú?

Y se rió. Con una carcajada sucia, rota y amarga, sí, pero se rió.


Última edición por Rymond Kallahan el Dom Feb 07, 2016 8:53 am, editado 1 vez



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Re: FB | Make me yours | Ryssa A. Kirgyakos

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Vie Ene 01, 2016 7:51 pm

Lentamente, aquella boca masculina se retorció en una sonrisa. No era ésta lo que redujo su imagen a un espectáculo grotesco para la mujer lobo, fue la consciencia de que conocía a muy pocos hombres, humanos o no, capaces de sonreír en un momento así. Había sangre, había dolor, sufrimiento, exigencia. Nada jugaba a favor del moribundo, él lo sabía. Y aún así sonreía. No era un suicida, tampoco un valiente. Era un esclavo de Pandora. Lo había perdido todo. Kirgyakos estaba dispuesta a entregarle algo nuevo. Si él podía soportarlo, si ella podía controlarlo.
Aquella respuesta llegó a sus oídos. No dio señales de haberle escuchado más allá de la completamente fijeza de su mirada ahora dorada clavada profundamente en la suya. Seguía buceando en aquellos estanques negros como el abismo, estaba buscando lo que ella reconocería: a una bestia. No la halló allí pero sí en su voz, en aquella risa que sonó como a una botella del mejor whisky completamente rota. Que desastre. Que maravilla.

-Ryssa Kirgyakos no se arrepiente de nada. -Brotó de sus labios la sincera respuesta del animal que despertaba. Artemisa, ese lado humano completa y totalmente enterrado en lo más hondo de su ser desde que pisó Pandora quizá replicaría. No fue escuchada, no cuando su naturaleza lobuna estaba a flor de piel, regodeándose en la noche que se avecinaba. Y aquel rostro humano se desfiguró cuando sonrió abiertamente, con una brutalidad sin parangón, expectante, y se alargó el hocico mientras la vibración se transmitía por su cuerpo, dando paso a esa onda expansiva familiar que la liberaría.

Podía darle a Rymond lo que quería. Podía liberar su arrollador instinto. Podía llevarse por delante a los que no fuesen capaces de sobrevivir a él. Ese hombre no perecería así. Quizá por culpa de su decisión... y sería una sabrosa desilusión, pues Ryssa se aseguraría que no quedase rastro de su cuerpo si no era capaz de soportar la noche que le esperaba.

-Esto te va a doler. -La burla tintó cada palabra que varió del soprano de su voz a un ronroneo gutural, la risa que la siguió quedó convertida en unos animales resoplidos cuando, influencia por la luna, en un breve parpadeo, fue Ryssa erguida sobre sus poderosas patas en su forma lupina en lugar de la chica quien emitía esos sonidos. Y no dudó, no hubo vacilación ni momento donde planteárselo todo.  

Rymond debía ser de los suyos o morir.

Sus fauces buscaron la carne blanda aunque ese olor a sangre humana hiciese rugir su estómago. Hincó los dientes profundamente en el costado, escuchando el "crack" de aquellas costillas ya maltrechas. Por un momento, sintió la necesidad de desgarrar pero contuvo el impulso entre aparatosos jadeos. Y se apartó, habiendo dejado ahí la huella de su mandíbula, alzando su cabeza para aullar el nacimiento de un nuevo ser. Si es que era capaz de afrontar la tortura de verse mordido, si no perdía el control, si aquellas heridas le permitían vivir. Era todo o nada. Literalmente. Ryssa retrocedió, caminando alrededor de la presa cazadora, vigilando a Rymond y su alrededor.




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Re: FB | Make me yours | Ryssa A. Kirgyakos

Mensaje por Rymond Kallahan el Sáb Ene 02, 2016 12:35 am

De alguna forma Rymond supo que pasara lo que pasara en los siguientes minutos ya nada volvería a ser igual. Una parte casi inexistente de su ser, la de aquel niño que, aunque diferente, siempre fue un niño al fin y al cabo, brilló durante unos instantes en su mirada mostrando con una ferocidad extraordinaria el gran grito de aliento que de alguna forma le arrancó a la vida. Un grito mudo, una ínfima brisa que escapó rápida y concisamente de sus labios entreabiertos. Lo que bien podría haber sido considerado el último aliento… pero no fue así. Algo impidió que su corazón se detuviera. Algo impidió que sus pulmones se detuvieran. Algo impidió que la sangre perdida no significara absolutamente nada. Quién lo hubiera dicho, pero Rymond Kallahan no quería morir. No le importaba en absoluto dejar de respirar en cualquier momento, pero justamente en aquel momento no quería hacerlo. La aberrante hermosura de aquella mujer, bestia o lo que fuera que fuese aquel ser lo cautivó desde el principio. La observó maravillado por la imposible transformación que comenzó a sufrir sin razón aparente, pues aunque Rymond conocía a los sobrenaturales y había oído historias acerca de ellos jamás había visto uno en persona y no sabía cómo funcionaban, si las historias eran ciertas o si incluso el más fiel de los rumores se acercaba mínimamente a la realidad. Aunque llevaba un tiempo en Valtesi sus pensamientos solían refugiarse en el recuerdo de Ana.

Las palabras de aquella mujer se escurrieron viscosas por sus oídos, se abrieron paso con inefable facilidad y resonaron con fuerza. El moreno esbozó una leve sonrisa que mostró sus dientes, ahora carmesíes. ¿De verdad no se arrepentía de nada? Qué valiente… o qué estúpida, pensó. Cuando ella mencionó el dolor Rymond sencillamente esperó. ¿A qué se refería con dolor? ¿Qué podía dolerle más que aquello estaba sufriendo en sus propias carnes? Aunque conocía las habladurías acerca de los licántropos nunca creyó que pudiesen ser i. Cuando las fauces se cerraron en torno a su cuerpo y sus huesos crujieron como cristal frágil el moreno gritó tan fuerte que le dolió todo el cuerpo, efectivamente, como la bestia había anunciado. Apenas alcanzó a ver nada, pues la mezcla de dolor por la caída, la confusión, la situación y el nuevo dolor cegaron su visión. De pronto, con fuerza arrolladora, todo su cuerpo empezó a arder y a contorsionarse de una forma muy extraña, como si se expandiera y encogiera al mismo tiempo. Sus músculos se tensaron y venas quedaron bien marcadas bajo la piel. Su mandíbula se movió hasta desencajarse, sus ojos casi se salieron de sus cuencas. Pero sobre todo, lo más llamativo, más incluso que lo físicamente visible, fueron los sonidos que afloraron de su garganta. Desde luego no pertenecían a este mundo, al menos no a algo de fuera de Pandora.

¿Qué me has… ? —masculló entre dientes mientras se retorcía.

Sus ojos vieron a la ahora loba moverse a su alrededor. También vio su cuerpo retorcerse y desencajarse prácticamente a su antojo, y el dolor era tan intenso que realmente llegó a pensar que no resistiría mucho más. Sin embargo, lo hizo.

De pronto una nueva fuerza obligaba a su cuerpo a responder, una vitalidad hiriente como una espada afilada se adueñaba de su cuerpo a cada segundo… hasta que llegó un momento en el que el dolor fue demasiado y Rymond cerró los ojos, inconsciente.

No obstante, su cuerpo continuó bailando con la muerte, burlándola, mientras su nuevo ser renacía de la carne corrompida.


Última edición por Rymond Kallahan el Dom Feb 07, 2016 8:54 am, editado 1 vez



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Re: FB | Make me yours | Ryssa A. Kirgyakos

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Lun Ene 04, 2016 7:51 pm

El esfuerzo por apartarse de aquel cuerpo moribundo hizo que unos calambres se apoderasen de la mandíbula de la loba azabache. Retirar los dientes de la presa era un lujo que no muchos licántropos podían permitirse pero Ryssa tenía un objetivo. Además, no era emocionante. Si al menos hubiese vivido el fervor de la caza, la necesidad de celebrar el triunfo con el sabor de la sangre... pero ahora sabía que el premio por lo que había apostado solo resultaría si ese mortal volvía a abrir los ojos convertido en un nuevo ser. No solo el pensamiento humano que de vez en cuando hacía gala de aparición le gritaba eso, la bestia también estaba expectante. Vivir o morir. La hija de la luna no creía en la suerte, así que todo residía en una una cosa: Rymond y su fortaleza.
Apenas escuchó aquellas palabras pronunciadas y rotas por el dolor. Ryssa soltó una especie de bufidos por su boca... se estaba riendo, una risa burlona y animal que llegó hasta su mirada dorada, febril por el espectáculo, no habría representado máyor excitación si estuviese en las arenas de un circo romano donde viese combatir a un gladiador contra las bestias. Ese lado humano, la naturaleza equívoca de ese hombre trataría de luchar por prevalecer ahí mientras que el espíritu animal lucharía con uñas y dientes para reclamar su nuevo territorio. No era una escena tan diferente, solo que allí no había armas, pero la brutalidad de la invasión era aún mayor, más emocionante. Ahí se veía la auténtica fuerza de un hombre. Y Ryssa se relamía al ver así a ese moreno. Podía tenerlo todo para ser uno de los suyos, tenía la resistencia, la ciega e imperiosa necesidad de liberar sus demonios, el físico de su raza, la fiereza en esa expresión cincelada en estoicidad, leería algún día algo primitivo en esa mirada vacía que aún quería vivir. Se lo daría la luna, se lo entregaría la loba.

En algún momento el mortal perdió el sentido. Hubiese sido mucho pedir que se mantuviese consciente de cambio, sería una hazaña increíble que un convertido conservase retazos de ello en su memoria. Solo recordaría la agonía. Ryssa se sentó sobre sus cuartos traseros mientras su mirada recorría cada recoveco de aquel cuerpo retorcido en ángulos imposibles, la tensión acumulada en esos músculos que irían adquiriendo dureza a medida que su piel tosquedad.
Según pasaban las horas mientras ella contemplaba su propia creación, consciente de ser su dueña, estaba pendiente de cada latido del corazón. Era un tic-tac constante, un medidor de lo cerca que estaba la parca de hacerse con su presa... ¡y cómo le irritaría eso! No podían arebatarle a Rymond ahora que estaba tan cerca de erguirse, ahora que ella había decidido por él un futuro certero. No se trataba de que le importase en si la vida de ese hombre. Un mortal más, un mortal menos aunque ni siquiera él merecía una muerte tan estúpida como aquella. Se trataba de lo que escondía, de lo que significaría para la manada... del orgullo de Ryssa al haberle otorgado esa segunda oportunidad a una criatura como él. En realidad, de darle la primera para que fuese quien debía ser. Sería emocionante, sería interesante. Que diablos, sería divertido y temerario, pues no creía que un hombre como Rymond fuese a ser previsible. Una nueva expectación se apoderó de ella mientras simplemente se limitaba a observar. Muy pocas veces en su vida se ajustaba voluntariamente al papel pasivo, pero aquella noche le concedería a aquel hombre todo el protagonismo.




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Re: FB | Make me yours | Ryssa A. Kirgyakos

Mensaje por Rymond Kallahan el Dom Ene 31, 2016 9:26 pm

Sus gritos se perdieron en la negrura y amplitud de la noche. En un momento dado agonizaba de dolor y dos segundos después la calma reinaba a su alrededor como si en aquel lugar maldito nunca se hubiera producido aquel fenómeno tan desgarrador como perfecto.

Su garganta silenciada no produjo más sonidos. Su cuerpo no sufrió otro espasmo. Su sangre no volvió a gotear. Él, Ryomnd Kallahan, el implacable asesino deportado a Pandora, se había ido para siempre.

El moreno que horas antes se despeñara por las rocas en las que ahora yacía tumbado boca arriba lucía como un cadáver. No se movía. Ni siquiera el pecho se le hinchaba mínimamente al respirar. ¿Respiraba?  Sus ojos, abiertos, se perdían en algún punto imposible de establecer. En línea recta, su brazo extendido parecía señalar hacia ese punto, pero, nuevamente, fue imposible de saber. Su cuerpo entero era un lienzo en el que algún artista moderno parecía haber descargado toda su furia, y su ropa estaba aún más rasgada que la noche anterior cuando se cayó. Cerca de sus labios entreabiertos descansaba un pequeño charco de sangre ya seco, al igual que toda la sangre que bañaba su cuerpo, sus heridas, su cabello, su ropa, las rocas y la tierra.

Ya no había nada. Rymond era el protagonista de una obra sin historia.

De momento.

De repente, un rayo de sol prematuro se cernió sobre su rostro y él, sorprendetemente, parapdeó. Una vez, dos tres, seis. Sus pulmones exhalaron entonces tremenda carga de aire que hasta le dolió por la ausencia prolongada del mismo. Los espasmos volvieron a su cuerpo, ya incapaz de sentirse adolorido. Las imágenes comenzaron a cobrar forma ante sus ojos y los sonidos se volvieron entendibles y agudos. De hecho, hasta su sentido del olfato se había agudizado sobremanera. Los pájaros, los ciervos, los reptiles, el agua, el sol, el viento, la tierra, el frío, el calor, todo, absolutamente todo arremetió contra él con la misma fuerza con la que el agua hubiera podido derribar un muro.

Y se sintió fresco, ágil, vivo. Estaba vivo. Contra todo pronóstico su corazón latía. Sus terminaciones nerviosas lo recorrieron desde la punta del cabello hasta las uñas de los pies de forma arrolladora haciéndole moverse por fin. Se sintió tan enérgico y capaz que se incorporó de un salto y quedó con las rodillas dobladas. Creyó que iba a flaquear, pero nada más lejos de la realidad. Se mantuvo, y de hecho, reparó en que no le había costado ningún esfuerzo. Miró a su alrededor, se miró a sí mismo. Su ropa, hecha jirones imposibles de salvar, mostraba un cuerpo repleto de heridas ya curadas que probablemente dejarían cicatrices. Heridas que habían dejado de sangrar y se habían curado casi por arte de magia. Extendió sus manos para mirárselas. Nada. Pulso casi perfecto. Rymond no parecía haber sufrido nunca ningún accidente.

Fue entonces cuando reparó en una herida algo diferente a las demás. No era un corte ni tampoco un desgarro, sino que más bien parecía una punzada, varias punzadas. Eso le hizo inmediatamente recordar a la bestia que le había mordido justo antes de expirar. De inmediato la buscó con la mirada. La encontró pronto. Verla supuso una explosión de sensaciones extrañas en el centro de su pecho. Por primera vez en años, quizá en su vida, Rymond fue capaz de sentir un choque físico entre un bloque de hielo y un charco de lava. La observó unos segundos y antes de que ninguno de los dos pudiera hacer nada el asesino cerró los puños con fuerza, cerró los ojos, alzó el rostro hacia el cielo clareante y gritó como no lo había hecho jamás.

El lobo se había alzado con la victoria.



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Re: FB | Make me yours | Ryssa A. Kirgyakos

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Jue Mar 10, 2016 5:47 pm

"Aguanta, aguanta. Dame un poco más. Vamos... vamos ¡Vamos! "

Como si estuviese ante una carrera, Ryssa Kirgyakos seguía el espeluznante y brutal espectáculo de un cuerpo único. Y prácticamente así era, una jugada por ver quien era más rápida, si la vida o la muerte. La primera siempre se había comportado como una zorra en el mundo de la griega, siempre había tratado de retener lo que era suyo con uñas y dientes aunque la muerte quisiese cobrárselo y se lamiese los labios en las tierras de Pandora. Pero la vida tenía unos retorcidos ases en la manga, segundas vidas en forma de muertos vivientes, de animales descontrolados, de conjuros que eran letanías negras que consumían tu alma. Pero continuabas a su lado, daba igual en que forma, era una amante exigente y egoísta mientras que la muerte aunque era fatal y total y más habitual allí que en cualquier otro sitio, tenía que enfrentarse a esos trucos sucios que Ryssa había aprendido a aplaudir. Solo esperaba que Rymond fuese capaz de apreciar el juego y se dejase seducir por lo que ella pretendía otorgarle, que su cuerpo lo soportase pese al dolor y el deseo de reunirse con la parca de aquella mirada oscura, de hacer que el resto lo hiciese. Podría reconciliarse con su último deseo en su nueva forma. Solo tenía que ser tan osado de reclamarlo, ser tan duro como el acero que prometía ser con aquellas facciones rudas.

Aunque continuase sentada, la loba no podía sentirse más frenética. Siempre fue impaciente, sobre todo si la recompensa podía ser tan brutal. No parpadeó ante el sufrimiento, no había otra manera y, siendo honestos, que aquello fuese doloroso no le importaba un ápice. Ella nunca supo de esa tortura, nació y estalló cuando llegó su turno, cuando su naturaleza ya no tenía cabida en el cuerpo de una simple humana y pasó a ser algo más grande. Pero había conocido otros tipos de daños, esos que duraban más de una noche así que ese hombre tendría que soportarlo ante su mirada insensible. La misericordia no cambiaría nada de todos modos.

Y entonces pasó.

Alerta, la griega se irguió sobre sus patas caninas al darse cuenta. No había nada. Un sobrenatural silencio se había adueñado de la escena, ese silencio lleno de movimiento de su alrededor pero el cuerpo de Rymond estaba tan callado que el primer impulso de la loba fue salvar la distancia entre ambos para moverle, para obligarle a responder, para que reaccionase aunque nunca llegaría a cumplir la acción. No podía haberla fallado. No. Se negaba. No se lo permitiría. ¿Con qué derecho no ganaba? Una furia renovó el brillo de sus ojos dorados mientras el sol empezaba a despuntar, obligando al mundo a soportar su presencia aunque la hija de la luna le debía lealtad a otra reina. Ryssa tornó sin remedio a su aspecto humano a la vez que captó un leve movimiento. ¿Había...? Con los labios carnosos entreabiertos, observó que el cuerpo masculino se colapsaba en un temblor que hizo latir hasta más precipitadamente su propio corazón con una emoción orgullosa y retorcida. Le vio ponerse en pie, erguirse poderosamente de entre los muertos. Su mirada aún dorada se encontró con la oscuridad que ahora reclamaba la luna en los ojos de Rymond. Una lenta sonrisa se asomó a su boca y la voz de él rasgó el aire, chilló, aulló. Ryssa rió.

-Bienvenido al nuevo mundo. -Pronunció guturalmente la morena después, dándole al espalda en la dirección donde se situaba Arcadia. No solo bastaba ese mordisco, había ciertas costumbres que debían ser llevadas a cabo, que ella realizó una vez pisó Pandora, que era bien visto que hiciesen aunque Rymond aún no comprendiese la fuerza de esas tradiciones. El lago Anthus le esperaba, conocer a Quick, su alfa, también. Había mucho que hacer después con él... y eso constituía cobrarse las cabezas que deseaba en sus cazas, a Ryssa le era indiferente pero ahora, ahora estaba pletórica y excitada, encantada con lo que tenían por delante- Alguien debe enseñarte tu nuevo hogar y a los nuestros.




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Re: FB | Make me yours | Ryssa A. Kirgyakos

Mensaje por Rymond Kallahan el Sáb Abr 23, 2016 2:17 pm

Después de unos minutos el corazón le comenzó a latir en las sienes con fuerza. Los nuevos sonidos, las nuevas sensaciones, las nuevas percepciones. Lo conocía todo de antes, pero, de alguna forma que aún desconocía, lo estaba volviendo a conocer. Como el recién nacido en brazos de su madre que por primera vez, tras nacer, siente el frío. La risa que lo trajo de vuelta al «mundo real» le resultó ensordecedora. ¿Quién, qué, era aquella mujer que se erguía ante sus nuevos ojos, más detallados y con mayor precisión? No lo sabía, pero tampoco le disgustó del todo. Era soberbia. De alguna forma podía olerlo en el aire. Su cuerpo, fortalecido tras renacer, avanzó unos pasos hacia ella. Si algo no había cambiado en él era la carencia de miedo.

¿Qué ha pasado? —su voz, gutural, era tranquila y hasta suave, como si apenas hiciera unos minutos atrás no estuviera muriéndose entre terribles dolores —¿Qué mundo es ese?

Aunque Rymond sentía cierta curiosidad, todo aquello no dejaba, obviamente, de resultarle de lo más extraño. ¿Qué acababa de sucederle? ¿Qué había sido aquel mordisco, aquel dolor, aquellas ansias de una nueva pate de su ser aferrándose a la vida? El nuevo lobo volvió a acercarse a la mujer, pero en esta ocasión para seguirla. No tenía ni idea de dónde se encontraba, pero pareciese, a ojos nuevos, que conocía todo aquel terreno como la palma de su mano, especialmente el que estaba por conocer.

¿Nuevo hogar? ¿Los suyos? Rymond no entendía nada, pero desde cuándo habís sido eso un problema.

Tu nombre. ¿Cuál es tu nombre? ¿Adónde nos dirigimos?

Quizá cualquier otra persona hubiera preguntado «adónde me llevas», pero para el moreno ya había quedado claro que la iba a seguir sí o sí, de modo que no hizo falta andarse con tonterías. Con su ropa rasgada y prácticamente inexistente y su piel impecable de marca alguna Rymond resultaba de lo más llamativo. No estaba en los huesos, así que no era un pobretón, pero vestía como uno. ¿Qué sería él a ojos de los demás, de los normales? ¿Una bestia? Todo bien, entonces. A la única —de momento— que no parecía importarle en absoluto era a aquella mujer.

En su cabeza todo eran incógnitas a despejar, y parecía ser que no tardaría demasiado en hacerlo.



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Re: FB | Make me yours | Ryssa A. Kirgyakos

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Sáb Mayo 28, 2016 6:02 pm

Tantas dudas, tantas preguntas, tanto que enseñar. La griega se sentía exultante, la prueba de su éxito, de la liberación de caer en las garras de Pandora, estaba frente a ella. Era el despertar de una bestia, habiendo superado la prueba de fuego, el dolor, el sufrimiento. No había acabado, nadie le consolaría con palabras tan ingenuas jamás, mucho menos la morena que se hallaba frente a él. Pero la propia Kirgyakos, encerrada en un cuerpo humano y forzándose a ocultar su naturaleza, pasando a aceptarlo y abrazando al monstruo que aullaba y veneraba a la luna llena, conocía los dos mundos. La humanidad, lo sobrentural. Las dos caras de una misma moneda que acababa de lanzar en forma de doloroso mordisco al hombre. Y ahora era un cachorro corpulento, con el violento corazón retumbando en los oídos de la joven en un canto de victoria y triunfo. De él, de ella.

La loba detuvo sus pasos, de nuevo con la ligereza de unos pies humanos, danzando en su tobillo un aro plateado similar al que colgaba en su oreja, arrancando la luna destellos platinos a las joyas. La mirada azul se encontró con el que unos segundos antes había sido su presa; ahora un igual.

-El nuestro. -La voz femenina era miel envenenada, terciopelo que ocultaba su auténtica dureza. Una sonrisa seductora se apoderó de su rostro cuando, excitada, apoyó la palma de su mano en el pecho del moreno, ahí donde la marca de condenado se dibujaba en su piel- Donde esto ya no significa nada sobre quien eres, no tiene nada que ver con tu nueva naturaleza. Hundió sus uñas repentinamente ahí, dejando la huella de éstas- No importa tu pasado, es indiferente porque el humano que cometió esos delitos ya no existe. -Echó la cabeza hacia atrás para poder mirarle a los ojos de nuevo, relampagueando el zafiro de su mirada- Bienvenido al mundo de los monstruos, lobo. Ahora sí eres uno de ellos. -Dijo significativamente, saboreando cada una de sus propias palabras antes de alejar la mano. Quisiese verlo o no, aquel hombre antes era el rey de un estanque. Humano peligroso desterrado a Pandora porque era amenazador para sus iguales. Ahora... Ahora Rymond Kallahan tenía un mundo entero del que hacer su coto de caza. Antes tenían motivos para temerle, ahora el instinto de supervivencia era lo que lo convertía en un depredador ante los ojos del resto de la humanidad. No eran solo sus acciones, era su propia nueva esencia.

-Ryssa. -Inclinó ligeramente la cabeza- Ryssa Kirgyakos. -Pregonó con ostentoso orgullo su nombre antes de ladear la cabeza en la sombría dirección donde respiraban los salvajes parajes de Arcadia- A la tierra de los lobos, al territorio de Licaón.




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Re: FB | Make me yours | Ryssa A. Kirgyakos

Mensaje por Rymond Kallahan el Sáb Jun 18, 2016 10:03 am

Quizá en otro momento Rymond no hubiese reparado en aquel gesto con el que la otra loba posó la mano sobre su pecho masculino. No lo hubiera importado, no le hubiera parecido relevante. Sin embargo, ahora algo le decía que aquello sí era significativo, y no tuvo que pensar mucho para descubrir de qué se trataba. Las palabras de aquella mujer, oscuridad maquillada bajo terciopelo, le decían todo lo que necesitaba oír y también todo lo que necesitaba saber. Rymond pudo percibir con ese gesto que ella realmente disfrutaba de la situación, aunque todavía no conocía el por qué.
Las palabras de la loba resonaban en su cabeza como el agua durante el buceo. Se repetían una y otra vez y se seguirían repitiendo hasta que las asimilara. Rymond procesaba toda aquella información sin darse cuenta, mientras seguía observando y escuchando a la loba.
En un momento dado ella clavó sus uñas en su carne y Rymond emitió un pequeño gruñido. No de dolor, no de molestia, sino de sorpresa. No se esperaba aquellas confianzas por su parte, por lo que también frunció el ceño. Sin embargo, no dijo nada. La dejó hacer y se limitó a gesticular de aquella forma, a observarla y observar. Parecía que aquella actitud era la suya, su forma de ser.
El nuevo lobo se miró la marca de la que hablaba la loba. Ciertamente no se había dado cuenta hasta entonces de que estaba ahí, aunque también era verdad que acababa de despertarse. Sonrió de medio lado en un gesto algo siniestro viniendo de él y volvió a alzar la vista para toparse con aquellos océanos traicioneros.
Lobo —repitió en un murmuro.
Así que ahora era un lobo. ¿Un lobo de los que vivían en los bosques, un animal salvaje? ¿O un lobo de esos de los que había oído hablar? Todo parecía indicar que lo segundo, y la idea no le disgustó. Lo peor, creía, ya había pasado, y por lo tanto ahora le quedaba ir hacia adelante, hacia arriba, aprender, mejorar y convertirse en un buen lobo, en uno ejemplar, incluso. No le agradaba la idea de tener responsabilidades de aquel calibre, pero el tiempo diría. Tal vez y sí conseguiría adaptarse.
Ryssa —repitió nuevamente, esta vez con la voz más suave —. Yo… ya lo sabes, creo.
Rymond, a veces, podía resultar incluso ingenuo, pero era casi imposible considerarlo una ingenuidad tierna.
El inglés miró en la dirección que la loba indicó con su cabeza y sencillamente comenzó a andar. Sabía que ella iría con él, o mejor dicho, que él la seguiría.
El sendero que se abría ante él se parecía demasiado a él. Era oscuro, sombrío y casi que podía verse qué era y qué escondía, pero lo cierto era que nada se sabía del interior.



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