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Crónica 0 || El séptimo titán

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Crónica 0 || El séptimo titán

Mensaje por Ikarus de Creta el Dom Jun 28, 2015 10:12 pm


Capítulo 1
● La Invitación de Van Helsing ●

Era un día como todos, a excepción de que el cielo estaba oscurecido por unas gigantescas nubes negras. No era muy común ver este tipo de clima en esta época del año. No llovía, solo relampagueaba. Los vientos estaban algo agitados pero no lo suficiente para turbar mi vuelo.  

El cielo parecía tornarse más oscuro a medida que me dirigía hacia el norte, hacia Heindel, donde Van Helsing me había citado. Volaba a unos cinco mil pies de altura pero pude sentir el peso de las miradas vigías de los guardias siniestros. Había poco movimiento allá abajo. Pude notar que mis dos acompañantes, guerreros de hermosas alas claras, se ponían en guardia.

-Relájense.-les hablé fuerte a los dos guerreros.- Ya han visto mi emblema y no nos atacarán.

Luego logramos ver el castillo de Van Helsing, la zona central de Heindel  es mucho menos rústica y más acogedora. Comenzamos a descender tan delicadamente como pudimos, pues los fríos vientos nos daban la contra. Los siniestros del palacio nos daban la bienvenida despejando la entrada para que pudiéramos tocar tierra sin derrumbar algo o a alguien con nuestras alas, las cuales ocultamos apenas tocamos el suelo. Es como un gesto de respeto para nuestra gente, al contrario que abrir rápidamente nuestras alas es más bien una provocación.

Los siniestros nos abrieron paso hasta la entrada. Donde estaba el mismísimo Van Helsing de pie con una amable sonrisa, vestido con sus acostumbradas galas y una gran capa color verde gris.

-Siempre eres el primero en llegar, mi buen amigo.-dijo Abraham al tiempo que extendía sus brazos para recibirme con un abrazo fraterno.

-Había poco tráfico.- dije al anfitrión y viejo amigo. Van Helsing rio y me invito a entrar con un ademán. Me condujo por el recibidor a través de un camino central cubierto por una fina alfombra, cuyos bordes estaban bordados con oro. A los costados había una docena de armaduras robustas y lustrosas que miraban hacia el centro. Caminamos hasta la Habitación de los Tronos, así le llamábamos. Era una habitación en la que dentro habría una gran mesa circular en la que había grabada una gran imagen del mapa de pandora.  Alrededor había seis sillas correspondientes a los titanes representantes de cada raza, excepto de los vampiros. No hace falta explicar demasiado sobre esto, pues es bien conocida la mezquindad y egoísmo de esta raza, por lo que los vampiros más fuertes solo andan por el mundo haciendo de las suyas y tomando lo que les plazca. No hay nadie que los domine.

Cada una de las sillas fue proveída por cada titán. La silla de Van Helsing era más fina que imponente. Tallada delicadamente en caoba de color marrón muy oscuro, tenía elaboradas molduras y su emblema en la cabecera. Mi silla era un tanto más sencilla de no ser por los grandes detalles de alas talladas en la cabecera.  La silla de la titán elfa era la más hermosa, parecía tener vida ya que había enredaderas que brotaban del respaldo y crecían flores en el suelo en su alrededor. La silla del hombre lobo estaba bruscamente tallada en piedra, tenía varios cráneos gravados en el respaldo y en el borde superior sobresalían unas barras de hierro.  La silla del mago era más sencilla, o por lo menos no era tan excéntrica como las demás. Era una silla dorada con acolchonado de terciopelo rojo, con sus iniciales bordadas en oro. La más extraña era la silla del rey de los mares, la cual estaba hecha de coral muerto que más bien parecía hecha de una especie de roca blanca y porosa. No era muy estética pero de alguna forma proyectaba ondas de agua en el techo aún si no había luz, como si en lugar de la silla hubiera un gran estanque de aguas cristalinas.




Última edición por Ikarus de Creta el Mar Jul 26, 2016 12:05 am, editado 3 veces
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Re: Crónica 0 || El séptimo titán

Mensaje por Ikarus de Creta el Vie Jul 15, 2016 1:12 am


Capítulo 2
● Los Titanes ●

-¿Notaste algo extraño en tu camino?- me preguntó Van Helsing mientras se llevaba a los labios una centelleante copa de vino.

-No.- respondí en seco.- Bueno, quizá el ennegrecido cielo, pero Heindel siempre tiene un clima horroroso.

-Es cierto.- hizo una pequeña pausa y luego continúo.- Me sorprende que no mencionaras que no hoy no ha salido el sol. En este día no he visto ni un triste rayo de sol.

Apenas terminó la frase y, sin darme tiempo de responder, la puerta se abrió y dio paso a Licaón de Arcadia, el Titán que rige a los licántropos. Venía con los cabellos alborotados y una barba crecida, vistiendo un gran abrigo de piel de alce. Su caminar era pesado, lento y altivo.

-Tus hombres son una molestia, Abraham.- exclamó Licaón con voz ronca a la vez que ocupaba su lugar en la mesa.

-Tal vez deberías intentar entrar caminando en dos patas.- dijo Van Helsing con tono burlón.

-Bueno, bueno.- gruñó el licántropo.- Habla de una vez. ¿Por qué nos has llamado?

-Tal vez sería mejor esperar a que estemos todos aquí.- exclamó una cuarta voz a la derecha de Licaón, lo que hizo que éste se sobresaltara. Todos se volvieron a la silla de Flamel, en la que apareció una figura transparente que se volvió sólida en un dos por tres.- Disculpa, Abraham, que no he entrado por la puerta principal, pero he tenido una jornada tan difícil que no quise usar mis pies para llegar acá.

-Sé bienvenido, viejo amigo.- dijo amablemente Van Helsing a su más reciente invitado, mientras Licaón murmuraba iracundo para sí después del gran susto que se acababa de llevar.- ¿Te apetece contarnos cuáles han sido tus desdichas?

-Nada que sea demasiado crucial. Los gitanos están algo agitados, es todo.- Flamel dijo calmadamente mientras se pasaba una mano a lo largo de su poblada barba.- Últimamente les preocupan mucho los murciélagos.  

-¿Murciélagos gigantes?- preguntó Licaón, refiriéndose a cierto tipo de vampiros.

-Murciélagos comunes, más bien.- contestó el mago.

-No es raro encontrar murciélagos en Pandora.- dije a los demás.

-No, no es raro.- murmuró Van Helsing.- Pero, ya que hablamos de murciélagos gigantes, me gustaría anticiparles el motivo de la reunión de hoy.

Todos en la habitación alzaron la mirada expectantes, más en ese momento hizo acto de presencia el titán que rige a los elfos, Freyja Huldre. Llevaba un largo vestido verde bosque y portaba un majestuoso collar de piedra de luna. Van Helsing la invitó a sentar al tiempo que se ponía de pie para recibirla.

-Excelsa como siempre, mi señora.- Van Helsing la reverenció.- Bienvenida.

Freyja fue a ocupar su lugar. Todos la saludamos a nuestra manera conforme nuestras costumbres, a diferencia de Licaón, que solo la seguía con una mirada llena de enojo y rencor. Después de que ella hubo ocupado su lugar todos nos aproximamos a la mesa aceptando la invitación de Van Helsing a sentarnos.

-Espero que todos estén teniendo una buena tarde.- dijo la elfa sonriente.- En buena hora has convocado a los titanes a esta reunión, Abraham.

-A petición suya.- respondió Van Helsing con un gesto diplomático.

-¡Oh, Abraham! No vas a decirme que habías pasado por alto las barbaries que han surgido desde la caótica Bran.

-¡Barbaries y sadismos!- gruñó Licaón.- Esos monstruos se han multiplicado.

-No se han multiplicado, solo se salieron de control.-dijo Van Helsing al hombre lobo.

-Eso lo dices ahora que tus siniestros están desapareciendo.

-Varios de mis mensajeros también han muerto cerca de Valtesi.- me atreví a intervenir para exponer de una vez mis preocupaciones que hacía días pensaba en tratar con Abraham.- No cualquiera derriba a uno de mis guerreros.

-¿Guerreros?- intervino Licaón nuevamente.- Creí que hablabas de mensajeros. Este es el asunto: Nadie es inofensivo en Pandora, ¿por qué los vampiros deberían serlo?

-¿Los estas justificando?- Cuestionó Flamel.

-¡Claro que no! Digo que deberíamos aniquilarlos a discreción.

-¿Eso en que ayudaría?- dijo Flamel manteniendo su acostumbrada serenidad mientras encendía su pipa.- Vivimos en una pecera de alimañas sangrientas y este infierno no cesará si no encontramos la manera de pactar algún tipo de paz. Estas tierras se han vuelto malditas para nosotros, no solo para los condenados.

-Es verdad.- dije ante los titanes.- No se puede decir siquiera que nuestras razas estén a salvo en Pandora, pero, aun así, no podemos aniquilar a toda una raza.

-Sí podemos.- resonó una voz grave desde la entrada. Todos nos volvimos para encontrar a Davy Jones entrando a la sala, erguido y confiado.- Mejor dicho, yo puedo.

-Tome asiento, por favor.- dijo Van Helsing invitando a Jones a pasar a su lugar.

-Pensé que no vendrías.- dijo Licaón con una mueca tan parecida a la que pondría si estuviera transformado en lobo.- Después de todo, ¿qué interés podría tener el rey de los mares en los asuntos que acontecen en tierra firme?

-Permítame discrepar, ilustre bestia.- exclamó Jones con elegancia pero de manera despectiva.- No soy rey de los mares, sino de Zárkaros, por lo que mi territorio es una porción de Pandora. Mi territorio fue notablemente delimitado al firmase la fundación por lo que cualquier cosa que concierna a Pandora incluye también mi territorio, aunque usted no sea capaz de visitarlo.

-¿Y qué harías?- inquirió Licaón desafiante.- ¿Azotar Pandora con olas colosales?- Los ojos del lycan comenzaban a volverse negros y sus pupilas se dilataban.- Tengo una adivinanza para ti. Dime, ¿qué raza sería la única sobreviviente además de tus hombres pez?- Licaón lanzó el cuestionamiento sabiendo que los vampiros no morirían ahogados.

-¡Caballeros, por favor! Dejemos los conflictos fuera de esta sala.- intervino Van Helsing mientras intentaba poner fin a la interminable discusión.


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Re: Crónica 0 || El séptimo titán

Mensaje por Ikarus de Creta el Lun Jul 25, 2016 11:59 pm


Capítulo 3
● Vlad III ●

Las discusiones continuaron por una hora aproximadamente. Todos tenían una opinión pero cada una de ellas era expuesta de manera que la conversación no nos llevaba a ningún lado. El menos afectado por la situación parecía ser Davy y Van Helsing, pero todos los demás buscaban imponer su punto de vista y su manera de actuar ante una latente amenaza proveniente de Bran, pero me atreví a alzar la voz para mencionar que aquella raza más indefensa estaba siendo ignorada, obviamente ateniéndome al hecho que cualquiera de ellos argumentara, que estos seres, no tenían derecho alguno a ser tomados en cuenta en aquella reunión.
Pronto la discusión fue perdiendo voces, a tal grado que solo Licaón discutía fervientemente contra Flamel. El titán licántropo no dejaba de bombardearnos con ideas temerarias y suicidas, pero perdí todo interés en debatir contra él cuando comencé a observar que Freyja parecía haberse ausentado de la sala en mente y alma.

-Van Helsing.- susurré a nuestro anfitrión tratando de llamar su atención. Al volver sus ojos hacia mí, yo lo redirigí hacia Freyja con un leve cabeceo. En seguida él notó lo que yo estaba tratando de mostrarle.

-¿Sucede algo, mi señora?- se atrevió a preguntar a la elfa de manera muy atenta. En ese momento un silencio de ultratumba invadió la sala, incluso Licaón cesó sus aversiones. Ahora todos veíamos fijamente a Freyja, expectantes.

-No nos dijiste que tendríamos más invitados.- dijo ella con un gesto de disgusto.

-No creo que sea un invitado.- dijo Flamel apagando su pipa y lanzando un suspiro al aire.
Van Helsing los miraba perplejos con el ceño fruncido. Antes de que pudiera pronunciar palabra alguien llamó a la puerta.  Uno de los guardias empujó la puerta y se asomó para dirigirse al señor de la casa:

-Disculpe, señor…- comenzó a decir el guardia pero de un momento a otro se echó hacia atrás para dar paso a otra persona.

-No hará falta que me presentes.- dijo el extraño dando un par de palmaditas en el guardia, quien en seguida se fue hacia el corredor. Nadie dijo nada pero todos los miraban. Van Helsing se puso de pie empujando la pesada silla en la que descansaba. – Antes de que nadie diga nada, vengo en son de paz. – dijo el individuo en un tono inapropiado y burlón, con una gran sonrisa, también bastante fuera de lugar, sin mencionar su manera de vestir, la cual era demasiado despreocupada. No llevaba camisa de botones, sino una sin mangas y algo ligera, vestía pantalones vaqueros como los que visten los humanos, y su cabello alborotado alcanzaba la línea de su cintura. Tan solo observar la postura de Freyja me hizo desconfiar del sujeto, pero Van Helsing le tendió la mano como era su costumbre cuando recién conocía a alguien.

-Creo que no nos conocemos.- dijo Van Helsing al momento que aquel hombre desaliñado estrechaba la mano del titán.

-No en persona, claro, pero estoy seguro que su padre le habló mucho sobre mí. Por cierto, usted es idéntico a él.- Era bastante inclemente, para mi gusto, dirigirse de esa manera a Van Helsing mientras ese le solicitaba aclarara la situación tan solo con su mirada de desconcierto y duda.- Actualmente respondo al nombre de Vlad III de Valaquia.

-Vladislaus Draculea III.- dijo Van Helsing cambiando su semblante a uno más atrevido.- ¿Cierto? Según lo llaman los historiadores.

-Usted mejor que nadie sabe que nunca fui conde.- rio el legendario vampiro.- Fui un príncipe en mi vida pasada. Pero ya nadie toma esas cosas en consideración, ¿cierto? Pero por mi sangre azul aún puedo reservarme el derecho de invitarme a mí mismo a tomar asiento en el aire, según parece.

-¿Dónde habré dejado mis modales?- dijo Van Helsing alzando la voz para llamar a alguien a traer una silla para el nuevo invitado. Yo no podía encontrar justificación ni razón para invitar a un enemigo ancestral a tomar asiento entre nosotros, y menos si se trataba de Van Helsing. El aun así parecía no dejar de lado su clase y su condición como anfitrión.

-No, no, no. ¿No se lo dije?- dijo Vlad aproximándose a la mesa sin requerir más invitación.- Literalmente, puedo sentarme en el aire.- Y así lo hizo el muy maldito. Reclinándose en un asiento inexistente, justo en medio de Van Helsing y Davy Jones, en frente mío, no sin dejar pasar la oportunidad de mostrar una pésima postura y falta de respeto hacia la casa y los demás invitados. Van Helsing puso los ojos en blanco y volvió a sentarse. Flamel chasqueó los dedos y en el momento en que volví mis ojos de nuevo hacia el intruso ahora había una silla debajo de él. –Muy gentil de su parte, Flamel.

-No hay de qué.- respondió como me lo esperaba, inmutable y respetuoso, como si estuviera tratando con un importante mandatario.- Me disculpará usted pero no estaba enterado de que un ser de su talla estuviera habitando en Pandora.

-¿Y si no, dónde?- repuso aquel hombre de poder desconocido. Supuse que todos conocíamos diversas versiones, cuentos, leyendas, rumores sobre Drácula, pero al verlo comprendí que ninguna daba en el clavo. Volví a echar una mirada para inspeccionar las reacciones de los demás titanes, y así, intentar satisfacer mi necesidad de saber si solo yo sentía repudio hacia él. Obviamente, solo tenía que ver el rostro de Licaón para sentirme identificado.- ¿Estará usted sugiriendo que Pandora no es lo suficientemente vasta para contenerme?

-Más bien sugiere que no es propio de ti pasar desapercibido.- intervino Licaón con mal genio.- Una mejor pregunta sería: ¿Cuánto tiempo llevas espiándonos desde tu escondrijo en Bran?

-Por favor, no me hagas reír.- respondió el vampiro.- Como si no tuviera más que hacer además de saber cuántos árboles has marcado con tu urea.

-Pienso que todos los presentes estamos impacientes por conocer los motivos que lo trajeron aquí, Excelencia.- interrumpió el titán de los mares con una reverencia un tanto fingida.

-El motivo nos es muy transcendental, pero si tanto desean saberlo, es simple. Mi castillo, último activo intacto de mi patrimonio, se encuentra en Bran.- comenzó a decir Vlad.- Además, toda mi gente está aquí. ¿Cómo podría desconocer eso?

-Es comprensible su punto.- respondió Van Helsing en tono diplomático.- Pero no esperará que creamos que estuvo presente desde la repartición de tierras en Pandora.

-¡Por supuesto que no!- dijo Vlad volviendo a su personalidad despreocupada.- De igual manera en que ustedes no esperan que yo crea que encontraron la manera de enfrascar a toda mi raza en una sola región e intencionalmente olvidarse de meter al más grande de ellos.

El vampiro no parecía indignado en lo más mínimo, más aquello que afirmaba parecía enaltecerlo como si de un alago se tratara. Su boca rebozaba de razón al afirmar que le habíamos dejado fuera, personalmente jamás me pasó por el pensamiento, no sé decir si me olvidé por completo de él o realmente ignoraba que aún existiera, o peor, que creyera que no era realmente necesario llamarlo para traerlo a Pandora.

-Cierto es, y tendrá que creernos, que ignorábamos su paradero.- respondió Van Helsing.

-Yo creía que estabas muerto.- intervino Licaón lanzando un comentario despectivo en contra del vampiro, su enemigo natural. Vlad posó sus ojos en el licántropo con gran desdén.

-¿Muerto?- el vampiro hizo una breve pausa.- ¿Eso fue lo más realista que tu mente pudo imaginar? ¿O acaso intentas insultarme descalificando los alcances de mi poder?

-¿Cuáles serían dichos alcances, Draculea?- alzó la voz la señora de Thyris.

-Ninguno del que deban ustedes afanarse. Aunque sí el suficiente y el necesario para venir ante ustedes y reclamar el lugar que me corresponde en Pandora.  


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