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Buscando peleas (Ryssa A. Kirgyakos)

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Buscando peleas (Ryssa A. Kirgyakos)

Mensaje por Invitado el Mar Jun 16, 2015 5:27 pm

Acababa de salir de la bañera, odiaba estar en bañeras pero era un precio mínimo para estar en la superficie lejos del mar. Al salir se secó con la toalla roída de la posada donde estaba y a continuación se vistió y bajo al bar que se encontraba en la posada. Siempre buscaba sitios parecidos no de mala muerte, pero algo parecido ya que ahí era donde Lorcan podía apreciar cómo eran las otras razas y cómo peleaban y de ahí aprender a combatirlas. Por lo que había visto, tenía un buen conocimiento. Aunque de lo que tenía más ganas era de combatirlos él mismo y medirse a si mismo. Echaba de menos a su familia pero la zona y los lugares que había visitado eran dignos de ver al menos una vez en la vida. Lo que le daba pena era no poder hacer estos mismos viajes con su hermana melliza. Era a la que más echaba de menos pero a la que más protegía. Sabía que sin ella, él, no era nada ni nadie. Aún era pronto y el bar no estaba tan lleno como acostumbraba ver Lorcan pero también se dio cuenta de que había tardado menos en bajar que de costumbre por lo tanto, aún era pronto para ver nada de lo que él quería ver.

En estos momentos Lorcan se sentía tentado a usar su habilidad, nunca le había encontrado mecanismo más que el defensivo y bueno, para atraer alguna que otra mujer y así conseguir alojamiento gratis. Como si necesitase su habilidad para ello… Como si su físico no fuera más que suficiente para conseguirlo. Andaba rezagado, sin sobresalir del grupo, no quería llamar mucho la atención, sabía que si lo hacía los demás no se comportarían de igual forma. Pese a sus buenas intenciones sabía que la camarera no dejaba de ir a preguntarle si necesitaba algo más por otra cosa a parte de que era su trabajo. En más de un momento quiso hacerla sentarse y entablar una conversación con ella. Cotillear sobre los que se encontraban en el bar, pero lo veía innecesario. Nadie de ahí le llamaba la atención lo suficiente como para malgastar energía en ello. Pero aún así, había algo que no se le había ocurrido hasta entonces.

Cuando volvió la camarera le señalo sutilmente la silla que tenía en frente y se acercó lo suficiente como para susurrarle al oído. Lo que se dijeron se quedó ahí, nadie sabría que había pasado ahí pero una vez la camarera se hubo levantado él estaba más sonriente de lo habitual. La bebida llego minutos después junto a una nota que había esperado sin mostrar impaciencia. Era una tontería, pero le gustaba ir seguro en cuanto a números. Su don solo lo había probado en uno y no sabría si usarlo en dos al tiempo funcionaría, pero eso lo probaría más tarde. Allá por media noche. Ahora sólo le quedaba esperar a que el bar de la posada se llenase y pudiese ver una pelea como era mandado mientras cenaba o simplemente mientras bebía, lo que viniese primero.
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Re: Buscando peleas (Ryssa A. Kirgyakos)

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Jue Jun 18, 2015 7:19 pm

La mano de Krishna, como una zarpa, se cerró en torno al brazo de Ryssa, reteniéndola y acercándola a él. Instintivamente, ella descubrió sus dientes en una mueca feroz que contenía más de Ryssa que de Artemisa, más del animal que declaraba suya la luna llena que de la humana que nació en Grecia. Pero el lobo de su manada no se amedrentó ante su agresividad, porque él era de la misma calaña, porque ya la conocía.

-Hay que pasar desapercibidos Ryssa, tienes precio por tu cabeza si te capturan los siniestros o los magos, estás muerta. -Matizó en un rugido inculcando el sentido común y la sensatez que la temeraria loba tendía a golpear lejos de ella. Con un golpe de cabeza, tras relajar su postura defensiva, la morena asintió lentamente. Tomó la terrible consciencia de que no podían enfrentarse a los cazarrecompensas, no sin llamar la atención de todos sobre ellos... y a la mierda las ventas en el mercado negro y, vamos, Ryssa era una dama irracional a la que le sonreía la suerte, su trasero valía más que un puñado de monedas, era demasiado bueno como para acabar entre rejas o dejando de moverse. Muchos lo lamentarían, pero ella la primera: la vida en Pandora era demasiado salvaje para no disfrutarla.
Tras unas rápidas y susurradas indicaciones escuetas, la pequeña porción de manada que había abandonado Arcadia se separó ante la cercanía de los magos que perseguían su rastro mágicamente como certeros sabuesos. Llevaban rondándoles desde que desmontaron del carromato de los gitanos que los había llevado hacia la racional ciudad y ante su primer ataque, la loba se había revuelto en contra de ellos. El mundo seguiría disfrutando de sus pullas mordaces gracias a que Krishna sabía como controlar a la cachorra. Desperdigándose ahora por las calles de Baskerville, seguían un caótico plan por intentar despistar la atención de los cazarrecompensas. El plan consistía en un "salva tu culo, nos encontramos en unas horas en el carromato para regresar... si logras sobrevivir." Quizá ese puñado de magos tuviesen razón y fuesen unas criaturas más simples de lo que parecían, unos bárbaros. ¿Y qué?

La griega corrió hacia el único lugar donde, previsiblemente, le gritó su instinto. Sus pies no sabían hacia donde avanzaban pero su olfato sí. La vegetación sombría peor menos salvaje que la de su región crecía tan educadamente como se creían los habitantes de Baskerville, como eran sin contar con la perversidad que podían alcanzar con su magia. No le gustó aquel sitio, se le antojaba contenido, civilizado cuando no debía ser así. Pero era lo más cercano que existía allí al refugio de un bosque. Y quizá, en el fondo, se había alejado hasta allí para poner expresamente la diana en su espalda, abandonando las zonas de la ciudad más repletas donde podría ser atrapada. Allí jugaría en su terreno. Y entonces lo percibió, lo escuchó, todo. Como una cazadora, mientras controlaba su respiración bruscamente y la silenciaba, ladeó cabeza y agudizó sus oídos. ¿Quién demonios...? Apenas entendía aquellas palabras pronunciadas pero sentía su urgencia, el frenesí. Amigo o enemigo, no conocía la respuesta. Se agazapó, deslizándose tras los troncos erguidos solo para tener mejor visión hasta que fue imposible no descubrirlo, encontrar el foco de esos alaridos que se hincaban en su propia cabeza sin compasión en mitad del silencio sobrenatural que acogía la arboleda. Sus ojos azules encontraron la figura alada, moviéndose erráticamente sobre los árboles. Un hombre al que no podía ver el rostro, un ser que no debería estar allí, seguramente. Debería girar sobre sus talones, debería alejarse de él, debería, debería, debería. El deber y Ryssa nunca se habían llevado bien. Echó un vistazo en derredor como si esperase que alguien saltase en pos de aquel desesperado hombre. Nadie lo hizo. Y ahí seguía, alzado en el aire, atenazado por un sufrimiento que la loba era incapaz de comprender, demasiado ruidoso y escandaloso, exponiéndose, exponiéndola. Antes o después alguien le hallaría. Los hallaría.

-[color=dodgerblue]Oh, vamos...
-Chasqueó la lengua, tomando la decisión después de que su cuerpo ya hubiese reaccionado. Con habilidad, se encaramó al árbol más cercano al desconocido, como una sombra habituada a moverse en la oscuridad y en el silencio. Y, desde ahí, se abalanzó sobre el guerrero, buscando derribarle en dirección al suelo y que su mano lo primero que hiciese fuese cubrir aquellos labios que no cesaban de emitir palabras a las que, realmente, no prestó atención, no más allá del tono que parecía un cántico enloquecido.


Última edición por Ryssa A. Kirgyakos el Mar Jul 05, 2016 5:56 am, editado 1 vez




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Re: Buscando peleas (Ryssa A. Kirgyakos)

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 04, 2015 4:27 am

Para Lorcan el bar estaba bastante tranquilo aunque notó que la cosa cambiaba cuando la mujer morena entró y empezó a dar órdenes. Lorcan miró curioso hacía dicha mujer que desprendía un olor a poderío bastante grande y como si no fuese con ella bebió de una de las botellas de ron sin miramientos. Lorcan no pudo evitar sonreír de lado impresionado por el comportamiento de dicha mujer. Estaba acostumbrado a ver mujeres más calmadas, menos mandonas y obviamente, estaba acostumbrado a ver mujeres que no bebían mucho alcohol, como mucho una copita de vino y ya. Se giró al escuchar como la puerta se volvía a abrir y la sonrisa se le borró de la cara ¿qué hacían aquí? ¿a quién estaban buscando? Se veía a una de las camareras nerviosa, la misma que le había lanzado el delantal a la morena. En un momento volvió su cara hacía la mujer que tenía delante, la morena. No podía evitar sonreír al ver a aquella mujer dado que para él era extraño ver a una mujer así, por lo tanto, lo disfrutaba. Al igual que sabía que la mujer no dejaba de mirar para donde los siniestros habían ido y le daba la sensación de que ella se escondía. ¿La estarían buscando a ella? No le importaba pero ¿qué diablos podría haber hecho esta mujer para que la buscasen tantos siniestros? ¿Nadie lograba cazarla o qué? La miró sonriendo de lado y negó con la cabeza. -Me estoy acostumbrando a estas bebidas, pero si tú lo dices, te creeré- Lorcan jugaba con el vaso vacío entre sus manos y lo movió hacia ella para que lo rellenase con la botella que tenía en la mano. Sabía que era pero aún no lo había probado.

Cogió la botella sin miramientos y bebió directamente de la botella. Las cosas sabían mejor si no había intermediarios como los vasos. Tragó sin dificultad. Notaba como el líquido atravesaba su garganta sin mucha dificultad pero dejaba un rastro de picazón a su paso. No estaba mal, debía admitirlo, sabía bien. Otra cosa sería tomar y tomar hasta verse en el suelo habiendo tomado demasiado pero valdría la pena, tenía que ver cuanto aguante tenía con ese nuevo líquido. Pese al alcohol bebido Lorcan pudo notar como la cosa se tensaba. No soltó la botella, pese a tener un buen líquido dentro la botella serviría igual de bien para defenderse. Podía notar como la morena también aferraba algo, no pudo evitar sonreír satisfecho con la morena. Giró la cabeza lentamente mirando a todos los lados para fijarse de donde provenía el inminente peligro. -Quizá no era bebida lo que buscaba, quizá el tipo duro estaba esperando a que le trajeran algo con lo que jugar- Lorcan se levanto casualmente de la banqueta, se estiró un poco y le dio otro trago a la botella. -¿Deberíamos empezar el juego o dejar que lo intenten ellos?- preguntó de forma educada a la mujer. Ella había estado huyendo y escondiéndose, quizá quería seguir manteniendo la tapadera.
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Re: Buscando peleas (Ryssa A. Kirgyakos)

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Mar Jul 14, 2015 7:01 pm

El semblante de Ryssa, pese a la situación, denotó cierto aire burlón cuando arqueó una ceja azabache. Su salvaje mirada se posó en el rostro del atlante. Vaya, vaya... no hubiese apostado porque fuese un inexperto en el tema del alcohol, parecía un hombre curtido en aquella Pandora de los suburbios. Lo suficiente para que a ella no le hubiese extrañado su presencia en esa posada. Si bien, si se paraba y le prestaba toda su atención, cosa que hizo durante el instante que duraba un parpadeo, podía percibir que carecía de esa insensibilidad egoísta que portaban en sus ojos muchos de los presentes, ese algo que bramaba un: "Salvaré mi culo antes que el tuyo y si en el proceso la palmas, tu problema". Hasta la griega era así, en mayor o menor medida. Quizá le juzgaba demasiado rápido.

-Deberías, rubio. -Apostó la licántropo, tamborileando con sus uñas en la tarima que constituía la barra- Hablas con una experta. -Ya había levantando sus ojos, apartándolos del mar que formaban los de su recién adquirido cliente, mirando más allá de él. Un siniestro había abandonado la taberna para subir escaleras arribas, en compañía de Sharisse que evitaba por todos los medios mirar a Ryssa. Lo cual le dejaba le dejaba dos opciones en mente: o lo hacía para alejar las sospechas de ella porque compartir una mirada cómplice podía significar delatarla o la culpabilidad impedía que lo hiciese, porque la iba a vender. En cualquier caso, la morena tendría que actuar rápido, tampoco podía quedarse allí mucho tiempo. Tenía un lugar al que volver.
El gesto del rubio atrapó su atención. Bebió como un marinero. Una cómplice sonrisa se apoderó de los labios de Ryssa, que permitió a sus labios fruncirse para soltar un despreocupado y juguetón silbido. Ante sus palabras, estuvo tentada a olvidarse de fugarse precipitadamente solo para ver si caería en redondo al encontrarse con el final de la botella, si simplemente alardeaba o de verdad se había encontrado con un tiburón. Pero al menos, respecto al alcohol, la loba empezaba a creerse que una Sharisse deslumbrada no habría querido que el hombre con el que quería pasar la noche no rindiese bien por culpa de la bebida y por eso se la había dado tan floja. Sharisse no comprendía aún que solo valían la pena los que aguantaban.

-Quizá el tipo duro quiere jugar con los monstruos y no está preparado, ¿o sí? -El desafío bañó la voz mezzosoprano y profunda de la mujer, inclinándose ligeramente sobre la barra para anclar sus ojos a los del rubio.
Poco a poco, si que le concedió que se podría ganar el título de tiburón. Era observador, aunque no había que ser Einstein ni Sherlock para reconocer que ella estaba usando aquel sitio como refugio. Observó al siniestro que aún estaba allí pero ya había quitado sus ojos de la loba y se había puesto sobre unas hojas que había sacado de su petate. Ryssa supo que estaba haciendo: analizaba los carteles de "Se busca". Y ahí estaba su rostro, en mayor o menor grado fiel a la realidad, pero estaba. Y sabía que la reconocería. Era cuestión de tiempo que aquello estallase.

-¿Vas a jugar a mi lado? -La sorpresa hizo eco en su rostro al hablar, fijándose de nuevo en el atlante. Porque eso parecía. Aunque ella no supiese por que. Quizá su juicio primero había dado en el clavo o puede que simplemente buscase de verdad acción. Y si a él le daban igual las consecuencias, ella no era su madre para recordárselas. Le brindó una auténtica y genuina sonrisa que si bien era feroz, estuvo cargada de una espontánea, mordaz y real simpatía- Me gusta ser la primera en mover ficha, ¿a ti no? -Y el tiempo corría en su contra, pues no tardarían en dar con su identidad. Así que, aquel hombre tenía una ideas brillantes. Garwood, su beta, igual la mataba. Se arriesgaría. Y, en una señal de ello, se liberó la melena oscura, como si el desorden de su cabellera significase dar rienda a la bestia. Un simbolismo muy cercano a la realidad. Volvió a mirar al rubio, sonriendo felina.

-Demuéstrame que tal lo hacen los tiburones. -Y tras eso, limpiamente, lanzó su cuchillo en dirección al siniestro en un grito de guerra, rasgando el aire.




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Re: Buscando peleas (Ryssa A. Kirgyakos)

Mensaje por Invitado el Miér Jul 15, 2015 11:37 am

Sonrió de lado negando ¿cuánto sabría esta mujer de bebidas alcohólicas? No iba a negar que le atraía la actitud de la morena pero también le daba cosa lo desconocido, no miedo, pero si un cosquilleo que no le permitiría bajar la guardia cuando estuviera cerca de ella. Lorcan no pudo evitar reír, aunque al intentar contenerlo sonó más como a un perro medio atragantado. -Y la experta- señaló a la morena con la botella -¿estaría dispuesta a enseñarme las bebidas que valen la pena?- Al ver que sus ojos ya no le miraban siguió su vista hasta la otra camarera y los siniestros. Dela anterior relación que había creído deducir entre ambas mujeres, de amistad quizá un poco más que ello, respeto también, Lorcan podía ver que la morena empezaba a desconfiar y no le pareció absurdo dado que la otra camarera no era capaz de mirar hacia donde se encontraban. Volvió a beber de la botella, necesitaba hidratarse y esto no era lo más adecuado pero como no tenía otra cosa al alcance de su mano, bebió.

Miró de reojo a la morena ¿que era aquello que la había hecho sonreír? Podía apostar que era la mujer que mas sonrisas había lanzado en un espacio de cinco minutos en una situación como esta. Mujeres. ¿Quién podía entenderlas? En la morena podía ver un reflejo de la rebeldía de su melliza pero por el contrario con la morena que tenía en frente no se notaba tan protector como con otras mujeres, sus hermanas incluidas. Con esta morena notaba que podría disfrutar de una buena pelea sin que llorase por dolor o sin que se acobardase al ver un cuchillo.

Lorcan se encogió de hombros sonriendo -No necesito llevar encima armas, estoy acostumbrado a coger del medio lo que encuentre y sacarle provecho, además, si no estás preparado en esta clase de sitios... es que no deberías ni entrar- soltó en tono jocoso. Eso lo había aprendido bien la primera vez que piso valtesi. Uy si lo aprendió bien. Desde ese momento cada vez que duerme en una bañera tiene a buen recaudo un bate o espada o algo que le sirva de arma arrojadiza. Miró el cartel de se busca y casi le da un ataque de risa si no fuera porque se controlo a tiempo y lo hizo parecer como si se hubiera atragantado con el alcohol. -No te hace justicia, ahí pareces más dócil si me lo permites- Habló en voz baja para que sólo la escuchase ella, aunque algo le decía que si no iban ellos, los siniestros acabarían por encontrarla a ella.

-¿Por qué no? Me has mostrado un mejor alcohol, te debo la educación de mi paladar-
Guiñó un ojo juguetón. Además ellos eran más y la recompensa era una gilipollez como una casa ¿de qué le iba a servir el dinero de valtesi en su casa? Los números podrían no ser gran cosa dado que la morena parecía ser escurridiza pero bueno, el peligro que denotaba el jugar en el bando de la loba le llamaba. -Las damas primero- Rió encantado. A él le gustaba jugar psicológicamente con sus víctimas dado que su habilidad le ayudaba a ello, pero descargar adrenalina no le vendría mal al atlante, además, no se iba a poner a cantar ahí. Miraba como la loba se soltaba la melena, algo le dijo a Lorcan que aquello era la indicación para empezar así que dio otro trago a la botella, se había acostumbrado al sabor y al cosquilleo en la garganta.

-Espero no decepcionarte- Musitó divertido. Miro la botella con pena pero resignado la rompió contra la barra en cuanto la morena lanzó el cuchillo junto a su grito de guerra. Sabía que tras ese grito los siniestros que se habían ido vendrían corriendo así que Lorcan se apostó tras la puerta que daba a las habitaciones y cuando notó que se abría dejó que los siniestros empezaran a salir pero en cuanto uno salió dio una patada a la puerta golpeando a los que se habían quedado atrás. Le hizo un gesto para que se acercase el siniestro que había pasado con la mano que tenía libre e hizo con su habilidad de ilusiones que la morena fuese alguien a quien él amaba o deseaba con fervor, y espero por el bien de ambos que la morena se hubiese dejado dar un par de golpes, aunque Lorcan no pudo evitar sonreír, no, ella no se habría dejado dar. Así que en cuanto el siniestro caminó hacia su compañero y la loba Lorcan se puso detrás de él y le clavó la botella rota en el costado.
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Re: Buscando peleas (Ryssa A. Kirgyakos)

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Miér Jul 15, 2015 8:28 pm

-Todas las que tu cuerpo esté dispuesto a soportar. -Aceptó entonces Ryssa con una inclinación de cabeza, y aunque no lo pretendió así, resultó burlona. A ninguna mujer le disgustaría tratar de tumbar a ese hombre, si bien pocas lo intentarían con alcohol. Quizá lograría coronarse y llevarse el mérito ella aunque a cada segundo que pasaba, el marinero demostraba que podría ir de puerto en puerto y en lugar de reclutar corazones, capturaría botellas- O sea que te gusta improvisar, ¿eh? -Casi susurró pero su voz enronquecida convirtió en un ronroneo grave todas sus palabras. Al menos el atlante era muy consciente de cuales eran las normas del juego: no entres donde no puede sobrevivir. No iba a resultar tan ingenuo como había pensado al contemplar su bebida aguada y Ryss que fuese capaz de responder con esa despreocupación sonriente a la situación, sobre todo envolviéndose en ella por voluntad propia, era algo que la divertía y sorprendía a partes iguales.
¿Dócil? ¿Acababa de insultarla llamándola dócil? Pronunciadamente, su ceño se frunció otorgando a su rostro una expresión amenazadora, sus labios estirándose en una agresiva sonrisa que descubrió sus dientes de una forma intimidante, al menos para quien era capaz de leer la naturaleza lupina que embargaba.

-Sé que gano en vivo, tiburón. -Replicó con altanería, si bien había aún resquicios de humor en sus palabras- Más me valía causar una impresión dócil y encantadora, tenía que lograr que se detuviese una caravana solo con mi sonrisa. -Y lo logró, porque mientras los suyos se agazapaban en las sombras del bosque, los carromatos se pararon en seco al comprobar como una mujer irrumpía en el camino. Para cuando descubrieron su error, un lobo negro como el ébano se erguía donde estaba la dama. Alguno de ellos entregaría su descripción humana y eso es lo que pudiesen hacer. Pese a esa apariencia más suave que ofrecía su cartel, la griega estaba orgullosa de tener uno que anunciase su nombre a bombo y platillo. No tenía la mayor recompensa, pero eso era lo de menos: quería extender su nombre, que todos supiesen quien era Ryssa Kirgyakos. Aunque los motivos no fuesen solamente por vanidad.

La carcajada de la mujer se escuchó por toda la taberna al oír al atlante, una vez lanzado el cuchillo. Ese hombre tenía agallas, quizá era un demonio retorcido por meterse en eso, pero las tenía. El sonido de la botella al hacerse añicos formó parte de la caótica banda sonora que se apoderó de la sala. Mientras él se encargó de cubrir la puerta, Ryssa se abalanzó saltando ágilmente la barra, impulsándose sobre ella, para alcanzar al siniestro. Su mano se crispó en un puño que encajó en su rostro antes de recuperar el cuchillo, la nariz del hombre crujió bajo sus nudillos. Por muy poco esquivó el filo plateado de la daga de siniestro y se inclinó para, rápida, tirar del cinto que llevaba en su cintura. Solo le interesaba librarse del gas que podía tirar en cualquier momento, donde la plata espolvoreada entremezclada con él, reduciría sus esperanzas de salir con vida de allí drásticamente. Ya tuvo demasiada suerte una vez. Y entonces, por el rabillo del ojo, vio a otro de los suyos acercarse. Instintivamente, de forma rápida, hizo un movimiento de muñeca y el brazalete que lamía su brazo como una serpiente plateada y larga, cayó en su mano. Era irónico que la fiera se creyese la domadora con ese látigo. Pero no le dio tiempo a usarlo, porque cuando viró el rostro se encontró con unos ojos que la miraban con un brillo con el que nunca había visto. Ryssa reconocía el deseo, la lujuria, pero esa intensidad abrumadora era diferente.

-¿Qué diablos...? -Pareció momentáneamente confundida, pero el atlante se hizo cargo, hincando los filos de la botella rota y haciendo que la sangre índigo del siniestro la hiciese reaccionar. Entonces uno de ellos se acercó al rubio por la espalda y el mismo que estaba junto a ella elevó la daga. Lanzó el látigo por encima del hombro de su aliado y se ciñó fuertemente al cuello del enemigo, tiró, apresándole y arrebatándole el aire de los pulmones... a la vez que la daga descendía y se clavaba en su brazo, una daga de plata. Ryssa rugió mientras sus ojos adquirían vetas doradas. Sí, la plata debería hacerla desear la muerte con su mordisco abrasador... pero no a ella, no gracias a su inmunidad. Esbozó una sonrisa animal, dedicada al siniestro desconcertado- Sorpresa. -Canturreó la morena en un gruñido y elevó su pierna para impactar el pie con fuerza en su vientre para derribarle, agradeciendo su amor por los tacones- Nada mal, tiburón. -Le felicitó en medio del colocón de adrenalina la morena, mirándole un momento sin haber borrado aún su socarrona sonrisa, sin liberar al siniestro hasta que cayó al suelo y solo cuando estuvo inconsciente, le liberó, ignorando la herida superficial que dejaba un reguero de sangre en su brazo- Hay que moverse de aquí, esta batalla no la podemos ganar. -Dijo al ver el movimiento de los siniestros, rodeándoles.




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Re: Buscando peleas (Ryssa A. Kirgyakos)

Mensaje por Invitado el Miér Sep 02, 2015 11:04 am

Lorcan sonrió de buena gana. Los retos le chiflaban y si era en compañía de mujeres... Le gustaban más. ¿Cuando se ha visto a un hombre que no le guste fardar ante mujeres? Ya fueran pruebas de fuerza, habilidad... Si había que fardar ante mujeres todo era bien recibido. A veces se lo tenía demasiado creído, pero si se lo tenía creído era porque se lo habían permitido y no muchas le habían logrado bajar de las nubes. Le bajaron dos veces, y se levantó otras tantas para hacerse más fuerte y ser mejor. Sonrío de lado a la morena -Bueno, no es como si en el agua te fueses a encontrar de todo, así que sí, improvisar siempre es una buena opción- Cuando salió a la superficie y pudo contemplar por primera vez una pelea entre dos personas no atlantes se asombró de cómo peleaban. Ambos habían llevado armas con ellos y Lorcan al verse indefenso pensó que le panearían el culo nada mas entrar a una pelea, pero en cuanto desarmaba a sus contrincantes todo se le volvía fácil. Así que lo primero que aprendió fue a controlar su cuerpo, a aprender como se movía en la superficie y tras eso, sólo le quedaba saber desarmar y pegar duro.

Se fije en ella cauteloso, no había querido ofenderla, pero realmente,si a Lorcan le hubiesen dado el cartel y luego la hubiera visto en persona... Habría pensado que tenía una hermana gemela santa. En cuanto escuchó las palabras que siguieron a la reacción de la mujer respiró tranquilo. La loba no gastaba en palabras y eso, quisiera o no, a Lorcan le gustaba. Se rió de buena gana al escuchar la historieta y la miró serio -Entonces no tuvisteis problemas, porque, con esa cara ¿quién no pararía?- Las mujeres eran un universo digno de temer. Si las tenias contentas, todo bien, si las hacías enfadar ya podías huir y cuidado con romperlas porque ahí, es cuando se desata el infierno.

Veía como la loba se movía en la pelea y se quedaba anonadado. Nunca había visto a una mujer luchar como aquella. Tampoco es que gustase de ver combates de mujeres, demasiado caballeroso para eso. Agradeció con un breve y seco movimiento de cabeza que pillase al siniestro que no había visto venir tras él. Veía a la morena y veía al siniestro pero Lorcan no pudo ver la daga, en cuanto vio correr la sangre de la morena no pudo evitar sentir repulsa hacia esos siniestros. Viendo como uno hacia un amago de levantarse rápidamente Lorcan le agarró del pelo y estampó la cara de aquel hombre contra una mesa. Sabía que se había pasado de fuerza, quizá no habría necesitado tanta, pero ver a la loba herida le había cabreado y alguien tenía que pagar los platos. -Lo mismo puedo decir, eres una loba llena de sorpresas- dijo señalando la herida de la mujer. Podía tener cualquier habilidad o cualquier cosa de esas y de entre todas ellas, inmunidad a la plata. Si el atlante lo hubiera sabido, quizá no hubiera dado tan fuerte al pobre siniestro.

Lorcan miró a su alrededor y asintió. La pequeña trifulca había llamado en exceso la atención. Cogió una de las capas de los siniestros y se apresuró hacia le puerta esperando que la loba le siguiera. En su camino hacia la puerta se le cruzaron dos siniestros, pero poco tenían que hacer. Lorcan les dio un puñetazo en plena cara a uno y al otro le cogió y le dio un buen cabezazo. Abrió la puerta, miró cuidadosamente y se volvió a la morena. -Date prisa, no se ve a ninguno de esos por ahí, ponte la capa- Le tendió la capa que había cogido antes, la había cogido con el pretexto de curar la herida de la loba, pero quizá les viniese mejor para que la loba pasase inadvertida.
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Re: Buscando peleas (Ryssa A. Kirgyakos)

Mensaje por Ryssa A. Kirgyakos el Sáb Sep 05, 2015 10:28 am

Como una bandera orgullosa y cargada de peligrosa arrogancia, la sonrisa de Ryssa ondeó en su rostro ante las palabras del atlante. Mientras sentía como la excitación ascendía a flote y erizaba su piel como lo haría su lomo en su forma lupina, atravesó al rubio con una mirada animal.

-Alguien con sentido común. -Sentenció con la intensidad condensada en esas cuatro palabras, su lengua repasó provocativamente los labios, tornando voluntariamente su aspecto a la naturaleza salvaje que ocultaba tras esa máscara humana, azuzada por la excitación del inminente combate que despertó el caos a su alrededor.

El sordo dolor de su brazo ascendió hasta su hombro pero mentiría si dijese que era la primera vez que sentía el mordisco de una herida de guerra. Y por eso le gustaba la tierra hostil de Pandora. Atenta y vigilante, mientras se iba sintiendo más cercada, más trataba que dominar la sensación de estar atrapada. Poner a una bestia entre la espada y la pared no era buena idea. Dentro de ella, su parte animal arañó las puertas que la contenían, reclamando cobrarse la vida de los siniestros pero se obligó a no dejarse cegar por la liberación de Ryssa, Artemisa debía doblegar a la loba en aquella ocasión, eran personas preparadas para cazarla, con superioridad numérica y... se cortó el hilo de sus pensamientos cuando el tiburón tomó la decisión por ella al final. Los dientes del siniestro decoraron el suelo cuando se partieron por la fuerza del rubio. Para no jugar en su terreno, ese demonio de agua salada se defendía bien sobre tierra firme. ¿Habría tenido un mentor o acaso peleaba por instinto? Se movía como si estuviese acostumbrado a pelear en cualquier taberna, tenía el valor brutal de un hombre borracho ¿de qué? ¿qué le embriagaba? ¿qué le motivaba a cruzar los puños e intercambiar los golpes? ¿Diversión? ¿Curiosidad? No le importaba, porque había algo simple que la morena si podía leer en él: lealtad. Podía durar lo que aguantase en pie en esa trifulca, hasta que se despidiesen, una hora o una vida, pero en ese momento mientras se abría paso con violencia entre los siniestros, sintió que podía confiar en ese tiburón. No tenía nada que ver con un pensamiento racional, no tenía que ser lógico, era solamente instinto. Ahora, en ese preciso instante, el rubio era de los suyos.

Con la juguetona despreocupación que caracterizaba a Ryss solo se volteó una única vez antes de salir de la taberna y fue para lanzar un beso al aire, finalizando el espectáculo antes de dejarse guiar por la silueta corpulenta del atlante. Sin mediar palabra y con una inclinación de cabeza, se colocó sobre los hombros la capa que le cedió, escondiendo su rostro entre las sombras de la capucha oscura.

-No llegaremos muy lejos con esto, enviarán a más por ese interludio. -Clavó los ojos veteados de dorado en el rostro del hombre, caminando rauda entre las calles asfaltadas como si supiese a donde ir, en realidad no, solo quería poner distancia- Y la sangre es muy fácil de rastrear. -Objetó señalando las ropas de ambos, ella había dejado algunas gotas de su sangre rociando el local tras ella y el rubio habia congeniado lo suficientemente bien con algún siniestro como para portar el índigo en sus prendas. Apestaban. Ryssa arrugó la nariz y miró a su alrededor para levantar las cejas cuando vio lo que sus ojos llevaba buscando a cada paso que daban. Le hizo un gesto al atlante para meterse en un callejón con una valla que daba a un patio interior, la loba la saltó con facilidad, sus pies limpiamente se toparon con el suelo y solo ahí se permitió volver a esbozar una sonrisa ladina- Espero que no seas tímido... Desnúdate. -Soltó con los ojos clavados en los de él, entonando la palabra con picardía y sin hacer nada más, como si realmente esperase que la obedeciese. Y así era. Le recorrió de arriba abajo, relamiéndose ostentosamente... antes de soltar una carcajada y señalar la ropa tendida que había enganchada en unas cuerdas de una ventana a otra. Presionando la herida con la capa del siniestro, trató de limpiarla lo mejor que pudo, aunque lentamente el proceso de regeneración iba obrando su efecto en su piel, si bien debía ser cuidadosa con aquel brazo. Estiró el opuesto para hacerse con nuevas prendas y le lanzó un par al atlante mientras ella misma se deshacía de su ropa, desnudándose ahí mismo sin ningún pudor tras haber rasgado la tela y haberse envuelto bien la zona herida. Existían muy pocos licántropos sobre la faz de la tierra que no viesen la exposición de su cuerpo como algo natural y la morena estaba muy en sintonía con la naturaleza. Se pasó un vestido rojizo por la cabeza, ajustándoselo a las curvas y rasgando ligeramente la falda para que le concediese libertad de movimientos mientras que el resto de sus ropas las lanzaba al otro lado de la valla, esperando que las hallasen.




Imagen del cartel de "Se busca" de Ryssa/Boceto Van Helsing/Woman and wolf:






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¿QUIÉN ES ESE HOMBREEE, QUE ME MIRA Y ME DESNUDA? UNA FIERA INQUIETA QUE ME DA MIL VUELTAS Y ME HACE SENTIIIR MUJEEER:
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Habilidad : Resistencia a la plata y rastreo superior.
F. Inscripción : 12/04/2015


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Re: Buscando peleas (Ryssa A. Kirgyakos)

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