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Bury all your secrets in my skin... (Helena)

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Bury all your secrets in my skin... (Helena)

Mensaje por Invitado el Lun Mayo 11, 2015 7:46 am

La noche había caído y, como siempre, era incapaz de marcharme a casa. A pesar de los años que llevaba en aquella biblioteca, encargándome de que cada libro estuviera en su lugar, de que ninguno recibía el más mínimo daño, no había tenido la oportunidad de leerlos todos y cada uno de ellos. Mi ansia de conocimiento era inmensa, pero aquella biblioteca lo era más, y yo, por mucho que tuviera ciertos poderes y habilidades, no era más que una humana que necesitaba comer, dormir y tener una vida más allá de todos aquellos volúmenes. Y la enormidad de aquellas estanterías era superior a todas las vidas que podría llegar a vivir si creía en la idea de la reencarnación, en el ciclo de la vida en el que todos tenemos un propósito y, cuando ya no somos necesarios, partimos hacia otro lugar y algunos pueden regresar para cumplir con otro tipo de destino que la rueda de la fortuna tuviera preparado para él o ella. Todos éramos marionetas de poderes superiores, por mucho que yo intentara ser la dueña de mi propio destino y tomar mis propias decisiones. Intentos en vano cuando la naturaleza y los hados decidían actuar.

No había cerrado la puerta de aquel edificio, ya que no era tan egoísta como para querer acaparar toda aquella sabiduría para mí sola, quería que todo aquel que buscara conocimiento y el placer de la lectura pudiera acudir a un mundo de fantasía que sólo podían encerrar y ofrecer aquellas cuatro paredes. Todo aquel amante de la literatura era bienvenido en aquel lugar, incluso a la luz de la enorme y hermosa luna, la verdadera reina de la noche. Así que, para no competir con ella con cualquier otro haz de luz, me acerqué a uno de los ventanales con un enorme volumen repleto de historias fantásticas que deseaba que despertaran mi imaginación, siempre ansiosa de volar y recorrer horizontes desconocidos hasta el momento. Me vi inmersa en historias de criaturas fantásticas, de acontecimientos cargados de una preciosa mitología que hacía las delicias de todos mis sentidos. Y aunque cuando leía me internaba tan de lleno en la historia que tenía ante mis ojos que era capaz de vivirla en todo su esplendor, mis oídos captaron algo más que las palabras pronunciadas por aquellos personajes que tanto me gustaría liberar de su prisión de papel.

- ¿Hay alguien ahí?
InvitadoInvitado


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Re: Bury all your secrets in my skin... (Helena)

Mensaje por Helena D. Corso el Vie Mayo 15, 2015 9:14 pm

Se había otorgado un día libre en sus labores en Valtesi únicamente para desperdiciar aquellas horas en la amplia biblioteca de Baskerville, tratando de hallar pistas que no existían y sin ninguna criatura en la faz de la tierra a la que pudiera confiar sus más oscuros secretos. Zeughaunn la conocía, afirmaba trabajar con ella y actualmente mantenían una alianza y una cadena de favores que pagaban con otros servicios, sin nada realmente sustancial que pudiera adquirir el uno del otro. Fuera de él, los demás conocidos suyos no estaban al tanto de la situación, ni siquiera había llegado al punto de confiar lo suficientemente en ello como para confesar los motivos que la convirtieron en una cazadora.

Aguardó a que el sol de la tarde menguara su intensidad y entonces emprendió la marcha. Sus pies ya se habían acostumbrado al camino que conducía a la región de los magos, quizás hasta podría recorrerlo con los ojos cerrados y sería capaz de esquivar cualquier obstáculo que se le presentara. Pero aquello no le servía de nada en realidad. Memorizarse el camino no iba a responder sus preguntas ni reducir el tiempo de viaje saciaría su curiosidad o menguaría su ansiedad.

Al encontrarse frente a las puertas de Baskerville la noche ya había ceñido por completo el firmamento y los caminos se encontrarían más solitarios que durante el resto del día, otorgándole la ventaja del sigilo. En aquella noche en especial se sentía con muy pocos ánimos como para mantenerse en guardia, no le interesaba siquiera pasar desapercibida por cuenta propia, sino que permitió que la oscuridad diese todo de su parte para mantenerla oculta de los ojos curiosos. Y para fortuna suya, la biblioteca, pese a ser muy tarde, continuaba abierta y no había señal alguna de cualquier ser viviente que pudiese importunar su lectura infructuosa. Así pues, tomó el último tomo que había leído a fin de reanudar lo que dejó pendiente en su última visita a la región.

Tal y como había ocurrido cuando conoció a Kirgyakos, no comprendía al inicio las runas que veía plasmadas en aquel amplio texto sino hasta que volvía a leerlas tras haber meditado unos segundos. Recordaba la mayoría tras unos segundos y se encontraba a sí misma en un callejón sin salida, pues, aunque conociera el significado de dichos símbolos, debía ahora descifrarlos, cosa que no le fue posible hacer al percibir el aroma de un mago. Pero la dejó ser por una hora o dos, al menos hasta que encontrase algo que valiera la pena preguntar o que se hastiara de la incertidumbre. Y aquel momento llegó pronto. Cerró el volumen que sostenía en sus manos y comenzó a caminar en completo silencio por los estantes en busca de la mujer lectora y, una vez hallada, colocó el libro en una mesa, ocasionando que el ruido natural que produjo aquello sirviera para llamar la atención de la extraña. – Me disculpo por interrumpirla.  – Dijo con voz firme y amable. Si la bruja reaccionaría de mala manera al ver a una vampiresa emerger de la oscuridad de la biblioteca, sería un problema que quizás podría solucionarse con palabras. – Pero mi lectura es terriblemente infructuosa sin el conocimiento apropiado.




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